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Aplicando la lógica unos cuantos conocimientos básicos podemos deducir lo que significa, grosso modo, evolucionismo cognitivo. Es una teoría que sostiene que las capacidades mentales son un conjunto de mecanismos, que el ser humano va adquiriendo y/o modificando asociado a su propia evolución. Es decir, mediante mecanismos de adaptación evolutiva, el ser humano va dotándose de herramientas intelectuales que le permiten la interacción y el conocimiento o interpretación de todo lo que le rodea . Estas capacidades pueden ir modificándose paulatinamente según los contextos, hasta el  punto de convertirse en inútiles y acabar desapareciendo,  y pueden generarse como nuevas capacidades ante contextos específicos.

Hallpike es un antropólogo de Oxford bastante políticamente incorrecto y por lo tanto levantador de pasiones…o le odias o le amas. Además aborrece la oscura verborrea filosófica, y predicando con el ejemplo, sus escritos son extremadamente claros. Alumno de Evans-Pritchard y seguidor a muerte de Piaget. Podeis visitar su página Web, aunque sea por curiosidad morbosa  (http://hallpike.com).

Sus primeros años estuvieron dominados por el trabajo de campo, y eso le valió para combatir alguna de las teorías dominantes de su época, particularmente el estructuralismo funcional y el materialismo cultural.

Hallpike realizó un análisis detallado de la obra de Piaget, y ello le condujo a la publicación en 1979 de su libro más famoso: Los fundamentos del pensamiento primitivo.  Se basa en los estudios de Piaget acerca del desarrollo del pensamiento de los niños, y pudo ver que había muchas ideas en común con las sociedades primitivas. Estableció un paralelismo entre estas culturas y el nivel pre-operacional del desarrollo cognitivo de los niños. Este libro provocó una furiosa reacción de algunos antropólogos que se vieron ofendidos por esta falta de sentimientos de igualdad. En cambio otros antropólogos vieron en sus escritos una nueva luz en los problemas tradicionales del pensamiento primitivo.

El principio más general de la psicología cognitiva de Piaget, es que la organización del pensamiento de un sujeto, a lo largo de su desarrollo, es un proceso de acomodación de sus estructuras cognitivas al entorno y de asimilación del entorno a las estructuras cognitivas que posee. El segundo principio es, que en este proceso, la manipulación de los objetos tiene un papel clave. Pero también la comunicación, la colaboración en tareas y la escritura. El desarrollo cognitivo del niño tiene varias fases sucesivas, caracterizada cada una de ellas por la creación de estructuras cognitivas nuevas, que comprenden y transforman las anteriores, pero cualitativamente distintas. Estas fases son: sensoriomotora, preoperativa, de las operaciones concretas y de las operaciones formales. La fase Preoperacional se sitúa entre los 2 y los 6 años aproximadamente. El niño utiliza el pensamiento simbólico, incluyendo el lenguaje, para entender el mundo. Se desarrolla la imaginación y el lenguaje es un medio importante de autoexpresión y de influencia de los otros, pero todavía no son capaces de realizar las operaciones mentales reversibles. Una operación mental requiere pensamiento lógico, y en esta etapa, los niños aún no tienen la capacidad para pensar de manera lógica. En lugar de ello los niños desarrollan la capacidad para manejar el mundo de manera simbólica o por medio de representaciones. Es decir, desarrollan la  capacidad para imaginar que hacen algo en lugar de hacerlo realmente.

Una de las consecuencias principales de este punto de vista es que, aunque reconoce el lugar del lenguaje en las diferentes fases de organización del pensamiento, no tiene el papel central. El pensamiento y el lenguaje no son idénticos, ni van en paralelo. Si el lenguaje predominara sobre el pensamiento, el pensamiento sobre el tiempo, la causalidad o la cantidad habría sido compartido por todas las culturas de ascendencia indoeuropea, lo que no es el caso, según Hallpike.

El número de las fases de Piaget se ha cuestionado, y también se ha propuesto subdividir alguna de ellas. También se han puesto reparos a la metodología de Piaget, que tomaba como sujetos niños europeos escolarizados, lo cual no va a favor de la generalidad de sus resultados, mientras que el método clínico que empleaba no es el que mejor se presta al control experimental. Piaget no distinguía entre competencia y desempeño: el fallar en una prueba no implica que no se disponga de los requisitos cognitivos necesarios para ello; otros aspectos tales como la motivación o la familiaridad de la tarea tienen que ser considerados. Tampoco tuvo muy en cuenta las influencias  sociales y culturales. Mientras Vygotsky hizo un gran hincapié en la influencia social en el desarrollo cognitivo, Piaget consideró al niño  un organismo biológico que se desarrolla de modo descontextualizado. Una ameba con cerebro.

