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El falsacionista dice…

El falsacionista admite francamente que la observación es guiada por la teoría y la presupone. También se congratula de abandonar cualquier afirmación que implique que las teorías se pueden establecer como verdaderas o probablemente verdaderas a la luz de la evidencia observacional.

Las teorías se construyen como conjeturas o suposiciones especulativas y provisionales que el intelecto humano crea libremente en un intento de solucionar los problemas con que tropezaron las teorías anteriores y de proporcionar una explicación adecuada del comportamiento de algunos aspectos del mundo o del universo.

Una vez propuestas, las teorías especulativas han de ser comprabadas rigurosa e implacablemente por la observación y la experimentación. Las teorías que no superan las pruebas observacionales y experimentales deben ser eliminadas y reemplazadas por otras conjeturas especulativas. La ciencia progresa gracias al ensayo y al error, a las conjeturas y refutaciones. Sólo sobreviven las teorías más aptas.

Aunque nunca se puede decir lícitamente de una teoría que es verdadera, se puede decir con optimismo que es la mejor disponible, que es mejor que cualquiera de las que han existido antes.

Una cuestión lógica que apoya al falsacionista

Según el falsacionismo, se puede demostrar que algunas teorías son falsas apelando a los resultados de la observación y la experimentación. En este punto hay una cuestión lógica que apoya al falsacionista.

Aunque supongamos que disponemos de alguna manera de enunciados observacionales verdaderos, nunca es posible llegar a leyes y teorías universales basándose sólo en deducciones lógicas.

Por otro lado, es posible efectuar deducciones lógicas, partiendo de enunciados observacionales singulares como premisas, y llegar a la falsedad de teorías y leyes universales mediante una deducción lógica. Por ejemplo, el ver un cuervo marrón refutaría el enunciado todos los cuervos son negros.

La falsedad de enunciados universales se puede deducir de enunciados singulares adecuados. El falsacionismo explota al máximo esta cuestión lógica.

La falsabilidad como criterio de teorías

El falsacionista considera que la ciencia es un conjunto de hipótesis que se proponen a modo de ensayo con el propósito de describir o explicar, de un modo preciso, el comportamiento de algún aspecto del mundo o del universo. Sin embargo, no todas las hipótesis lo consiguen.

Hay una condición fundamental que cualquier hipótesis o sistema de hipótesis debe cumplir si se le ha de dar el estatus de teoría o ley científica. Si ha de formar parte de la ciencia, una hipótesis ha de ser falsable.

Una hipótesis es falsable si existe un enunciado observacional o un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles que sean incompatibles con ella, esto es, que en caso de ser establecidos como verdaderos, falsarían la hipótesis. Por ejemplo, el enunciado llueve o no llueve no sería falsable, porque  siempre será verdadero, independientemente del tiempo que haga.

Una ley o teoría es informativa solamente en el caso de que excluya un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles. Si un enunciado no es falsable, entonces el mundo puede tener cualquier propiedad y comportarse de cualquier manera sin entrar en conflicto con el enunciado. Desde un punto de vista ideal, una teoría o ley científica debería proporcionarnos alguna información acerca de cómo se comporta en realidad el mundo, excluyendo por esta razón las maneras en las que podría posiblemente (lógicamente) comportarse, pero de hecho no se comporta.

El falsacionista mantiene que algunas teorías pasan de hecho como teorías científicas sólo porque no son falsables y deberían ser rechazadas. Popper, falsacionista por excelencia, ha afirmado que al menos algunas versiones de la teoría de la historia de Marx, el psicoanálisis de Freud y la psicología de Addler adolecen de este fallo.

Para que una teoría posea contenido informativo, ha de correr el riesgo de ser falsada.

Grado de falsabilidad, claridad y precisión

Una buena teoría o ley científica es falsable justamente porque hace afirmaciones definidas acerca del mundo. Para el falsacionista, de ello se sigue bastante claramente que cuanto más falsable es una teoría mejor es. Cuanto más afirme una teoría, más oportunidades potenciales habrá de demostrar que el mundo no se comporta de hecho como lo establece la teoría. Una teoría muy buena será sumamente falsable y resistirá la falsación todas las veces que se someta a prueba.

Por supuesto, las teorías que han sido falsadas tienen que ser rechazadas de forma tajante.

Aprendemos de nuestros errores, la ciencia progresa mediante el ensayo y el error. Debido a que la situación lógica hace imposible la derivación de leyes y teorías universales a partir de enunciados observacionales, pero posible la deducción de su falsedad, las falsaciones se convierten en importantes hitos, en logros sobresalientes, en los principales puntos del desarrollo de la ciencia. Este hincapié algo antiintuitivo que hacen los falsacionistas más extremos en la importancia de las falsaciones será criticado por Chalmers posteriormente.

