La Explicación Funcional

Publicado: 25 mayo, 2012 en Ciencia, Filosofía
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El modelo de explicación funcional

El análisis de la forma de explicación funcional tiene una larga historia en la filosofía de la ciencia. No es fácil hacerle justicia a este tema en los límites que parecen adecuados para una introducción general. Sin duda hay aspectos del funcionalismo, lo mismo que de la teoría de sistemas o del organicismo, a los que se les puede encontrar claros antecedentes en el pensamiento de la antigüedad clásica, pero el funcionalismo como tal es un término que entra con fuerza en el discurso filosófico en el último cuarto delsiglo XIX y que, desde entonces, ha tenido una presencia creciente.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que en el análisis funcional se suele adoptar el patrón de explicación funcional aunque el desarrollo de críticas formales muy precisas a ese tipo de explicación hayan llevado a cambios muy profundos en la teorización estructural-funcional. Es importante observar que muchos teóricos han señalado la enorme diversidad de contenidos a los que se aplica el término «función» y que muy poco o nada tienen que ver con la noción matemática de función. Por el contrario, normalmente con función hacemos referencia más bien al papel que tienen los elementos de un sistema para contribuir al sostenimiento de un estado persistente de dicho sistema.

Un momento fundamental en el análisis de este patrón de explicación por las consecuencias, y que se sitúa en torno a la segunda mitad del siglo pasado. En ese período apareció el artículo de E. Nagel «Una formalización del funcionalismo», recogido en su libro Lógica sin metafísica, y en el que se intentaban sistematizar las once tesis de Merton de 1949 sobre el análisis funcional. Nagel en esa formalización hace una referencia especial a las ciencias sociales.

Los resultados de ese trabajo fueron incorporados por Carl Hempel en 1959 en su artículo «Lógica del análisis funcional», que suele admitirse como el tratamiento estándar, desde la filosofía de la ciencia, de tal patrón de explicación. Según Hempel, el modelo de explicación funcional al pretender explicar la persistencia de un determinado rasgo resulta inadecuado porque supone el uso de la falacia de afirmación del consecuente, es decir, aceptar que al afirmar conjuntamente un enunciado condicional (A→B; p. ej., «si llueve, el suelo se mojará») y su consecuente (B; «el suelo se ha mojado») podemos concluir el antecedente (A; «ha llovido»); naturalmente, esta forma de razonar es una falacia porque puede suceder B sin que suceda A (p. ej., el suelo puede mojarse porque lo rieguen). Precisamente por incurrir en tal falacia no puede pretender tener carácter predictivo y, a lo sumo, puede ser una pauta con cierta utilidad heurística pero no explicativa.

Otra manera de resumir esta potente crítica de Hempel a la explicación funcional es decir que la presencia de un rasgo específico en un organismo, presencia que se pretende explicar por su función, no es en general una condición necesaria (o no se sabe que lo sea) para la realización de tal función. Una de las soluciones ofrecidas por Hempel, para mantener la adecuación formal de la explicación funcional, consistía en proponer la explicación de una clase funcional de rasgos —no de un único rasgo— que conduzcan a un mismo resultado. No se podría pretender la explicación de un ítem determinado sino de una familia de rasgos funcionales (cuyo conjunto si resultase necesario), aunque así el interés para la explicación en ciencia social aparecería muy disminuido, pues resulta mucho más complicado el análisis de un conjunto de rasgos, con muchas relaciones posibles entre sí y con otros factores externos.

El debate sobre las explicaciones teleológicas

En las explicaciones funcionales o teleológicas (aunque no son exactamente lo mismo) explicamos los acontecimientos a través de hechos que no están en el pasado sino en el futuro, es decir, la causa del hecho a explicar estaría en el futuro. También podría decirse que, en las circunstancias apropiadas, es recibir una explicación en términos del fin particular al cual se dirige un medio determinado.

Las explicaciones teleológicas, según afirma Nagel, centralizan la atención en las culminaciones y los productos de procesos específicos, y en particular en las contribuciones de varias partes de un sistema para mantener sus propiedades globales o modos de comportamiento.

En las explicaciones funcionales las consecuencias de algún comportamiento o de algún ordenamiento social son elementos esenciales de las causas de ese comportamiento. Un tipo común de este tipo de explicaciones en la vida cotidiana es el de la motivación.

