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Ciclo Victoria 400: Officium Defunctorum

 Ensemble Plus Ultra y Schola Antiqva

Auditorio Nacional de Madrid. Sala de Cámara. 1 de Dciembre de 2011

Segundo concierto del ciclo Victoria 400 al que asisto. Segundo deleite. El anterior consistió en la  Misa Pro Victoria y algunas piezas más. Los intérpretes fueron Ministriles de Marsias y Schola Antiqva, a los que de nuevo tuve el honor de ver, mejor dicho, escuchar, pero en este caso acompañados por Ensemble Plus Ultra.

Ensemble Plus Ultra lleva 11 años promocionando la música litúrgica del Renacimiento español. Entre otras cosas se dedican a reconstruir e interpretas obras inéditas, encontradas en algún cajón perdido de algún monasterio medio olvidado. También se dedican a los grandes, en especial a Tomás Luis de Victoria, y en los homenajes varios que se están haciendo por la conmemoración del 400 aniversario de su muerte, están teniendo un papel predominante, como no podía ser menos. Son unas voces excepcionales.

Michael Noone y sus muchachos, se unieron a Schola Antiqva, de la que ya comenté algunos cotilleos en la entrada de la Misa Pro Victoria, para interpretar juntos el Officium Defunctorum del gran maestro polifonista Victoria, y algunas piezas más.

Esta obra, de proporciones monumentales, fue escrita al fallecimiento de María de Austria, Tomás Luis de Victoria era su capellán y no podía menos que componer a 6 voces, una auténtica obra de arte. A todo esto, le añadimos la componente romántica de que fue la última obra compuesta por el maestro, así que casi podría decirse que escribió su propio Requiem. ´

Según los entendidos, esta es la obra más representativa del Renacimiento español. Sorprende porque con medios muy simples consigue una expresividad extrema y un fervor emocionado dejando en evidencia que su único objetivo era comunicarse con Dios. La música fluye de manera serena y equilibrada, y de nuevo la paz y la quietud inundan el alma. Fue un concierto excepcional. En todos los sentidos.

El repertorio comenzó con Ad matutinum, donde Juan Carlos Asensio, director de la Schola Antiqva abrió con su voz extremadamente dulce, sensible y espectacular llevando todo el peso de las Invocaciones Iniciales. Cuando después irrumpen por primera vez las voces del Emsemble Plus Ultra, dos voces por cuerda…un estremecimiento de placer extremo recorre todo mi cuerpo, es un calambre incotrolable que se origina en el centro del cerebro reptiliano y llega hasta la punta del dedo gordo, ambos dos. Impresionante. Impresionante. La combinación de voces es perfecta, puedes distinguir a todos y cada uno de los 12 componentes de manera unívoca e inconfundible, mientras todos interpretan simultáneamente diferentes líneas melódicas, desfasadas en tonos y tiempos. Impresionante. No es desmerecer a las voces de Schola Antiqva, igualmente excepcionales, pero los colores de la parte que interpretaba el Ensemble eran mucho más atractivos, daban mucho más juego. Desde luego, la combinación de ambos, sublimes. Cómo se puede hacer una música tan maravillosa, con tan sólo un instrumento. Debe ser porque la voz humana es el mejor de todos los instrumentos posibles. De todas formas, con la cuarta parte de componentes de la Schola Antiqva habría sido más que suficiente…

Siguió el concierto con In primo nocturno, Lectio I y II, I, Ad Laudes y la Missa Pro Defunctis. La misa está escrita para seis voces: dos sopranos, un alto, dos tenores y un bajo. La interpretación de ambas formaciones consiguió que el texto fuera muy expresivo, a la par que sereno e intenso.  Excelente amplitud y claridad de líneas y tempo firme, sostenido, relajado, sin prisas, que de tiempo a deleitarse con todo lo que de Victoria nos ofrece. Hubo momentos de verdadero extasis, para mí, Introitus y sobre todo Dies irae, emocionante, poderoso, magnífico. Transmitieron tanto calor y pasión que casi eras tú el que estaba hablando con Dios, inaudito.

Terminaron con Absolutio in solemnibus exquiis, el Responsorium Libera me, Domine.

