El sentido de la vida

Publicado: 25 agosto, 2011 en Filosofía
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La cuestión del sentido tiene su primer planteamiento en relación con la propia vida individual. La pregunta por el origen y el fin de la vida, su significado, su justificación, es una cuestión no sólo teórica sino práctica, que afecta a todos los seres humanos. Curiosamente, esta pregunta  sólo se convierte en obsesiva en épocas o situaciones en las que la propia vida se ve como problemática, vacía de contenido y carente de sentido, como comenta Kolakowski . Cuando la vida es satisfactoria y no plantea problemas, su sentido es manifiesto y no se cuestiona. La vida se presenta como carente de contenido en los momentos de cambio histórico donde se produce la sustitución de una cosmovisión por otra, o en aquellas situaciones en que se enfrentan diversas culturas produciéndose una confusión entre las diversas tablas de valores.

La vida cotidiana se rige por una serie de valores como el pragmatismo, la imitación, la analogía, la hipergeneralización, etc., que dan lugar a un entorno seguro en el que el sentido de nuestra actuación es claro. Los valores del grupo al que pertenecemos los aprendemos por imitación, los aplicamos mediante analogía y los ampliamos mediante hipergeneralización a los casos nuevos e imprevistos dentro de un marco general presidido por el pragmatismo. Heidegger en El Ser y El Tiempo analiza el mundo de la vida cotidiana como el mundo de lo impersonal, del uno, en el que permanece el Dasein en tanto que ser en el mundo y ser con. El Dasein se da necesariamente en un espacio y un tiempo determinado, en una situación y además en relación con los demás. Estos otros con los que me encuentro en la vida cotidiana son cualquiera. La cotidianeidad tiene los caracteres de distanciación, término medio, aplanamiento. El ser ahí en tanto que abierto, en tanto que ser en el mundo público, se relaciona con los demás a través de las habladurías (la cháchara), la avidez de novedades y la ambigüedad. Esta última característica es básica en la cotidianeidad y hace que aquello que parece claro y comprendido, no lo esté realmente. Para Heidegger la vida cotidiana es la vida inauténtica, la vida sin sentido, abierta a la angustia.

Este sentido de la vida cotidiana será explotado por el existencialismo francés, como se puede ver en La Náusea de Sartre o El Mito de Sísifo de Camus. La nausea es el estado en el que el ser (el cuerpo) se hace presente e imposible de superar a la nada (la conciencia). Igualmente para Camus, el sin sentido, el absurdo surge de la conciencia del divorcio que existe entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado, el absurdo es el espesor y la extrañeza del mundo, así como la conciencia de la inhumanidad del propio hombre. La escisión radical entre hombre y mundo es la clave del absurdo y del sin sentido, según el existencialismo, pero esa escisión sólo es intuida en la vida cotidiana que nos mantiene adormecidos en tanto que no pongamos en duda sus valores.

Tenemos por un lado que la vida cotidiana es inauténtica y por tanto no puede ofrecer un sentido real a la vida, pero,  a la vez, el mantenimiento en el interior de dicha vida cotidiana hace que no se plantee el problema del sentido de la vida y parece otorgar así un sentido a la vida, aunque no sea auténtico ni real. La inmersión en la comunidad impide que se plantee la cuestión del para qué de la vida, ya que precisamente la vida cotidiana respondiendo a todas las preguntas concretas impide que se plantee la fundamental. Tenemos aquí otra vez la ambigüedad esencial de la vida cotidiana; parece dar sentido e impide que uno se pregunte por el sentido en sí. Esta pregunta se plantea sólo en los momentos en que las metas propias de la vida cotidiana no se consiguen, y entonces se abre un espacio en el que puede surgir la cuestión de la finalidad de la existencia en sí.

Lukács y sus discípulos de la Escuela de Budapest, especialmente Heller, consideran que la vida cotidiana no está condenada irremisiblemente a la inautenticidad. Es posible llevar una vida cotidiana con sentido si se es capaz de conectarla con las objetivaciones fundamentales de la vida humana: la ciencia, el arte y la filosofía, así como con la esfera de la vida política. La vida cotidiana deja de ser particular para hacerse universal y de esta manera llega a convertirse en auténtica.

El sentido de la vida consiste desde este punto de vista, en conectar con las objetivaciones genéricas humanas y salir del ámbito de la particularidad para llegar a lo universal, tanto en el conocimiento como en la acción. Aún en un entorno social, cultural y político alienante es posible llevar a cabo una vida con sentido, al intentar negar la situación mediante la revuelta subjetiva frente a ella. Es posible convertir la vida cotidiana en una vida propia, en una vida para nosotros, que nos proporcione la felicidad y que sea una vida sensata, en el sentido de una apertura constante a lo nuevo, obtenido mediante la transformación del mundo y de nosotros mismos, en dirección a un perfeccionamiento continuo de nuestra personalidad.

