¿Reducción o Conexión? Conceptos Básicos

Publicado: 8 noviembre, 2011 en Filosofía
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Resumen del segundo capítulo de Análisis y Metafísica de Strawson

¿Cuáles son las formas que puede adoptar una teoría analítica, sistemática y positiva?. Análisis implica resolver algo complejo en sus elementos y mostrar las formas en que éstos se relacionan. Qué cuenta como elemento dependerá naturalmente, de la clase de análisis en cuestión. Hay que detenerse en ingredientes que sean completamente simples desde el punto de vista de la investigación que se esté acometiendo.

Para el caso del análisis conceptual, nuestra tarea consistirá en encontrar ideas que fuesen completamente simples y demostrar cómo pueden ensamblarse mediante una construcción lógica o conceptual, las ideas más o menos complejas que son de interés para los filósofos.

Lograr una comprensión clara de los significados complejos reduciéndolos a significados simples. Puede parecer un proyecto bastante implausible. Y lo es. Sin embargo este proyecto, o algo que se le parezca ha sido y sigue siendo tomado en serio.

Cuando nos enfrentamos a la labor de llevar a cabo una elucidación filosófica de algún concepto en particular, tratamos de averiguar las condiciones necesarias y suficientes de la aplicación correcta del concepto.

Cabe abordar este estilo de análisis sin pretender incluso sólo conceptos que sean ellos mismos absolutamente simples, al enunciar las condiciones necesarias y suficientes de aplicación de un concepto dado. Una fórmula verbal que el filósofo analítico odia oír es: su análisis es circular, es decir, se ha incluido entre los elementos de su análisis el concepto mismo que dice que analiza.

El análisis reductivo es un modelo de análisis mediante la descomposición de una estructura compleja en sus elementos más simples, en un proceso que termina únicamente cuando se alcanzan las piezas que no pueden ser ellas mismas desmontadas.

Consideremos un modelo de análisis filosófico bastante diferente, más realista y fructífero. Puede que se trate más de una elucidación que de un análisis. Abandonemos la noción de simplicidad perfecta de conceptos; abandonemos incluso la idea de que el análisis debe proceder siempre en la dirección de la mayor simplicidad. Imaginemos el modelo de una elaborada red, un sistema de elementos conectados entre sí. Un modelo en el que la función de cada elemento, de cada concepto, sólo puede comprenderse apropiadamente desde el punto de vista filosófico, captando sus relaciones con los demás, su lugar en el sistema. Todavía sería mejor sugerir la imagen de un conjunto de sistemas de este tipo formando todo él un dispositivo mayor.

La acusación general de circularidad perdería fuerza, porque nos habríamos movido en un círculo amplio, revelador e iluminador. Pero no hay que perder de vista que algunos círculos son demasiado pequeños y nos movemos dentro de ellos, pasando por alto que lo son, pensando que hemos establecido una conexión reveladora, cuando en realidad no es así.

El programa de análisis reductivo, según el cual los límites del análisis estarían en los conceptos o significados absolutamente simples, parece claramente implausible.

Cualquier filósofo que crea en los elementos simples o atómicos del análisis reductivo, verá estos elementos con una luz especial. Los considerará ingredientes básicos de nuestra estructura conceptual, porque todo lo demás habrá de explicarse en términos suyos, mientras que ellos  mismos no se tendrán que explicar en términos de nada mas. Serán conceptualmente últimos o gozarán de una absoluta prioridad conceptual. En nuestro esquema de cosas serán absolutamente fundamentales.

