La Filosofía de la Ciencia como Disciplina Hermenéutica

Publicado: 7 febrero, 2012 en Ciencia, Filosofía
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Moulines nos presenta una interesante tesis en la que propone la filosofía de la ciencia como una parte esencial de las ciencias de la cultura.

Aunque a primera vista esto pueda parecer una perogrullada, ya que la ciencia forma parte de la cultura y eso es algo en lo que todos estaremos de acuerdo, sucede con frecuencia que las aparentes trivialidades conceptuales tienen importantes consecuencias teóricas y prácticas.

Empieza Moulines la defensa de su tesis con una atrevida definición. Caracteriza la filosofía de la ciencia como una teorización sobre teorizaciones. La filosofía de la ciencia es una interpretación de interpretaciones de la realidad. Consiste en construir marcos interpretativos filosóficos que nos permitan entender las teorías científicas, a las que considera marcos interpretativos de la realidad.

La caracterización que propone ya da una idea de la naturaleza de la filosofía de la ciencia, se trata de una actividad intelectual de segundo nivel, es decir, cuyos objetos de estudio son en sí mismos resultado de actividades intelectuales. La filosofía de la ciencia es un caso típico de actividad recursiva, y la clase de actividad que se aplica recursivamente en este caso es a lo que Moulines llama teorización o mejor aún, interpretación.

La teorización consiste en la producción de ciertas entidades llamadas teorías, marcos conceptuales interpretativos construidos para entender las cosas. Por lo tanto, es el concepto de interpretación el que resulta central.

La idea de interpretación de Moulines ha ido cuajando a partir de su confrontación con el dogma de la dicotomía descriptivo-normativo. Cualquier concepto, enunciado o sistema de enunciados que tenga sentido es o bien descriptivo o bien prescriptivo, y ambas categorías se excluyen mutuamente. Al asumir esta dicotomía como punto de partida indiscutible, todo lo que uno, como filósofo, puede hacer con respecto a la ciencia, es describirla o darle normas de procedimiento. Pero según Moulines, la interpretación es una categoría semántica autónoma que no puede reducirse ni a la descripción ni a la prescripción. Moulines deja abierta para futuras generaciones de filósofos el argumentar esta creencia, ya que considera que la filosofía analítica no se ha encargado de ella y él tampoco dispone de una línea argumentativa al respecto. Lo cual no deja de ser sorprendente ya que se trata de una parte importante del engranaje que conforma la tesis que pretende demostrar.

La disciplina filosófica que tradicionalmente se ha ocupado de la interpretación es la hermenéutica. En su forma más clásica, que arranca de Aristóteles, la hermenéutica coincide con la semántica formal de la lógica moderna y dentro de ella, la interpretación no es más que una relación formal entre cierto lenguaje y un dominio de objetos.

Otro sentido de hermenéutica arranca de Dilthey y tiene una relación directa con las ciencias de la cultura. La interpretación es una actividad intelectual referida exclusivamente a textos u otros objetos culturales con el intento de llegar a una comprensión interna y contextualmente relativa de dichos objetos. Esta idea de interpretación es un poco más cercana a la que plantea Moulines que la anterior, porque subraya el papel activo del investigador, pero también difiere porque los hermeneutas se negaron deliberadamente a usar categorías teóricas generales para formular sus interpretaciones. Su hermenéutica es un enfoque particularista, adverso a la abstracción y generalización.

Existen muchas clases de teorías interpretativas sobre la realidad. Se trata de objetos culturales producidos por ciertas personas en ciertos contextos sociales y culturales en determinadas épocas, a los que llamaremos teorías del primer nivel. Son el objeto de estudio teórico de teorías interpretativas del segundo nivel, las cuales constituyen la filosofía de la ciencia.

La filosofía de la ciencia consiste, por tanto, en la construcción de interpretaciones de segundo nivel que tienen como objetos de estudio las interpretaciones científicas del primer nivel.

La interpretación de las teorías científicas que llamamos filosofía de la ciencia no es la única manera posible de teorizar sobre la ciencia. Podríamos tratar de las instituciones sociales, o de la gente que la produce. En estos casos estaríamos ante otro tipo de estudio teórico, como sociología, antropología o psicología de la ciencia.

Pero debe quedar claro que la filosofía de la ciencia y los estudios sociales de la ciencia no pueden identificarse. Existen fuertes conexiones entre ambas, pero los objetos de estudio son esencialmente distintos. Los estudios sociales tratan sobre entidades localizadas espacio-temporalmente. La filosofía de la ciencia trata sobre entidades abstractas, que no están localizadas espacio-temporalmente, al menos en el mismo sentido.