Las teorías funcionales explican los fenómenos por sus consecuencias y pueden ser útiles para explicar los fenómenos sociales, porque hay muchas cadenas de causación inversa que seleccionan pautas de comportamiento por sus consecuencias, como ocurre con los procesos de evolución biológica y social, y con fenómenos de planeamiento individual y colectivo.

Las explicaciones funcionales son formas complejas de teorías causales e involucran conexiones entre variables con una prioridad causal especial de las consecuencias de la actividad a nivel de la explicación total. Pero no toda explicación funcional adopta el compromiso del holismo metodológico.

Desde el individualismo metodológico se ha mantenido que la base de las ciencias sociales son los actos de los sujetos, de tal manera que ya que los únicos que actúan y tienen intenciones son los sujetos, debe evitarse la pretensión de analizar las entidades supraindividuales como agentes sociales. La causalidad procede de lo individual a lo social; se ejerce a partir de los agentes humanos que tienen, por tanto, un papel explicativo fundamental. En cualquier caso son las unidades elementales, los actos de los individuos, los que permiten definir el origen de los hechos sociales entendidos como resultados de la acción de dichos agentes.

La utilización de un lenguaje teleológico normalmente ha tratado de reflejar la diferencia entre los seres vivos y la naturaleza inanimada. Como hace Nagel, es importante distinguir analíticamente entre adscripción de fines y adscripción de funciones. Para precisar que nos encontramos ante algún objetivo hacia el cual se orientan ciertas actividades de un organismo, resulta conveniente distinguir entre objetivos y funciones. Poco a poco los procesos dirigidos a fines han encontrado una forma de análisis; distinguir adecuadamente sus diversos tipos es muy conveniente para no caer en errores lógicos elementales. Ernest Nagel distingue tres tipos principales de procesos teleológicos.

  • El primero se refiere a la conducta propositiva de los humanos. El objetivo G(«goal») de una acción o proceso se dice que es algún estado de hechos pretendido por un agente humano. La intención en sí misma es un estado mental interno que, acoplado con el estado interno de querer G, junto con creer que una determinada acción A contribuye a la realización de G, se dice que es un determinante causal de realizar la acción A. La conducta dirigida a objetivo es la acción A realizada por el agente para lograr el objetivo. No es el objetivo lo que produce la acción, sino más bien las aspiraciones del agente, conjuntamente con su creencia de que la acción contribuirá a la realización de su objetivo. Pero utilizar este tipo de lenguaje resulta totalmente inadecuado cuando estamos tratando con organismos que son incapaces de tener intenciones y creencias. Por ello no nos puede extrañar que quienes adoptan esa forma teleológica de hablar tratan de adscribir intenciones a totalidades (holistas) como el sistema social, el capital o la burguesía.

  • Una segunda forma de proceso teleológico sería el que se ha llamado teleonómico, en el cual la «conducta o proceso debe su direccionalidad a la operación de un programa». Nagel lo llama perspectiva teleológica del programa o código. Estos casos son los que supuestamente vienen reflejados por el código genético y es en esta línea en la que se colocan algunas interpretaciones sociobiológicas. Pero un proceso que no tiene un fin programado no puede ser caracterizado adecuadamente como teleonómico, ya que, aunque esté controlado por un programa, ello no lo hace necesariamente dirigido a objetivo.

  • Se puede, sin embargo, hablar de otra tercera forma de analizar los procesos dirigidos a objetivos. Se trata de una perspectiva que procede de la teoría de sistemas o visión sistémica. Aquí consideramos que se encuentra la manera más interesante actualmente de abordar este tipo de procesos y es un espacio en el que el trabajo interdisciplinar entre diversas ciencias sociales y ciencias de la computación están produciendo resultados de mucho interés. Simplemente señalemos que hay tres propiedades centrales que deben tener los sistemas para que podamos caracterizarlos adecuadamente como dirigidos a objetivos

    • En primer lugar su plasticidad (la existencia de caminos alternativos para llegar al mismo resultado previsto

    • En segundo lugar la persistencia, es decir, que el sistema es capaz de mantener su conducta propositiva como resultado de cambios que ocurren en el sistema y que compensan cualquier desviación (interna o externa) que se haya producido dentro de ciertos límite