Aún así, Hallpike examina con esta plantilla de fases y capacidades correspondientes a cada una de ellas, los logros intelectuales de las sociedades primitivas. El proyecto de Hallpike es muy extenso,ya que no se limita, como Horton o Lévi-Strauss, a descubrir las características esenciales del pensamiento primitivo, sino que explora varias áreas centrales del mismo: simbolización, clasificación, medida, aritmética, conceptos espaciales y temporales, causalidad, conceptos físicos, etc. Su punto de partida es la psicología evolutiva, y por tanto el pensamiento primitivo no es comparado con la ciencia, sino con el pensamiento de la gente común de las sociedades industriales alfabetizadas.

En cada uno de estos apartados que analiza encuentra que en algunas sociedades no se sobrepasa nunca la fase de las operaciones concretas. Las representaciones de la realidad que se alcanzan no llegan nunca a tener las características de las operaciones formales, porque los entornos en que se sitúan no son apropiados para que la gente adquiera estas capacidades. Hallpike se apresura a aclarar que eso no significa en absoluto que las mentes de las personas que forman esas sociedades sean infantiles. Los conocimientos que tiene que poseer un cazador o un agricultor son incomparablemente mayores que los que pueda poseer un niño, y las estrategias, habilidades, discriminaciones, etc. son de una gran complejidad y riqueza, como lo es el grado de sistematización de ese conocimiento, pero las relaciones lógicas que sus acciones y pensamientos tienen que explotar simplemente no alcanzan esa fase de las operaciones formales.

En este sentido, en el prólogo de Los fundamentos del pensamiento primitivo, Hallpike explica su uso de “primitivo” y justifica llamar “primitivas” a algunas sociedades. Concede la apreciación, ya expresada por Lévy-Bruhl, de que las sociedades contemporáneas que son llamadas “primitivas” tienen necesariamente una historia tan larga como cualquier otra, y declara que no hay que esperar que esas sociedades tengan alguna tendencia a transformarse en sociedades industriales modernas. Pero no concede la conclusión que recomienda rechazar el calificativo. Mantiene que es perfectamente evidente que la caza y la recolección precedieron a la agricultura, el trabajo animal a las máquinas, las aldeas a las ciudades, la cultura oral a la escritura, etc. Y que, por lo tanto, unos elementos sociales deben ser considerados primitivos con respecto a los otros.

La teoría del conocimiento de Hallpike puede llamarse “evolucionista” o “evolutiva”, además, porque se basa en gran parte, sin renunciar a otras aportaciones de la psicología, en la obra de Piaget, que construyó una teoría empírica y evolutiva de la adquisición por parte del individuo de las estructuras básicas del pensamiento. Y Hallpike coloca a Piaget en la tradición psicológica a la que también pertenecen Luria, Vygotsky, Werner y Bruner. Hallpike defiende esta elección, en primer lugar, porque cree que para hablar de pensamiento primitivo, se necesita una teoría empírica del pensamiento, e incluso, si la teoría de Piaget fuera rechazada, aun haría falta una teoría empírica que la sustituyera, e incidentalmente, la notoria carencia de tal teoría en Lévi-Strauss le hace objeto de sarcasmo: ha convertido un tema extremadamente difícil en un tema imposible. En segundo lugar,Hallpike comparte por completo la idea de esta escuela psicológica de que el pensamiento se desarrolla en relación con la experiencia a través de la acción del sujeto.

En Los Principios de la Evolución Social (1986) rechazó la  creencia de que las instituciones sobreviven y se expanden debido a sus ventajas adaptativas. De hecho, especialmente en las sociedades pequeñas con tecnologías simples, una amplia variedad de formas de vida pueden ser perfectamente viables. De manera que las prácticas mas comunes no necesitan ser superiores adaptativamente, sino las más simples y fáciles de manejar o pensar,o el resultado de las tendencias humanas universales. Desgraciadamente, lo que observamos es que, más que la supervivencia del más apto, usualmente nos encontramos con la supervivencia de lo mediocre, y estas formas pueden sobrevivir gracias a la falta de competición efectiva en un entorno social poco exigente. Su significado evolutivo real está en sus propiedades estructurales latentes, que pueden aparecer cuando las circunstancias son las adecuadas. Esto es particularmente cierto en las instituciones religiosas y militares y en las estructuras de parentesco; cuando ambas se combinan de la manera adecuada, emergen nuevas formas significantes como el Estado.  Se argumentó igualmente que había un número limitado de principios sociales y cosmológicos, principios fundamentales, que guían la evolución de cada sociedad, y se compararon en detalle las sociedades Indo-Europeas y China a tal efecto. Con la finalización de este libro, Hallpike retrocedió a la psicología del desarrollo, en este caso de las ideas morales. Esto le dio la oportunidad para una demolición completa del relativismo cultural. Demuestra que las ideas morales se derivan de las demandas de la vida social, pero pueden todavía encontrarse en diferentes niveles cognitivos. Examina en detalle el desarrollo de las ideas morales y la psicología transcultural, y el resto del libro muestra como este esquema de desarrollo puede ser soportado por la etnografía de cazadores-recolectores,  agricultores tribales, los primeros Estados,  y las religiones del mundo.

