Pensamiento Complejo vs Pensamiento Determinista

Publicado: 6 julio, 2011 en Ciencia, Filosofía
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El pensamiento clásico estaba presidido por la idea de necesidad: el destino y la justicia controlaban con férrea mano todo lo que sucedía en la naturaleza y entre los hombres, incluso los mismos dioses estaban sometidos a dicha necesidad. Con el pensamiento cristiano se introdujo la noción de un Dios voluntarista que rige el devenir del universo. Y en la Edad Media se enfrentan dos concepciones sobre la relación de la voluntad de Dios con las leyes naturales y morales: por un lado el intelectualismo, que tendía a conceder una validez absoluta a las leyes que dependían necesariamente del propio Dios y el voluntarismo que ponía el acento en la voluntad soberana de Dios que podía cambiar en cualquier momento dichas leyes. Una se basaba en la necesidad y la otra en su contingencia. Curioso que tanto Ockham como Descartes, creyesen en un Dios voluntarista.
La ciencia moderna de la naturaleza surge con una concepción determinista rigurosa de las leyes naturales. Laplace comentaba que todos los acontecimientos son una secuencia tan necesaria como las revoluciones del sol. Al ignorar los lazos que los unen al sistema total del universo, se los ha hecho depender de causas finales o del azar, según que ocurriese o se sucedieran con regularidad o sin orden aparente, pero estas causas imaginarias han ido siendo descartadas a medida que se han ido ampliando las fronteras de nuestro conocimiento y desaparecen por completo ante la seria filosofía que no ve en ellos más que la expresión de nuestra ignorancia de las verdaderas causas.
Esta concepción rigurosamente determinista ha sido cuestionada, debido especialmente a los descubrimientos de la mecánica cuántica y al papel que el azar desempeña en la termodinámica de los sistemas complejos. Todo esto nos lleva a la concepción de un mundo abierto en el que no todo está previsto y en el que azar y necesidad se combinan de forma creadora. La actitud determinista de la ciencia se encuentra una y otra vez ante la necesidad de admitir el indeterminismo efectivo de la realidad.
Y ahí apareció Prigogine, oponiendo un universo cuyas leyes básicas serían la inestabilidad, el azar y la irreversibilidad, un universo evolutivo cuya realidad no puede ser devuelta a la identidad. Prigogine, padre de la teoría del caos, decía, imitando a Sócrates desde la más absoluta convicción, que sabía muy poco. Comentaba que nos encontrábamos al final de la era de la ciencia inaugurada por Copérnico y Galileo, período tan glorioso como simplista, ya que la ciencia clásica se centraba en el equilibrio, el orden y la estabilidad. Hoy vemos fluctuaciones e inestabilidad por todas partes. Estamos empezando a ser conscientes de la complejidad inherente del universo. Estaba seguro de que la toma de esta conciencia era el primer paso hacia una nueva racionalidad.
Pero Prigogine no predicó sólo en el desierto. Von Neumann, sí, el de la máquina de Von Neumann que seguro te suena si eres un freak de los ordenadores, desarrolló una metodología de tratamiento abstracto que le permitió confrontar el problema extremadamente profundo y fundamental del determinismo vs. el no-determinismo y demostró un teorema de acuerdo con el cual es imposible que la mecánica cuántica sea derivada por aproximación estadística de una teoría determinista del mismo tipo de la utilizada en mecánica clásica. Aunque se equivocó, ayudó a demostrar posteriormente que la física cuántica requiere una noción de la realidad substancialmente diferente de la manejada en física clásica y que la mecánica cuántica también requiere una lógica substancialmente diferente de la lógica clásica.
Tampoco podemos desdeñar el aporte de Von Foerster, con su descubrimiento del principio del orden por el ruido, creación de un orden a partir del desorden. O de Atlan, que concibe la teoría del azar organizador. Se encuentra una dialógica orden/desorden/organización en el nacimiento del universo a partir de una agitación calórica (desorden) donde, bajo ciertas condiciones (encuentros de azar), ciertos principios de orden van a permitir la constitución de núcleos, de átomos, de galaxias y de estrellas. Más todavía, encontramos esta dialógica en el momento de la emergencia de la vida por encuentros entre macromoléculas en el seno de una especie de bucle autoproductor que terminará por convenirse en autoorganización viva. Bajo las formas más diversas, la dialógica entre el orden, el desorden y la organización, a través de innumerables interretroacciones, está constantemente en acción en los mundos físico, biológico y humano.
Pero no todos los científicos se adhieren a esta concepción indeterminista y azarosa del mundo: Einstein y Thom, en polémica con Prigogine, afirman el determinismo frente al indeterminismo cuántico y el ligado a los sistemas complejos. Thom recupera la noción de causalidad, no se puede prescindir de ella porque impregna nuestro lenguaje y nuestra visión del mundo, defiende por tanto una visión local del determinismo. Su causalidad busca más el rigor cualitativo en su modelización de la realidad que la precisión cuantitativa de las medidas. Piensa que hasta el indeterminismo de la mecánica cuántica se podría eliminar mediante la introducción de parámetros ocultos en número finito. El problema es que, hoy por hoy, no disponemos de una teoría local que elimine el determinismo y por ello es más realista aceptarlo.
En mi opinión, si hasta hace pocos años las ciencias tenían por modo de conocimiento la especialización y la abstracción, es decir, la reducción del conocimiento de un todo al conocimiento de las partes que lo componen, ahora las propiedades emergentes toman el relevo. Si el concepto clave era el determinismo, es decir, la ocultación del azar, de la novedad, y la aplicación de la lógica mecánica de la máquina artificial a los problemas de lo vivo y de lo social, ahora es la complejidad. Si antes todo estaba definido por la cadena infinita de causalidad, ahora es el caos y la incertidumbre los que deben pasar al estrado. ¿Cómo?
Con la teoría de la información disponemos de una herramienta que permite tratar la incertidumbre, la sorpresa, lo inesperado. Este concepto de información permite entrar en un universo donde hay, al mismo tiempo, orden (la redundancia) y desorden (el ruido) y extraer de ahí algo nuevo.
Con la cibernética estudiamos la estructura de los sistemas reguladores, de las máquinas autónomas. Fue con Wiener y Ashby, sus fundadores, cuando la complejidad entró de lleno en la ciencia. Y cuando la Cibernética reconoció la complejidad fue para rodearla, para ponerla entre paréntesis, pero sin negarla, para hacer epojé con ella al más puro estilo husserliano. La idea de retroacción, que introduce Norbert Wiener, rompe con el principio de causalidad lineal al introducir el principio de “bucle” causal. Literalmente manda a hacer gárgaras el determinismo. La causa actúa sobre el efecto,se retroalimenta. Y es justo este mecanismo de regulación el que permite la autonomía de un sistema. La homeostasis.
Y por supuesto, con la teoría de los sistemas, que sienta las bases de un pensamiento de la organización. El alma mater del enfoque sistémico es que “el todo es más que la suma de las partes”. Esto significa que existen cualidades emergentes, es decir; que nacen de la organización de un todo y que pueden retroactuar sobre las partes. Por otra parte, el todo es igualmente menos que la suma de las partes, puesto que las partes pueden tener cualidades que son inhibidas por la organización del conjunto.
El pensamiento complejo es, en esencia, el pensamiento que integra la incertidumbre y que es capaz de concebir la organización. Que es capaz de religar, de contextualizar, de globalizar, pero, al mismo tiempo, de reconocer lo singular y lo concreto.
La idea de complejidad estaba mucho más diseminada en el vocabulario común que en el científico. Llevaba siempre una connotación de advertencia al entendimiento, una puesta en guardia contra la clarificación, la simplificación, la reducción demasiado rápida. De hecho, la complejidad tenía también delimitado su terreno, pero sin la palabra misma, en la Filosofía: en un sentido, la dialéctica, y en el terreno lógico, la dialéctica hegeliana, eran su dominio, porque esa dialéctica introducía la contradicción y la transformación en el corazón de la identidad.
Aunque sea difícil incluso tendiendo asintóticamente a imposible, el conocimiento absoluto debe intentarse. El conocimiento del mundo en tanto que mundo deviene una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Es un problema que se nos plantea a todos, todos los dias: cómo adquirir el acceso a las informaciones sobre el mundo y cómo adquirir la posibilidad de articularlas y de organizarlas. Los científicos tienen que cambiar la metodología de sus paradigmas. Los neófitos curiosos tenemos Internet. En ambos casos, sin una reforma del pensamiento corremos el riesgo de caer en la imbecilidad cognitiva. Independientemente de que el azar sea constituyente ontológico de la realidad o una consecuencia de la pobreza de nuestros medios de predicción, parece que en los sistemas complejos no es fácil librarse de él, así que mejor que lo integremos en nuestra visión del mundo como parte integrante e intrínsica. El caos y el azar son elementos esenciales del universo, exploremos pues sus potencialidades.

