El Escepticismo de Quine

Publicado: 23 marzo, 2012 en Filosofía
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Introducción

La obra filosófica de Quine es heredera directa de la tradición analítica de Frege y Russell, se desenvuelve a partir de profundas investigaciones en la lógica. La lógica en la obra de Quine es:

  • Paradigma de teoría científica, núcleo regulador de nuestros sistemas de creencias
  • Instrumento metodológico fundamental en el tratamiento de los problemas filosóficos.

La concepción general de la obra de Quine se define mediante las siguientes características:

  • Monismo. Es la articulación mas elaborada de una ontología no cartesiana que concibe la realidad como un ámbito homogéneo, atacando las teorías que implicaban posturas dualistas o pluralistas. Adversario acérrimo del innatismo chomskyano.
  • Materialismo. La homogeneidad de la realidad es una homogeneidad de lo material, lo único que existe en la ontología que propone son los objetos físicos.Como consecuencia se adopta una postura naturalista en teoría del conocimiento. Sólo existe una clase de conocimiento de la realidad, el científico; el común o el filosófico son corolarios del primero.
  • Empirismo. Lo denomina empirismo relativo. Combina una concepción globalista u holista del conocimiento científico con una psicología conductista refinada, empirismo al que se han adscritos sus tesis sobre la adquisición del conocimiento, tanto las de pertenecientes a la teoría de la ciencia como a la teoría del aprendizaje. Cualquier creencia se encuentra sujeta a revisión, nada es inmune al cambio. Dentro de los problemas filosóficos tratados, tienen un lugar preeminente los lógicolingüísticos.

Expuso su tesis en dos ámbitos:

  • De la teoría del significado. Trató de demostrar que la noción de significado es confusa e innecesaria para la semántica. Con ello pretende invalidar las ontologías derivadas de esta forma de concebir la dimensión semiótica del lenguaje.
  • De la teoría de la referencia. Combina una teoría muy elaborada del aprendizaje lingüístico con una ontología materialista. La forma en la que concibe la relación del lenguaje con la realidad constituye el núcleo de las reflexiones lingüísticas de Quine, cree que dio una explicación de la naturaleza y el funcionamiento del lenguaje. En filosofía del lenguaje se opone tanto a posturas esencialistas o intensionalistas (Kripke, Putnam), o al mentalismo (Chomsky).

La crítica de la epistemología empirista clásica

Los dos artículos mas conocidos de Quine en su primera etapa filosófica son “On what there is” (Sobre lo que hay) y “Two dogmas of empiricism”, en ellos aborda problemas ontológicos y epistemológicos, pero con su característica metodología lógico-lingüística, que se basa en lo que Carnap denominaba ascenso semántico.

Consiste en tratar los problemas de la estructura o el conocimiento de la realidad examinando la estructura lógica y semántica de los enunciados en que hacemos afirmaciones sobre la realidad o en los que expresamos nuestro conocimiento de ella. “On what there is” pretende demostrar la falacia de los que defienden que existe todo aquello que nombramos, ellos mantienen que si no existiera aquello que nombramos no estaríamos hablando de nada, resultaría absurda cualquier afirmación.

Pero esta línea de argumentación se basa en la confusión entre nombrar y significar. Considerar que los significados son entidades o acontecimientos mentales es una solución psicologista que también rechaza. El problema se halla en que el lenguaje nos impulsa a deificar los significados, como si fueran objetos. Tendemos a considerar que una expresión es significativa si tiene un determinado objeto abstracto al que denominaremos significado, pero esto es una forma contundente de hablar, es una metáfora desafortunada porque puebla nuestra ontología de entidades abstractas de carácter innecesario.

Quine rechazará las nociones intensionales y las de significado; muestra que todas las afirmaciones que en semántica se hacen al respecto se pueden reinterpretar de modo que no nos veamos obligados a admitir tales entidades teóricas. Tratará de reconstruir el predicado semántico básico, tener significado, de modo que no postule los significados como entidades independientes. Su estrategia será similar a la del nominalista frente al problema de los universales: o no admiten que existen entidades que comparten los miembros de una clase o admiten que los miembros de esa clase se parecen en uno u otro sentido “Two dogmas of empiricism”. La analiticidad es una propiedad semántica derivada de la noción de significado y ésta última se verá afectada por el cuestionamiento crítico de la primera.

