Crisis de la Razón Clásica y Raíces de la Postmodernidad

Publicado: 3 enero, 2012 en Filosofía
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LA DISOLUCIÓN DEL HEGELIANISMO

La filosofía hegeliana ha sido el último intento conseguido de interpretación global de la realidad natural y humana. Las tres corrientes filosóficas dominantes en nuestro tiempo tienen su origen en tres críticas distintas y divergentes del hegelianismo.

  • El positivismo con su rechazo de la abstracción y su apego a los hechos
  • El marxismo que continúa y desarrolla el humanismo materialista y ateo de Feuerbach
  • La hermenéutica, uno de cuyos orígenes está en la defensa que el existencialismo de Kierkegaard hizo del individuo frente a su totalización por el Absoluto

La filosofía contemporánea en todas sus vertientes será fundamentalmente antihegeliana. Habermas en su análisis del discurso filosófico de lo moderno distingue entre un hegelianismo de izquierdas, que a través del marxismo habría llegado hasta nuestros días dando un lugar a un pensamiento emancipatorio, y un hegelianismo de derechas que a través de Nietzsche habría producido un pensamiento antimoderno en filósofos jóvenes conservadores como Foucault o Derrida.

Comte, Marx y Kierkegaard son los primeros críticos de una razón clásica que había llegado con Hegel a su máximo despliegue. Marx y Kierkegaard no sólo han criticado el aspecto teórico-filosófico de dicha razón clásica, sino también su fijación institucional, en un mundo económico dominado por el fetichismo de la mercancía, un mundo político dominado por el capitalismo y un mundo religioso dominado por las iglesias cristianas. Las primeras aporías de la modernización capitalista fueron puestas de relieve.

Pero la primera modernidad que surgió en la historia fue la cristiana, que se oponía a la antigüedad greco-romana. El marxismo también se encuentra inmerso profundamente en la modernidad, cuyos ideales no realizados por la burguesía y abandonados cuando ésta pasa de ser progresista a ser decadente y reaccionaria, pretende llevar a cabo realmente.

Nietzsche y Freud son los pensadores cuyos análisis ponen en entredicho la metafísica occidental en que se asentaba la razón clásica: la noción de realidad, de sujeto, la voluntad de verdad y la noción de totalidad. Ambos descubren que el yo y su razón dependen de fuerzas irracionales que escapan a la consciencia.

El poder de los instintos, la voluntad de poder y la ideología son elementos inconscientes, irracionales que determinan el yo consciente y están en la base de la razón. El sujeto es múltiple y se encuentra escindido en una pluralidad de instancias: ello, yo y super-yo. Es el punto de encuentro en que numerosas determinaciones, tanto exteriores como interiores, tanto sociales como instintivas, entran en conflicto. El yo es un resultado siempre precario de estos conflictos libidinales.

El sujeto debe ser entendido como un producto, como un residuo de elementos pre y suprasubjetivos. Es un sujeto descentrado, excéntrico, socavado por un deseo inconsciente. El deseo como libido es la fuerza que da origen por sublimación a la razón a la que acompaña siempre interfiriendo a través de los síntomas su actividad. La cultura supone siempre una represión y una sublimación de los instintos, y no es el producto de una razón descarnada.

Nietzsche plantea una pretensión de ir más allá de la razón clásica, cuya afirmación fundamental es la escisión entre un mundo suprasensible y un mundo sensible. La crítica inversora del platonismo no constituye simplemente el mundo suprasensible por el sensible, sino un eliminar con la distinción ambos mundos. Implica el surgimiento de una nueva forma de valorar: la transmutación de todos los valores.

