El Plano de Inmanencia

Publicado: 10 marzo, 2012 en Filosofía
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Todos los conceptos filosóficos son fragmentarios, no ajustan unos con otros, puesto que sus bordes no coinciden. Sin embargo la filosofía que los crea presenta siempre un Todo poderoso, no fragmentado. Los incluye a todos en un único y mismo plano, denominado plano de consistencia, o mejor dicho plano de inmanencia de los conceptos, o planómeno.

Los conceptos y el plano son estrictamente correlativos. El plano de inmanencia no es un concepto, ni el concepto de todos los conceptos. Si se los confundiera, nada impediría a los conceptos convertirse en universales y perder su singularidad, pero también el plano perdería su apertura. La filosofía es un constructivismo que tiene dos aspectos complementarios que difieren en sus características: crear conceptos y establecer un plano. El plano recubre los movimientos infinitos que los recorren y regresan, pero los conceptos son las velocidades infinitas de movimientos finitos que recorren cada vez únicamente sus propios componentes. El problema del pensamiento es la velocidad infinita, pero ésta necesita un medio que se mueva en sí mismo infinitamente, el plano, el vacío, el horizonte. Es necesaria la elasticidad del concepto y la fluidez del medio. Ambas cosas son necesarias para componer los seres lentos que somos.

Los conceptos son disposiciones concretas como configuraciones de una máquina, pero el plano es la máquina abstracta cuyas disposiciones son las piezas. Los conceptos son acontecimientos, pero el plano es el horizonte de los acontecimientos, el depósito o la reserva de los acontecimientos puramente conceptuales, no el horizonte relativo que funciona como un límite que cambia con un observador y que engloba estados de cosas observables, sino el horizonte absoluto, independiente de cualquier observador, y que traduce el acontecimiento como concepto independiente de un estado de cosas visible donde se llevaría a cabo.

El plano de inmanencia no es un concepto pensado ni pensable, sino la imagen del pensamiento, la imagen que se da a sí mismo de lo que significa pensar, hacer uso del pensamiento, orientarse en el pensamiento…No es un método, pues todo método tiene que ver eventualmente con los conceptos y supone una imagen semejante.

Tampoco es la opinión que uno suele formarse del pensamiento. La imagen del pensamiento implica un reparto severo del hecho y del derecho: lo que pertenece al pensamiento como tal debe ser separado de los accidentes que remiten al cerebro, o a las opiniones históricas. El pensamiento reivindica sólo el movimiento que puede ser llevado al infinito. Lo que el pensamiento reivindica en derecho, lo que selecciona, es el movimiento infinito o el movimiento del infinito. Él es quien constituye la imagen del pensamiento.

El movimiento del infinito no remite a unas coordenadas espaciotemporales que definirían las posiciones sucesivas de un móvil y las referencias fijas respecto a las cuales éstas varían. Orientarse en el pensamiento no implica ni referencia objetiva ni móvil que se sienta como sujeto y que, en calidad de tal, desee el infinito o lo necesite. Lo que está en movimiento es el propio horizonte: el horizonte relativo se aleja cuando el sujeto avanza, pero en el horizonte absoluto, en el plano de inmanencia, estamos ahora ya y siempre.

Lo que define el movimiento infinito es un vaivén, porque no va hacia un destino sin volver ya sobre sí. El movimiento infinito es doble y tan sólo hay una leve inclinación de uno a otro. En este sentido se dice que pensar y ser son una única y misma cosa. El movimiento no es imagen del pensamiento sin ser también materia del ser. El plano de inmanencia tiene dos facetas, como Pensamiento y como Naturaleza, como Physis y como Nous. Es por lo que siempre hay muchos movimientos infinitos entrelazados unos dentro de los otros, plegados unos dentro de los otros, en la medida en que el retorno de uno dispara otro instantáneamente, de tal modo que el plano de inmanencia no para de tejerse, gigantesca lanzadera.

Volverse hacia no implica sólo volverse, sino afrontar, dar media vuelta, volverse, extraviarse, desvanecerse. Incluso lo negativo produce movimientos infinitos: caer en el error tanto como evitar lo falso, dejarse dominar por las pasiones tanto como superarlas. Varios movimientos del infinito están tan entremezclados que, lejos de romper el Uno-Todo del plano de inmanencia, constituyen su curvatura variable, sus concavidades y sus convexidades, su naturaleza fractal en cierto modo. Esta naturaleza fractal es lo que hace que el planómeno sea un infinito siempre distinto de cualquier superficie o volumen asignable como concepto.