Ahora bien, estas nociones -lo último, lo básico, lo que goza de prioridad absoluta o lo que es absolutamente fundamental en nuestro esquema conceptual- resultan obviamente atractivas. Se encuentran entre las que nos atrajeron inicialmente hacia la filosofía. Así pues, podemos preguntar: ¿Es sólo el estilo reductivo de la filosofía analítica, con su compromiso con átomos de análisis, lo que permite que hagamos uso de estas fascinantes nociones? ¿Debemos evitarlas, si vemos que es más realista el modelo alternativo que traza conexiones dentro de un sistema sin esperar poder descomponer los conceptos o reducirlos a otros conceptos más simples? Si preferimos este modelo, que podríamos denominar de la conexión, para resaltar el contraste con el modelo reductivo o atomista, ¿hemos de renunciar desde el punto de vista del análisis de conceptos, a la idea de que hay algo fundamental? Strawson piensa que no, y se expone al responder así a la siguiente pregunta: ¿dónde se han de buscar, entonces, los conceptos básicos, una vez que se ha retirado la confianza al modelo reductivo?

El conocimiento de los conceptos de las disciplinas especializadas ha de desarrollarse, de algún modo, a partir de los materiales conceptuales que previamente habíamos adquirido. La adquisición de los conceptos teóricos de las disciplinas especiales presupone, y descansa en, la posesión de los conceptos preteóricos de la vida ordinaria.

He aquí, entonces, una forma de ordenar los conceptos por su prioridad. Los conceptos presupuestos son conceptualmente anteriores a los conceptos que los presuponen. Los conceptos filosóficamente básicos han de encontrarse entre los que se emplean en el discurso técnico especializado. ¡Pero son tan numerosos y heterogéneos! Deberíamos buscar conceptos altamente generales, que no fuesen descomponibles, que fuesen no contingentes. Teniendo en cuenta que irreductible no significa ni implica simple, y complejo significa que su elucidación filosófica requiere que se establezcan conexiones con otros conceptos con los que se halla necesariamente relacionado.

Un concepto o un tipo de concepto es básico en el sentido pertinente, si es uno de esos conceptos o tipos de conceptos generales, omnipresentes y en última instancia irreductibles que forman en conjunto una estructura, estructura que constituye el marco de nuestro pensamiento y discurso ordinarios y que presupone las varias disciplinas especializadas o avanzadas que contribuyen de formas diversas a nuestra imagen total del mundo. Nociones que requieren una ulterior elucidación.

Pero ¿cuáles son los límites de la contingencia y cómo se trazan? Una proposición es contingente, si en estricta lógica su negación no genera una autocontradicción. En este sentido es contingente que exista un ser sensible y pensante, y es contingente, por ello, que un concepto llegue a usarse de alguna manera.

Pero también cabe entender esta cuestión en un sentido mucho más interesante aunque menos definido. Parece probable que nuestra experiencia tenga rasgos estructurales esenciales a cualquier concepción de la experiencia (comprensible para nosotros) propia de seres autoconscientes.

Supongamos que hay límites que determinen la estructura mínima que podemos considerar inteligible como posible estructura de la experiencia. Entonces, los elementos de esa estructura, y la estructura misma, serán básicos en un sentido más fuerte que el que hemos considerado previamente. Porque, y he aquí la noción opuesta a la de contingencia que andábamos buscando, serán rasgos necesarios de cualquier concepción de la experiencia que nos resulte inteligible, y por ello, los conceptos de estos rasgos serán, precisamente en este sentido, conceptos necesarios, elementos no contingentes de nuestra estructura conceptual.

Kant llevó a cabo el esfuerzo más serio y decidido por establecer la necesidad de una cierta estructura conceptual mínima. Trató de establecer los límites inferiores del sentido. Extraviarse y no encontrar esos límites no es la única manera en que los filósofos pueden traspasar, y han traspasado, los límites del sentido. Hay un límite superior, así como un límite  inferior. Kant establece tanto un límite superior  como uno inferior.

Tenemos por lo tanto, dos concepciones de las estructuras conceptuales básicas, una de las cuales es más fuerte, más exigente, que la otra, puesto que requiere que sus elementos estructurales básicos sean necesarios o no contingentes. Y no es preciso cultivar una e ignorar la otra.

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