Multiculturalidad, Inmigración y Democracia

Publicado: 5 mayo, 2012 en Antropología, Filosofía
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Los términos del debate

Ante el tema de la migración existen dos posiciones teóricas iniciales en torno a las que orientar argumentos:

  • o bien se considera las actuales migraciones internacionales como formando parte de la normalidad histórica, puesto que siempre ha habido migración;
  • o bien se considera las actuales migraciones internacionales como anunciando un tiempo histórico que tiene elementos que lo diferencian de otras migraciones.

La situación histórica actual es distintiva porque la llegada de inmigrantes y su permanencia ponen directamente en entredicho los fundamentos (valores y principios) de la política tal como se ha construido en una democracia.

Es nuestro propio sistema de categorías políticas fundamentadas con los principios democráticos los que deben ser replanteados. Toda sociedad se mueve a través de un sistema de categorías que forma parte de su cemento estructural hasta que se produce paulatinamente un proceso de cambio que lo pone en evidencia, y se inicia un proceso de reflexión sobre los fundamentos que anclan el sistema de categorías.

Existen muchas formas de apelar a valores democráticos para legitimar posiciones teóricas, aunque evidencian unas concepciones muy diferentes de democracia. Uno de los principales criterios de distinción es si consideramos el poder del demos en su dimensión social, como población independientemente de su nacionalidad, o en su dimensión política, como ciudadanía normal.

Estas reflexiones se mueven teniendo en cuenta el hecho de que se ha producido una asincronía que evidencia la existencia de una gran brecha entre nuestro tiempo histórico que avanza mucho más rápidamente que nuestra capacidad conceptual de gestionar el proceso de multiculturalidad debido a la inmigración.

Kisselleck denomina conceptos asimétricos a aquellos conceptos que, bajo una aparente capa de descripción, esconden una unilateralidad y una interpretación desigual y parcial de la realidad. Son propios de discursos de grupos que reclaman la generalidad de forma exclusiva al rechazar toda posible comparación. Tales determinaciones generan conceptos contrarios que discriminan a los excluidos, por ejemplo: el que no es católico se convierte en hereje e incluso en incivilizado.

A través del debate sobre la reconstitución del demos político tenemos la oportunidad de analizar cómo se producen nuevos sistemas de categorías que, en último término, están muy vinculadas a si sabemos asumir la diferencia como valor y principio de orientación política.

Demos Político y población: una diferencia desafiante

Para Dahl, el proceso democrático comenzó su primera transformación en la polis griega y su segunda gran transformación con su extensión a la Nación-Estado. Su argumento es que estaríamos hoy en una tercera transformación, donde la democracia se extendería hacia el mundo. Dahl sigue como criterio el territorio: de la ciudad-Estado al Estado-nacional y, de este, al mundo.

Para este autor, el principio de inclusión es una de las variables definitorias de una democracia. El principio que dice que no puede haber una persona que obedezca leyes y no forme parte del demos. Lo que Dahl no percibió es que la tercera transformación tiene más un carácter cualitativo que cuantitativo. No es tanto de lo nacional a lo global, sino del carácter nacional y monocultural de la democracia a la democracia multicultural.

Si el demos es la propia noción donde se asienta el principio de soberanía, existen personas dentro de nuestras sociedades que no son soberanas. Aquí es donde todo el conjunto de valores y de principios que identifican a una democracia se tambalean. Formulando mejor el argumento anterior: la presencia de inmigrantes nos obliga a aceptar que las teorías sobre la democracia han supuesto la pertenencia a una comunidad y han asumido que los principios democráticos sólo se aplicaban sobre los miembros de dicha comunidad. El principal tema que suscita este supuesto es el determinar los límites de la obligación de las democracias actuales.

Santísima Trinidad de la democracia actual: Estado, Nación y Ciudadanía

La democracia actual está configurada en el marco del Estado-Nación y codifica en derechos y deberes al demos político bajo la noción de ciudadanía. La ciudadanía es el principal vehículo de legitimación del Estado-Nación.