    • Y, en tercer lugar, la independencia (u ortogonalidad) de las variables, que quiere decir que dentro de ciertos límites los valores de cada variable en un momento dado deben resultar compatibles con cualesquiera valores de las otras variables en el mismo momento. Esta línea de pensamiento no dice simplemente que «todo esté relacionado con todo» (que es, como ha dicho Elster, el primer principio de la pseu-dociencia) sino que precisamente trata de aislar las variables que cumplan determinadas condiciones y que muestren ser las relevantes para conseguir mantener ese proceso orientado a fines

Las explicaciones teleológicas establecen una relación explicativa intenciones-fines y sostiene tres afirmaciones:

  • La explicación teleológica consiste en explicar un hecho presente por lo que ocurrirá en el futuro.
  • Es legítimo entender el fin en el sentido aristotélico de “causa final” con lo que la relación medios-fin se vuelve relación causal.
  • La explicación teleológica puede, de esa manera, reducirse a una explicación legaliforme.

Pero ninguna de estas tres afirmaciones describe adecuadamente la índole de la explicación teleológica.

  • En primer lugar en ella no se explica un hecho presente por lo que ocurriría en el futuro, se explica un hecho presente por algo que ocurre en el futuro, por la implementación de los medios a partir de las intenciones.
  • En segundo lugar la relación medios-fines no es asimilable a la relación causa-efecto

Si lo describimos en la forma de silogismo práctico:

  • a) la premisa mayor menciona una meta,
  • b) la premisa menor un acto conducente al logro de la meta, un medio dirigido al fin,
  • c) la conclusión consiste en el uso de ese medio para alcanzar el fin.

Obtenemos así el esquema de explicación teleológica:

  • A se propone dar lugar a p.
  • A considera que no puede dar lugar a p a menos que haga a.
  • Por consiguiente, A se dispone a hacer a.

No puede evaluarse en términos de validez lógica porque la verdad de las premisas no garantiza la verdad de la conclusión, puedo arrepentirme o cambiar de idea y no iniciar la acción.

Reconstrucciones formales de la explicación funcional

Elster ha sido el principal oponente de G. Cohen en la discusión interna al marxismo analítico, sobre la adecuación formal y material del funcionalismo. Elster mismo ha sintetizado el estado de la cuestión señalando cuatro versiones principales del funcionalismo. Para verlas en su complejidad resulta muy útil la reconstrucción siguiente.

Decimos que un fenómeno X se explica por su función Y para el grupo Z si y solamente si se cumplen todas estas condiciones:

  1. Y es un efecto de X

  2. Y es beneficiosa para Z

  3. Y no es pretendido por los actores al realizar X

  4. Y no es reconocido por los actores en Z

  5. Y mantiene X por la retroalimentación causal que pasa a través de Z

No todas las explicaciones funcionales satisfacen estos cinco enunciados; de hecho con frecuencia se cumple 1, 2, 3 y 5 pero no el criterio 4 (en ese caso se podría hablar de una especie de «selección artificial»): el fenómeno se mantiene porque el grupo lo considera beneficioso. En otros casos se cumple 1, 2, 3, y 4 pero no 5; en este caso, la falacia que se produce en el razonamiento funcionalista consiste en inferir la existencia del mecanismo de retroalimentación causal a partir de satisfacer los cuatro primeros criterios(del 1 al 4). Por ejemplo, se podría demostrar que la neutralidad aparente del Estado en las sociedades capitalistas contemporáneas satisface mejor los propósitos de los empresarios que un gobierno que tenga un sesgo social; a partir de esto, ciertos marxistas funcionalistas concluyen que este efecto beneficioso explica la neutralidad del Estado. Ahora bien, a menos que uno impute el mecanismo causal de retroalimentación a ciertas agencias de algún comité ejecutivo oculto de la burguesía, parece difícil ver cómo opera este mecanismo. En las ciencias sociales, la retroalimentación causal debe demostrarse más que postularse, a diferencia de lo que ocurre en biología donde la existencia de un efecto beneficioso parece que da una razón inmediata para pensar que es el producto de la selección natural, pues ésta proporciona un mecanismo general para una retroacción causal en la evolución de los seres vivos. De esta manera se pueden distinguir varias formas de funcionalismo:

  • a) En primer lugar tendríamos una variante ingenua del funcionalismo, que asume tácitamente que señalar las consecuencias beneficiosas de determinado efecto, resulta suficiente para establecer la explicación. Evidentemente esta variedad no sólo rechaza que las consecuencias puedan ser accidentales, sino que no cae en la cuenta de que aún cuando la conexión no fuese accidental podría no ser explicativa pues puede ser el caso de que tanto el explanans como el explanandum sean efectos conjuntos de una tercera variable.

