La Vida en el Laboratorio

Publicado: 2 febrero, 2012 en Antropología, Ciencia, Filosofía
Etiquetas:, , , , ,

Dadme un laboratorio y moveré el mundo

En 1979 Bruno Latour, junto con Steve Woolgar escribieron un libro titulado La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos, que en su versión española de Eulalia Pérez Sedeño comienza con las siguientes palabras:

A menudo los científicos sienten aversión por lo que los no científicos dicen de la ciencia. Los que no son científicos no practican la crítica científica del mismo modo que quienes no son novelistas ni poetas hacen crítica literaria. Lo más cercano a la crítica científica es la de los periodistas que han recibido una educación científica, o los científicos que han escrito sobre sus propias experiencias. Los estudios sociales de la ciencia y la filosofía de la ciencia tienden a ser abstractos, a ocuparse de acontecimientos históricos bien conocidos, o ejemplos remotos que no tienen relación alguna con lo que sucede diariamente en un laboratorio ni con las interacciones que se producen entre los científicos cuando persiguen sus fines. Además, las explicaciones sociológicas o periodísticas a veces parecen tener el único propósito de probar simplemente que los científicos también son humanos.

Latour comenta que los científicos no suelen leer lo que los profanos tienen que decir sobre la ciencia, y prefieren las opiniones que los propios científicos tienen sobre sus esfuerzos. Manía que por otra parte es de lo más razonable, sobre todo en un  contexto como el actual donde todo el mundo sabe de todo y opina de todo. Ya sabemos que Internet es un arma de doble filo, diría más, de filo infinito. Serán tus propios colegas los que mejor entiendan y valoren tu trabajo, y esta pretensión es extrapolable a cualquier actividad especializada, no solo al mundo científico.

El libro de Latour y Woolgar es cuanto menos curioso, porque se basa en un estudio que durante dos años realizó un joven filósofo francés en el Instituto Salk de Estudios Biológicos, y que posteriormente escribió en colaboración de un sociólogo inglés. Original y diferente.

La estrategia elegida por Bruno Latour fue la de convertirse en parte del laboratorio, seguir estrechamente los procesos íntimos y diarios del trabajo científico, al tiempo que seguía siendo un observador externo que estaba dentro, una especie de indagación antropológica para estudiar a la tribu de los científicos y a su cultura científica.

En cierto sentido, trató de observar a los científicos con la misma visión fría e imperturbable con la que se estudiann las células, las hormonas o las reacciones químicas. Craso error. Los científicos son seres humanos, ni fríos ni imperturbables. Más bien lo contrario.

El objetivo que se plantearon al escribir este libro fue mostrar lo que denominaron la construcción social de la ciencia. Lo más curioso de todo este asunto es que Latour, sociólogo, comenzó un estudio sociológico de la biología, y con el tiempo llegó a ver la sociología biológicamente. Paradojas del destino, que no para de reirse a nuestra costa.

Está claro que no  puede existir el mundo social por un lado y el científico por otro, porque el ámbito de lo científico es simplemente el resultado final de muchas otras operaciones que están en el ámbito de la realidad. Los asuntos humanos no son diferentes de la producción científica.

Pero para llegar a una conclusión como esta, no es necesario tirarse dos años sumergido en un entorno al que se procede a analizar.

La etnografía puede ser una herramienta interesante para caracterizar alguna componente cultural. Pero cuando se trata de conocimiento en general y de ciencia en particular, realizada por no científicos, se puede observar, pero difícilmente se puede participar, que es la otra componente inherente al método, ya que se trata, por definición, de una observación participante.

Por otra parte, las coincidencias entre un laboratorio de microbiología y uno de física cuántica deben ser bastante escasas. Ni los métodos, ni las herramientas, ni la organización interna, ni los procedimientos…probablemente haya la misma similitud que un huevo a una castaña. Sí, ambos son laboratorios, y sí, en ambos se desarrollan actividades científicas. Pero basarse en el análisis y la experiencia interna a uno de ellos no es suficiente para establecer ninguna conclusión que pueda ser generalizada con algo de dignidad.

Por lo tanto se utiliza una herramienta a medias sobre un grupo de personas inapropiado y en un universo de muestreo escandalosamente insuficiente. Aún así, vamos a darle una oportunidad.

Anuncios
comentarios
  1. axax12 dice:

    Cuando a principios de los años 70’s preguntaron a la secretaria de Heisenberg sobre el famosísimo físico, simplemente se le ocurrió decir (para pasmo de quienes la escuchaban), que él siempre se consideró un filósofo y no un físico, y por eso congenió en los años 30 con Ettore Majorana, de quien decían que era el físico más grande de su época (aunque sea un gran desconocido para el mundo). decían de este físico italiano que era capaz de predecir el futuro, hablando de física y por eso decidió desaparecer viendo la fabricación de la bomba atómica en el horizonte (algo que al parecer compartió con Heisenberg). Al parecer no se conservan muchos de sus trabajos porque los escribía en los paquetes de tabaco mientras paseaba y los tiraba lleno de fórmulas cuando los acababa. Los genios incluso cuando se estaba creando la física moderna, eran tan humanos como los descubridores del fuego.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s