La postura metafísica de Nietzsche intenta ser una respuesta por un lado y una conclusión por otro, a la historia de la metafísica occidental entendida por él como el desarrollo del nihilismo, pretende desplegar hasta sus últimas consecuencias lo que significa la muerte de Dios. Esta frase alude al hecho de que lo suprasensible, la esfera de los valores ideales, carece ya de fuerza aparente, no da sentido por más tiempo. Supone que el hombre europeo ha perdido el norte, ya no tiene sentidos de referencia y por ello vaga a través de una nada infinita, en un espacio vacío, en una noche fría y sin fin. La muerte de Dios es por tanto otra forma de tomar conciencia del nihilismo.

El nihilismo es ambiguo: puede ser activo si se entiende como signo de aumento de poder del espíritu, y puede ser pasivo si consiste en la decadencia y merma del poder del espíritu. Deleuze relaciona las distintas formas de entender la muerte de Dios, según las diferentes formas de nihilismo:

  • Nihilismo negativo, desde el pensamiento judeo-cristiano, supone por un lado que el Dios judío da muerte a su hijo para independizarlo de sí mismo y del pueblo judío; por otro la muerte del padre y el surgimiento del hijo, o por último el hijo de Dios que muere por nosotros.
  • Nihilismo reactivo, la muerte de Dios da lugar a la deificación del hombre, a través de un ateísmo reactivo. Proceso de secularización del cristianismo que ha dado lugar al mundo moderno, a la democracia y al socialismo
  • Nihilismo pasivo, la muerte de Dios es sinónimo del cansancio y del fin de la civilización, que Nietzsche denomina budismo.

Nietzsche sitúa su filosofía como el nihilismo completo, lo que permite a Heidegger colocarlo como el fin y el culmen de la metafísica occidental. Nietzsche con su teoría de la voluntad de poder y del eterno retorno, plantea de nuevo la clásica teoría metafísica de la distinción entre la essentia y la existencia, la esencia del ente es la voluntad de poder y lo que retorna eternamente son los propios entes. Con esto Nietzsche culmina el proceso de subjetivación del ser del ente que abrió con Descartes la metafísica moderna, la cual concibe el ser de lo existente a partir de la voluntad.

Estemos o no de acuerdo en este punto con Heidegger, sí hay que reconocer que a pesar de todo, la crítica de Nietzsche a la razón moderna es fundamental y abre el camino a una concepción de la racionalidad que vaya más allá de la modernidad.

CRISIS Y CRÍTICA DE LA RAZÓN A COMIENZOS DEL SIGLO XX

A comienzos del siglo XX surge una fuerte reacción contra el siglo XIX concebido como la etapa moderna por excelencia. Una nueva forma de sensibilidad social, cultural y artística da lugar a un fenómeno complejo.

En el ámbito de las matemáticas, la lógica y la física se produce una crisis de fundamentos, un replanteamiento general de las ciencias básicas de la modernidad que pone en crisis la razón moderna solidaria con una concepción newtoniana de la física y una concepción leibniziana de la lógica y las matemáticas. La realidad física aparece como azarosa, cuya representación exhaustiva y determinista se muestra como imposible. La lógica y las matemáticas se muestran como ciencias abiertas, cuya axiomatización y fundamentación completa es imposible.

El análisis del proceso de racionalización que había dado lugar a la modernidad daba lugar a una conclusión pesimista que veía el mundo moderno irremediablemente escindido, en el que los aspectos teóricos, prácticos y expresivos del hombre no podían ser reconciliados entre sí, y en el que un politeísmo de valores era ineliminable.

El desencantamiento del mundo, producto de la secularización de los valores cristianos, había dado lugar a un proceso de racionalización, no sólo en la economía y el derecho, sino también en la vida cotidiana, que llevaba aparejada una burocratización creciente de la sociedad, de la vida. La vida moderna, desprovista de sentido por sí misma, sólo tiene el que cada individuo le otorga y esto conlleva una pluralidad irreconciliable.

La especialización de la ciencia produce que el sentido global de la vida y la realidad no se puede obtener ya de ella y el deterioro y abandono de las concepciones religiosas en el mundo moderno desprovee de valores a dicho mundo. El sentido limitado y precario queda reducido al ámbito de la vida privada y de las relaciones inmediatas de los individuos entre sí.

