Archivos de la categoría ‘Viajes’

Lago Naivasha. Aguas turbulentas.

Publicado: 25 marzo, 2014 en Viajes
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Amanece en el lago y la luz que poco a poco inunda la escena va desplazando las aves nocturnas y va llenando de color y calor las aguas bordeadas de papiros y algas. El lago Naivasha es un lugar mágico que no deja entrever el porqué de su nombre.

Naivasha es el lago más alto de toda la Cordillera del Valle del Rift, su nombre proviene del masai y significa “aguas turbulentas”, ya que de vez en cuando, unas increibles tormentas azotan esta piscina de 180 kilómetros cuadrados. Surcamos las aguas de un plato en calma, al amanecer, mientras los miles de pájaros iban desplegando sus repertorios cromáticos, los hipopótamos retozaban tranquilamente y los papiros hacían increíbles siluetas cortando el cielo y el agua.

Amboseli. El viento del diablo

Publicado: 12 noviembre, 2013 en Viajes
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Masai Mara. El Río maravilloso

Publicado: 28 octubre, 2013 en Viajes
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Hong Kong es la Noche

Publicado: 20 diciembre, 2012 en Cadaunada, Viajes

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Siempre quise ir a HK. Desde pequeña ha sido una ciudad para mí muy atrayente…muy sugerente. Mi primer recuerdo consciente de Hong Kong está asociado a Bruce Lee. El cine por aquella época era un medio estupendo de conocer el mundo, lo que había fuera de tu pueblo. Y no, no soy tan vieja como pueda parecer, soy de la generación bola de cristal. Pero cuesta tanto ya hacerse a la idea de un mundo sin internet…Había libros -atlas-, los 40 principales, el VHF y algunos afortunados hasta el UHF. De manera que está bastante claro que este primer contacto con Hong Kong no fue tanto por freak china cudeira sino más bien por imperativo categórico.

Por supuesto que con estos antecedentes, una visita al paseo de las estrellas, haciendo fotos a lozas de metal y cerámica donde aparecen nombres como Jackie Chan, y pararse un ratico en la estatua del amigo Bruce, era imprescindible en una visita a Hong Kong. Pero esto hay que hacerlo de día. Y ya de paso, te sientas a tomar unas cervezas a precio de oro, contemplando desde la costa de Kowloong la costa de Hong Kong. Merece la pena pagarlas.

Hong Kong es una región administrativa del sur de China, que incluye un trozo de península y varias islas. Una de ellas también se llama Hong Kong. Kowloong está justo en frente, a 10 minutos de ferry o de metro. Por el día las vistas son muy interesantes desde ambas orillas. Pero adentrarse orillas adentro en los dos extremos también resulta una experiencia gratificante. Alguna que otra visita a algún que otro templo y mercado, también hay que hacerlas de día.

Pero Hong Kong es la noche. Hong Kong se disfruta mucho más cuando los neones multicolor y omnipresentes inundan las calles, y suben por las paredes. Cuando los neones de los edificios configuran la silueta de la ciudad elevándose hacia el cielo. Cuando el calor te da un respiro y todo se vuelve más agradable.

El ajetreo bullicioso y ruidoso que inundan las calles hasta altas horas de la noche a veces te hace sentir como dentro de un hormiguero. Las tiendas están abiertas y abarrotadas. Los restaurantes abiertos y abarrotados de gente comiendo. Los hongkonitas comen a todas horas, compran a todas horas.

Nathan Road, una calle larga y concurrida, no te la puedes perder, especialmente cuando el sol ya ha desaparecido. Los alrededores son igualmente interesantes y estresantes. Tanta gente, tanta luz, tanto ajetreo. Desde luego si buscas tranquilidad y solitud, no es el sitio adecuado.

Puedes llegar a cabrearte profundamente con el ritmo de la ciudad, los ciudadanos son agresivos, maleducados, despreocupados, egocéntricos. Como son todos los ciudadanos de las grandes ciudades. Si vives en una, sabrás de lo que hablo. En las grandes ciudades se vive en una aceleración permanente, si eres consciente y eres capaz de controlarlo, sobrevives dignamente. Si estás de vacaciones en una gran ciudad notas mucho más esta aceleración, porque es diferente a la que tú estás acostumbrado…y porque estás de vacaciones. Deduces que son agresivos y maleducados cuando en realidad son hormigas actuando en su sistema, no menos agresivo ni maleducado que tu hormiguero residente. Tampoco más. Diferente.

De noche se hace más candente, porque de noche estás más alerta. De noche las luces que bañan hasta ahogar la ciudad te ofrecen muchos más estímulos que el sol que siempre anda inmerso en una bruma fantasmagórica. Los sonidos se acentúan, el bullicio se matiza, los olores se vuelven corpóreos. La luz de Hong Kong hipnotiza, la noche es lo que hace brillar a la ciudad y transportarte a una ensoñación extraña y cotidiana a la vez. Sorprendente.

Cuando cae la madrugada, la ciudad se va poco a poco a dormir, sólo quedan viajeros en busca de un avión tempranero, trabajadores esporádicos que van o vienen de sus labores, borrachos y/o derrotados de una noche loca, y algún que otro grupúsculo con reminiscencias hamposas.

Visitar Hong Kong en el festival de otoño es toda una experiencia. Dragones de fuego y lámparas de colores sorprenden por la vistosidad. Es una fiesta familiar que merece la pena disfrutar. Nosotros nos la encontramos por la aleatoriedad cósmica y alineación planetaria, vamos de chiripa, pero la disfrutamos un montón. Comimos los típicos mooncake, agujeros negros de glucosa y paseamos entre miles de hongkonitas disfrutando el ambiente.

