Realidad y Cuántica.

Publicado: 28 julio, 2011 en Ciencia, Filosofía
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Llevo unas semanas bastante rayada con la Realidad, claro que pensándolo bien no es para menos. La he estado abordando desde diferentes puntos de vista. En Esencia y Apariencia  hago una aproximación histórica a la evolución de esas dos componentes intrínsecas de la realidad. En  Materia y Realidad la aproximación se realiza desde el punto de vista de los materialismos.  Siguiendo con el enfoque metafísico me quedaría hablar de categorías, de la relación que existe entre la realidad y la posibilidad y la necesidad, por supuesto del ser y del devenir, incluso de cómo se estratifica la realidad. Ya iré comentando cada uno de estos aspectos cuando buenamente me vaya apeteciendo. Pero lo que pica ahora es otro bicho ¿cómo demonios se enfoca la realidad desde un punto de vista cuántico? Como relación, haberla, hayla. A ver por dónde entramos y lo que es más difícil, por dónde salimos.

Empecemos por un gran científico que siempre queda bien y da como prestancia al contenido. Si lo dice Fulano pues será verdad. El fulano en cuestión es Bohr y decía que había dos aspectos fundamentales en la 
naturaleza: Complementariedad e Indeterminismo. La complementariedad consiste en el hecho de que una medida destruye en general todo conocimiento de alguna otra propiedad de un sistema cuántico. El indeterminismo o incertidumbre nos dice que no podemos determinar simultáneamente ciertos pares de variables físicas con una precisión arbitraria. Por lo tanto, según la física cuántica, no podemos atribuir propiedades a un objeto a menos que hayan sido previamente medidas. Esto podría significar que en ausencia de toda medida no sabemos si el objeto cuántico existe en cuestión. Un átomo sólo aparece en un lugar particular cuando lo mides, es decir, que el átomo está por todas partes hasta que alguien decide observarlo, por lo que el acto de medición u observación crea el universo entero. Sólo los
 seres conscientes pueden ser observadores, por lo que estamos íntimamente ligados a la existencia misma de la realidad. Sin nosotros, sólo habría una superposición de realidades expandiéndose, sin que nada definitivo llegara jamás a suceder.

Como ya se ha dicho, cada vez que intentamos observar a las partículas, a partir de cierto nivel, el mismo acto de observar cambia las cosas. Es más, mientras más observas a las partículas  individualmente más te percatas de que no existe eso que llamamos electrón. Un electrón o cualquier otra partícula elemental sólo existe en relación a otras cosas, como por ejemplo en relación a otras partículas o al universo mismo. Cuando se navega en las profundidades de la naturaleza misma de la materia, todo lo que sabemos del mundo cotidiano se disuelve, ya no existen objetos, sólo relaciones. ya no existe ni la localidad, ni el tiempo. Cuanto más observamos en detalle un objeto, aquello que pensábamos como materia sólida, empieza a aparecer cada vez menos sólida.

Las categorías conceptuales, o palabras que utilizamos para describir la realidad son fenómenos dentro de nuestras cabezas, no están ahí fuera, y la mayor parte del tiempo esto es un problema filosófico. Pero cuando llegas a la física cuántica, te das cuenta que este fenómeno tiene efectos reales. Uno de ellos por ejemplo el hecho de que una vez que la materia está físicamente unida, incluso despues de separarla, la energía está aún ahí conectando esa materia separada. Si vamos lo suficientemente atrás en el tiempo, todas las partículas que se están expandiendo estaban unidas en una sóla partícula del tamaño de un guisante. Si pudieras salir al espacio y recolectar todas las partículas de materia, y reducir todo el espacio que se halla entre ellas y comprimirlo todo al tamaño de un guisante, significa que todos fuimos alguna vez parte de la misma partícula primigenia que creó el universo. Y aunque esas partículas están ahora separadas y expandiéndose, energéticamente todos seguimos interrelacionados.

