Strawson: La Experiencia Sensible y Los Objetos Materiales

Publicado: 20 noviembre, 2011 en Filosofía
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Vamos a dotar de más contenido a la experiencia del mundo objetivo, propia de un sujeto que usa conceptos, y a la de experiencia que da lugar a juicios verdaderos sobre el mundo.

La palabra “Aquí” sugiere que la conciencia del mundo propia de quien usa conceptos es conciencia desde un cierto punto de vista espacial en un momento, ya que la conciencia cambia de continuo porque el mundo cambia y porque cambia la orientación de ese usuario en el mundo. O por ambas cosas al mismo tiempo. Implica por tanto una conciencia del mundo y algo que se extiende en el espacio. “Ahora” implica tanto un sentido del pasado y de la conciencia (memoria) que de él tiene el sujeto como un sentido de su posible o probable futuro. Las palabras aquí y ahora indican un punto de referencia particular por relación a sujetos concretos en tiempos concretos que hacen esa referencia objetiva.

Podemos percibir  mal, y de hecho así acontece. Pero es un rasgo de nuestro esquema habitual de pensamiento el entender que la percepción sensible produce juicios que son verdaderos generalmente o de forma usual. El mínimo de contenido que parece haber en la idea de que la percepción sensible da generalmente lugar a juicios verdaderos sobre un mundo espacio-temporal objetivo sea que debería haber una relación de dependencia muy regular entre la experiencia propia de la percepción sensible y cómo son las cosas objetivamente.

El ámbito de la experiencia de un sujeto en todo tiempo tiene un límite. La experiencia que tenga en un momento del tiempo dependerá tan sólo de ciertas partes o aspectos del mundo objetivo.

Ésta es la noción de una experiencia que depende causalmente de los rasgos objetivos. Esta noción de la dependencia causal de la experiencia, tenida en la percepción, de rasgos del mundo objetivo espacio-temporal está implícita desde el principio mismo en el concepto de percepción sensible, puesto que generalmente se piensa que produce juicios verdaderos sobre el mundo.

Para que alguien tenga una experiencia no basta con estar ubicado en el espacio y en el tiempo y responder sistemáticamente a su entorno. Sino  que la sensibilidad adopte la forma de conocimiento consciente de su entorno. Se trata de sujetos que emplean conceptos para formar juicios sobre el mundo que resultan de la experiencia tenida en la percepción sensible.

Lo que se acaba de decir, puede tentar a pensar que se dan dos estadios en la formación de juicios perceptivos:

  • Estadio 1. La experiencia sensible
  • Estadio 2. El juicio

De hecho hay filósofos que adoptan esta imagen, según la cual, la experiencia sensible sería algo rico y suficientemente complejo, pero no se le concedería mucha atención salvo con vistas a un propósito especial, ya que su principal función sería la de servir de agente causal inmediato en la promoción de creencias sobre el mundo, en la causación del juicio.

Según el juicio de Strawson, esta imagen es errónea, porque los conceptos empleados en el juicio perceptivo sobre el mundo y la experiencia sensible misma se compenetran más estrechamente. Los conceptos son vacíos a menos que podamos vincularlos, directa o indirectamente, a las condiciones de la experiencia. La relación de los conceptos con la experiencia debe ser particularmente estrecha cuando se trata de esos conceptos ordinarios, en cuyos términos formulamos nuestros juicios perceptivos más naturales.

Hasta el momento, Strawson ha observado que la experiencia perceptiva debe ser causalmente sensible al mundo que hay a nuestro alrededor, y que se halla impregnada de los conceptos que empleamos al formar juicios perceptivos sobre el mundo. Pero es claro igualmente que si esos juicios han de ser verdaderos en general, los conceptos utilizados en ellos deben ser, en general, conceptos de géneros de cosas que están realmente en el mundo y conceptos de propiedades que esas cosas realmente tienen.

Por lo tanto, Strawson ni plantea un problema ni propone una solución. Simplemente traza las líneas que conectan entre sí las partes de la estructura, la concepción que tenemos de la estructura básica de las ideas en que se produce tal ganancia de conocimiento puede refinarse como resultado de esa ganancia.

