Archivos para marzo, 2012

Introducción

La concepción fregeana de la doble función semiótica fue un supuesto asumido en filosofía del lenguaje. Toda expresión lingüística tenía dos dimensiones:

  • Referencia, que la ligaba a la realidad expresada
  • Sentido, unida a la forma en que tal realidad era aludida o reconocida

Este supuesto comenzó a ser considerado de forma mas crítica a partir de los finales de los 60 y los 70. La obra de Kripke parte de consideraciones semánticas que tienen que ver con las relaciones entre el lenguaje y la realidad, y posteriormente se aplican los resultados obtenidos al ataque o defensa de ciertas tesis filosóficas tradicionales de carácter epistemológico u ontológico. Su obra se encuentra ligada a la reconsideración crítica de los problemas tradicionales, desde las dicotomías kantianas hasta el esencialismo o dualismo cartesiano. La exposición de sus tesis filosóficas principales se desarrollará en el ámbito propiamente lingüístico. Va a insistir propiamente en la teoría de la referencia propuesta por Kripke para diferentes categorías lingüísticas, centrándose más en las argumentaciones que la sostienen como tal teoría que en los razonamientos que pretenden concluir tesis no propiamente lingüísticas.

Los nombres y el nombrar

La teoría de Frege sobra la referencia de los nombres propios y las descripciones era una relación indirecta entre lenguaje y realidad, relación triádica donde también intervenía el concepto en su sentido objetivo o intersubjetivo. La función del sentido era iluminar parcialmente la referencia, permitir la localización de la referencia a través de la captación de alguna de sus propiedades. El sentido constituía el elemento cognitivo necesario de la determinación referencial. La postulación de esta doble dimensión sentido/referencia estaba orientada a la resolución de problemas semánticos.

  • El problema de la identidad. El enunciado de identidad no es vacuamente verdadero y expresa una verdad fáctica: porque la afirmación de identidad se encuentra mediada por el sentido conceptual de los nombres empleados.
  • El problema de la sustituibilidad. Se puede sustituir en cualquier contexto un término por otro, siempre que éste sea correferencial con el primero. Tal sustitución no ha de afectar al valor de verdad del enunciado pues es función de la referencia.

Ya Frege se había dado cuenta de que no es aplicable en cualquier contexto:

  • En los contextos en que una oración completiva está regida por un predicado que expresa una actitud epistémica por parte de un hablante.
  • En un contexto modal en que una oración se encuentra en el alcance de un operador modal (necesariamente, posiblemente…)

La solución de Frege fué afirmar que las expresiones referenciales en tales tipos de contextos no refieren a su referencia habitual, sino a su sentido. Para preservar el valor de verdad del enunciado es preciso que tal sustitución haya dejado inalterado el sentido.

El problema de las expresiones referenciales vacías

Sólo si se distingue entre sentido y referencia se puede explicar que los enunciados que contienen expresiones referenciales vacías sean informativos. Puesto que el contenido informativo de un enunciado no depende sólo de que sus componentes tengan referencia, sino de que posean un sentido. La capacidad para tratar problemas semánticos convirtió a la teoría fregeana en paradigmática en nuestro siglo.

Frente a ella la teoría de la referencia propuesta por Kripke puede proporcionar soluciones igualmente adecuadas a estos rompecabezas semánticos constituyendo una alternativa seria. La teoría de la referencia propuesta por Kripke parte de la distinción hecha por Donnellan entre el uso referencial y el uso atributivo de una expresión nominal. Las descripciones lingüísticas están sujetas a una cierta ambigüedad de uso, de manera que no se puede saber por simple inspección de su estructura gramatical, cuál es la función semántica que cumplen. En estos casos, según Donnellan, nos encontramos frente a un uso referencial de la descripción y según Kripke ante un acto de referencia del hablante: el hablante pretende referirse a un determinado referente y lo logra a pesar de utilizar expresiones semánticamente no adecuadas, mediante la expresión de sus intenciones y las características del contexto en el cual efectúa tal intento que pueden incluir falsas creencias compartidas con la audiencia. Hay que distinguir los usos propiamente atributivos o las referencias semánticas. Según Donnellan:

  • Un hablante que usa atributivamente una descripción definida en una afirmación enuncia algo que es tal y cual. En el uso atributivo es preciso que la propiedad que lleva aparejada se aplique al referente, pues si no, no se efectúa la referencia ni se predica nada de tal referente.
  • Un hablante que usa una descripción definida de forma referencial, utiliza la descripción para capacitar a su audiencia para identificar aquello de lo que está hablando y enuncia algo de esa persona o cosa. La descripción determina una referencia en virtud del significado de sus componentes, independientemente de las intenciones de quien las usa y del contexto, excepto si contiene expresiones deícticas.

La distinción establecida por Donnellan para las descripciones definidas se aplica igualmente según Kripke a los nombres propios. La teoría de Kripke pretende establecer afirmaciones sobre las referencias semánticas, ya que piensa que los referentes del hablante son asunto de la pragmática. Desde este punto de vista, saltan a la vista los inconvenientes de la teoría fregeana sobre los nombres propios.

En el caso de nombres propios genuinos pueden diferir las opiniones en cuanto a su sentido: si una descripción forma parte del sentido de un nombre propio, la oración que predica es una oración analítica, es decir, verdadera en virtud del significado, para algunos será analítica y para otros no. De acuerdo con las mas evidentes intuiciones semánticas, “Aristóteles era originario de Estagira” enuncia un hecho contingente, no necesario, por lo tanto resulta inadecuada calificarla como oración analítica.

La conexión existente entre la semántica de los nombres y la noción de necesidad consiste en que si la descripción es parte de la especificación del significado del nombre queda determinada una cierta clase de oraciones analíticas necesariamente verdaderas. La teoría de Frege de la referencia indirecta de los nombres propios fue matizada por Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas y puso en duda que el significado de un nombre propio quedara completamente contenido en una sola descripción. Propone que el significado del nombre propio está dado por el conjunto de las descripciones con los que se puede identificar el nombre, descripciones que forman un cluster, están estructuralmente unidas por relaciones.

La teoría del racimo es la forma moderna que ha adoptado la teoría de Frege y la que ha recibido las críticas de Kripke y de los partidarios de la teoría de la referencia directa. Según Kripke es posible proponer la teoría del racimo en dos sentidos:

  • Como especificación del significado del nombre propio; la conjunción lógica de las descripciones equivaldría a ese significado.
  • Como una teoría acerca de cómo se fija la referencia de un nombre propio, como una hipótesis acerca de cómo se explica dicho nombre propio. Kripke tiene objeciones a ambas formas de entender la teoría, considerándola inadecuada tanto como teoría semántica de los nombres propios como tesis sobre el modo en que se establece su referencia.

La tesis que mantiene es que los nombres propios son designadores rígidos, en cualquier mundo posible designan el mismo objeto o individuo. Los mundos posibles son el producto de estipulaciones puramente lógicas que no tienen en cuenta las leyes de causalidad física o de necesidad fáctica.

Un designador designa rígidamente un objeto determinado si designa al objeto dondequiera que el objeto exista. La argumentación de Kripke, apelando a situaciones contrafácticas o mundos posibles, suscita el problema de la identificación de los individuos y objetos. La respuesta de Kripke es que la misma forma de hablar acerca de las situaciones contrafácticas supone ya la identificación transmundana: cuando hablamos de una cierta persona y de las cosas que le podrían haber sucedido estamos hablando de un mundo posible, del que forma parte esa misma persona y no otra. Y la forma en que expresamos tal supuesto de la utilización del nombre propio que es el que asegura que nos estamos refiriendo al mismo individuo.

Kripke distingue entre definiciones cuya finalidad es fijar la referencia y definiciones cuyo fin es proporcionar el significado: “Supóngase que la referencia de un nombre propio viene dada por una descripción o racimo de descripciones. Si el nombre significa lo mismo que esa descripción o racimo, no será un designador rígido. No designará necesariamente al mismo individuo en todos los mundos posibles, ya que otro objeto puede tener las propiedades en cuestión en otros mundos posibles.” En la teoría de Frege, el sentido ejerce ambas funciones:

  • Es el medio por el que el hablante determina la referencia
  • Equivale al significado, en la medida en que constituye el contenido conceptual ligado a la expresión. De las modificaciones propuestas por Strawson o Searle, se sigue que utilizar significativamente un nombre consiste en poder sustituirlo por la suma lógica de sus propiedades. Esto según Kripke entraña consecuencias inaceptables:
  • Todas las propiedades identificatorias de un objeto contribuyen exactamente igual a esa identificación. Se opone a las intuiciones semánticas normales, si se admite que ciertas propiedades tienen más peso que otras, es preciso disponer de un criterio para evaluar ese peso relativo, lo que suscita aunque no necesariamente el problema ontológico de las propiedades esenciales.
  • Si el significado de un nombre está constituido por una suma lógica de descripciones, quien utilice un nombre conocerá a priori la equivalencia entre el nombre propio y cualquiera de las descripciones.
  • El enunciado que afirma la equivalencia entre la disyunción lógica de las propiedades y el nombre propio expresará una verdad necesaria. Ni el segundo ni el tercero son verdaderos. Que el hablante utilice correctamente un nombre propio no quiere decir que conozca ni siquiera la mayoría de las descripciones, suele suceder que conozca algunas.

Aprioricidad y Necesidad

La filosofía tradicional kantiana establece una conexión entre las nociones epistemológicas (a priori y a posteriori) y las modales u ontológicas (necesidad y posibilidad).

  • Las verdades conocidas a priori son necesarias. Un enunciado es a priori si su verdad puede establecerse sin acudir a la experiencia
  • Las verdades conocidas a posteriori son contingentes, hay que acudir a la experiencia.

Del mismo modo que Kant indicó la diferencia entre a priori y analítico y a posteriori y sintético, defendiendo la existencia de verdades sintéticas a priori, Kripke mantiene sobre la base de su teoría de la referencia, que existe una diferencia entre lo a priori y necesario y lo a posteriori y lo contingente. Niega que las verdades a priori no puedan ser objeto de conocimiento a posteriori. Algo puede ser conocido a priori y conocido por gente particular en base de la experiencia.

Lo a priori y lo a posteriori son nociones epistemológicas y no hay nada en los hechos que los haga ser conocidos de uno u otro modo. La necesidad es una noción ontológica que atañe a la naturaleza de los hechos mismos, está ligada a la de mundo posible o situación contrafáctica. Es necesario aquello que es verdadero en cualquier mundo posible. Contingente aquello que puede estar sujeto a cambio estipulativo. Así no es difícil ver la conexión entre el funcionamiento semántico de los nombres propios y la noción de necesidad. Si un nombre propio es un designador rígido, refiere a un individuo en cualquier mundo posible. Si dos nombres propios refieren a un mismo individuo, la identidad entre ellos es necesaria.

La teoría causal de la referencia

Los argumentos de Kripke de su teoría de la referencia directa se pueden dividir en tres grandes clases, las tres dirigidas a mostrar que la teoría fregeana de la referencia indirecta tiene consecuencias inaceptables y que ha de ser sustituida por otra.