Quine examinó las creencias básicas de la epistemología positivista:

  • Las basadas en cierta distinción fundamental entre verdades que son analíticas basadas en significaciones y sintéticas basadas en hechos.
  • Todo enunciado que tenga sentido es equivalente a alguna construcción lógica basada en términos que refieren a la experiencia inmediata.

Entre las oraciones analíticas hay que distinguir dos clases: las oraciones lógicamente verdaderas y las oraciones propiamente analíticas. Se conectan con las anteriores a través de la sinonimia: se puede obtener una oración lógicamente verdadera sustituyendo un término de la oración propiamente analítica por otro sinónimo.

Pero esta caracterización de la analiticidad está sujeta a los problemas de la noción de sinonimia. La lógica nos proporciona una definición precisa de oración lógicamente verdadera y la noción de sinonimia está sujeta a los mismos problemas que la del significado. Una alternativa plausible sería que los enunciados lógicamente verdaderos se pueden transformar en analíticos acudiendo a las definiciones del diccionario o a postulados de significado.

Si tal proceder está justificado en lógica, no sucede lo mismo en semántica, ya que las definiciones no son estipulaciones, sino que constituyen afirmaciones sobre hechos y como tales se encuentran fundamentadas y sometidas a contrastación empírica. El problema es encontrar esas instancias justificadoras de la definición.

Se han barajado la identidad de contenido conceptual y la de identidad de uso. Quine, como rechaza la necesidad de las entidades teóricas denominadas “conceptos”, se inclina por la identidad de uso, siempre que se dote de significado preciso a la noción de uso lingüístico. Uno de los posibles modos de entender identidad de uso es la intercambiabilidad salva veritate, ya utilizada por Frege en sus argumentaciones semánticas. Así dos expresiones serían sinónimas si fueran intercambiables en todo contexto oracional salva veritate sin que se alterara el valor de verdad del enunciado, tratándose entonces de una sinonimia cognitiva.

Se produce entonces un razonamiento circular: por una parte se emplea la sinonimia para determinar la clase de los enunciados propiamente analíticos y por otra, se introduce subrepticiamente la noción de analiticidad en la definición de sinonimia. En consecuencia, las nociones de sinonimia y analiticidad están tan estrechamente unidas que es difícil dotarlas de un sentido preciso independiente. No se dispone más que de nociones intuitivas que no son suficientes para trazar una línea divisoria clara entre los enunciados analíticos y sintéticos. Pero la necesidad de establecer esa línea es un supuesto dogmático del empirismo lógico: la idea de que en el ámbito dogmático del conocimiento científico se puede establecer una clasificación de las ciencias en ciencias formales y empíricas, diferenciándose por estar sometidas a diversos procedimientos de contrastación.

  • En las ciencias formales no tendría un componente fáctico, sino puramente lingüístico, dependiendo de la verdad de los enunciados de las relaciones formales internas con otros elementos de la teoría.
  • En las ciencias empíricas, el sentido de los enunciados estaría determinado por la forma en que se confrontan con la realidad

En este ensayo Quine demuestra que la teoría del significado como procedimiento de verificación es radicalmente inadecuada incluso para los enunciados de las teorías científicas, y no puede constituir la base de una definición adecuada de sinonimia y analiticidad, por lo que no es posible trazar ninguna línea divisoria, la ciencia constituye un todo indivisible en el cual las afirmaciones no se ponen en relación con la experiencia de forma aislada y directa.

La fundamentación conductual de la semántica

La semántica tradicional en sentido amplio admite que existen ciertas entidades denominadas significados y diferentes autores adscriben diferente estatuto a estas entidades. En la filosofía contemporánea del lenguaje son dos las concepciones predominantes:

  • Entidades de carácter objetivo y abstracto, expresadas o aprehendidas por los hablantes cuando se comunican. Los conceptos y las proposiciones son entidades de este tipo que se han identificado con los significados de las expresiones lingüísticas
  • Entidades psicológicas, estados de la mente. Cada expresión lingüística está asociada a una entidad psicológica de esta clase y la comprensión consiste en que se puede atribuir al individuo la posesión de esa entidad: su situación en ese estado.

La crítica de Quine a los conceptos clásicos de sinonimia y analiticidad pone en cuestión estas fundamentaciones intensionalistas o psicológicas de la semántica. Según Quine, la apelación a entidades con difíciles criterios de identificación o irreductiblemente inaccesibles coloca a la semántica fuera del ámbito de la ciencia. La semántica ha de progresar sobre la base de entidades observables y públicas, es decir, sobre las conductas de los hablantes.

