Así Pues La Pregunta…

Publicado: 1 marzo, 2012 en Filosofía
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Este es el título de la introducción a ¿Qué es la filosofía?, libro escrito por el filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari en 1991.

La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos. Esta es la respuesta que dan Deleuze y Guattari a la pregunta ¿Qué es la filosofía?, de cuya introducción expondré un breve resumen.

Los conceptos, como se verá más detenidamente a lo largo de todo el libro, necesitan de personajes conceptuales que contribuyan a definirlos. Fueron los griegos los que ratificaron la muerte del Sabio y lo sustituyeron por los filósofos, amigos de la sabiduría, los que buscan la sabiduría, pero no la poseen formalmente. Claro que no se trataría sencillamente de una diferencia de nivel entre filósofo y sabio: el antiguo sabio piensa tal vez por Figura, mientras que el filósofo inventa y piensa el Concepto.

El filósofo es el amigo del concepto, está en poder del concepto. Lo que equivale a decir que la filosofía no es un mero arte de formar, inventar o fabricar conceptos, pues los conceptos no son necesariamente formas, inventos o productos. La filosofía consiste en crear conceptos, conceptos siempre nuevos.

Los conceptos no nos están esperando hechos y acabados, como cuerpos celestes. Hay que inventarlos, fabricarlos o más bien crearlos, y nada serían sin la firma de quienes los crean.

Nietzsche determinó la tarea de la filosofía cuando escribió:

“Los filósofos ya no deben darse por satisfechos con aceptar los conceptos que se les dan para limitarse a limpiarlos y a darles lustre, sino que tienen que empezar por fabricarlos, crearlos, plantearlos y  convencer a los hombres de que recurran a ellos”

Hasta ahora, cada cual confiaba en sus conceptos, procedentes de algún mundo milagroso en el que se habían originado de manera milagrosa. Pero hay que sustituir la confianza por la desconfianza, y de lo que más tiene que desconfiar el filósofo es de los conceptos mientras no los haya creado él mismo.

La filosofía no es contemplación, ni reflexión ni comunicación.

  • No es contemplación porque la contemplación son las propias cosas en tanto que consideradas en la creación de sus propios conceptos.
  • No es reflexión porque nadie necesita filosofía alguna para reflexionar sobre cualquier cosa. Cuando a la filosofía se la considera el arte de la reflexión se la despoja de todo. Los matemáticos nunca esperaron a los filósofos para reflexionar sobre las matemáticas, ni los artistas sobre el arte; decir que se vuelven filósofos cuando lo hacen constituye una broma de mal gusto, debido a lo mucho que su reflexión pertenece al ámbito de su creación respectiva.
  • No es comunicación, ya que ésta en potencia sólo versa sobre opiniones, para crear consensos, y no conceptos.

La contemplación, la reflexión, la comunicación no son disciplinas, sino máquinas para constituir Universales en todas las disciplinas.

Toda creación es singular, y el concepto como creación propiamente filosófica, siempre constituye una singularidad. El primer principio de la filosofía consiste en que los Universales no explican nada, tienen que ser explicados a su vez.

Conocerse a sí mismo, aprender a pensar, hacer como si nada se diese por descontado, asombrarse…estas determinaciones de la filosofía y muchas más componen actitudes interesantes, aunque resulten fatigosas a la larga, pero no constituyen una ocupación bien definida, una actividad precisa, ni siquiera desde una perspectiva pedagógica.

De acuerdo con el veredicto nietzscheano, no se puede conocer nada mediante conceptos a menos que se los haya creado anteriormente, es decir  construido en una intuición que les es propia: un ámbito , un plano, un suelo, que no se confunde con ellos, pero que alberga sus gérmenes y los personajes que los cultivan. El constructivismo exige que cualquier creación sea una construcción sobre un plano que le dé una existencia autónoma.

Multitud de problemas se agolpan ante nuestra mirada, que verá cómo se enfrentan conceptos filosóficos y personajes conceptuales de todo tipo. Y para empezar, los conceptos tienen y seguirán teniendo su propia firma, sustancia de Aristóteles, cogito de Descartes, mónada de Leibniz, condición de Kant, tiempo de Bergson…Algunos conceptos reclaman una palabra extraordinaria, otros se conforman con una palabra corriente. Algunos requieren arcaísmos, otros neologismos.

