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Términos mentales como disposiciones de conducta

Continuando la entrada Conducta y Máquinas de Turing, nos encargamos ahora de desarrollar el concepto de conducta desde otro puntos de vista, sin perder de vista el enfoque funcionalista que es el hilo conductor común a ambasas.

La idea de que la Psicología se ocupa de lo que está por debajo de la descripción de la competencia tiene un importante precedente en la Filosofía, aparte de en el lenguaje común. Gilbert Ryle fue uno de los proponentes del análisis de los términos mentales como disposiciones de conducta. Además de esto, Ryle dijo que esos términos son los que se usan para explicar la conducta corriente, de modo que el Conductismo Lógico no es en realidad una teoría de la Psicología salvo si la queremos adaptar para hacer ese trabajo.

La teoría de Ryle estaba complementada por su afirmación de que solo buscamos las explicaciones del psicólogo cuando algo va mal con las explicaciones ordinarias de la conducta, o algo va mal en la conducta desde el punto de vista de las explicaciones que solemos dar de ella.

Si alguien se ríe en un funeral buscamos explicaciones psicológicas, si alguien se inflige dolor también, si alguien comete un error durante la producción de un discurso acaso también. Ryle aludía al psicoanálisis como teoría psicológica. En el psicoanálisis, como en la vida ordinaria, atribuimos intenciones y significados a agentes no personales. En un acto fallido lingüístico el significado es atribuido en los chistes y en los periódicos al sujeto que lo cometió. En el psicoanálisis se le atribuye la intención significativa a un agente subpersonal, tal como el ello.

En el psicoanálisis los agentes subpersonales que componen al sujeto son también personales bajo algún punto de vista, en las ideas de Ryle y de Chomsky no. Ryle dio un buen indicio de lo que habría pensado sobre el asunto cuando habló de los errores categoriales.

Quizá Ryle habría pensado que una persona es la colección de sus instancias subpersonales. Freud pensaba eso mismo. Chomsky decidió atribuir las diferencias entre la actuación y la competencia a que existe un módulo mental de los principios básicos de la competencia, que se supone situado en alguna región del cerebro, mientras que la actuación está producida por la intervención de ese módulo junto con otros procesos psicológicos. Aunque Chomsky puede estar en lo cierto, la teoría de la competencia de un lenguaje no es sino una descripción funcional que puede ser satisfecha por muy diferentes actuaciones pero con amplia concurrencia de desviaciones que se pueden considerar errores y tienen que ser explicados en términos subcompetenciales.

Homúnculos y Solipsismo Metodológico

En general la Psicología Cognitiva clásica ha seguido el camino de investigar las pautas en la ejecución de tareas para mejorar las descripciones de la operación de lo que llaman procesos, como la percepción, memoria, etc. Estas descripciones solían contener lo que llamaban “homúnculos”, que en este contexto aplica a una parte (o proceso) del cerebro cuyo cometido es ser «tú» .

La información puede estar contenida en muy diferentes soportes y ser procesada de muy diferentes maneras para obtener una misma salida del procesador. En la Psicología Cognitiva se ha dejado de lado la naturaleza del soporte y, en el caso de los homúnculos, en el mecanismo del procesamiento queda que información recibe el homúnculo y que información transmite.

El homúnculo era descrito, pues, de manera funcional en el sentido de que lo que especificaba de la naturaleza del homúnculo era su contribución a un proceso en el que estaba inserto y de que su papel podía ser llenado de diferentes maneras. La descripción de estos homúnculos es funcional y también es intencional. Se suele llamar intencionales no solo a las intenciones sino en general a los estados mentales que describimos como actitudes proposicionales, esto es, actitudes como la creencia, el deseo, la duda, etc., que para ser especificadas necesitan que se señale una proposición hacia la cual se tiene la actitud.

La Psicología de sentido común, mediante la cual nos explicamos las conductas ajenas, es típicamente intencional. El círculo vicioso de las atribuciones de estados mentales es más especialmente el círculo vicioso de la intencionalidad. Pero los psicólogos cognitivos se las han arreglado para introducir sus homúnculos, que saben cosas y transmiten información en sistemas que no son vacuamente instanciables.

Los filósofos de la mente han discutido sobre la naturaleza de los estados mentales que corresponden a las actitudes proposicionales y sobre el contenido de éstas. En la Psicología Cognitiva clásica, y también en la Inteligencia Artificial los procesos internos del organismo y los procesos del ordenador, claro está, se definían como computacionales, lo cual implica que son sintácticos.