  • Argumento semántico. La teoría ortodoxa mantiene que el sentido de un nombre es equivalente a una descripción y por ello refieren a lo mismo. Pero la teoría de la referencia directa contrargumenta proponiendo casos en que un nombre refiere a u individuo sin que sea necesario que lo haga la descripción presuntamente equivalente.
  • Argumento modal, utilizando las nociones de necesidad y mundo posible. Si la teoría ortodoxa fuera cierta y el sentido de un nombre propio equivaliera al de una descripción, el enunciado de identidad expresaría un hecho necesario, sería verdad en cualquier mundo posible. Pero no es verdadero porque es concebible una situación contrafáctica que lo niegue. Las únicas oraciones que expresan hechos necesarios son las que afirman la identidad de referencia de dos nombres propios.
  • Argumento epistemológico. Tiene que ver con la forma en que se aprende a qué refieren los nombres propios. Según la teoría de la referencia indirecta se aprende a usar el nombre propio en conexión con las descripciones pertinentes que constituyen los criterios necesarios para la aplicación de tal nombre.

La oración de identidad nombre-descripción es portadora de información a priori. La versión que ofrece Kripke es completamente diferente, y aunque no le concede el rango de teoría se conoce como teoría causal de la referencia. Critica la teoría descripcionista en su explicación de cómo se aprende la referencia, supone ya tal noción. Kripke en cambio piensa que la referencia ha de ser un mecanismo aprendido o transmitido de una forma mucho mas elemental.

La utilización referencial de un nombre propio no requiere que se haya asimilado criterios de aplicación de ese nombre en virtud de propiedades realmente poseídas por el objeto. Alguien se puede referir a un objeto sin saber nada de él. Lo único que se requiere es que tal nombre sea conocido como referente a una realidad de forma independiente a su conocimiento. Las descripciones, en cuanto instrumentos para fijar la referencia, tratan de reducir el riesgo de desviaciones en el acto de la referencia pero, si se toman como equivalentes de un nombre, pueden introducirlas. Las descripciones son expresiones que sirven como instrumentos auxiliares para fijar la referencia de un nombre, pero en modo alguno son criterios necesarios (y suficientes) para su aplicación, ni requisitos indispensables en su aprendizaje.

Lo esencial del uso de los nombres, y lo que explica que podamos usarlos correctamente, es la existencia de la cadena causal que conduce a un acto originario de bautismo o nominación. En resumen, el núcleo de la teoría semántica de Kripke es la tesis de la rigidez de los nombres propios y la concepción causal de su referencia. La necesidad de los enunciados de identidad entre nombres propios y su carácter epistemológico de a posteriori son consecuencias directas de su teoría.

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El bacalao es uno de mis pescados favoritos. Me gusta de cualquier forma. Esta no podía ser menos :).  El bacalo es garantía de placer culinario.

Unos buenos lomos de bacalo  son muy versátiles, y esta forma de cocinarlos es muy agradecida. Se puede guardar una vez cocinado, gana en sabor cuando se asienta, se puede congelar para otra ocasión.

Los ingredientes básicos de los que partimos serán unos pimientos rojos grandes y hermosos que asaremos en el horno (180 grados arriba y abajo una hora) o en la carmela, hasta que la piel se ponga negra. Se meten en una bolsa de plástico para que se enfríen y cuando estén tibios ya pueden pelarse, quitando piel y pipas. Al sudar en el plástico la piel saldrá fácilmente.

Un par de lomos de bacalo. Si es fresco estupendo, si es salado lo habremos tenido que desalar previamente, cambiando el agua a menudo y mejor en la nevera para que la temperatura sea constante y el proceso de desalado sea más homogeneo y efectivo. El tiempo que debe estar en agua dependerá del grosor de los lomos. Si no lo tienes claro, un pellizco al centro del lomo y probarlo directamente. Así te aseguras que no vas a fallar, un bacalao demasiado salado puede destrozar el plato.

Una vez desalado, lo vamos a cortar en tacos de tamaño mediano, no nos interesa demasiado pequeños porque pueden acabar deshaciéndose durante la cocción.

En la cazuela donde vayamos a cocinarlo, añadimos un par de cucharadas de AOVE, que se extienda bien por todo el fondo y se comience a calentar. Cuando esté bien calentito añadiremos las cebollas en juliana y comenzaremos a sofreírlas a fuego lento, moviendo de vez en cuando para que se vayan haciendo. Incorporamos también las guindillas si son frescas. Yo escogí un chile rocoto africano, que es bastante poderoso, pero puedes usar la guindilla que más te guste, incluso prescindir de ella, aunque un pequeño toque picante en este plato es estupendo.

Seguimos a fuego lento removiendo hasta que las cebollas comiencen a dorarse. Es el momento de incorporar los pimientos rojos, que los cortaremos en tiras medianas.

Damos un par de vueltas y salpimentamos. Añadimos  los tacos de bacalao. Los puedes pasar por harina y freír previamente, antes de incorporarlos. Yo los incorporo directamente en crudo, menos grasas y menos calorías, además creo que el sabor queda más delicado.

Damos un par de vueltas a fuego medio, con cuidado de no desmoronar los tacos de bacalao. Se añade en seguida el tomate frito. Aquí puedes usar tomate frito de bote, no te lo recomiendo, porque no suele salir tan rico. Lo suyo es que frías tú los tomates, pero es un trabajo para el que no siempre tenenemos ganas o tiempo. La mejor opción en ese caso es tomate triturado natural. Lo incorporas en la olla y a cocer a fuego lento, con la olla tapada hasta que el tomate se fría. Si es tomate frito unos 7 minutos es suficiente. Siempre con la olla tapada y a fuego lento, para que coja mejor sabor.

Servir calentito. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • Un par de trozos de bacalao desalao
  • Un par de pimientos rojos asados
  • Tomates triturado
  • Cebollas
  • Guindilla
  • Sal, Pimienta, AOVE

MANUFACTURA

  • Se desala el bacalao
  • Se asan los pimientos
  • En una cazuela con el fondo de AOVE se incorpora unos cebollas en juliana y unas guindillas, se sofríen a fuego lento.
  • Se añaden los pimientos rojos asados en tiras y se da un par de vueltas
  • Se añade el bacalao cortado en tacos de tamaño mediano
  • Se da un par de vueltas con cuidado y se incorpora el tomate
  • Se cuece a fuego lento unos 15 minutos, hasta que el tomate esté frito.

Habermas: Filosofía hermenéutica y filosofía analítica. Dos formas complementarias del giro lingüístico

Inspirado por Humboldt e ilustrado por la tradición de la lingüística orientada al contenido que se sigue de su obra, Heidegger fue el primero que reconoció en la hermenéutica un nuevo paradigma proseguido tras Humboldt por Droysen y Dilthey. Aproximadamente por la misma época, Wittgenstein descubrió también en la semántica lógica de Frege un nuevo paradigma filosófico.

Lo que posteriormente se denominará giro lingüístico se consumó de dos formas distintas: una forma hermenéutica y otra analítica, y Habermas se interesó en la interacción entre ambas, ya que no las consideró en absoluto tradiciones opuestas, sino complementarias.

Lo que trata Habermas en su ensayo Filosofía hermenéutica y filosofía analítica. Dos formas complementarias del giro lingüístico , son tres puntos fundamentales:

  1. El significado filosófico de la teoría del lenguaje de Humboldt
  2. En qué coinciden las dos variantes del giro lingüístico que consumaron Wittgenstein y Heidegger
  3. El intento de Apel de hacer valer de nuevo las tendencias universalistas de la filosofía del lenguaje de Humboldt, para que tomando como punto de partida la crítica de Humboldt a Kant, proponer un Kant pragmáticamente transformado, frente al:
    1. Contextualismo de los juegos de lenguaje de Wittgenstein
    2. Idealismo de la apertura lingüística del mundo de Heidegger
    3. La rehabilitación de los prejuicios por parte de Gadamer

En esta entrada veremos el primer punto, y en entradas sucesivas nos encargaremos de ver el segundo y tercero.

Significado filosófico de la teoría del lenguaje de Humboldt

Según Habermas, Humboldt distingue tres funciones del lenguaje:

  1. La función cognitiva de producir pensamientos y representar hechos
  2. La función expresiva de exteriorizar sentimientos y suscitar emociones
  3. La función comunicativa de hacer saber algo, formular objeciones y generar acuerdo

Se pueden establecer dos puntos de vista diferentes para enfocar las relaciones entre estas tres funciones:

  • Semántico
    • organización de los contenidos lingüísticos
    • se concentra en la imagen lingüista del mundo
    • Humboldt  trata la función cognitiva en relación con los aspectos expresivos de la mentalidad y la forma de vida de un pueblo
  • Pragmático
    • entendimiento entre los participantes en un diálogo
    • el diálogo aparece en primer plano
    • Humboldt  trata la función cognitiva en relación con los discursos de participantes en un diálogo en el que pueden darse mutuamente respuestas y contradecirse.

A continuación, Habermas pasa a explicar la concepción trascendental del lenguaje de Humboldt

  1. El concepto romántico de nación sirve como punto de referencia para la idea de que el lenguaje posee un carácter constitutivo de la imagen del mundo. Humboldt concibe los lenguajes como los órganos de la forma específica de sentir y pensar de las naciones. Establece una relación indisoluble entre la estructura, la forma interna y una determinada imagen del mundo. El lenguaje es el órgano constitutivo de los pensamientos. Esta concepción trascendental del lenguaje rompe con cuatro supuestos fundamentales de la filosofía del lenguaje dominante desde Platón a Condillac:
    1. Una concepción holista del lenguaje es incompatible con una teoría según la cual el sentido de las oraciones complejas es el resultado de sus elementos. Según Humboldt , las palabras aisladas obtienen su significación a partir del contexto de la oración a la que pertenecen, las oraciones a partir del texto en el que se insertan y los textos a partir de la articulación de todo el vocabulario de un lenguaje
    2. La idea de una imagen lingüísticamente articulada del mundo que estructura la forma de vida de una comunidad no es compatible con la tradicional tarea de designar objetos, propia de la función cognitiva del lenguaje.
    3. Un concepto trascendental del lenguaje es incompatible con una concepción instrumental del lenguaje y la comunicación según la cual, a las representaciones, los conceptos y los juicios formados prelingüísticamente se les asignarían signos para hacer más fáciles las operaciones del pensamiento y para poder comunicar a otras personas opiniones o intenciones.
    4. La primacía del lenguaje sobre la intención corresponde a la preeminencia del carácter social del lenguaje frente a los idiolectos de los hablantes particulares. Un lenguaje crea un plexo de sentido intersubjetivamente compartido que se manifiesta en las expresiones culturales y en las prácticas sociales.
  2. Como receptáculo del espíritu objetivo, el lenguaje trasciende los espíritus subjetivos y disfruta frente a ellos de una autonomía propia. Humboldt explica que esta objetividad es propia de todas las expresiones simbólicas, basándose en la fuerza creadora del proceso educativo que experimentamos cuando aprendemos un lenguaje. La tradición, todo lo que se transmite, afecta a las generaciones siguientes. Humboldt desarrolla un modelo expresivista del uso del lenguaje. Entre el sistema de reglas del lenguaje y la subjetividad del hablante existe una interacción. El lenguaje tiene efectos objetivos y autónomos en la medida en que obra subjetivamente y es dependiente. Este proceso circular del lenguaje, que es a la vez producto (ergon) y actividad (energeia), se pone de manifiesto un poder del individuo frente al lenguaje similar al poder del lenguaje sobre el individuo. Mientras los diferentes lenguajes crean diferentes visiones del mundo, el mundo mismo aparece ante todos los hablantes como uno y el mismo. Esta idea presenta ciertas dificultades. El lenguaje cumple la función cognitiva de representar hechos, los hechos sólo pueden ser descritos dentro del horizonte de la correspondiente visión del mundo lingüística. Se trata del problema de la conmensurabilidad de las imágenes lingüísticas del mundo. La pre-comprensión del mundo completamente estructurada por el lenguaje de los individuos es más bien “a priori arbitrario e indiferente pero a posteriori necesario e imprescindible”. Pero Humboldt no entiende la imagen lingüística del mundo como un universo semánticamente cerrado del que los hablantes sólo pudieran escaparse para convertirse a otra imagen del mundo.
  3. A Humboldt no le preocupa ni el carácter particular de la apertura lingüística al mundo de una nación ni la singularidad de su forma de vida. Divide tareas. A la pragmática le asocia el poner de manifiesto la dimensión universal del proceso de entendimiento. A la semántica el descubrir el lenguaje como órgano formador de los pensamientos: lenguaje y realidad están de tal forma entrelazados que al sujeto cognoscente le es imposible cualquier acceso inmediato a una realidad no interpretada. La realidad está emparentada con su propio lenguaje. El uso comunicativo del lenguaje se encuentra enlazado con la función congnitiva, si quieren llegar a entender el lenguaje que les es ajeno, partiendo de sus propias perspectivas, tienen que referirse a un punto de convergencia supuesto en común que es el mundo objetivo. Entendemos las expresiones lingüísticas sólo cuando conocemos aquellas circunstancias en las que contribuirían al entendimiento sobre algo en el mundo. Una visión común de la realidad es un presupuesto necesario para diálogos plenos de sentido.