El rechazo de la sensibilidad moderna propia del siglo XX queda captado perfectamente en las Confesiones de El Espectador de Ortega. Frente a un siglo XX dominado por el pragmatismo y la utilidad, por la política en tanto que pensar utilitario, se postula frente a una cultura de medios una cultura de postrimerías, un tipo de pensamiento puro e inútil, teórico, necesariamente individual y perspectivista.

Ortega reprocha al siglo pasado sus pretensiones progresistas y de modernidad. Ortega con su crítica a la modernidad en todos los planos, cultural, filosófico, económico, político y artístico y con su reivindicación de una filosofía atenta a la vida que rompa con el idealismo y el racionalismo estrecho y abstracto, se puede entender como postmoderno.

LA CRISIS DE  LA RAZÓN HOY

Las consecuencias negativas de la modernidad se hacen cada vez más palpables, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. La crisis de la razón clásica se acelera y su denuncia es el objetivo de la escuela de Frankfurt, Adorno, Horkheimer, Marcuse y Benjamin. Denuncian el progresismo de la razón moderna; su sumisión al cientificismo; el haberse convertido en un instrumento de dominación no sólo de la naturaleza sino también de los seres humanos; el haber renunciado a la crítica sobre los valores y los fines últimos y aceptar su reducción a un puro instrumento, a un puro medio al servicio de fines dados y no discutidos; su relación intrínseca con una noción de tiempo lineal, continuo y progresista, propia del historicismo. El haber olvidado y reprimido los sentidos y los sentimientos en aras de un productivismo ciego.

La Escuela de Frankfurt ha planteado una serie de cuestiones que en los años setenta y ochenta han retomado los grandes críticos postmodernos de dicha razón, procedentes fundamentalmente del estructuralismo y de la hermenéutica heideggariana. En nuestros días la crisis de la razón clásica en sus aspectos tanto teóricos como prácticos es notoria la noción de razón como estructura natural, necesaria y apriórica ya no es sostenible.

La razón clásica se presentaba como un programa globalizador y armonizador de los diferentes ámbitos de la experiencia humana, como un intento de resolver en un orden racional-burgués la experiencia total del hombre moderno. Dicho proyecto global no tenía lugar sólo en el ámbito de las ciencias o de la filosofía, sino que abarcaba la política, la economía y la sociedad.

El establecimiento de un mecanismo de poder-saber dominante a nivel mundial, a través de una serie de mecanismos disciplinantes como la fábrica, la escuela, el cuartel, el hospital, el manicomio, la prisión, etc. estaba ligado indisolublemente al proyecto de la razón moderna, que sin embargo se enfrenta a la irremediable escisión de los ámbitos teóricos-cognoscitivos, prácticos (éticos y políticos) y expresivos-artísticos, analizados por Weber.

El poder-saber moderno es un mecanismo que encierra y promueve la vida dentro de los cauces preestablecidos. Esta razón moderna se ve doblada de un discurso político en el que los ideales de igualdad, libertad y fraternidad son proclamados en las leyes e imposibilitados por los reglamentos que desarrollan dichas leyes. La mayor libertad está ligada a la mayor sujeción; la igualdad legal esconde una pluralidad creciente de desigualdad y discriminación; la fraternidad oculta la sumisión y la explotación. Nuevas prácticas vitales y nuevas formas de saber desarrolladas por movimientos sociales nuevos, portadores de nuevas necesidades y nuevas experiencias, han roto el corsé de la razón moderna y han dado lugar a un empleo de la razón plural.

La racionalidad que surge de la crisis de la razón moderna es plural y múltiple, es rizomática más que arbórea, es una puesta en cuestión de todo fundamento fuerte y definitivo, de todo procedimiento universal y garantizado; está ligada esencialmente a las prácticas y las experiencias concretas de sus agentes y usuarios y no viene impuesta desde fuera por expertos ajenos a dichos usuarios; es democrática y generadora de autonomía.

