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De la cama al baño había una distancia como de unos 7 metros. El recorrido de este corto espacio me hizo sentir como un corredor de maratón.  Mis pobres pies aún no se habían recuperado del palizón de ayer, e iba dando vaivenes cual tentetieso en pos de mi objetivo. A ver si una ducha obraba milagros.

Los milagros no existen. Que día más duro se nos presenta…A veces me pregunto porqué no me limito a no hacer nada cuando estoy de vacaciones, pero afortunadamente sólo me limito a preguntármelo.

Despues de un desayuno bastante regulero, nos dirigimos hacia Kuçuk Ayasofia Camii, una mezquita llamada pequeña Ayasofia y originalmente llamada Iglesia de San Sergio y San Baco, pero estaba cerrada. Recuerda, lunes cerrada. Estábamos como para desperdiciar energías…en fin.

Volvimos sobre nuestros pasos y acabamos en el Hipódromo, Sultanahmed Meydani.  Claro que no lo sabíamos, porque íbamos dando un paseo aleatorio, sin perder el norte, y donde creíamos que acabamos fue en una de las entradas de la Mezquita Azul. Precisamente en la entrada donde se encuentran los restos del hipódromo romano construido por  Septimio Severo en el 203, cuando la ciudad todavía se llamaba Bizancio. Y siguió llamándose así durante un siglo más.  Es muy difícil hacerse una idea de lo que supuso en la historia de la ciudad, ya que fue centro neurálgico en los días de gloria de Constantinopla. Ahora es una gran plaza en la que puedes ver un obelisco egipcio, el Obelisco de Teodosio, que trajeron desde el templo de Karnak, construido sobre el 1.490 aC, la columna de las serpientes o Trípode de Platea, ubicado originalmente en el templo de Delfos, para conmemorar la victoria de los griegos en las guerras médicas, sí, recuerdas bien, los griegos contra los persas; estamos hablando del V aC…que ya ha llovido, y el Obelisco de Constantino, éste ya bastante más moderno, sólo tiene unos mil años de antigüedad.

Teniéndola al lado, no podíamos menos que entrar en la Mezquita azul, Sultanahmed Camii, una de las pocas del mundo con 6 minaretes. Una silueta espectacular construida en el siglo XVII, un patio precioso y un interior fascinante. Azulejos de Izmir, predominando el azul, de ahí su nombre. Pero cuando visitas más mezquitas te das cuenta que quizás la mezquita azul se la menos azul de todas…que cosas. Pues sí, es bonita, es impresionante por su tamaño, por su cúpula, por los enormes pilares que la sostienen. Pero despues de haber visitado la mezquita Omeya en Damasco, quizás no impresiona tanto como debería. De hecho, luego vi otras mezquitas, menos espectaculares, pero que me parecieron más bonitas, o me impresionaron más. En cualquier caso es un espectáculo imprescindible que hay que visitar.

A continuación nos dirigimos hacia la Cisterna Basílica, Yerebatan Sarayi . Nos habían hablado maravillas, y desde luego todas ciertas. Impresionante. Lo de la Cisterna es algo realmente espectacular y maravilloso. Además, con una luz tenue que refleja el agua acumulada. Impresionante.  Le llaman el palacio sumergido y no es para menos, pasear entre sus arcos es una maravilla. La construyó Justiniano en el siglo VI, cuando la ciudad llevaba 3 siglos siendo Constantinopla. Al fondo del todo, se encuentran dos cabezas de Medusa, boca abajo y de lado, para evitar que al mirarla te petrifique, la muy górgona. Un sitio totalmente imprescindible.

Guiamos nuestras pasos en dirección al Gran Bazar, Kapaliçarsi, pero antes de llegar, en la esquina de la universidad, nos tomamos unos dürüm y unos suyu de nar y de portakal, es decir, zumos de granada y de naranja. El zumo de granada ha sido todo un descubrimiento. Nunca se me habría ocurrido hacer zumo de granada, y es una auténtica delicia. Los dürüm turcos son muy parecidos a los sirios, la carne va acompañada de unos pepinillos laminados y la salsa de la propia carne. Y no necesita más. El de pollo (tavuk), estaba especialmente bueno.

A escasos metros divisamos una de las entradas del Gran Bazar y para dentro que fuimos. Un poco decepcionante. El Zoco de Damasco, incluso Jan el Jalili de El Cairo me gustaron mucho más. Estaba bastante vacio, la crisis y el invierno están haciendo estragos en la ciudad, y es bastante sorprendente ver uno de estos sitios casi sin gente. Da un poco de escalofríos. La verdad es que los puestos muy vistosos y coloristas, pero no se, se me quedó un poco vacía la experiencia. No compramos nada.

Desde allí nos dirigimos, bajando las cuestas infinitas de Estambul hacia Eminönu, y nos cogimos un ferry en dirección a Üsküdar, que se adentra un poco en el estrecho del Bósforo. El paseo es una maravilla, y puedes contemplar a lo lejos el palacio de Dolmabahce, el castillo de las siete torres, o fortaleza de Rumeli Hisar, y una panorámica estupenda de casas típicas y palacetes de ricos.