En la antropología social el evolucionismo cognitivo es una tesis constitutiva de la disciplina en la que los fenómenos sociales requieren un nivel autónomo de explicación y de conceptualización. Esta tesis se remonta hasta Durkheim, quien tuvo una gran influencia en el programa de antropología del conocimiento de Lévy-Bruhl. Otra tesis, no constitutiva, pero ampliamente extendida en la disciplina, es que el evolucionismo cultural es un grave error. Frazer y Tylor fueron defensores del evolucionismo y acusados de introducir consideraciones psicológicas en sus explicaciones de los fenómenos culturales. Hallpike volvió a incurrir un siglo después, en 1979, en herejías semejantes.

Dentro de la antropología social, se considera que los procesos cognitivos individuales no tienen ningún lugar, sólo las representaciones colectivas. Hallpike piensa que esta restricción encaja muy bien con una teoría del conocimiento de tipo empirista, que ve la mente como una tabla rasa y pasiva donde una cultura puede poner cualquier contenido. Por lo tanto, procede a precisar los límites de la tesis de la autonomía de la teorización sociológica y a exponer con bastante extensión la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget.
Lévy-Bruhl, objetando a Durkheim, nos indicaba que los individuos de sociedades primitivas no parecen mostrar un pensamiento prelógico, sino perfectamente lógico, sobre todo cuando se ocupan de asuntos prácticos, como recuperar una pieza cazada o protegerse de la lluvia. Todas esas acciones exigen una concepción del tiempo y del espacio que es muy semejante en las diferentes sociedades, aunque tengan instituciones sociales muy diferentes. Uno de los apoyos con los que cuenta la teoría social de las representaciones colectivas es que  la religión primitiva no consiste en un conjunto de creencias, sino de prácticas y rituales. Estos son sociales sin duda alguna y, por más que intentáramos, quizás con éxito, relacionar las creencias con estados mentales de los individuos, las representaciones colectivas que encarnan los rituales no están en la cabeza de nadie, sino en la práctica social. Hallpike intenta refutar esta cuestión aludiendo a que el pensamiento individual no es necesariamente verbalizable, sino que hay un pensamiento basado en las imágenes y las acciones. Y va tan lejos como para afirmar que la vida social no habría llegado a tener lugar si los hombres no hubieran tenido representaciones del espacio y del tiempo y la capacidad de clasificar.

Ahí te quedas, pensándolo un rato…

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La mente humana ha experimentado una evolución a lo largo de la existencia de la humanidad. Los mecanismos mentales que capacitaban la actividad mental debían ser fruto de la evolución, de la adaptación al medio, al igual que el resto de órganos de nuestro cuerpo. Pero cuando se habla de evolución mental, probablemente la componente cultural tenga mucho más peso, por lo que podemos suponer que la conciencia, tal y como la conocemos no surgió con las mismas características en nuestros antepasados
El investigador Alexander Romanovich Luria realizó unas famosas expediciones psicológicas a principios de los 30 para investigar las hipótesis de Vigotsky, según las cuales, el desarrollo de funciones mentales superiores está ligado al desarrollo del medio social y cultural. Investigaciones posteriores han confirmado lo que Luria se encontró por el camino. Los individuos pertenecientes a “sociedades tradicionales” (por diferenciarlas de las “sociedades modernas”) no responden utilizando modos silogísticos de razonamiento.
Recordemos que un silogismo es una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones que actúan como premisas, y una tercera que actúa como conclusión. Por ejemplo:

  • PREMISA 1: La lluvia es agua
  • PREMISA 2: El agua moja
  • CONCLUSIÓN: Si llueve, te mojas.

Uno de los silogismos simples que existen es el denominado Modus Ponens, que se simboliza mediante

  •  Si A, entonces B
  • A
  • Por lo tanto, B

Un ejemplo del cual sería:

  •  Si llueve, entonces te mojas.
  • Llueve,
  • Por lo tanto te mojas,

Parece evidente, ¿cierto?. Pues Luria encontró que los individuos de las sociedades tradicionales tratan este tipo de silogismos Modus Ponens de manera muy diferente a la que supone la lógica formal, es decir, a lo que nosotros nos parece evidente. Las respuestas quedan generalmente enmarcadas en una lógica que no funciona en términos de las relaciones causales incluyentes, más bien al contrario, los individuos tienden a responder  en términos de su experiencia cotidiana. Estos sujetos no perciben los silogismos como un sistema lógico unificado, no les atribuyen un carácter lógico de afirmación universal, sino que convierten cada parte del silogismo en algo parcial que no puede tener relación  lógica con la otra frase y de la cual se puedan extraer las correspondientes  conclusiones. Sin embargo, por concreta que sea, la experiencia cotidiana no se basta a ella sola. En general, dicha experiencia es organizada a través de categorías conceptuales en las que se mueve el razonamiento del individuo y le permiten organizar el mundo.