Todas las noches a las 8, en el puerto de Kowloong está el espectáculo Simphonies of lights. Pues hay que verlo. Los primeros minutos son emocionantes. Es un espectáculo multimedia, o sea, luces y sonido. Los edificios principales de HK juegan con luces mientras  la música suena. A veces el sincronismo es estupendo, otras brilla por su ausencia. Comienza presentando a los edificios que van a participar con una música de esas que dan ganas de formar parte del equipo, y empiezas a pensar, estos chinos son la ostia la que van a liar. Se pasa pronto. Sobre todo porque la música es terrible. Terrible…infame en ocasiones. Terrible. La sincronización entre luces y sonido a veces es anárquica, pero estás tan alucinado con la horterada de música que ni te das cuenta. En cualquier caso, es muy vistoso, y merece la pena contemplarlo al menos una vez.

Pero lo mejor sin duda son las vistas desde el monte Victoria. Se encuentra en la isla de Hong Kong, y desde allí hay una vistas imprescindibles. Totalmente imprescindibles. Si puedes sube de día y espera allí que se haga de noche. Si tienes que elegir, indiscutiblemente de noche. Además las vistas son mucho mejores desde el lateral izquierdo. Existe un pequeño mirador a la derecha donde va todo el mundo, se peta. Las vistas no están mal, pero hay tanta gente que no puedes disfrutarlo. Si coges un camino que sale por la izquierda, justo donde los baños, y andas como unos 20 minutos acabarás flipando con lo que te encuentres. Impresionante. Las luces que cambian de color, el oro de los edificios sin neones, los neones de los edificios….Honk Kong es la noche.

Allá por el 90 entré en la universidad, en el 15-T. Venía yo de sacar muy buenas notas y entré en una carrera donde se pedía una nota muy alta, la más alta de ese año… Acojonada estaba porque yo gafotas sí, pero empollona en el sentido ortodoxo de la palabra va a ser que no.  Los prejuicios fruto de la experiencia y de sentirte un bicho raro me hacían pensar que iba a entrar en un mundo donde todos iban a ser unos repelentes empollones cuyo único objetivo en la vida era vestir camisas de franela a cuadros y corregir al profesor en las demostraciones interminables de álgebra numérica.

Y no me equivocaba del todo, y sí me equivocaba mucho. Cierto es que especímenes temidos andaban dispersos por el ecosistema de teleco. Pero más cierto aún es el hecho de que allí encontré a los mejores amigos y amigas que jamás hubiera imaginado. Personas excepcionales desde el punto de vista humano y mentes brillantes como pocas. Sorprendentemente, salvo honrosas y escasas excepciones, abrumadoramente chicas. Excepción porque en teleco, aunque cada vez menos, la mayoría seguían siendo hombres y excepción porque mis gustos siempre han sido mucho más de guerrero que de princesa y eso me ha acercado mucho más a los chicos.

En el 15-T, turno de tarde de primero de teleco, conocí a un grupo de mujeres únicas y especiales con las que 23 años despues he compartido un fin de semana de lo más intenso, de lo mejor planificado, de lo más divertido y de lo mejor que me ha sentado ultimamente que ando yo por sombras y penumbras.

10 chicas 10, ingenieras todas, telecos todas, madres y esposas al 80%, trabajadoras y profesionales como la copa de un pino. Generosas, bondadosas, de gran fortaleza, inteligentes, divertidas… y ya está bien que empiezo a destilar azúcar por el sobaco. Un grupo que rompe moldes.

Esto de cumplir los cuarenta es algo como muy mítico, ya hace un año hablamos de que había que hacer algo especial para celebrarlo. Durante 2012 hemos cumplido 40 las 10, y aunque el año no empezó demasiado bien, diría que peor imposible, al final se caldeó el ambiente y acabamos liándola parda. Nos fuimos a celebrar nuestra cuarentañez al Lago Di Como. Bonito no, lo siguiente.

En realidad el sitio era lo de menos, pero también era lo de más. La vida ha hecho que no todas sigamos en Madrid, alguna anda por Castelldefels, otra anda por Estocolmo y a otra la tenemos en Erding, cerquita de Munich. La logísitica era complicada, teníamos que encontrar un sitio donde todas pudiéramos llegar un viernes y salir un domingo, a una hora tal que pudieramos aprovechar el máximo de tiempo posible, y en unas condiciones que además minimizaran el tiempo del transporte. Varias posibilidades fueron barajadas y Milán fue la candidata seleccionada. Por favor, que hemos aprobao un infierno de carrera, organizar unas vacaciones es un placer 🙂

¿Qué sitio había cerca de Milán donde pudiéramos pasar un finde tranquilo, y donde nos acompañara el entorno? El Lago Di Como surgió por su propio peso. El mismo que le ha hecho enterrarse entre montañas y ser uno de los lagos más profundos del continente. Ahí lo llevas.

Nos alquilamos un par de coches, nos reservamos una casa rural en Bellagio, y reservamos la cena del viernes, que llegábamos tarde y había que ser precavidas, que en saliendo de Pirineos te chapan el chiringuito después del té con pastas. Todo encajaba a la perfección, parecía como si se hubieran conjurado los hados para proveernos de una aventura muy especial. Pero que hados ni qué leches, pedazo de gestoras como la copa de un pino. Impresionante lo nuestro (vuestro). Equipo completo equipo comansi.

El sábado estuvimos de ferry en ferry y de pueblo en pueblo conociendo algo del Lago, ya os lo contaré en otro momento. El domingo Bellagio y Como y ya de vuelta a la rutina de un lunes más. Un lunes menos. Un lunes con una sonrisa intensa y una paz de espíritu placentera.