Un gran concierto, el mejor del ciclo. Pocas veces he visto tantos aplausos, hasta tres veces tuvieron que salir los músicos, con gran parsimonia y sin bis, pero el público seguía aplaudiendo entusiasmado. No fue para menos. Un gran concierto.

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Ciclo Victoria 400: Misa Pro Victoria

Ministriles de Marsias y Schola Antiqva

Auditorio Nacional de Madrid. Sala de Cámara. 22 de Noviembre de 2011

Tomás Luis de Victoria vivió durante la segunda mitad del siglo XVI. Está considerado el mayor polifonista del Renacimiento español. Hacía una música vanguardista para su tiempo, y antes de que llegara el Barroco, él ya lo intuía en sus innovadoras  composiciones. El 27 de Agosto se celebró el 400 aniversario de su muerte, y para conmemorarlo, el CNDM Centro Nacional para la Difusión Musical ha montado un ciclo de interesantes conciertos, y ha editado junto a la Fundación Caja Madrid una colección de CD que recopilan las obras completas del Maestro Victoria. Un total de 10 CD al asequible precio de algo menos de 30 euros por CD. Así llega la música al pueblo…

En aquella época, a pesar de que el Renacimiento supuso un importante giro antropocéntrico, la mayoría de las manifestaciones artístícas estaban estrechamente ligadas con la religión. Por lo tanto, sin salirse del tiesto, Victoria compuso exclusivamente música sacra. Oficios, misas, motetes y pasiones cubren su amplio e interesante repertorio.

Los intérpretes fueron Schola Antiqva, dirigido por Juan Carlos Asensio y Ministriles de Marsias. Schola Antiqva es un reputado grupo que se dedica a difundir, investigar y divulgar el canto gregoriano, el canto mozárabe y la polifonía primitiva. Ministriles de Marsias no llevan tanto tiempo en esto, pero están despuntando por momentos. Marsias era un sátiro que paseando se encontró un aulos, instrumento de viento inventado por Minerva y desestimado por hinchar en exceso sus hermosos carrillos. Sintióse Marsias tan bien al tocarlo que retó a Apolo  con su lira, a ver cual de los dos era mejor en esto de la interpretación musical. Las Musas decidieron en favor de Apolo, no porque fuera semidios, o fullguapo, sino porque el aulos era bastante más difícil de tocar que la lira. No contento con su victoria, Apolo decidió desollar a Marsias, por haber tenido la osadía de desafiar a un semidios, y al derramarse, su sangre se convirtió en el río Marsias, aunque en otras versiones, se dice que ganó por tocar la lira del revés, cosa que no se podía hacer con el aulos, al final acaba igualmente desollado. Pobre Marsias. Ya con esto te puedes hacer una idea de por qué han cogido estos señores este curioso nombre para la formación.

El programa de este concierto consistió fundamentalmente en la Missa Pro Victoria, a 9 voces y órgano en dos coros. A pesar de  escribir música sacra, los entendidos consideran esta obra como la más mundana de Victoria. Mundana en el sentido humano, y no divino, ya que se basa en La Guerre de Clément Janequin, principal maestro de la chanson francesa del siglo XVI, por ello se dice que pertenece al género de las misas de batalla…¡cuantas cosas quedan por aprender! Pero no solo sonó la misa. Las diferentes piezas que la componen fueron alternándose con otras, como La bataille de Marignan, perteneciente precisamente a La Guerre de Janequin,  Tiento sobre la batalla de Morales y Praefatio de Francisco Correa de Arauxo, y la procesión de entrada y el introitus de Ensalada, de Sebastián Aguilera de Heredia, estos dos últimos contemporáneos de Victoria.

El concierto fue un recorrido detallado sobre las pautas de la polifonía renacentista, el contrapunto es el alma mater del asunto, y la herencia del canto gregoriano que la precede fue evidente en muchos momentos. La música polifónica de esta época es de una suave sonoridad, por dos motivos fundamentales. Por una parte la aceptación del intervalo de tercera como intervalo armónico consonante, selecto club fundado en el Edad Media al que sólo pertenencian como miembros fundadores quintas y octavas. Por otro lado, el progresivo aumento del número de voces, todas de igual importancia y regidas por las reglas del contrapunto, que resumiendo lo que viene a señalar es la independencia de las voces, preparación y resolución de las disonancias, uso de terceras y sextas paralelas, exclusión de las quintas y octavas paralelas, etc…todo lo que conlleva la ortodoxia harmónica de la época.

