El Problema de la Fundamentación de los Derechos Humanos

Publicado: 18 abril, 2012 en Filosofía
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El grado de reconocimiento de los derechos humanos se halla lejos de ser uniforme en todo el mundo. Nos referimos a su rechazo o profundas divergencias con respecto a su carácter universal, alcance y validez. Estas diferencias en la comprensión de los derechos humanos nos llevan a preguntarnos como podemos argumentar en su favor.

La tradición del derecho natural afirma la existencia de derechos anteriores al ordenamiento jurídico. Su forma de fundamentar estos derechos varía según las épocas y las escuelas filosóficas. Las principales propuestas que han prevalecido pasan por configurar los derechos como un orden cósmico racional, como una  ley divina y como componente intrínseco de la racionalidad humana.

La idea de derecho natural.

Rastrear la oposición entre ley natural y ley positiva nos lleva al mundo griego clásico. Los diálogos de Platón son considerados un antecedente de la idea básica del derecho natural de que existen normas morales universales que pueden ser conocidas por la razón.

Aristóteles distingue la justicia natural de la multiplicidad y variedad de costumbres y leyes de los distintos pueblos. El estoicismo preparó el terreno para el desarrollo de la idea de derechos humanos al afirmar la existencia de una ley natural de la razón, inmutable y universalmente compartida por todos los humanos.

En la Edad Media, San Agustín y Santo Tomás hacen de la ley natural el reflejo de la esencia divina. El derecho natural basado en la razón, aunque subordinado al divino, es concebido como fundamento y límite del derecho positivo. La noción de ley natural exige simplemente la afirmación de una naturaleza humana racional que dicta normas básicas de conducta correcta. Esta convicción del derecho natural remite en su núcleo mismo a la regla de oro de la ética, a su norma más universal: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

En las teorías del derecho natural antiguas y medievales, la especificación de las normas más allá de esta regla tan generalmente aceptada por todos los pueblos, está ligada a concepciones de la Naturaleza como realidad teológica inmutable y jerárquica que en los griegos es el orden cósmico y en la tradición judeocristiana, creación divina cuyo sentido es revelado por las Escrituras y sus intérpretes.

La idea moderna del ser humano como proyecto que se elige a sí mismo no parece compatible con esta comprensión del mundo y de la moral. Una teoría tendente a determinar en exceso lo que es bueno para los humanos y a condenar conductas que parecen apartarse de los fines naturales encuentra un terreno poco propicio en un mundo actual de radical afirmación de la diversidad y de la innovación.

Si además plantean pretensiones de validez jurídica, son incompatibles con la pluralidad de las sociedades actuales. Las guerras de religión del siglo XVI favorecerán la crisis de la fundamentación teológica dando lugar a la aparición del iusnaturalismo moderno que tiene un carácter laico y afirma la independencia del derecho natural con respecto a los poderes políticos y religiosos.

En la Modernidad, el derecho natural dejará de apoyarse en un orden natural y social previo y teológico y pasará a fundarse en una construcción racional basada en la libertad y la capacidad del ser humano de darse la propia ley. La dignidad especial del ser humano residiría en las capacidades racionales y fundamentalmente en la posibilidad de regirse por normas morales (razón práctica).

Los primeros derechos humanos tematizados serán los de libertad de conciencia, de pensamiento y garantías procesales. Los pensadores contractualistas liberales de los siglos XVII y XVIII enarbolaron el derecho natural para afirmar la libertad e igualdad de todos los hombres, impugnando la rígida y jerárquica división estamental del Antiguo Régimen.

Para Locke, los derechos naturales, en especial el de libertad y propiedad, son anteriores al contrato fundador del Estado y éste tiene por función el protegerlos. Con los teóricos del contrato, la legitimidad del Estado ya no reside en la voluntad divina, sino en la eficacia del poder para garantizar los derechos naturales. Estado de derecho y derechos humanos se hallan estrechamente ligados en su origen y fundamentación.