El encuentro fue mágico, el finde fantástico. Desde aquí os mando un besazo enorme chicas, Ave, Carola, Esther, Isa, Lolaila, Macu, Nurpi, Raquelilla, Susa, me habeis hecho pasar un finde como hacía tiempo que no tenía. Mariajo, te echamos de menos guapetona. Sois la ostia compañeras.

PD: Espero no tener que cumplir otros 40 para volver a repetirlo 🙂

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La Obscenidad del Lujo Extremo

Publicado: 26 junio, 2012 en Cadaunada, Viajes

La semana pasada, por motivos profesionales que no vienen al caso pero que me valdrán para unas cuantas entradas tecnológicas, estuve en Monte Carlo.

No es mi primer contacto con sitios lujosos. He visitado Dubai y Abu Dhabi, con esos centros comerciales inmensos en medio del desierto, con pistas de nieve artificial incluidas y aire acondicionado en las paradas de autobuses de unas calles de homigón y cristal. Este lujo es irracional, no me produjo obscenidad, simplemente me pareció barroco y pretencioso. Surrealista y por tanto incluso divertido. Curioso como se pasa de la jaima al lujo en cero coma.

El lujo de Monte Carlo es el lujo extremo. Es el rancio abolengo de los ricos muy ricos. Tampoco es mi primer contacto con este tipo de lujo. Cuando era pequeña, algunos fines de semana íbamos a visitar Puerto Banús, a darnos una vueltica y tomarnos un helado mientras alucinábamos con los testarrossa y los superyates. Los ochenta era pleno apogeo de Puerto Banús y Marbella, toda la jet de Europa veraneaba por allí y toda la realeza árabe también se desplaza allí con su cohorte de miles. Cuando eres pequeño ves las cosas de otra manera, y no recuerdo aquél lujo extremo como obsceno. Cuando eres pequeño eres feliz, no entiendes de prima de riesgos ni de cuanto ha tenido que pagar tu padre por comprarte el helado. No entiendes lo que significa realmente tener un estatus social y mucho menos económico. La inocencia de cuando eres niño te hace envidiar al ferrari igual que al muñeco de tu vecino.

En estos tiempos que corren, con la que está cayendo, la semana que he pasado en Monte Carlo me ha provocado una desazón interior y la palabra obsceno clamaba al cielo y al infierno sin cesar.

Cuando viajé por primera vez a la India, sentí que estaba en otra planeta. Era tan diferente la cultura, las costumbres, los olores, los colores, los sonidos….estaba en otro planeta, pero ese planeta estaba poblado por seres humanos. Monte Carlo está habitado por una raza superior de gente alta, guapa, perfecta y rica. No hay gordos, bueno, alguno sí que hay, pero no hay gordas. No hay feos, bueno, alguno sí que hay, pero no hay feas…No hay gente normal. Ni siquiera la camarera que te limpia la habitación, ni el barman que te sirve la cerveza a 15 euros.

El hotel en el que me alojaba es el Fairmont, que aunque nunca hayas estado en Monte Carlo ni te interese las revistas del corazón, si eres seguidor de la Fórmula 1 lo reconocerás inmediatamente. El túnel por el que pasan los coches no es un túnel. Son los pilares del hotel que se clavan en el mar. En el otro lado del hotel, la curva del Casino, mítica donde las haya.

El hotel es mileurista, como muchos españoles, solo que el hotel es mileurista al día, como muy pocos españoles. De día chancletas y pantalones cortos, difícil diferenciar, de noche chicas neumáticas y tacones de aguja, difícil purificar. Curioso como a lo largo del día va cambiando la fauna. La gente rica de día hasta parece normal, pero llega la noche y se transforman. El bolso de las bodas, ese bolso ridículo en el que casi ni te cabe el paquete de tabaco, es el bolso de las mujeres neumáticas. Como si no pagaran…

Paseas por el puerto y la sucesión de yates, todos con sus tres plantas, con sus jacuzzis en cubierta, con sus maderas relucientes, impolutas. Toda la muchachada alrededor, recién salida de un anuncio de Tomy Hilfiger, restaurantes de vino a 3000€ la botella. Concesionarios de Rolls Royce, Ferrari, Lamborghini, Aston Martin. Tiendas de Prada, Moschino, Louis Vuitton…

No paraba de preguntarme de donde diablos había salido esa gente….y la respuesta que una y otra vez martilleaba mi cabeza era…de la misera que nos envuelve, de la desgracia que nos subyuga. Su dinero fue en algún momento nuestro dinero. Cada vez que nos suben la prima de riesgo, pueden pagar un par de días más de amarrar el yate en el puerto. Cada vez que alguien es deshauciado pueden comprar una nueva operación de estética para estar a la altura.

No paraba de preguntarme, si realmente son conscientes del mundo que le rodea, si viven la vida como señores feudales conscientes de la dominación de los siervos de la gleba, o realmente son como Buda cuando era Siddhartha Gautama, y no se enteran de la misa la media.

Tampoco importa demasiado. Acabé saturada y asqueada, con una gran pena en el alma, ¿por qué somos tan perros? ¿por qué están tan mal repartidos los recursos?¿por qué era todo tan obsceno?…De vuelta, en mi piso de 45 metros cuadrados, tercero sin ascensor, no echo de menos mi habitación con vistas al mar, pero sigo preguntándome ¿por qué tiene que ser así?

