El Nietzsche de Deleuze

ENSAYO SOBRE  NIETZSCHE Y LA FILOSOFÍA DE DELEUZE

RESUMEN E INTRODUCCIÓN

Varios filósofos han influido en el pensamiento de Deleuze. De Bergson extrae el concepto de impulso vital que agita a la vida y diversifica sus formas, de Spinoza reconoce el conatus como deseo interno de los seres a persistir en su ser y como incitación a la expresión de sus modalidades,  de Hume identifica a la pasión como motor inmanente que anima los cuerpos. Pero de lejos el filósofo que mayor incide en él es Nietzsche, aunque dicha influencia es difícil de caracterizar, ya que no hay una identificación, una imitación o una subyugación. Utilizando su propio lenguaje: Deleuze deviene Deleuze elaborando su Nietzsche y éste deviene en un Nietzsche deleuziano, hay una transformación mutua. Deleuze lee a Nietzsche para re-crearlo, no encontramos a Nietzsche sino un Nietzsche deleuziano.

El interés de Deleuze por la obra de Nietzsche se debe, entre otras razones, a que ve en él a uno de los filósofos que con mayor eficacia crítica contradice la concepción clásica del pensamiento como búsqueda de la verdad y como ejercicio de amor a la verdad. A Deleuze le atrae, pues, esta perspectiva crítica de Nietzsche y, decidido a desarrollar las ambiciosas propuestas que representa, emprende un brillante análisis de la obra nietzscheana en busca de respuestas a los distintos y decisivos problemas que se plantean. Concretamente, tratará de determinar:

1) Cuáles son las condiciones de la interpretación que resultan de una revisión de la concepción nietzscheana de la voluntad de poder;

2) Cómo el sentido despliega la multiplicidad de mundos incluidos en los signos y cómo se explica la identidad a partir de la repetición de la diferencia, desde una reinterpretación de la idea nietzscheana del eterno retorno;

3) Cómo entender el nuevo pensamiento crítico como pensamiento afirmativo, tomando como base la tematización nietzscheana de lo trágico. Si bien este último no se desarrolla en el presente ensayo.

Al leer al Nietzsche deleuziano nos encontramos ante una encrucijada: se ha planteado por la mayoría de los comentaristas que Nietzsche es el destructor de los valores occidentales, el que enseña y propone una filosofía a martillazos, el que destruye ídolos; que hay en él una filosofía de la negación, cosa que es verdad; pero por el lado del análisis deleuziano nos habla de un Nietzsche de la afirmación, del pensamiento afirmativo; estamos ante una paradoja. La tesis deleuziana es que la obra de Nietzsche es una filosofía de la afirmación y una filosofía radicalmente antidialéctica: la filosofía de Nietzsche aparece abstracta y poco comprensible si no se descubre en ella contra quien va dirigida. Esta pregunta induce a dos respuestas principales: contra Hegel en general y contra la concepción dialéctica del hombre en particular.

FUERZAS Y VOLUNTAD. EL SUPERHOMBRE

Conceptualmente debemos distinguir dos niveles: el de las fuerzas y el de la voluntad. Spinoza nos había llamado ya la atención cuando dice que no sabemos de qué es capaz un cuerpo, ni cuáles son sus fuerzas ni qué preparan. Las fuerzas son de dos tipos :

1)Las fuerzas dominantes se llaman activas, con poder de transformación y afirmación diferencial, son fuerzas plásticas, capaces de transformarse, de inventar, de adquirir nuevas formas. Lo activo es tender al poder, es apropiarse, apoderarse, dominar.

2)Las fuerzas dominadas son las reactivas, que se aplican a las maquinaciones de la conservación, adaptación y supervivencia. Lo reactivo es una fuerza de conservación y regulación, de acoplamientos mecánicos y utilitarios.

Activo y reactivo son las cualidades originales, que expresan la relación de la fuerza con la fuerza. Esta diferencia cualitativa es el efecto de choque entre fuerzas bajo una situación determinada, los encuentros distribuyen las cantidades y determinan jerarquías entre fuerzas dominantes y fuerzas dominadas. En su relación con la otra, la fuerza que se hace obedecer no niega la otra o lo que no es, afirma su propia diferencia y goza de esta diferencia, es decir, «ninguna fuerza renuncia a su propio poder”.  Todo es relación en las fuerzas, y no hay más que relaciones en las fuerzas, no hay fuerzas independientes y exteriores que entrarían en relaciones revestidas de su cualidad y de su cantidad. Al contrario, no es más que en estas relaciones que tal o cual fuerza se constituye con su grado de fuerza y su cualidad.

