Descartes y el Mecanicismo

Publicado: 7 noviembre, 2011 en Ciencia, Filosofía
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Descartes desarrolló la versión más coherente y amplia de lo que se conoce como mecanicismo. Y lo hizo como alternativa al sistema aristotélico, al presentar  una ciencia demostrativa capaz de abarcar todas las cualidades y propiedades de los objetos.

Descartes aplica su duda metódica, y tras dudar de todo, se descubre que el sujeto que duda tiene que existir (cogito ergo sum); pero ese sujeto no es un sujeto empírico o biológico, ya que podemos dudar de nuestro cuerpo, sino una sustancia pensante, inmaterial, carente de extensión espacial. Este sujeto epistemológico descubre que tiene algunas ideas que lo sobrepasan, como la de Dios, cuya infinitud no puede proceder de una criatura finita y debe ser adventicia. Luego Dios existe. Por procedimientos similares, Descartes nos demuestra que Dios no nos engaña, que causa el alma y sus ideas, de manera que nos podemos poner a trabajar tranquilos. Y se pone.

Descartes identifica la materia con la extensión espacial, pues esta es la única propiedad clara y distinta sin la cual no se pueden concebir los cuerpos. Al establecer un dualismo tajante entre res extensa (los cuerpos) y res cogitans (los espíritus de Dios y el alma), reducía la naturaleza a un mecanismo inerte creado y jaleado por Dios. El movimiento del mundo no tiene más causa que Dios, que lo conserva a él y a la materia por su divina Providencia. La materia o extensión reduce los cuerpos a la pura geometría del espacio, de manera que cuanto existe es el movimiento relativo de las partes de esa extensión espacial. La única relación entre espíritu y materia es la acción de Dios al crear y conservar el mundo, junto con la interacción de nuestra alma pensante con nuestro cuerpo extenso. Además sitúa dicha interacción alma-cuerpo en la glándula pineal. Sin complejos.

Salvo ésta, todas las demas interacciones son mecánicas por choque y empuje de trozos de extensión. La identificación de materia y extensión aseguraba el carácter geométrico de la teoría de la materia. Pero llevaba necesariamente a un mundo pleno y a la eliminación del espacio vacio como contradictorio.

También llevaba a negar la existencia de los átomos, pues la extensión es una magnitud continua, y por lo tanto divisible sin límite. Aunque luego, en la práctica va y recurre a partículas elementales moviéndose libremente. El movimiento relativo de las diferentes partes provoca el desgaste y la fragmentación de los cuerpos materiales en tres tipos de elementos.

El tercer elemento, la tierra, está formado por partículas gruesas e inertes, que componen los cuerpos ordinarios. Sus aristas se fragmentan y pulen formando un fluido elástico, el éter o segundo elemento, compuesto por pequeñas esferas en contacto que llenan los espacios interplanetarios, transmitiendo las interacciones de forma instantánea, ya que se comporta como un cuerpo rígido. El primer elemento, o fuego está formado por las raspaduras de las partículas del éter. Como son tan diminutas y tremendamente rápìdas, pueden llenar, con acoplamiento perfecto, cualquiera de los intersticios dejados entre las partículas mayores, impidiendo la formación de vacíos. El sol y las estrellas estarían  compuestos  del primer elemento (fuego), el aire del segundo (éter) y la Tierra del tercero (tierra).

El programa mecánico de Descartes consistía en reducir todos los fenómenos a los movimientos de esta materia cualitativamente neutra, común a todo el Universo y geométrica, por lo que no acepta en física principios que no sean aceptados en matemáticas. Estos principios bastan en tanto que todos los fenómenos de la naturaleza pueden explicarse con ellos. Por lo tanto, el movimiento es la clave de una naturaleza cuyas variadas apariencias no son más que extensión en movimiento.

Materia y movimiento son los principios últimos de toda explicación física, habiendo sido creados por Dios en una cantidad finita e indestructible. Por lo tanto sobran principios ocultos, agentes activos, formas sustanciales y similares. La única causa generadora de movimiento fue Dios en el momento de la Creación, y lo hizo en una cantidad dada que ahora conserva en el mundo de modo que sea siempre constante. Aunque la cantidad global no varíe, su distribución local sí lo hace, para dar lugar a los constantes cambios observados. Por lo tanto lo fundamental para la física son las tres leyes de intercambio de movimiento entre cuerpos:

  • Primera Ley: La pasividad de la materia, tendencia a continuar en el estado que se halle, solo modificándolo por causas exteriores
  • Segunda Ley: Un cuerpo en movimiento tenderá a continuar dicho movimiento en línea recta
  • Tercera Ley: La cantidad de movimiento se conserva en los impactos.