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Hoy es el último día, y nos hemos dejado para el final, lo más grande. Ayasofia. Hemos pasado infinidad de veces por la gran plaza que separa la mezquita azul de Santa Sofía, y desde luego, impresiona mucho más la mezquita. Ayasofia se ve humilde a su lado, puedes hasta llegar a pensar que es mucho más hermosa la mezquita azul. Pero en cuanto entras en Hagia Sofia las cosas vuelven a su sitio natural. Es uno de los edificios más hermosos del planeta. Sin duda. Espectacular. Grandioso. Impresionante. ¿Cómo pudieron construir algo tan inmenso y hermoso? Sofia significa sabiduría. Es un templo dedicado a la gran sabiduría, se sobreentiende que la de Dios. Cómo hicieron esa cúpula fue un gran misterio, y por tanto no pudo repetirse. Los frescos y mosaicos del interior son absolutamente maravillosos, te enajenan por completo. La grandiosidad del interior te supera. Estuvimos más de tres horas extasiados. No queríamos salir de allí. Pero tuvimos que hacerlo, había que aprovechar el día. Reposando ya unas semanas despues, tengo la certeza que con sólo esta visita el día estuvo más que aprovechado, mas bien el viaje entero. Sin duda.

Fuimos paseando hasta Kuçuk Ayasofia Camii, pequeña Santa Sofia, o antigua iglesia  de San Sergio y San Baco. Esta vez sí que tuvimos suerte, y estaba abierta. Su nombre se debe a que fue usada como modelo para la construcción de Ayasofia. Pero desde luego, a escala. Estamos hablando del siglo VI, nada queda de la iglesia original, el interior es muy blanco y con columnas de mármol preciosas. Es más interesante desde el punto de vista del edificio, aunque no deja de tener un interior muy hermoso y un poco diferente a la mayoría de las mezquitas de la ciudad.

A la salida, fuimos caminando en dirección a Eminönü y nos paramos a comer en Ziya Baba, un lokantasi estupendo, con un señor muy amable. No paraban de entrar turcos a comer sopa de lentejas. Debía estar buenísima, pero nosotros comimos un kofta y un kebap adana, los dos acompañados de bulgur. Delicioso, la carne y el acompañamiento. Para beber unos ayran, que es la bebida tipica en muchos paises asiáticos, por ejemplo en India le llaman lassi. Son bebidas a base de yogurt. Muy refrescante y estupendo para acompañar platos picantes. Vamos, que fue un auténtico homenaje y nos salió por 20 liras turcas. Recomendable 100%

Nos encontramos la Soküllu Sehit Mehmet Paça Camii y Kur’an Kursuo, que lo que viene a significar es que era mezquita y centro de enseñanza del corán. El edificio es impresionante, un interior muy hermoso, además estaba entrando el sol por las vidrieras y creaba un efecto y un ambiente mágico. El patio de la mezquita tenía unos pórticos, bajo los cuales estaban las diferentes clases a las que asistían los alumnos, varones por supuesto. Hay un señor que te pide donativo en la puerta, desde luego merece la pena pagarlo.

Llegamos paseando al hipódromo y cogimos el tranvía, nos bajamos en Tophan, pasado el puente de Gálata. Allí vimos una mezquita cuyo nombre no pudimos averiguar, pero que se ve desde el barco, y tiene una arquitectura muy peculiar. LLegamos tarde para ver la puesta de sol, pero el cielo estaba tornándose naranja radioactivo y nos quedamos un rato contemplándolo.

Desde allí paseando llegamos a la torre Gálata de nuevo y en un agradable bar de madera, bajando una de las cuestas, nos tomamos  unos zumos de granada. Había que repetir, estaban demasiado buenos. Seguimos andando y cruzamos a pie el puente de Gálata, y camino de Sultanahmed nos paramos en Haifa Mustafa a comprar unos baklava para traer, un par de cajas de a kilo que luego al llegar a casa apenas duraron 3 días…repartiendo claro!!!! aunque algunos cayeron en la buchaca. Que peligro tienen estos pastelitos.

Como estaba al lado, entramos en la mítica estación Sirkeçi, donde terminaba el más mítico aún Orient Express. Visita ideal para románticos y una despedida de la ciudad muy apropiada.

Llegamos bastante cansados al hotel, preparamos las maletas porque salíamos de madrugada y había que tenerlo todo listo. Y nos fuimos a cenar pescaíto. Anbiyik Balik Evi Fish House, empezamos por  una ensalada de pulpo con yogur y pepino, exquisita, el pulpo supertierno y unos salmonetitos fritos, muy ricos, muy frescos y muy bien fritos. Luego nos tomamos una dorada a la brasa, con una presentaación espectacular, diría yo que hasta un poco hortera, pero estaba deliciosa, con lo que ya te daba menos verguenza comértela ;). Venía en una bandeja redonda inmensa, en cuyo centro había otro piso encima del cual ardía una llama rodeada de cisnes de papel albal, impresionante documento. La dorada abierta en dos lomos, sobre hojas inmensas de lechuga y trozos de patata, tomate y pepino repartidos artísticamente. En fin, estaba muy buena que era lo  importante. Músicos en directo, quizás con demasiado volumen, y no siempre con música tradicional. De postre fig, que son unos higos con frutos secos macerados con clavo, canela y miel, los puedes ver por los bazares. Muy ricos. Todo acompañdo de un Avanos Kapadokya, vino tinto de la Capadocia,  buenísimo, con  un punto intenso y caramelo espectacular. Definitivamente los turcos saben hacer buen vino. Pastonazo claro, 250 liras turcas. A ver, el pescado estaba muy bueno, probablemente sea el único pais que he visitado donde tienen un buen pescado y saben cocinarlo, pero lo pagas a precio de oro. En España tenemos mejor pescado y a mejor precio, en comparación, por lo tanto, no creo que coma pescado cuando vuelva a Estambul. Mejor me dedicaré a los kebap y los kofta, que son mucho más barato y están deliciosos. De los lahmacun ni hablamos que me pongo a salivar…

El viaje concluye con la certeza de que volvemos. Volveremos a Constantinopla, y a Bizancio, y a Estambul. Se respira magia e historia en esta ciudad. Es un enclave privilegiado con muchos secretos por descubrir. Volveremos.

