Habermas. Concepto Discursivo de Verdad

Publicado: 4 septiembre, 2012 en Filosofía
Etiquetas:, , , , , , ,

El concepto discursivo de verdad de Habermas se enmarca dentro del contexto de su pragmatismo formal, o trascendental. Habermas caracteriza dicho pragmatismo trascendental mediante tres ejes básicos:

  • Realismo Epistemológico.  Parte de la base de que como el conocimiento no es representación sino interacción, la verdad no es correspondencia, es coherencia. Además el conocimiento es intersubjetivo, dominado por la interpenetración de lenguaje y realidad, y por lo tanto falible. Se juntan procesos activos y pasivos basados en nuestra vida cotidiana, en la que tenemos que suponer un mundo que sería la suma de todas las interacciones, desde el punto de vista epistemológico.
  • Constructivismo moral. El mundo moral se construye mediante una proyección del mundo social, que es inclusivo y donde se despliega una intersubjetividad ideal. Se construye el sustituto ontológico del mundo objetivo.
  • Concepción No epistemológica de la verdad. Partiendo del realismo epistemológico, Habermas defiende que verdad y aseverabilidad justificada son cosas distintas. No es lo mismo la verdad que presuponer la verdad.

De este último punto es del que me encargaré en este intento de aproximación al sistema de Habermas. En cualquier caso, el sistema construido por Habermas, su pragmatismo formal, está constituido por elementos interrelacionados entre sí, por lo que se me ha hecho imposible no hacer referencia a los otros dos ejes, realismo epistemológico y constructivismo moral, para tratar de aclarar la concepción no epistemológica de la verdad que defiende Habermas.

El conocimiento no es representación

Si aceptamos que el conocimiento es representación, tenemos que aceptar la noción de verdad como correspondencia. Y esto a Habermas no le convence nada.

Para Habermas el conocimiento no es representación, es una serie de procesos en interacción,  entre los cuales no existe una clara frontera entre lo pasivo y lo activo. El encontrar, que sería la componente pasiva, se mezclan con el construir, el interpretar y el justificar, que serían las componentes activas.

Los procesos que integra el conocimiento, según Habermas son:

  • Solución de problemas en entornos complejos. Nos enfrentamos a situaciones conflictivas, cargadas de diferentes parámetros a tener en cuenta, en un entorno de interacción con nuestra propia naturaleza, con el entorno (natural, social, cultural…),  y con el resto de individuos con los que lo compartimos dicho entorno. La complejidad está grantizada
  • Justificar validez frente a argumentos. La justiifación tiene que realizarse según convenga, por ejemplo justificarnos a nosotros mismos un comportamiento que a priori no concuerda con el entorno, o defender una opinión frente a otros que opinan algo diferente. Ahí entran en juego tanto la opinión como el conocimiento, muchas veces opinamos sin tener fundamento, o creyendo que nuestro fundamento es correcto, cuando en el fondo puede no serlo.
  • Acumulación por revisión de nuestros propios errores. Cuando el entorno nos falla, cuando no somos capaces de superar nuestras batallas diarias, cuando nos damos cuenta de que el fundamento de nuestra opinión no es verdadero, la base de datos de nuestro conocimiento se incrementa, tanto si encontramos solución como si no.

Además el conocimiento está mediado por nuestra capacidad acción-habla, que siempre tiene un contexto. La intersubjetividad es la clave. Pero las condiciones históricas también tienen un papel relevante a la hora de definir los contextos.

¿Cuál es nuestro proceso de aprendizaje?

En nuestra vida cotidiana tenemos confrontaciones continuamente. Cuando alguna falla, cuando no se cumplen nuestras expectativas, surge la duda. Surge la duda de que el mundo objetivo que presuponemos existente, nos ha fallado. Resulta que no va a ser como presuponíamos que era, y por eso dudamos. Tenemos que sustituir esa duda por nuevas creencias que sustenten de nuevo nuestro supuesto mundo objetivo. Para ello tenemos que usar nuestra creatividad y un nivel superior de investigación y razonamiento. Con ellos conseguiremos las nuevas creencias que restablecerán nuestras rutinas, tanto en la acción como en el discurso.

Pero, ¿por qué a veces nuestra presuposición sobre el mundo objetivo no era correcta? Es decir, ¿por qué a veces nuestro proceso de aprendizaje no es correcto? Porque nuestro conocimiento es falible. No podemos eliminar la intersubjetividad y la subjetividad de nuestro conocimiento. Y ambos, especialmente la intersubjetividad, está asociada a intereses prácticos y al color del lenguaje. Es decir, en romano paladín, normalmente no nos entendemos y vamos a nuestro aire.

Mundo objetivo y mundo de la vida

La realidad presenta una estructura de dos mundos. El mundo objetivo y el mundo de la vida.  El mundo de la vida es el mundo subjetivo, donde desplegamos nuestra vida cotidiana

El mundo objetivo es una presuposición necesaria y sólo podemos acceder a él de manera intersubjetiva. Cuando nos relacionamos con otros individuos mediante acción-habla, presuponemos que hay un único mundo y ese mundo es igual para todos. Necesitamos presuponer un mundo único e igual para todos porque si no no podríamos interrelacionarnos. Necesitamos para jugar todos, compartir las mismas reglas del juego.

