Libertad y Necesidad. Strawson

Publicado: 31 diciembre, 2011 en Filosofía
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El último punto que aborda Strawson en su libro Análisis y Metafísica es la cuestión de la libertad, o de la falta de libertad, de la voluntad humana. Como foco de la discusión elegirá dos celebradas tesis de la Ética de Spinoza.

  • La primera de ellas consiste en que el sentimiento de libertad de decisión y acción, que experimentamos cada día, no es sino una ilusión, puesto que implica una creencia que es incompatible con el reinado universal de la causalidad natural.
  • La segunda tesis afirma que este sentimiento ilusorio de libertad lo causa una combinación de dos factores:
    • la conciencia que tenemos de nuestras acciones, decisiones y deseos
    • nuestra ignorancia de sus causas

Ambas tesis suscitan dudas, y Strawson ofrecerá razones para rechazar dichas dudas.

En general se admite que, como dice Kant, necesariamente actuamos conforme a la idea de libertad. Frecuentemente se niega que este sentimiento encierra una creencia incompatible con el reinado universal de la causalidad natural.

El compatibilista de a pie mantendrá que no haya presencia de ciertas clases de causalidad o de coacción. Quien partiendo de esta base, cuestione la primera tesis está obligado, si ha de ser coherente, a hacer lo mismo con la segunda, con la tesis del origen causal del sentimiento de libertad.

Los hombres no ignoran en general las causas inmediatas de sus acciones. No todas sus razones son racionalizaciones. Además es evidente el poder determinante que tienen la educación, el aprendizaje, el entorno, la herencia y además, la influencia específica de éste o aquél elemento de estas fuerzas determinantes.

Primero deberíamos considerar que nuestros deseos y preferencias no son, en general, algo que únicamente notemos en nosotros mismos como presencias ajenas. En gran medida, son lo que somos.

En segundo lugar, deberíamos considerar la experiencia de la deliberación y ponerla en relación con la idea de que nuestros deseos y preferencias no son, en general, algo que percibamos en nosotros mismos como presencias ajenas. En la experiencia de la deliberación no somos meros espectadores de una escena en la cual, los deseos pugnan entre sí por imponerse, siendo nosotros el premio. Nos identificamos a nosotros mismos de la forma más completa en el deseo de orden superior que determina lo que llamamos nuestra elección; y es por esto por lo que la llamamos nuestra.

Finalmente, deberíamos considerar la experiencia de ser agentes. La acción puede derivar causalmente de la combinación apropiada de deseo y creencia, pero la ruta causal que lleva desde el deseo y la creencia hasta la acción puede ser la errónea.

El que nos encontremos a nosotros mismos en nuestros deseos y preferencias y el que, en general, no los veamos como presencias ajenas dentro de nosotros, la experiencia de la deliberación que realza y refuerza el sentimiento de nuestro yo y la experiencia constantemente repetida de ser agentes, todo ello, contribuye, quizás, a constituir el sentimiento de libertad. Al experimentarlo nosotros mismos, lo atribuimos también a los demás.

Nuestra predisposición a tener actitudes o sentimientos morales, es un hecho natural, como lo es el sentimiento de la libertad. Al hablar del sentimiento de libertad, lo relaciona estrechamente con el sentimiento del yo. Nuestros deseos, decisiones, y acciones no se sienten en general como algo ajeno. Nuestra conciencia de todo ello es consciencia de nosotros mismos. Atribuimos a otros ese mismo sentimiento de libertad y ese mismo sentimiento del yo. A los demás los sentimos como a otros yoes, y lo hacemos de muy diversas formas, ligadas íntimamente a los hechos que interesan a los hombres y a sus interacciones; y semejante diversidad es precisamente la diversidad de actitudes y emociones morales y personales que experimentamos hacia los otros.

Es preciso hacer una distinción:

  • Está la tesis de que estas emociones y actitudes, junto al sentimiento de libertad, descansan en una creencia falsa
  • Está la tesis de que este haz de sentimientos asociados descansa en la ignorancia de las causas reales de los deseos, las disposiciones y las acciones.

Estas dos tesis son lógicamente independientes.  Strawson rechaza ambas, argumenta que se podría tener una noción razonablemente precisa de las fuentes causales de nuestros deseos y disposiciones y de la de los demás, y no tener, como resultado de este conocimiento, la menor disposición a perder el sentimiento de que esos deseos, disposiciones y acciones son algo verdaderamente nuestro (o suyo), ni a perder el sentimiento de nuestros yoes (o los de los suyos) y de nuestra libertad (o de las suyas) a propósito de esos deseos, disposiciones o  acciones. Mientras que por otra parte, podríamos experimentar a veces como coerciones intrusas, respecto de las cuales no tendríamos ningún sentimiento de libertad, ciertos deseos y disposiciones de cuyas causas seríamos plenamente ignorantes y que no seríamos capaces de explicar.

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