Archivos para julio, 2012

Omar Faruk y Tomatito

Publicado: 31 julio, 2012 en Música
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Omar Faruk y Tomatito

Teatro Circo Price. Madrid 29 de Julio de 2012

Omar Faruk, turco sufí, Tomatito almeriense flamenco. Si los juntamos…¿fusión?. Bueno, fusión fusión…lo que se dice fusión, regular, pero pedazos de músicos sí, bastante.

El mundo de la fusión es peliagudo, a cualquier cosa le llaman fusión y hay bastante mierda por ahí con esa etiqueta. Cierto es que cuando funciona el resultado es sublime. Cuando ví que tocaban estos dos monstruos de la música juntos, pensé, bueno bueno, a ver que han hecho estos juntos.  Y la verdad es que poco. El formato del concierto no fue lo que esperábamos. Eso no quitó para que el concierto fuera excepcional.

Salen a escena 12 músicos, 6 flamencos y 6 neosufíes (permitdme la etiqueta por simplificación). Por parte de Tomatito, dos guitarristas que apodamos los cherrys, porque eran francamente francamente jóvenes, y cuyo papel fue fundamentalmente acompañar y rellenar. Digo yo que están en proceso de aprendizaje y probablemente sean el germen de la nueva generación de guitarristas flamencos. Un percusionista, cajón fundamentalmente y dos palmeros cantaores. Por parte de Faruk, una guitarra, un kunan, un sintetizador y dos percusionistas con bendires, darboukas, jembes…lo que te puedas imaginar.

Empiezan los 12 con un tema que nos abre la boca a todos, lleno de ritmo, evoluciones dignas del rock progresivo más clásico…salvando las obvias apariencias, un jolgorio y unas ganas de pasarlo bien….esto promete. El segundo tema mucho más tranquilo y relajado no me gustó tanto.

Pero en esto que se levanta la sección flamenca y se queda Faruk diciendo…ahora tocamos nosotros y luego vuelven…Pues sí que tocaron sí. Espectacular. El primer tema en el que canta Faruk, empieza con un atmósfera muy mística, enigmática, mágica y envolvente, maravilloso. Empieza a emitir lamentos hipnóticos a ritmo de unos sentenciosos bendires, que podían ser perfectamente parte de un repertorio de flamenco arrastrao y de penumbras, muy profundo. Pensé, por aquí van a ir los tiros, pero no. Faruk cambiaba de instrumento constantemente, utilizó varios tipos de ney y principalmente un baglama. El tema fue evolucionando hasta convertirse en una juerga loca.

Tocaron una serie de temas, unos 45 minutos, a cada cual mejor, donde los instrumentos árabes dominaban la escena, salvo por un sintetizador, muy característico en la música de Omar Faruk y uno de los puntos por los que se hizo famoso al introducir tecnología en el mundo de la música sufí. Bahadir Sener, tocando el kanun, tuvo momentos en los que rozó la gloria. Impresionante como rasgaba las cuerdas de este instrumento.

Los bendires también resonaban marcando los a veces frenéticos y cortantes ritmos y en otras ocasiones susurrantes y tímidos. Por algunos momentos me transporté a las noches bererebes en el desierto, el mismo espíritu, la misma esencia. Música exótica y atrayente, a veces relajante, a veces no podías quedarte quieta en las incómodas sillas que habían colocado en la platea. Muy bien, muy bien, muy entrentenido, se pasó el tiempo volando.

Se levantan y se van, y entran los gitanos, a liarla parda como  no puede ser menos. Empieza Tomatito algo flojo, pero poco a poco se va metiendo en faena y madre mía la que lió. Unos rasgueos impresionantes, mientras el percusionista le seguía a pies juntillas. Quizás lo más flojo fueron los cantaores, pero probablemente sea más cuestión de gustos. A mí me va más el cante jondo puro e hiriente. En cualquier caso fue memorable, hacía tiempo que no disfrutaba de un concierto de flamenco y la verdad es que lo echaba de menos. Cumplidas con creces las expectativas. Soberbios.

Vuelven a salir todos juntos y terminan con unos cuantos temas, el primero más flojito, el segundo más moruno y con una evolución  muy buena y finalizan con un tema con el que realmente sí sentí que habían conseguido esa fusión que se respiraba en el ambiente. El resto de temas que tocaron conjuntamente no lograron ese sonido único y diferente producto de la fusión, básicamente fue música de Faruk con pequeños toques de Tomatito. Pero este último tema, rabia de no saber los nombres, realmente me abrió por completo. Esto es lo que había venido a escuchar.

El público puesto en pie aplaudió unos minutos hasta que consiguió hacer salir a los músicos, y se tocaron una versión del clásico Spain bastante interesante. Muy buen fin de fiesta. Muy buen concierto.

Un última reflexión, en su último disco, Tree of Patience, Faruk colaboró entre otros, con Morente, haciendo una primera aproximación al flamenco. Sin desmerecer lo más mínimo al Tomatito. ¿Que habría salido de una colaboración más cercana y profunda entre Morente y Faruk? Se me abren las carnes sólo de pensarlo…

Ainadamar. Fuente de Lágrimas

Publicado: 28 julio, 2012 en Música
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Ainadamar de Golijov

Teatro Real de Madrid. 19 de Julio de 2012

Ainadamar es el nombre del lugar donde asesinaron a Federico García Lorca. En árabe significa fuente de lágrimas. Es difícil superar la ironía de la propia vida…

Golijov, compositor de esta ópera, es argentino. Es la primera ópera de un argentino que conozco. Primera de las muchas sorpresas que se fueron sucediendo unas tras otras. Para empezar la orquesta. Sorprendente ver un cajón en el Real, sorprendente. Sorprendente ver guitarras españolas, algo menos, pero sorprendente. Aún así, lo más sorprendente fue escuchar a los percusionistas tocar palmas al más puro estilo del cante jondo.  Correctísimos y francamente…sorprendente.

La obra tiene toques morunos y flamencos excepcionales, si bien hay momentos en que se vuelve bastante neutra y anodina, levanta rápidamente para volver a ofrecernos una algarabía creada y recreada con un coro de mujeres vestidas de negro, que en cierto sentido asemejaban a los coros de las tragedias griegas. Interesante.

Escena. Foto: Javier del RealLa escenografía minimalista a tope. El escenario eran paredes y suelo, ni más ni menos. Creo que sacaron una silla de madera en algún momento. Único atrezzo. Tampoco se echó en falta nada más. Las paredes y el suelo estaban cubiertos por diseños picassianos en las formas y surrealistas en el fondo. Me gustaron. El vestuario sobrio, predominando el negro, excepto en el personaje Lorca y de Margarita.

El contenido: Lorca. La historia y la obra de Lorca es bien conocida por todo el mundo. Eso no quita para que se haya obtenido una pieza original e interesante. Tres personajes principales, Lorca, Mariana Pineda como representación de uno de sus personajes clave, y Margarita Xirgú, la actriz que tantas veces representó sus papeles femeninos y gran amiga del poeta.

Escena. Foto: Javier del RealUna Nuria Espert soberbia. Esta señora está mayor, está claro. Y a pesar de tener que ser amplificada (que no fue la única por cierto) sigue siendo un pedazo de monstruo del escenario. Con qué pasión y con qué intensidad recitaba trozos de la obra de Lorca, estupendamente seleccionados. La emotividad de sus palabras rozaban el milagro.  Pocas veces Lorca ha sonado tan bien.

La simbología de la obra interesante. Se cruzan y entrelazan la vida de Lorca y la de Mariana Pineda, a la vez que Margarita aporta un tercer vértice al triángulo. Libertad, injusticia, prejuicios…un interesante reflejo de la época y la vida de Lorca.

Excepcional la aparición fugaz de Jesús Montoya, desde un palco del proscenio, emitiendo unos quejíos que hacían helar el alma. Soberbio. Interpretando a Ruiz Alonso, responable del arresto de Lorca. Los pelos como escarpias. La otra versión de Ruiz Alonso era bailarin, correcto, pero me llegó mucho más la voz y la pasión de Montoya.

Francamente, no tenía ni idea de lo que iba a ver, el teatro estaba vacio para lo que suele ser habitual, y al final fue cuanto menos sorprendente. Un rato agradable.

Por cierto, la orquesta como siempre, excepcional.

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Bueno, bueno, bueno. Qué ganas tenía y que bien me lo he pasado. Hacía tiempo que no iba de acampada a un festival. Viviendo en Madrid tengo la suerte de que muchos de ellos son a tiro de piedra de mi casa. Cuando vi el cartel del Costa de fuego en primavera sentí un pinchazo interior que fue creciendo poco a poco. Tenía que ir.

Y no porque estuviera plagado de mis artistas favoritos, desconocía a la mitad de los grupos, los cabezas de cartel me traian bastante al fresco…pero había algo de fondo. Me parecía una oportunidad estupenda de ver un montón de grupos nuevos, de ponerse al día de un plumazo sobre lo nuevo que se está haciendo en el mundo del rock, metal…llámalo como te de la gana.

La experiencia francamente gratificante. La organización del evento cuasi intachable. Estos señores y señoras de MaraWorldsaben lo que se traen entre manos. 20 años de FIB les abala. Las instalaciones más que aceptables, la organización logística más que aceptable, la zona de camping mejor de lo que se podría esperar y el personal que trabajó y colaboró en el evento muuucho más que aceptable. ¡Chapó!

Todo hay que decirlo. El público excepcional. Vaya buen rollo, vayas buenas ganas de pasarlo bien y que buenísimo ambiente que se respiraba durante todo el evento. También hay que decir que la afluencia no es comparable a la del FIB, ni falta que hace, porque estábamos francamente agustito. En definitiva, un 9.5 a la organización del festival en su sentido más amplio.