 La pregunta por el sentido de la vida admite otras respuestas de las ya analizadas, que son:

  • Inmersión despreocupada en la vida cotidiana de la comunidad en que vivimos
  • Desesperación y angustia a la que no le basta esta vida cotidiana pero no es capaz de encontrar salida (existencialismo)
  • Apertura a las objetivaciones genéricas y desarrollo de una vida para sí (Lukács y discípulos). El ser humano al constatar la finitud y caducidad de las metas humanas ha situado el fin de su vida más allá de las estrellas

Al dividir la realidad en lo sagrado y lo profano se produce la primera gran partición orientadora de la vida humana. Lo profano, el ámbito de lo cotidiano, tiene un sentido porque es la repetición, el producto de lo sagrado. Las actividades humanas adquieren un sentido, ya que al preguntar por qué son de una manera determinada, los mitos responden que son así porque así eran en el origen. Lo profano debe reproducir un ámbito originario, otorgador del sentido, lo sagrado. A través de los símbolos la realidad se interpreta como una hierofanía, y así recibe el sentido propio de dicho sagrado. El espacio, en principio homogéneo, es jerarquizado y convertido en un cosmos ordenado, en torno a algunos puntos centrales tomados como centros del mundo en los que se produce la comunicación de la tierra con el cielo y con el infierno. El Tiempo profano, homogéneo y lineal , queda ordenado a través del tiempo de las fiestas, que son lapsos de tiempo sagrado en que se conmemora el tiempo mítico inicial de los orígenes en el que los dioses crearon el mundo o enseñaron la cultura a los hombres. Si los lugares sagrados ordenan el espacio, lo mismo hacen las fiestas con el tiempo. El tiempo profano cotidiano, extrae su sentido último de la repetición cíclica del tiempo originario, sagrado, a través de las fiestas.

Los símbolos tienen una multiplicidad de significados y por ellos pueden relacionar diversos ámbitos de lo real. Desde el punto de vista de la experiencia humana los símbolos ponen en contacto dicha experiencia con lo sagrado y así son fuentes de sentido al santificar la vida humana. Los símbolos dan lugar a una red de correspondencias entre el macrocosmos y el microcosmos humano. La santificación de la vida humana tiene lugar principalmente a través de los denominados ritos de tránsito, que dotan de sentido a los momentos más importantes de la existencia: nacimiento, pubertad, matrimonio, alumbramiento, muerte. Los ritos marcan el paso de un estatuto ontológico y social a otro. Estos cambios no son accidentales sino esenciales, ontológicos y hacen cambiar el sentido de la vida y del hombre. Es el rito el que otorga su sentido al cambio que sólo tiene lugar realmente gracias a dicho rito y no a los cambios fisiológicos o naturales que hayan sucedido. Los tránsitos de un estado a otro son acontecimientos ontológicos, sociales y religiosos, y no meramente naturales.

La donación de sentido desarrollada ya por las religiones primitivas, adquiere su auténtico sentido en las religiones más desarrolladas como el judaísmo, el cristianismo o el islamismo, en las que un Dios personal aparece como garante del sentido de la vida humana, hecha por el Dios a imagen y semejanza suya. El sentido no proviene ya de deidades impersonales, o a lo más antropomorfas, sino de una persona divina que se hace hombre y vive y muere entre nosotros. El sentido de la vida individual aparece ahora como originado por la imitación de Dios, por la repetición en nuestra vida de su vida y muerte. La forma en la que la vida adquiere un sentido es mediante la afirmación de la inmortalidad personal o al menos de la resurrección final. La vida tiene sentido porque es eterna y además la redención divina permite postular el pago de la deuda que el pecado nos ha hecho contraer.

La religión no sólo dota de sentido a la vida santificándola, sino que permite borrar el mal mediante la aplicación de los frutos de la redención. La reconciliación total de la creación, anulado el mal y el sinsentido, es la promesa última de las religiones superiores. La existencia de Dios viene exigida por la necesidad esencial y radical de otorgar un sentido último a la vida a través de la eternidad. Dios viene a resolver nuestro íntimo problema vital: el hambre de inmortalidad.

Desde el punto de vista no creyente se puede recuperar la religión desde el ámbito de la donación de sentido. Así lo hacen Horkheimer y Bloch.

Horkheimer en su Crítica de la razón instrumental, afirma que la noción de verdad no se puede separar sin más del teísmo, si no se quiere caer en el positivismo. Junto con el concepto de Dios, muere también la idea de una verdad absoluta, cosa que ya había descubierto Nietzsche al denominar muerte de Dios a la pérdida de vigencia de todos los valores absolutos, epistemológicos y morales.