Con la distinción de esferas de aplicación de la moral y el derecho cobra forma la tradición liberal de pensamiento que conduce a las sociedades democráticas plurales de la actualidad. El intento de controlar las creencias de los individuos a través de la coacción es, según los ilustrados, una ingerencia indebida e inútil, ya que siempre se topará con la resistencia de la conciencia individual y la imposibilidad de cambiar de opinión solo debido al temor.

Discusiones teóricas contemporáneas.

 En las últimas décadas nos encontramos con la paradójica situación de que la aceptación internacional creciente de los derechos humanos se ve acompañada, al mismo tiempo de una gran reticencia a su fundamentación filosófica.

La experiencia de los procesos de descolonización, el multiculturalismo y la crítica postmoderna se conjugan para que incluso los representantes de la tradición racionalista teman incurrir en etnocentrismo, en imperialismo cultural y en ingenuidad metafísica si sostienen la universalidad de los derechos humanos.

Considerando que es imposible basarlos en la naturaleza humana o en la racionalidad, el postmoderno Richard Rorty sostiene que la cultura de los derechos humanos es un factum que no precisa fundamentación. A su juicio, se trata de una cultura desarrollada gracias a una educación sentimental que ha tenido lugar en sociedades con condiciones de vida favorables a la autoestima y a la dignidad personal. Esta educación se da en situaciones de seguridad, paz y prosperidad económica. Así, los derechos humanos no necesitarían fundarse en el reconocimiento verdadero de una naturaleza humana especial.

Solo es necesario el progreso de los sentimientos gracias a las historias tristes que nos sensibilizan. El temor a que un sistema jurídico legitimado únicamente por la voluntad popular pueda contener normas injustas ha llevado a buscar criterios de justicia externos al proceso democrático. Se trata de los derechos humanos concebidos como derechos morales anteriores al sistema de normas jurídicas. Su reconocimiento por parte del sistema jurídico proporcionaría a este la legitimidad buscada.

El enfrentamiento entre los pensadores ilustrados defensores de los derechos humanos y los anti-ilustrados que rechazaron en el siglo XIX estos derechos por considerarlos fruto de una abstracción racionalista prosigue en la actualidad en el debate entre procedimentales y sustancialistas:

  1. Las éticas sustancialistas sostienen que no se puede establecer la corrección de normas si no se apela a alguna concepción compartida de la vida buena. Lo propio de la moral no sería la discusión sobre normas justas universales, sino la reflexión sobre los bienes, fines y virtudes asumidos por la comunidad en la que se vive.
  2. Las éticas procedimentales, herederas del formalismo kantiano, ofrecen un enfoque contructivista de los derechos humanos. Conservan de la teoría de Kant una concepción de la ética según la cual el objetivo no debe ser recomendar contenidos morales concretos, sino ofrecer procedimientos que permitan legitimar o deslegitimar las máximas que guían la acción.

La propuesta rawlsiana se basa en un procedimiento contractual hipotético en el que las partes que negocian no conocen cual será su particular condición (velo de ignorancia), por lo que se ven impulsadas racionalmente a adoptar normas justas para todos, evitando así la posibilidad de quedar en una situación excesivamente desventajosa.

Los derechos humanos serían una categoría especial de derechos de aplicación universal que forman parte del derecho de gentes. Incluye en ellos los derechos básicos: a la vida, a la seguridad, a la propiedad personal, a un juicio justo, a la libertad de conciencia, a la asociación y a emigrar.

En sociedades no liberales, estos derechos serían reconocidos a las personas, no como ciudadanos, sino en tanto miembros de grupos, comunidades y corporaciones. En la ética de Habermas, los derechos humanos serán los que correspondan a todo ser humano por el hecho de ser humano. La reformulación habermasiana del imperativo categórico kantiano ordena someter la máxima de la acción a la consideración de todos los demás para hacer valer discursivamente su pretensión de universalidad.

