El Contexto y la Música que te Gusta

Publicado: 9 agosto, 2012 en Ciencia, Filosofía, Música
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Antecedentes preverbales

Existe una idea predominante de  que no podemos tener ningún recuerdo verídico antes de los cinco años, más o  menos. Pero esto no está científicamente demostrado, incluso puede que seas una de esas personas que sí tiene recuerdos anteriores.

En la Universidad de Keele, en el Reino Unido, Alexandra Lamont realizó un experimento. Sometió a un grupo de mujeres embarazadas a la escucha de cierto tipo de música, enfocada hacia sus bebés. Descubrió que los niños, un año después del nacimiento, reconocían y preferían la música a la que habían sido expuestos en el vientre materno.

¿Pero cómo se puede saber de preferencias en un entorno preverbal? Muy sencillo. Los niños elegían el altavoz por donde salía la música que más les agradaba, que en el caso de los niños que formaron parte del experimento siempre fue la música a la que fueron expuestos. En el caso de otros niños, no presentaron ninguna preferencia. Es decir, no había nada en la música en sí que marcara la preferencia.

Lamont descubrió también que si no intervienen otros factores, el niño prefiere la música rápida y alegre a la lenta.

Otro estudio, menos ortodoxo, aseguraba que escuchar diez minutos al día a Mozart te hacía más listo. En realidad era el hecho de escuchar música lo que podría mejorar el rendimiento en tareas de razonamiento espacial efectuadas inmediatamente después de la sesión auditiva.

La mayoría de los científicos se hallaban en una posición incómoda. Aunque creemos intuitivamente que la música puede estimular otras habilidades cognitivas, el estudio concreto que afirmaba esto contenía muchos fallos científicos, afirmando cosas ciertas pero por motivos inadecuados.

Los músicos tienen más cuerpo calloso

Escuchar música estimula ciertos circuitos neuronales, incluyendo la densidad de conexiones dendríticas en el córtex auditivo primario. Schlaug, neurocientífico de Harvard, ha demostrado que la porción frontal del cuerpo calloso, es decir, la masa de fibras que conectan los dos hemisferios cerebrales, es significativamente mayor en los músicos, especialmente entre los que empiezan muy pronto su formación. Esto refuerza la idea de que las operaciones musicales pasan a ser bilaterales al aumentar la instrucción, pues los músicos coordinan y reclutan estructuras neuronales tanto en el hemisferio izquierdo como en el derecho.

Schlaug también descubrió que los músicos tendían a tener cerebelos más grandes y una mayor concentración de materia gris, es decir, la parte del cerebro que contiene los cuerpos celulares, axones y dendritas, y responsable del procesamiento de la información, mientras que la materia blanca es la responsable de la transmisión de la información.

Y mientras, vamos creciendo…

El entorno, incluso mediando el líquido amniótico y el vientre materno, puede afectar al desarrollo y a las preferencias del niño. Así que las semillas de la preferencia musical se siembran en el vientre materno, pero tiene que haber algo más que eso, porque si no todos escucharíamos la misma música que nuestros padres. Lo que oímos en el vientre materno influye en nuestras preferencias musicales, pero no las determina.

La música que nos rodea mientras crecemos y nos desarrollamos cumple otro papel determinante. Los niños pequeños empiezan a mostrar una preferencia por la música de su cultura a los dos años de edad, aproximadamente en la época en que empiezan a desarrollar un procesamiento verbal especializado. Al principio les gusta canciones simples; música simple quiere decir temas claramente definidos y progresiones de acordes que se resuelven de formas directas y fácilmente previsibles. Cuando maduran, empiezan a cansarse de la música fácilmente predecible y a buscar música que plantee algún reto.

Esto es una generalización, no a todos los niños les gusta la música y algunos desarrollan un gusto propio por pura serendipia.

Parece ser que el momento decisivo para las preferencias musicales está en torno a los 10 años. A partir de este momento es cuando los niños se toman un interés real por la música.

La música hacia la que tenderemos a sentir nostalgia en la edad adulta, la que sentimos como nuestra música, se corresponde con la que oímos durante esos años. La adolescencia es un período de autodescubrimiento cargado emotivamente, y la amígdala y los neurotransmisores actúan de forma conjunta para etiquetar los recuerdos emotivos como algo importante. Hacia los 14 años es cuando el cableado de nuestros cerebros musicales se aproxima a los niveles adultos de culminación.