Para esto hay muchas razones, las principales metodológicas: si representamos un proceso mental como una Máquina de Turing, entonces los estados de ese proceso son computacionales. Hay otra razón más que apoya esta concepción. Las atribuciones de actitudes proposicionales a las personas crean lo que se llama “contextos opacos” a la cuantificación y a la sustitución.

Es evidente que si decimos que Juan cree que Zapatero ganó las elecciones podemos interpretar esto de dos maneras: cree que un individuo llamado Zapatero ganó las elecciones o podemos sentirnos tentados de sustituir “Zapatero” por una descripción propia y decir que Juan cree que el presidente en ejercicio ganó las elecciones. Parece preferible que no nos permitamos la sustitución cuando de lo que se trata es de atribuir una creencia a Juan, porque Juan puede no saber que Zapatero era el presidente en ejercicio en el momento en que tuvieron lugar las elecciones.

La interpretación sintáctica de las actitudes proposicionales crea también contextos opacos. Si decimos que Juan cree “Zapatero ganó las elecciones”, dentro del entrecomillado no podemos sustituir nada. La oración, cuando es entrecomillada, es una simple cadena de signos. Tiene 24 caracteres y tres espacios. Un procesamiento computacional solo toma en cuenta estas características de la oración. Naturalmente cuando se hace esto se pierde la cuestión de la referencia de los nombres y predicados que hay en la oración. Esta pérdida de la referencia es el motivo de que a la metodología que en ciencias sociales adopta este punto de vista se la llame “Solipsismo Metodológico”. Solipsismo porque no se considera que haya un mundo al que refieran los objetos de las actitudes, ya que esos objetos son cadenas de signos dentro de las cuales no se permite la sustitución para obtener cadenas equivalentes.

En el Solipsismo Metodológico la Psicología solo se ocupa del procesamiento de información que hace la mente o el cerebro de puertas hacia adentro. El mundo exterior afecta a unos órganos aferentes que son transductores de las afecciones que la energía del mundo exterior producen en diferentes sistemas del organismo. En algún lugar del viaje que tienen las afecciones energéticas en el interior del organismo, las consideramos simplemente como información y las representamos como contenidos sintácticos. Aquí no hay ninguna cuestión ontológica implicada, ya que se supone que todo lo que ocurre en el cerebro son intercambios químicos, igual que en los órganos aferentes.

En el punto en que lograr descripciones de lo que pasa en el cerebro con vistas a explicar la conducta se vuelve demasiado difícil e ignoto, y resulta más fácil describirlo como procesamiento de información trazamos una frontera entre el asiento de la mente y el resto del sistema nervioso o del organismo. Que el asiento del procesador principal de información coincida con la parte más abultada del sistema, ha guiado las hipótesis más básicas sobre el lugar donde tienen lugar las operaciones mentales, pero en realidad qué consideramos procesador central y qué aferente o eferente depende no solo de razones anatómicas, sino de qué operaciones de las que son realizadas se describen mejor en términos intencionales que en términos energéticos o bioquímicos.

Putnam antes que Matrix

Sin embargo, tanto en la Filosofía de la Mente como en la Psicología hubo movimientos que insistieron en el carácter referencial de los estados mentales de actitud proposicional. En la Psicología se señaló que la variedad del mundo, y de lo que de ella saca partido el cerebro, es tal que lo que ocurre en un laboratorio, donde los patrones de los estímulos están muy limitados, no sirve para definir funcionalmente los estados psicológicos que explican la conducta. Este fue el motivo del desarrollo de la Psicología Ecológica. Además esta clase de Psicología podía tomar en cuenta con más naturalidad los aspectos adaptativos de los procesos mentales.

En la Filosofía de la Mente, Putnam argumentó que los estados mentales son referenciales, pero sus argumentos más famosos eran completamente a priori aunque sugerían la importancia de considerar la naturaleza del entorno en el cual el organismo vive y aprende el lenguaje. Todo el mundo sabe que los estados mentales de actitud proposicional son referenciales. La cuestión es cómo hay que especificar el contenido de esos estados para explicar la conducta.