Aunque estén fechados, firmados y bautizados, los conceptos tienen su propio modo de no morir, a pesar de encontrarse sometidos a las exigencias de renovación, sustitución, mutación que confieren a la filosofía una historia y también una geografía agitadas. Puesto que los conceptos cambian continuamente… ¿qué unidad permanece para las filosofías?.

¿Por qué hay siempre que crear conceptos y siempre conceptos nuevos, en función de qué necesidad y para qué? ¿Con qué fin? La respuesta según la cual la grandeza de la filosofía estribaría precisamente en que no sirve para nada, constituye una coquetería que ya no divierte  ni a los jóvenes.

Nunca hemos tenido problemas respecto a la muerte de la metafísica o a la superación de la filosofía; no se trata más que de futilidades inútiles y fastidiosas. Se habla del fracaso de los sistemas en la actualidad, cuando sólo es el concepto de sistema lo que ha cambiado. Si hay tiempo y lugar para crear conceptos, la operación correspondiente siempre se llamará filosofía, o no se diferenciaría de ella si se le diera otro nombre.

La filosofía se ha cruzado con muchos rivales. Primero fueron las ciencias del hombre, particularmente la sociología, las que pretendieron reemplazarla. Como la filosofía había ido descuidando cada vez más su vocación de crear conceptos para refugiarse en los Universales, ya no se sabía muy bien cuál era el problema. ¿Tratábase acaso de renunciar a cualquier creación de conceptos para dedicarse a unas ciencias del hombre estrictas, o bien, por el contrario, de transformar la naturaleza de los conceptos convirtiéndolos ora en representaciónes colectivas, ora en concepciones del mundo creadas por los pueblos, por sus fuerzas vitales, históricas o espirituales? Después les llegó el turno a la epistemología, a la lingüística, e incluso al psicoanálisis…y al análisis lógico. Así de prueba en prueba, la filosofía iba a tener que enfrentarse con unos rivales cada vez más insolentes, cada vez más desastrosos.

Por último se llegó al colmo de la vergüenza cuando la informática, la mercadotecnia, el diseño, la publicidad, todas las disciplinas de la comunicación se apoderaron de la propia palabra concepto y los creativos se convirtieron en los conceptores. El simulacro se ha convertido en el concepto verdadero, y el presentador-expositor del producto, mercancía u obra de arte, se ha convertido en el filósofo, en el personaje conceptual o en el artista.

El asunto de la filosofía es el punto singular en el que el concepto y la creación se relacionan el uno con la otra.

Los filósofos no se han ocupado lo suficiente de la naturaleza del concepto como realidad filosófica. Han preferido considerarlo como un conocimiento o una representación dados, que se explicaban por unas facultades capaces de formarlo (abstracción o generalización) o de utilizarlo (juicio). Pero el concepto no viene dado, es creado, hay que crearlo; no está formado, se plantea a sí mismo en sí mismo, la autoposición lo caracteriza.

Cuanto más creado es el concepto, más se plantea a sí mismo. Lo que depende de una actividad creadora libre también es lo que se plantea en sí mismo, independiente y necesariamente: lo más subjetivo será lo más objetivo. En este sentido fueron los postkantianos los que más se fijaron en el concepto como realidad filosófica, especialmente Schelling y Hegel.

Hegel definió con firmeza el concepto por las Figuras de su creación y los Momentos de su autoposición: las figuras se han convertido en pertenencias del concepto porque constituyen la faceta bajo la cual el concepto es creado por y en la conciencia, a través de la sucesión de las mentes, mientras que los momentos representan la otra faceta según la cual el concepto se plantea a sí mismo y reúne las mentes en lo absoluto del Sí mismo. Hegel demostraba de este modo que el concepto nada tiene que ver con una idea general o abstracta, como tampoco con una Sabiduría no creada que no dependiese de la filosofía misma.

Si los tres períodos del concepto son la enciclopedia, la pedagogía y la formación profesional comercial, sólo el segundo puede evitarnos caer de las cumbres del primero en el desastre absoluto del tercero, desastre absoluto para el pensamiento, independientemente por supuesto de sus posibles beneficios sociales desde el punto de vista del capitalismo unversal.

Resumen de la Introducción Así Pues la Pregunta

¿Qué es la Filosofía? de Deleuze y Guattari

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