Christian McBride Trío. ¡Qué conciertazo!

Publicado: 19 noviembre, 2011 en Música
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Christian McBride Trío

XXVIII Festival de Jazz de Madrid

Auditorio Conde Duque, 18 de Noviembre de 2011

Bueno, bueno, bueno. Uno de los que pasan a la historia de conciertazo mítico. Pero mítico.

Christian McBride es un icono del jazz, pero no sólo toca jazz, aunque el concierto de anoche, salvo un homenaje a James Brown, con el que tocó hace unos años cumpliendo uno de sus sueños, y en el que hizo una pequeña incursión en el funky, fue jazz. Puro y duro. Del mejor. Sin contemplaciones. Sin miramientos. Pura diversión, puro disfrute.

McBride ha tocado con otros grandes, como por ejemplo Pat Metheny, Maceo Parker o Hank Jones, al que por cierto pude ver, de manera totalmente inesperada y sorpresiva, en el Birland, un club de Nueva York. Fuimos a ver a Joe Lovano y nos dimos cuenta de que había un señor muy mayor al que todo el mundo le hacía honores, estaba cenando. Dedujimos que era alguien importante de la escena, pero no teníamos ni idea de quien era. En esto que sale Lovano al escenario y le invita a que toque con él, pero no un tema, no. Todo el concierto. La cara del pianista oficial era un poema. Se pidió una cerveza junto a nosotros en la barra y disfrutó como un niño. Impresionante…oooooooohhhhhhhh que momento, otro de los míticos, míticos.

Volviendo al concierto de ayer, McBride apareció en el escenario, con una camiseta rapera, es decir, 5 tallas más grande que la suya, y este señor es bien grande en todas las dimensiones. Debajo una camisa blanca y una corbata. Muy peculiar. Una sonrisa que no le desapareció en todo el concierto, y una simpatía que irradiaba a raudales. ¡Vaya tio majo! Educado y elegante en la palabra y en el arte.

Los músicos que le acompañan son Ulysses Owens como baterista y Christian Sands al piano, según comentó McBride llevan juntos sólo 5 meses. Increible. Ulysses es la simpatía y la precisión personalizada. Se lo pasaron increiblemente bien tocando, pero Ulysses estaba continuamente jugando  con los demás instrumentos, en una improvisación gamberra y permanente en la que se perseguían unos a otros. Su sonrisa grande, limpia y brillantemente blanca fue continua, incluso en algunos momentos su carcajada sonora acompañaba como un instrumento más. Este señor puede tocarlo todo, tenía un estilo y una delicadeza sublime, y a la vez un punto de locura imprescindible para ser un buen baterista de jazz, y sin duda, uno de los mejores baterías de swing del momento. No lo digo yo, lo dice Christian Mcbride que lo presentó como swinger (y no se refería al intercambio de parejas). Lo es, muy bueno. Gran precisión, pero no metronómica, totalmente pasional, el ritmo es suyo, el lo inventó. Lo de Christian Sands no tiene nombre. 22 años, ni uno más ni uno menos. 22 años y nunca he escuchado a nadie que se parezca más a Oscar Peterson. Pero no el de los discos, sino el de los conciertos de Montreaux, el de verdad.No tengo muy claro cuando el gran Peterson se fué, pero desde ayer creo en la doctrina de la transmigración de las almas, porque Sands es la reencarnación de Peterson. Nunca he visto a alguien tan joven parecer tan maestro. Cualquier repertorio, cualquier estilo, cualquier ritmo, todo con una naturalidad pasmosa, un ritmo, una elegancia, una alegría y una fuerza que envuelven por completo. Sands va a ser muy grande. Ya lo es.

Los temas escogidos, fantásticos. Empezando por Thelonius Monk, unos acordes al más puro clásico y ortodoxo para dar paso a una obra maestra con un contrabajo que parecía un pura sangre en la carrera de su vida. Los dedos de McBride se fusionaban con las cuerdas, está claro que ha nacido para esto. El baterista delicado y salvaje a la vez. Despues de Monk, Killer Joe de Golson y a continuación nos soprenden con un impresionante My favorite things de Coltrane…es entonces cuando la sensación de dioooooos que suerte tengo de estar aquí presenciando esto sube como un chupinazo desde el centro de la pituitaria y se difunde por todo el cuerpo. Vellos erizados, endorfina a chorros…¡como me gusta esta sensación!

Despues, el baterista se nos marca un solo de los de quedarse sin aliento y continuan con un tema tranquilo, relajado, un blues de estos que te apetece escuchar una tarde lluviosa con un buen libro y una mantita…rrrrrrrrrr. Maravilloso, sublime, el tipo de temas con los que no se atreven todos para no dormir al personal, desconfianza más de su pericia que de la espectación que causan en los enfervorecidos seguidores del jazz.

Tiramos la manta, saltamos del sofá lanzando el libro al aire, porque llega Ellington y su Sophisticated Lady, y luego Horace Silver con Juicy Lucy. Con este repertorio y estos músicos no se puede fallar.

Para el último tema eligen Get into it, homenajeando a James Brown, con un desparrame final con el baterista palmeando, el pianista de pie rasgando las cuerdas dentro del marco, y el contrabajo golpeando las cuerdas con los dedos juntos y perpendiculares al traste. Se despiden con una ovación estupenda, que por supuesto les hace salir a los minutos para marcarse un bis. Empiezan a tontear con acordes de los Jackson Five, de Michael Jackson…y se lanzan con gran elegancia y humor a su última cabalgada explisova de la noche…

El concierto fue diversión, desenfreno, simpatía, carcajada, emoción, distensión. Los músicos se lo pasan de miedo, con piques entre ellos y un humor de lo más sano y estupendo. No solo son grandes músicos, son grandes showmen, y hasta me atrevería a decir que son grandes personas. Maravilloso. Estupendo. ¡Conciertazo!

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