El falsacionismo reconoce las limitaciones de la inducción y la subordinación de la observación a la teoría. Sólo se pueden descubrir los secretos de la naturaleza con la ayuda de teorías ingeniosas y perspicaces. No hay peligro de que proliferen las teorías especulativas porque las que sean descripciones inadecuadas del mundo pueden ser eliminadas drásticamente como resultado de la observación o de otras pruebas.

La exigencia de que las teorías sean sumamente falsables tiene la atractiva consecuencia de que las teorías sean establecidas y precisadas con claridad. Si se establece una teoría de forma tan vaga que no queda claro qué afirma exactamente, encontes cuando se comprueba mediante la observación o la experimentación, siempre se podrá interpretar que es compatible con los resultados de esas pruebas. De esta manera, podrá ser defendida contra las falsaciones. Cuanto más precisamente se formula una teoría, se hace más falsable.

Las exigencias de precisión y claridad de expresión, que van íntimamente ligadas, se siguen naturalmente de la concepción de la ciencia que tiene el falsacionista.

Falsacionismo y progreso

El progreso de la ciencia, tal y como lo ve el falsacionista, se podría resumir de la siguiente manera.

La ciencia comienza con problemas, problemas que van asociados con la explicación del comportamiento de algunos aspectos del mundo o del universo. Los científicos proponen hipótesis falsables como soluciones al problema. Las hipótesis conjeturadas son entonces criticadas y comprobadas. Algunas serán eliminadas rápidamente. Otras pueden tener más éxito. Estas deben someterse a críticas y pruebas más rigurosas.

Cuando finalmente se falsa una hipótesis que ha superado con éxito una gran variedad de pruebas rigurosas, surge un nuevo problema, afortunadamente muy alejado del problema original resuelto. Este nuevo problema exige la invención de nuevas hipótesis, seguidas de nuevas críticas y pruebas. Y así el proceso continúa indefinidamente.

Nunca se puede decir de una teoría que es verdadera, por muy bien que haya superado pruebas rigurosas, pero afortunadamente se puede decir que una teoría actual es superior a sus predecesoras en el sentido de que es capaz de superar pruebas que falsaron a sus predecesoras.

El concepto de progreso, de desarrollo científico, es fundamental en la concepción falsacionista de la ciencia. Lo veremos en la siguiente entrada.

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Seguimos destripando el texto de Chalmers, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Chalmers sigue con su particular cruzada contra el inductivismo ingenuo, en esta ocasión desde el punto de vista de la percepción.

Según Chalmers, hay dos supuestos importantes que conlleva el inductivismo ingenuo con respecto a la observación:

  • Uno es que la ciencia comienza con la observación
  • El otro es que la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar el conocimiento.

Chalmers rechaza ambos, y da varias razones, no sin antes esbozar una idea de observación que cree ampliamente aceptada en la actualidad, y que presta plausabilidad a la postura inductivista ingenua.

Una concepción popular de la observación

Los seres humanos ven utilizando sus ojos. Los componentes más importantes del ojo humano son una lente y una retina, la cual actúa como pantalla en la que se forman las imágenes de los objetos externos al ojo. Los rayos de luz procedentes de un objeto visto van del objeto a la lente a través del medio que hay entre ellos. Estos rayos son refractados por el material de la lente de tal manera que llegan a un punto de la retina, formando de este modo una imagen del objeto visto. Hasta aquí el funcionamiento del ojo es muy parecido al de una cámara.

Pero entre ambos hay una gran diferencia, que es el modo en que se registra la imagen final. Los nervios ópticos pasan de la retina al córtex central del cerebro. Estos llevan información sobre la luz que llega a las diversas zonas de la retina. El registro de esta información por parte del cerebro humano es lo que corresponde a la visión del objeto por el observador humano.

Esto no es más que una idea general, pero aún así surgen dos cuestiones clave para el inductivista ingenuo:

  • La primera es que un observador humano tiene acceso más o menos directo a algunas propiedades del mundo exterior en la medida en que el cerebro registra esas propiedades en el acto de ver
  • La segunda es que dos obsevadores que vean el mismo objeto o escena desde el mismo lugar verán lo mismo.

Chalmers no comparte ninguna de estas dos cuestiones, y las atacará muy directamente, como veremos a continuación.