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Esto de tener WiFi en la habitación es un lujo. Hemos ido viendo día a día el tiempo que hacía y los horarios de los sitios que nos quedaba por visitar, para planificar el viaje de manera mucho más eficiente. Hoy iba a llover, así que decidimos utilizar el día para cosas que estuvieran cerca y cubiertas.

La opción fue clara. Comenzamos por el Palacio Topkapi y continuamos con el Museo Arqueológico.

El palacio Topkapi, Topkapi Sarayi, me decepcionó un poco. Como edificio arquitectónico la verdad es que está bien, pero cuando lleva la palabra palacio por delante, me esperaba otra cosa. Es sobrio. Quizás, la culpable de todo sea la Alhambra, pero es que los españoles estamos muy mal acostumbrados, tenemos un patrimonio envidiable. También quizás algo tenga que ver el hecho de que era el cuartel general del imperio otomano, una zona de gestión, de trabajo, donde paraban los jenízaros y demostraban su conformidad o no con el salario que percibían según comían o no las viandas que le servían de las impresionantes cocinas, con infinitas chimeneas, que por cierto andaban cerradas y no pudimos ver.

Pasear por los patios es curioso, los azulejos de algunas zonas son muy vistosos, la Casa de la Circuncisión especialmente, la fachada es una maravilla. Pero para mí lo mejor fueron los tesoros. Realmente te quedas impresionado de la riqueza y de la ostentación de la misma que hacían los sultanes otomanos. Las joyas son increíbles, el tamaño y la belleza de las piedras preciosas es descomunal. Los tronos también son espectaculares. Te da una idea bastante clara del poder que tenían los dirigentes otomanos. Impresiona y mucho.

La Cámara del Consejo Imperial estuvo interesante, cuantas decisiones importantes se habrán tomado entre estos muros. Pero vaya, en líneas generales, y comparando con lo que habíamos visto hasta el momento y lo que teníamos reservado para mañana, el palacio Topkapi pasó sin pena ni gloria,

Nos cogimos la audioguia, porque en algún sitio habíamos leido que era imprescindible, y nos pareció una tomadura de pelo. No contaba casi nada y además la mayor parte de lo que contaban eran perogrulladas. Una buena guía de viajes es más que suficiente, seguro que te cuenta más cositas.

El Harén es otra cosa. Esto sí que merece la pena, además tienes el pequeño detalle de que, como se paga aparte y la infinita mayoría de los turistas va con el tiempo justo para verlo todo en tiempo récord, está casi vacío. Una delicia pasear por las diferentes estancias y salas, ricamente decoradas. Son las habitaciones personales del sultan y de su familia, y es recomendable 100%. Desde luego, si tienes que escoger entre las dos alternativas, el Harén sin discusión. Hay habitaciones de una belleza sobrecogedora, y te da una idea mucho más clara de cómo era la vida privilegiada de la familia del sultán. En total, entre palacio y Harén estuvimos 3 horas y media.

Luego pasamos, bajando por los jardines del palacio, al Museo Arqueológico. A poco que te interese el tema, es absolutamente imprescindible. Hasta que no entras, no te puedes creer la cantidad de cosas que tienen. De todas las épocas y de las civilizaciones y ciudades más importantes de la historia de la Humanidad. Menos mal que descansamos un rato en una cafeteria acristalada que hay fuera del museo, tomando un café turco, porque nos esperaban casi cuatro horas de museo. ¿Quien era Stendhal, este del síndrome? No ha venido.

Tracia, Troya, Chipre, Anatolia, Siria, Palestina, Egipto y por supuesto Bizancio. Impresionante. Desde restos de la puerta de Ishtar, de Babilonia, el sarcófago de Alejandro Magno, que aunque se llama así no es de Alejandro Magno, el sarcófago de las plañideras, restos de tumbas de Palmira, restos de Troya, la necrópolis de Sidon yo diría que casi al completo, por la cantidad de restos que había. Sarcófagos egipcios, fenicios. Mosaicos, restos de cerámica prehistórica, tablillas de escritura cuneiforme…Nos volvimos locos. Que maravilla.

Estuvimos extasiados todo el rato, aunque al finalizar la visita, cuando ya la adrenalina volvía a su sitio, el cansancio empezó a reclamar su territorio, y los pies suplicaban un descanso. Aún así bajamos caminando en dirección a Eminönü buscando un lokäntasi donde picar algo, otro día que ni nos habíamos acordado de la comida. Nos paramos en Urfalim, cerca de la Gar Istanbul, y comimos un caçik, que era como una sopa fresquita de pepino, ajo, menta y yogurt muy rica. Zumos de naranja natural porque cerveza no había, un lahmacun muy muy rico, vimos a turcos que se los comían de tres en tres, y un Kavurmali Pide, es decir, de cordero que no estaba mal, pero el lahmacun muuucho mejor. En total 25 liras turcas. Recomendable totalmente.

Nos volvemos al hotel paseando y bordeamos santa sofia por la izquierda, encontrando un Cafe, Güelhna sur, super agradable y al lado de ayasofia un palacete de colores precioso. En el hotel descansamos un buen rato. Y nos secamos, porque no paró de llover en todo el día y con bastante intensidad.