Dicho esto vamos a la música que es lo interesante. Teniendo en cuenta que el tipo de música que conformaba el elenco está en franca minoría si lo comparamos con el hermano mayor que aconteció una semana antes, tengo que decir que además los grupos que mayor interés tenía en ver estaban en escenarios minoritarios, es mi destino… Cuatro escenarios corriendo casi en paralelo. A veces la elección muy fácil, otras francamente difícil, y en otras ocasiones se convertía en un peregrinaje de una a otra escena a echar un vistazo a ver que se estaba cociendo. Alta gastronomía.

En general el nivel de los grupos excepcional, y dentro de un estilo amplio, con variedades que cubren muchos y muy diferentes gustos. Que nadie se me sienta ofendido y que nadie me ofenda por no nombrar al grupo de su vida en esta crónica sónica o por discrepancia en percepciones y afectos. Cada uno con sus cadaunadas y para gustos colores y olores las flores. En fin, que es mi crónica y hablo de lo que a mí me gustó y de cómo yo lo viví.

Empezando por orden, el viernes para mí fue algo más flojo. Querer, querer, básicamente quería ver a Lacuna Coil, que nunca los había visto en directo, a Paradise Lost, a los que perdí la pista hace años pero que había visto en concierto ni me acuerdo cuantas veces y a We are the Ocean, que abrían el cartel en el escenario principal.

We are the Ocean muy buen directo, y concierto entretenido, pero sin mayores aspavientos, no son ni serán el grupo de mi vida, pero pasé un buen rato, sobre todo porque fué el primero y estábamos ansiosos de música. Siguieron Amorphis y la verdad es que no son lo mio así que me fui al Black Bikini a ver que se cocía por allí. Sonaban los Your Demise, grupo completamente desconocido para mí y primera gran sorpresa. Espectáculo rabioso y sorprendente, rebosante de energía. Podría decirse que eran un híbrido entre Rage Against the Machine y Napalm Death…para que te hagas una idea. Muy guapos. Habrá que escucharles en disco a ver que tal se lo montan porque desde luego en directo estupendamente.

De vuelta al Costa de Fuego, tocaron Satyricon. Inmediatamente detecté un puntito a Holy Moses, no se, cosas del revival. Todos de negro, todos pintados, todos headbangers, medio doom medio apocalíptico. Interesantes.

Otro rule a mitad de concierto y vamos a ver a los Angelus Apatrida. Estos son buenos, muy buenos, y hacen algo que en España no se hacía. Mi pega es que me llegan 15 años tarde. El thrash metal que practican es demasiado clásico para mi gusto. A estas alturas busco cosas nuevas, diferentes que me aporten…y aunque tienen un directo espectacular, no soy muy fan. Además el cantante me pareció un poco llorica, tanto reivindicar haberles elegido en lugar de a los giris. No se, los gustos musicales son todos respetables.

Despues salen los WarCry…no duro mucho y me paso a ver a los barones…duro menos, así que me vuelvo para el Black Bikini a esperar a  los Lacuna Coil. Pedazo de concierto. Como suenan en directo, ¡¡¡bárbaros!!! Mucho más duros que en disco. Cristina Scabbia tiene una voz increible, el espectáculo que dan es bastante bastante bueno. Todos vestidos iguales, se nota que llevan muchos años tocando juntos y que se respira un ambiente familiar y profesional. Pegas, pues que el rollito pimpinela y la vol ultramelódica de Cristina acaba cansándome…es que soy bastante más bruta yo pa mis cosas. Aún así, muy buen concierto, me lo pasé estupendamente.

Y a continuación y esta vez sin moverse, salieron mis antiguamente admirados Paradise Lost. Pues me aburrí. No los había escuchado en directo desde que Nick Holmes ya no canta como antaño. No se si es que se ha aburrido del gutural satánico, o simplemente que se ha cargao la garganta haciendo el cafre durante los 24 años que llevan dando guerra. La cuestión es que no tocaron nada o casi nada de los primeros discos, que son mis favoritos, y esta voz que usa pues como que no llega. Me aburrí. Ojo, que son doom, que ya, que el doom no es para pegar botes. Me encanta el doom, hasta el doom de los Cathedral, doom arrastrao… pero he vibrado como una posesa en conciertos de los Paradise, y esta vez me dejaron  bastante indiferentes. Una pena…

Hubo otros grupos que tocaron el viernes. Y entre ratos estuve viendo todo lo que pude. Sintiéndolo en el alma, y despues de haberlos visto en pleno apogeo, ni los barones ni los obuses están a la altura. Está claro que son muy grandes, o al menos lo fueron. Y a pesar de saberme sus letras de memoria y haber disfrutado momentos increibles con sus temas…como que paso bastante de ellos en estas condiciones. La decadencia a veces tiene su encanto, otras es simplemente decadente.

Y sobre los cabeza de cartel, pues no sabe no contesta. Estuve viendo un par de temas y me fui, nunca fueron de los mios, y menos ahora, donde ni siquiera ellos son de los suyos. Por lo visto dieron más de tres horas de concierto, y eso hay que respetarlo y alabarlo. Pero poco más.

Volvíamos para el camping con la pena de no aguantar hasta el final, la edad es lo que tiene. Desde la tienda pude escuchar  a The Computers, grupo que no conozco, pero que desde luego me mostraron en la distancia lo suficiente como para buscarles y prestarles algo de atención.

El camping una fiesta toda la puñetera noche, amanecer y mañana, como era de esperar, así que dormir, lo que se dice dormir, no se duerme, pero al menos estás tumbao descansando. Al día siguiente un poco de playa, un poco de sol y vuelta al lío.

Esta vez empezaban en el Costa de fuego Noctem. Porque ya los conocía y sé que son españoles, pero vamos, que es la primera vez que los veo en directo y si me dicen que son suecos o finlandeses o americanos me lo creo todo. Porque nunca jamás había visto un grupo español que pareciera tan poco español, en el sentido bueno de la palabra. Me explico. Una estética brutal, superestudiada, impactante, original y brutal, no está repetido, es que son doblemente brutales. Metal extremo, extremo, extremo, sonido impecable, técnica de artista cum laude. Buenísimos, sorprendentes. Me gustó muchísimo y en cuanto vengan por estas tierras repito ipso facto.

A continuación, en el mismo escenario salieron  Architects, uno de los grupos que más ganas tenía de ver. Y no me defraudaron en absoluto. Conciertazo. Empezaron con The Bitter End, el tema con el que abre su album Daybreaker y de ahí palante todas buenas. Que nivel, son casi unos crios y desbordan profesionalidad. Sonido impecable, contundente. Todos en vaqueros y camisetas, pasan de lo más desapercibidos hasta que empiezan a tocar. Unos cambios de ritmo interesantes y un sonido poderoso, mezclado con tiempos medios, doom, caña…Buenísimos. Confirmadas completamente mis expectativas. Son muy grandes. Les seguiré la pista muy de cerca.

Despues salieron In Flames, en disco nunca fueron muy de mi interés, pero el directo es el directo, así que me quedé una media hora viéndolos. Lo mejor el bajista, Peter el muro, porque vaya pedazo de jamelgo y vaya cabalgadas que se daba con las cuatro cuerdas. Impresionante de verdad. Tocan muy bien, claro, no podía ser menos. Pero no me llegaron al puntito ese del tilín tilín, así que sabiendo que estaban los Berri Txarrak en el Black Bikini, para allá que me fui a ver si les veía un ratillo.

Y un ratillo que les ví. Corto pero intenso. Grupo vasco, no pueden negarlo. Llevan en su sonido la esencia de los grupos vascos históricos. Y como todos los grupos vascos que conozco, son la ostia. Energía desbordante, mezcla perfecta de garage, punk, hardcore con cambios y riffs metálicos. Si mezclas todo esto y lo mezclas bien, como hacen ellos, el resultado es diversión asegurada. Solo llegué a 20 minutos, aunque creo que no tocaron mucho más, pero valió la pena.

Después nos pasamos por la carpa Jack Daniel’s a ver unos minutillos de Toundra, y mientras esperábamos fuera, porque dentro de la carpa hacía bastante calor, empezaron a sonar en el bus de Red Bull un grupo que llamó mi atención lo suficiente como para levantarme del cesped en el que estaba teniendo mis minutos de gloria, el descanso del guerrero, porque a estas alturas del festival, ya pesaba todo, los años, los kilos y las pestañas. Total, que me parecieron muy interesantes, As light dies, pero apenas escuché tres temas, donde hibridaban metal, samplers, ruido y violin. Me los apunté para investigar. Por cierto, el escenario del bus un poco patético, apenas cabían los músicos y mira que he estado de concierto en garitos pequeños. Parecía como si estuvieran castigaos, les podrían haber dado un par de metros cuadrados más…en fin.

En esto que empieza los Toundra y vaya pedazo de primer tema. Rock progresivo, envolvente, actualizado, impresionantes. A pesar de estar en la carpa sonaban increibles, unas evoluciones en el tema dignas de los muy grandes. Digo en el tema, porque muy a mi pesar solo me dio tiempo a escuchar un tema, ya que tuve que salir disparada hacia el Black Bikini.

Allí empezaban los Rolo Tomassi, otro de los grupos que estaba deseando ver en directo. Mientras iba hacía allá no paraba de mirar hacia atrás diciendo madre mía que pedazo de concierto que me voy a perder, si estos no son lo que espero me vuelvo. Pero no solo fueron lo que esperaba. Fueron mucho más. Creo que lo que más me gustó de todo el festival. Fueron los únicos que pudieron sacar a flote la headbanger que llevo dentro, sí, sigue estando ahí tantos años despues. Como disfruté este concierto. El germen de los Rolo Tomassi se encuentra en los hermanos Spence. James a los sintetizadores y a la voz, hijo adoptado de los Bronski Beat, vaya pintas. Eva a la voz. Princesa pija hasta que abre la boca. La madre que la parió, como puede salir una voz tan brutal de esa preciosa, frágil y encantadora niña. Hace que  Sabina Classen parezca una soprano coloratura.  Así se quedó mi amiga Esther (hola guapaaa) que no tenía ni idea de lo que le esperaba…creo que todavía tiene la mandíbula desencajada 😉 . Cierto deje a Today is the day. Pero originales y potentes como ellos solos. El guitarrista, un crio tímido, a veces se transformaba volviendose loco y desquiciado, como la música que hacen. Loca loca loca. Me encantan.