La objetividad del propio juicio sólo se hace patente cuando el sujeto de las representaciones ve sus pensamiento fuera de sí, si los ve en otro ser pensante. Pero entre un pensamiento y otro no existe más mediación que el lenguaje.

Humboldt no investigó la conexión pragmática de las funciones cognitiva y comunicativa del lenguaje tomando como hilo conductor una teoría argumentativa del discurso sobre las pretensiones de verdad. En vez de eso, toma como hilo conductor la hermenéutica del entendimiento mutuo entre distintas lenguas. En la medida en que el horizonte de la propia comprensión del mundo se amplía, se relativizan también las propias orientaciones valorativas.

Humboldt establece una conexión interna entre entender y entendimiento. Además, en la praxis del entendimiento ve cómo funciona una dinámica cognitiva que contribuye a un descentramiento de la imagen lingüística del mundo, e indirectamente fomenta perspectivas universalistas incluso en las cuestiones morales.

Esta conexión humanista entre hermenéutica de anchas miras e igualitarismo moral se pierde en el historicismo de Dilthey y de Heidegger, centrado aquél en las concepciones del mundo y éste en la historicidad del ser. Y solamente, mediante una confrontación crítica con la hermenéutica filosófica de nuestro siglo ha podido ser recobrada de nuevo.

 Resumen de Significado Filosófico de la Teoría del Lenguaje de Humboldt

Capítulo 1 Filosofía hermenéutica y filosofía analítica. Dos formas complementarias del giro lingüístico

Verdad y Justificación. Jürgen Habermas

Risotto ligero y delicioso. Combinación de cremosidad y gustosidad en un único plato

Pleurotus Eryngii es el nombre científico de la seta de cardo, pero hay una manera distinta de criarla, que la convierte en una especie de boletus, desde el punto de vista de su aspecto, que no de su sabor. Esta seta de cardo la encuentras entonces como Eryngii, y el sabor es un poco más delicado, pero no deja de ser una seta de cardo.

Este risotto tiene la particularidad de que la cremosidad propia de este tipo de platos la vamos a conseguir con muy pocas calorías, con queso fresco batido, desnatado. En lugar de mantequilla y nata. El resultado es increiblemente gustoso, delicioso, así que no se echa en falta en absoluto la grasa que no le estamos poniendo. El azafrán y el tomate seco, tambien juegan un interesante papel.

Los ingredientes básicos son por tanto, para dos personas, una seta Eryngii  y 250 gramos de queso fresco batido 0% de materia grasa.

También le vamos a añadir unos dientes de ajo,  que serán la base del refrito. Pero en lugar de trocearlos, despues de pelarlos los vamos a añadir a un mortero, con un puñado de sal, una cucharada de orégano y unos granos de pimienta rosa. Se machaca todo bien en el mortero, hasta que el ajo y la pimienta estén molidos, y se obtenga una pasta homogénea.

Esta pasta que obtengamos, la echaremos en una olla que estará previamente calentada con un par de cucharadas de AOVE. Añadimos también unos tomates secos troceados, previamente hidratados si fuera necesario.

Se sofríe a fuego lento, hasta que empiece a oler rico, el tomate seco se estará tostando. En ese momento echamos la seta laminada en trozos grandes, y subimos el fuego para remover todo evitando que la seta suelte mucha agua. Añadimos unas hebras de azafrán, que además de aroma le aportará un bonito color.

Añadimos el arroz, redondo, tipo bomba mejor. Salteamos a fuego vivo dando unas cuantas vueltas, para que empiece a soltar el almidón,  y a continuación empezamos a añadir el agua, poco a poco y sin parar de remover. No es necesario que estés todo el tiempo de cocción removiendo el arroz, pero sí gran parte de él.

A fuego medio alto, a la mitad de la cocción más o menos añadimos el queso fresco batido, ya que aporta bastante agua, y así consumimos dicha agua en la segunda parte de la cocción del arroz. Seguimos removiendo y si es necesario incorporamos algo más de agua y rectificamos de sal.

Una vez obtenido el punto se añade un  chorreón de reducción de vinagre de jerez y se deja reposar el arroz unos minutos, tapado, y se sirve inmediatamente. Un espectáculo de sabor y cremosidad. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • 60 gramos de arroz bomba por persona
  • 1 Pleurotus Eryngii cada 2 personas
  • 100 gramos de queso fresco batido por persona
  • 2 ajos por persona
  • 2 tomates secos por persona
  • un puñado de pimienta rosa
  • unas hebras de azafrán
  • un punto de reducción de vinagre de jerez
  • Sal, pimienta negra y AOVE

MANUFACTURA

  • Se prepara una picada en el mortero con sal, los ajos, la pimienta rosa y el orégano.
  • En la cazuela donde vayamos a cocinar el arroz se sofríen la picada y los tomates secos, a fuego lento con AOVE
  • Cuando estén empezando a dorarse se añade el arroz y se da unas cuantas vueltas a fuego vivo.
  • Se añaden unas hebras de azafrán, sal y pimienta
  • A continuación se incorpora el Eryngii laminado se da un par de vueltas y se añade agua, poco a poco.
  • A mitad de la cocción y sin parar de remover se incorpora el queso fresco y se sigue removiendo hasta que el arroz esté en su punto. Si es necesario añadir un poco más de agua
  • Añadir un chorreoncito de reducción de vinagre de jerez y dejar reposar cubierto unos minutos, para servir a continuación

Verdad y correspondencia: la teoría semántica de la verdad

La teoría semántica debe reflejar que el lenguaje es un medio privilegiado para la representación de la realidad y ha de incorporar conceptos relacionales que conecten los niveles lingüísticos y ontológicos. Los conceptos son:

  • Referencia
  • Verdad, en ciertas teorías como la fregeana es una variante de la referencia

Y las relaciones son:

  • Designación
  • Correspondencia

El lenguaje se relaciona con la realidad a través de su función referencial y representadora. En esta función hay que colocar el ámbito explicativo de la semántica.

La teoría semántica de la verdad pretende recoger y precisar intuiciones que subyacen a las acepciones más generales del predicado o a sus usos mas comunes. La verdad es una relación entre el lenguaje y la realidad, que consiste, según nuestra intuición, en una relación de correspondencia, lo que se afirma es verdadero o falso según se corresponda o no a lo que realmente existe.

La teoría de la verdad de mayor aceptación es la del lógico polaco Tarski, transmitida en su ensayo La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, que presenta dos características primordiales:

  • Teoría definicional. Pretende precisar rigurosamente el significado de la expresión predicativa “es verdad”, al menos en la medida en que aplica a los lenguajes formalizados. Se diferencia así de las teorías de la verdad criteriales que pretenden especificar reglas para averiguar si algo es verdadero o no, por ejemplo la de los positivistas lógicos que hacían depender la asignación de valor veritativo del método (reglas) a seguir en la confrontación del enunciado con la realidad.
  • Teoría semántica. Pone en relación dos niveles: o Sintáctico, propiamente gramatical, se determinan los objetos a que es aplicable el predicado “es verdad”. o Ontológico, en el que reciben interpretación esos objetos.

Condiciones de una teoría de la verdad

Tienen que cumplir dos condiciones

  • Adecuación material. Marco de relaciones del lenguaje para el cual se está definiendo el predicado “es verdad” y el lenguaje al que pertenece ese propio predicado. Impone una restricción sobre la conexión entre el lenguaje objeto y el metalenguaje: han de seguirse enunciados de la siguiente forma: T.O verdadera si y sólo si p. Es decir, toda equivalencia de la forma T, obtenida reemplazando p por una oración particular, y O por un nombre de esa oración, puede considerarse una definición parcial de la verdad, que explica en qué consiste la verdad de esa oración individual. El requisito asegura la sensatez.
  • Corrección formal, en tres aspectos:
    • Diferenciación neta de niveles lingüísticos. Hace referencia a la distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje. El predicado semántico “es verdad” es metalingüístico y pertenece a un nivel diferente del de las oraciones a que se aplica. Si no se realiza esta diferencia obtenemos un sistema semánticamente cerrado con paradojas semánticas como la del mentiroso.
    • Categorías lingüísticas empleadas en cada uno de los niveles. El metalenguaje debe contener los medios expresivos suficientes para referirse al lenguaje objeto, ha de ser al menos tan rico expresivamente como el lenguaje-objeto y ha de poder formar nombres de las entidades pertenecientes a él. El lenguaje objeto está incluido en el metalenguaje en el caso de una lengua que funciona como metalenguaje de sí misma.
    • Especificabilidad de cada uno de los niveles. El lenguaje objeto para el que se efectúa la definición del predicado veritativo debe ser un lenguaje completamente especificado mediante la aplicación de reglas explícitas. Tarski no creía que existieran gramáticas de lenguas naturales lo suficientemente rigurosas como para cumplir este aspecto.

Contenidos de la teoría de la verdad de Tarski

Su objetivo era no utilizar términos semánticos no definidos. Todas las nociones semánticas deben ser definidas en términos semánticos más elementales y en última instancia empleando nociones puramente sintácticas. Es dudoso si lo consiguió o no aunque este requisito tiene mas que ver con preferencias filosóficas que con necesidades prácticas.

La definición de predicado veritativo consta de 4 pasos:

  • Especificación de la estructura sintáctica del lenguaje objeto. En un lenguaje lógico serían las reglas que determinan si una sucesión de símbolos es una expresión bien formada, en una lengua natural sería la gramática. El conjunto de expresiones bien formadas es infinito lo que obliga a que las reglas de formación sean recursivas.
  • Determinación de la estructura del metalenguaje. Debe contener al lenguaje objeto como parte. En el caso de dos lenguajes lógicos el metalenguaje ha de ser de un orden superior. Cuando se trata de lenguas naturales es necesario disponer de traducciones adecuadas del lenguaje objeto al metalenguaje. Además el metalenguaje ha de disponer de expresiones metalingüísticamente apropiadas para expresar la teoría de la verdad: variables metalingüísticas, expresiones lógicas adecuadas…
  • Definición del predicado “satisface en L”. Corresponde a la necesidad de Tarski de no emplear términos semánticos no definidos. En los lenguajes formales existen expresiones abiertas que no son ni verdaderas ni falsas. En las lenguas naturales, las expresiones que introducen indeterminación referencial que pueden variar de un contexto a otro son los pronombres. Las oraciones abiertas son satisfechas o no por un conjunto ordenado de elementos. La definición de satisfacción ha de ser recursiva.
  • Carácter absoluto dado por el hecho de que la teoría de la verdad del lenguaje forma está referida directamente al mundo real, modelo que se ha de utilizar para la interpretación del lenguaje formal o natural. Una oración es verdadera si es satisfecha por todos los objetos y falsa en caso contrario. La verdad es producto de la realidad en que se encuentran los términos en la oración y los objetos en el mundo.

