Ngare Sero. Entre el Lago Natron y La Montaña de Dios

Publicado: 13 abril, 2015 en Viajes
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En el Nordeste de Tanzania se encuentra un impresionante Volcan llamado Ol Doinyo Lengai, la Montaña de Dios. Su altura de casi tres mil metros vigila acechante el perímetro del Lago Natron. Estamos en la zona sudeste del valle del Rift. Sólo éste nombre ya evoca imágenes de Historia y Evolución que se mezclan con el paisaje volcánico.

Rodeando el volcán en la distancia nos aproximamos Ngare Sero. La llegada al poblado culmina tras un atractivo, tortuoso y seco entorno de piedra, arena, y antíguos ríos de lava petrificada. Conforme te vas acercando a Ngare Sero, vas sintiendo algo especial. La omnipresencia del majestuoso volcán es inquietante, y solo puedes dejar de mirarlo cuando pequeñajos del pueblo que andan pululando por los alrededores se acercan curiosos al ver llegar nuestro camión cebra.

Lake Natron satellite.JPGLlegamos a nuestro sitio de acampada, cogimos lo imprescindible y salimos en dirección al lago Natron. Desde el poblado, vamos caminando dejando atrás las últimas chozas del poblado… El camino comienza atravesando una zona de arena fina y blanca con algo de vegetación alrededor, matorrales y árboles salpican de verdes y marrones la distancia. Conforme nos vamos acercando, la arena se convierte en cristal, los árboles desaparecen y sólo quedan pequeños matorrales secos y dispersos que anuncian que entramos en el territorio de la sal. Aunque no era la época adecuada para disfrutar de este lago en todo su esplendor, el entorno es fascinante. Te deja sin palabras. Cuando la cantidad de agua es apropiada, proliferan unas algas que dan el color rojo infierno tan característico del lago. Estas algas son ingeridas por los flamencos que habitan la zona y tornan su plumaje de un color rosa intenso cuya belleza deja totalmente pasamado. Aunque no pudimos ver el rojo del agua, sí que pudimos disfrutar de grupos de flamencos con el color característico. Todo un espectáculo que se unía al del paisaje, absolutamente embriagador. Silencio, sólo interreumplido por el crujir de la sal bajos nuestros pies.

Disfrutamos de un gran paseo por la orilla del lago y el crepitar de la sal no dejaba de fascinarme. Toda una experiencia. Volvimos al campamento agotados, pero exultantes, con el alma henchida de gozo, sobrecogida por la belleza de la naturaleza salvaje.

Por la mañana nos fuimos desde Ngare Sero, en dirección contraria a la del lago, subiendo el rio hacia una pequeña y escondida cascada donde nos dimos un chapuzón delicioso. A veces subíamos por el borde del cauce, en ocasiones teníamos que cruzar al otro lado, para poder seguir por algún, digamos, camino; otras en cambio la única opción era ir por en medio del río. Pero la temperatura del agua era muy agradable, y salvo en la zona de la cascada donde la corriente era bastante fuerte, el resto del camino se hizo cortísimo por la emoción del recorrido, la recompensa del final del camino y la belleza de las paredes del cañón por el que desfilaba el río.

Volvimos al poblado, recogimos y partimos hacia el Ngoro Ngoro. Hicimos noche en un territorio perteneciente a los masais, como la mayoría de las tierras salvajes de la zona. Un claro entre árboles, tranquilo, solitario. Ideal para pasar la noche. Al poco de empezar a montar el campamento llegaron dos masais, vestidos con vaqueros y sus tradicionales mantas…hechas en China. Venían a comprobar que todo estaba en orden, y a cobrar por supuesto. No teníamos ningún tipo de comodidad, ni siquiera unas letrinas, pero aún así el entorno hacía que todo sobrara. Los masais se ofrecieron a hacernos una danza típica al caer la noche, y aunque la mayoría del grupo huíamos de las turistadas, una experiencia así no podríamos perdérnosla. Se presentaron todos los varones del pueblo, que esto es cosa de hombre, al caer la noche y estuvimos hablando con algunos de ellos. La prueba definitiva de que esto no era una turistada es que estuvieron más de media hora haciendo el tonto tipo “empieza tú….no empieza tú”, mientras se reían a carcajadas y se empujaban entre ellos. Luego se pusieron en dos grupos enfrentados y empezaron a corretearse hasta que uno de ellos se decidió a saltar y ya fueron saliendo uno tras otro, retándose a ver quién tocaba antes el cielo.

Al final como no podía ser menos, los guiris aportamos nuestro grano de arena con una conga multicultural en la que todos reíamos y disfrutábamos. ¡Qué buena noche!. ¡Qué buenos días!

Aquí unos vídeos del desparrame en danza. Que ver se ve poco, pero el sonido merece la pena 🙂

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comentarios
  1. Pues una pasada de viaje… lo de los Massais danzando, más bien lo intuyo. África me sigue esperando, tengo que volver, no se cuando, no se como, pero tengo que volver. Me encanta Filo. Un besote.

    • Gracias Lorena!!!
      La verdad es q en medio de la nada y danzando alrededor de la hoguera poco se ve, pero te aseguro que el momento fue mágico, como todo el viaje.
      A ver si no sucumbo a la pereza y voy colgando mas fotos.
      Besotes, me encanta verte por aquí

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