No parece haber un punto de ruptura a partir del cual no puedan adquirirse ya nuevos gustos en música, pero la mayoría de las personas tienen formados sus gustos entre los dieciocho y los veinte años. No está claro porqué sucede esto, pero parece ser que es así. Será que conforme nos hacemos mayores nos abrimos menos a nuevas experiencias.

En la adolescencia tenemos todo un mundo por descubrir, y en nuestra sociedad occidental la elección musical tiene consecuencias sociales importantes. Escuchamos la música que escuchan nuestros amigos. Cuando estamos buscando nuestra identidad creamos vínculos y grupos sociales con gente a la que queremos parecernos o con las que creemos que tenemos algo en común. Para exteriorizar ese vínculo, vestimos de manera parecida, compartimos actividades y escuchamos la misma música. Los gustos musicales se convierten en una señal de distinción e identidad personal de grupo.

Podríamos decir que la personalidad está asociada en cierta medida con el tipo de música que nos gusta, o al menos predice dicha personalidad. Pero viene determinada en mayor medida por factores causales: dónde estudiaste, con quién salías, qué música daba la casualidad que escuchabas.

Durante la adolescencia el cerebro desarrolla y forma nuevas conexiones a una velocidad explosiva, pero este ritmo frenético se reduce sustancialmente pasado este periodo.

Seguro que si eres melómano, la pasión que tenías en tu adolescencia por descubrir cosas nuevas y la intensidad de las emociones que te provocaba la música han ido decreciendo con el paso del tiempo.

En mi propia experiencia, sigo siendo una melómana activa, voy a conciertos, busco música nueva dentro de los estilos que me gustan, incluso estoy dispuesta a escuchar nuevos tipos de música. Pero no es lo normal.

La mayoría de la gente que me rodea se quedó estancada en la música de su vida, es decir, la que escuchaba en su adolescencia y juventud. Pero sigo teniendo un grupo de amigos y conocidos que siguen teniendo una actitud similar a la mía. Al igual que hay gente a la que la música nunca le interesó, hay gente que sólo le interesa durante una etapa de su vida y a otros nos interesará siempre. Interés en sentido proactivo y evolutivo.

Lo que sí he notado con el paso de los años, es que cada vez le dedico menos tiempo a escuchar música. Me explico, mientras trabajo escucho música, mientras cocino escuho música, mientras leo escucho música…prácticamente todas las actividades que realizo en mi día a día van a compañadas de un fondo musical. Pero ya rara vez me pongo a escuchar música, y sólo eso. No como complemento o como la banda sonora de tu vida, sino como una actividad completa en sí misma.

Quizás sea por lo que comenta Levitin, a partir de cierta edad tu cerebro ya está prácticamente configurado para la música. Quizás sea porque cuando te conviertes en adulto se incrementan las actividades y responsabilidades con lo que es fundamental si quieres seguir disponiendo de tu propio tiempo, el saber gestionarlo con gran precisión.

En cualquier caso, no me imagino un mundo sin música, no me imagino un día sin música. Aunque sea como la banda sonoro de mi vida, la música seguirá formando una parte fundamental de mi universo.

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comentarios
  1. Antonio dice:

    Completamente de acuerdo en que cada vez “escuchamos” menos música. Pero ya sabes, no hay mal que por bien no venga, cuando sacas tus viejos elepés, ¡Joder que mayor soy!, disfrutas como un poseso. Así que a disfrutar.

  2. Linnk dice:

    Fantástico articulo.

    Aunque aun no me explico como a la gente le llega a gustar el Dubstep. A lo mejor mi contexto es muy raro o_ó

  3. Ines dice:

    Sin música la vida sería un error, Nietzsche, Cioran con Bach…Sin música …pues es haber quedado sordo.

  4. Buzo dice:

    “Lo que sí he notado con el paso de los años, es que cada vez le dedico menos tiempo a escuchar música.”

    Un fantástico ejercicio para reengancharte es volver a escuchar algunos de los discos que marcaron tu adolescencia y/o juventud. Descubrirás cosas que pasaste por alto y los disfrutarás de otra manera. Importante no hacer nada que te distraiga y recomendable usar cascos y letras.

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