Dios es el último garante de la verdad, la bondad y la belleza, al morir quedamos huérfanos en un mundo en el que ya no hay jerarquías valorativas absolutas, pero por lo mismo, sólo ahora somos realmente libres para crear nuestros propios valores que no tienen por qué ser calcados de tablas previas, sino que cada uno debe crear sus propias tablas. A la muerte de Dios ha sucedido el pluralismo de los demonios en lucha continua entre sí, como decía Weber, y cada uno debe elegir su propio demonio, que no será compatible con los de los demás. La modernidad es ese mundo escindido irremediablemente en el que la muerte de Dios ha supuesto el hundimiento de los valores supremos.

Horkheimer frente a esta pérdida expresa una añoranza, una nostalgia por una justicia plena que ya no puede existir en este mundo sin Dios. La moral y el sentido sólo pueden basarse en algo trascendente, que sin embargo no se puede analizar, que es sólo un anhelo, una esperanza.

La finitud no es lo último, ni lo definitivo, si el mundo debe tener un sentido, éste, para Horkheimer, no está en el mundo, sino en el anhelo, en la esperanza de que el mal pueda redimirse, de que el mal no sea la última palabra. Decía Benjamin que sólo la Redención podrá eliminar el mal acumulado y recuperar a los humillados y ofendidos. Frente a la visión socialdemócrata y estalinista, que ve a la clase obrera como la liberadora de las generaciones futuras, Benjamin ve el motor revolucionario del proletariado más en el recuerdo de los antecesores esclavizados que en el ideal de los descendientes liberados. Tanto Horkheimer como Benjamin mantienen el anhelo de esta revolución-redención aunque son conscientes de su imposibilidad ontológica, de ahí la nostalgia y la melancolía que acompaña en ellos a una esperanza que sólo se da a los desesperanzados, porque hay esperanza, pero no es para nosotros.

El sentido total por tanto sólo es posible basándolo en una noción de Dios que es proyección de nuestras añoranzas y no de nuestras certezas.

Por otro lado tendríamos la respuesta ético-política al problema del sentido de la vida. Esta respuesta tiene dos modalidades: heroico-aristocrática y democrático-comunitaria.

La heroico-aristocrática es una estilización de la areté griega, bañada de estoicismo y epicureismo, cuyos modelos principales han sido el hombre del Renacimiento, Goethe, el joven Lukács, Ortega…La clave de esta ética es la construcción por parte del individuo de una personalidad que desarrolla al máximo sus posibilidades físicas, intelectuales y anímicas. Una moral aristocrática de autoexigencia y autocontrol. Una ética que consistía en una problemática moral de los placeres, que controlara su uso en los aspectos dietéticos, económicos y eróticos, de manera que permitiera una cultura del yo, un cuidado de sí, en relación consigo mismo y con los demás. Esta ética ha dado lugar a un auténtico arte de vivir que conjuga como técnicas del yo a la Dietética, la Economía y la Erótica. Permite al individuo constituirse como sujeto de una conducta moral. Estas prácticas del yo estaban unidas a unos saberes encaminados al autoconocimiento y al control de las pasiones dando lugar a una hermenéutica purificadora del deseo, que aseguraba a los adultos varones de las clases dominantes el mantenimiento de su predominio social y político. Esta ética heroica y de renuncia ascética asume del estoicismo y del epicureísmo, la máxima de vivir según la naturaleza y de no temer a los dioses ni a la muerte. Es una ética de la excelencia que va más allá del deber y que sólo se despliega completamente en el seno de una comunidad de personalidades libres e iguales.

Nietzsche defendió y practicó en ciertos momentos de su vida una moral de este tipo. Nietzsche destruye el sujeto romántico elaborado filosóficamente por Hegel, y en su lugar intenta restaurar un sujeto precario e imperfectivo cuyas características son la conciencia esfingea frente al interrogante de la muerte, el deseo como apertura catastrófica hacia lo oscuro y la soledad vagabunda como contrapunto del alma bella desgraciada hegeliana.

También Nietzsche sería un defensor de la versión aristocrática de moral, con la salvedad de que el sujeto de dicha moral no sería el sujeto pleno de la Ilustración y el Romanticismo, sino el sujeto difuso y fisurado que sólo se ha hecho común en nuestra época, pero que fue avistado de forma clarividente por él. Esta ética que históricamente sólo ha sido posible en pequeñas comunidades y para los miembros de las clases dominantes, si aspira a generalizarse e incluye entre sus valores fundamentales la lucha por su extensión a todos los hombres, entonces se convierte en la ética democrático-comunitaria.

Dicha ética ha sido el ideal de Espinosa, que concibe la gloria como la construcción de una comunidad de hombres sabios, libres e iguales, unidos entre sí y con la naturaleza mediante el amor intellectualis Dei, o amor a la totalidad del universo. Ha sido el sueño de Goethe, del joven Marx y de Lukács y es la única posibilidad realista de buscar un sentido a la vida que no lo tiene por sí misma, sino que debe ser dotada de sentido por la actuación libre de los seres humanos en su lucha conjunta por la liberación y la felicidad.

