No hay concepto simple. Todo concepto tiene componentes, y se define por ellos. Se trata de una multiplicidad. No existe concepto alguno que tenga todos los componentes, hasta los pretendidos universales como conceptos últimos tienen que salir del caos circunscribiendo un universo que los explique. Todo concepto tiene un perímetro irregular, definido por la cifra de sus componentes. Forma un todo fragmentario.
Tenemos un concepto del Otro que tan sólo presupone como condición la determinación de un mundo sensible. El Otro surge bajo esta condición como la expresión de un posible. Constituye un concepto de tres componentes inseparables: mundo posible, rostro existente, lenguaje real o palabra.
Todo concepto tiene su historia, aunque esta historia zigzaguee o incluso llegue a discurrir por otros problemas o por planos diversos. En un concepto hay, la más de las veces, trozos o componentes procedentes de otros conceptos, que respondían a otros problemas y suponían otros planos en los que cada componente lleva a cabo una nueva repartición, adquiere un perímetro nuevo, tiene que ser reactivado o recortado.
Pero por otra parte, un concepto tiene un devenir que atañe en este caso a unos conceptos que se sitúan en el mismo plano. Se concatenan unos a otros, se solapan mutuamente, coordinan sus perímetros, pertenecen a la misma filosofía, incluso cuando tienen historias diferentes. Todo concepto, puesto que tiene un número finito de componentes, se bifurcará sobre otros conceptos, compuestos de modo diferente, pero que constituyen otras regiones del mismo plano.
Por lo tanto, la naturaleza del concepto podría determinarse de la siguiente manera:
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Cada concepto remite a otros conceptos, no sólo en su historia, sino en su devenir o en sus conexiones actuales.
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Tiene unos componentes que pueden a su vez ser tomados como conceptos.
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Así pues, se extienden hasta el infinito y, como están creados, nunca se crean a partir de la nada.
Lo propio de un concepto consiste en volver los componentes inseparables dentro de él: distintos, heterogéneos y no obstante no separables. Cada componente distinto presenta un solapamiento parcial o un umbral de indiscernibilidad con otro componente. Estas zonas, umbrales o devenires, esta indisolubilidad, son las que definen la consistencia interna del concepto.
Pero éste posee también una exoconsistencia, con otros conceptos, cuando su creación respectiva implica la construcción de un puente sobre el mismo plano. Las zonas y los puentes son las junturas del concepto.
Cada concepto será por tanto considerado el punto de coincidencia, de condensación o de acumulación de sus propios componentes. Cada componente es un rasgo intensivo, una ordenada intensiva que no debe ser percibida como general ni como particular, sino como una mera singularidad que se particulariza o se generaliza según se le otorguen unos valores variables o se le asigne una función constante.
Las relaciones en el concepto no son de comprensión ni de extensión, sino sólo de ordenación, y los componentes del concepto no son constantes ni variables, sino meras variaciones ordenadas en función de su proximidad. Un concepto es una ordenación de sus componentes por zonas de proximidad. Es un ordinal, una intensión común a todos los rasgos que lo componen.
El concepto es incorpóreo, carece de coordenadas espaciotemporales, sólo tiene ordenadas intensivas. Carece de energía, sólo tiene intensidades, expresa el acontecimiento, no la esencia o la cosa. El concepto se define por la inseparabilidad de un número finito de componentes heterogéneas recorridas por un punto en sobrevuelo absoluto a velocidad infinita. El concepto es un acto de pensamiento.
Así pues, el concepto es absoluto y relativo a la vez: relativo respecto de sus propios componentes, de los demás conceptos, del plano sobre el que se delimita, de los problemas que supuestamente debe resolver, pero absoluto por la condensación que lleva a cabo, por el lugar que ocupa sobre el plano, por las condiciones que asigna al problema. Es absoluto como totalidad, pero relativo en tanto que fragmentario. Es infinito por su sobrevuelo o su velocidad, pero finito por su movimiento que delimita el perímetro de los componentes.
Un filósofo reajusta sus conceptos, incluso cambia de conceptos incesantemente. Lo que no obstante permanece absoluto es el modo en que el concepto creado se plantea en sí mismo y con los demás. La relatividad y la absolutidad del concepto son como su pedagogía y su ontología, su creación y su autoposición, su idealidad y su realidad.
El concepto se define por su consistencia, endoconsistencia y exoconsistencia, pero carece de referencia: es autorreferencial, se plantea a sí mismo y plantea su objeto al mismo tiempo que es creado.
Por último, el concepto no es discursivo y la filosofía no es una formación discursiva porque no enlaza proposiciones. El concepto no constituye en modo alguno una proposición, no es proposicional, y la proposición nunca es una intensión. Las proposiciones se definen por su referencia, y la referencia nada tiene que ver con el Acontecimiento, sino con una relación con el estado de cosas o de cuerpos, así como con las condiciones de esta relación.
La filosofía saca conceptos, que no se confunden con ideas generales o abstractas, mientras que la ciencia saca prospectos, que no se confunden con juicios, y el arte saca perceptos y afectos, que tampoco se confunden con percepciones o sentimientos.
Resumen de el capítulo 1. ¿Qué es un Concepto? del libro ¿Qué es la filosofía? de Deleuze y Guattari
Hola, Oye, ¿tú cuando descansas?
Jahaja…bueno pues me suelo acostar temprano
Además, cuando acabamos los exámenes estuve casi 3 semanas sin acercarme a la filosofía… Y al final hasta tenía mono.
Lo mismo debería hacérmelo mirar
¡ Ni se te ocurra, sigue así ¡¡¡¡¡¡
Majo e l’Antonio
[...] concepto es lo que llena el plano de inmanencia. Ya no hay proyección en una figura, sino conexión en el [...]