El Estado es la entidad política que define quién es ciudadano y qué limita territorialmente su actividad. La Nación es la entidad simbólica que vincula culturalmente el territorio estatal con la ciudadanía, creando la lealtad y cohesión necesarias para que el vínculo entre el Estado y la ciudadanía sea permanente y estable a través del tiempo. La Ciudadanía juega en este marco un papel mediador. Es el principal vehículo que tienen el Estado y la Nación para vincularse y legitimarse.

En nuestras democracias, cada uno de los elementos de esta relación tiránica no pueden concebirse como separados. Esto significa que cada uno de los componentes se define y limita con ayuda de los otros dos, como que cada uno de ellos sirve de mediador para entender los otros. Denominaremos esta relación, no sin ironía, como la Santísima Trinidad de nuestras democracias liberales europeas (para reforzar su carácter de creencia). Todas ellas forman su sistema de valores atendiendo a este vínculo sagrado, producto directo de nuestra tradición ilustrada y del proceso de modernidad de nuestras sociedades. Salir de este triángulo supone salir del paradigma de la Ilustración. Podemos hacer dos lecturas de este marco conceptual:

  • La lectura institucional. Incide en que el marco social sirve de referencia para orientar nuestras principales instituciones y el uso del poder político. Desde este punto de vista, se puede hacer una triple interpretación:
    • El vínculo indisoluble Estado-Nación-Ciudadanía conforma los límites de la estructura básica de nuestras sociedades liberales y democráticas europeas que debe entenderse como el actual campo de la legalidad.
    • Fuera, el principio mismo de legalidad tiene serios problemas contextuales para aplicarse. Este vínculo constituye la base actual sobre la que se apoya toda justificación del poder político.
    • La relación Estado-Nación-Ciudadanía es el marco dentro del cual se define quien está dentro y quien queda fuera del demos.
  • La lectura normativa. Incide más en que el marco es una de las principales fuentes de valores y criterio último para resolver conflictos. Se puede hacer una triple interpretación:
    • El vínculo Estado-Nación-Ciudadanía transforma nuestro marco de referencia dentro del que valoramos el campo de la política. Lo bueno y lo malo se definen en tanto refuerzan o amenazan la conexión sagrada entre el Estado-Nación-Ciudadanía.
    • Este vínculo orienta nuestras concepciones del mundo, nuestros paradigmas de pensamiento político. En este sentido, las discusiones que ponen en duda el marco conceptual son debates que tienen un carácter revolucionario en el sentido kuhniano de cambio de paradigma.
    • Este triángulo es la base normativa sobre la que se apoyan los conceptos políticos que habitualmente usamos para describir y explicar nuestras sociedades liberales democráticas.

Fuera de estas “fronteras” tenemos dificultades para hacer cumplir los criterios básicos de la democracia de la misma forma que dentro de las fronteras. Esto implica que para un ciudadano cruzar las fronteras de su Estado es cruzar también las “fronteras de la democracia”.

El demos ha sido concebido tradicionalmente de una forma culturalmente homogénea. Aunque los criterios para pertenecer al demos han variado históricamente, su conceptualización ha sido siempre construida en términos excluyentes, por oposición a los que no pertenecen a él. Además, esta identidad cultural del demos ha sido una de las mayores bases para legitimar el hecho que los que quedan dentro del demos puedan obligar a los que quedan fuera de él que obedezcan sus decisiones.

Una primera reflexión sobre la ciudadanía en un entorno multicultural debe precisamente comenzar por discutir si es todavía viable entender el demos bajo el vínculo moderno entre Estado, Nación y Ciudadanía.

Continúa en Nuevo Tiempo Histórico para la Democracia

Basado en Multiculturalidad, Inmigración y Democracia: La re-constitución del demos político de Ricard Zapata-Barrero.