La lluvia y el cansancio no nos impidió que saliéramos a cenar. Esta vez le tocó el turno al restaurante Mesopotamia, donde pedimos un plato de mezes, entradas variadas, el babaganoush muy bueno, la crema de yogur y pepino estupenda, dolma, hummus, ensaladilla rusa, espinacas y un pisto que estaba espectacularmente bueno. De segundo un Kebab adana de ternera con pimienta picante muy jugoso y un Mesopotamia especial, guiso otomano de cordero, espinacas y salsa de tomate especial. Todo buenísimo. De fondo una música sufí tranquilita. Muy agradable. Agua con gas y dos cervezas, 71 liras turcas, muy bien, muy recomendable. El personal encantador y la comida muy buena. El sitio muy bonito. Perfecto. Además nos encontramos un japonés loco que no paraba de beber cerveza y contar anécdotas increíbles. Fue una gran velada.

Mañana es el último día, habrá que aprovecharlo.

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Hoy empezamos el día visitando la que probablemente fue la mezquita que más me gustó de todas las que vimos, que no fueron pocas precisamente. Todas las mezquitas en las que entramos eran hermosas, los techos, las cúpulas, los azulejos, las vidrieras, todas tenían algo. Pero la Rüstem Pasha Camii tiene algo especial. Para empezar no la ves, está en medio del bazar de las especias, y sólo desde un punto muy concreto en Eminönü te das cuenta de que oculta entre las callejuelas del bazar egipcio se encuentra una maravilla. Para acceder a ella, tienes que adentrarte en una de las calles del bazar y verás una puerta sobria, rodeada de tenderetes y con un sobrio letrero que anuncia lo que te vas a encontrar.

Cruzando esa puerta y subiendo unas escaleras llegas al patio de la mezquita, con unos azulejos espectaculares. Bien, parece interesante. Pero cuando entras, es cuando te das cuenta de que estás ante algo especial. El “problema” que tienen las mezquitas en Estambul es que son muy parecidas, todas hermosas, pero muy parecidas. Rüstem Pasha no es que sea radicalmente diferente, pero sí tiene personalidad, y además un ambiente especial que se respira en el interior. Deben ser los efluvios de las especias que durante 5 siglos han emanado en los alrededores de la mezquita. Es una auténtica joya, la primera de planta octogonal. Las porcelanas de Izmir del interior son auténticos tesoros, finas, delicadas, extremadamente hermosas, con un rojo impresionante. Conforme la describo y la recuerdo me reafirmo, fue mi favorita.

Despues subimos unas cuantas cuestas para llegar a la Süleymaniye Camii. Impresionante, tanto por su tamaño como por sus vistas. Desde uno de los laterales de su patio se divisa el Cuerno de Oro y los tejados de la ciudad. Data del siglo XVI y está situada en lo alto de una de las colinas que se divisan desde Eminönü. No es tan grande como la mezquita azul, pero la sigue de cerca. Si ya has visto la mezquita azul, no te impresionará la grandiosidad, y si has visto antes la Rüstem Pasha no te impresionará la belleza. Es grandiosa y es hermosa, pero ya sabemos que todo es relativo, y como dijo una turista que andaba por allí…vista una vistas todas. Tampoco es eso desde luego, pero casi. Los azulejos de Iznik no están por todas partes, como en otras mezquitas. Mucho mármol blanco, quizás lo interesante de esta mezquita es que es menos barroca, más sencilla. En el patio hay dos mausoleos y una tumba. Me gustó más el entorno que el interior.

Bajamos de nuevo a Eminönü y nos tomamos un chai con unos baklavas de pistacho en Saray, una cadena de pastelerías con mucha fama. Los peores baklavas de todo el viaje. El te está bueno en todas partes. Pero fue una manera agradable de descansar y esperar a que saliera nuestro ferry para dar una vuelta por el bósforo. Crucero de 2 horas por 10 liras turcas. Más que suficiente.

La ida la realizamos por la orilla de la torre Gálata, pudimos observar el perfil de la ciudad, sus casas tradicionales, mezquitas por todas partes, la fortaleza de Rumeli Hisari… Agradable. La vuelta la hicimos por la otra orilla, llena de casas de ricos y palacetes antiguos. Toda una exhibición de lujo e historia. Cruzamos el estrecho del bósforo por dos veces, y ambos dos andaba cubierto de nubes y de gaviotas. Pasamos mucho frío. Hay que abrigarse muy bien en esta época del año. El viento es gélido y corta las mejillas como si fueran mantequilla.

A la vuelta del paseo por el Bósforo comimos en uno de los restaurantes de pescado que se encuentran debajo del puente de Gálata, Beyaz Inci Fish and meat house. Como no había nadie, nos dieron una mesa estupenda, con vistas a la torre de Gálata y a la Suleymaniye. Muy tranquilo y agradable. El pescado muy fresco, te muestran una bandeja y eliges el que más te guste y te lo preparan como quieras. Se paga al peso. Nos pusieron de aperitivo una pasta de aceitunas parecida al tapenade que estaba espectacular. Tomamos unas sopas de pescado bastante rica, tipo enblanco pero más terrosa, y una lubina del mar de Mármara al grill, de un kilo poco menos, acompañada de un Kavak blanco bastante decente, total 200 liras turcas. No repetiremos, porque la lubina estaba muy buena, pero la que tenemos aquí está mejor. Me gusta probar las cosas de la tierra, pero a menos que la relación calidad precio sea óptima o el sabor excepcional, no repito. Esto es caro, muy caro.