En esta línea se adscribe el libro  La vida en el laboratorio de Latour y Woolgar, donde se realiza  un ejercicio de antropología de la ciencia, y no de filosofía de la ciencia. Analiza una realidad social localizada espacio-temporalmente, nada que ver con abstracciones y generalizaciones.

Las teorías científicas son un ejemplo de entidades culturales abstractas, no localizadas espacio-temporalmente. No hay ninguna razón para pensar que las humanidades están restringidas a priori al estudio de entidades concretas como hombres o sociedades. Si estamos dispuestos  a salirnos de un marco estrechamente empirista y nominalista de fundamentación de las ciencias de la cultura, podemos admitir fácilmente la posibilidad de que éstas estudien no sólo las realizaciones culturales concretas, los contextos sociales concretos en que se manifiestan y los individuos concretos que las producen, sino también las estructuras conceptuales generales subyacentes a ellas, las formas culturales abstractas de las que esas realizaciones concretas son una instancia suya.

Formula entonces Moulines su tesis en un sentido aún más fuerte: las ciencias de la cultura sólo podrán romper el estrecho marco que limita su progreso cuando se decidan a pasar de manera sistemática al nivel de abstracción, característico de la física matemática.

La física moderna dió el “gran salto adelante”, el cual le permitió ocupar el trono de la reina de las ciencias, con Newton, cuando éste se atrevió a construir un marco conceptual abstracto que aparecía como independiente y hasta ajeno a las características concretas de los diversos sistemas físicos. Desde este nivel de suprema abstracción se descendió luego al estudio de las instancias físicas concretas, iluminadas ahora por una nueva luz, mucho más potente que todos los esquemas anteriores a Newton, la luz de las formas abstractas.

Quiere Moulines hacer notar dos puntos, que el mejor camino para el dominio de la realidad más concreta pasa por la suprema abstracción formal y que fenómenos al parecer demasiado complejos para ser susceptibles de estudio sistemático pueden llegar a ser dominados conceptualmente si somos capaces de dar con las herramientas formales adecuadas al caso.

La filosofía de la ciencia, en cuanto que es teorización de teorizaciones, debe romper la superficie de las teorías científicas en sus modos de manifestación concreta para adentrarse en las estructuras implícitas subyacentes que hacen inteligibles esas manifestaciones concretas. De lo contrario, nunca entenderemos lo que es esencial en la ciencia, y que probablemente escape a los propios científicos, y los filósofos se quedarían limitados al papel de divulgadores científicos, que no es el caso.

¿Cuál es, por tanto, el método formal adecuado a la tarea de la filosofía de la ciencia? Muchos autores, encabezados por Carnap, pensaron que la mejor herramienta para el análisis de las teorías científicas era la lógica de predicados de primer orden. Pero la experiencia ha demostrado que no es así.

La lógica sigue siendo un instrumento indispensable para iniciarse en el proceder analítico de la filosofía de la ciencia. Pero no podemos quedarnos ahí. Los aspectos más complejos de las ciencias empíricas rompen el marco estrecho que presupone la lógica. Es necesario complementarla con herramientas matemáticas más potentes. Y me atrevería a añadir más flexibles y versátiles, para incorporar en la medida de lo posible la componente humana de la ciencia, en el sentido de la pasión, la intuición y demás herramientas que trascienden la razón pero no dejan de ser fundamentales en la evolución científica.

Moulines se adscribe a una tendencia cada vez más fuerte en los últimos treinta años, la teoría de conjuntos y la teoría de modelos en este campo, aunque no hay ningún argumento definitivo a priori que demuestre que este enfoque sea el óptimo.

Según Moulines, habrá que ir probando diversos métodos hasta que encontremos el que parece más adecuado a nuestro objetivo. Se requiere un esfuerzo infatigable para desenterrar las estructuras esenciales de este fenómeno cultural tan pasmoso y difícil de apresar que llamamos ciencia.

Puede que el pensamiento complejo y el enfoque sistémico puedan ser una vía interesante a explorar.

Resumen crítico del artículo La filofosía de la ciencia como disciplina hermenéutica de Ulises Moulines, publicado en la revista ISEGORÍA/12 (1995)

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comentarios
  1. catopau dice:

    Silvia, como siempre, magistral.
    Muchas gracias, otra vez, por todo.
    Camilo

  2. De nada Camilo
    Un placer
    Muchas gracias 🙂

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