Cada movimiento recorre la totalidad del plano efectuando un retorno inmediato sobre sí mismo, plegándose pero también plegando a otros o dejándose plegar, engendrando retroacciones, conexiones, proliferaciones, en la fractalización de esta infinidad infinitamente plegada una y otra vez (curvatura variable del plano). Pese a ser cierto que el plano de inmanencia es siempre único, puesto que es en sí mismo variación pura, tanto más tendremos que explicar por qué hay planos de inmanencia variados, diferenciados, que se suceden o rivalizan en la historia, precisamente según los movimientos infinitos conservados, seleccionados.

El plano no es ciertamente el mismo en la época de los griegos, en el siglo XVII y en la actualidad. No se trata de la misma imagen del pensamiento, ni de la misma materia del ser. El plano es por lo tanto objeto de una especificación infinita, que hace que tan sólo parezca ser el Uno-Todo en cada caso especificado por la selección del movimiento. Esta dificultad referida a la naturaleza última del plano de inmanencia sólo puede resolverse progresivamente.

Resulta esencial no confundir el plano de inmanencia y los conceptos que lo ocupan. Sin embargo los mismos elementos pueden presentarse en el plano y en el concepto, pero no con las mismas características.

Para el ser, el pensamiento, el uno, entran en unos componentes del concepto y son ellos mismos conceptos, pero de un modo completamente distinto del que pertenece al plano como imagen o materia. Inversamente, lo verdadero sobre el plano sólo puede ser definido por un volverse hacia. Pero no disponemos así de ningún concepto de verdad. Si el error es en sí mismo un elemento de derecho que forma parte del plano, sólo consiste en tomar lo falso por verdadero, pero únicamente recibe un concepto si se le determinan unos componentes.

Así pues, los movimientos o elementos del plano sólo parecerán definiciones nominales respecto a los conceptos, mientras se ignore la diferencia de naturaleza. En realidad, los elementos del plano son

  • características diagramáticas
  • movimientos del infinito
  • direcciones absolutas de naturaleza fractal
  • Intuiciones

Los conceptos son

  • características intensivas
  • ordenadas intensivas de los movimientos del infinito, como secciones originales o posiciones diferenciales,
  • movimientos finitos cuyo infinito tan sólo es ya de velocidad, y que constituyen cada vez una superficie o un volumen,
  • un perímetro irregular que marca una detención en el grado de proliferación.
  • dimensiones absolutas, superficies o volúmenes siempre fragmentarios, definidas intensivamente
  • intensiones

No hay que concluir ciertamente que los conceptos resultan del plano, es necesaria una construcción especial distinta de la del plano, y por este motivo los conceptos tienen que ser creados igual que hay que establecer el plano. La correspondencia entre ambos excede incluso las meras resonancias y hace intervenir unas instancias adjuntas a la creación de los conceptos, es decir a los personajes conceptuales.

Así, si la filosofía empieza con la creación de los conceptos, el plano de inmanencia tiene que ser considerado prefilosófico. Se lo presupone, no del modo como un concepto puede remitir a otros, sino del modo en que los conceptos remiten en sí mismos a una comprensión no conceptual.

Aun así, esta comprensión intuitiva varía en función del modo en que el plano es establecido.

  • En Descartes, se trataba de una comprensión subjetiva e implícita supuesta por el Yo pienso como concepto primero
  • En Platón era la imagen virtual de un yo pensado que duplicaba cualquier concepto actual.
  • Heidegger invoca una comprensión preontológica del Ser, una comprensión preconceptual que parece efectivamente implicar la incautación de una materia del ser relacionada con una disposición del pensamiento.

Prefilosófico no significa nada que preexista, sino algo que no existe allende la filosofía, aunque ésta lo suponga. Son sus condiciones internas. La filosofía no puede contentarse con ser comprendida únicamente de un modo filosófico o conceptual, sino que se dirige también a los no filósofos, en su esencia. La filosofía definida como creación de conceptos implica una presuposición que se diferencia de ella, y que no obstante le es inseparable. La filosofía es a la vez creación de concepto e instauración del plano. El concepto es el inicio de la filosofía, pero el plano es su instauración. El plano consiste en un plano de inmanencia que constituye el suelo absoluto de la filosofía, su Tierra, su desterritorialización, su fundación, sobre los que crea sus conceptos.