Lucien Lévy-Bruhl había observado ya ciertas características  que diferencian la forma del pensamiento “civilizado” de aquellas encontradas en lo que en esa época se daban en llamar, sin ningún tipo de pudor, “sociedades inferiores”. Una de esas diferencias era el despreocupamiento intelectual ante la contradicción lógica.

Las operaciones mentales, a las que denomina Lévy-Bruhl operaciones lógicas, son las que organizan  en buena parte nuestras representaciones. Pero las representaciones tienen que ser colectivas porque la mentalidad es social. Las representaciones colectivas de los individuos civilizados suelen obedecer una serie de leyes generales, como por ejemplo la ley de la identidad, la de la contradicción, la generalización, la abstracción y la clasificación. También utiliza la ley de la causalidad para organizar sus representaciones y para explicar lo que ocurre en el mundo. Estas leyes toman parte en la formación de conceptos y tienen un papel en la inferencia, es decir, en los procesos mediante los que obtenemos conclusiones basándonos en información conocida. Por lo tanto, podemos considerar estas leyes como las operaciones más generales del individuo civilizado.

¿Cuáles serían las operaciones más generales de la mentalidad primitiva? Hay que considerar que las  representaciones no son exclusivamente cognitivas, sino que están muy mediadas, en el caso de las culturas primitivas, por factores emocionales y motores. Ello se debe a las circunstancias en las que muchas de esas representaciones son adquiridas por los individuos en situaciones especiales, social y psicológicamente críticas, como, por ejemplo, las ceremonias de iniciación.

Uno de los puntos que llamó la atención de Lévy-Bruhl fue que el pensamiento de los individuos primitivos parecía tener, por lo menos en ciertas tribus, un recurso constante a la memoria, mucho mayor del que se encuentra en el pensamiento civilizado, y que vendría a convertirse en soporte vital del pensamiento primitivo. Mientras que el individuo civilizado confía en parte al ordenamiento lógico de los conceptos el papel de herramienta para recuperar información, el sujeto primitivo registra en un cierto orden en su memoria las representaciones, y ese orden memorizado sirve eventualmente, no sólo para recuperar una representación en particular, sino para inferir a partir de una representación la siguiente.

Atribuye a la mentalidad primitiva una carencia para las operaciones lógicas en sentido estricto, u “operaciones discursivas del pensamiento”. La conclusión a la que llega es que el conjunto de hábitos mentales que excluyen el pensamiento abstracto y el razonamiento propiamente dicho parecen encontrarse en un gran número  de sociedades inferiores y constituir un rasgo característico y esencial  de la mentalidad de los primitivos. Los principios de contradicción y de identidad son operaciones discursivas características del pensamiento del individuo civilizado, y son, desde luego, principios lógicos. Estos no están presentes en el pensamiento primitivo, sino que en lugar de ellos está una “ley de la participación”, que es una forma de mediar entre la identidad y la contradicción. Una mentalidad gobernada por la ley de la participación es lo que llama Lévy-Bruhl “una mentalidad prelógica”. No antilógica, ni alógica, puesto que no se complace en explotar las contradicciones, ni carece de cualquier lógica. Al caracterizar de esta manera la mentalidad primitiva, se refiere Lévi-Bruhl a las representaciones colectivas, pero no a las operaciones mentales de los individuos, que en muchos terrenos prácticos son perfectamente lógicas.

Otro tema que pone Lévy-Bruhl de relevancia en la mentalidad primitiva es la supuesta falta de atención y de interés por las causas que no sean inmediatamente evidentes. Cuando una causa no es evidente, el individuo pre-lógico no se preocupa de buscarla activamente, sino que explica el suceso en cuestión aludiendo a poderes místicos. Estos agentes causales son fuerzas ocultas, para las que no cuentan, ni las restricciones lógicas, ni las de tipo temporal o espacial, que son las que soportan las representaciones del individuo civilizado. En este sentido, dice Lévy-Bruhl, la mentalidad primitiva es mística, se explican mediante estas intervenciones la enfermedad, los accidentes, la muerte, la sequía, la mala cosecha, que en muchos casos y culturas se atribuyen por ejemplo a brujería o dioses enfadados. Según Lévy-Bruhl, en la mente primitiva los objetos perceptibles y las fuerzas invisibles confluyen. Las entidades místicas y la percepción no están separadas en los actos cognitivos, de modo que no se puede decir que esas entidades místicas no sean perceptibles, porque para el perceptor lo son. La distinción entre “lo dado” y lo percibido es inapreciable para el sujeto.