Adelantándose a Matrix, pero no a Descartes, Putnam intentó mostrar que no es lo mismo ser una persona dotada de cerebro que vive en el mundo real que ser un cerebro que vive en una bañera y cuyos estados mentales le son producidos por un tinglado químico y electrónico. Desde luego que no lo es, pero el argumento de Putnam consistía en decir que la víctima en Matrix no puede tener estados mentales que refieran. Puesto que nuestros estados mentales refieren no somos cerebros en bañeras. El “hecho” clave del argumento de Putnam es que el sujeto que está en una bañera de esas no puede decir que está en una bañera y a la vez referir a ello. Puesto que referimos, no estamos engañados por la bañera o el demonio cartesiano o Matrix.

Un argumento más empírico y contingente en contra de la practicabilidad de los cerebros en bañeras se basa en la inverosimilitud de que una máquina pueda alimentar en un organismo la enorme cantidad de información que éste recibe del mundo exterior. Pero el alcance de este argumento es menor que el de Putnam, puesto que desde el punto de vista de cuál es la naturaleza de la información que el organismo recibe del mundo exterior no hay diferencia en cuáles son los géneros naturales a que refieren las actitudes proposicionales.

Estados: mentales, físicos, computacionales…

El mundo del organismo no es todo el mundo, sino el que el organismo puede apreciar. El contenido de los estados mentales puede ser expresado de muchas maneras. Parece que no hay un conjunto fijo de estados físicos en un cerebro que corresponda a cada actitud proposicional con su contenido, de manera que no sea quizá posible especificar semejante conjunto. Por lo tanto la teoría metafísica de la identidad de tipos, que dice que cada tipo de estado mental es idéntico a un tipo de estado físico, no es correcta.

Los estados físicos en ciertos entornos toman el papel de caracteres sintácticos, y los caracteres sintácticos en ciertos entornos tienen papel semántico. Esta es la estructura de las descripciones funcionales. Un trozo de plástico que recibe un baño metálico en ciertos entornos son CDs cuya lectura genera cadenas de símbolos, y esas cadenas de símbolos pueden disparar en un ordenador ciertos procesos, como la instalación. Un disco de plástico puede ser solo eso, o contener secuencias de caracteres o ser un disco de arranque.

Todas las descripciones son correctas, pero las dos segundas presuponen entornos específicos en los que el disco desempeña un papel. Los estados cerebrales se pueden describir también de esas tres maneras por lo menos. La Psicología se basa en la suposición de que no es necesario describir el cerebro en sus términos físicos para poder encontrar leyes que expliquen el comportamiento. En un nivel funcional de descripción hay autonomía nomológica.

La Psicología Cognitiva clásica suponía que ese nivel de descripción concibe los estados mentales como estados computacionales. Materialistas como Bunge y su grupo, han objetado a priori al funcionalismo y a las teorías computacionales de la mente que las operaciones del cerebro tienen que depender de las propiedades materiales del cerebro, y que no se puede hacer abstracción de ellas. Sin embargo no está nada claro cuáles son las propiedades materiales del cerebro, o simplemente qué son las propiedades materiales.

Una de las cosas que han enseñado los pensadores posmodernos, con más claridad quizás Quine, es que no hay una ontología privilegiada que sea la más básica a la que se tengan que reducir todas las demás ontologías.

Es posible que en la consumación de la Ciencia, la Física contenga las teorías más básicas a las que se reduzcan las demás ciencias. Jaegwon Kim ha dedicado muchos esfuerzos a analizar la afirmación de que las propiedades mentales sobrevienen sobre las propiedades físicas y decía que es mejor no hablar de propiedades, sino de predicados, y que la tesis de la superveniencia se expresa bien diciendo que las propiedades mentales son definidas funcionalmente en términos de las entradas y salidas de las cosas que poseen las propiedades y que son instanciadas por propiedades físicas, de manera que cada propiedad mental no consiste más que en alguna propiedad física, y que decir que x tiene la propiedad mental m equivale a la disyunción de las oraciones que atribuyen a x la propiedad p, o la propiedad q, o la propiedad r, etc., todas ellas propiedades físicas, alguna de los cuales tendría la cosa que tiene la propiedad mental.

Esto deja fuera de cuestión que las propiedades mentales sean nada distinto de las propiedades físicas. Y Kim cree que la idea de reducción entre niveles se ajusta a este género de noción de reducción o de superveniencia. De su análisis infiere que si las propiedades mentales se entienden como él sugiere, la reducción es posible en principio en el problema mente cuerpo.