Significado y condiciones de verdad: El programa de Davidson

A finales de los años sesenta, Davidson se dedicó a averiguar que condiciones debe satisfacer una teoría para que pueda considerarse una teoría del significado lingüístico. Y llegó a una serie de conclusiones.

  • Una de ellas es que debía poder derivar enunciados de la forma (S) O significa p donde O es una descripción de cualquier oración perteneciente a la lengua natural y p el significado de tal oración. La primera dificultad es establecer la potencia o capacidad de una teoría así, el número de oraciones (S) que es capaz de producir. Evidentemente es infinito, por lo que quedan excluidas las teorías semánticas que constituyen enumeraciones de oraciones emparejadas con sus significados. El requisito de completud exige teorías recursivas con un conjunto finito de reglas para la derivación del conjunto infinito de teoremas o enunciados (S). La recursividad es una contraparte de la creatividad o productividad de los hablantes, la capacidad para producir y entender cualquier oración significativa de su lengua. La posesión o asimilación de esos mecanismos recursivos es la que garantiza el aprendizaje de las lenguas.
  • Otra es que los significados de las oraciones dependen de los significados de las palabras, es decir, se refiere al principio de composicionalidad formulado por Frege, donde la descripción del significado de una oración ha de mostrar cómo contribuyen los significados de sus elementos al significado global de la misma, es decir, la teoría semántica ha de dar cuenta de la estructura combinatoria, tal descripción estructural exhibe la forma en que se combinan los significados en el seno de la oración.
  • El núcleo central del problema de la especificación del predicado “significa que p” en los enunciados (S) es la vaguedad de “significa que p” y la indeterminación de lo que p designa. El núcleo de la solución consiste en sustituir estas expresiones por otras equivalentes, que ejerzan la misma función y satisfagan idénticas condiciones. Dar el significado del predicado “significa que” es especificar otro predicado extensionalmente equivalente, sometido a las mismas restricciones.

El candidato mas evidente es el de verdad, las restricciones formales que Davidson exigió a la teoría del significado se corresponden prácticamente con las que Tarski enunció para la teoría de la verdad. El significado de una oración está determinado cuando se expresan sus condiciones de verdad. La peculiar metodología de Davidson al proponer una teoría del significado pretende ajustarse a intuiciones semánticas comunes, al menos en las oraciones declarativas donde conocer lo que significa una oración conlleva decir cuándo es verdadera.

Conocer las condiciones de verdad de una oración no es lo mismo que conocer su método de verificación, y esa es la distancia que separa la concepción semántica del significado de la teoría verificacionista del positivismo. Conocer las condiciones de verdad de un enunciado significa poder describir el hecho que hace verdadero a dicho enunciado, impensable sin la comprensión del enunciado.

Lo que propuso en definitiva fue tratar un problema intencional, el de la asignación de significado, en términos extensionales, en términos de la noción de verdad. Definir conceptos semánticos típicos de tal modo que su aplicación estuviera determinada por un conjunto de reglas claras y explícitas, conjunto recursivo de reglas que constituyen la teoría de la verdad para una lengua.

La propuesta de Davidson de considerar semánticamente explicativa la teoría de la verdad chocaba con dos objeciones de principio, aunque ninguna de ellas le pareció importante:

  • El carácter semánticamente cerrado de las lenguas naturales. En las lenguas naturales se pueden formar paradojas semánticas basadas en la indistinción de modelos semánticos, aunque según Davidson es un hecho marginal de escasa repercusión práctica ya que los problemas semánticos interesantes son bastante menos sofisticados.
  • La existencia generalizada de la ambigüedad. Aproximando cada vez más el lenguaje formal a las estructuras de la lengua natural, se irá consiguiendo simultáneamente la expresión de descripciones estructurales de las oraciones de la lengua natural y la formulación de sus condiciones de verdad.

La estrategia es enriquecer el lenguaje formalizado hasta hacerlo lo suficientemente expresivo como para representar la riqueza estructural propia de las lenguas naturales. Pero existen problemas de índole interna en la aplicación de su teoría semántica. Por ejemplo las dificultades de precisar una “descripción estructural” de una oración; una descripción sintáctica o gramatical no aportaría luz sobre la forma en que el significado de los componentes de la oración contribuyen a las condiciones de verdad. Sólo la estructura lógica muestra cómo contribuyen las partes de una oración a la fijación de sus condiciones de verdad:

  • En una oración simple mediante la conexión de sujeto y predicado
  • En una oración compleja mediante la semántica veritativa de las conectivas lógicas

De manera que por descripción estructural debe entenderse descripción de la forma lógica. El programa de investigación de Davidson consta de una parte analítica que consiste en la asignación de formas lógicas a las construcciones de la lengua natural. Parte de las lenguas naturales son susceptibles de una formalización más o menos directa. Pero la inmensa mayoría no pertenecen a esta clase, no existe una teoría lógica en la cual sean formalizables de una manera directa.

Demostrativos

El análisis de los demostrativos, elementos deícticos en general, desempeña un papel central en la teoría de la verdad.

Los demostrativos ponen de relieve que una teoría de la verdad para una lengua natural debe dar cuenta del hecho de que muchas oraciones varían de valor de verdad dependiendo del momento en que se pronuncian, del hablante y quizás incluso de la audiencia.

Los elementos deícticos son los elementos de la oración que hacen referencia directa al contexto o situación. No es posible determinar su referencia si no se tiene conocimiento de quién es el hablante, el oyente y la situación.

Resulta que es improbable que se pueda asignar condiciones de verdad fijas a oraciones de una lengua, incluso las que tienen como función describir hechos. La práctica totalidad de las oraciones de una lengua están sujetas a variabilidad de sus condiciones de verdad, originada por la presencia de elementos deícticos. Sin la precisión de la noción de contexto la verdad resulta indeterminada.

Subordinación completiva proposicional

La subordinación completiva en las lenguas naturales es muy frecuente. En este tipo de construcciones ya había advertido Frege las dificultades en la aplicación del principio de composicionalidad: el valor de verdad no constituía una función de la referencia de sus elementos componentes.

El enfoque de Davidson es ligeramente diferente, pero el problema de fondo es el mismo: la asignación de una forma lógica que prediga correctamente las condiciones de verdad de este tipo de oraciones.

Davidson propone considerar al pronombre relativo que como si fuera un demostrativo. El que apunta a modo de deíctico a una referencia, pero no tiene por qué ser una idea. Este análisis, que evita muchos de los inconvenientes de los propuestos por otros filósofos del lenguaje no carece a su vez de problemas, el principal de los cuales es precisamente el de la dificultad de determinar la equivalencia veritativa de dos proferencias sin acudir a la identidad de su significado.

Oraciones de acción

Las oraciones de acción incluyen un predicado que describe una acción realizada por un sujeto. El análisis lógico tradicional de estas oraciones les asignaba una forma relacional en la que el predicado de acción liga los diversos elementos entre los que se da la acción.

No resulta satisfactorio este análisis tradicional porque no da cuenta de ciertas inferencias intuitivamente correctas en la lengua natural. Para remediar esta deficiencia de las propuestas tradicionales, Davidson mantuvo que hay que entender estas oraciones como afirmaciones cuantificadas sobre eventos o acontecimientos. Esta estructura lógica admite variables sobre eventos, y puede reflejar la modificación adverbial de los complementos como predicados de tal evento.

Me encanta el aroma de la albahaca fresca, y de la hierbabuena ni te cuento. Mezclar las dos hierbas puede sonar un tanto osado, pero los resultados son muy interesantes. Si le añades tomillo fresco, entonces ya te puedes quedar en la verde y fresca gloria, sin contemplaciones.

Pasta larga y plana, los tagliatelle al nido son ideales para esta receta. Unos 60 gramos por persona, que tenemos segundo. La ración normal está entre 75 y 100 gramos, cada uno sabe lo que come…o debería ;).

El alma mater de este plato, como su nombre indica son las finas hierbas, pero frescas. No lo intentes con botecitos de especias secas porque el resultado será mucho más soso. Bueno, inténtalo si te hace ilusión, pero no es lo mismo ni de lejos.

Como hierbas vamos a añadir albahaca, hierbabuena y tomillo, insisto, todo fresco. Las hojas hay que separarlas de las ramas y limpiarlas bien. Secarlas y ponerlas en el vaso de la picadora.

Añadiremos también un par de dientes de ajo por persona, pelados y unos 3 o 4 tomates secos por persona. Todo a la picadora, para que quede una pasta. Si no tienes picadora, pues tira de cuchillo, y procura que los trozos sean lo más pequeño posible.

En una olla con abundante agua y un puñado de sal se ponen a cocer los tagliatelle, el tiempo dependerá del tipo de pasta, lo indica en el paquete así que no tienes excusa de no hacerla al dente. Una vez hervida se cuela para quitar el agua y se deja escurriendo.

Mientras, en una sartén o en la misma cacerola donde los hemos hervido cubrimos el fondo con AOVE y ponemos a calentar. Cuando esté el aceite caliente se añade la picada y removemos a fuego lento unos 5 minutos, para que el ajo sobre todo vaya cocinándose un poco.

Añadimos la pasta, recitificamos de sal y añadimos pimienta negra. Unas vueltas para que todos los tagliatelle se embadurnen bien con los aromas. Servirlos calentitos, recién hechos. Delicioso. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • Tagliatelle
  • Un ramo de albahaca fresca
  • Un ramo de hierbabuena fresca
  • un ramito de tomillo fresco
  • Unos dientes de ajo
  • tomates secos
  • Sal, pimienta, AOVE

MANUFACTURA

  • Se cuece la pasta al dente con algo de sal
  • Se pica las hojas de albahaca, las de hierbabuena, las de tomillo, los ajos y el tomate seco, todo en la procesadora para que quede bien picadito. Si no a mano, pero todo lo más fino que puedas cortar.
  • Se sofríe lentamente en AOVE
  • Cuando empiece a oler rico rico, unos 5 minutos, se añade la pasta cocida y se salpimenta
  • Servir inmediatamente

Introducción

La obra filosófica de Quine es heredera directa de la tradición analítica de Frege y Russell, se desenvuelve a partir de profundas investigaciones en la lógica. La lógica en la obra de Quine es:

  • Paradigma de teoría científica, núcleo regulador de nuestros sistemas de creencias
  • Instrumento metodológico fundamental en el tratamiento de los problemas filosóficos.

La concepción general de la obra de Quine se define mediante las siguientes características:

  • Monismo. Es la articulación mas elaborada de una ontología no cartesiana que concibe la realidad como un ámbito homogéneo, atacando las teorías que implicaban posturas dualistas o pluralistas. Adversario acérrimo del innatismo chomskyano.
  • Materialismo. La homogeneidad de la realidad es una homogeneidad de lo material, lo único que existe en la ontología que propone son los objetos físicos.Como consecuencia se adopta una postura naturalista en teoría del conocimiento. Sólo existe una clase de conocimiento de la realidad, el científico; el común o el filosófico son corolarios del primero.
  • Empirismo. Lo denomina empirismo relativo. Combina una concepción globalista u holista del conocimiento científico con una psicología conductista refinada, empirismo al que se han adscritos sus tesis sobre la adquisición del conocimiento, tanto las de pertenecientes a la teoría de la ciencia como a la teoría del aprendizaje. Cualquier creencia se encuentra sujeta a revisión, nada es inmune al cambio. Dentro de los problemas filosóficos tratados, tienen un lugar preeminente los lógicolingüísticos.