Pensar suscita la indiferencia general. Y no obstante no es erróneo decir que se trata de un ejercicio peligroso. Incluso resulta que sólo cuando los peligros se vuelven evidentes cesa la indiferencia. Y es que uno no piensa sin convertirse en otra cosa, en algo que no piensa, un animal, un vegetal, una molécula, una partícula, que vuelven al pensamiento y lo relanzan.

El plano de inmanencia es como una sección del caos, y actúa como un tamiz. El caos, en efecto, se caracteriza menos por la ausencia de determinaciones que por la velocidad infinita a la que éstas se esbozan y se desvanecen: no se trata de un movimiento de una hacia otra, sino por el contrario, de la imposibilidad de una relación entre dos determinaciones, puesto que una no aparece sin que la otra haya desaparecido antes, y una aparece como evanescente cuando la otra desaparece como esbozo.

El caos deshace en lo infinito toda consistencia. El problema de la filosofía consiste en adquirir una consistencia sin perder lo infinito en el que el pensamiento se sumerge. Dar consistencia sin perder nada de lo infinito es muy diferente del problema de la ciencia, que trata de dar unas referencias al caos a condición de renunciar a los movimientos y a las velocidades infinitas y de efectuar primero una limitación de velocidad: lo que es primero en la ciencia, es la luz o el horizonte relativo. La filosofía por el contrario procede suponiendo instaurando el plano de inmanencia: en él las curvaturas variables conservan los movimientos infinitos que vuelven sobre sí mismos en el intercambio incesante, y que a su vez no cesan de liberar otros que se conservan.

A la pregunta, ¿la filosofía puede o deber ser considerada griega? Vernant responde que los griegos podrían ser los primeros en haber concebido una inmanencia estricta del Orden en un medio cósmico que corta el caos a la manera de un plano. Si se llama Logos a un plano-tamiz, hay mucho trecho del logos a la mera razón, como cuando se dice que el mundo es racional.

La razón no es más que un concepto, y un concepto muy pobre para definir el plano y los movimientos infinitos que lo recorren. Resumiendo, los primeros filósofos son los que instauran un plano de inmanencia como un tamiz tendido sobre el caos. Se oponen en este sentido a los sabios, personajes de la religión que conciben la instauración de un orden siempre trascendente, impuesto desde fuera por un gran déspota o por un dios superior a los demás. Hay religión cada vez que hay trascendencia, Ser vertical, Estado imperial en el cielo o en la tierra, y hay Filosofía cada vez que hay inmanencia.

Resumen de el capítulo 2. El plano de Inmanencia de ¿Qué es la filosofía? de Deleuze y Guattari

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Comentarios
  1. Solrac dice:

    Me gustó ese último párrafo. Posiblemente pensaré en escribir algo acerca de las limitaciones de nuestro cerebro, su mente racional, y unas leyes de “incompletitud”, para poder conocerlo todo; la capacidad evolutiva cerebral para entender conceptos ontológicos, y capacidad no adquirida todavía para conocer conceptos metáfisicos que no sea mediante asociación a conceptos lógicos; y los atajos mitológicos creados por nuestra mente emocional e instinto de supervivencia.

  2. [...] cual forma parte. Pero la desterritorialización es absoluta cuando la tierra penetra en el mero plano de inmanencia de un [...]

  3. [...] cual forma parte. Pero la desterritorialización es absoluta cuando la tierra penetra en el mero plano de inmanencia de un [...]

  4. [...] y la ciencia reside por tanto en el presupuesto respectivo del concepto y la función: un plano de inmanencia o de consistencia en el primer caso, un plano de referencia en el segundo. El plano de referencia [...]

  5. “El plano de inmanencia no es un concepto pensado ni pensable, sino la imagen del pensamiento, la imagen que se da a sí mismo de lo que significa pensar, hacer uso del pensamiento, orientarse en el pensamiento…No es un método, pues todo método tiene que ver eventualmente con los conceptos y supone una imagen semejante.”

    Como puedo aprofundizarme en esto?

  6. Perdón, escribí en cualquier lado.

    Más acerca del plano de inmanencia (no sé si para comprenderlo, pero al menos para poder intuirlo mejor) se encuentra en los cursos sobre cine. Un triple acercamiento al plano como conjunto de imágenes-movimiento, de lineas y figuras de luz, y como un corte en la duración.

    Para mayor comodidad, junté todos los cursos en un PDF con índice de páginas, si a alguien le interesa:

    http://www.scribd.com/doc/173369832/Deleuze-Cursos-de-1981-a-1983-La-Imagen-Movimiento

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