Según Lévy-Bruhl, en el pensamiento lógico, los juicios operan con conceptos previamente definidos. Las relaciones entre conceptos que se establecen en los juicios o síntesis, son posteriores a la constitución de los conceptos, y deben respetar las especificaciones de éstos. Mientras que la mentalidad pre-lógica constituye los “conceptos” a la vez que procede a relacionarlos en síntesis. Por esto dice Lévy-Bruhl que el pensamiento primitivo es sintético: no separa las dos fases de análisis y síntesis como lo hace el pensamiento lógico.

Es, sin embargo, esta, una caracterización muy cuestionada del pensamiento ordinario del individuo civilizado. La distinción entre analítico y sintético no parece fácil de trazar, según Quine; y otros autores han mostrado que no se pueden separar las significaciones de las palabras de, al menos, algunos de los juicios que formamos con ellas. Lo que añade Lévy-Bruhl es que estas representaciones y las relaciones que hay entre ellas no están sometidas a la lógica porque están sometidas a un imperativo social. Esto explica que no se libren a cualesquiera arbitrariedades permitidas por el desprecio de la contradicción y que las “síntesis” estén dadas junto con los conceptos. Si se dice de un sujeto es un hombre pájaro, entonces los conceptos de hombre y el de pájaro tienen que cargar con esa síntesis y tienen que participar el uno del otro. Es en este sentido en el que Lévy-Bruhl afirma que el pensamiento primitivo carece de la facultad de abstraer, esto es, carece de la facultad de crear conceptos con una extensión a la cual una cosa dada pertenece o no pertenece y constituidos con independencia de las síntesis en que figuren.

La diferencia fundamental entre el pensamiento pre-lógico de la mentalidad primitiva y el pensamiento lógico occidental reside, según Lévy-Bruhl, en el enraizamiento del primero en la esfera de las emociones  y los sentimientos que sirven de ejes mayores a las representaciones colectivas, esto es, a las ideas que los miembros de un grupo social comparten y que son impuestas desde el exterior. Sin embargo, y contrario a la corriente evolucionista, Lévy-Bruhl no consideraba el razonamiento pre-lógico  como un defecto o como producto de la estupidez o como forma rudimentaria de la nuestra, como un razonamiento inferior, comparable al de los niños del mundo civilizado, como hizo Tylor de alguna manera en Primitive Culture, al considerar la cultura como una sucesión de estadios desde lo salvaje a lo civilizado. Según Lévy-Bruhl, si vemos la mentalidad primitiva tal como ella se manifiesta en sus propias instituciones, dicha mentalidad aparecerá como normal en las condiciones  que ésta se ejerce, como compleja y desarrollada a su manera. Hacia el final de su carrera, escribió, en una carta a Evans Pritchard, que el hecho de que los hábitos mentales de los individuos primitivos sean diferentes del de los individuos civilizados, no significa que ambos razonen de manera diferente, su pensamiento no es ni más ni menos lógico y reconoce que quizás el término pre-lógico había sido desafortunado, ya que definía claramente al pensamiento primitivo como coherente.

La heterogeneidad total que Lucien Lévy-Bruhl encuentra entre lo que él denomina el pensamiento “prelógico” y el pensamiento occidental, excluye toda posibilidad de relacionarlos en algún sentido. En virtud de que se rigen por reglas diferentes, el pensamiento occidental se enfrenta a la imposibilidad  de comprender la “mentalidad primitiva”, ya que ésta se encuentra regida por la “ley de participación”. Esta ley, que se refiere a la propiedad del pensamiento primitivo de penetrar en la naturaleza a través de una “experiencia mística”, no tiene correlato en la “explicación” de tipo científico que domina la mentalidad occidental.  Para el evolucionismo la distancia entre magia, religión y ciencia es mera cuestión de tiempo: los primitivos tendrán que superar algún día sus estadios fetichistas, politeístas o de falsa conciencia y lo lograrán gracias a la uniformidad de fondo del género humano: la unidad de su espíritu. El esquema heterogéneo levanta un muro infranqueable entre el primitivo y el occidental, y si ambos pensamientos coexisten, lo mismo da, puesto que no podrán establecer comunicación.

Lévy-Bruhl ha sido acusado de inventar una extraña mentalidad prelógica para atribuirla al pensamiento primitivo, pero la impresión que se tiene al leerlo es que es más inadecuada la idea que se hace de la mentalidad racional o científica. Cuando describe ésta depende de las idealizaciones que los viejos tratados de lógica habían construido sobre el pensamiento racional. Él mismo advierte que la racionalidad del individuo civilizado a la que se refiere es la que se encuentra definida en los libros de lógica, de filosofía y de psicología, y tiene en cuenta la posibilidad que el posterior estudio sociológico de las comunidades donde estos libros se escribieron muestre un panorama distinto. Cuando interpreta el pensamiento primitivo encuentra en él cosas que no estaban en los libros de lógica, estamos hablando de la primera mitad del siglo XX. Pero muchas de estas cosas parecen estar también en el pensamiento científico. Su concepción del pensamiento racional deforma, aunque él intenta evitar esta perturbación, la manera como cuenta las características del pensamiento primitivo, porque no puede escapar de esta idealización poco fiel.