Nos bajamos en Üsküdar  y comenzamos a caminar costeando en dirección al mar de Mármara. Encontramos un sitio estupendo para tomarnos un refresco y un descanso,  mientras contemplamos pesca en la entrada del bosforo. Es increible lo de los pescadores en esta ciudad. Por todas partes, a todas horas. Lo de las gaviotas también es increíble, muchas, demasiadas.

Nos dirigimos hacia la puesta de sol, bordeando la costa. Pasadas las gradas previstas para tal efecto, en unas piedras al borde del agua nos sentamos. En el otro extremo se perfilan las siluetas de la mezquita azul y de Santa Sofía. El sol se puso justo entre las dos, quedando la Torre Leandro, Kiz Kulessi,  a nuestra derecha, marcando la entrada al Bósforo. Un atardecer espectacular. Realmente hermoso.

La vuelta en el ferry fue increíble. La noche había caído de golpe sobre la ciudad y ver el Bósforo iluminado fue un gran broche para un gran día. Pero desde luego no fue el últimobroche. Teniendo en cuenta que el sol se pone a las 16 36 más o menos, aún quedaba mucho día por delante. O mejor dicho, mucha noche.

Cuando bajamos del ferry en Eminönü nos cogimos el tranvía y nos bajamos en Kabata, y allí nos cogimos el funicular hasta Taksim. Una plaza bulliciosa y moderna. Muy europea. Bajamos paseando por la calle Iskitlal, que sería el equivalente a la calle de Preciados en Madrid. No me atrajo mucho, porque no deja de ser algo que tienes aquí, y lo de comprar en tiendas de moda, pues como que no. Una iglesia católica a mitad de la calle. Curiosa sin más.

Llegamos a la torre Gálata, Galata Kulesi, que desde el siglo XIV vigila la entrada al Cuerno de Oro. Ya la habíamos visto a lo lejos desde diferentes perspectivas, pero es realmente grande, en circunferencia impresiona más que en altura. La zona de los alrededores sí es bastante bonita y agradable para pasear.

Seguimo bajando y llegamos hasta el puente de Gálata y allí nos cogimos el tranvía hasta Sultanahmed, donde camino del hotel nos tomamos una cervecita para celebrarlo. Descansamos un ratito en el hotel y nos fuimos a cenar.

Esta vez escogimos el Enjoyer, recomendado en muchos foros de españoles. El sitio obviamente estaba lleno de españoles. Yo diría que sólo había españoles. El pan de pita excepcional. Nos tomamos un vino Ancyra de 2009, de uva bogazkere,  Kavaklidere Anatolian Wines. Muy bueno, estos turcos saben hacer muy buen vino. También lo cobran estupendamente bien.

De entrante nos tomamos unos dolma, que vienen a ser como makis, pero en lugar de algas, diferentes verduras asadas, y rellenos de arroz. Pimientos rojos y verdes, calabacines y hojas de parra. Muy buenos. Unos mejillones en salsa tártara, que resultaron ser mejillones sin cáscaras, rebozados como en tortilla a la francesa y fritos. Prescindibles, porque el sabor del mejillón no aparece por ningún lado, y habíamos visto en Eminönü un señor con una cesta que los vendía frescos y tenían una pinta estupenda.

De segundo Sebse esgara, berenjena asada rellena con verduras asadas y queso derretido, muy rica, sobre todo el sabor de las verduras asadas, y una parrillada de carnes. Bien, pero sin excesos, teniendo en cuenta que pagamos 149 liras turcas, poco más o menos lo que pagamos el día anterior en el House of Medusa, no creo que merzca la pena volver. La carne, el ambiente y el sitio no son tan buenos como en el Medusa, el Enjoyer resultaba demasiado ruidoso. No lo recomendaría, aunque se come correcto, pero sin más.

Nos fuimos al hotel, cansados pero muy contentos, un gran día, plagado de sitios bonitos, buena comida y paisajes espectaculares. Sin duda un gran día.

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Comentarios
  1. sureña dice:

    A mi también me alucinó la Cisterna, con esas pasarelas sobre el agua, el ambiente de enorme cueva iluminada con luz tenue y las diversas columnas tan bien alineadas.
    Inolvidable Torre Galata.
    Viendo mis fotos has hecho este segundo día un recorrido por la ciudad bastante parecido al mío.
    ¡¡Será por guiris!!

  2. Creo que la Cisterna, Chora y Santa Sofía son mis favoritos…tendré que reposarlo a ver como queda el ranking :)
    Anda sureña que te cambias mas de nick que los políticos de chaqueta ;) …menos mal que te tengo fichá

  3. sureña dice:

    Nena, soy puro cambio en casi todos los aspectos de mi vida. Me gusta la diversidad. Pero el fondo sigue siendo el mismo por eso no me despisto, jajaja…

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