Normalmente cada voz apenas supera una octava, aunque el conjunto de voces, incluyendo los intrumentos, que podrían ser interpretados indistintamente como voces, ya que siguen la misma línea melódica, supera ampliamente las dos octavas. Pero las voces no se cruzan.  Se persiguen unas detrás de otra, en diferentes tiempos y espacios. Dos sopranos, suficiente para equilibrar el resto de tenores, barítonos y bajos que conformaban los dos coros, el de la Schola y el de los Ministriles.

La Misa Pro Victoria se acerca como  ninguna al estilo policoral que empezaba a hacer furor por la época, los venecianos eran lo más cool haciendo música policoral. Esto aporta a la cadencia un aspecto muy silábico y homofónico. Aquí es donde Victoria se adelantaba a su época, buscando contrastes más propios del Barroco que del moribundo Renacimiento.

Los ministriles impresionantes. La verdad es que pocas veces he oido sonar instrumentos tan particulares,  sacabuche, chirimías, bajoncillo, corneta, clavicímbano…y el gran órgano de la sala, con el que comenzaron el concierto. Todos estos instrumentos te transportaban con su sonido a una justa medieval, hasta sentía el cono de seda sobre mi cabeza, con el pañuelo colgando desde su punta, todo vaporoso. Y después del torneo, a palacio, a hacer el baile este que me gusta tanto donde nos cambiamos de pareja y vamos correteando con parsimonia por todo el salon cogidos de la mano. Momento Ivanhoe absoluto. Música deliciosa.

Los cantos llanos y los motetes inundaron la noche, transmitiendo una tranquilidad reveladora. Las voces, angelicales, bordaban el mensaje divino. Toda una experiencia. Este tipo de música es ideal para relajarse, pensar o dejarse llevar. Los intérpretes estuvieron excepcionales, y el público así lo agradeció, con aplausos sobrios pero intensos, y algún que otro tímido bravo. Tanto se prolongaron que no tuvieron más remedio que hacer un bis a 8 voces, Regina Coeli de Tare, también del Maestro Tomás, estrella invitada e indiscutible de la noche. Al volver a casa una gran serenidad invadía mi alma. Todavía hoy, quedan residuos de paz.

Messiaen y San Francisco de Asís

Publicado: 9 julio, 2011 en Música
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La caspa del Real, que haberla hayla, estaba indignada…nos sacan del teatro y nos llevan al Campo…que desprestigio para la Ópera salir de tan nobles paredes… 6 de la tarde, julio, 40 grados…Una gran cúpula, que pesa 24 toneladas y cuenta con 1500 fluorescentes, y un escenario que ocupa 500 metros cuadrados podría ser una buena justificación. Básicamente nos sacan porque no cabe.

Tres actos y ocho escenas, con una duración aproximada de seis horas y dos descansos. Una banda con 130 músicos y un coro con 120 cantantes. Agota con solo leerlo, pero es que sólo el conjunto de todos los músicos del mundo podía expresar la inmensa riqueza de espíritu de San Francisco. Messiaen concibió esta obra como un espectáculo y ciertamente eso fue. Messiaen volcó toda su fe, que era mucha, y toda su verdad, que no era menos en esta maravilla. Ante todo se consideraba católico, despues ornitólogo y en última instancia compositor. Para ser su tercera faceta vital no se le daba nada mal, preguntadle si no a  Stockhausen, Benjamin, Xenakis o Boulez, por decir algunos de sus más brillantes alumnos. Y eso que nunca se consideró profesor.

Hablemos primero de la escenografía. El impacto visual que logra la cúpula es sobrecogedor. Inunda el escenario con una luz de colores que varían a lo largo de la representación. La sucesión de colores acompaña la transformación del estado de ánimo de Asís y el lucernario que corona la cúpula representa la esperanza y la eternidad. Eso si tienes la suerte de que te toque justo enfrente de la cúpula, porque es tan profunda que el ángulo de visión en los laterales es nulo, y sólo ves una carcasa negra que ocupa todo el escenario, dejando bajo su sombra a los músicos.