La obra de Lévy-Bruhl hace una valiosa propuesta para indagar el pensamiento socialmente compartido, que consiste en inferirlo de las instituciones sociales. En el curso de su interpretación del pensamiento de otras culturas advierte muy agudamente rasgos que lo diferencian del pensamiento racional descrito por los lógicos, psicólogos y filósofos de la Europa del siglo XIX. Pero de lo que realmente no se ocupa es de cómo las instituciones sociales son materializaciones de esas representaciones colectivas.

Claro que también podría haberlo titulado: Malo, seré malo. La cuestión es que cuando me he puesto a pensar de manera no ortodoxa en el mal, lo primero que se me ha venido a la mente es la música, ¡qué raro! El mal, la maldad en el arte en general, música, cine, literatura…da mucho juego, mucho más que el bien, si no que se lo digan a Keyser Söze, Cruella Deville o al Doctor Muerte. Pero ¿qué es realmente el mal?

Anda ya un poco manida la eterna discusión entre  el hombre es malo por naturaleza: homo homini lupus,y tranqui colega la sociedad es la culpable, que sociedad no hay más que una y a tí te encontré en la calle. ¿Soy mala o me hacen mala?. ¿Es la desigualdad que genera la sociedad la fuente de todos los males? ¿Me puedo seguir manteniendo buena en una sociedad mala?

Me atrae mucho la idea de que el ser humano se ha precipitado a la hora de construir sus reglas morales. Mucho antes de conocer nuestra naturaleza y nuestras limitaciones, ya había establecida una moralidad que luego a través de la tradición y el conservadurismo recalcitrante fomentado por fanáticos religiosos y políticos corruptos se ha seguido conservando. Han impedido que la moral progrese para seguir esclavizando a los pueblos, y seguimos viviendo con una moral que corresponde a la infancia del ser humano, que no nos permite expresarnos como individuos libres que somos. Está claro que cuanto menos se conoce acerca del mundo que te rodea, más fácil es encontrar el mal a tu alrededor, la ignorancia y la superstición son una base fundamental para crear y fomentar el mal, y la historia nos avala en esta conclusión. La religión y la política son el culmen de la ignorancia y la superstición y base para el dominio y subyugación de las mentes ignorantes. El terror domina las masas y el mal provoca terror, por lo que ha sido una herramienta ampliamente utilizada por la iglesia y los gobiernos de las distintas épocas y culturas de la raza humana.

La percepción del mal como imperfección se nos queda un tanto lejana al pueblo llano.El mal se puede enfocar como privación y defecto, y debilidad y desproporción y error, y frustración del objetivo, de la belleza, de vida, de inteligencia, de razón, de perfección de causas. Pero lo imperfecto no tiene porqué ser malo. Somos seres imperfectos, la naturaleza no es infalible. Lo infinito y lo perfecto son términos que están superados, o al menos deberían. Dios no tiene nada que ver con el mal, Dios no existe, el mal sí. Lo infinito y lo perfecto son ideas. Quizás si pueda estar más cerca el mal de las expectativas erróneas que nos formamos acerca de nuestra vida y de la felicidad. Cuando no conseguimos nuestros objetivos nos frustramos y esa frustración puede canalizarse hacia el mal. 

Que el hombre es malo por naturaleza quiere decir que sabe lo que está mal por las leyes morales que le han inculcado y aún así las trasgrede. Pero esa trasgresión no tiene por qué ser continua. Es decir, nos saltamos las reglas, pero sólo a veces, un poquito, o siempre que podemos. Somos buenos y malos a la vez y en diferente medida. Según avanzamos en la vida y según la vida nos vaya tratando seremos más o menos malos. Al menos tendremos la capacidad de ser tanto buenos como malos, y además esa capacidad estará supeditada al contexto en el que estemos sumergidos. Eso es lo que tiene el libre albedrío. Si no consideras que hay una entidad superior, llámalo Dios, llámalo quark, llámalo X, que equilibre el mal cósmico para que el bien sea el vencedor sempiterno, lo llevas un poco más crudo, ya que tendrás que asumir que los hijos de puta se saldrán con la suya sin ninguna contraprestación en la otra vida. Entonces es cuando tú tomas la decisión de cuánto de malo quieres ser, cúanto de bueno, cuánto te cabrea que el mal venza y cuánto te gusta. Recordad que entre el 3 y 7% de nosotros somos sociópatas y esto del mal como que nos la repanpinflaría.

Por lo tanto, ante el mal se pueden adoptar diferentes posturas. Los hay que lo aceptan pero le niegan cualquier tipo de superioridad frente al bien, como por ejemplo los cristianos, para los que el mal es carencia y privación y siempre está supeditado al bien. Los hay que se dan cuenta de que existe y tratan de buscar su origen y sus causas históricas para que mediante el análisis de las mismas podamos proceder a eliminarlos. Los hay que lo provocan para afirmarse como ser humano frente al mundo y frente a Dios.