Experiencias visuales que no están determinadas por las imagenes formadas en la retina

Dos observadores normales que vean el mismo objeto desde el mismo lugar en las mismas circunstancias físicas no tienen necesariamente idénticas experiencias visuales, aunque las imágenes que se produzcan en sus respectivas retinas sean prácticamente idénticas. Como Hanson decía, “hay mucho más en lo que se ve que lo que descubre el globo ocular”.

Esta imagen muestra claramente lo que Hanson quería decir. Hay quienes ven una glamurosa joven, otros ven una pensativa vieja.

Las experiencias perceptuales que los obervadores tienen en el acto de ver no están especialmente determinadas por las imágenes de las retinas. La experiencia visual que tiene un observador cuando ve un objeto, depende en parte de su experiencia pasada, su conocimiento y sus expectativas.

En la medida en que se refiere a la percepción, con lo único con lo que el observador está en inmediato y directo contacto es con sus experiencias. Estas experiencias no están dadas de modo unívoco ni son invariantes, sino que cambian con las expectativas y el conocimiento del observador. Lo que viene unívocamente dado por la situación física es la imagen formada en la retina del observador, pero el observador no tiene contacto perceptual directo con la imagen.

Cuando el inductivista ingenuo y muchos otros empiristas suponen que hay algo unívocamente dado en la experiencia que puede interpretarse de diversas maneras, están suponiendo, sin argumentarlo a pesar de las muchas pruebas en contra, que hay una correspondencia unívoca entre las imágenes de nuestras retinas y las experiencias subjetivas que tenemos cuando vemos. Están llevando demasiado lejos la analogía de la cámara.

Chalmers no está afirmando que las causas finales de las imágenes de nuestras retinas no tengan ninguna relación con lo que vemos. No podemos ver exactamente lo que queremos. Sin embargo, mientras que las imágenes de nuestras retinas forman parte de la causa de lo que vemos, otra parte muy importante de esa causa está constituida por el estado interno de nuestras mentes o cerebros, el cual dependerá evidentemente de nuestra educación cultural, nuestro conocimiento, nuestras expectativas, etc. y no estará determinado únicamente por las propiedades físicas de nuestros ojos y de la escena observada. Hay que considerar que para Chalmers existe un único mundo físico independiente del observador.

Los enunciados observacionales presuponen la teoría

Aunque se diera una única experiencia perceptiva para todos los observadores, todavía seguiría habiendo objeciones importantes al supuesto inductivista acerca de la observación. Según la concepción inductivista de la ciencia, la sólida base sobre la que se constituyen las leyes y teorías que constituyen la ciencia está formada por enunciados observacionales públicos, y no por las experiencias subjetivas privadas de los observadores individuales.

La concepción inductivista exige la derivación de enunciados universales a partir de enunciados singulares mediante la inducción. Tanto el razonamiento inductivo como el deductivo, conllevan relaciones entre diversos conjuntos de enunciados, y no relaciones entre enunciados por un lado y experiencias perceptivas por otro.

Los enunciados observacionales son entidades públicas, formuladas en un lenguaje público, que conllevan teorías con diversos grados de generalidad y complejidad. En contra de la pretensión del inductivista, una teoría de algún tipo debe preceder a todos los enunciados observacionales, que son tan falibles como las teorías que presuponen.

Los enunciados observacionales se deben realizar en el lenguaje de alguna teoría, por vaga que sea. Los enunciados observacionales se hacen siempre en el lenguaje de alguna teoría y serán tan precisos como lo sea el marco conceptual o teórico que utilicen.

La anterioridad de la teoría a la observación va en contra de la tesis inductivista de que el significado de muchos conceptos básicos se extrae de la observación.

Hasta ahora Chalmers ha atacado la concepción inductivista de la ciencia argumentando que las teorías tienen que preceder a los enunciados observacionales, de modo que resulta falso afirmar que la ciencia comienza con la observación.

Chalmers plantea además una segunda manera de atacar al inductivismo. Los enunciados observacionales son tan falibles como las teorías que presuponen y por lo tanto no constituyen una base completamente segura sobre la que construir las leyes y teorías científicas.

Para establecer la validez de un enunciado  observacional, es necesario apelar a la teoría y cuanto más firmemente se haya de establecer la validez, mayor será el conocimiento teórico que se emplee. Este hecho está en directa contradicción con lo que podríamos esperar según la opinión inductivista a saber, que para establecer la verdad de un enunciado observacional problemático apelamos a enunciados observacionales más seguros y quizás a leyes derivadas inductivamente de ellos, pero no a la teoría.