El problema de esta razón postmoderna , resultado y culmen de la crisis y crítica de la razón clásica, es que es sólo un desideratum, un programa, una apuesta, una pluralidad de apuestas, múltiples y variopintas.

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comentarios
  1. Luis dice:

    Espero no estar fatigándote con tanto comentario. En cualquier caso, creo que lo que ponen de relieve, mis comentarios, es que tu texto es practicamente certero y correcto (declaración de la “razón objetiva”, por supuesto :-)).

    En este caso, mi comentario incide sobre el sentido de una frase que, en sí (como en casos anteriores) no tiene mayor trascendencia y que, por lo tanto, podría, quizás, haber sido omitida. Sin embargo, creo que, tal como está, confunde. En la primera frase del tercer párrafo (empezando por el final de la entrada) dices:

    “El poder-saber moderno NO es un mecanismo que encierra y promueve la vida dentro de los cauces preestablecidos”.

    Según el texto original, el “NO” sobraría. Sin embargo, una vez eliminado, la frase me parece algo ambigua por la contraposición “promueve la vida” – “encierra” / “dentro de unos cauces”. En el original está:

    “El poder-saber moderno NO es PURAMENTE NEGATIVO Y REPRESIVO; sino al contrario un mecanismo que encierra y promueve la vida dentro de los cauces preestablecidos”. El enlace aclaratorio permite entender el sentido de la frase a la luz de la crítica previa al “mecanismo de saber-poder”.

    De nuevo se trata de una cuestión de matiz, que planteo porque tengo tiempo, o quiero sacarlo, con vistas a contribuir a hacer que tus apuntes sean impecables, y ya que me has invitado a ello. Porque me agrada conversar contigo (porque necesito comunicar como modo de evitar la locura, en particular con vistas a examen) y contraponer, en buen orden, argumentos; y, también, por deformación profesional, que me hace prestar una atención a veces dolorosa (y, en casos, incluso contraproducente) al detalle.

    En cualquier caso, teniendo en cuenta los temas que he resumido de mi pluma, no te daré la lata mucho más. Unicamente tus resúmenes de los temas 18 y 2, que tengo pendiente.

    Un gran saludo,
    Luis

  2. No puedo empezar sino agradeciéndote de nuevo la labor que estás realizando. Como comento en el apartado de apuntes, de algunos estoy muy orgullosa, de otros no tanto. Los apuntes de metafísica creo que son de los mejores que nunca he hecho, pero con tus comentarios están siendo, diría…¡¡¡¡infalibles!!!!!. En cualquier caso, si no fueran buenos apuntes y tuvieras muchas más correcciones o matizaciones que hacer, te estaría el doble de agradecida. Así que siéntete libre de criticar todo lo que consideres oportuno. Para mí las críticas enriquecen, desde luego constructivas, que tod@s sabemos lo que suelen ser la mayoría de las críticas…acoso y derribo básicamente.

    En este caso tu correción es evidente, se trata de un error, no hay lugar a interpretar el porqué en su momento pude expresarlo así, simplemente metedura de pata…que por otro lado me sorprende no tener más, porque los que están con la asignatura ya se habrán dado cuenta de la complejidad del texto…es denso, denso, denso, pero a la vez y sorprendentemente muy bien escrito. Creo que el profesor FJ Martínez hizo una labor espléndida con la unidad didáctica.

    Corregido de nuevo, y de nuevo muchísimas gracias, te insto encarecidamente a que me fatigues todo lo que puedas y más con tus comentarios…pena que ya sólo te quedan dos!!!!

    Sería estupendo coincidir en alguna otra asignatura…aunque a mí ya me quedan muy poquitas 🙂

    Gracias Luis, un placer

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