Luego llegaron los Katatonia, y no los había visto nunca en directo, pero me aburrieron, según me dijeron una auténtica fan de la banda (hola Cris 😉 ), que ya los había visto varias veces, no tocaron muy allá, no sonaron bien y tuvieron problemas con el ordenador. Las cosas de la tecnología. Bueno yo estuve un rato intentándolo pero me aburrieron. Así que me pasé a ver a Marilyn Manson, y tal como llegué me fui. Hay cosas con las que no puedo. Y cuando no se puede, pues no se puede, ajo y agua.

Y por fin los Opeth, que ganas tenía de verlos en directo, nunca había tenido la oportunidad. Empezaron con temas de los últimos discos, más psicodelia y más pink floyd. Conforme avanzaba el concierto iban metiendo más caña. Mikael Äkerfeldt es una de estos monstruos del escenario que con solo salir ya marcan su presencia. Estuvieron bastante sobrios. Quizás yo también estaba ya bastante cansada y no pude disfrutarlo como si hubiera sido el primero. Pero fue un gran concierto.

Me quedé con las ganas de ver a los Cancer Bats, pero ya los tobillos gritaban, las rodillas habían desaparecido, la planta de los pies angustiadas suplicaban piedad. Total que a pesar de los pesares, despues de Opeth nos fuimos. Pero nos fuimos con una sonrisa de oreja a oreja que aún hoy me dura, y creo que estará conmigo unos cuantos días mas.

Experiencia recomendable y repetible. Señores y señoras de Mara World…que 2012 sea el primero de una larga lista de años en los que el Costa de Fuego se posicione como una referencia. Podeis seguir trayendo de teloneros especímenes equivalentes a los de este año que os den audiencia y ganeis dinero, pero por favor, seguid manteniendo todo este cartel impresionante a su alrededor. Gracias gracias gracias. Que a gusto me quedao.

PD: Muchas gracias a Juli y Cris por las fotos

Receta fresquita fresquita, fácil de hacer y aún más fácil de comer.

Ingredientes básicos, y casi sin preparación. Un par de huevos que pondremos a cocer para que se pongan duros, unos 15 minutos. Unos pepinillos que trocearemos muy pequeñito, como el resto de ingredientes, que son un puñado de alcaparras, preferiblemente en sal, están mucho más ricas que en vinagre, una cebolleta mediana o cebolla dulce. Todo bien troceadito y bien chiquito.

Preparamos una mayonesa con un hueco, una pizca de sal, el zumo de medio limón, un diente de ajo y dos cucharadas de mostaza. La cantidad de aceite dependerá de la textura que le quieras dar a la mayonesa, si no tienes ni idea, medio vaso de agua es una buena referencia. Batimos bien hasta que coja buena consistencia.

Ponemos sobre una superficie las lonchas de salmón ahumado cubriendo huecos y las espolvoreamos con pimienta. Sobre ellas pintamos con la salsa de mayonesa, ayudados por una cuchara o un pincel de silicona, dependiendo de la cantidad que quieras añadir. Luego vamos espolvoreando los diferentes ingredientes picaditos, al gusto de cada uno, o si los preparamos de antemano pues tratando de equilibrarlos.

Una vez que hemos repartido todos los ingredientes vamos cerrando, poco a poco y apretando el rollito para que quede bonito. Aquí se desata una batalla atroz entre la gula y la estética, la que gane será la que te dicte la cantidad de relleno a poner sobre cada loncha de salmón. Quedarán más bonitos si echas poco relleno. Quedarán más sabrosos si añades más cantidad. Como podrás deducir por las fotos…me pudo la gula.

Servir inmediatamente y degustar a conciencia. Se pueden guardar en la nevera bien cubiertos con papel film o aluminio, pero recuerda que lleva mayonesa y no debe estar más de un par de días en la nevera…por si las moscas alias bacterias. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • 250 gramos de Salmón ahumado
  • un puñado de alcaparras saladas
  • 2 huevos duros
  • 1 cebolleta
  • unos pepinillos
  • medio limón
  • 1 huevo
  • aceite de girasol
  • 2 cucharadas de mostaza
  • 1 diente de ajo
  • Sal y pimienta

MANUFACTURA

  • Se pica todo menos el salmón muy muy pequeño
  • Se prepara la mayonesa de mostaza con el huevo, aceite de girasol, un diente de ajo, dos cucharadas de mostaza, una pizca de sal y el zumo de medio limón.
  • Se coge una lámina de salmón y se pinta con la mayonesa de mostaza, a continuación se van añadiendo todos los ingredientes picaditos
  • Se enrolla apretando bien el relleno al ir dando la vuelta

¿Qué pedimos para forjarnos una opinión?

Sólo pedimos un poco de orden para protegernos del caos. No hay cosa que resulte más dolorosa, más angustiante, que un pensamiento que se escapa de sí mismo, que las ideas que huyen, que desaparecen apenas esbozadas, roídas ya por el olvido o precipitadas en otras ideas que tampoco dominamos. Son variabilidades infinitas que se confunden con la inmovilidad de la nada, incolora y silenciosa que recorren, sin naturaleza ni pensamiento.

Incesantemente extraviamos nuestras ideas. Por este motivo nos empeñamos tanto en agarrarnos a opiniones establecidas. Sólo pedimos que nuestras ideas se concatenen de acuerdo con un mínino de reglas constantes, y jamás la asociación de ideas ha tenido otro sentido, facilitarnos estas reglas protectoras, similitud, contigüidad, causalidad, que nos permiten poner un poco de orden en las ideas, pasar de una a otra de acuerdo con un orden del espacio y del tiempo, que impida a nuestra fantasía (el delirio, la locura…) recorrer el universo en un instante para engendrar de él caballos alados y dragones de fuego.

Pero no existiría un poco de orden en las ideas si no hubiera también en las cosas o estado de cosas un anticaos objetivo. Cuando se produce el encuentro de las cosas y el pensamiento, es necesario que la sensación se reproduzca como la garantía o el testimonio de su acuerdo.

Todo esto es lo que pedimos para forjarnos una opinión, como una especie de paraguas que nos proteja del caos.

Pero el arte, la ciencia y la filosofía exigen algo más…

Trazan planos en el caos. La filosofía, la ciencia y el arte quieren que desgarremos el firmamento y que nos sumerjamos en el caos.

Lo que el filósofo trae del caos son unas variaciones que permanecen infinitas, pero convertidas en inseparables, en unas superficies o en unos volúmenes absolutos que trazan un plano de inmanencia secante; no se trata de asociaciones de ideas diferenciadas, sino de reconcatenaciones por zona de indistinción en un concepto.

El científico trae del caos unas variables convertidas en independientes por desacerelación, es decir, por eliminación de las demás variabilidades cualesquiera susceptibles de interferir, de tal modo que las variables conservadas entran bajo unas relaciones determinables en una función; no se trata de lazos de propiedades en las cosas, sino de coordenadas finitas en un plano secante de referencia que va de las probabilidades locales a una cosmología global.

El artista trae del caos unas variedades que ya no constituyen una reproducción de los sensible en el órgano, sino que erigen un ser de lo sensible, un ser de la sensación, en un plano de composición anorgánica capaz de volver a dar lo infinito.

En definitiva, siempre se trata de vencer al caos mediante un plano secante que lo atraviesa.

La opinión es el enemigo común

Las tres disciplinas proceden por crisis o sacudidas, de manera diferente, y la sucesión es lo que permite hablar de progresos en cada caso. Diríase que la lucha contra el caos no puede darse sin afinidad con el enemigo, porque hay otra lucha que se desarrolla y adquiere mayo importancia, contra la opinión, que pretendía no obstante protegernos del propio caos.

La lucha con el caos no es más que el instrumento de una lucha más profunda contra la opinión, pues de la opinión procede la desgracia de los hombres.

La ciencia se vuelve contra la opinión que le confiere un sabor religioso de unidad o de unificación. Pero también se revuelve en sí misma contra la opinión propiamente científica en tanto que Urdoxa que consiste ora en la previsión determinista (el Dios de Laplace), ora en la evaluación probabilística (el demonio de Maxwell): desvinculándose de las informaciones iniciales y de las informaciones a gran escala, la ciencia sustituye la comunicación por unas condiciones de creatividad definidas a través de los efectos singulares de las fluctuaciones mínimas. Lo que es creación son las variedades estéticas o las variables científicas que surgen en un plano capaz de seccionar la variabilidad caótica.

En cuanto a las pseudociencias que pretenden considerar los fenómenos de opinión, los cerebros artificiales que utlizan conservan como modelos unos procesos probabilitarios, unos atractores estables, toda una lógica de la recognición de las formas, pero tienen que alcanzar estados caoideos y atractores caóticos para comprender a la vez la lucha del pensamiento contra la opinión y la degeneración del pensamiento en la propia opinión (una de las vías de evolución de los ordenadores va en el sentido de asumir un sistema caótico o caotizante).

Esto lo confirma el tercer caso, ya no la variedad sensible ni la variable funcional, sino la variación conceptual tal y como se presenta en filosofía. La filosofía a su vez lucha con el caos como abismo indiferenciado u océano de la disimilitud. No hay que concluir por ello que la filosofía se alinea junto a la opinión, ni que ésta pueda sustituirla. Un concepto no es un conjunto de ideas asociadas con una opinión. Tampoco es un orden de razones ordenadas que podrían, llegado el caso, constituir una especie de Urdoxa racionalizada.