La ética establece una armonía de la interioridad y de la actuación en el mundo que conlleve el despliegue de la propia personalidad. Esta ética vive cada episodio catastrófico como un mero episodio que quizás sea el último de la barbarie y la apertura a la libertad y considera su deber supremo el acceder a una personalidad moral y construir la propia vida como si ya existiesen la comunidad de hombres libres. Esta es la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida de una ética que, sin fundamentación teológica no renuncia a la idea de una justicia plena y lucha por conseguirla, sin miedo y sin esperanza.

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comentarios
  1. Al igual que hice con El Problema del Mal, ahora abordo el Problema de El Sentido. Empezaré por tres entradas ortodoxas que harán referencia al sentido de la vida, esta que está arriba, el sentido de la historia, y por último el problema de encontrar sentido en las sociedades actuales. Luego, realizaré una reflexión personal donde expondré no ya las diversas corrientes filosóficas que han atendido al problema sino mi opinión sobre el asunto. Espero que lo disfruteis.

  2. joe dice:

    Aloooooo!. Olle esta gente no han leido tu post sobre lo del pensamiento en bucle, no? jajaja. Perdóname la broma, sólo soy un ignorante infeliz :’-(. Por eso seguiré leyendo el resto de entradas hasta llegar al “gayoleo” colectivo. Siempre fiel filotecnologa 😀

  3. Cuando tenga los billetes para la nave espacial que nos sacará de este planeta hacia Ganímedes, contactaré contigo, serás uno de los elegidos ; )

  4. LLorT dice:

    Wow que nivel! Muy buen articulo. Nunca había visto tanto conocimiento junto! Realmente te admiro mucho, tienes un poder de relacionar autores e ideas impresionante pudiendo así exponer la tuya propia. Me parece que me pasare el día leyendo todas las entradas de filosofía de este blog.

    Solo una pregunta: ¿que libros (o autores) consideras imprescindibles leer para al menos estar al tanto y raspar la superficie de la filosofía, para luego entrar de lleno?. No se por donde comenzar. Aunque ya lo he hecho recientemente por “El Anticristo” sin mencionar el “discurso del método” que no cuenta por que lo leí a las apuradas. Muchas Gracias.

    • Muchas gracias LLorT, pero todas las alabanzas que prodigas no son hacia mí. Este post es un análisis sintetizado de la Unidad Didáctica que sirve de base a la asignatura de Metafísica de la UNED. Si te vas al epígrafe donde está insertado (http://wp.me/P1Bnwz-oK) lo verás. Por lo tanto la labor de investigación y contrastación es del profesor Martínez. Yo sólo lo he leído y he extraído esta información, en algunos casos simplificándola y matizándola.

      Mis reflexiones, las que son puramente personales, se encuentran bajo la categoría de Cadaunadas, y la etiqueta de Paja Mental, y desde luego no están a la altura de las entradas que se encuentran en Apuntes.

      Para empezar a leer directamente a filósofos, y no a los que explicaron sus teorías, yo te recomiendo que por supuesto empieces por Platón. No sólo porque digamos que es el punto de partida de la filosofía occidental, sino porque tiene una forma de escribir muy asequible y fácil de seguir, utilizando el famoso método socrático de preguntas y diálogos.

      Nietzsche, por su forma de escribir en aforismos, parece muy sencillo, pero realmente no lo es si lo que se pretende es enterarte de su sistema al completo, requiere de mucho trabajo y además está el hecho de las múltiples interpretaciones que genera. Definitivamente empezaría por los griegos.

      Uno de mis filósofos favoritos es Ortega y Gasset, porque escribe de manera directa, y con las ideas muy claras. Es uno de los pocos fiósofos con el que comparto prácticamente todo lo que dice. Unamuno es otro gran filósofo, aunque muchas personas lo asocien a la literatura. Sus escritos rebosan reflexiones brillantes. Para mí, El árbol de la Ciencia es uno de los mejores libros que jamás he leído, te lo recomiendo. Ten en cuenta que leer a un filósofo en su lengua original es lo mejor que te puede pasar, porque a la complejidad de sus sistemas, cuando se traducen, se añade la complejidad del traductor, por limitaciones del idioma o por limitaciones de entendimiento.

      Gracias por pasarte por aquí.

  5. LLorT dice:

    Gracias por la respuesta. Ajá! ahora entiendo el blog, hay mucho mas en el fondo de lo que se puede ver a simple vista, mi mente de alguna manera ignoraba la barra superior, ahora me será mas fácil y estructurado navegarlo. Por cierto, muy practico nos resultará el volcado de los materiales de la UNED.