Para comprender la filosofía de Nietzsche hay que verla como una filosofía esencialmente  pluralista y atea. Hegel ridiculizó el pluralismo como conciencia ingenua, pero Nietzsche nos muestra que no hay acontecimiento, ni fenómeno, ni palabra, ni pensamiento cuyo sentido no sea múltiple. Es en su oposición a la dialéctica que su filosofía de la diferencia se determina como necesariamente afirmativa y pluralista, porque es un pensamiento de las fuerzas y sus relaciones. Cualquier fuerza se halla en una relación esencial con otra fuerza. Toda fuerza posee un poder de afección propio que determina lo que es capaz de absorber e incorporar (afección pasiva), y lo que es capaz de exteriorizar activamente (afección activa). Un cuerpo tiene tanta más fuerza cuanto mayor es su poder de ser afectado, y en este sentido las afecciones pasivas son también contempladas como potencias activadoras de una voluntad que se afirma en forma múltiple. El ser de la fuerza es el plural; sería completamente absurdo pensar la fuerza en singular¨.

El segundo nivel es el de la voluntad de poder, elemento diferencial de la fuerza y principio último de la filosofía nietzscheana. Las fuerzas se presentan como instrumentos de una voluntad que afirma o niega. La voluntad de poder es el principio de razón suficiente que Deleuze encuentra en Nietzsche: es el elemento genealógico de la fuerza, es diferencial y genético a la vez, es la síntesis de las fuerzas. Ahora bien, ella también manifiesta un doble poder de afección:

(a) Determina por un lado, la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de vista de su producción: emerge en la relación de fuerzas provocando las distribuciones de calidad (activa/reactiva) y de cantidad (dominante/dominada). La voluntad de poder es lo que mantiene en relación las fuerzas, produciendo y distribuyendo su diferencia de cantidad y de cualidad.

(b) Pero por otro lado, es determinada por las fuerzas en relación desde su propia manifestación, es colmada y determinada por la confluencia de las fuerzas en una relación específica.

En suma, hay una doble génesis, la voluntad de poder es a un tiempo cualificada y cualificante, determinada y determinante. Aquí podemos encontrar la relación de Nietzsche con Spinoza, para éste cualquier cantidad de fuerza corresponde un poder de ser afectada, un cuerpo posee más fuerza en tanto que pudiese ser afectado de muchas maneras, este poder media y expresa el poder del cuerpo.

Debemos cuidarnos de no confundir los dos niveles, pues de lo contrario caeríamos en el mecanicismo de creer que la voluntad se subsume a la cantidad de fuerza. La voluntad de poder también tiene cualidades: o bien la voluntad es afirmativa y transformadora (busca afirmar su diferencia); o bien es negativa y nihilista (busca negar lo que difiere).

ETERNO RETORNO Y SUPER HOMBRE

Tanto la afectividad de la fuerza como su expresividad se encuentran en devenir, en una transformación sensible (devenir-activo, devenir-reactivo) que es la expresión y la síntesis de su propia voluntad. El poder de afección de cada fuerza se re-actualiza en el eterno retorno de los encuentros, expresando en cada momento tendencias de transformación y grados de conservación. El eterno retorno es la síntesis cuyo principio es la voluntad de poder, su diferencia interna, es decir, un impulso vital que determina las relaciones.

La tesis de Nietzsche es que la voluntad de poder es el principio de la síntesis de las fuerzas, pero una síntesis que, en vez de anularlas subraya su diferencia al establecer su jerarquía y cualificar diferenciadamente a cada una de ellas. De ahí que, para Deleuze, el interés de la operación de Nietzsche consista, sobre todo, en «haber descubierto, en el corazón de la síntesis, la reproducción de lo diverso». El concepto con el que Nietzsche piensa de manera original y revolucionaria esa modalidad de síntesis de las fuerzas es su concepto del eterno retorno, que es precisamente lo que garantiza la diferencia a través de su repetición. El eterno retorno no es otra cosa que «la síntesis del tiempo y de sus dimensiones», o sea, el ser del devenir.

Tal y como Deleuze lo entiende, el eterno retorno se convierte en «la ley de un mundo sin ser, sin unidad y sin identidad”». Un mundo que es «en intensidad, un mundo de diferencias, que no supone ni lo uno ni lo mismo, sino que se construye sobre la caída del Dios único y sobre la ruina del yo idéntico… Un mundo de fluctuaciones intensas, donde las identidades se pierden y donde cada uno no puede quererse más que queriendo también todas las demás posibilidades. Al pensamiento clásico de la representación y su coherencia sustituye la afirmación del caos. Esto es lo que vincula el eterno retorno nietzscheano a la problemática deleuziana del simulacro y de la destrucción de las copias icónicas, pues, como queda dicho, lo que retorna en el eterno retorno es siempre lo que difiere. Para Deleuze, en ello radica la diferencia del eterno retorno de Nietzsche del de los antiguos, que era retorno de lo mismo o del todo.