Cuando se especifican propiedades funcionales mediante su papel causal, uno de los elementos básicos es el entorno en que tiene lugar la acción causal. Los estados de actitud proposicional se especifican diciendo lo que hace ese estado en un entorno dado. En la física en realidad también hay propiedades que se definen así. No existe una colección de propiedades físicas en que consista ser un reloj, aunque los relojes son artefactos físicos. Si queremos cuantificar sobre “x es un reloj” no podemos encontrar una oración equivalente que solo contenga predicados físicos, al menos por ahora. Como se halla que el discurso acerca de relojes es bastante legaliforme, lo que sí podemos decir es que cada cosa que es un reloj es una cosa que opera de cierta manera en ciertos entornos físicos, y podemos incluso describir el mecanismo y explicar por qué las lecturas que arroja coinciden con las que dan otros mecanismos diferentes que también son relojes.

En la física en realidad un reloj es cualquier cosa que mida el tiempo y sus medidas tengan ciertas propiedades matemáticas. Y también se considera que las teorías físicas son abstractos que pueden ser instanciados por diversos conjuntos de entidades.

El funcionalismo acerca de las propiedades mentales solo asegura que se puede hacer un discurso legaliforme cuando se intenta explicar la conducta recurriendo a propiedades definidas funcionalmente, pero aunque los mecanismos que instancian esas propiedades y los entornos a que hay que aludir para especificarlas sean físicos, eso no conlleva que coincidan esas propiedades con propiedades físicas.

Una de las tareas atribuida a la filosofía es decidir qué es conocimiento y qué no lo es. Cometido excesivo y arrogante según la mayoría de filósofos. La Epistemología pretende fundamentar el conocimiento, o al menos, ofrecer criterios de qué es conocimiento, y muchos autores piensan que la epistemología no goza de ningún privilegio vedado a los demás saberes que le permita dictaminar, ni fundamentar, ni dar criterios. Si puede seguir haciendo esto, tiene ella misma que basarse en esos otros saberes, de modo que no ofrece más seguridades que ellos. Cuando la epistemología se practica con esta cautela, se la practica, de acuerdo con estos filósofos, en su versión naturalizada.

Naturalización presenta una gran variedad y vaguedad de significados, los provenientes del inglés, de donde procede, y los añadidos en el español. No es de extrañar por tanto las actitudes contrapuestas que suscita el proyecto de naturalización de la epistemología de Quine. Goldman lo encuentra excesivo, Solís insuficiente. La diferencia se debe, en lo fundamental a lo que cada uno espera de la naturalización, y en particular, cuando ésta se emprende según las propuestas de Quine, que a su vez, se prestan a varias y diferentes interpretaciones.

En inglés naturalizar significa, como acepción más conveniente desde el punto de vista epistemológico, despojar de su carácter milagroso o sobrenatural a los sucesos que supuestamente lo son. Naturalizar la epistemología sería por tanto, despojarla de su especial estatuto.

En epistemología, los naturalizadores han sido objeto de acusaciones de relativismo, aunque algunos lo profesan de buena gana, porque la naturalización es ambigua. Unos la entienden como la eliminación de la disciplina en favor de otras, científicas, tales como la psicología, la historia o la sociología, con lo que renuncian a las normas epistemológicas. Otros creen mostrar que el valor de las normas es relativo a las comunidades que las usan. Y otros sólo aspiran a fundamentar estas normas en el conocimiento científico.

Armero establece un curioso paralelismo entre Marx, marxianos y marxistas y Kunh, kuhnianos y kuhnistas. Kuhn y alguno de los seguidores de “su secta” han sido acusados de relativismo epistemológico. Aparte de la justicia de esta imputación a Kuhn, hay kuhnianos que asumen los cargos y kuhnistas que defienden al maestro de interpretaciones desagradables, como la que conlleva la acusación de relativismo.

El programa fuerte de sociología de la ciencia, de filiación kuhniana, es adscrito por Solís a una variante del proyecto de naturalización de Quine, uno de cuyos ejecutores es Kuhn. Entienden que la naturalización  implica el relativismo epistemológico o la desaparición de la epistemología normativa, pero no es lo mismo una cosa que la otra. El relativismo sostiene que hay norma, y que depende su aceptabilidad de la comunidad que consideremos. Algunos relativistas trafican entre las normas son válidas en la comunidad que las avala, y la simple descripción de qué normas son aceptadas en qué comunidades, como si no se pudiera decir que son buenas o malas. Esto implica que no hay normas, salvo como objetos empíricos.