El mundo objetivo se despliega tanto en el discurso como en la acción, de manera que el mundo es una suma de objetos más que de hechos, porque los hechos dependen del lenguaje. Un concepto semántico de mundo quedaría definido como sistemas de referencias posibles. En cambio, si queremos establecer un concepto epistemológico del mundo, hablaremos de una suma de interacciones. El mundo sería el esquema conceptual resultante de esa suma de interacciones.

Con esa hipótesis de partida, considerando que lenguaje y realidad están imbricados, ya podemos acceder a la realidad del otro como reflejo del mundo objetivo que compartimos, el mismo para todos.

La verdad trasciende cualquier contexto de justificación

Lenguaje y Realidad se encuentran imbricados, entrelazadas en una relación indisoluble. El lenguaje es la única posibilidad que tenemos de interaccionar con nuestro entorno, y lo hace filtrando la realidad. Eso nos lleva a justificar nuestros enunciados de verdad con otros enunciados que ya damos por verdaderos previamente. Es decir, para afirmar la veracidad de un enunciado tenemos que justificarlo mediante razones. Esto es lo que Habermas llama Racionalidad Comunicativa.

En este caso, al aceptar la relación intrínseca entre lenguaje y realidad, la verdad pasa a ser coherencia, en lugar de correspondencia. Se convierte por tanto en un conocimiento antifundacionalista. El conocimiento, en último extremo no puede ser fundado.

Si afirmamos que la verdad es equiparable a la aseverabilidad justificada, estamos diciendo que la verdad trasciende cualquier contexto de justificación. Y esto, según Habermas no es así. La verdad trasciende cualquier contexto de justificación.

Habermas pone especial hincapié en distinguir lo que es verdad de lo que tiene la pretensión de serlo, lo que (pre)suponemos que es verdad. Para Habermas, los enunciados que son verdaderos, lo son siempre, independientemente del contexto. En cambio, las aseverabilidades justificadas pueden ser verdaderas, pero también pueden ser falsas, porque dependen del contexto en el que se enuncien. Es decir, la aseverabilidad justificada no trasciende cualquier contexto de justificación, sino que depende de él. Por eso no podemos equiparar verdad y aseverabilidad justificada.

El argumento que utiliza para demostrarlo se encuentra en la vida cotidiana. La vida cotidiana se caracteriza por la certidumbre, la sorpresa y la decepción. Nos enfrentamos a nuestra vida cotidiana presuponiendo que existe un mundo objetivo. Y lo hacemos distinguiendo entre conocimiento y opinión.

Existe una relación intrínseca entre conocimiento y opinión, similar a la que se establece entre verdad y aseverabilidad justificada. La relación intrínseca que se establece se revela por la función pragmática del conocimiento.

En nuestra vida cotidiana estamos continuamente oscilando entre las prácticas cotidianas y los debates. Los debates son los que filtran lo racionalmente aceptable. La opinión es necesaria para las prácticas cotidianas. Los debates son necesarios para aprender y evolucionar.

No nos paramos a pensar de manera racional ante cualquier evento que suceda en nuestra vida. Si vivimos en una gran ciudad y tenemos que cruzar un puente, no nos paramos antes de cruzarlo a meditar sobre la eficiencia de los ingenieros que lo han construido, o las estadísticas de derrumbamiento de ese tipo de puentes. Simplemente lo cruzamos porque necesitamos cruzarlo y damos como verdadero el hecho de que ese puente no se va a caer. Basamos nuestra práctica cotidiana en algo que presuponemos verdad.

Pero qué sucede si en vez de en una gran ciudad te encuentras en medio de la selva y tienes que atravesar un puente. En ese momento, sí que te pararás antes de cruzarlo y analizarás si conviene o no hacerlo. Se establecerá un debate. Porque puede que tu práctica diaria de cruzar los puentes sin que se derrumben, que presuponías cierta en tu entorno habitual de gran ciudad, ahora resulta que puede ser falsa. Depende del contexto.

De manera, que nuestra práctica diaria y cotidiana dan por supuestas condiciones de verdad que no tienen por qué serlo, que dependerán del contexto. Y si dependen del contexto ya no estamos hablando de verdad, sino de una aseverabilidad justificada. Es decir, hay un consenso de la comunidad para dar por verdadero algo y se acepta como tal, y lo aceptamos porque nos es necesario para las prácticas cotidianas. Verdad y aseverabilidad justificada no son lo mismo, aunque estén relacionados.

En nuestra vida cotidiana se establece la integración del debate racional a dos niveles, porque además, nuestras creencias tampoco son las mismas cuando se trata de acción o de discurso. Normalmente decimos unas cosas y hacemos otras, como si nos rigiéramos por dos tablas de valores y creencias diferentes.

Tampoco se puede asimilar verdad a corrección normativa. Estamos ante el mismo caso. La verdad está asociada al mundo objetivo, y a la coherencia, aunque ésta último no sea suficiente para asegurarla. En cambio la corrección normativa, que establece qué es lo correcto, podría equipararse a la aceptabilidad idealmente justificada, ya que se trata igualmente de un consenso entre los individuos de la comunidad donde se establece. El predicado correcto se agota en la aceptabilidad idealmente justificada. El predicado verdadero no. Tienen diferentes connotaciones ontológicas.

  • La verdad se mueve en el plano de la ontología, del mundo objetivo, del conocimiento.
  • La corrección normativa, lo correcto o la aceptabilidad idealmente justificada se encuentran en el ámbito de la deontología, de los enunciados morales, de las opiniones.
Anuncios
comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s