La comunicación lingüística productiva y receptiva, es ante todo una forma reglada de conducta. La construcción de la semántica requiere no la determinación de los significados, sino la especificación de las relaciones, en particular la de sinonimia, bajo criterios de comportamiento observable. La elaboración de la semántica tiene que estar dotada de una perspectiva genética: proponer una teoría semántica equivale a plantear una explicación de cómo se aprende a usar el lenguaje y relacionarlo con el mundo.

En este sentido, Quine va paralelo a Chomsky: la adecuación descriptiva de las teorías semánticas ha de ser completada en su dimensión explicativa con un modelo de aprendizaje lingüístico. Pero en Quine tal modelo no se propone hipotetizando mecanismos innatos, sino tratando de establecer un puente entre los estímulos y la conducta observable de un niño que aprende a utilizar su lengua. En su teoría juega un papel central el concepto de estimulación y de significado estimulativo.

El mecanismo básico de cualquier tipo de aprendizaje es el refuerzo, positivo o negativo. Reforzado positivamente todo uso que tiende a la intersubjetividad y castigado todo lo que propende a la privacidad. El uso principal del lenguaje es la comunicación, y ésta no sería posible sin la regularidad y la homogeneidad en la aplicación de los términos, las utilizaciones privadas de las expresiones se extinguen rápidamente. Ese proceso de reforzamiento continuo se encuentra en la base del proceso de socialización lingüística.

Con respecto a los inicios del aprendizaje, no se aprenden palabras aisladas, sino que o bien se aprenden en el contexto de una oración o equivalen por sí solas a una oración. La mayor parte de las expresiones se aprenden por abstracción porque no pueden ponerse en correspondencia directa con estímulos del entorno. Esto sucede en el aprendizaje de términos sincategoremáticos (que ejercen en la frase oficios determinativos, modificadores o de relación), pero también sustantivos o predicados que designan realidades o relaciones abstractas.

Para explicar adecuadamente el aprendizaje en términos observables es preciso diferenciar entre los diversos tipos de expresiones que se aprenden y los diferentes modos en que se efectúa la asimilación de su uso. El proceso de aprendizaje puede incluir la generalización analógica o la inducción, pero el núcleo básico está ligado a algo que es exterior al lenguaje mismo, los estímulos procedentes del entorno. El inicio del aprendizaje se produce cuando el niño, mediante condicionamiento directo, aprende a asociar ciertas expresiones con ciertos estímulos.

El modo en que aprende a utilizar estas palabras no es sencillo: En primer lugar ha de aprender su significado estimulativo (conjunto de estimulaciones que inducirán al asentimiento o la discrepancia a un término por parte de un hablante en un momento de tiempo) a través del condicionamiento. El niño aprende mediante refuerzo positivo y negativo ese significado, las estimulaciones apropiadas activan las disposiciones a comportarse de una u otra forma. Si el niño no tuviera la capacidad de comparar, difícilmente podría averiguar el significado estimulativo de un término.

Para que pueda realizar tal comparación, es necesario la existencia de un marco donde ésta se realice, el espacio cualitativo lingüístico, único componente de carácter innato que Quine admite, su función es determinar la base de semejanza entre diferentes estimulaciones. La base de semejanza es lo que comparten los miembros del conjunto significado estimulativo de una expresión, pero no determina una propiedad necesaria y suficiente para la pertenencia a ese conjunto.

En última instancia siempre existe un residuo de indeterminación, pero el niño aprende a reducirlo a límites socialmente aceptables para que nunca imposibilite la comunicación. Las primeras palabras que se aprenden son equivalente a enunciados observacionales y a sentencias ocasionales, que son opuestas a las fijas y son las que provocan una reacción de asentimiento o discrepancia en presencia de la estimulación y de forma variable. La distinción es de grado.

En el primer período de su aprendizaje lingüístico, el niño asocia las palabras con sensaciones o estímulos, pero sin diferencias categorías ontológicas en su entorno. El niño no distingue entre un objeto, propiedad o relación, o entre término singular y general. La noción de objeto tiene que construir con ayuda del lenguaje, tiene que aprender qué términos son de referencia dividida y de referencia continua o de masa. En la percepción de ciertos estímulos como correspondientes a objetos parece haber una base innata o genética que ha de plasmarse en el aparato referencial de la lengua, que consiste esencialmente en el conjunto de recursos gramaticales que tiene la lengua para trocear la realidad de modo consistente con nuestras predisposiciones innatas a percibir objetos y demás.