    Así es, Nietzsche en un párrafo puede decir lo que a la mayoría de los mortales nos tomaría páginas. Realmente hay que leerlo con atención, hay que ser un “filólogo” mientras se lo lee.

    Apuntados entonces los autores que nombraste, encabezara la lista “El árbol de la Ciencia” seguido por los griegos.

    Muchas gracias por las recomendaciones!

  6. Anónimo dice:

    Me angustia pensar que luego de la vida no haya nada, que la vida sea, en la historia de los milenios del Universo un instante que no será recordado por nadie, nunca, y que en definitiva da lo mismo haber vivido o no.

    ¿Para que vivir entonces? ¿Para que hacer las cosas? Si nadie recordará nuestras mejores obras, nuestras mejores palabras de aliento, nuestras angustias y padecimientos, ¿Cuál es el sentido de la vida?

    Vivo en una zona semi urbana, a veces miro el horizonte y pienso: “aquí mismo donde estoy parado, hace millones de años esto era montaña, roca, entre la era pleistocena y la moto en la que estoy ahora ha transcurrido muchísimo tiempo y sin embargo no importa. No importan las montañas y las rocas que aquí mismo existieron hace millones de años pues ya no están, como tampoco estaré yo dentro de millones de años, y nadie sabrá que he existido, que mi generación ha existido, que la humanidad ha existido”.

    Hacia el vacío vamos, hacia el oscuro y eterno vacío,
    donde no hay recuerdos, donde no hay relojes, donde no hay nada. Nada somos, y hacia la nada vamos.

    • Claramente tienes una visión teleológica, y pones su sentido mas allá de la vida misma. Y necesitas de la trascendencia para evitar la angustia. Respetable, es tu forma de enfrentarte a la vida.
      Yo creo que no siempre tiene que haber un sentido para todo. El sentido de la vida hay que encontrarlo en la vida misma. En sentido estricto, la vida en general tendría el mismo sentido para los seres vivos, una oruga o un geranio no se plantea cual es el sentido de su existencia.

  7. Almenosuno dice:

    Le agradezco esta aportación. En serio, se lo agradezco. Son importantes para Vd. los motivos que Vd. tiene, sin duda; pero aún así se lo agradezco. Esta y algunas otras materias que he estado ojeando y he descargado.

    Me pregunto si habré encontrado por acá una/otra buena diana ideológica. (Espejo). Como siempre en algunos aspectos busco saber qué pienso, y qué tal pienso. No es nada original. Tengo motivos para ello. Y es que en tal o cual aspecto preciso de algo que se me oponga, antes de que yo esté ahí, al fin, de frente, gracias al reflejo ante tal oposición. Esto, creo, nos sucede a todos aunque creo que en general, sin saberlo. Racionalmente, salvo rarísimas excepciones, somos por imitación u oposición, las líneas de inferencia también son opuestas e imitadas (más aún, sobre todo éstas). Así que creo que empezamos a ser en gran parte no por presencia o posición sino por reflejo y oposición. Siempre como ante un espejo. Al menos yo no conozco a gentes que sepan ser de otro modo, salvo los seres de ciertas leyendas. Espero que no se ofenda(n).

    Ser es otra cosa, lo sé, algo que en este momento me preocupa menos. Hoy en día sé ser más que razonar. No ha resultado fácil.

    El espejo, sí, que no se me olvide, esto que ahora busco. A cada paso la mitad de mi, es más que la mitad de mí, porque no sabe configurarse sino frente a algo simétrico, especular, el espejo personal de las creencias y las razones de otros, de alguno, de alguien, de algún otro tiempo, lugar. No las reconocemos hasta que algo se nos opone. Por contrapartida, cuando ya ante el espejo observo, también veo la simetría de una anterior simetría, y así sucesivamente. De manera que en parte me encuentro al tiempo que me pierdo. Pero ya hay un nuevo peldaño para pisar y creer que hemos llegado. Creo que a eso se lo denomina “puesta en abismo”. Os preguntaría si eso os pasa a todos, pero por el momento no me interesa qué os pasa. Primeramente he de leer esto que aquí has/habéis puesto y comentado, y percibir si se me opone según mi necesidad, es decir, si ofrece cierta mitad surgente de lo mío, que no había llegado. Enterrada todavía la cosa hasta ser configurara.

    Estoy convencido de que a todos os sucede igual. Mediante el discurso de autoconceptos uno jamás llega a percibirse a sí mismo, pero es gozoso experimentarlo, como tirarse en paracaídas, pero con instructor.

    Sí, ya sé: en cierta ocasión no se me abrió el paracaídas. Ahí empecé a descubrir la diferencia entre estar y ser. Y esa locura tan propia. Pero no creo que eso resulte interesante ni tranquilizador para nadie más.

