Del Orden al Desorden

Publicado: 4 febrero, 2012 en Antropología, Ciencia, Filosofía
Etiquetas:, , , , ,

Lo social y lo técnico

La distinción entre lo social y lo intelectual es frecuente entre los científicos. Lo que es más importante, esta distinción proporciona un recurso al que los científicos pueden recurrir para caracterizar sus propios esfuerzos o los de los otros.

Por eso resulta importante investigar la naturaleza de esta distinción y cómo la usan los científicos. La medida en que los observadores de la ciencia aceptan de manera acrítica la distinción entre lo social y lo intelectual puede tener consecuencias importantes en los informes que producen sobre la ciencia.

Un rasgo importante de la construcción de un hecho es el proceso mediante el que desaparecen los factores sociales, una vez se establece el hecho. Ya que los propios científicos retienen (o resucitan) de manera preferente la existencia de factores sociales allí donde se considera que las cosas científicas han ido mal, que un observador adopte el mismo punto de vista le conducirá necesariamente a analizar cómo los factores sociales afectan o pueden dar origen a creencias erróneas.

Hay una necesidad  muy real de enfocar simétricamente el análisis de las creencias. Los logros científicos que se consideran correctos deben ser tan susceptibles de análisis sociológico como los que se consideran equivocados.

El cuerpo de conocimiento establecido y las normas técnicas y cognitivas asociadas constituyen una restricción más real sobre el comportamiento de los científicos que las normas sociales. Además, hay que considerar que raras veces los observadores externos se interesan por la cultura técnica, y por lo general, son incompetentes en cuestiones técnicas, las explicaciones que les dan desde dentro deben ser tratadas con considerable cautela.

Los científicos trabajan con una distinción muy definida entre lo social y lo técnico. Esa misma distinción puede proporcionar un problema para los observadores en el sentido de que plantea la cuestión de si se ha logrado o no un equilibrio equitativo entre los dos lados de la dicotomía.

La distinción entre factores sociales e intelectuales es un recurso utilizado rutinariamente por los científicos activos. Latour y Woolgar intentan comprender cómo se presenta esta distinción en las actividades de los científicos, en lugar de demostrar que resulta más apropiado para entender la ciencia uno u otro lado de la dualidad.

Prestan atención a las cuestiones técnicas en el sentido en que la utilización que los científicos hacen de los términos técnicos e intelectual constituye una caracerística importante de su actividad. Pero consideran que el uso de tales conceptos es un fenómeno que hay que explicar.

La antropología de la ciencia

Muchos aspectos de la ciencia descritos por los sociólogos tienen que ver con las minucias de la actividad científica que ocurren rutinariamente. El término antropología pretende indicar la presentación preliminar de material empírico acumulado.

Aunque en la inmersión de Latour y Woolgar no se pretende dar una descripción exhaustiva de las actividades de todos los practicantes de igual parecer, sí que pretenden proporcionar una monografía de investigación etnográfica de un grupo específico de científicos. Dando una importancia especial a la colección y descripción de las observaciones de la actividad científica obtenidas en un escenario concreto.

El hecho de que los científicos a veces cambien la manera y el contenido de sus afirmaciones cuando hablan con observadores externos origina problemas tanto en la reconstrucción que dichos observadores externos hacen de los acontecimientos científicos, como en la apreciación de cómo se hace ciencia.

Despues de esta afirmación, ponen de claro manifiesto la distorsión que produce la actividad de observación. Distorsión bidireccional ya que implica tanto que los científicos no se comportan de manera habitual y los observadores no entienden de manera correcta.

Aún así, Latour y Woolgar insisten en que es necesario recuperar parte del carácter artesanal de la actividad científica mediante observaciones in situ de la práctica científica. Considerando especialmente instructivo captar como algo extraño esos aspectos de la actividad científica que fácilmente se dan por sentados.

Consideraron a los científicos del laboratorio donde estuvieron observando, como una tribu en la que se corre el peligro de malentender la manipulación y producción de objetos cotidianos. Por lo que intentaron que las actividades del laboratorio les parecieran  tan extrañas como sea posible para no dar demasiadas cosas por supuestas.