Para Messiaen la música debe tener ritmo y sobre todo color, porque él los percibía cuando componía y escuchaba música. Y los Kabakov  así lo han respetado en la escenografía que han creado. Pero pensar en el público no se ha pensado mucho. O bien, esta escenografía fue diseñada para otro escenario y al pasarla al Madrid Arena, pues como que un 20% de las entradas pudieron disfrutar plentamente del espectáculo visual. El resto nos tuvimos que conformar con el espectáculo puramente sonoro, que aunque también se vió disminuido en toda su grandeza, ésta era tal que fue suficiente para emocionarse y disfrutar de mas de 4 horas de obra maestra. El escenario era tan grande y el espacio acústico tan vasto que los sonidos se perdían en todas las direcciones.

Respecto al argumento, es puramente espiritual, con una reflexión sobre el miedo a la Muerte y su forma de vencerla a través de la fe. La fe no debe entenderse en un modo paleto de vieja con un rosario, sino en la misma actitud de Messiaen, que se dedica con una paciencia infinita a realizar una obra de ocho años de esfuerzo, sin estar seguro de si la salud le permitiría terminarla. Eso es la fe, saber que no está en tu mano conseguir el resultado, pero trabajar como si fueras inmortal. De este modo, se vence el miedo a la Muerte. Pelín pesado al final del segundo acto con los pájaros, pero bueno, hay que respetarle su pasión, es un genio y se lo merece.

Y la música?

Los pájaros con sus maravillosos cantos, que nosotros, miserables urbanitas habitantes de Mahagonny, ya hemos olvidado, son para él, como para el ángel Gabriel, mensajeros de una armonía celeste que propicia la trascendencia, con una música como la que el ángel toca con su viola para San Francisco, la cual por cierto no estuvo ¿?. Pero los pájaros fueron omnipresentes a lo largo de todo el espectáculo. La duración de la meditación juega un papel importante para Olivier Messiaen, y durante todo el tiempo que dura la obra, se puede seguir el proceso espiritual de San Francisco que, gracias a la virtud de la compasión, alcanza la luz eterna. Pocas veces un acorde final en Do mayor me ha conmovido tanto. Fascinante. El coro más que correcto, la orquesta excepcional. Sin duda lo mejor de la noche. El ángel delicioso, haciendo realmente honor a su papel y San Francisco sobrio y exccepcional. Me sorprendió grátamente lo buenos actores que eran todos los cantantes. Muy buena dirección artística. Me gustó y sorprendió la sombra del leproso. Original e inquietante.

Como artistas invitados, unos instrumentos pocos habituales en la ópera

  • Un  Geophone, instrumento musical invento del propio compositor. Es algo parecido a un tambor lleno de lacasitos aplastados, que produce un sonido parecido al de la tierra arrastrada por el viento.
  • Una máquina de viento, que como su propio nombre indica es un instrumento que asemeja el sonido del viento. Muy habitual en las representaciones música contemporánea y electroacústica.
  • Una batería, en la ópera sí, una batería
  • Tres Ondas Martenot, instrumento electrónico, precursor de los actuales sintetizadores, teclado, altavoz y generadores de baja frecuencia. Increibles verlos en acción. Sonidos extrañamente maravillosos y resonadores de formas caprichosas.

La sinestesia se apoderó de mí durante unas cuantas horas. Puede ver los colores  más allá de la cúpula, porque los de la cúpula regular. En mi opinión un montaje menos espectacular habría repercutido en una mejor calidad de sonido y de experiencia visual en el público. También es cierto que conforme avanzaba la obra las deserciones se incrementaban y en cada descanso se ganaba en perspectiva. Al final los pocos que quedábamos pudimos ver el espectáculo cuasi en su plenitud. Me gustó, mucho. Disfruté y mucho. Definitivamente me encanta Messiaen. A ver para cuando el Auditorio programa la sinfonía Turangalila.