Ahora bien, Nietzsche parece constatar que el devenir en su sentido más total es un devenir-reactivo (esto es ejemplificado por el cristianismo, la conciencia y el Estado). No obstante, la supremacía de las fuerzas reactivas nunca implica la composición de una fuerza superior a la activa, opera por sustracción, codificación o división, imponiendo mecanismos y finalidades (procedimientos y objetivos). El triunfo de los mecanismos reactivos obedece a que la fuerza transformadora está separada de lo que puede, y en esa condición deviene energía para procedimientos y objetivos de conservación (devenir-reactivo de la fuerza). Deleuze repasa los hitos de este triunfo caracterizando el resentimiento, la mala conciencia y la culpabilidad como tecnologías autóctonas del cristianismo y su voluntad de negar la vida. Toda la historia humana es conducida por una voluntad de negar la vida, a ello Nietzsche lo llama nihilismo, el triunfo de las fuerzas reactivas.

Pero es posible que haya otro devenir que el devenir reactivo, es posible una alteración en las relaciones entre negativo y reactivo –hay una afinidad entre la voluntad de negar y lo reactivo en sí mismo- que permita la aparición de una voluntad afirmativa, la posibilidad es el superhombre. El superhombre está fundado en otra composición de fuerzas, en una alteración, para que las fuerzas activas conduzcan a las reactivas. Si concebimos que hay una afinidad entre las fuerzas reactivas y la voluntad de negar, la posibilidad de aparición de una voluntad afirmativa abre el camino a la doctrina del superhombre, es decir la transmutación como devenir activo de las fuerzas, triunfo de la afirmación sobre la negación en la voluntad de poder. La diferencia entre el superhombre y el hombre superior es de naturaleza, se distancia por su origen como por su fin que alcanzan. El superhombre se define por una nueva manera de sentir, una nueva manera de pensar, una nueva manera de valorar de otras relaciones de fuerza bajo el despliegue de una voluntad afirmativa. Para ello Nietzsche lleva a cabo una crítica demoledora en su teoría del hombre superior, -éste es la imagen en la que el hombre reactivo se representa como superior, se deifica- a través de los personajes que componen dicho hombre superior.

GENEALOGÍA

La filosofía de Nietzsche es una genealogía, introduce en la filosofía los conceptos de sentido y de valor. Genealogía quiere decir a la vez valor del origen y origen de los valores, afirma Deleuze. Esta filosofía del sentido y de los valores tiene que ser una crítica, una filosofía a martillazos. La filosofía crítica se mueve por un lado, en referir cualquier cosa, y cualquier origen de algo a los valores; por otro, referir estos valores a algo que sea como su origen, y que decida su valor. ¨Nietzsche  crea el nuevo concepto de genealogía. El filósofo es una geneaólogo, no es un juez de tribunal a la manera de Kant, ni un mecánico al modo utilitarista. Al principio de la universalidad kantiana, así como al principio de la semejanza, grato a los utilitaristas, Nietzsche opone el sentimiento de diferencia.

La filosofía de Nietzsche afirma el azar y la necesidad del azar, el devenir y el ser del devenir, lo múltiple y lo uno de lo múltiple. La afirmación es la única cualidad de la voluntad de poder, la acción como la única cualidad de la fuerza, y el devenir activo como creación de poder y querer. Nietzsche propone una nueva concepción del ser, la afirmación es ser, se trata de una idea vacía, una abstracción. El ser no es el objeto ni carga de la afirmación. La afirmación tiene por objeto a sí misma, ella es el ser en tanto que es en sí misma su propio objeto. La afirmación como objeto de la afirmación es el ser. La filosofía de la afirmación afirmativa, es una afirmación del ser entendido como vida. El objeto de la afirmación es la vida, puesto que es la vida la que se afirma. Afirmar es crear, es desplegar las fuerzas de la vida. Vivir es evaluar, determinar el valor afirmativo o negativo, activo o reactivo de un fenómeno. De cara a una ciencia activa con principios activos, la filosofía de Nietzsche plantea tres funciones y sus respectivos personajes filosóficos:

1)Una sintomatología, como una interpretación de los fenómenos a partir de las fuerzas que los producen, cuyo personaje es el filósofo médico.