[...] son las percepciones y afeccciones de los propios conceptos fragmentarios: a través de ellos los conceptos no sólo son pensados, sino percibidos y sentidos. Uno no puede sin embargo limitarse a decir que [...]
La mayoría de las afirmaciones acerca del concepto son las que se postula en la filosofía aristotélica pero sin rebuscamiento.
Por otro lado en ninguna parte del articulo se explica ¿Qué es un concepto? en la imaginación de Deleuze, se comenta qué contiene, con qué se relaciona, qué no es, pero no su significado ni para qué sirve.
Incluso se habla del concepto como si fuera un objeto físico próximo a la energía:
“El concepto es incorpóreo, carece de coordenadas espaciotemporales, sólo tiene ordenadas intensivas. Carece de energía…”
” El concepto se define por la inseparabilidad de un número finito de componentes heterogéneas recorridas por un punto en sobrevuelo absoluto a velocidad infinita.”
Lo único claro que se menciona y que contradice esa visión de objeto físico es:
” El concepto es un acto de pensamiento.”
El concepto que plantea Deleuze no es el concepto Aristotélico. Pero ya veo por tus comentarios, Juan Manuel, que Deleuze no es santo de tu devoción. Yo sí que me hago una idea clara de lo que es un concepto según Deleuze leyendo su obra. En cierto sentido, y desde mi opinión por supuesto, me sucede con Deleuze lo que me sucede cuando leo a Joyce, que apela directamente a mi pensamiento, no a mi lenguaje.
Yo he tenido que estudiarlo porque formaba parte del temario de Metafísica, y a mí sí que me ha sorprendido gratamente, un soplo de aire fresco ante tanta caspa rancia
Saludos
Hola, Silvia!
Mira, no es que tenga algo contra Deleuze, De hecho mucho de lo poco que conozco de él lo se por ti, lo otro poco es lo que he investigado por mi cuenta después de que te leí, pues leyendo tu artículo sobre Desterritorialización no se avanza mucho. Lo que rechazo de Deleuze es su hermetismo, me recuerda a Luis de Góngora y Argote.
Tal vez es una catedral de conocimientos pero si no es claro, es como si fuera una cueva oscura.
Advierto en sus laberintos un significado tal vez poético pero no racional, no filosófico, y lo confirmo cuando haces la referencia a Joyce; y llego a la conclusión, Deleuze a lo mejor es un poeta pero no un filosofo, al menos en Mil mesetas,
No estoy de acuerdo que haya una zona de la realidad oscura para la mayoría y clara para unos cuantos iniciados, considero que hasta lo más complejo si lo entiendes bien se lo puedes explicar a cualquier persona.
Abandonar el paradigma esencial de la filosofía sujeto-objeto no es sacrílego, es suicida. Si para entender a Deleuze hay que salirse de lo racional renuncio a intentar comprenderlo, pues para mi no hay ningún otro método que la razonabilidad de la realidad. La realidad se puede comprender, es pensable. Abajo de todos los sistemas filosóficos se encuentra esta propiedad de la realidad.
Estoy de acuerdo que la realidad es multidimensional y sus conexiones con los demás objetos es múltiple por esa propiedad de la realidad que es la multidimensionalidad. Que todos los objetos están relacionados con los demás objetos y sujetos (en tanto que objetos). Eso ya se sabe desde siempre.
Pero la mente solo aborda una linea, una interrelación, en un momento dado. Pero estudia todas las relaciones a lo largo del tiempo, hasta tener una visión multidimensional.
Simplificamos la realidad para entenderla no por que no sepamos que es multidimensional, de esa certidumbre nacen las ciencias, cuya misión es estudiar una sola dimensión, no porque se ignore la multidimensionalidad sino porque para comprender el todo se debe conocer cada una de sus partes en un cierto nivel de profundidad que es dado por el momento histórico y por el avance tecnológico.
Espero estudiar a Deleuze y leerlo y reelerlo hasta simplificarlo de tal modo que a partir de lo real pero comprensible de su visión, dejemos vivo lo que vale pero desprovisto de los juegos de abalorios de sus incongruencias.
La critica de fondo que veo es que su lenguaje no respeta significados, ni sintaxis, ni clases, ni las reglas de la taxonomía, ni jerarquía de conceptos; ya no digamos las reglas del método inductivo o el deductivo, ni que decir de los silogismos.
Saludos,
Muy respetable tu opinión, Juan Manuel, muy buen expuesta además. Pero si consideras que Deleuze es poeta, en mi estrecho conocimiento de poesía te diría unos cuantos autores mucho más interesantes que Deleuze.
Yo no soy deleuziana, simplemente en la asignatura de metafísica tuvimos que destripar su libro ¿qué es la filosofía? y al hacerlo me he encontrado con un filósofo, yo sí le considero filósofo, que me ha sorprendido. No comparto desde luego todo lo que he conseguido entender de él, como me pasa con el 100% de los filósofos que he podido intentar entender, pero tampoco me parece que sea incongruente y no más oscuro que otros.
Simplemente hace las cosas de otra manera, construye un sistema que no sigue las pautas tradicionales de los sistemas tradicionales, y por eso o le odias o lo amas. Con Deleuze no hay término medio.
Yo lo “amo” en el sentido de que me ha hecho descubrir una nueva forma de pensar.
Al igual que en la ciencia y en otras facetas de la vida, un pensamiento creativo y disruptor es el que provoca avance y progreso, ¿por qué no en la filosofía?.
Desde luego en la búsqueda de mi propio sistema, que es a lo que creo que se debe dedicar un filósofo en particular y un ser humano en general, por ahora no descarto la aportación deleuziana.
Saludos y muchas gracias por compartir tus opiniones e inquietudes.