  • b) Hay otros proponentes de la explicación funcional que defienden que puede ser el caso que tengamos un conocimiento general del mecanismo que está operando, aún cuando no seamos capaces de suministrar los detalles. Se trata de una extensión por analogía del papel jugado por la teoría de la selección natural en las explicaciones funcionales en biología. El tipo de crítica que se puede hacer a esta posición, que se ha defendido para analizar el cambio técnico mediante procesos de selección entre empresas, se relaciona con el papel del tiempo, pues no tienen en cuenta que la adaptación se refiere a un objetivo en movimiento (que se desplaza) y que los cambios en el entorno social y el ritmo de esos cambios puede producir que se provoque una respuesta inadecuada para la nueva situación. Si el proceso no es intencional no puede plantearse una orientación hacia las que puedan ser las condiciones del futuro, sino que se dirigirá siempre hacia la actual situación del objetivo. Algunas de las críticas a la economía del bienestar y sus dificultades para establecer el descuento del tiempo y tener en cuenta a las generaciones futuras ha sido unade las críticas desde cierto ecologismo a la teoría económica académica (posición de Martínez Alier).

  • c) Una tercera posición es la que defiende que la única explicación funcional completa, adecuada formal y materialmente, es aquella queofrezca los detalles completos del bucle de retroacción que fundamenta la explicación. Sin duda esta es una posición muy exigente y que, diciéndolo con términos de Nagel, reduce la explicación funcional a un tipo de explicación teleológica, dirigida hacia un objetivo y que, en aquellos casos en los que se puede sostener, no es más que un caso de explicación causal. En todo caso es preferible esta tercera posición que la primera ingenua, ya que puede sugerir vías de investigación que no caigan exclusivamente en la búsqueda de una explicación causal sino que puede tener que ver con el lugar de la explicación intencional en ciencias sociales.

  • d)La cuarta posición, entre las que ha sistematizado Jon Elster, sería precisamente la que se apoya en la ley de consecuencia en el sentido de Cohen, y aunque ni Elster ni Cohen han observado tal similitud, se corresponde en gran medida con la posición formulada precisamente por Nagel en 1977. En este caso las dificultades no se referirían a la estructura formal de la explicación, sino que las críticas tendrán que centrarse en los usos concretos y son en buena medida de carácter pragmático:

    • 1) no es frecuente disponer de casos que apoyen una cierta generalización inductiva, que nos hiciera plausible la adopción de la ley de consecuencia. Por ejemplo, el caso estudiado por Cohen sobre la explicación de las relaciones de producción en términos de su impacto beneficioso sobre las fuerzas productivas, que se intenta presentar como una explicación funcional, sería precisamente el único caso de la ley de consecuencia que explica ese mismo hecho. Esta objeción está siendo apoyada por algunas investigaciones sobre la transición del feudalismo al capitalismo, lo que se ha llamado la cuestión de R. Brenner, pues parece que el estudio apoyado en las transformaciones de las relaciones de propiedad suministra mayor clarificación y en un mayor número de casos que la supuesta explicación funcional del materialismo histórico a la Cohen.

    • 2) Por tanto aparece una segunda objeción pragmática, en el sentido de que es mejor estrategia heurística estudiar el mecanismo concreto que la búsqueda de otras instancias confirmadoras de la ley.

    • 3) Además una tercera posición crítica viene a decir que si el término «beneficioso» utilizado por las variedades ingenuas del funcionalismo resultaba vago, la noción que se utiliza a veces proponiendo que se trata de un estudio de óptimos resulta, por el contrario, excesivamente exigente. Adoptar una determinada pauta conductual como óptima puede ser algo muy complejo de establecer.

Funcionalismo y Estructuralismo

Una de las líneas de investigación social que ha tenido cierto predicamento es la conocida como estructuralismo. De hecho ha tenido cierta importancia en la historia de la antropología. El estructuralismo francés de mediados del siglo XX (con antropólogos como Levi-Strauss) supuso un fuerte impacto en ciertos campos de la ciencia social. Una buena manera de entender esa línea de investigación, que en la práctica niega la realidad de la elección intencional entre alternativas, es vincularla a la forma de explicación funcional.

Como ha indicado Jon Elster, podríamos pensar que cualquier acción realizada puede considerarse como el fruto de dos procesos sucesivos de filtraje.