Expuso su tesis en dos ámbitos:

  • De la teoría del significado. Trató de demostrar que la noción de significado es confusa e innecesaria para la semántica. Con ello pretende invalidar las ontologías derivadas de esta forma de concebir la dimensión semiótica del lenguaje.
  • De la teoría de la referencia. Combina una teoría muy elaborada del aprendizaje lingüístico con una ontología materialista. La forma en la que concibe la relación del lenguaje con la realidad constituye el núcleo de las reflexiones lingüísticas de Quine, cree que dio una explicación de la naturaleza y el funcionamiento del lenguaje. En filosofía del lenguaje se opone tanto a posturas esencialistas o intensionalistas (Kripke, Putnam), o al mentalismo (Chomsky).

La crítica de la epistemología empirista clásica

Los dos artículos mas conocidos de Quine en su primera etapa filosófica son “On what there is” (Sobre lo que hay) y “Two dogmas of empiricism”, en ellos aborda problemas ontológicos y epistemológicos, pero con su característica metodología lógico-lingüística, que se basa en lo que Carnap denominaba ascenso semántico.

Consiste en tratar los problemas de la estructura o el conocimiento de la realidad examinando la estructura lógica y semántica de los enunciados en que hacemos afirmaciones sobre la realidad o en los que expresamos nuestro conocimiento de ella. “On what there is” pretende demostrar la falacia de los que defienden que existe todo aquello que nombramos, ellos mantienen que si no existiera aquello que nombramos no estaríamos hablando de nada, resultaría absurda cualquier afirmación.

Pero esta línea de argumentación se basa en la confusión entre nombrar y significar. Considerar que los significados son entidades o acontecimientos mentales es una solución psicologista que también rechaza. El problema se halla en que el lenguaje nos impulsa a deificar los significados, como si fueran objetos. Tendemos a considerar que una expresión es significativa si tiene un determinado objeto abstracto al que denominaremos significado, pero esto es una forma contundente de hablar, es una metáfora desafortunada porque puebla nuestra ontología de entidades abstractas de carácter innecesario.

Quine rechazará las nociones intensionales y las de significado; muestra que todas las afirmaciones que en semántica se hacen al respecto se pueden reinterpretar de modo que no nos veamos obligados a admitir tales entidades teóricas. Tratará de reconstruir el predicado semántico básico, tener significado, de modo que no postule los significados como entidades independientes. Su estrategia será similar a la del nominalista frente al problema de los universales: o no admiten que existen entidades que comparten los miembros de una clase o admiten que los miembros de esa clase se parecen en uno u otro sentido “Two dogmas of empiricism”. La analiticidad es una propiedad semántica derivada de la noción de significado y ésta última se verá afectada por el cuestionamiento crítico de la primera.

Quine examinó las creencias básicas de la epistemología positivista:

  • Las basadas en cierta distinción fundamental entre verdades que son analíticas basadas en significaciones y sintéticas basadas en hechos.
  • Todo enunciado que tenga sentido es equivalente a alguna construcción lógica basada en términos que refieren a la experiencia inmediata.

Entre las oraciones analíticas hay que distinguir dos clases: las oraciones lógicamente verdaderas y las oraciones propiamente analíticas. Se conectan con las anteriores a través de la sinonimia: se puede obtener una oración lógicamente verdadera sustituyendo un término de la oración propiamente analítica por otro sinónimo.

Pero esta caracterización de la analiticidad está sujeta a los problemas de la noción de sinonimia. La lógica nos proporciona una definición precisa de oración lógicamente verdadera y la noción de sinonimia está sujeta a los mismos problemas que la del significado. Una alternativa plausible sería que los enunciados lógicamente verdaderos se pueden transformar en analíticos acudiendo a las definiciones del diccionario o a postulados de significado.

Si tal proceder está justificado en lógica, no sucede lo mismo en semántica, ya que las definiciones no son estipulaciones, sino que constituyen afirmaciones sobre hechos y como tales se encuentran fundamentadas y sometidas a contrastación empírica. El problema es encontrar esas instancias justificadoras de la definición.

Se han barajado la identidad de contenido conceptual y la de identidad de uso. Quine, como rechaza la necesidad de las entidades teóricas denominadas “conceptos”, se inclina por la identidad de uso, siempre que se dote de significado preciso a la noción de uso lingüístico. Uno de los posibles modos de entender identidad de uso es la intercambiabilidad salva veritate, ya utilizada por Frege en sus argumentaciones semánticas. Así dos expresiones serían sinónimas si fueran intercambiables en todo contexto oracional salva veritate sin que se alterara el valor de verdad del enunciado, tratándose entonces de una sinonimia cognitiva.

Se produce entonces un razonamiento circular: por una parte se emplea la sinonimia para determinar la clase de los enunciados propiamente analíticos y por otra, se introduce subrepticiamente la noción de analiticidad en la definición de sinonimia. En consecuencia, las nociones de sinonimia y analiticidad están tan estrechamente unidas que es difícil dotarlas de un sentido preciso independiente. No se dispone más que de nociones intuitivas que no son suficientes para trazar una línea divisoria clara entre los enunciados analíticos y sintéticos. Pero la necesidad de establecer esa línea es un supuesto dogmático del empirismo lógico: la idea de que en el ámbito dogmático del conocimiento científico se puede establecer una clasificación de las ciencias en ciencias formales y empíricas, diferenciándose por estar sometidas a diversos procedimientos de contrastación.

  • En las ciencias formales no tendría un componente fáctico, sino puramente lingüístico, dependiendo de la verdad de los enunciados de las relaciones formales internas con otros elementos de la teoría.
  • En las ciencias empíricas, el sentido de los enunciados estaría determinado por la forma en que se confrontan con la realidad

En este ensayo Quine demuestra que la teoría del significado como procedimiento de verificación es radicalmente inadecuada incluso para los enunciados de las teorías científicas, y no puede constituir la base de una definición adecuada de sinonimia y analiticidad, por lo que no es posible trazar ninguna línea divisoria, la ciencia constituye un todo indivisible en el cual las afirmaciones no se ponen en relación con la experiencia de forma aislada y directa.

La fundamentación conductual de la semántica

La semántica tradicional en sentido amplio admite que existen ciertas entidades denominadas significados y diferentes autores adscriben diferente estatuto a estas entidades. En la filosofía contemporánea del lenguaje son dos las concepciones predominantes:

  • Entidades de carácter objetivo y abstracto, expresadas o aprehendidas por los hablantes cuando se comunican. Los conceptos y las proposiciones son entidades de este tipo que se han identificado con los significados de las expresiones lingüísticas
  • Entidades psicológicas, estados de la mente. Cada expresión lingüística está asociada a una entidad psicológica de esta clase y la comprensión consiste en que se puede atribuir al individuo la posesión de esa entidad: su situación en ese estado.

La crítica de Quine a los conceptos clásicos de sinonimia y analiticidad pone en cuestión estas fundamentaciones intensionalistas o psicológicas de la semántica. Según Quine, la apelación a entidades con difíciles criterios de identificación o irreductiblemente inaccesibles coloca a la semántica fuera del ámbito de la ciencia. La semántica ha de progresar sobre la base de entidades observables y públicas, es decir, sobre las conductas de los hablantes.

La comunicación lingüística productiva y receptiva, es ante todo una forma reglada de conducta. La construcción de la semántica requiere no la determinación de los significados, sino la especificación de las relaciones, en particular la de sinonimia, bajo criterios de comportamiento observable. La elaboración de la semántica tiene que estar dotada de una perspectiva genética: proponer una teoría semántica equivale a plantear una explicación de cómo se aprende a usar el lenguaje y relacionarlo con el mundo.

En este sentido, Quine va paralelo a Chomsky: la adecuación descriptiva de las teorías semánticas ha de ser completada en su dimensión explicativa con un modelo de aprendizaje lingüístico. Pero en Quine tal modelo no se propone hipotetizando mecanismos innatos, sino tratando de establecer un puente entre los estímulos y la conducta observable de un niño que aprende a utilizar su lengua. En su teoría juega un papel central el concepto de estimulación y de significado estimulativo.

El mecanismo básico de cualquier tipo de aprendizaje es el refuerzo, positivo o negativo. Reforzado positivamente todo uso que tiende a la intersubjetividad y castigado todo lo que propende a la privacidad. El uso principal del lenguaje es la comunicación, y ésta no sería posible sin la regularidad y la homogeneidad en la aplicación de los términos, las utilizaciones privadas de las expresiones se extinguen rápidamente. Ese proceso de reforzamiento continuo se encuentra en la base del proceso de socialización lingüística.

Con respecto a los inicios del aprendizaje, no se aprenden palabras aisladas, sino que o bien se aprenden en el contexto de una oración o equivalen por sí solas a una oración. La mayor parte de las expresiones se aprenden por abstracción porque no pueden ponerse en correspondencia directa con estímulos del entorno. Esto sucede en el aprendizaje de términos sincategoremáticos (que ejercen en la frase oficios determinativos, modificadores o de relación), pero también sustantivos o predicados que designan realidades o relaciones abstractas.

Para explicar adecuadamente el aprendizaje en términos observables es preciso diferenciar entre los diversos tipos de expresiones que se aprenden y los diferentes modos en que se efectúa la asimilación de su uso. El proceso de aprendizaje puede incluir la generalización analógica o la inducción, pero el núcleo básico está ligado a algo que es exterior al lenguaje mismo, los estímulos procedentes del entorno. El inicio del aprendizaje se produce cuando el niño, mediante condicionamiento directo, aprende a asociar ciertas expresiones con ciertos estímulos.

El modo en que aprende a utilizar estas palabras no es sencillo: En primer lugar ha de aprender su significado estimulativo (conjunto de estimulaciones que inducirán al asentimiento o la discrepancia a un término por parte de un hablante en un momento de tiempo) a través del condicionamiento. El niño aprende mediante refuerzo positivo y negativo ese significado, las estimulaciones apropiadas activan las disposiciones a comportarse de una u otra forma. Si el niño no tuviera la capacidad de comparar, difícilmente podría averiguar el significado estimulativo de un término.

Para que pueda realizar tal comparación, es necesario la existencia de un marco donde ésta se realice, el espacio cualitativo lingüístico, único componente de carácter innato que Quine admite, su función es determinar la base de semejanza entre diferentes estimulaciones. La base de semejanza es lo que comparten los miembros del conjunto significado estimulativo de una expresión, pero no determina una propiedad necesaria y suficiente para la pertenencia a ese conjunto.

En última instancia siempre existe un residuo de indeterminación, pero el niño aprende a reducirlo a límites socialmente aceptables para que nunca imposibilite la comunicación. Las primeras palabras que se aprenden son equivalente a enunciados observacionales y a sentencias ocasionales, que son opuestas a las fijas y son las que provocan una reacción de asentimiento o discrepancia en presencia de la estimulación y de forma variable. La distinción es de grado.

En el primer período de su aprendizaje lingüístico, el niño asocia las palabras con sensaciones o estímulos, pero sin diferencias categorías ontológicas en su entorno. El niño no distingue entre un objeto, propiedad o relación, o entre término singular y general. La noción de objeto tiene que construir con ayuda del lenguaje, tiene que aprender qué términos son de referencia dividida y de referencia continua o de masa. En la percepción de ciertos estímulos como correspondientes a objetos parece haber una base innata o genética que ha de plasmarse en el aparato referencial de la lengua, que consiste esencialmente en el conjunto de recursos gramaticales que tiene la lengua para trocear la realidad de modo consistente con nuestras predisposiciones innatas a percibir objetos y demás.