Idea de naturalización de Quine

No está claro si Quine ha tenido sucesivamente dos ideas distintas de lo que debería ser la naturalización de la epistemología o si sólo ha tenido una que ha desarrollado posteriormente. En Epistemology Naturalized identifica el impulso motriz de la epistemología con el ideal de fundar lógicamente la ciencia natura sobre la experiencia sensible. Esto es, deducir lógicamente los enunciados de la ciencia a partir de enunciados de observación y definir los términos de la ciencia a partir de términos que se refieran a la experiencia sensible. Pero las oraciones de la ciencia no se pueden probar lógicamente, ni siquiera contando con la teoría de conjuntos, a partir de oraciones observacionales. Tampoco se puede reconstruir el discurso de la ciencia en términos de observación, lógica y teoría de conjuntos. Dado este fracaso en el plano de la teoría (doctrinal) y en el del significado (conceptual), Quine propone estudiar cómo de hecho, a partir de la estimulación sensorial, se construye la teoría, esto es, según Quine entregar la carga epistemológica a la psicología, porque la tarea de establecer una relación de fundamentación entre experiencia sensible y teoría, objeto de la epistemología, se abandona en favor del estudio de la relación que de hecho hay, en nuestro sistema cognitivo, entre experiencia y teoría, y esta cuestión empírica se encomienda a la psicología.

Quine sólo produce una argumentación contra una manera de entender la epistemología: la que él presenta, que se remonta al empirismo clásico y, en su parte conceptual, intentó desarrollar Carnap en Der Logische Aufbau der Welt.

Carnap pretendía constituir los conceptos de la ciencia a partir de la experiencia. Las limitaciones de la epistemología que Quine señala en Epistemology Naturalized, las encuentra en la Aufbau. Sería posible practicar la epistemología sin necesidad de estar incurso en uno de los capítulos de una ciencia empírica, como la psicología. Quedan muchas cosas fuera que se pueden abordar sin tomar en consideración ciencias empíricas.

Quine admitió esta objeción y Pursuit of Truth concede un lugar a la epistemología desligada de las ciencias que de ordinario llamamos empíricas.

En esta asombrosa mezcla de relaciones entre la estimulación sensorial y nuestra teoría científica del mundo, hay una parte donde la teoría se contrasta mediante la predicción. Quine ha caracterizado este segmento como poco más que lógica aplicada y teoría estadística.

La naturalización, tal y como Quine la defiende en su primer artículo, no deja lugar al componente normativo que tiene la epistemología. Conclusión más que objetada, ya que la epistemología no puede limitarse a describir, sino que su papel legítimo es sancionar el conocimiento. Rorty y Putnam han afirmado que, en el proyecto de naturalización, no hay un sitio para el aspecto normativo. Goldamn en cambio, piensa que los proyectos útiles de naturalización son los que sí conceden un lugar a lo normativo, pero Quine no lo hace.

En cambio, Quine responde que la epistemología naturalizada sí concede un lugar a lo normativo. La epistemología es una ciencia teórica y descriptiva, pero también posee aplicaciones prácticas. El conocimiento teórico o empírico se puede convertir en una base de normas prácticas, tanto en epistemología como en física.

Hace falta especificar los fines que sirven. Quine menciona como fines principales de la ciencia el entendimiento, el control y modificación de la naturaleza y la predicción.

Solís encuentra que el programa de Quine, tal como éste lo especifica o reformula en Pursuit of Truth, retorna a los problemas epistemológicos no naturalistas de toda la vida. Según Solís, para llevar a cabo el programa naturalista habría que naturalizar la caracterización de la “verdad” o la “adecuación”, pero eso no parece cosa fácil. Según Armero interpreta a Solís, la epistemología naturalizada debería proporcionar una elucidación naturalista del concepto de creencia justificada, o del concepto de verdad o de adecuación.

Ciertamente Epistemology Naturalized no parece dejar un lugar a la epistemología normativa, pero esa impresión del lector queda desautorizada por las aclaraciones ulteriores de Quine. Algunos autores han señalado que en Quine hay dos sentidos distintos de teoría y de ciencia.