En primer lugar nos encontramos con las restricciones objetivas que reducen el campo abstracto de todo nuestro conjunto de posibilidades, situándonos ante el conjunto de acciones realizables.

Además podemos suponer un segundo mecanismo que explique porque se realiza una acción en vez de otra de entre las que están en nuestro conjunto de acciones realizables. Una manera de negar la realidad de la elección racional consiste en decir que el conjunto de constricciones define efectivamente un conjunto de acciones realizables que se reduce al conjunto unitario, o que de hecho es un conjunto tan pequeño que no se pueden distinguir sus diversos componentes. Esta es la forma en que Elster interpretaba al estructuralismo francés. Resulta interesante analizar lo que se puede llamar «la falacia estructuralista en ciencias sociales». Siguiendo a Jon Elster, se trata de la inferencia siguiente:

  • Todos los miembros de A hicieron x.

  • Cuando todos los miembros de A hacen x, esto tiene el efecto z, conocido y deseado por los miembros de A.

  • Por lo tanto, los miembros de A hicieron x para conseguir z.

Un ejemplo de esta falacia la analiza el historiador Eric Hobsbawn, al precavernos de cierta explicación falaz de los orígenes del capitalismo que coloca elementos económicos externos como motivaciones de los inversores individuales: «El mismo proceso que reorganiza la división social del trabajo, incrementa la proporción de trabajadores no agrícolas, diferencia al peasantry y crea las clases de trabajadores asalariados, también crea hombres que dependen para sus necesidades de las compras en efectivo-clientes para los bienes. Pero este es la mirada del analista sobre el asunto, no la del empresario que es quien decide si invierte o no para revolucionar su producción».

El modelo de explicación funcional en sociología o antropología supone una forma de razonamiento muy cercano a la falacia estructuralista. El rasgo común es que las consecuencias objetivas favorables de algún conjunto de acciones se consideran que explican las acciones. En la falacia estructuralista estas consecuencias se convierten en motivos individuales para la acción mientras que las explicaciones funcionalistas postulan algún mecanismo de retroalimentación causal del efecto a la causa.

La solución darwinista

En el espacio de la filosofía de la biología se ha producido buena parte de la discusión sobre la adecuación de la explicación funcional. Posiblemente esto es así porque tanto en la vida cotidiana como en biología con frecuencia consideramos que explicamos la conducta de un ser o la misma existencia de algo indicando la función que realiza.

Desde luego este tipo de explicaciones finalistas (teleológicas) resultan problemáticas porque hacen referencia a intenciones (en el mejor de los casos) o nos remite a algún agente inteligente que tuvo el propósito de diseñar un componente (el corazón) para que cumpla una determinada función. Ahora bien, como ha indicado A. Rosenberg:

«El problema filosófico no consiste en decidir si estas explicaciones son legítimas en biología, sino en ofrecer un análisis del método y la teoría biológica que explique por qué resultan indispensables este tipo de explicaciones».

Lo que ocurre en biología es que se dispone de una fundamentación para este tipo de explicaciones en términos de la teoría de la selección natural. Nos ofrece el mecanismo subyacente a esta aparente situación en la que los efectos explican las causas. Un efecto posterior no puede explicar una causa anterior. Las funciones parecen ser posteriores, por lo tanto no pueden explicar causas anteriores. Así pues, en el caso de los latidos del corazón se puede considerar que la frase «la función de los latidos es conseguir que circule la sangre» viene a significar implícitamente que, a lo largo de la evolución, se seleccionaron aquellas variaciones aleatorias (mutaciones) en la configuración del corazón que facilitaban la circulación, debido a que esto contribuía a una mejor eficacia adaptativa (fitness) de los animales que las poseían. Por lo tanto, un corazón que facilita la circulación es una adaptación. En consecuencia, la correspondiente afirmación funcional sólo hace referencia de manera aparente a los efectos inmediatos, de hecho hace referencia a causas anteriores a lo largo del pasado evolutivo. Este es el gran «pecado» o «la idea peligrosa» de Darwin: la explicación naturalista de que no hace falta un diseñador o arquitecto intencional para dar cuenta de la estructura y las funciones de los sistemas complejos. Sin entrar en detalles que harían excesivamente compleja la explicación, señalemos lo esencial de la explicación funcional en biología. Según Elster:

«Un rasgo estructural o conductual de un organismo queda explicado funcionalmente si se puede demostrar que es parte de un máximo individual local en relación con la capacidad reproductiva, en un entorno de otros organismos que han alcanzado también sus máximos locales. Si podemos demostrar que un pequeño cambio en el rasgo en cuestión conduce a reducir la capacidad reproductiva del organismo, entonces comprendemos porqué el organismo tiene este rasgo».