Su aprendizaje consiste en el aprendizaje del manejo de la individuación, hay que distinguir los términos generales de los singulares. Pero la distinción no es algo que imponga la naturaleza de nuestra percepción de la realidad, sino la forma lingüística con la que asociamos tal experiencia. Por lo tanto general y singular no son propiedades ontológicas de lo referido por las respectivas expresiones, sino que constituyen características funcionales de estas expresiones.

Inescrutabilidad de la referencia e indeterminación de la traducción

La semántica tradicional tiene desde el punto de vista científico un inconveniente fundamental: explica hechos observables, mediante mecanismos inobservables postulados para esa explicación y cuya existencia no está comprobada independientemente. Por eso Quine cree que la semántica ha de alcanzar el estatuto de la cientificidad mediante un uso exclusivo de explicaciones pública e intersubjetivamente contrastadas.

Las explicaciones lingüísticas consistirán en las regularidades conductuales observadas y debidas a una predisposición innata para procesar los datos del entorno y a mecanismos básicos del aprendizaje como el condicionamiento operante y los procesos de generalización inductiva. Quine propone un problema que entraña la teoría del aprendizaje lingüístico: la correspondencia entre la conducta lingüística y sus fuentes causales, los estímulos del entorno son recibidos y procesados por un individuo que pertenece a una sociedad y una cultura que desempeña un papel fundamental.

La teoría implica una cierta indeterminación en la correspondencia entre usos lingüísticos y estímulos y supone cierta dificultad en explicar la homogeneidad de dichos usos acudiendo únicamente a regularidades en la naturaleza y procesamiento de los estímulos que se encuentran en su origen causal. El cambio de perspectiva en el tratamiento de la dimensión semántica del lenguaje es total. Las nociones típicamente semánticas como la analiticidad o la sinonimia ya no se pueden tratar en términos de propiedades o relaciones de objetos.

Tener significado no consiste en poseer asociado un concepto o una idea, sino en estar en correspondencia con cierta clase de estímulos. Ser sinónimos ya no consiste en compartir el mismo objeto, sino en constituir respuestas verbales adecuadas a una misma clase de estímulos.

Para poner de relieve esta relatividad Quine considera el caso de la traducción, que se basa en la relación de sinonimia. Desde el punto de vista conductista, la traducción ha de preservar la correspondencia entre estímulos y respuestas verbales. El problema que plantea Quine pasa inadvertido entre culturas lo suficientemente parecidas.

Las regularidades en el uso intralingüístico se pueden explicar en última instancia por la uniformidad en los procesos de condicionamiento verbal. Pero en dos culturas muy alejadas, para reducir la indeterminación, el lingüista acudirá a criterios conductuales. La fundamentación científica de la semántica se basa en la presunción de que, durante el aprendizaje lingüístico podemos establecer las conexiones adecuadas entre palabras y elementos del entorno, pero ¿cómo los aislamos?, mediante el dominio progresivo de nuestro aparato referencial, de los medios expresivos que nuestra lengua posee para hablar de los objetos y distinguirlos entre sí.

La inescrutabilidad de la referencia consiste en la imposibilidad de llegar a conclusiones absolutamente seguras cuando se traducen términos de lenguas cuyo aparato de individuación puede ser muy diferente del propio. Estrechamente ligada a la indeterminación en la traducción, lo que pone de relieve que la identidad es relativa a un sistema de coordenadas: el aparato lingüístico de individuación. Este es uno de los sentidos de la relatividad ontológica que Quine mantiene: qué sean los objetos depende radicalmente de los recursos expresivos que nuestra lengua posea para discriminar objetos.

Coliflor gratinada, con una salsa de ajo…espeluznamente buena 🙂

La coliflor es bastante versatil, pero tiene un aroma y un sabor muy peculiar, y esta forma de prepararla no lo enmascara en absoluto. Solo lo potencia con el contraste de la salsa, así que te tiene que gustar la coliflor para disfrutar de estos sabores.

Partimos de una coliflor mediana, fresca y hermosa. Le quitamos las hojas verdes y los tallos y la partimos en arbolitos, cuyo tamaño dependerá de cómo nos guste la coliflor y cuanta salsa queramos que las embadurnen. Se cuecen los arbolitos de coliflor al vapor, en el horno de vapor son 20 minutos. La textura tiene que ser crujiente, aunque estén algo blandas.

Mientras se cocina la coliflor preparamos la salsa. En primer lugar en un cazo hervimos unos dientes de ajo, unos 10 o 12, en abundante agua. Unos dos minutos. Sacamos los dientes del agua y los pelamos. En el mismo cazo se cubre el fondo con AOVE y los dientes de ajo, pelados y enteros se confitan a fuego muy lento, hasta que estén bien dorados y tiernos.

Aprovechando el mismo cazo y el aceite de freír los ajos, echamos una cucharada sopera de harina de garbanzos, y empezamos a remover. Añadimos sal, pimienta negra molida y unas raspaduras de nuez moscada. Seguimos removiendo a fuego lento hasta que la harina empiece a tostarse y a emitir un aroma característico a garbanzo frito.

Entonces es el momento de incorporar leche desnatada poco a poco, sin parar de remover, para que no se hagan grumos. La cantidad dependerá de lo líquido que queramos la salsa.

Cuando más o menos tengamos la textura que nos gusta añadimos los ajos ya fritos y dejamos un par de minutos hirviendo a fuego muy lento y sin parar de mover para que no se pegue.

Por último pasamos la salsa por la batidora para batir todos los ajos y mezclarlos con el resto de ingredientes.

Las coliflores se ponen en una fuente resistente al horno y se cubre con la salsa de ajo. Se mete en el horno a gratinar hasta que la salsa empiece a dorarse.

Servimos inmediatamente, con la salsa calentita. Es un plato que está delicioso. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES:

  • 1 coliflor mediana
  • una cabeza de ajo
  • 1 cucharada de harina de garbanzos
  • Un vaso de leche desnatada
  • un poco de nuez moscada
  • Sal, pimienta y AOVE

MANUFACTURA

  • Partir la coliflor en ramilletes y ponerlos al vapor
  • Poner los dientes de ajo sin pelar en una cacerola pequeña, cubrirlos con agua fría y hervirlos durante 2 minutos. Escurrir, dejarlos enfriar un poco y pelarlos.
  • En una sartén con aceite caliente se añaden los dientes de ajo pelados, y a fuego lento se van confitando, lentamente, hasta que se pongan tiernos, unos 10 minutos o algo más
  • Una vez tiernos y dorados los escurrimos y los dejamos reservados.
  • En el mismo aceite de confitar los ajos ponemos una cucharada de harina y removemos durante 1 minuto, hasta que se dore
  • Añadimos poco a poco la leche fría hasta conseguir una crema suave y sin grumos
  • Agregamos los ajos confitados y lo dejamos hirviendo a fuego muy bajo durante otros 10 minutos.
  • Salpimentamos y trituraramos la crema de ajos hasta conseguir una salsa suave, rectificar ahora de sal y pimienta si fuera necesario.
  • Colocar la coliflor en un recipiente apto para el horno y salpimentarla. Verter por encima la salsa
  • Gratinar unos minutos hasta que la salsa esté dorada. Servir inmediatamente

Hasta llegar a la concepción semántica

Podríamos establecer tres etapas principales en el desarrollo de la filosofía de la ciencia. En cada uno de estos períodos prevalece una determinada concepción de la naturaleza y estructura de las teorías científicas.

  • Período clásico, hasta finales de los años sesenta. Durante este periodo se establece la llamada Concepción Heredada, representado por autores como Carnap, Reichenbach, Popper, Hempel, Nagel, etc. Su tarea fundamental es reconstruir la estructura lógica de las teorías científicas de acuerdo con el ideal de la unidad de la ciencia. Se trata de una concepción axiomática, las teorías como sistemas axiomáticos empíricamente interpretados, característica del movimiento del empirismo lógico. Sus componentes básicos son:
    • el método de reconstrucción axiomática de las teorías científicas en el marco del lenguaje formal de la lógica (predominantemente de la lógica clásica),
    • la distinción en los lenguajes de la teoría empírica entre términos (y enunciados) teóricos y términos (y enunciados) observacionales,
    • el conjunto de tesis epistemológicas (fenomenalismo, empirismo, etc.) con las que se intenta resolver el problema de las relaciones entre el lenguaje de las teorías y la realidad a la que se refieren.
  • Período historicista o pos-analítico. Iniciado en los sesenta y dominante durante los setenta y principios de los ochenta. Autores representativos son Hanson, Kuhn, Lakatos, Feyerabend, etc. Se trata de una concepción donde se ven las teorías como proyectos de investigación. Pone de relieve una serie de características del enfoque clásico que ahora son vistas como limitaciones del mismo: la reducción de las teorías científicas a entidades lingüísticas y  la problemática metacientífica al llamado contexto de justificación. La ciencia aparece como una empresa compleja, no reducible a su dimensión estrictamente lingüística (que, sin embargo, no se niega), sino inserta en el resto de la cultura y de las actividades sociales, y dotada de un carácter esencialmente dinámico y autotransformador. Adquiere una importancia especial el problema del cambio de significado de los términos y proposiciones científicas a lo largo del desarrollo de la ciencia. El reto que plantean las teorías de Kuhn y Feyerabend a la filosofía de la ciencia, y que comparten con autores como Hanson, Toulmin, y el último Lakatos, es el reto de la propia racionalidad del cambio científico y, paralelamente, el del estatuto filosófico de la propia teoría de la ciencia.
  • Período semanticista. A finales de los setenta y en los ochenta, aunque algunas versiones venían desarrollándose desde bastante antes, se extiende y acaba imponiéndose en general una nueva caracterización de las teorías científicas que se ha denominado Concepción Semántica de las Teorías. En realidad no se trata de una única concepción sino de una familia de ellas que comparten algunos elementos generales relativamente unitarios en comparación con las caracterizaciones de la Concepción Heredada. A esta familia pertenecen, entre otros:
    • Suppes, su pionero en los cincuenta, y su escuela de Stanford, anticipando las ideas y métodos conjuntistas y probabilistas;
    • Van Fraassen (concepción espacio de estados), Giere y Suppe en EEUU; Van Fraassen en concreto ha aportado su conocida concepción semántica de las teorías, que ha aplicado al análisis de la mecánica cuántica. Mosterin y Torreti han hecho también contribuciones en esta dirección. 
    • La concepción estructuralista (o concepción no enunciativa) de las teorías, iniciada en EEUU por Sneed y desarrollada en Europa, principalmente, por Stegmüller, Moulines y Balzer. Las teorías no son colecciones de proposiciones ni de enunciados, sino que más bien son entidades extralingüísticas que pueden ser caracterizadas o descritas por medio de formulaciones lingüísticas diferentes.

Las dos primeras concepciones, clásica e historicista, son familiares a filósofos y científicos desde hace algún tiempo. La concepción semántica, aunque es más moderna, puede contemplarse ya con suficiente perspectiva histórica.

El efecto de la irrupción historicista fue doble. Por un lado, la mayoría de los filósofos de la ciencia, sensibles a esta nueva perspectiva concluyeron que la complejidad y riqueza de los elementos involucrados en ella escapa a cualquier intento de formalización. No sólo las formalizaciones al estilo de la Concepción Heredada son totalmente inadecuadas para expresar estas entidades en toda su complejidad, sino que no parece razonable esperar que cualquier otro procedimiento de análisis formal pueda capturar los elementos mínimos de esta nueva caracterización.