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comentarios
  1. joe dice:

    Hola!. Es muy interesante. Para cuando la primera clase práctica? 😎

    • Jeje…si has llegado a esta página, la has leido incluso te ha interesado, para mi que la primera clase práctica ya la has superado ; )

      • Axax 12 dice:

        La idea es en lo que se centra el pensamiento actual, sólo que no se intenta el conocimiento total, que parece una imposibilidad intelectual a día de hoy (quien sabe si el mañana nos depara una ampliación de memoria y de velocidad de procesamiento cerebral). Actualmente se crean grupos de trabajo multidisciplinar.
        No puedo darte un OK (de momento). A seguir así.

  2. A lo mejor no se trata tanto de cambiar la capacidad intelectual biofisiológica del ser humano, sino las herramientas con las que nos enfrentamos al mundo.

  3. joe dice:

    Desde que empecé a leer el otro día el artículo la probabilidad y estadística me rondaban la cabeza como una forma de estudio de la aleatoriedad. No es determinista pero predice los resultados. De todas formas, como se puede aprender de lo que no presenta un comportamiento “ordenado”?, o es que faltan nuevas formas para ver el “orden” en el caos?. Tu no serás colega del prota de pi, arent u? 🙂

    • Jajaja pos va ser q no, pero no me importaría. Yo veo mas la estadística como una ciencia del pasado, caracteriza los datos una vez recopilados y puedes utilizar los modelos obtenidos para predecir sistemas equivalentes o cuanto menos similares a los previamente analizados. Como herramienta complementaria ok, pero para abrir un nuevo camino inexplorado, sólo la veo como el cuchillo, muy útil según para qué, pero no como la brújula

  4. joe dice:

    Hombre, difícilmente un cuchillo y una brújula harán lo mismo y aun cuando la brújula señale una dirección, eso no quiere decir que haya camino. Para comprobarlo se usa el cuchillo, machete… Casi un proverbio chino (del pasado).
    Saludos!!!.

    • No se como un cuchillo comprueba un camino, más bien lo abre. De todas formas, la idea precisamente es que no hay camino, el símil que he puesto se trata precisamente de explorar zonas desconocidas. La brújula quería representar la herramienta que tienes para hacerte un mapa sobre esa zona nueva y decidir cómo llegar de un punto a otro, saber por donde vás pasando y qué te queda por recorrer. No se trata tanto de llegar de A a B sino de explorar un territorio desconocido. La brújula es la orientación imprescindible para no perder el norte, nunca mejor dicho. Por cierto, ¿a qué proverbio chino te refieres?

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