2)Una tipología, que interpreta las fuerzas desde el punto de vista de su cualidad, activas o reactivas, su personaje es el filósofo artista.

3)Una genealogía, que evalúa o determina el rango de las fuerzas en la cualidad de la voluntad de poder de la cual derivan, su personaje es el filósofo legislador.

El filósofo en tanto que filósofo, es sintomatologista, tipologista, genealogista.

CONCLUSIÓN

Deleuze ha propuesto una manera particular de leer a los filósofos: ¨La historia de la filosofía no debe decir lo que ya dijo un filósofo, sino aquello que está necesariamente sobrentendido en su filosofía, lo que no decía y que, sin embargo, está presente en lo que decía¨. Propone no leer a los filósofos, ni filológica, ni historiográfica, ni hermeneútica, ni desconstructiva, ni repetitivamente. Deleuze propone leer a los filósofos de manera nietzscheana: volverlo inactual, intempestivo, en lucha contra el tiempo del lector, en hacerlo un arma de lucha contra el presente.

La lectura deleuziana de Nietzsche lo hace inactual. Deleuze señalará que la inactualidad de su Nietzsche es la invención de una filosofía de lo múltiple, de las diferencias. Nietzsche es el pensador de lo múltiple, de lo plural, ha aportado a la filosofía de lo múltiple una ruptura creadora con el pensamiento dialéctico que funciona gracias a lo negativo, proponiendo un pensamiento de la inmanencia y de las fuerzas creadoras. Deleuze polariza, acentúa, reorienta todo el riguroso sistema conceptual nietzscheano sobre el eje de la afirmación y de la distinción entre fuerzas activas y reactivas.

Según Deleuze, Nietzsche debe ser reconocido como el verdadero punto de viraje crítico, en la modernidad, respecto a la filosofía clásica, y no Kant. Para Deleuze, Nietzsche es un descendiente a la vez que un rival de Kant, al hacer de su filosofía «una transformación radical del kantismo y una reinvención de la crítica que Kant traicionó en el momento mismo de emprenderla», al replegarla sobre la dialéctica y sobre el conocimiento de lo verdadero, que continuaba siendo asumido como el problema fundamental de la filosofía y que hacía lógicos y naturales, por tanto, los posteriores desarrollos idealistas postkantianos. Lejos, pues, de representar el cumplimiento del nihilismo europeo, la concepción nietzscheana de la voluntad de poder constituye un nuevo inicio para el pensamiento, que «debe sustituir a la vieja metafísica, destruirla y superarla.

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comentarios
  1. Sam dice:

    Me parece buena Información 😉

  2. Mari dice:

    Faltó muchísimo, pero en general es un buen trabajo.

    • Gracias
      Completamente de acuerdo. No le dediqué el tiempo que se merecía, ni a la comprensión ni a la reflexión. Pero al ser un trabajo para una asignatura, es algo que me pasa continuamente.
      Aún así siempre se saca algo.
      Saludos Mari

  3. mapabri dice:

    lastimosamente amigo el ensayo no es suyo, este ensayo es del filosofo Diego Sanchez Meca.

    Aquí dejo el link http://ru.ffyl.unam.mx:8080/bitstream/10391/2413/1/05_Theoria_10_2000_Sanchez_65-83.pdf

    • Estimado mapabri, el plagio es algo de lo que huyo. Cuando algo no es mío, que por cierto es la mayor parte del contenido filosófico de este blog ya que son fundamentalmente apuntes, lo digo claramente.

      Este ensayo es mío, y no es que esté muy orgullosa de él. si hubiera sido una copia del señor Sanchez Meca sí que lo estaría porque sería algo digno de leer. Y me habrían suspendido la asignatura por cierto.

      El hecho de que encuentres algún paralelismo incluso algunas frases del ensayo que amablemente anexas me parece de lo más normal, porque al preparar este tipo de trabajos obviamente tiras de documentación de personas que saben del tema, como es claramente el caso que comentas. Y si algo está escrito como tú quieres no le veo sentido a cambiarlo. De ahí a acusarme de plagio sin ningún pudor creo que hay bastante distancia y falta de respeto.

      En cualquier caso es tu opinión y si consideras que soy una plagiadora, te insto a que no utilices más mi material y remítete a las fuentes originarias, que seguro que siempre serán mejores. Te ahorrarás tiempo y yo disgustos.

      Un saludo

  4. Maximiliano dice:

    Muy bueno!!!! estoy haciendo la Tesis sobre la segunda Intempestiva, y allí habla de fuerza plástica. Me vino muy bien, podría ser mas completo. Pero siempre podemos ser mejores.

  5. David dice:

    Muy bueno 🙂

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