Nuestra experiencia sensible se halla impregnada de los conceptos del mundo objetivo, el que se extiende en el espacio y en el tiempo, de cómo son las cosas que determinan la verdad o falsedad de nuestros juicios.

Desde una perspectiva espacial, tendremos conceptos de relaciones espaciales, de posiciones relativas en el espacio y tendremos conceptos de propiedades espaciales que caracterizan a los ocupantes de las posiciones del espacio, forma y tamaño.  Nuestros conceptos del mundo objetivo serán ante todo conceptos de cosas que tienen no sólo propiedades sino también posiciones espaciales. Las nociones de posición espacial, extensión, forma y tamaño son relativamente abstractas. No podemos hacernos perceptivamente conscientes de la posición, la extensión y la forma de algún ocupante del espacio como no sea haciéndonos conscientes de estas propiedades espaciales bajo alguna modalidad sensible o sensorial específica. Nos hacemos conscientes de la forma, el tamaño y la posición de los ocupantes del espacio mediante el reconocimiento de los límites definidos por cualidades visuales y táctiles que mantienen sutiles relaciones entre sí y con otros tipos de experiencia sensible. Hay escritores que consideran puramente subjetivas las cualidades sensibles propias de una modalidad sensorial. El hecho de que percibamos las cosas como teniendo esas cualidades sensibles es una consecuencia causal tanto de la constitución física de las cosas mismas como de la nuestra propia. Si hubiésemos estado hechos de otra manera, percibiríamos las cosas de forma diferente. Es decir, subjetivo significa que ninguna cualidad sensible semejante pertenece real o intrínsecamente a las cosas que ocupan el espacio. Aunque podamos percibir objetos en el espacio, no podemos percibirlos en absoluto tal y como ellos son. Y no podemos cambiar esto, ya que la percepción estaría siempre mediada por cualidades sensibles de alguna clase. A las cosas se las puede concebir como realmente son, en términos abstractos, pero no se las puede percibir como son de verdad. Esta conclusión es perfectamente aceptable, y al mismo tiempo, es compatible con la proposición de que normalmente percibimos las cosas como son en realidad.

Considerando la dimensión temporal, se necesita alguna forma de memoria en el sujeto que juzga, algún sentido del pasado, y del futuro, para dar fuerza al ahora. Sin embargo, necesitamos más que todo eso. Para que la noción de perspectiva espacial sobre un mundo objetivo posea contenido empírico o experiencial, es necesario que el sujeto pueda tener, y pueda aplicar empíricamente, la idea de identidad permanente de algunos de los objetos que caen dentro del alcance de sus percepciones cambiantes. Con el paso del tiempo cada uno de nosotros elabora una imagen detallada del mundo. Pero todas las imágenes detalladas, elaboradas por diferentes sujetos de experiencia con el paso del tiempo, comparten una estructura básica común: todas ellas son imágenes de un mundo en el cual cada uno de nosotros ocupa, en un momento dado, un punto de vista perceptivo y en el cual los individuos que ocupan espacio, señalados y señalables como tales mediante conceptos de cosas de ese género, tienen, como nosotros, historias pasadas y quizás un futuro. Estos individuos ocupan una posición fundamental en nuestro esquema de cosas, en la estructura conceptual que empleamos. Estos objetos, con sus cambios, sus relaciones y sus conexiones recíprocas constituyen, o proporcionan, el marco espacio-temporal unitario de nuestro mundo. Este hecho se refleja en nuestro lenguaje. Los objetos materiales son los referentes por antonomasia de nuestros nombres y frases nominales. Disponemos de y empleamos nombres y frases nominales para una enorme variedad de cosas de otras clases. Pero son derivados de adjetivos, verbos o de cláusulas completas; o alternativamente, tienen como modelos a nombres o frases nominales obtenidos de esa forma. El lenguaje nos proporciona un reflejo del lugar fundamental que corresponde a ciertos tipos de objetos de referencia, a los individuos lógicos, en nuestro esquema de las cosas. Y, por consiguiente, también de la primacía de ciertos tipos de predicación, de los tipos que corresponden a las propiedades y relaciones.

Resumen del Capítulo 5 del libro de Strawson Análisis y Metafísica

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