    Por cierto, soy profano, profano en toda cosa. No me he podido tecnificar, ni societar, ni profesionalizar, ni he sabido hallar mi nido más allá de la escasa virtud de las raposas. Así que voy y soy de acá para allá, escucho y aprendo, o digo y brindo algo de lo que había acumulado y recabado. No es virtud sino que como es lógico suelto más de lo que puedo agarrar. Eso es todo. Entre tanto me alimento bien, digiero, respiro y exudo bien. En tales condiciones me dedico mayormente a permanecer quieto, para lo cual siempre hay que estar muy activo, debidamente, en la justa proporción. A eso lo han llamado “mesura”, pero se trata de un concepto y ante todo práctica que tras los siglos me parece que ya no se comprende. En otros lugares lo llamaron Wu-Wei.

    Y etcetera, etcétera; y en fin… Echaré una mirada. ¿Pueden ponerme un vaso de leche? Me llevará un rato.

    Está bien… porrrrr favorrrrr… ¿Ese vaso de leche…? ¿mmm?

    Buscaba, precisamente, algo sobre “el sentido” (no el vectorial sino el telos), pues recientemente se me habían ocurrido un par de cosas, que, como ya dije, precisan oposición fuerte. (Espejo). Será interesante saber qué han pensado otros, antes, allá. Dos mil quinientos años de filosofar dan para mucho. En cuanto a “tiempo” (kronos, no kairos ni nada de eso), en cuanto a tiempo, decía, yo he tenido bastantes menos años, minutos, segundos, siglos, milenios. Soy como ustedes, ante todo irrelevante, efímero.

    Deberían pedirme (es más, exigirme) que escribiera unas letras de algún código aleatorio, por comprobar si soy yo o si por el contrario soy una máquina. Claro que quizá soy ambas cosas.

    ¡La leche!

  8. Almenosuno dice:

    Bien, paso a paso. Aclaro primeramente que he hallado estos textos en su original en los apuntes, por consiguiente los abordo como contenido sin autor específico, aunque sí tengan autor como apuntes de clase, pero ese aspecto suyo es algo que no pretendo calificar, sino enriquecerme en cuanto ideas de muchos terceros.

    Por el momento se me ocurre esto; sin apurar:

    1º) no hay una definición aprehensible de qué asunto es “sentido”. En matemáticas sí que sabemos qué es sentido y dirección, punto de aplicación, magnitud. Aquí se lee en un código sin la más básica aclaración previa. En matemáticas se plantea un conjunto axiomático de partida, unas definiciones elementales. A partir de ahí teoremas, etcétera. Ya sé que no digo nada nuevo, pero lo digo aquí en cuanto al sentido.

    2º) en estos apuntes se asimila la idea popular de que carecer de sentido es negativo y que integrar sentido es positivo. Esto parece en exceso simple.
    Por consiguiente. El texto me obliga a pensar y preguntarme:

    3ª) ¿Tiene sentido el sentido? Es lo mismo que preguntar si es falsable el Principio de Falsación. La respuesta es que no. La coherencia de la teneduría de sentido no tiene sentido (lo cual no expresa que sea un sinsentido en el sentido de que sea un despropósito).

    4º) parece que todo el mundo tiene claro qué es eso de “vida”, o de “vida cotidiana”. ¿A cuál tipo de sujeto se refiere el filósofo cuando da por hecho este modelo estándar de cotidianidad?

    5º) se da por hecho que se conocen otras cuestiones como felicidad o persona.
    El gran problema es que no es la persona la que define al sentido (válido para la vida) sino que es éste el que define qué asunto es persona, esto es, sujeto social, esto es, integrador de sentido público y colectivización.

    6º) ¿Ha investigado alguien, positivamente, el sinsentido? ¿Es verdaderamente tan falible o repudiable como se desprende?

    7ª) ¿Tiene la vida cotidiana sentido, o su problema es que tiene infinidad de micro-sentidos, en confluencia y hasta oposición entre sí?

    8º) También cabe preguntarse, ¿es acaso la vida sacra aportadora de sentido o es que acaso sea eso mismo, sacra, por desvanecer la “persona” entre el desvanecimiento (trascendental) del sentido, de todos los sentidos?
    9º) ¿Es acaso la existencia (ex-sistere) un cobijo del ser el cual subsume o acoge a lo místico y al sentido, o es lo místico y el sinsentido lo que puede subsumir a lo existencial (ex-sistere)? Para mí es obvio que lo segundo. Sí, he dicho “obvio”. Pero claro, lo filosófico reivindica su hegemonía… reivindica la narrativa potente de la desesperación vital, del desesperarse extraviándose mediante lo existencial, es decir, dándose mucha importancia ante una presunta importancia trágica de la carencia de sentido(s). Vanidad e infantilismo del gremio filosofal al cual han cedido, ingenuamente, las religiones; pero no así la mística, o la espiritualidad.