Las tres caoideas y la Gestalt

Lo que es suficiente para las ideas corrientes no lo es para las ideas vitales, las que hay que crear. Las ideas sólo son asociables como imágenes, y sólo son ordenables como abstracciones; para llegar al concepto, tenemos que superar ambas cosas, y que llegar lo más rápidamente posible a objetos mentales determinables como seres reales.

Un concepto es un conjunto de variaciones inseparables que se produce o se construye en un plano de inmanencia en tanto que éste secciona la variabilidad caótica y le da consistencia (realidad). Por lo tanto un concepto es un estado caoideo por excelencia; remite a un caos que se ha vuelto consistente, que se ha vuelto Pensamiento. ¿Y qué sería pensar si el pensamiento no se midiera incesantemente con el caos?

El caos tiene tres hijas en función del plano que lo secciona: son las Caoideas, el arte, la ciencia y la filosofía, como formas del pensamiento o de la creación. Se llaman caoideas las realidades producidas en unos planos que seccionan el caos.

La junción (que no la unidad) de los tres planos es el cerebro. Cuando el cerebro es considerado como una función determinada se presenta a la vez como un conjunto complejo de conexiones horizontales y de integraciones verticales que reaccionan unas con otras, como ponen de manifiesto los mapas cerebrales. Entonces la pregunta es doble: ¿las conexiones están preestablecidas o se hacen y se deshacen en campos de fuerza? ¿Y los procesos de integración son centros jerárquicos localizados o más bien formas (Gestalten) que alcanzan sus condiciones de estabilidad en un campo del que depende la posición del propio centro?

La importancia de la teoría Gestalt al respecto incide tanto en la teoría del cerebro como en la concepción de la percepción, puesto que se opone directamente al estuto del córtex tal como se presentaba desde el punto de vista de los reflejos condicionados. Pero, independientemente de las perspectivas consideradas, no resulta difícil mostrar que unos caminos, ya hechos o haciéndose,  unos centros, o mecanismos dinámicos, se topan con dificultades del mismo tipo. Esto es lo que la teoría de la Gestalt no explica.

El cerebro, tratando como objeto constituido de ciencia, sólo puede ser un órgano de formación y de comunicación de la opinión: las conexiones progresivas y las integraciones centradas siguen bajo el estrecho modelo de la recognición y la biología del cerebro se alinea en este caso siguiendo los mismos postulados que la lógica más terca.

Las opiniones son formas que se imponen habida cuenta de unos medios, de unos intereses, de unas creencias y de unos obstáculos. Parece entonces difícil tratar la filosofía, el arte e incluso la ciencia como objetos mentales, meros ensamblajes de neuronas en el cerebro objetivado, puesto que el modelo irrisorio de la recognición los acantona en la doxa. Si los objetos mentales de la filosofía, del arte y de la ciencia (es decir, las ideas vitales) tuvieran un lugar, éste estaría en lo más profundo de las hendiduras sinápticas, en los intervalos y en los entretiempos de un cerebro inobjetivable.

Es como decir que el pensamiento, hasta bajo la forma que toma activamente en la ciencia, no depende de un cerebro hecho de conexiones y de integraciones orgánicas: según la fenomenología, dependería de las relaciones del hombre con el mundo, con las que el cerebro concuerda necesariamente porque procede de ellas.

El cerebro es el que piensa y no el hombre, siendo el hombre únicamente una cristalización cerebral. El hombre ausente, pero todo él dentro del cerebro…La filosofía, el arte y la ciencia no son los objetos mentales de un cerebro objetivado, sino los tres aspectos bajo los cuales el cerebro se vuelve sujeto.

El cerebro se presenta coo la facultad de los conceptos, como la facultad de su creación, al mismo tiempo que establece el plano de inmanencia en el que los conceptos se sitúan, se desplazan, cambian de orden y de relaciones, se renuevan y se crean sin cesar. El cerebro es el espíritu mismo.

Es el cerebro quien dice Yo, pero Yo es otro. Y este Yo no sólo es el yo concibo del cerebro como filosofía, también es el yo siento del cerebro como arte. La sensación no es menos cerebro que el concepto.

Correponde a la ciencia poner de manifiesto el caos en el que el propio cerebro se sumerge como sujeto de conocimiento. El cerebro constituye sin cesar límites que determinan funciones de variables en unas áreas particulamente extensas; las relaciones entre estas variables (conexiones) presentan un carácter aún más incierto y aventurado, no sólo en las sinapsis eléctricas que evidencian un caos estadístico, sino en las sinapsis químicas que remiten a un caos determinista.

La frontera difusa de las caoideas

Los tres planos son irreductibles con sus elementos: plano de inmanencia de la filosofía, plano de composición del arte, plano de referencia o de coordinación de la ciencia; forma del concepto, fuerza de la sensación, función del conocimiento; conceptos y personajes conceptuales, sensaciones y figuras estéticas, funciones y observadores parciales.

Para cada plano se plantean problemas análogos, como si el plano es uno o múltiple, qué unidad o qué multiplicidad. Pero es más importante los problemas de interferencia entre planos que se juntan en el cerebro.

Un primer tipo de interferencia serían las extrínsecas. Surgen cuando un filósofo trata de crear el concepto de una sensación o de una función; o bien un científico, unas funciones de sensaciones e incluso unas funciones de conceptos; o bien cuando un artista crea meras sensaciones de conceptos o de funciones. La regla en todos estos casos es que la disciplina que interfiere debe proceder con sus propios medios.

Un segundo tipo de interferencia es intrínseco cuando unos conceptos y unos personajes conceptuales parecen salir de un plano de inmanencia que les correspondería, para meterse en otro plano entre las funciones y los observadores parciales, o entre las sensaciones y las figuras estéticas; y de igual modo en los demás casos.

Existe un tercer tipo de interferencias ilocalizables. Cada disciplina distinta está a su manera relacionada con un negativo; hasta la ciencia está relacionada con una nociencia que le devuelve sus efectos. No sólo se trata de decir que el arte debe formarnos, despertarnos, enseñarnos a sentir, a nosotros que no somos artistas, y la filosofía enseñarnos a concebir, y la ciencia a conocer.

Semejantes pedagogías sólo son posibles si cada una de las disciplinas por su cuenta está en una relación esencial con el No que la concierne. El plano de la filosofía es prefilosófico mientras se lo considere en sí mismo, independientemente de los conceptos que acabarán ocupándolo, pero la no filosofía se encuentra allí donde el plano afronta al caos. La filosofía necesita una no filosofía que la comprenda, necesita una comprensión no filosófica, como el arte necesita un no arte y la ciencia una no ciencia. No lo necesitan como principio, ni como fin en el que estarían destinados a desaparecer al realizarse, sino a cada instante de su devenir y de su desarrollo. Si los tres No se distinguen todavía respecto a un plano cerebral, ya no se distinguen respecto al caos en el que el cerebro se sumerge.

Ahí es donde los conceptos, las sensaciones, las funciones se vuelven indecidibles, al mismo tiempo que la filosofía, el arte y la ciencia indiscernibles, como si compartieran la misma sombra, que se extiende a través de su naturaleza diferente y les acompaña siempre.

Siempre había usado los germinados en ensaladas, pero se me ocurrió que podría estar bueno en una salsa…y fue una buena ocurrencia.

Los germinados son todo un descubrimiento, y el de ajo está especialmente bueno, pero también los puedes encontrar de brócoli, de rábanos…de lo que se te ocurra. Como el ajo le va bien a casi todo, el germinado de ajo debe ser que también. Le añade un punto diferente pero a la vez familiar, y un aspecto muy lustroso. Merece la pena probarlo.

La base del plato supersencilla. En una cazuela donde vayamos a cocinar cubrimos el fondo con AOVE y añadimos una cebolla bien hermosa cortada en trozos muy pequeños. No añadiremos ajos porque ya con el germinado es suficiente. La vamos pochando a fuego lento y cuando empiece a dorarse añadimos los trozos de pavo, preferiblemente de pechuga y hecha dados . Subimos el fuego y empezamos a rehogar el pavo, hasta que coja un color dorado por fuera. Otra opción más sabrosa es freír los trozos de pavo en primer lugar, previamente salpimentados, sacarlos cuando estén dorados y en el mismo aceite pochar la cebolla y luego añadir el pavo ya frito. Más sabroso y más calórico.

Es el momento de añadir el germinado de ajo, sal, pimienta y un litro de cerveza. Subimos el fuego hasta que empiece a hervir y en ese momento lo bajamos a fuego medio y dejamos cocinando hasta que la salsa coja la consistencia que nos gusta.

Yo lo serví acompañado de un bulgur salteado con verduras pero le vale cualquier acompañamiento que se te ocurra, ensalada, arroz, patatas…hasta pan para mojar en la salsita que está de rechupete. Vaya plato completo, equilibrado y sabroso. Al ser en salsa, puedes calentar, congelar, en la nevera unos 4 o 5 días sin problemas… ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • 1 kilo de pechuga de pavo en dados
  • 1 bandeja de germinados de ajo
  • 1 cebolla grande
  • 1 litro de cerveza
  • Sal, pimienta, AOVE

MANUFACTURA

  • Pochar la cebolla en trozos pequeños a fuego bajo
  • Añadir el pavo y a fuego alto dorarlo
  • Añadir el germinado de ajo, sal y pimienta y cubrir con el litro de cerveza
  • Cocinar hasta que la salsa espese al gusto

Una ensalada exquisita y muy fresca. Ideal para los calores estos que están aconteciendo.

Sorpresa de sabores y cargada de vitaminas. Fue todo un hallazgo esta combinación. No te saltes ni un paso porque todos los ingredientes aportan un granito esencial al conjunto.

La quinoa es la base de esta ensalada. Empezaremos lavándola bien bajo el grifo y luego la cocinaremos al vapor. En el horno de vapor son unos 20 minutos. En una olla de vapor convencional será poco más. También tienes la opción de hervirla en cuyo caso conviene que le eches sal al agua.