Su aprendizaje consiste en el aprendizaje del manejo de la individuación, hay que distinguir los términos generales de los singulares. Pero la distinción no es algo que imponga la naturaleza de nuestra percepción de la realidad, sino la forma lingüística con la que asociamos tal experiencia. Por lo tanto general y singular no son propiedades ontológicas de lo referido por las respectivas expresiones, sino que constituyen características funcionales de estas expresiones.

Inescrutabilidad de la referencia e indeterminación de la traducción

La semántica tradicional tiene desde el punto de vista científico un inconveniente fundamental: explica hechos observables, mediante mecanismos inobservables postulados para esa explicación y cuya existencia no está comprobada independientemente. Por eso Quine cree que la semántica ha de alcanzar el estatuto de la cientificidad mediante un uso exclusivo de explicaciones pública e intersubjetivamente contrastadas.

Las explicaciones lingüísticas consistirán en las regularidades conductuales observadas y debidas a una predisposición innata para procesar los datos del entorno y a mecanismos básicos del aprendizaje como el condicionamiento operante y los procesos de generalización inductiva. Quine propone un problema que entraña la teoría del aprendizaje lingüístico: la correspondencia entre la conducta lingüística y sus fuentes causales, los estímulos del entorno son recibidos y procesados por un individuo que pertenece a una sociedad y una cultura que desempeña un papel fundamental.

La teoría implica una cierta indeterminación en la correspondencia entre usos lingüísticos y estímulos y supone cierta dificultad en explicar la homogeneidad de dichos usos acudiendo únicamente a regularidades en la naturaleza y procesamiento de los estímulos que se encuentran en su origen causal. El cambio de perspectiva en el tratamiento de la dimensión semántica del lenguaje es total. Las nociones típicamente semánticas como la analiticidad o la sinonimia ya no se pueden tratar en términos de propiedades o relaciones de objetos.

Tener significado no consiste en poseer asociado un concepto o una idea, sino en estar en correspondencia con cierta clase de estímulos. Ser sinónimos ya no consiste en compartir el mismo objeto, sino en constituir respuestas verbales adecuadas a una misma clase de estímulos.

Para poner de relieve esta relatividad Quine considera el caso de la traducción, que se basa en la relación de sinonimia. Desde el punto de vista conductista, la traducción ha de preservar la correspondencia entre estímulos y respuestas verbales. El problema que plantea Quine pasa inadvertido entre culturas lo suficientemente parecidas.

Las regularidades en el uso intralingüístico se pueden explicar en última instancia por la uniformidad en los procesos de condicionamiento verbal. Pero en dos culturas muy alejadas, para reducir la indeterminación, el lingüista acudirá a criterios conductuales. La fundamentación científica de la semántica se basa en la presunción de que, durante el aprendizaje lingüístico podemos establecer las conexiones adecuadas entre palabras y elementos del entorno, pero ¿cómo los aislamos?, mediante el dominio progresivo de nuestro aparato referencial, de los medios expresivos que nuestra lengua posee para hablar de los objetos y distinguirlos entre sí.

La inescrutabilidad de la referencia consiste en la imposibilidad de llegar a conclusiones absolutamente seguras cuando se traducen términos de lenguas cuyo aparato de individuación puede ser muy diferente del propio. Estrechamente ligada a la indeterminación en la traducción, lo que pone de relieve que la identidad es relativa a un sistema de coordenadas: el aparato lingüístico de individuación. Este es uno de los sentidos de la relatividad ontológica que Quine mantiene: qué sean los objetos depende radicalmente de los recursos expresivos que nuestra lengua posea para discriminar objetos.

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comentarios
  1. Antonio dice:

    Gracias y ¡que buena pinta tiene esa pasta con albahaca!, gracias por indicarme el primer plato de pasado mañana.

  2. jajajajaja…de nada hombre, ¡¡¡¡a servir!!!! 🙂

  3. pulgano dice:

    gracias por todo pero lo tuve que cambiar por migas y solomillo al hojaldre con queso finas hierbas, pero de verdad, -sea esta como correspondencia, semántica o sintáctica que esta semana caen los tagliatelli.

  4. jajajajajajaja….viva dioooosss que caen!!!!
    De todas formas…el cambio no estuvo nada mal ein 😉

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