Despues de la agradable comida, nos dirigimos hacia el bazar de las especias, con el que habíamos tonteado varias veces, pero sin llegar a adentrarnos. Ya le tenía ganas, ya. Sabía que me iba a volver loca. Y así fue. La cantidad de aromas, colores y sabores que se amontonan en los diferentes puestos es maravilloso. La gente mucho más divertida y relajada que en el gran bazar, bromeando y riendo con nosotros todo el rato. Nos llevamos una bolsa innoble de todas las especias que no tenía y de algunas que sí. El orégano, el azafrán, cominos, raz el hanut, tandoori, que aunque sea indio seguro que es mejor que el que pueda conseguir en Madrid…ni me acuerdo de todas. Que contenta que iba con mis bolsas de especias.

Como la comida había sido ligerita, y los baklava de la mañana decepcionantes, nos decidimos a probar de nuevo, en otra pasteleria. Haifa Mustafa, que sepamos al menos hay dos, una en Eminonü y otra yendo a Sultanahmed. Deliciosos. Allí compramos el último día dos kilos para traer. Los mejores que probamos en todo el viaje. Pero siento decir que los mejores que he probado en mi vida son los de Habiba, la mejor pastelería de Amman. Insuperables.

Volvimos paseando al hotel, y las cosas del destino…en una tienda encontré unos azulejos que eran exactamente uno de los que habíamos visto en la mezquita Rüstem Pasha y que me habían enamorado. Por supuesto sucumbí en el acto, por la belleza de los azulejos y por el excepcional precio que sin regatear me ofrecieron. Realmente la crisis está haciendo estragos.

Un breve descanso en el hotel y salimos a cenar. Esta vez elegimos el restaurante Mozaik, al lado del Enjoyer. Nos pusieron hummus de aperitivo con pan de pita, muy ricos. Pedimos una cazuela de gambas, bastante buena, ensalada mozaik con queso de cabra, orejones y nueces, pepinos y rábanos, rica pero fundamentalmente lechuga, y un plato típico de la anatolia central, kebab de cordero envuelto en papel de horno, Kagit Kebab, con salsa de tomate y verduras. Muy muy rico. De fondo un jazz delicioso. El ambiente estupend0, mucho mejor que anoche en el Enjoyer. La comida también bastante mejor. Tan sólo que hacía demasiado calor. 85 liras turcas…como se nota que no hemos tomado vino, ni postre. Lo acompañamos con agua con gas y una cerveza.

Estambul nos está pareciendo una gran ciudad. Y aún tenemos dos días más para seguir descubriéndola y disfrutándola…

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De la cama al baño había una distancia como de unos 7 metros. El recorrido de este corto espacio me hizo sentir como un corredor de maratón.  Mis pobres pies aún no se habían recuperado del palizón de ayer, e iba dando vaivenes cual tentetieso en pos de mi objetivo. A ver si una ducha obraba milagros.

Los milagros no existen. Que día más duro se nos presenta…A veces me pregunto porqué no me limito a no hacer nada cuando estoy de vacaciones, pero afortunadamente sólo me limito a preguntármelo.

Despues de un desayuno bastante regulero, nos dirigimos hacia Kuçuk Ayasofia Camii, una mezquita llamada pequeña Ayasofia y originalmente llamada Iglesia de San Sergio y San Baco, pero estaba cerrada. Recuerda, lunes cerrada. Estábamos como para desperdiciar energías…en fin.

Volvimos sobre nuestros pasos y acabamos en el Hipódromo, Sultanahmed Meydani.  Claro que no lo sabíamos, porque íbamos dando un paseo aleatorio, sin perder el norte, y donde creíamos que acabamos fue en una de las entradas de la Mezquita Azul. Precisamente en la entrada donde se encuentran los restos del hipódromo romano construido por  Septimio Severo en el 203, cuando la ciudad todavía se llamaba Bizancio. Y siguió llamándose así durante un siglo más.  Es muy difícil hacerse una idea de lo que supuso en la historia de la ciudad, ya que fue centro neurálgico en los días de gloria de Constantinopla. Ahora es una gran plaza en la que puedes ver un obelisco egipcio, el Obelisco de Teodosio, que trajeron desde el templo de Karnak, construido sobre el 1.490 aC, la columna de las serpientes o Trípode de Platea, ubicado originalmente en el templo de Delfos, para conmemorar la victoria de los griegos en las guerras médicas, sí, recuerdas bien, los griegos contra los persas; estamos hablando del V aC…que ya ha llovido, y el Obelisco de Constantino, éste ya bastante más moderno, sólo tiene unos mil años de antigüedad.

Teniéndola al lado, no podíamos menos que entrar en la Mezquita azul, Sultanahmed Camii, una de las pocas del mundo con 6 minaretes. Una silueta espectacular construida en el siglo XVII, un patio precioso y un interior fascinante. Azulejos de Izmir, predominando el azul, de ahí su nombre. Pero cuando visitas más mezquitas te das cuenta que quizás la mezquita azul se la menos azul de todas…que cosas. Pues sí, es bonita, es impresionante por su tamaño, por su cúpula, por los enormes pilares que la sostienen. Pero despues de haber visitado la mezquita Omeya en Damasco, quizás no impresiona tanto como debería. De hecho, luego vi otras mezquitas, menos espectaculares, pero que me parecieron más bonitas, o me impresionaron más. En cualquier caso es un espectáculo imprescindible que hay que visitar.

A continuación nos dirigimos hacia la Cisterna Basílica, Yerebatan Sarayi . Nos habían hablado maravillas, y desde luego todas ciertas. Impresionante. Lo de la Cisterna es algo realmente espectacular y maravilloso. Además, con una luz tenue que refleja el agua acumulada. Impresionante.  Le llaman el palacio sumergido y no es para menos, pasear entre sus arcos es una maravilla. La construyó Justiniano en el siglo VI, cuando la ciudad llevaba 3 siglos siendo Constantinopla. Al fondo del todo, se encuentran dos cabezas de Medusa, boca abajo y de lado, para evitar que al mirarla te petrifique, la muy górgona. Un sitio totalmente imprescindible.