Haack tiene razón en que Quine concibe la ciencia de dos maneras diferentes. En la opinión de Armero eso se debe a la herencia racionalista del Círculo de Viena. En el Postivismo Lógico hay también una vacilación entre dos sentidos de ciencia. Por un lado, la ciencia es un hecho institucional. Por otra lado, la ciencia es conocimiento racional justificado por la experiencia. En este sentido la ciencia no es patrimonio de ninguna institución, sino accesible a todos los humanos. La ciencia es conocimiento intersubjetivamente compartible. De acuerdo con esto, es posible dar reglas de aplicación universal sobre lo que es ciencia, se puede dar un criterio de demarcación, con independencia de las prácticas de las instituciones o comunidades científicas.

Los positivistas lógicos propusieron una epistemología normativa, y en ella incluían numerosas reglas y un criterio de cientificidad. Sólo son científicos los enunciados confirmables empíricamente. La justificación que ofrecían del criterio combina las dos perspectivas aludidas del positivismo lógico sobre la ciencia.

Esta actitud que Quien comparte, explica algo bien enigmático en su proyecto de naturalización de la epistemología. No es verosímil su idea de un sujeto humano que recibe ciertas entradas sensoriales y que luego produce una descripción del mundo. La ciencia no es la creación de ningún sujeto individual. Es una actividad y un producto sociales. La sociología de la ciencia debería tener un lugar prominente en la epistemología naturalizada. Quine mismo ha reconocido factores sociales en la adquisición del conocimiento: lo que él llama la presión hacia la objetividad, y el principio de caridad, del que Quine defiende la versión democrática, ya que considera que todos los humanos son estimulados de la misma manera por cambios físicos de su entorno y no hay motivos para suponer de antemano que lo más elemental de la lógica es flagrantemente ignorado.

Propuestas que se acogen al programa de naturalización

La percepción, el reconocimiento de formas, el aprendizaje y la formación de conceptos, el razonamiento deductivo, el razonamiento inductivo, la formación de hipótesis, la psicología del testimonio, la toma de decisiones, la memoria, la resolución de problemas son temas de la psicología cognitiva que diversos epistemólogos han empleado, con éxito variable, en la obra de naturalizar la epistemología.

De acuerdo con Kuhn, existen dificultades de comunicación entre científicos de tradiciones diferentes, y una de las causas está en el modo como el aparato cognitivo humano aprende y forma conceptos. Lo que ha aprendido el sujeto no es una regla que pueda explicitar verbalmente. Dos sujetos pueden emplear un vocabulario semejante y emplear las mismas palabras para conceptos distintos.

Podría haber tradiciones científicas separadas por una barrera de incomunicación de este estilo. El mismo Kuhn asegura que no hay tales imposibilidades psicológicas, y que los científicos en ocasiones y los historiadores de la ciencia casi siempre, se ocupan de la traducción de lenguajes de tradiciones científicas ajenas.

Hanson también ha sacado partido de algunos hechos sobre la psicología de la percepción para cuestionar la viabilidad de hacer experimentos cruciales. Hanson indicó que puede haber divergencias en la percepción de las mismas muestras. La observación depende de la teoría. Diferentes tradiciones comportan diferentes visiones del mundo.

En la psicología cognitiva se distinguen dos direcciones en el procesamiento de información que media entre los estímulos sensoriales y la formación de conceptos y de juicios. Existe una dirección ascendente que procede desde la estimulación sensorial hasta los juicios y conceptos, y otra dirección descendente desde los conceptos previamente formados, que, ante estimulaciones sensoriales dadas, afectan a la formación de los perceptos.

La escuela Gestalt ha trabajado con efectos universales para la especie humana. Los factores innatos del procesamiento descendente ponen limitaciones al modo como pueden afectar a ese procesamiento las creencias adquiridas. El procesamiento descendente no tiene un carácter holista, no todo lo que conocemos puede afectar a nuestra percepción.

En la sociología de la ciencia se intenta explicar el fraude que ocasionalmente se produce en los resultados empíricos, y esa explicación  invoca factores sociales, como la competitividad y la presión que sufren los científicos.

Los hechos que descubre la psicología sólo parecen tener un alcance para la toma individual de decisiones, o para la racionalidad de las creencias de individuos particulares. Pero la ciencia es una empresa comunitaria que cuenta con medios de representación de la información no limitados a las memorias individuales.

Relación entre discursos normativos y descriptivos

Aunque practicada por seres humanos individuales, es evidente que la ciencia es una empresa social, y en la sociología y la antropología se han originado proyectos de naturalización. La sociología se ocupa de la ciencia desde dos perspectivas que han sido denominadas «programa débil» y «programa fuerte».