    Sugiero:

    ~ si no se define previamente “sentido” es que no se sabe bien qué es, y se adopta la “comodidad prevenida y comedida” de dar por hecho que todos lo damos por hecho y que nadie lo cuestionará. Así que, sospecho que el sentido no es la motivación, ni el telos ni el transcurso ni el señalamiento hacia el telos. Tras algo de lectura anticipo: si yo supiera lo que es el sentido no lo diría; por lo que se ve, mejor lo patento, seguro que vale millones.

    ~ pienso: no tiene sentido el sentido que no resiste a la indagación y pregunta por su propio sentido. Es decir, ¿acaso tiene sentido tal o cual sentido? Si no sé esto, es que sé que no.

    ~ y si la respuesta es que sí, que tal o cual sentido tiene sentido, el sentido del sentido no puede ser el mismo sentido, pues eso sería tautología. En fin. Ejemplo: ¿qué sentido tiene que la Resurrección Final sea (el/un) sentido? La respuesta es ninguno, a no ser que recurramos -como tantas veces- a su propia tautología. De manera que, por el momento, el sentido (específico o concreto, tal o cual sentido) no tiene sentido. De ser así, ¿tiene sentido el sentido en cuanto concepto, en canto ingrediente universal de un ser? No lo creo; por lo que parece nadie ha demostrado esto. De manera que, siendo más positivistas, darwinistas, ¿puede derivar, el sentido, de un sentido totalizador y fuerte de supervivencia? Pensar esto último resulta tentador. Los seres sueñan con el orgasmo y deliran con el sentido, imbuido por una mecánica natural (filogenética). Es una sugerencia que (me) hago, por el momento nada más. En otras palabras, puede demostrarse que aquellos seres (humanoides) que adoptan sentido sobreviven, son más “adaptados”.

    ~ “dota de sentido a la vida santificándola”. Brrrrrrrr… ¿Acaso hay mayor santificación que la superación humana en cuanto a la presunta dependencia y necesidad de un sentido? Soslayador del sentido, ¡así llamaría yo al Santo!

    ~¿Lo veis? equipara el mal al sinsentido… Esto parece pobre, ya que ¿acaso “el mal” no es el sentido más fuerte para la vida actual entre las sociedades? ¿Acaso las motivaciones y sentidos más extensivos y fuertes de nuestro mundo no derivan de las mismas aspiraciones que nuestros males, de finanzas, de política, belicistas, consumistas, climáticos, coloniales, de mercado? Además, ¿qué sentido bueno tiene el bien? ¿o qué sentido malo tiene el mal? Así que con el mismo derecho podemos decir lo contrario, el sentido es el mal y el sinsentido es bien. Lo cual demuestra que todavía no hemos avanzado suficientemente.

    ~ “un sentido último a la vida a través de la Eternidad”. Me temo que la Eternidad no se asemeja con la temporalidad, y un sentido último sólo da sentido a lo temporal, más allá de sí mismo (de lo temporal), pero no a lo Eterno, a lo cual desconocemos. Es ampuloso mencionar a lo eterno para suponer que con ello sabemos algo más del sentido.

    ~ Weber ahí acierta: “elegir cada uno a su propio demonio”. Eso es lo que os quería decir, un diablo un sentido. ¿Y Dios…? Acaso equivale Dios a algo colateral suyo, equivale a un sentido? No creo que Dios nos aporte sentido sino que confío en que lo trasciende y nos libera de él, lo supera, el de cada diablo cotidiano motivador alternativo suyo, o bien existencialidad filosofal, arrogada y tensional. ¿Pero qué es una Esencia sin sentido? A saber, pero ¿acaso no es por eso que la llamamos “Dios” o de otras maneras, Tao, Vacío, Elohim, brahma, Ala…?

    ~ “heroico-aristocrática” vs “democrática-comunitaria”. Acaso mi sentido de lo aristocrático sea la capacidad de establecerme pequeñamente entre la insignificancia de lo comunitario y cotidiano. Aristócrata es para mí lo capacitado, no para lo grande sino para lo desolado y pequeño. Y eso es lo grande aristocrático. Pero sigue siendo un sentido, el pío. Sospecho que más allá del sentido modesto y piadoso el sinsentido es el gran gobernante (crático), el genuino y superior (aristos).

    ~ “hermeneutica purificadora del deseo”. Me parece correcto. Porque ¿acaso no es el deseo el rector del sentido? Los epicureos y los estoicos han sido copiados extensa y acertadamente, por ejemplo por los hesicastas.