Es decir, se pone de manifiesto por un lado que el desconocimiento de la actividad y procesos científicos provoca ruido en las interpretaciones, y por otro lado, proponen, que al ser absolutos neófitos, no darán nada por supuesto. Me parece una metodología cuanto menos paradójica.

Aunque se ha hablado mucho acerca de si la ciencia social puede seguir los modelos de Popper o de Kuhn, no está claro que las descripciones de la ciencia que hacen esos autores se correspondan con las realidades de la práctica científica. Pero Latour y Woolgar evitan estas cuestiones generales y se centran en los problemas específicos que pueden tener en común el científico practicante y el observador de la actividad científica.

El interés por lo social no se limita a esas observaciones no técnicas a las que se les pueden aplicar conceptos sociológicos tales como normas o competencia. En cambio, consideran que el proceso de construcción del sentido que la aplicación de conceptos sociológicos implica es sumamente significativo para su propio enfoque. Les interesa la construcción social del conocimiento científico en la medida en que ésta presta atención a los procesos mediante los que los científicos dan sentido a sus observaciones.

Esta observación sí me parece de gran interés y de la que se podrían concluir algunos aspectos interesantes, ya que al fin y al cabo, se trata de descubrir la especificidad del conocimiento científico en cuanto a su construcción social. Siempre podemos encontrarnos con que esa especifidad no es tal.

Los hechos técnicos son mucho más que meras operaciones psicológicas; el mismo acto de percibir está constituido por fuerzas sociales predominantes. Sin embargo, Latour y Woolgar consideran que su interés se ha de centrar en los detalles del proceso de observación. Les interesa el uso de procedimientos socialmente disponibles para construir una descripción ordenada del aparente caos de las percepciones disponibles.

Pero la metodología utilizada puede conducir  a conclusiones erróneas. Dicho caos lo mismo sólo es caos desde el punto de vista del observador, no desde el punto de vista del científico.

La construcción del orden

A Latour y a Woolgar les interesa de qué manera se construye el orden científico a partir del caos.  Interés razonable y  más que justificado, si realmente se considera que el conocimiento científico parte del caos.

En primer lugar por el hecho de que siempre hay disponible una serie de rasgos sociológicos alternativos que se podrían invocar para explicar la ocurrencia de una determinada acción científica. En principio, se puede socavar o encontrar defectos en cualquier alternativa, puede ser preferible cambiar el centro de atención y examinar de qué modo se invocan los rasgos para que produzcan orden.

En segundo lugar, los observadores externos parecen estar en una posición esencialmente similar a la de los científicos, pues se enfrentan a la tarea de construir una explicación ordenada a partir de una disposición desordenada de observaciones.

El observador tiene que basar su análisis en razones cambiantes. Se enfrenta a la tarea de producir una versión ordenada de observaciones y afirmaciones cuando se puede presentar una alternativa a cada una de sus lecturas de las observaciones y afirmaciones.

Los observadores producen regularmente versiones ordenadas para que otros las consuman. Por ello deben producir orden con fines prácticos, proceden eludiendo o ignorando las dificultades de principio. Si esto es así, entonces es importante entender cómo los observadores ignoran rutinariamente el problema filosófico de la disponibilidad constante de lecturas y descripciones alternativas. Desde este punto de vista, el núcleo de la investigación es la producción de orden.

La creencia de que la ciencia está bien ordenada tiene un corolario, que el estudio de su práctica es simple y que el contenido de la ciencia está más allá del estudio sociológico. Sin embargo, Latour y Woolgar mantienen que tano los observadores como los científicos se enfrentan de un modo rutinario  a un montón hirviente de interpretaciones alternativas.

De nuevo la visión totalmente parcial y sesgada motivada por la extrapolación de conclusiones al mundo científico partiendo de un único ejemplo concreto, puede desmerecer las generalidades a las que llegan. Hay que distinguir la ciencia del método científico, y hay que hacerlo en dos vertientes, teoría y praxis. Las intersecciones no serán disjuntas, pero desde luego no se solapan de la manera tan evidente como Latour y Woolgar tratan de  concluir.

Resumen crítico del Capítulo 1 de La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos. Bruno Latour y Steve Woolgar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s