Esta es la moraleja antiformalista que se extendió en muchos ambientes metacientíficos tras la revuelta historicista. Como consecuencia, a la estela de estos filósofos se desarrolla toda una rama de los science studies (con importantes, aunque puntuales, antecedentes antes de los sesenta) que se centra en el estudio de los determinantes sociales de la ciencia apoyándose en una considerable investigación empírica.

Esta línea de investigación culmina con el asentamiento durante los ochenta de la sociología de la ciencia como disciplina. Esta no fue sin embargo la reacción en toda la comunidad metacientífica. Asimiladas las contribuciones incuestionables de los historicistas y expurgados sus principales excesos, se recupera durante los setenta la confianza en la viabilidad de los análisis formales o semiformales de la ciencia, al menos en algunos de sus ámbitos, entre ellos el relativo a la naturaleza de las teorías.

Enfoque sintáctico versus enfoque semántico

El enfoque semántico apuesta porque las teorías científicas quedan mejor comprendidas como conjuntos de modelos en el sentido matemático abstracto, que como conjunto de enunciados. Esta observación no demuestra, desde luego, que no se pueda obtener una comprensión adecuada de las teorías a partir del análisis de las formulaciones lingüísticas de las mismas, pero indica que es probable que un enfoque semejante produzca una imagen distorsionada de la naturaleza de las teorías científicas.

En este sentido, es evidente que los enfoques semánticos, no sólo sintácticos, a la hora de analizar teorías constituyen una alternativa válida a la de la Concepción Heredada y a la de los análisis weltanschauungísticos (como por ejemplo los de Kuhn y Lakatos) que se quedan en la mera formulación lingüística.

A la Concepción Heredada, que veía la teoría empírica como conjunto de enunciados, Van Fraassen la denominó enfoque sintáctico-axiomático, en contraposición al enfoque semántico.

Dentro del enfoque sintáctico las teorías científicas se conciben como cálculos formales o sistemas formales axiomáticos parcialmente interpretados mediante reglas de correspondencia que relacionan los términos teóricos con los términos observacionales.

La principal dificultad a la que se enfrenta el enfoque sintáctico es su dependencia lingüística, en la implicación que establece al afirmar que las teorías son entidades lingüísticas. En ellas todo cálculo formal está asociado con un sistema sintáctico, se encuentra bajo el yugo de la sintaxis de un lenguaje.

En la práctica científica, está claro que se puede tener dos formulaciones de una misma teoría. Si nos atenemos al enfoque sintáctico, hablar de dos formulaciones diferentes implica hablar de sintaxis diferentes y dos formulaciones en este enfoque significa dos teorías distintas. Así, por ejemplo, desde el enfoque sintáctico las formulaciones lagrangiana y hamiltoniana de la mecánica clásica de partículas contarían como dos teorías distintas.

El enfoque semántico supera esta deficiencia asimilando una teoría con una entidad no lingüística, con un conjunto de modelos. Esta sería la concepción semántica estándar de Suppes.

Una figura clave y significativa de este enfoque semántico es, por tanto,  la de Patrick Suppes. A él se debe la idea de sustituir la axiomatización de una teoría mediante un sistema formal, al que luego se le busca una interpretación adecuada, por la definición semiformalizada de un predicado conjuntista.

La discusión en torno al uso de modelos en las ciencias empíricas encuentra también en Suppes una posición característica: aquella que consiste en considerar tanto los sistemas físicos idealizados de los que se ocupan las teorías científicas, cuanto los sistemas de datos que sirven para su comprobación y contrastación, como modelos de estructuras abstractas definidas conjuntistamente.

Enfoque estructuralista

En filosofía de la ciencia se conoce como Estructuralismo al programa de reconstrucción de las teorías físicas propuesto por Sneed y reelaborado y divulgado por Stegmüller y Moulines. El estructuralismo establece una síntesis del aparato formal de Suppes, del racionalismo crítico y del positivismo lógico con la corriente historicista de la ciencia.

Moulines propone una definición recursiva de la filosofía de la ciencia como teorización sobre teorizaciones, cuya epistemología no es descriptiva, ni prescriptiva, sino interpretativa. Las teorías de la ciencia son construcciones culturales, pero ello no implica que la filosofía de la ciencia sea sustituida por una sociología de la ciencia. Para Moulines, el estructuralismo es esencialmente una teoría acerca de las teorías científicas, acerca de su identidad, estructura, relaciones mutuas y evolución.

Dos son las obras claves del estructuralismo: “An Architectonic for Science” de Balzer, y “Logical Structure of Mathematical Physics” de Sneed, libro que va a constituir sin duda un hito fundamental en la evolución de la actual filosofía de la ciencia.

El objetivo de esta obra es proporcionar un método de análisis de las teorías científicas alternativo al punto de vista tradicional de los herederos del Círculo de Viena y dentro de un espíritu común a los partidarios del enfoque semántico. Aunque escrito solamente con la pretensión de que el sistema interpretativo valga para las teorías altamente formalizadas de la física matemática (el material real de cuyo análisis se ocupa es la mecánica clásica de partículas según la axiomatización de McKinsey, Sugar y Suppes), las ideas que desarrolla parecen generalizables a otros tipos de ciencias.

El último capítulo dedicado a la dinámica de las teorías científicas constituye un intento de respuesta a los problemas planteados por la nueva filosofía de la ciencia, especialmente por Kuhn, a propósito del cambio científico. No es extraño, pues, que el mismo Kuhn reconozca que con el aparato analítico de Sneed se puede por fin decir de manera precisa lo que él mismo expuso en términos fundamentalmente intuitivos.

La idea de que el formalismo de Sneed constituye el nuevo marco de referencia obligado para tratar filosóficamente el problema de la estructura y el cambio de las teorías científicas debe su difusión a la insistencia con que Stegmüller la ha desarrollado.

La idea fundamental de este nuevo enfoque de la filosofía de la ciencia se puede enunciar así: una teoría científica consta de dos componentes principales, un núcleo K y conjunto I de aplicaciones propuestas (intended) de la teoría. K es una estructura matemática; I es el conjunto de sistemas que constituyen modelos de K.

Analizar una teoría científica es poner de manifiesto su estructura matemática o núcleo estructural, así como localizar el conjunto de sus aplicaciones. De esta manera se combinan en la teoría de la ciencia el análisis formal y la tarea histórico-pragmática de localizar las aplicaciones paradigmáticas que constituyen un componente esencial de la teoría.

El análisis de Sneed permite distinguir claramente entre las proposiciones que figuran en la exposición o el uso de una teoría y la teoría misma. Una teoría es un compuesto de un núcleo estructural abstracto más un conjunto de pretendidas aplicaciones de ese núcleo a sistemas físicos.

La propuesta de Sneed es relativizar el término teórico, transformándolo en «teórico para una teoría T dada»; es decir no se hablará de términos teóricos frente a términos observacionales, sino simplemente de términos «T-teóricos» o teóricos en relación con la teoría T, y de términos «no T-teóricos» es decir no teóricos en relación con la teoría T.

La definición que se propone para T-teórico es esta: una función f se considera teórica respecto a una teoría T (T-teórica) si la determinación de los valores de f supone la validez de la teoría T.

Esta definición de teoricidad pone de manifiesto el problema básico que plantea la presencia de términos teóricos: si el valor de una afirmación empírica en que aparece un término T-teórico depende de la validez de la teoría y ésta sólo se puede establecer estableciendo la validez de sus afirmaciones empíricas estamos condenados al círculo vicioso, o al regreso al infinito.

Desde el momento en que una teoría no es equivalente al conjunto de sus afirmaciones empíricas, sino que es una estructura abstracta más, un conjunto de aplicaciones históricamente dadas, no se puede hablar propiamente de refutación de una teoría (en realidad de un núcleo teórico o paradigma).

Esto no implica, sin embargo, conceptualizar la labor del científico normal como una tarea acrítica: el científico en un período normal es perfectamente racional dentro de su paradigma cuando trata de encontrar expansiones del núcleo de su teoría y del conjunto I de sus aplicaciones.

Desde este punto de vista es posible el progreso científico dentro de un paradigma como una forma de progreso «normal».

El desarrollo normal de una teoría consiste en la expansión de su núcleo mediante leyes específicas y la expansión del conjunto de las aplicaciones; en tal caso se puede hablar de un progreso científico en el seno de un mismo paradigma en el sentido de Kuhn o de un mismo programa de investigación en el sentido de Lakatos.

Las revoluciones científicas de que habla Kuhn pueden entenderse como progresos científicos si la teoría desplazada se puede reducir a la nueva teoría. Se puede hablar así no de progreso absoluto y acumulativo de la ciencia sino de un progreso relativo a una determinada línea de desarrollo.

En todo caso, en la operación de desplazamiento de teorías puede haber un componente práctico (o pragmático) cuya caracterización tendría que ver más con la lógica de la decisión que con la de la racionalidad teórica. Una de las aportaciones más significativas de este enfoque de la estructura de las teorías científicas consiste en haber puesto de relieve lo que podríamos llamar el aspecto constructivista de la teorización científica.

Inventar una teoría es construir una estructura y proponer un conjunto de aplicaciones. Sneed tiene el mérito evidente, señalado por todos, de haber proporcionado instrumentos analíticos poderosos para dilucidar los aspectos lógicos presentes en la historia del desarrollo científico, hasta el punto de que hoy puede parecer anticuada la pregunta del debate entre Kuhn y Popper.

 Tenemos que decir, sin embargo, que no es ésta la única manera de superar los planteamientos analíticos clásicos ni de integrar las aportaciones de la filosofía postanalítica de la ciencia.

Introducción

La obra de Putnam y Kripke comparten un conjunto de concepciones semánticas de partida. Su núcleo lo constituye un conjunto de tesis sobre la referencia de tipos de expresiones lingüísticas y se extraen aplicaciones a problemas de otras disciplinas filosóficas. La teoría de la referencia de los nombres propios de Kripke está ligada a la defensa del esencialismo y el rechazo del materialismo. En Putnam, tanto la filosofía de la psicología como la epistemología configuran lo que se conoce como realismo interno. La obra de Kripke está basada en una teoría de la referencia que tiene su origen en el análisis de los nombres propios. Las tesis semánticas de Putnam surgen de su análisis de los nombres comunes, de los términos generales y en particular aquellos que designan lo que se conoce como clases naturales. La dimensión puramente semántica de su obra analiza cómo se produce la referencia de los nombres comunes, cuáles son sus condiciones de posibilidad y las consecuencias que se pueden extraer de ello.

La crítica del análisis tradicional

En 1970, Putnam demuestra en “Is semantic possible?” que:

  • Las teorías tradicionales del significado son incapaces de dar cuenta de las propiedades semánticas de este tipo de términos.
  • Los lógicos formalizan las teorías tradicionales del significado incorporando errores conceptuales en los que se encuentran inmersas
  • Los lingüistas semánticos originan nueva terminología pero sin corregir errores.

Según Putnam el significado viene dado mediante una conjunción de propiedades tales que han de constituir un análisis del concepto ligado al término; no pueden consistir en propiedades que describen el concepto en su conjunto. La posesión de tales predicados es lo que determina que una entidad individual caiga bajo un determinado concepto. En términos más modernos, la estructura del concepto entendida como conjunción de predicados, determina su extensión, en el sentido de Carnap, es decir, conjunto de individuos a los cuales se aplica.