A continuación troceamos los ingredientes de la ensalada, que serán unos palmitos, unos aguacates y una cebolleta o cebolla dulce. Los palmitos los cortamos en rodajitas, la cebolleta en juliana y los aguacates, una vez pelados y quitado el hueso, como te de la gana. A mí me gusta en trozos medianos tirando a un poco grandes. Es conveniente regar con zumo de limón abundante los trozos de aguacate, y así evitaremos que se oxiden inmediatamente cogiendo un feo color negruzco.

Preparamos la vinagreta, que será el toque especial y delicioso. Para la vinagreta usaremos un puñado de nueces, dos huevos duros, una cucharada de miel, dos cucharadas de vinagre blanco, sal, pimienta y AOVE. No utilices vinagre balsámico porque no le pega demasiado, conviene que sea un vinagre suave para que el equilibrio de sabores sea perfecto. Lo batimos todo muy bien y lo dejamos a punto de emulsión.

Para montar la ensalada ponemos en un gran plato la quinoa de base, encima añadimos los trozos de cebolleta, de palmito y el aguacate. A continuación vertemos la vinagreta por encima. Conviene dejarla reposar un ratico para que se vayan mezclando los sabores. Y ya solo queda disfrutarla. Increible. Está más buena recién hecha, pero si sobra algo, se tapa bien y a la nevera, y aguanta estupendamente un par de días. ¡Buen provecho!

INGREDIENTES

  • Ensalada
    • 300 gramos de quinoa
    • 400 gramos de palmitos
    • dos aguacates
    • un limón
    • una cebolleta
  • Aliño
    • un puñado de nueces
    • dos huevos
    • 1 cucharada de miel
    • dos cucharadas de vinagre de vino blanco
    • Sal, pimienta y AOVE

MANUFACTURA

  • Cocer la quinoa 20 minutos en agua salada con un chorrito de aceite, lavándola previamente cambiándole el agua dos o tres veces.
  • Cocer los huevos 15 minutos y dejar enfriar
  • Deshuesar y pelar los aguacates, cortándolos a tiras a lo largo y mojarlos bien con el zumo de un limón.
  • Cortar los palmitos en rodajas y la cebolleta en tiras muy finas
  • Hacer el aliño mezclando el vinagre con una pizca de sal y pimienta y una cucharada de miel.
  • Una vez emulsionado, añadir AOVE, huevo duro picado y las nueces en trozos grandes
  • Para presentar montar la ensalada poniendo debajo la quinoa, encima el aguacate, los palmitos y la cebolla, distribuir por encima la vinagreta.
  • Dejar reposar media hora antes de servir para que se mezclen los sabores

El arte conserva

Y es lo único en el mundo que se conserva. Conserva y se conserva en sí, aunque de hecho no dure más que su soporte y sus materiales.

El arte no conserva del mismo modo que la industria, que añade una sustancia para conseguir que la cosa dure. La cosa se ha vuelto desde el principio independiente de su modelo, pero también lo es de los demás personajes eventuales, que son a su vez ellos mismos cosas-artistas, personajes de pintura que respiran esta atmósfera de pintura. Del mismo modo que también es independiente del espectador o del oyente actuales, que no hacen más que sentirla a posteriori.

La cosa es independiente del creador, por la auto-posición de lo creado que se conserva en sí. Lo que se conserva, la cosa o la obra de arte, es un bloque de sensaciones, es decir, un compuesto de percepción y de afectos.

Los perceptos ya no son percepciones, son independientes de un estado de quienes los experimentan; los afectos ya no son sentimientos o afecciones, desbordan la fuerza de aquellos que pasan por ellos. Las sensaciones, perceptos y afectos son seres que valen por sí mismos y exceden cualquier vivencia.

La obra de arte es un ser de sensación, y nada más: existe en sí. Las sensaciones como perceptos no son percepciones que remitirían a un objeto (referencia); comparten el parecido producido por sus propios medios, y la sonrisa en el lienzo está hecha únicamente con colores, trazos, sombra y luz.

Lo que por derecho se conserva no es el material, lo que se conserva en sí es el percepto o el afecto. Aun cuando el material sólo durara unos segundos, daría a la sensación el poder de existir y de conservarse en sí en la eternidad que coexiste con esta breve duración.

La finalidad del arte, con los medios del material, consiste en arrancar el percepto de las percepciones de objeto y de los estados de un sujeto percibiente, en arrancar el afecto de las afecciones como paso de un estado a otro. Extraer un bloque de sensaciones, un mero ser de sensación. Para ello hace falta un método, que varía con cada autor y que forma parte de la obra.

El arte y el devenir

Para salir de las percepciones vividas no basta evidentemente con la memoria, que sólo invoca percepciones antiguas, ni con una memoria involuntaria que añade la reminiscencia como factor conservante del presente. La memoria interviene muy poco en el arte.

No se está en el mundo, se deviene con el mundo, se deviene contemplándolo. Todo es visión, devenir. Se deviene universo. Devenires animal, vegetal, molecular, devenir cero.

La fabulación creadora nada tiene que ver con un recuerdo, incluso amplificado, ni con una obsesión. El artista desborda los estados perceptivos y las fases afectivas de la vivencia. Es un vidente, alguien que deviene.

No supera menos el afecto las afecciones de lo que el percepto supera las percepciones. El afecto no es el paso de un estado vivido a otro, sino el devenir no humano del hombre.

El afecto no lleva a cabo un regreso a los orígenes como si volviéramos a encontrar, en términos de semejanza, la persistencia de un hombre bestial o primitivo por debajo del civilizado.

Precisamente porque las opiniones son funciones de la vivencia, pretenden tener un cierto conocimiento de las afecciones. Las opiniones son óptimas para las pasiones del hombre y su eternidad. Pero, como subrayaba Bergson, tenemos la impresión de que la opinión desconoce los estados afectivos, y de que agrupa o separa los que no deberían agruparse o separarse.

Los grandes afectos creadores pueden concatenarse o derivar en compuestos de sensaciones que se transforman, vibran, se abrazan o se resquebrajan; son estos seres de sensación quienes ponen de manifiesto la relación del artista con un público, la relación de las obras de un mismo artista o incluso una eventual afinidad de artistas entre sí. El artista siempre añade variedades nuevas al mundo. Los seres de sensación son variedades, como los seres de concepto son variedades y los seres de función variables.

De todo arte habría que decir: el artista es presentador de afectos, inventor de afectos, creador de afectos, en relación con los perceptos o las visiones que nos da. No sólo los crea en su obra, nos lo da y nos hace devenir con ellos.

El arte es el lenguaje de las sensaciones, tanto cuando pasa por las palabras como cuando pasa por los colores, los sonidos o las piedras. El arte no tiene opinión. El arte desmonta la organización triple de las percepciones, afecciones y opiniones, y la sustituye por un monumento compuesto de perceptos, de afectos y de bloque de sensaciones que hacen las veces de lenguaje.

Las figuras estéticas (y el estilo que las crea) nada tienen que ver con la retórica. Son sensaciones perceptos y afectos, paisajes y rostros, visiones  y devenires. Las figuras estéticas no son idénticas a los personajes conceptuales. Tal vez pasen unos dentro de los otros en la medida en la que hay sensaciones de conceptos y conceptos de sensaciones. No se trata del mismo devenir. El devenir sensible es el acto a través del cual algo o alguien incesantemente se vuelve otro (sin dejar de ser lo que es), mientras que el devenir conceptual es el acto a través del cual el propio acontecimiento común burla lo que es.

Y la fenomenología qué dice…

La fenomenología busca la sensación en unos a priori materiales, perceptivos y afectivos, que trascienden las percepciones y afecciones experimentadas. La fenomenología tiene que volverse fenomenología del arte porque la inmanencia de la vivencia a un sujeto trascendente necesita expresarse en unas funciones trascendentes que no sólo determinan la experiencia en general, sino que atraviesan aquí y ahora la vivencia misma, y se encarnan en ella constituyendo sensaciones vivas.

El ser de la sensación, el bloque del percepto y el afecto, surgirá como la unidad o la reversibilidad del que siente y de lo sentido, su entrelazamiento íntimo, del mismo modo que dos manos que se juntan: la carne es lo que va a extraerse a la vez del cuerpo vivido, del mundo percibido y de la intencionalidad de uno a otro demasiado vinculada todavía a la experiencia, mientras que la carne nos da el ser de la sensación, y es portadora de la opinión originaria diferenciada del juicio de experiencia. Carne del mundo y carne del cuerpo como correlatos que se intercambian, coincidencia óptima.

La carne no es la sensación, aunque participe en su revelación. Corrimos demasiado diciendo que la sensación encarna. Lo que constituye la sensación es el devenir-animal, vegetal, etc., que asciende por debajo de las superficies de encarnado, en el desnudo más grácil, más delicado, como la presencia del animal despellejado, de una fruta mondada, Venus del espejo… Tal vez formaría una nebulosa o un caos, si no existiera un segundo elemento para hacer que la carne se sostenga. La carne no es más que el termómetro de un devenir.

El ser de sensación no es la carne, sino el compuesto de fuerzas no humanas del cosmos, de los devenires no humanos del hombre, y de la casa ambigua que los intercambia y los ajusta, los hace girar como veletas. La carne es únicamente el revelador que desaparece en lo que revela: el compuesto de sensaciones.

Composición

Composición, ésta es la única definición del arte. La composición es estética, y lo que no está compuesto no es una obra de arte. No hay que confundir sin embargo la composición técnica, el trabajo del material, con la composición estética, que es el trabajo de la sensación. Únicamente este último merece plenamente el nombre de composición, y una obra de arte jamás se hace mediante la técnica o para la técnica.

La relación entre ambos planos, el plano de composición técnica y el plano de composición estética, no deja de variar históricamente.