Creamos los conceptos a partir de muchas ideas distintas. Construimos modelos de cómo vemos el mundo exterior, y a medida que vamos acumulando información vamos puliendo el modelo. Es como si nos contáramos a nosotros mismos una historia sobre qué es el mundo exterior. Cualquier información que procesamos y tomamos del entorno está siempre empañada por las experiencias previas que hemos vivido y por la reacción emocional que tenemos cuando estamos percibiendo dicha información. La física cuántica es una física de las posibilidades, sobre todo plantea la pregunta siguiente: ¿qué posibilidades y quién escoge entre las posibilidades para ofrecernos la experiencia verdadera? La única respuesta satisfactoria, lógica y significativamente,  es la respuesta de que la conciencia es la base de todo ser.

Retrocedamos en el tiempo. Al principio no había nada. De alguna forma, de esta nada surgió todo. La materia, la energía, el espacio, el tiempo, la conciencia, el cerebro. ¿Cómo de algo tan inconsciente como es la materia cerebral se puede originar algo tan inmaterial como es la experiencia?. Las únicas realidades de las cuales sabemos  son las que nuestros cerebros fabrican con los billones de señales que reciben en cada momento. ¿Qué hacemos con ellas?
Desde el punto de vista de la física, Bohm dice que nosotros organizamos las experiencias en hologramas, que luego proyectamos fuera de nosotros mismos y es a eso a lo que llamamos realidad. Del mismo modo que un conjunto de partículas pierden su identidad al formar un sistema cuántico coherente, las interacciones cuánticas no-locales harían que las neuronas dejasen de comportarse como elementos individuales en favor de una sinergia neurológica. Bohm se inspiró en la holografía para crear un modelo del universo que englobara las múltiples paradojas de la física cuántica. Describe un nivel de la realidad inaccesible a nuestros sentidos y al escrutinio directo de la ciencia. Todas las estructuras estables del universo no son más que meras abstracciones. Es por ello que, por más esfuerzos que dediquemos a describir los objetos, las entidades o los eventos, tendremos que terminar admitiendo que todos ellos se derivan de una totalidad indefinible o incognoscible.
 La teoría holográfica ilustra la idea de que la energía, la luz y la materia están compuestas por pautas de interferencia que portan información sobre todas las otras ondas de luz, energía y materia con las que, directa o indirectamente, han entrado en contacto. Así, cada fragmento de energía o de materia constituye un microcosmos que encierra la totalidad. No deberíamos, pues, seguir considerando la vida en términos de materia inanimada. La materia y la vida -como la materia y la conciencia- son abstracciones del holomovimiento, es decir, abstracciones de una totalidad indivisible de la que nada puede separarse. La división o fragmentación de la realidad que efectúa el científico en su análisis es por tanto artificial, porque considera que la realidad o la naturaleza es una totalidad indivisible. Cada parte que el científico crea artificialmente de la realidad contiene implícitas, todas las propiedades de la realidad en su totalidad. Según Bohm, cada porción de realidad que se toma como separada, es una “proyección” de la realidad total. En definitiva, lo que dice Bohm en su teoría de la totalidad es que Materia, Conciencia y Tiempo coexisten en un espacio holográfico común.

Luego tenemos a Karl Pribram que desde el punto de vista de la neurociencia y la psiquiatría llega más o menos a la misma conclusión. De hecho lo consideran el padre de la teoría holográfica del cerebro. Sugiere que la mente y el cerebro funcionan de manera similar al holograma y explica la memoria de una manera similar al proceso por el cual, con los datos de un solo punto, podría registrarse y recobrarse una enorme cantidad de información. Ya más o menos sabíamos que la memoria no ocupa zonas concretas del cerebro, sino que anda por ahí dispersa. Es decir, que la información no se encuentra tanto en una neurona como en una red neuronal. La memoria está guardada en los dibujos que hacen los impulsos nerviosos, estos atraviesan el cerebro de parte a parte, así como lo hace el haz de un rayo láser en una película que contenga una imagen holográfica. Su teoría, por tanto consiste en que la información en el cerebro se distribuye como un holograma.

Si juntamos ambas teorías, ¿dónde queda lo que llamamos realidad objetiva? ¿Dónde nos paramos para establecer parámetros cuando todo es interactivo y se automodifica? Las propiedades mentales son, por tanto, los principios organizadores omnipresentes del universo, que incluye al cerebro. Y las percepciones son fenómenos mentales. De ahí que las propiedades fundamentales del universo sean tal vez mentales y no materiales…Creo que estoy peor que al principio…

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