Y los habemos que lo contemplamos como una parte intrínseca e inherente de la realidad, que hay que aceptar y afrontar, hay que usar y negar, pero en ningún caso podemos eliminar. Eliminar el mal sería eliminar la cultura, la sociedad, la raza humana, la naturaleza y en defnitiva la realidad. No podemos eliminar algo que nos trasciende, el mal es como la verdad, está ahí fuera y tu puedes formar parte de él o no, compartirlo o no, pero no puedes alterar su esencia, su realidad es independiente de la tuya. El ser humano lleva el mal dentro, al igual que el bien, ambos forman parte constitutiva de su naturaleza, y algún día descifraremos los genes que nos hacen ser proclives hacia un lado u otro de la balanza.

Me vengo a referir, al hecho de que todos asumimos que la especie humana es la más evolucionada. Teniendo en cuenta que el hombre procede del mono ( sí, lo siento, procede del mono, ¡asúmelo!) y que tenemos una serie de monos que comparten prácticamente todo el código genético, lo que quiero poner de manifiesto es que conforme nos alejamos en el tiempo evolutivo, encontramos especies cuyo comportamiento parece más evolucionado que el nuestro. Ojo, que considero como punto de partida que la agresividad y la violencia forman parte de un comportamiento más primitivo. Y no todo el mundo estará de acuerdo con ello. Claro que incluso hay gente que no está de acuerdo con nuestra simiesca procedencia.

Contextualicemos.

Hace 24 millones de años, año arriba año abajo, los Cercopitecos, o monos del viejo mundo, vivían en los árboles de las pluviselvas africanas, porque hace 24 millones de años África todavía no agonizaba sino que rebosaba vida por los cuatro puntos cardinales.
Sigamos la línea evolutiva de los Cercopitecos hasta llegar entre 9 y 10 millones de años, donde aparece el  Ouranopithecus, antepasado común a monos y hombres.Sin tener muy claro en qué momento, porque muchas fuentes aportan fechas muy diferentes, la cuestión es que se separan dos familias: los Póngidos (orangután, gorila, chimpancé, bonobos) de los Hominoideos primitivos, que algunos millones de años después acabaremos siendo nosotros.

Parece ser que todos están de acuerdo en que el primero que sale de la línea evolutiva es el orangután,  luego sale el gorila, y por último el chimpancé. Orangután, gorila y chimpancé no son nuestros antepasados, pero sí que compartimos antepasados comunes con ellos. Es decir, el chimpancé es el primate vivo más cercano al hombre, después el gorila y después el orangután.
De los hominoideos, el más antiguo es el llamado Orrorin Tugenensis, con 6 Millones de años de antiguedad. Podría decirse que ese sí que es el antepasado de los homínidos en general y del homo sapiens en particular. Pero del señor Orrorin ya hablaremos en otra ocasión

Para centrarnos en la separación entre Póngidos y Hominoideos, tenemos que hablar de la Tricotomia Evolutiva, la cual puede tener diferentes indicios:

  • Estudios de proteínas inmunológicas hechas por Goodman en los años 60, que nos muestran que los seres humanos están más cercanos a los chimpancés, después a los gorilas y por último a los orangutanes.
  • Trabajos de hibridación genética comparada, que suponen un mejor reloj molecular que se calcula comparando las diferencias del ADN y las edades de separación de especies según el registro fósil y sus diferentes edades calculadas por diferentes radioisótopos
  • La separación entre chimpancé y hominoideo se calcula en 2.3M- 9.2M años de acuerdo con diferentes estudios. Lo que si puede la genética es establecer vecindades evolutivas entre especies. Los estudios de comparación de cromosomas añaden un peso de evidencia a los estudios inmunológicos y moleculares.
  • Según los estudios cromosómicos los orangutanes son los póngidos más primitivos. Los gorilas los chimpancés y los Hominoideos se separarían casi a la vez en tres diferentes líneas, una tricotomía evolutiva pero con un clado más precoz en los gorilas, siendo los chimpancés nuestros parientes más cercanos.

También podemos hablar de la alternativa de Schwartz basada en los rasgos más que en  las moléculas. Se basa principalmente en el estudio del esmalte y la característica de los molares. Los chimpancés y los gorilas tendrían una corona más grande y un esmalte más fino que los hominoideos. Esta teoría sostiene que los orangutanes (esmalte grueso, corona grande), serían los hominoideos más estrechamente emparentados. La crítica a esta teoría es que el esmalte grueso era una característica común a todos los primitivos hominoideos y que se ha perdido en la actualidad en el gorila y el chimpancé.El problema es que el registro fósil para hominoideos miocénicos es extremadamente pobre y mientras esto suceda los estudios moleculares, aunque imprecisos en cuanto a un reloj molecular, son más certeros en cuanto al diseño de la cladística evolutiva.