Descartes considera el movimiento una magnitud escalar, es decir, independiente de la dirección, y el choque dependía del tamaño, no de la masa, es decir, es el cuerpo mayor el que determina el movimiento. Con estas premisas, deriva unas cuantas leyes de impacto que ni nombraremos por deficientes.

Como negaba los átomos y el vacío, cualquier movimiento se produce en un medio lleno, con lo que cualquier interacción implica una circulación en un vórtice. Imagínate la cantidad de interacciones a computar en el más sencillo de los choques…completamente inmanejable. Aún así, se lanzó a explicar toda clase de fenómenos.

Un ejemplo sin desperdicio lo constituye el sistema planetario. Toda la materia celeste gira en una serie de vórtices contiguos. La Tierra está en reposo respecto a las partículas del vórtice que la arrastra. Los espacios celestes están formados por vórtices de éter, uno de los cuales arrastra los planetas en torno al Sol, que está formado por fuego, porque las partículas mayores de éter poseen más tendencia inercial a perserverar en línea recta, alejándose del centro, que las de fuego. Los planetas, formados por el tercer elemento, son arrastrados por el vórtice a la distancia de equilibrio de su tendencia centrífuga con la del éter circundante. El éter gira con velocidad máxima en los límites del vórtice, que es por donde circulan los cuerpos celestes más rápidos, los cometas. Ahí lo llevas.

Descartes reduce a mecánica las tres interacciones a distancia que habían sido el paradigma de la magia y la mística: la luz, el magnetismo y la gravedad.

Para explicar la luz del Sol, exponía que el primer elemento (bolas menores) que gira en la estrella solar tiende a salir tangencialmente por efecto de la inercia rectilínea, como la piedra de la honda, cosa que impide el segundo elemento o éter circundante (bolas mayores). Ahora bien, éste recibe la constante presión del fuego y, dada su estructura, la transmite instantáneamente hasta la tierra, donde el sentido experimenta esa presión (cualidad primaria) como el rosicler de los poetas (cualidad secundaria)

Descartes consideraba ingenua la idea de que el peso es una propiedad inherente de la materia, y despreciaba la posibilidad de que lo causase la mutua atracción de los cuerpos, por ser ésta una fantasía infundada… Debemos borrar de nuestras mentes las ideas de pesantez intrínseca y atracción externa, y preguntarnos por qué los objetos sólidos colocados en los remolinos se ven empujados hacia el centro…. La Tierra, tan grande, no se mueve tan deprisa como la capa del segundo elemento en que está sumergida. Cuando las pequeñas esferas o glóbulos del material fluido llegan al centro de la Tierra, se desvían, y se les obliga a ir hacia afuera, tangencialmente. Se forma así un remolino secundario en torno a la Tierra… la Tierra está rodeada por un remolino secundario de materia celeste que tiene una velocidad mayor, y por lo tanto una mayor fuerza centrífuga, que la materia terrestre. Si se suelta un cuerpo, una piedra, digamos, sobre la superficie de la tierra, no podrá mantenerse arriba con la materia celeste, y será empujada hacia abajo, y habrá materia celeste que ascenderá y ocupará su lugar. De esta explicación puramente mecánica, o, más bién, centrífuga, de la gravedad, se sigue que todo cuerpo grande sufrirá un empuje hacia el centro.

La cantidad de fenómenos abordados de esta manera es abrumadora, incluyendo el origen de la Tierra, de los océanos… Todo ello sin lágrimas, ni misterios, sino a base de partículas, movimientos, choques y presiones, y desde su cama, porque Descartes salía poco.

Evidentemente todo era inventado y difícilmente podía funcionar, pero cautivó la imaginación de los científicos europeos y les enseñó a ingeniar mecanismos que pudiesen tratarse matemáticamente para la predicción cuantitativa de los fenómenos.

Gracias a Descartes los restos del naturalismo renacentista desaparecieron, excepto en Cambridge, donde el neoplatonismo contó con un valedor de la talla de Newton… ¡Menos mal!.

PD:Si quieres saber más, te puedes leer Historia de la Ciencia, de Solís y Sellés…un gran tocho interesante del que he sacado las ideas básicas de esta entrada.

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