Vale la pena observar que este mismo rasgo es el que plantea serias dificultades a la exportación del auténtico modelo explicativo de la biología (la explicación funcional) al ámbito de las ciencias sociales. Es la gran diferencia que existe entre una explicación intencional y una explicación funcional. La selección natural parece que en alguna medida simula la intencionalidad, pero hay muy serias diferencias si observamos la manera en que se produce la adaptación general de los animales y la de los seres humanos. Precisamente la idea de maximizar globalmente los resultados (lo que lleva a establecer compromisos previos en la conducta, a esperar en un momento para actuar posteriormente con mejores condiciones), señala a la posibilidad de adoptar un comportamiento estratégico por parte de los humanos (y posiblemente por parte de algunos animales entre los que se da algo parecido a lo que podríamos calificar de elaboración de herramientas, instrumentos para intervenir en el entorno, así como «vida social»). No se trata de que no se puedan (más bien se debe) realizar trabajo interdisciplinar entre biología y antropología, más bien queremos señalar que la gran falacia se produce si tratamos de transportar globalmente el modelo explicativo de las ciencias biológicas al espacio de las ciencias sociales. Por lo frecuente que resulta el establecimiento de analogías entre el mundo social y el biológico, no está de más indicar algunas precisiones sobre cómo opera la selección natural para no confundirla con ningún tipo de diseño intencional ni como un proceso dirigido a fines. Para ello puede resultar muy adecuadas las siguientes consideradas realizadas por Nagel en «Teleology revisited»:

«¿Ocurre realmente que la selección natural opera de manera que se generen consecuencias conductuales, es decir, produciendo órganos de un tipo particular, precisamente porque la presencia de tales órganos en el organismo del que son componentes da lugar a ciertos efectos? Tal como lo veo, suponer que esto es así sería violentar la teoría neodarwinista de la evolución tal como es comúnmente aceptada (…) De acuerdo con esa teoría, cuáles sean los rasgos heredables, que poseen los organismos que se reproducen sexualmente, depende de los genes que portan los organismos, genes que o son heredados de los organismos progenitores o que son formas mutantes de genes heredados. Cuáles de sus genes transmite un organismo a su progenie, es algo que viene determinado por procesos aleatorios que tienen lugar durante la meiosis y la fertilización de las células sexuales. No viene determinado por los efectos que los genes producen, ni en los organismos paternos ni en los descendientes. Es más, las mutaciones de los genes —la fuente última de la novedad evolutiva— también ocurre aleatoriamente. Los genes no mutan en respuesta a las necesidades que un organismo pueda tener a causa de cambios en su entorno; y qué gen muta es independiente de los efectos que una mutación genética pueda producir en la siguiente generación de organismos. Incluso más, la selección natural«opera» sobre organismos individuales no sobre los genes que portan, y que un organismo sobreviva para reproducirse no depende de si tiene rasgos que podrían resultarle ventajosos en algún entorno futuro.

La selección natural no es literalmente un «agente» que haga algo. Es un proceso complicado, en el cuál los organismos que poseen un tipo de material genético pueden contribuir más, en su entorno actual, al pool genético de su especie que lo que pueden contribuir otros miembros de la especie con diferente genotipo.»

En resumen, la selección natural es «selección» en un sentido muy peculiar de la palabra (Pickwickiano): No hay nada análogo a la foresight (previ-sión) en su operación: no da cuenta de la presencia de organismos que tengan un nuevo genotipo, no controla los cambios del entorno que puedan afectar a las oportunidades que el organismo tenga para reproducirse su propia clase, y no preserva los organismos que tengan rasgos que no son ventajosos para los organismos en su entorno actual, pero que puedan ser ventajosos para ellos en entornos diferentes. El término «selección natural» no es por lo tanto un nombre para algún objeto individual. Es un rótulo para una continua sucesión de cambios medioambientales y genéticos en los que, parcialmente debido a los rasgos genéticamente determinados que poseen los organismos, un grupo de organismos tiene más éxito en un entorno dado que otro grupo de organismos de la misma especie a la hora de reproducir su tipo y en contribuir al pool genético de la especie. La selección natural no tiene ojos para el futuro, si algunos zigotos resultan eliminados por selección natural es porque no se adaptan a su entorno presente.