Si hay progresión en el arte, es porque sólo puede vivir creando perceptos nuevos y afectos nuevos como otros tantos rodeos, regresos, líneas divisorias, cambios de niveles y de escalas.

Hay muchos problemas técnicos en el arte, y la ciencia puede intervenir en su solución, pero sólo se plantean en función de los problemas de composición estética que conciernen a los compuestos de sensaciones y al plano al que se remiten necesariamente con sus materiales.

Arte, ciencia y filosofía

Lo que define el pensamiento, las tres grandes formas del pensamiento, el arte, la ciencia y la filosofía, es afrontar siempre el caos, establecer un plano, trazar un plano sobre el caos.

  • La filosofía pretende salvar lo infinito dándole consistencia: traza un plano de inmanencia, que lleva a lo infinito acontecimientos o conceptos consistentes, por efecto de la acción de personajes conceptuales.
  • La ciencia, por el contrario, renuncia a lo infinito para conquistar la referencia: establece un plano de coordenadas únicamente indefinidas, que define cada vez unos estados de cosas, unas funciones o unas proposiciones referenciales, por efecto de la acción de unos observadores parciales.
  • El arte se propone crear un finito que devuelva lo infinito: traza un plano de composición, que a su vez es portador de los monumentos o de las sensaciones compuestas, por efecto de unas figuras estéticas.

Las tres vías de pensamiento son específicas, tan directas unas como otras, y se diferencian por la naturaleza del plano y de lo que lo ocupa. Pensar es pensar mediante conceptos, o bien mediante funciones, o bien mediante sensaciones, y uno de estos pensamientos no es mejor que otro, o más plena, más completa o más sistemáticamente “pensamiento”.

Los dos intentos recientes de acercar el arte a la filosofía son el arte abstracto y el arte conceptual; pero no sustituyen el concepto por la sensación, sino que crean sensaciones y no conceptos.

Los tres pensamientos se cruzan, se entralazan, pero sin síntesis, ni identificación. La filosofía hace surgir acontecimientos con sus conceptos, el arte erige monumentos con sus sensaciones, la ciencia construye estados de cosas con sus funciones. Una tupida red de correspondencia puede establecerse entre los planos. Pero la red tiene sus puntos culminantes allí donde la propia sensación se vuelve sensación de concepto o de función, el concepto, concepto de función o de sensación, y la función, función de sensación o de concepto. Y uno de los elementos no surge sin que el otro pueda estar todavía por llegar, todavía indeterminado o desconocido.

Cada elemento creado en un plano exige otros elementos heterogéneos, que están todavía por llegar, todavía indeterminado o desconocido. Cada elemento creado en un plano exige otros elementos heterogéneos, que todavía están por crear en los otros planos: el pensamiento como heterogénesis. Bien es verdad que estos puntos culminantes comportan dos peligros extremos: o bien retrotraernos a la  opinión de la cual pretendíamos escapar, o bien precipitarnos en el caos que pretendíamos afrontar.

Extensión e intensión de un concepto

La lógica es reduccionista, y no por accidente sino por esencia. Pretende convertir el concepto en una función de acuerdo con la senda que trazaron Frege y Russell. Pero para ello, es preciso primero que la función no se defina sólo en una proposición matemática o científica, sino que caracterice un orden de proposición más general como lo expresado por las frases de la lengua natural. Por lo tanto hay que inventar un tipo nuevo de función, puramente lógico.

Lo que define la función es una relación de dependencia o de correspondencia. Que la mayoría de proposiciones tengan variables independientes carece de importancia, también incluso que la noción de variable vinculada a un número indeterminado sea sustituida por la de argumento. La relación con la variable o con el argumento independiente de la función proposicional define la referencia de la proposición, o el valor-de-verdad de la función para el argumento. El conjunto de valores de verdad de una función que determinan unas proposiciones afirmativas verdaderas constituye la extensión de un concepto.

De este modo el propio concepto es función para el conjunto de objetos que constituyen su extensión. Todo concepto completo es un conjunto; los objetos del concepto son los elementos del conjunto.

Las condiciones de referencia que marcan los límites o intervalos, en el interior de los cuales una variable entra en una proposición verdadera, constituyen la intensión del concepto.

El problema consiste en saber cómo se llega, a través de estas presentaciones intensionales, a una determinación unívoca de los objetos o elementos del concepto, de las variables proposicionales, de los argumentos de la función desde el punto de vista de la exorreferencia (o de la representación): es el problema del nombre propio y la cuestión de una identificación o individuación lógica que nos haga pasar de los estados de cosas a la cosa o al cuerpo mediante operaciones de cuantificación.

La proposición diluye al concepto

Haciéndose proposicional, el concepto pierde todos los caracteres que poseía como concepto filosófico: su autorreferencia, su endoconsistencia y su exoconsistencia.

Los actos de referencia son movimientos finitos del pensamiento mediante los cuales la ciencia constituye o modifica estados de cosas o cuerpos. El hombre histórico lleva a cabo modificaciones de este tipo, pero en unas condiciones que son las de la vivencia en las que los functores se sustituyen por percepciones, afecciones y acciones. No ocurre lo mismo con la lógica: como ésta considera la referencia vacía en sí misma en tanto que mero valor de verdad, sólo puede aplicarla a estados de cosas o cuerpos ya constituidos, bien a proposiciones establecidas de la ciencia, bien a proposiciones de hecho, bien a meras opiniones.

Todos estos tipos de proposiciones son prospectos de valor de información. La lógica tiene por lo tanto un paradigma, es incluso el tercer caso de paradigma, que ya no es el de la religión ni el de la ciencia, y que es como la recognición de lo verdadero en los prospectos o en las proposiciones informativas.

La proyección de este paradigma es lo que hace que, a su vez,  los conceptos lógicos sólo se vuelven figuras y que la lógica sea una ideografía.

La lógica y la servidumbre de la recognición

De todos los movimientos incluso finitos del pensamiento, la forma lógica de la recognición es sin duda la que llega menos lejos, la más pobre y la más pueril. Un problema en tanto que creación de pensamiento nada tiene que ver con una interrogación, que no es más que una proposición suspendida, la copia exangüe de una proposición afirmativa que supuestamente debería servirle de respuesta.

La lógica siempre resulta vencida por sí misma, es decir, por la insignificacia de los casos con los que se alimenta. En su deseo de suplantar a la filosofía, la lógica desvincula la proposición de todas sus dimensiones psicológicas, pero por ello mismo conserva más aún el conjunto de los postulados que limitaba y sometía el pensamiento a las servidumbres de una recognición de lo verdadero en la proposición.

Confundiendo los conceptos con funciones, la lógica hace como si la ciencia se ocupara ya de conceptos. Pero ella misma tiene que sumar a las funciones científicas funciones lógicas, que supuestamente han de formar una nueva clase de conceptos meramente lógicos. En su rivalidad o en su voluntad de suplantar a la filosofía, lo que mueve a la ciencia es un auténtico odio. Mata al concepto dos veces. Sin embargo el concepto renace, porque no es una función científica, y porque no es una proposición lógica, no pertenece a ningún sistema discursivo, carece de referencia. El concepto se muestra, y no hace más que mostrarse. Los conceptos son en efecto monstruos que renacen de sus ruinas.

El concepto no reflexiona sobre la función, como tampoco la función se aplica al concepto. Concepto y función deben cruzarse, cada cual según su línea.

Para la ciencia, a menudo la filosofía parece recubrir un mero caso, que impulsa a ésta a decirle: sólo teneis elección entre el caos y yo, la ciencia. La línea de actualidad establece un plano de referencia que secciona el caos: saca de él unos estados de cosas que, ciertamente, actualizan también en sus coordeandas los acontecimientos virtuales, pero sólo conservan de ellos unos potenciales ya en vías de actualización, que forman parte de las funciones.

Inversamente, si consideramos los conceptos filosóficos de acontecimientos, su virtualidad remite al caos, pero en un plano de inmanencia que lo secciona a su vez, y del que sólo extrae la consistencia o realidad de lo virtual. En cuanto a los estados de cosas demasiado densos, sólo encontramos alusiones a él en el plano de inmanencia y en el acontecimiento.

Por lo tanto ambas líneas son inseparables pero independientes, cada una completa en sí misma son como los envoltorios de dos planos  tan diversos. La filosofía sólo puede hablar de la ciencia por alusión, y la ciencia sólo puede hablar de la filosofía como de una nube. Si ambas líneas son inseparables, es en su suficiencia respectiva, y los conceptos filosóficos intervienen tan poco en la constitución de las funciones científicas como las funciones intervienen en la de los conceptos.

Es en su plena madurez, y no en el proceso de su contitución, cuando los conceptos y las funciones se cruzan necesariamente, en tanto que cada cual sólo está creado por sus propios medios, en cada caso un plano, unos elementos, unos agentes. Por este motivo siempre resulta nefasto que los científicos hagan filosofía sin medios realmente filosóficos o que los filósofos hagan ciencia sin medios efectivamente científicos.

Los conceptos se originan en la vivencia

Los conceptos filosóficos serán funciones de la vivencia como los conceptos científicos son funciones de estados de cosas; pero ahora el orden o la derivación cambian de sentido puesto que estas funciones de la vivencia se convierten en primeras. Se trata de una lógica trascendental (también puede llamarse dialéctica), que asume la tierra y todo lo que ésta comporta, y que sirve de suelo primordial para la lógica formal y las ciencias regionales derivadas. Será por lo tanto necesario que en el propio seno de la inmanencia de la vivencia a un sujeto se descubran actos de trascendencia de este sujeto capaces de constituir las nuevas funciones de variables o las referencias conceptuales: el sujeto, en este sentido, ya no es solipsista y empírico, sino trascendental.