Capítulo 12 de Ciudad y Ciudadanía. Senderos contemporáneos de la Filosofía Política. Ed. de Fernando Quesada

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comentarios
  1. pablito dice:

    solo un inciso…
    donde dices: …como la Santísima Trinidad de nuestras democracias liberales europeas…
    deberías decir: …como la Santísima Trinidad de nuestras sociales democracias europeas…
    Porque de liberales tienen bien poco, son opresivas e programadas o programadoras.

    Ademas, hoy en día y en nuestro estado, nación, no es necesario ser ciudadano del mismo para disfrutar de lo que ello significa.

    Ya que me he animado, tengo que confesarte, filotecnologa, que tienes un gran blog, digno de admiración ;), te felicito por tu esfuerzo y te animo a que continúes así, porque me encanta.

    un saludo 😉

    • Muchas gracias Pablito, te agradezo de veras tu comentario y tu opinión. Espero que te prodigues mas por aquí.
      El sentido liberal al que hace referencia el autor no es el ético-moral, permisivo, moderno y tolerante con la diferencia. Ni de coña son así nuestras sociedades.
      El sentido de liberal que hay que usar es el político-económico, una ideología donde los medios de producción y las inversiones deben dejarse en manos privadas y reducir el papel del estado a su mínima expresión. Un sistema donde los pobres no pueden acceder a la buena educación y la buena sanidad, porque ambas están en el ámbito privado, cuyo único objetivo es el lucro. Un sistema que apuesta por una libertad absoluta a los mercados ya que los considera capaces de autoregularse.
      Eso es una nación liberal, y desgraciadamente ese es el sistema.
      Un saludo

  2. Luis dice:

    Hola filo, esta vez me he servido de tus (también) estupendos apuntes de F. Política para el tema del multiculturalismo. Me ha parecido divertido el siguiente lapsus calami:
    Dices “En nuestras democracias, cada uno de los elementos de esta relación tiránica [Nación, Estado, Ciudadanía] no pueden concebirse como separados”.
    Me atrevo a comentarte el asunto porque efectivamente la expresión tiene sentido, dado que ocurre en un apartado de título “Santísima Trinidad de la democracia actual”, y teniendo en cuenta lo mal que nuestras “avanzadas” democracias, con todas sus magníficas categorías políticas, tratan a los inmigrantes “que viven dentro de nuestro territorio, y obedecen, pero no forman parte del demos”. En fin, la relación es “triádica”.
    ¡Muchas gracias, como siempre!
    Luis

    • Gracias Luis.
      No tengo muy claro que sea un lapsus calami, porque hace tiempo que escribí esta entrada. Pero conociéndome, yo diría que lo escribí a conciencia.
      Creo que la voy a dejar tal cual, me parece más acertado tiránica que triádica. Las troikas suelen serlo 😉
      Un saludo

  3. Nino dice:

    Esto sucede por culpa de este falso buenismo y altruismo. Aquí mucha gente quiere llenar este país de inmigrantes ilegales, pero nadie les mantiene con su dinero, ni les lleva para su casa. tenemos que aguantarles los demás. Estos disturbios de Lavapiés demuestran hasta que punto esta gente esta crecida y protegida. Es inaudito, están ilegales y atacan a la policía. Desde cuando una gente que esta ilegal en un pais puede hacer estas barbaridades ? Pues si llegan a estar legales queman Madrid entero. A esto tienen que ponerle freno,si,o si, de lo contrario va a haber mas que palabras en este país y en este continente. Esto es solo el principio.

  4. Gabino dice:

    Vamos de culo y sin frenos. La culpa , ya sabemos donde radica. Lo que están haciendo estos vendepatrias, es infumable. Llegan, se les aguanta que estén ilegales, se les da facilidaes, incluso mas que a muchos españoles necesitados,( todos lo sabemos), y encima, MUERDEN LA MANO QUE LES DA DE COMER .Vaya futuro nos espera.

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