Frente a la idea de consenso, Muguerza enfatiza el discurso, señalando que los derechos humanos nacieron justamente de la protesta frente a consensos ratificadores del status quo. Su fundamentación negativa o disensual de los derechos o alternativa del disenso apunta a que los derechos humanos han sido conquistados gracias a las protestas de individuos o grupos de individuos que se han rebelado contra consensos excluyentes. Muguerza parte de la segunda formulación del imperativo categórico kantiano (obra de tal modo que tomes a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como un medio), a la que llama imperativo de la disidencia, porque otorga la posibilidad de decir no a situaciones en las que prevalecen la indignidad, la falta de libertad o la desigualdad.

Danilo Zolo ha criticado los planteamientos de Habermas y de otros filósofos y juristas que consideran viable la aplicación universal de los derechos humanos (globalismo jurídico). Se trata de una nueva forma de etnocentrismo que intenta aplicar valores y principios provenientes del individualismo liberal a culturas como la islámica y la china en las que no existe una noción de libertad y de derecho fuera de la comunidad y de sus relaciones jerárquicas. A su juicio, el globalismo jurídico solo abre las puertas del militarismo humanitario por el que las potencias imperialistas se permiten la injerencia en los estados soberanos y genera resentimiento ante lo que es percibido como occidentalización del mundo.

Bobbio han llamado la atención sobre lo que ha llamado especificación de derechos o proceso de sucesión de declaraciones que atienden a situaciones de colectivos particulares. Algunos de estos derechos colectivos plantean problemas para el cumplimiento de los derechos humanos de primera generación. Las culturas son concebidas como repertorios fijos y homogéneos que deben ser protegidos incluso contra las veleidades de cambio de sus miembros. Esta posición extrema nos lleva a las antípodas de la afirmación liberal de los derechos fundamentales y constituye un serio peligro para la libertad de las mujeres.

Hay que insistir en la importancia de los derechos humanos para las épocas que se avecinan. Se trata de una herencia fundamental de la Modernidad. Con la globalización, hoy más que nunca es verdadera la observación de Kant: como se ha avanzado tanto en el establecimiento de una comunidad más o menos estrecha entre los pueblos de la Tierra, la violación del derecho en un punto de la Tierra repercute en todos los demás.

En el siglo XXI no disponemos de una metafísica y de una filosofía de la historia optimistas que nos aseguren el triunfo final de la justicia, pero el legado ilustrado de los derechos humanos, renovado a la luz de los retos actuales y del pensamiento crítico, constituye un baluarte que nos pone a resguardo tanto de los fundamentalismos religiosos de todo signo, como de la dinámica ciega de las fuerzas económicas reificantes.

Pero ¿quién se ha enterado? Fundamentalistas y fuerzas económicas reificantes desde luego no.

Basado en el capítulo 9. Los Derechos Humanos, un legado de la modernidad, de Alicia H. Puleo

Incluido en el libro Ciudad y Ciudadanía. Senderos contemporáneos de la filosofía política. Ed. de Fernando Quesada

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comentarios
  1. lorena dice:

    Me alegra leerte 😉

  2. Anónimo dice:

    Aún no lo he podido leer, pero me asalta un júbilo interior al ver un nuevo post …sigue así.

    Inma

  3. montuno nº1 dice:

    a mi tambien me alegra leerte. besazos!

  4. […] Il se marie à 23 ans avec Marie Pélagie Maigreau et reçoit les propriétés de Chou. La Révolution française[modifier | modifier le code] Il poursuit son action dans cette période difficile, protestant par exemple en janvier 1791 contre la Constitution Civile du Clergé, il fait alors de courts séjours à Bourges, puis rentre dans sa ville natale en septembre 1791. El Problema de la Fundamentación de los Derechos Humanos | Internauta Sin Pauta. […]

  5. […] Constitución francesa de 1958 que conserva el preámbulo de la Constitución de 1946. I. II. III. El Problema de la Fundamentación de los Derechos Humanos | Internauta Sin Pauta. El grado de reconocimiento de los derechos humanos se halla lejos de ser uniforme en todo el […]

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