Por último también está la hipótesis de la divergencia tardía. Se basa en las diferencias morfológicas observadas en las evidencias fósiles. La separación chimpancé hominoideos habría sucedido entre 4-5 millones de años cuando la fricción de las placas tectonicas arábiga y africana ocasionaron el valle del Rift y separaron una regíon occidental boscosa y selvática donde quedaron los póngidos y una zona semiárida con protosabana donde se desarrollarían los homínidos. La separación geográfica desarrollaría caracteres “autapomórficos” (propios de cada especie) para cada una de las ramas: pre-gorilas al norte del rio Zaire; pre-australopitecus en el Levante del Rift y pre-chimpancés en el centro de África. Sin embargo los análisis isotópicos  muestran que en Mioceno Medio no hubo sabanas abiertas desarrolladas en el África oriental al menos de forma general, aunque pudiera haber microclimas localizados muy precisos.

Existe por tanto una gran confusión y muchas teorías:

  •      Una familia de Póngidos (gorila, chimpancé, orangután) y otra de homínidos. Teoria claramente antropocéntrica (Simpson)
  •      Un taxón para Homínidos y otro para Pan (chimpancé y bonobo) y Gorilla (Gorila) en conjunto dejando al orangután en un taxón diferente y más primitivo.
  •      La teoria de Goodman según la cual chimpancés y humanos deben ser incluidos dentro del mismo género con un antecesor comun (LCA) (Last Common Antecesor).

Lo que sí parece claro es que estamos a un 1% de diferencia cromosómica con los chimpancés, a un 2% con los gorilas y a un 3% con los orangutanes. Pequeños porcentaje, grandes diferencias. La diferencia cromosómica es directamente proporcional a la distancia en la línea evolutiva.

Partamos de la base de que los tres póngidos tienen una inteligencia más que aceptable y unas características culturales propias y distintivas. Utilizan herramientas y se comunican entre ellos.

El Orangután, el más alejado evolutivamente de nosotros, sapiens sapiens, es un bicho de lo más pacífico, extremadamente pacífico, tímido y solitario, que pasa gran parte de su vida en los árboles minimizando el gasto energético. Se llaman por su nombre y sólo se pelean por cosas básicas, territorio y sexo. Compartimos el 97% del ADN con ellos.

Después viene el Gorila, con el que compartios el 98% de nuestro genoma. Ni feroz ni peligroso, sino pacífico, tímido, afectuoso e inteligente. Expresa felicidad, tristeza y soledad. Se pasa la vida durmiendo, descansando, comiendo. Viven en grupos familiares. Nunca buscan problemas, pero defienden familia y territorios, y son capaces de dar la vida por ellos. Parece que ese punto porcentual en el genoma les ha llevado a incrementar la vida familiar respecto a los orangutanes, más anacoretas ellos, pero no les ha afectado en absoluto a su forma de interactuar con su entorno y otros congéneres, que en ambos casos sigue siendo pacífica, tranquila y evitando problemas.

Ahora hablemos de chimpancés y bonobos, los más cercanos a nosotros, con un 99% de coincidencia genética, que se dice pronto. Son extremadamente inteligentes, resuelven problemas mentalmente, se pueden comunicar con los humanos usando el lenguaje de los signos, reaccionan ante la desigualdad. Increible, muestran altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad. Podría decirse que tienen muchas de las capacidades que permiten la socialización, como nosotros. Pero además, especialmente los chimpancés comunes ya que los bonobos parecen algo más sofisticados, son muy agresivos en general. Guerrean entre grupos continuamente, aunque a veces no pasa del puro postureo otras veces hay sangre y muerte. Cometen infanticidio y canibalismo. Despedazan por puro placer y divertimento a otros monos más pequeños de otras especies que finalmente acaban matando y comiéndose. Estoy ya sí que empieza a parecerse a nosotros. Violencia y agresividad gratuita para con el resto de especies y entre tus propios congéneres. Humano, demasiado humano.

Parece ser que la evolución avanza en todas las direcciones, para lo bueno y para lo malo, cuanto más evolucionado se está, mejor dotado para realizar el bien y el mal, y mejor raciocinio para distinguir entre el bien y el mal, y aún así seguir siendo malvado.

Conforme nos vamos acercando en la escala evolutiva al hombre, más inteligente se vuelve el individuo, y mas cruel y despiadado. La evolución se plantea como un arma de doble fijo, cada pequeño porcentaje de adn que nos diferencia nos hace más dioses y más viles.  El homo sapiens sapiens muestra cada vez más su debilidad por sólo uno de estos dos filos. Nos iría mejor siendo pacíficos y no buscando problemas, en cambio, somos nuestro peor enemigo. Homo homini lupus…