    ~ Ah pero ¿contesta Nietzsche a Hegel? ¿Dónde? No sabía yo eso. Nunca tuve a Nietzsche por gran filósofo sino por un enorme espíritu revelador, admirable… pero marcadamente filológico. Lo cual dice, a mi entender, que la fuerza lírica de las palabras excedía la magnitud de la intención significativa. Es decir, creo que con frecuencia gesticulaba, eso sí, genialidades. Porque creo que a su favor también tiene el haberse sacudido el prestigio filosofal. Creo haber leído que en cuanto a filosofía Hegel deploraba lo ocurrente.

    ~ Y dale con la personalidad… Esta, la personalidad, social como es, no parece ser el todo del individuo. Salvo para aquellos interesados en que lo social sea el todo de la individualidad (no creo que pueda desprenderse exactamente eso de Aristóteles). Lo cual parece más bien un miedo generalizado, una inveción basada en la vacuidad y el temor, a lo aborigen, a lo ctónico, lo enigmático, lo aporético, lo selvático… para el ser en la existencia. Llena de sentidos, esto es, magro filosofal.

    ~ ¿qué quiere decir “sin fundamentación teológica”? ¿Atea? El delirio de las izquierdas, hacer acopio y llegar a poseer la gestión primaria del ethos, ante todo del ethos religioso.

    Me ha resultado interesante. Gracias. Seguramente vuelva pronto para leer y comentar entre Vds. el siguiente texto sobre el sentido, el del sentido histórico. A ver qué podemos aprender.

    • Hola
      Te informo que aunque normalmente los apuntes están conformados a base de diferente bibliografía, en el caso de Metafísica se trata de un resumen de la obra de Francisco José Martínez Martínez (ISBN 9788436223064), catedrático de metafísica en la UNED.
      No sé si eso cambia en algo tus comentarios pero creo que no hay que olvidar que estamos hablando de METAFÍSICA, con todo lo que eso implica de cuestionabilidad.
      Muchas gracias por compartir tus reflexiones.

      Saludos

      • Hermenio dice:

        Hola Filotecnóloga.

        Tengo un gran aprecio por la metafísica; también por ese desafío del concepto “sentido de la vida”. De ambos asuntos espero ante todo congruencia, que se ciñan su propio cinto.

        Pero eso mismo espero de los sujetos y ante todo de mí mismo.

        La incongruencia es por donde se pierden las conciencias, yo creo que por donde se pierde todo lo humano y ante todo lo sobrehumano, es decir, lo plenamente congruente. Lo congruente resulta incuestionable y regio (reencontrado y asentado en su propio trono, es decir, su centro primario).

        Te agradezco la atención e información.

        • Gracias a ti Hermenio.
          ¿No es, en cierto sentido, la grandeza de la metafísica sus contornos borrosos? ¿Cómo es ese cinto que nos puede ceñir a tod@s?.
          En un mundo donde empieza a reinar la posverdad, ¿dónde queda la congruencia?.
          Gracias de nuevo por compartir reflexiones.
          Un saludo Hermenio.

          • Hermenio dice:

            Supongo que llamamos posverdad a aquello que llegó tras ella, tras la verdad.

            Pero esperando en la vieja estación de tren jamás la viéramos llegar. Como Penélope que esperaba a Ulises. Luego nos fuimos. Algunos para siempre, otros seguirmos yendo a la estación de vez en cuando.

            A partir de ese momento la nostalgia ya no es por el ayer sino por el mañana que no llegará.

            Porque el ayer tiene una alternativa que es el hoy. ¿Pero cuál es la alternativa cuando lo perdido es del mañana?

            Precisamente llamábamos “cinto de la congruencia” a eso mismo de ella, a la verdad de cada cosa, de cada ocasión, de cada cual. Cada cosa se ciñe su verdad o no se la ciñe. En la estación de tren así lo creíamos. Todos. Y si no se la ciñe se extravía y se evade, se desfigura. Con los años aprendimos a asumir la acritud de no haber afrontado la aventura del ser, enteramente, sin resquicios, sin paliativos. A veces nuestra alma llora por ello, a veces lloramos histéricamente, y entonces creemos llorar por cosas nimias, fortuitas, eventualmente diarias. Pero es aquello otro por lo que lloramos.

            Por el contrario, con el tiempo los auténticos y genuinos se desvanecieron entre el anomimato. Los perdimos. Sin habernos dado cuenta un día los perdimos. Difíciles de ser vistos, de ser presentidos, estimados.

            Quizá porque no nos excita, no tiene éxito lo verdadero. No le es propio el márquetin ni la buena paquetería. No es consumible. No es excitante ni sensacional.

            Por mi parte, mi parecer es que, creo, escapamos de la propia verdad porque nos duele saber ya definitivamente, irreversiblemente, que no somos lo que todavía de un modo furtivo presentimos que no somos.

            Pero siempre lo supimos.

            No, no lo somos. Ni lo seremos por este lado,

            de la estación de tren.

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