El programa fuerte es el más antiguo, y tiene en Merton a su más destacado practicante. Se interesaba por cuestiones tales como el reclutamiento social de las vocaciones científicas, los factores sociales que intervienen en la elección de campos de investigación y en su promoción, el impulso y la oposición que pueden ofrecer a la ciencia los grupos sociales, el papel que desempeñan otras formaciones ideológicas, la estructura de las comunidades científicas, etc. Dejaba fuera de la jurisdicción de la sociología de la ciencia el valor epistemológico de las producciones y de los métodos científicos, y tampoco se ocupaba de por qué unas teorías son preferidas a otras en el seno de las comunidades científicas. Es por esta limitación de objetivos por lo que su programa es denominado «débil».

Por el contrario, el programa fiíerte pretende explicar, además, por qué son aceptadas unas u otras teorías en las comunidades científicas, por qué son empleados unos u otros métodos e incluso qué papel ideológico tiene hablar sobre métodos en la literatura científica.

En la época de Merton, los filósofos se ocupaban del contexto de justificación y la sociología se mantenía en el contexto de descubrimiento. La distinción fiíe recusada por filósofos historiadores como Hanson y Kuhn, porque según ellos, en el contexto de justificación intervienen elementos que se habían considerado propios del contexto de descubrimiento. Los sociólogos del programa fiíerte comparten plenamente esta opinión.

Los filósofos de la ciencia tradicionales han sugerido que el destino de las teorías depende de buenas o de malas razones, de acuerdo con un patrón epistemológico. Si las razones son buenas, entonces la epistemología debe dar cuenta de estos sucesos históricos, y si son malas, entonces compete a la psicología, la sociología o la historia explicar por qué se produjo ese desvío de lo que se debería haber hecho.

La ciencia es una empresa racional y, por lo tanto, su desarrollo se atendrá a las normas epistemológicas. Popper ha coloreado este punto de vista con su famosa doctrina de los tres mundos. La ciencia es una empresa del tercer mundo, el de las relaciones lógicas y racionales entre ideas y entre teorías. Pero también la ciencia es un hecho institucional, perteneciente al segundo mundo, o de los hechos sociales y psicológicos.

Cuando Popper y los positivistas lógicos se dedican a la filosofía de la ciencia, creen que su empresa tiene sentido porque, en conjunto, la ciencia del segundo mundo se atiene a la ciencia del tercer mundo, o que su filosofía de la ciencia es vindicada por la historia.

Hanson, Kuhn, y otros después, creen haber mostrado que eso no ocurre, que el desarrollo de la ciencia no puede ser explicado como si respetara o desenvolviera alguna epistemología o algún conjunto de reglas metodológicas. Feyerabend emitió su famoso juicio de «Todo vale» refiriéndose a qué reglas metodológicas instancia la historia de la ciencia.

Algunos autores que comparten puntos de vista con el programa fuerte, como Latour, no se pronuncian sobre el valor de las reglas metodológicas ni sobre el de los productos de la ciencia. Pero sin duda piensan que no es muy explicativo de la actividad de los científicos tratar de descubrir cuáles son las reglas metodológicas, ya sean las que proclaman o las que efeaivamente siguen, si es que hay diferencias. Más bien, el discurso sobre reglas debería ser explicado.

Así, pues, por un lado tenemos la clásica opinión de que, cuando en la ciencia las cosas van bien, es necesario (y quizá bastante) el análisis lógico, y cuando no es así hay que echar mano de la historia o de la psicología para explicar lo sucedido.

El programa fuerte se propone explicar las creencias con imparcialidad respecto a su valor de verdad y respecto a la justificación que poseen. Esto deja un amplio campo al género de explicaciones que apelan a las buenas razones y a la estructura de las buenas argumentaciones.

El programa fiíerte se propone también ofrecer el mismo tipo de causas para las creencias (tenidas por) verdaderas o fiJsas. Sin embargo, es muy posible que las creencias justificadas no tengan las mismas explicaciones (o incluso causas) que las injustificadas.

Es posible que podamos evaluar la fíabilidad y otras cualidades epistémicas de los procesos cognitivos, como intenta Goldman. Pero aunque no se pudiera, la trama de la justificación posee un orden lógico que vale la pena conocer, y cuyo rendimiento a la hora de explicar la conducta de la comunidad científica es bien notable.

Basado en Naturalización y relativismo epistemológicos de Julio C. Armero. Publicado en ÉNDOXA: Series Filosóficas, nº 11, 1.999