Kant había empezado a realizar ta tarea, mostrando cómo los conceptos filosóficos se referían necesariamente a la experiencia vivida a través de proposiciones o juicio a priori como funciones de un todo de la experiencia posible. Pero quien llega hasta el final es Husserl, descubriendo, en las multiplicidades no numéricas o en los conjuntos funsionales inmanentes perceptivo-afectivos, la triple raíz de los actos de trascendencia (pensamiento) a través de los cuales el sujeto constituye primero un mundo sensible poblado de objetos, después un mundo intersubjetivo poblado por otros seres, y por último un mundo ideal común que poblarán las formaciones científicas, matemáticas y lógica. Los numerosos conceptos fenomenológicos o filosóficos (tales como el ser en el mundo, la carne, la idealidad, etc.) serán la expresión de estos actos.

No se trata únicamente de vivencias inmanentes al sujeto solipsista; no se trata de variables perceptivo-afectivas, sino de las grandes funciones que encuentran en estas variables su recorrido respectivo de verdad.

No son sólo juicios u opiniones empíricas, sino protocreencias. El concepto como significación es todo esto a la vez, inmanencia de la vivencia del sujeto, acto de trascendencia del sujeto respecto a las variaciones de la vivencia, totalización de la vivencia o función de estos actos. Diríase que los conceptos filosóficos sólo se salvan aceptando convertirse en funciones especiales, y desnaturalizando la inmanencia que todavía necesitan.

Un concepto no es una función

Por muy peligroso que resulte para la filosofía depender de la generosidad de los lógicos, o de sus arrepentimientos, cabe preguntarse si no se puede encontrar un equilibrio precario entre los conceptos científico-lógicos y los conceptos fenomenológicos-filosóficos.

Granger propuso una división en la que el concepto, como estaba determinado primero como función científica y lógica, deja sin embargo un lugar, de tercera zona, aunque autónoma, a unas funciones filosóficas, funciones o significaciones de la vivencia como totalidad virtual.

Así pues la ciencia se ha arragado el concepto, pero hay de todos modos conceptos no científicos, soportables a dosis homeopáticas, es decir, fenomenológicas, de donde proceden los más asombrosos híbridos, que vemos surgir en la actualidad, de frego-husserlianismo o incluso de wigenstteniano-heideggerianismo.

Se trata de una inacabable retahíla de malentendidos sobre el concepto. Bien es verdad que el concepto es impreciso, vago, pero no porque carezca de contornos: es porque es errabundo, no discursivo, en movimiento sobre un plano de inmanencia. Es intensional o modular no porque tenga unas condiciones de referencia, sino porque se compone de variaciones inseparables que pasan por zonas de indescernibilidad y cambian su contorno.

No hay referencia en absoluto ni a la vivencia ni a los estados de cosas, sino una consistencia definida por sus componentes internos: el concepto, ni denotación de estado de cosas ni significación de la vivencia, es el acontecimiento como mero sentido que recorre inmediatamente los componentes.

El concepto es una forma o una fuerza, pero jamás una función en ningún sentido posible. El único concepto es filosófico en el plano de inmanencia, y las funciones científicas o las proposiciones lógicas no son conceptos.

Prospectos en general y doxa en particular

Los prospectos designan, en primer lugar los elementos de la proposición (función proposicional, variables, valor de verdad…), pero también los tipos diversos de proposiciones o modalidades del juicio.

Si se confunde el concepto filosófico con una función o una proposición, no será bajo una especie científica o incluso lógica, sino por analogía, como una función de la vivencia o una proposición de opinión. Lo que la opinión propone es una relación determinada entre una percepción exterior como estado de un sujeto y una afección interior como paso de una estado a otro ( exo y endorreferencia). Tomamos una cualidad supuestamente común a varios objetos que percibimos, y una afección supuestamente común a varios sujetos que la  experimentan y que aprehenden con nosotros esta cualidad.

La opinión es la regla de correspondencia de una a otra, es una función o una proposición cuyos argumentos son percepciones y afecciones, en este sentido función de la vivencia.

La doxa es un tipo de proposición que se presenta de la manera siguiente: dada una situación vivida perceptivo-efectiva, alguien extrae una cualidad pura, pero al mismo tiempo, él mismo se identifica con un sujeto genérico que experimenta una afección común. Así pues, la discusión trata de la elección de la cualidad perceptiva abstracta, y de la potencia del sujeto genérico afectado.

La opinión es un pensamiento abstracto, y el insulto desempeña un papel eficaz en esta abstracción, porque la opinión expresa las funciones generales de unos estados particulares. Extrae de la percepción una cualidad abstracta y de la afección una potencia general.

La opinión es un pensamiento que se ciñe estrechamanete a la forma de la recognición: recognición de una cualidad en la percepción (contemplación), recognición de un grupo en la afección (reflexión), recognición de un rival en la posibilidad de otros grupos y de otras cualidades (comunicación). Otorga a la recognición de lo verdadero una extensión y unos criterios que por naturaleza son los de una ortodoxia.

La opinión en su esencia es voluntad de mayoría. La opinión triunfa cuando la cualidad escogida deja de ser la condición de sustitución de un grupo, y no es más que la imagen o la marca de un grupo constituido que determina él mismo el modelo perceptivo y afectivo, la cualidad y la afección que cada cual tiene que adquirir.

La filosofía de la comunicación se agota en la búsqueda de una opinión universal liberal como consenso, bajo el que nos topamos de nuevo con las percepciones y afecciones cínicas del capitalista en persona.

Diferencias entre conceptos y funciones

El objeto de la ciencia no son conceptos, sino funciones que se presentan como proposiciones dentro de unos sistemas discursivos. Los elementos de estas proposiciones se llaman functores.

Una noción científica se determina por funciones, y estás son las que permiten que las ciencias puedan reflexionar y comunicar. La ciencia no necesita para nada a la filosofía para llevar a cabo esta tarea.

Existen por lo tanto tres diferencias de naturaleza entre conceptos y funciones.

Primera diferencia: La actitud frente al caos

El caos se define menos por su desorden que por la velocidad infinita a la que se esfuma cualquier forma que se esboce en su interior. Es un vacío que no es una nada, sino un virtual, que contiene todas las partículas posibles y que extrae todas las formas posibles que surgen para desvanecerse en el acto, sin consistencia ni referencia, sin consecuencia.

La filosofía plantea cómo conservar las velocidades infinitas sin dejar de ir adquiriendo mayor consistencia, otorgando una consistencia propia a lo virtual. El cedazo filosófico es un plano de inmanencia que solapa el caos, selecciona movimientos infinitos del pensamiento, y se surte de conceptos formados así como de partículas consistentes que van tan deprisa como el pensamiento.

La ciencia aborda el caos de una manera totalmente distinta, casi inversa: renuncia a lo infinito para adquirir una referencia capaz de actualizar lo virtual. Conservando lo infinito, la filosofía confiere una consistencia a lo virtual por conceptos; renunciando a lo infinito, la ciencia confiere a lo virtual una referencia que lo actualiza por funciones. La filosofía procede con un plano de inmanenecia o de consistencia; la ciencia con un plano de referencia. La ciencia es como una detención de la imagen. Se trata de una desaceleración fantástica, y la materia se actualiza por desaceleración, pero también el pensamiento científico capaz de penetrarla mediante proposiciones.

La primera diferencia entre la filosofía y la ciencia reside por tanto en el presupuesto respectivo del concepto y la función: un plano de inmanencia o de consistencia en el primer caso, un plano de referencia en el segundo. El plano de referencia es uno y múltiple a la vez, pero de otro modo que el plano de inmanencia.

El límite  y el infinito

Resulta difícil comprender como el límite se imbrica inmediatamente en lo infinito y en lo ilimitado. No es la cosa limitada lo que impone un límite a lo infinito, sino que es el límite lo que hace posible algo limitado.
En la Grecia antigua Platón, Pitágoras y Anaximandro así lo creían. Se planteaban la existencia del infinito y las contradicciones generadas a partir de la aceptación de su existencia. Aristóteles rechazó la idea del infinito dada las contradicciones que generaba. Sin embargo, lo concibió de dos formas diferentes, que siguen siendo las dos nociones que tenemos actualmente de este concepto: el infinito potencial y el infinito actual.
  • La noción de infinito potencial se centra en la operación reiterativa e ilimitada, es decir, en la recursividad interminable, por muy grande que sea un número natural, siempre podemos concebir uno mayor, y uno mayor que este y así sucesivamente donde esta última expresión “así sucesivamente” encierra la misma idea de reiteración ilimitada, al infinito.
  • Por otra parte, el infinito actual se refiere a un infinito existente como un todo o unidad y no como un proceso. Kant aceptaba la posición de Aristoteles y rechazaba el infinito actual por ser imposible de ser alcanzado por la experiencia.
Georg Cantor dedicó gran parte de su vida al estudio del infinito, los distintos infinitos y el llamado continuo, y en el siglo XIX desarrolló la teoría de conjuntos intimamente relacionada con la teoría de números transfinitos. Para esto definió el concepto de “cardinalidad” o “potencia” de un conjunto. Dos conjuntos se dicen que tienen el mismo número de elementos, que tienen la misma cardinalidad o son equipotentes, si existe una función definida entre ellos de forma que a cada elemento de uno sólo le corresponde otro elemento del otro conjunto, y viceversa.

A partir de esta definición se puede establecer la idea de conjunto infinito. Se dice que un conjunto es infinito si existe un subconjunto con la misma cardinalidad o que es equipotente con él. Esta definición plantea una contradicción con la intuición, pues todo subconjunto como parte del conjunto total parece que deba tener menos elementos. Eso es así, efectivamente, en los conjuntos finitos, pero no en los infinitos como podemos observar con un ejemplo sencillo dentro del conjunto de los números naturales.