  • Desde el punto de vista epistemológico las propiedades que constituyen un concepto son los criterios para su aplicación correcta.
  • Para el positivista verificacionista, las propiedades que se apliquen a un objeto pertenece o no a una determinada extensión conceptual.
  • Para los semánticos seguidores de Wittgenstein basta con que se le aplique una parte importante de ellas, que están estructuradas jerárquicamente en forma de racimos.

Estas eran versiones mas o menos refinadas de la teoría tradicional cuyos rasgos principales según Schwartz (1977) son:

  • Cada término significativo tiene un significado, concepto, intensión o racimo de características asociadas a él. Ése es el significado conocido o presente en la mente cuando se comprende el término.
  • El significado determina la extensión, en el sentido de que algo se encuentra en la extensión del término si y sólo si tiene las características incluidas en el significado, concepto, intensión o, en el caso de la teoría del racimo, suficientes rasgos. En muchas versiones contemporáneas, el significado o concepto del término puede incluir sólo criterios observables para la aplicación del término.
  • Las verdades analíticas se basan en el significado de los términos. Si P es una propiedad en el concepto de T, entonces el enunciado “Todos los T son P” es verdadero por definición. Locke expuso esta teoría tradicional en términos menos formales en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Los conceptos generales constituían ideas abstractas que eran a su vez una combinación de ideas simples provocadas por la experiencia. Conformaban la esencia del concepto, una esencia nominal que no había que confundir con la esencia real que es la naturaleza de la cosa, incognoscible.

La teoría de Frege corrigió el sesgo psicologista de la de Locke, postulando un carácter objetivo o intersubjetivo a los conceptos. No modificó la concepción semántica básica: los conceptos son entidades abstractas estructuradas por conjuntos de propiedades organizadas.

Putnam puso como primera objección los miembros anormales. Existen propiedades modificables o accesorias en la definición de un concepto, es más, el mismo hecho de la existencia de propiedades comunes apunta a una naturaleza esencial de la cual se derivarían pero no es un asunto lingüístico. Incluso si se admite una diferenciación entre propiedades definitorias esenciales y accidentales, la definición no constituiría un enunciado analítico, las propiedades esenciales se descubren en la investigación científica. Según Putnam, la teoría tradicional semántica de los términos de clase natural es idéntica a los definidos por una propiedad o criterio.

Las propiedades definitorias del significado de un término no suelen coincidir con las propiedades esenciales de la clase que designa, tampoco se puede admitir la tesis tradicional de que el significado (la intensión) determina la extensión. La extensión de un término es la que es, independientemente del esquema conceptual bajo el cual se categorice. No puede ser determinada por un conjunto de propiedades resultado de la aplicación de un marco conceptual a la realidad.

Katz (1972-1975) fue portavoz de la teoría semántica ortodoxa de la lingüística generativo-transformatoria. En la caracterización de Putnam, la teoría de Katz implica las siguientes tesis:

  1. Cada término tiene un significado definido por marcadores semánticos
  2. Los marcadores indican conceptos, procesos psicobiológicos
  3. Cada marcador está extraído de una colección de universales lingüísticos, existen conceptos de carácter universal, de donde se extraen los propios de una lengua natural y se definen conceptos complejos propios de una cultura. Cada concepto es una noción innata resultado de la aplicación a la experiencia de una preprogramación del cerebro humano
  4. El significado de entidades lingüísticas complejas se construye mediante la aplicación de reglas recursivas a partir del significado de expresiones simples en los marcadores semánticos.
  5. La representación semántica ha de permitir una definición de la clase de las oraciones analíticas, sinónimas y semánticamente anómalas.
  6. La analiticidad se puede definir en términos de inclusión de marcadores semánticos, “todos los solteros son no casados” es analítica porque el concepto CASADO forma parte de la definición soltero.

Putnam critica la teoría de Katz, su objección mas general es que la teoría es una tosca traducción en un lenguaje matemático de la teoría tradicional. El núcleo de la crítica es que la teoría de Katz reproduce los defectos y las consecuencias indeseables de la teoría tradicional sobre los términos generales. Supone que se pueden dar definiciones analíticas de los términos generales cuando en realidad no sucede así, en particular en los que designan clases naturales. El problema en la teoría semántica es abandonar la imagen del significado de una palabra como si fuera un lista de conceptos, no formalizar esa imagen errónea.

El significado de significado

El concepto pre-científico de significado es, según Putnam el problema de la teoría semántica tradicional y de la semántica en general y trata de elaborar una noción de significado que sea una base firme para la semántica. La filosofía tradicional intentó mejorar la noción ambigua de significado descomponiéndola en nociones más precisas y rigurosas. Frege y Carnap distinguieron entre:

  • INTENSIÓN: Componente Referencial, la realidad que designa el término.
  • EXTENSIÓN: Componente Conceptual, las propiedades que connotan el término

Entre los problemas que Putnam achaca a la extensión se encuentran:

  • La polisemia, representación fonológica idéntica con diferentes acepciones, nos impide afirmar sin más que un término tiene extensión. Es el sentido el que media la relación entre una representación fonológica y una entidad extensional.
  • Las entidades extensionales están en correspondencia con funciones características definidas. Las palabras de una lengua no son tan rigurosas.

En consecuencia la noción de extensión es demasiado precisa para reflejar el funcionamiento referencial de los términos generales. Se puede remediar modificando la definición de conjunto, como en el caso de la teoría de conjuntos borrosos y su correspondiente lógica asociada que refleja, mucho mejor que la teoría ortodoxa, la naturaleza formal de los conceptos naturales.

Por lo que respecta a la intensión, es una noción tan vaga e imprecisa como la de significado. Recurrir a la intensión o concepto para explicar el significado es una explicación que no aclara nada porque los términos en que plantean tal aclaración son aún más indeterminados.

Los conceptos o son entidades psicológicas o son objetivas, pero captadas mediante actos psicológicos. La comprensión del significado de un término requiere que el hablante se encuentre en un determinado estado psicológico. Esta consecuencia es incompatible con el hecho de que la intensión determina unívocamente la extensión.

En el solipsismo metodológico los estados psicológicos son entidades unívocas (adscribibles a una única mente) y autónomas (no implica la existencia de más de un individuo), por lo tanto son predicados monarios y no relaciones entre varias entidades individuales. El estado psicológico determina la intensión del término y a fortiori, su extensión. El solipsismo metodológico no impide que algunas personas puedan estar en el mismo tipo de estado psicológico. Lo que descarta es que dos personas capten una intensión de modo diferente y estén en el mismo estado psicológico o que dos hablantes se encuentren en el mismo estado psicológico y se refieran a extensiones diferentes. Y precisamente según Putnam, esto es posible ya que la extensión no se encuentra determinada por el estado psicológico.

La extensión de un término no está determinada por las creencias sino que es la que es de forma independiente. Fijar la extensión de un término no es algo de la competencia del hablante común, sino una tarea asignada a individuos concretos, los especialistas. El uso adecuado del término no requiere la determinación de lo que es o no es por parte de quien lo usa. Tales capacidades y conocimientos pueden ser poseídos por una comunidad lingüística considerada como un organismo colectivo. Putnam avanza la tesis de su universalidad: Toda comunidad lingüística posee algunos términos cuyos “criterios” asociados sólo son conocidos por un subconjunto, y cuyo uso por el resto depende de una cooperación estructurada entre ellos.

Significado y estereotipo

La extensión de un término se fija socialmente y es asunto de especialistas, de manera que caben dos opciones

  • Abandonar la tesis de que el significado determina la extensión.
    • Para los términos deícticos, como los pronombres personales, la referencia está completamente determinada por el contexto, la extensión no tiene nada que ver con el significado.
    • En el caso de los términos generales, en los que se desearía decir y se dice, puede que dos personas no entiendan lo mismo o que empleen las mismas palabras con distinto significado.
  • Negar que el significado tenga que ver con los conceptos que los hablantes poseen. Putnam identifica significado con un par ordenado, posiblemente una n-tupla de entidades, una de las cuales es la extensión. Abandona la correspondencia biunívoca entre significado y estados psicológicos, ya que a un mismo estado psicológico pueden corresponder significados distintos.

Los problemas de la definición del significado son de dos clases:

  • Determinación de la extensión mediante la división del trabajo lingüístico.
  • Descripción de la competencia individual, lo que el hablante sabe acerca del término general para utilizarlo correctamente.

Putnam señala la diferencia respecto a los nombres propios, ya que para utilizar un nombre propio no es preciso saber nada acerca de su referente. Es la comunidad lingüística la que exige un mínimo de conocimiento para admitir como correcto el uso de un término general. Todas las comunidades tienen pautas para valorar y varían con respecto a un mismo término, de una cultura a otra.

Según Putnam, la aceptación de que alguien usa correctamente un término general requiere:

  • Que su uso sea socialmente aceptado como correcto
  • Que su forma total de ubicación en el mundo y en su comunidad lingüística sea tal que la extensión socialmente determinada del término tigre sea el conjunto de los tigres.

Esto nos ilustra la posición ontológica de Putnam, aunque una sociedad empleara homogéneamente la palabra tigre para referirse a tigres, leones y leopardos, no conocería el significado y no la usaría correctamente. Porque la extensión de tigre es la que es, el conjunto de los tigres, independientemente de las creencias colectivas. Que se crea que los leones son tigres aunque sea una creencia universalmente compartida, no hace tigre a leones. Adquirir el uso de una palabra no es una cuestión de sí o no.

Se puede conocer parcialmente su significado, ciertas ideas verdaderas y otras erróneas, esto pasa en las conversaciones cotidianas y no por ello deja de producirse la comunicación. En la comunicación efectiva lo que funciona no son los conceptos, sino los estereotipos, ideas convencionales que tiene una comunidad lingüística sobre una determinada realidad. Esas ideas pueden ser equivocadas pero se encuentran ligadas a propiedades de ejemplares prototípicos. Estas propiedades estereotipadas atribuidas a una realidad no la definen. Si los tigres perdieran sus rayas no dejarían de ser tigres.

Desde el punto de vista de la comunicación los estereotipos funcionan, organizan procesos de intercambio de información, conllevan información que se transmite entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Cuando un niño pregunta lo que es un tigre se le responde con el estereotipo. Esto no quiere decir que el niño aprenda a utilizar la palabra tigre, pero accede a una representación colectiva de carácter imperativo de la comunidad para sancionar la competencia lingüística de cualquiera de sus miembros. Ese contenido obligatorio es variable de una cultura a otra, pero funciona como núcleo de información necesario para el uso correcto del término.

Nombres comunes, clases naturales y rigidez

Cuando se enseña el significado de un término general se suelen hacer dos cosas:

  • Acto ostensivo, indicar una realidad a la cual se aplica. Es un acto definitorio que requiere una considerable competencia comunicativa. Por señalamiento se emplea un designador rígido, el hablante designa una realidad que, sea cual sea la situación contrafáctica imaginable, permanece constante. Lo que designan los términos con la misma extensión está en la relación transmundana de identidad.
  • Descripción, mencionar las propiedades de la palabra en cuanto perteneciente a un sistema semántico o rasgos de los objetos a los cuales se aplica el término. Se suele proporcionar una descripción del estereotipo.

Estas propiedades funcionan como criterios para el reconocimiento de los objetos a que se aplica el término general. Las consecuencias filosóficas son paralelas a las de Kripke: las definiciones de la extensión de los términos naturales son enunciados necesarios a posteriori. Las consecuencias lingüísticas se resumen en la siguiente teoría:

  • Las palabras tienen intensiones
  • La intensión determina la extensión, no puede ser verdadera de términos de clase natural por la misma razón que no pueden serlo de deícticos.

Los dos tipos de consecuencias están íntimamente ligados entre sí y relacionados con una concepción realista del significado y de la verdad.