Hempel. Enfoque en la concepción heredada

El Individualismo Metodológico es la posición del marxismo analítico más reciente, pero tiene precedentes claros. En el conjunto de la filosofía de la ciencia son los positivistas los que han defendido dichas posiciones, aunque tal vez, en el siglo XX, esa adscripción genérica sea parcialmente injusta, ya que otras corrientes teóricas también se pueden identificar como defensores del individualismo metodológico. Pero los fundamentos teóricos del individualismo metodológico, en el siglo XX, indiscutiblemente se relacionan con los esfuerzos del positivismo lógico por fundamentar las explicaciones científicas en unidades elementales que pudieran ser analizadas plenamente. Sin necesidad de entrar en matices que tendrían difícil cabida en un trabajo de esta naturaleza, es posible resumir la cuestión afirmando que la herencia positivista en la tradición de las ciencias sociales se afianza sobre tres principios básicos, conforme a la concepción preconizada por quienes la han consolidado:

  • a) Existe un componente ontológico según el cual es preciso admitir que la realidad existe de forma independiente y está regida por leyes inmutables; en consecuencia, el conocimiento debe predecir y explicar los fenómenos mediante el conocimiento de esas leyes.

  • b) Hemos de partir de un componente epistemológico, según el cual el investigador debe adoptar una postura de distancia, no interactiva, procurando que los valores y juicios propios no interfieran en la obtención de resultados.

  • c) Finalmente, el componente metodológico exige que las hipótesis sean sometidas a pruebas empíricas bajo condiciones contrastadas por medio de la experimentación empírica manipulativa. (Guba 1990)

En el positivismo dominante hasta bien entrados los años setenta del siglo XX, se daban estos tres componentes claramente entrelazados, aunque las reformas radicales de Popper produjeron un importante cambio, manteniendo una concepción en la que el componente epistemológico estaba claramente relacionado con el metodológico. En el individualismo metodológico, especialmente, en el marxismo analítico, tampoco se daba esa relación entre los tres componentes, ya que, siguiendo a Popper, pretendían que sólo se mantuviese una relación sistemática entre la dimensión epistemológica y la metodológica. Se trataría de una reflexión sobre la manera de explicar los hechos sociales y no sobre la composición ontológica del universo social, o sobre la búsqueda de una legitimación o justificación de las instituciones sociales a partir de una concepción individualista.

La postura general de la concepción heredada fue subsumir todas las explicaciones teleológicas y finales bajo el modelo de la explicación causal y compatibilizarlas con el modelo de cobertura legal de Hempel.

Hempel la estudia como la lógica del análisis funcional. La explicación teleológica, al recurrir a entelequias, no cumple los mínimos requisitos empíricos: no permite predicciones ni retrodicciones. Sin embargo, el análisis funcional (expresado a menudo en términos teleológicos) tiene un núcleo empírico y no acude a dichas entidades.

En este caso el explanandum es una pauta de conducta recurrente. Su forma es la siguiente:

  • Un sistema (S) funciona adecuadamente bajo unas condiciones internas y externas (Ci + Ce = C).

  • S funciona adecuadamente si se da cierta condición necesaria (N).

  • Si un rasgo (I) está presente entonces se cumple la N.

  • Luego I está presente en S.

Aparte del problema de significado de la expresión “funcionar adecuadamente”, el razonamiento involucra la falacia de afirmar el antecedente. Habría que ser más restrictivo con el rasgo I: N sólo es posible si se da I. Podríamos interpretar I como una clase de rasgos pero entonces sólo podríamos inferir la presencia de alguno de los rasgos de la clase I.

El problema en esta clase de explicaciones es el uso de hipótesis de autoregulación no empíricas. Involucran el problema del tiempo, el significado de necesidad o de funcionamiento correcto, etc. Asociación peligrosa de los conceptos de función y propósito. Es importante reseñar el papel heurístico del análisis funcional: búsqueda de los aspectos autoreguladores de un sistema (social, biológico, psíquico, etc.).

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comentarios
  1. Tote dice:

    Gracias por aclararme que las explicaciones funcionales son falsas explicaciones.

  2. cccastanog dice:

    Me gusta mucho el post, Recomiendo que se incluya la bibliografía que citas

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