Cantor se dio cuenta de que existen diferentes grados de infinitud comparando los infinitos de los números naturales N {1,2,3,…n}, racionales Q (fracciones) y reales R(racionales + irracionales). Al cardinal infinito del conjunto de los números naturales le asignó el número llamado Aleph-0 y vio que era del mismo orden que el correspondiente a los números racionales, aunque estos son mucho más densos en la recta. Pero en el caso de los números reales su cardinal transfinito es de mayor orden pues su conjunto no es numerable (no se pueden poner en correspondencia, uno a uno, con los números naturales). A este cardinal le asignó el nombre de Aleph-1 y se supone que R es capaz de llenar la recta por completo, si se admite la hipótesis del continuo (a diferencia de lo que ocurre con los números racionales, los enteros o los naturales).

Todo límite es ilusorio y toda determinación es negación, si la determinación no está en relación inmediata con lo indeterminado. La teoría de la ciencia y de las funciones depende de ello.

Lo que hace la teoría de los conjuntos es inscribir el límite en el propio infinito, sin lo que jamás existiría el límite: en el interior de su rigurosa jerarquización, instaura una desaceleración, o más bien como dice el propio Cantor, un principio de detención según el cual sólo se crea un número entero nuevo cuando la compilación de todos los números anteriores tiene la potencia de una clase de números definida, ya determinada en toda su extensión. Sin este principio de detención o de desaceleración, existiría un conjunto de todos los conjuntos, que Cantor ya rechazaba, y que sólo podría ser el caos, como lo demuestra Russell. La teoría de los conjuntos es la constitución de un plano de referencia que no sólo comporta una endorreferencia (determinación intrínseca de un conjunto infinito), sino también ya una exorreferencia (determinación extrínseca).

A pesar del esfuerzo explícito de Cantor para unir el concepto filosófico y la función científica, la diferencia característica subsiste, ya que el primero se desarrolla en un plano de inmanencia o de consistencia sin referencia, mientras la segunda lo hace en un plano de referencia desprovisto de consistencia (Gödel).

Ciencia vs. Filosofía o Ciencia vs. Religión

Como a la filosofía, a la ciencia tampoco le basta con una sucesión temporal lineal. Pero, en vez de un tiempo estratigráfico que expresa el antes y el despues en un orden de las superposiciones, la ciencia desarrolla un tiempo propiamente serial, ramificado, en el que el antes (lo que precede) designa siempre bifurcaciones y rupturas futuras, y el después, reencadenamientos retroactivos, lo que le confiere al progreso científico un aspecto completamente distinto.

Lo que plantea un problema es menos la relación de la ciencia con la filosofía que el vínculo mucho más pasional de la ciencia con la religión, como se manifiesta en todos los intentos de uniformización y de universalización científicos que tratan de encontrar una ley única, una fuerza única, una interacción única. Lo que hace que la ciencia y la religión se aproximen es que los functores no son conceptos, sino figuras, que se definen mucho más por una tensión espiritual que por una intuición espacial.

Los functores poseen en sí algo figural que forma una ideografía propia de la ciencia, y que hace que ya la visión se convierta en una lectura. Pero lo que incesantemente reafirma la oposición de la ciencia a toda religión, y al mismo tiempo hace felizmente imposible la unificación de la ciencia, es la sustitución de la referencia a cualquier trascendencia, es la correspondencia funcional del paradigma con un sistema de referencia que imposiblilita cualquier utilización infinita religiosa de la figura determinando un modo exclusivamente científico según el cual ésta debe ser construida, vista y leída por functores.

Segunda diferencia: variables independientes y variaciones inseparables

La segunda diferencia atañe más directamente al concepto y a la función: la inseparabilidad de las variaciones es lo propio del concepto incondicionado, mientras que la independencia de las variables, en unas relaciones condicionables, pertenece a la función.

En un caso, tenemos un conjunto de variaciones inseparables bajo una razón contingente que constituye el concepto de las variaciones; en el otro caso, un conjunto de variables independientes bajo una razón necesaria que constituye la función de las variables.

Diríase que la ciencia y la filosofía siguen dos sendas opuestas, porque los conceptos filosóficos tienen como consistencia acontecimientos, mientras que las funciones científicas tienen como referencia unos estados de cosas o mezclas: la filosofía, mediante conceptos, no cesa de extraer del estado de cosas un acontecimiento consistente, una sonrisa sin gato, mientras que la ciencia no cesa mediante funciones, de actualizar el acontecimiento en un estado de cosas, una cosa o un cuerpo referibles.

Así pues, el concepto filosófico y la función científica se distinguen de acuerdo con dos caracteres vinculados: variaciones inseparables, variables independientes, acontecimientos en un plano de inmanencia, estados de cosas en un sistema de referencia.

Los conceptos y las funciones se presentan como dos tipos de multiplicidades o variedades que difieren por su naturaleza. Y, a pesar de que los tipos de multiplicidades científicas poseen por sí mismos una gran diversidad, dejan fuera de sí las multiplicidades propiamente filosóficas, para las que Bergson reclamaba un estatuto particular definido por la duración, multiplicidad de fusión que expresaba la inseparabilidad de las variaciones, por oposición a las multiplicidades de espacio, número y tiempo, que ordenaban mezclas y remitían a la variable o a las variables independientes.

Tercera diferencia: observadores parciales y personajes conceptuales

La tercera gran diferencia atañe al modo de enunciación. No cabe duda de que hay tanta experimentación como experiencia de pensamiento en la filosofía como en la ciencia, y en ambos casos la experiencia puede ser perturbadora, ya que está muy cerca del caos. Pero también hay tanta creación en la ciencia como en la filosofía o como en las artes. Ninguna creación existe sin experiencia. Sean cuales sean las diferencias entre el lenguaje científico, el lenguaje filosófico y sus relaciones con las lenguas llamadas naturales, los functores no preexisten hechos y acabados, como tampoco los conceptos.

Que la ciencia sea discursiva no significa en modo alguno que sea deductiva. Al contrario, en sus bifurcaciones, se ve sometida a otras tantas catástrofes, rupturas y reencadenamientos que llevan nombre y apellido.

Otro aspecto de la enunciación que ya no se refiere al nombre propio de un sabio o de un filósofo, sino a sus intercesores ideales dentro de los ámbitos considerados: ya hemos contemplado anteriormente el papel filosófico de los personajes conceptuales en relación con los conceptos fragmentarios en un plano de inmanencia, pero ahora la ciencia hace que aparezcan unos observadores parciales en relación con las funciones en los sistemas de rerencia.

El que no haya ningún observador total, como lo sería el demonio de Laplace, capaz de calcular el futuro y el pasado a partir de un estado de cosas determinado, significa únicamente que Dios tampoco es un observador científico de la misma forma que no era un personaje filosófico.

Pero el nombre de demonio sigue siendo excelente tanto en filosofía como en ciancia para indicar no algo que superaría nuestras posibilidades, sino un género común de esos intercesores necesarios como sujetos de enunciación respectivos: el amigo filosófico, el pretendiente, el idiota, el superhombre…son demonios, de igual modo que el demonio de Maxwell, el observador de Einstein o de Heisenberg. La cuestión no es saber lo que pueden o no pueden hacer, sino hasta qué punto son perfectamente positivos, desde el punto de vista del concepto o de la función, incluso en lo que no saben o no pueden.

Para comprender qué son los observadores parciales que van formando núcleos en todas las ciencias y todos los sistemas de referencia, hay que evitar atribuirles el papel de un límite del conocimiento, o de una subjetividad de la enunciación.

El perspectivismo o relativismo científico nunca se refiere a un sujeto: no constituye una relatividad de lo verdadero, sino por el contrario, una verdad de lo relativo, es decir de las variables cuyos casos ordena conforme a los valores que extrae dentro de su sistema de coordenadas. Indudablemente, un observador bien definido extrae todo lo que puede extraer dentro del sistema correspondiente. El papel del observador parcial consiste en percibir y experimentar, aunque estas percepciones y afecciones no sean las de un hombre en el sentido que se suele admitir, sino que pertenezcan a las cosas objeto de su estudio.

Estos observadores parciales están en las cercanías de las singularidades de una curva, de un sistema físico, de un organismo vivo…Los observadores parciales constituyen fuerzas, pero la fuerza no es lo que actúa, es, como ya sabían Leibniz y Nietzsche, lo que percibe y experimenta.

Los observadores parciales ideales son las percepciones o afecciones sensibles de los propios functores. Hasta las figuras geométricas poseen afecciones y percepciones sin las cuales los problemas más sencillos permanecerían ininteligibles.

El observador no subjetivo es precisamente lo sensible que califica un estado de cosas, una cosa o un cuerpo científicamente determinados.

Los personajes conceptuales son las percepciones y afeccciones de los propios conceptos fragmentarios: a través de ellos los conceptos no sólo son pensados, sino percibidos y sentidos. Uno no puede sin embargo limitarse a decir que se distinguen de los observadores científicos igual que los conceptos se distinguen de los functores, puesto que en este caso no aportarían ninguna determinación suplementaria: los dos agentes de enunciación no sólo deben distinguirse por lo percibido, sino por el modo de percepción.

Los personajes conceptuales están siempre y ahora ya en el horizonte y operan sobre un fondo de velocidad infinita y las diferencias anergéticas entre lo rápido y lo lento sólo proceden de las superficies que sobrevuelan o de los componentes a través de los cuales pasan en un único instante; de este modo, la percepción no transmite aquí ninguna información, sino que circunscribe un afecto.

Los observadores científicos, por el contrario,, constituyen puntos de vista dentro de las propias cosas, que suponen un contraste de horizontes y una sucesión de encuadres sobre un fondo de desaceleraciones y aceleraciones: los afectos se convierten aquí en relaciones energéticas, y la propia percepción en una cantidad de información.

Que existen percepciones y afecciones propiamente filosóficas y propiamente científicas, indica el fundamento de una relación entre la ciencia y la filosofía por una parte, y el arte por la otra, de tal modo que se puede decir de una función que es hermosa, y de un concepto que es bello. Las percepciones y afecciones especiales de la filosofía o de la ciencia se pegarán necesariamente a los perceptos y afectos del arte, tanto las de la ciencia como las de la filosofía.