Guiamos nuestras pasos en dirección al Gran Bazar, Kapaliçarsi, pero antes de llegar, en la esquina de la universidad, nos tomamos unos dürüm y unos suyu de nar y de portakal, es decir, zumos de granada y de naranja. El zumo de granada ha sido todo un descubrimiento. Nunca se me habría ocurrido hacer zumo de granada, y es una auténtica delicia. Los dürüm turcos son muy parecidos a los sirios, la carne va acompañada de unos pepinillos laminados y la salsa de la propia carne. Y no necesita más. El de pollo (tavuk), estaba especialmente bueno.

A escasos metros divisamos una de las entradas del Gran Bazar y para dentro que fuimos. Un poco decepcionante. El Zoco de Damasco, incluso Jan el Jalili de El Cairo me gustaron mucho más. Estaba bastante vacio, la crisis y el invierno están haciendo estragos en la ciudad, y es bastante sorprendente ver uno de estos sitios casi sin gente. Da un poco de escalofríos. La verdad es que los puestos muy vistosos y coloristas, pero no se, se me quedó un poco vacía la experiencia. No compramos nada.

Desde allí nos dirigimos, bajando las cuestas infinitas de Estambul hacia Eminönu, y nos cogimos un ferry en dirección a Üsküdar, que se adentra un poco en el estrecho del Bósforo. El paseo es una maravilla, y puedes contemplar a lo lejos el palacio de Dolmabahce, el castillo de las siete torres, o fortaleza de Rumeli Hisar, y una panorámica estupenda de casas típicas y palacetes de ricos.

Nos bajamos en Üsküdar  y comenzamos a caminar costeando en dirección al mar de Mármara. Encontramos un sitio estupendo para tomarnos un refresco y un descanso,  mientras contemplamos pesca en la entrada del bosforo. Es increible lo de los pescadores en esta ciudad. Por todas partes, a todas horas. Lo de las gaviotas también es increíble, muchas, demasiadas.

Nos dirigimos hacia la puesta de sol, bordeando la costa. Pasadas las gradas previstas para tal efecto, en unas piedras al borde del agua nos sentamos. En el otro extremo se perfilan las siluetas de la mezquita azul y de Santa Sofía. El sol se puso justo entre las dos, quedando la Torre Leandro, Kiz Kulessi,  a nuestra derecha, marcando la entrada al Bósforo. Un atardecer espectacular. Realmente hermoso.

La vuelta en el ferry fue increíble. La noche había caído de golpe sobre la ciudad y ver el Bósforo iluminado fue un gran broche para un gran día. Pero desde luego no fue el últimobroche. Teniendo en cuenta que el sol se pone a las 16 36 más o menos, aún quedaba mucho día por delante. O mejor dicho, mucha noche.

Cuando bajamos del ferry en Eminönü nos cogimos el tranvía y nos bajamos en Kabata, y allí nos cogimos el funicular hasta Taksim. Una plaza bulliciosa y moderna. Muy europea. Bajamos paseando por la calle Iskitlal, que sería el equivalente a la calle de Preciados en Madrid. No me atrajo mucho, porque no deja de ser algo que tienes aquí, y lo de comprar en tiendas de moda, pues como que no. Una iglesia católica a mitad de la calle. Curiosa sin más.

Llegamos a la torre Gálata, Galata Kulesi, que desde el siglo XIV vigila la entrada al Cuerno de Oro. Ya la habíamos visto a lo lejos desde diferentes perspectivas, pero es realmente grande, en circunferencia impresiona más que en altura. La zona de los alrededores sí es bastante bonita y agradable para pasear.

Seguimo bajando y llegamos hasta el puente de Gálata y allí nos cogimos el tranvía hasta Sultanahmed, donde camino del hotel nos tomamos una cervecita para celebrarlo. Descansamos un ratito en el hotel y nos fuimos a cenar.

Esta vez escogimos el Enjoyer, recomendado en muchos foros de españoles. El sitio obviamente estaba lleno de españoles. Yo diría que sólo había españoles. El pan de pita excepcional. Nos tomamos un vino Ancyra de 2009, de uva bogazkere,  Kavaklidere Anatolian Wines. Muy bueno, estos turcos saben hacer muy buen vino. También lo cobran estupendamente bien.

De entrante nos tomamos unos dolma, que vienen a ser como makis, pero en lugar de algas, diferentes verduras asadas, y rellenos de arroz. Pimientos rojos y verdes, calabacines y hojas de parra. Muy buenos. Unos mejillones en salsa tártara, que resultaron ser mejillones sin cáscaras, rebozados como en tortilla a la francesa y fritos. Prescindibles, porque el sabor del mejillón no aparece por ningún lado, y habíamos visto en Eminönü un señor con una cesta que los vendía frescos y tenían una pinta estupenda.

De segundo Sebse esgara, berenjena asada rellena con verduras asadas y queso derretido, muy rica, sobre todo el sabor de las verduras asadas, y una parrillada de carnes. Bien, pero sin excesos, teniendo en cuenta que pagamos 149 liras turcas, poco más o menos lo que pagamos el día anterior en el House of Medusa, no creo que merzca la pena volver. La carne, el ambiente y el sitio no son tan buenos como en el Medusa, el Enjoyer resultaba demasiado ruidoso. No lo recomendaría, aunque se come correcto, pero sin más.

Nos fuimos al hotel, cansados pero muy contentos, un gran día, plagado de sitios bonitos, buena comida y paisajes espectaculares. Sin duda un gran día.