Nube de Sangre y Números

Publicado: 14 septiembre, 2011 en Cadaunada
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Una nube de sangre enturbia los sentimientos
de un pueblo entero;
una nube de sangre de hermano, de amigo,
sangre de uno mismo.
Hay números terribles, números que llenan
de lágrimas los ojos,
esos números que hacen exitosas las obras
de los seres malditos.
Son los números de la guerra y el terror,
de las nubes sangrientas.

Con estas palabras, un gusano, que además de arrastrarse por la vida en sus ratos muertos es poeta, se enfrenta a la realidad miserable que nos rodea. Esta es su casa. Una manzana malograda, rodeada de gusanos locos, que muerden y envenenan las almas. Encima de la manzana hay una nube. Grande, roja, oscura, intensa, vino, sangre.

Esa nube que amenaza tormenta no viene cargada de electricidad y vapor de agua, viene cubierta de números y dolor. De guerra y sufrimiento. Es una nube de Sangre y Números que tapa el sol y nos empapa de podredumbre. Es una nube ácida y corrosiva, que impone la nada allá por donde pasa. Nadie puede hacer nada.

Los números dominan el planeta y la vida que aún queda sobre él. Y los números están manchados de sangre. Todos. De la sangre de los inocentes,  de la sangre de los indolentes. Un grupúsculo de malandrines maestros y guardianes de los números dominan el mundo. Los supervillanos se avergüenzan. No hay principios, sólo finales.

Son los magos manipuladores que sacan de donde no hay y se inventan lo que no tienen para luego quitarte las migajas de lo que te queda, que es nada. Rebañan tu nada y se relamen henchidos de tu vacío.  Son los que se reúnen en cuevas secretas y conspiran contra sus congéneres, contra el sistema por el sistema. Son los ególatras lucrados que organizan las hordas de unidades consumistas que se autoconsumen y subsumen al imperio del hedonismo y la mercancía. Ciegos por el deslumbramiento de las oportunidades futiles y las mentiras consumadas.

Los números se pasean impunemente por sus dominios, que son los mercados. El más descarnado de los descarnados, el más miserable de los miserables, devorando el corazón de los niños sin futuro y de sus padres sin presente. Ninguneando las aspiraciones de los que sólo aspiran a sobrevivir mientras ellos superviven. El más impune de los impunes.

Hubo un día en que los números eran buenos, nos hacían felices, nos hacía más sabios. Nos ayudaban a entender el Universo. Ahora el Universo se nos ha caído encima y los números disparan bombas de Napalm que incendian la esperanza y provocan una muerte devastadora. Muertos en vida.

No hay futuro, sólo hay números ensangrentados y un gusano que se arrastra mientras grita al mundo.

Saludos poeta

 

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