Por lo tanto, para Chalmers, el inductivista está equivocado en dos cosas:

  • La ciencia no comienza con los enunciados observacionales, porque una teoría de algún tipo precede siempre a todos los enunciados observacionales
  • Los enunciados observacionales no constituyen una base firme sobre la que pueda descansar el conocimiento científico, porque son falibles.

Sin embargo, Chalmers no pretende afirmar que los enunciados observacionales no deberían ocupar ningún papel en la ciencia, simplemente remarcar que el papel que los inductivistas le atribuyen es incorrecto.

La teoría guía la observación y la experimentación

Según el más ingenuo de los inductivistas las observaciones efectuadas por un observador imparcial y sin prejuicios proporcionan la base del conocimiento científico. Si esta postura se interpreta literalmente es absurda e insostenible.

Para ilustrarlo, Chalmers nos cuenta el caso de Hertz, que en 1888 realizó un experimento tratando de demostrar la teoría electromagnética de Maxwell. Produjo y detectó ondas de radio por primera vez. Si Hertz hubiera sido completamente imparcial al hacer sus observaciones habría registrado no sólo las lecturas en varios contadores, la presencia o no de chispas en lugares críticos del circuito, las dimensiones del circuito, etc., sino que también el color de los contadores, las dimensiones del laboratorio, el estado del tiempo, el color de sus zapatos….un montón de detalles claramente irrelevantes desde el punto de vista del propósito del experimento.

Las observaciones y los experimentos se efectúan para comprobar o aclarar alguna teoría, y sólo debe registrar las observaciones que se consideran relevantes para esa tarea. Sin embargo, en la medida en que las teorías que constituyen nuestro conocimiento científico son falibles e incompletas, la guía que las teorías nos ofrecen con respecto a qué observaciones son relevantes para algún fenómeno que se está investigando puede ser engañosa, y puede hacer que se pasen por alto algunos factores importantes.

El ejemplo de Hertz viene muy al caso. Hertz midió la velocidad de sus ondas de radio, y era significativamente distinta a la de la luz. Nunca consiguió resolver ese problema. Después de su muerte se comprendió cual era realmente la fuente del problema: las ondas de radio emitidas desde el aparato se reflejaban en las paredes del laboratorio y volvían al aparato, interfiriendo en las mediciones. Resultó que las dimensiones del laboratorio eran muy relevantes.

Así pues, las falibles e incompletas teorías que constituyen el conocimiento científico pueden servir de falsa guía para un observador.

No voy a hablar de la adolescencia de Bertrand Russell, no nos equivoquemos. El señor Russell contaba la historía de un pavo que llegó a una granja, y desde su primera mañana descubrió que le daban de comer a las 9, ¡pavo listo!. Pero como era un pavo inductivista, no se precipitó al sacar conclusiones. Y esperó pacientemente hasta que recogió un número suficiente de observaciones. Probó en días con sol, en días lluviosos, cuando hacía frío y cuando hacía calor. Hasta que su conciencia inductivista se sintió satisfecha como para afirmar que todos los días comía a las 9. Muy asumida tenía su conclusión como verdad absoluta… hasta que llegó la víspera de la Navidad, y en vez de darle de comer le cortaron el cuello….

Estamos ante una inferencia inductiva con premisas verdaderas que ha llevado a una conclusión falsa…así de crudo.

¿Se puede justificar el principio de inducción?

Según el inductivista ingenuo, la ciencia comienza con la observación, ésta proporciona una base segura sobre la que se puede construir el conocimiento científico, el cual a su vez se deriva, mediante la inducción, de los enunciados observacionales. Por lo tanto, lo que trata Chalmers es de poner en duda la validez y justificabilidad del principio de inducción.

La versión del principio de inducción de Chalmers, con la que creo que todos estaremos de acuerdo dice así:

Si en una gran variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A y todos los A observados, sin excepción, poseen la propiedad B, entonces, todos los A poseen la propiedad B

Este principio, o algo muy parecido, es el principio básico en el que se basa la ciencia, si se acepta la postura inductivista ingenua.

Nos deberíamos plantear, ¿por qué el razonamiento inductivo conduce al conocimiento científico fiable e incluso verdadero? Y tendríamos dos vías de acercamiento al asunto:

  • Apelando a la lógica. Las argumentaciones lógicas válidas se caracterizan por el hecho de que si la premisa de la argumentación es verdadera, entonces la conclusión debe ser verdadera. Las argumentaciones deductivas poseen ese carácter. El principio de inducción estaría de seguro justificado si las argumentaciones inductivas también lo poseyeran, pero no es así. Las argumentacións inductivas no son argumentaciones lógicamente válidas. Y si no, que le pregunten al pavo de Russell…La inducción no se puede justificar sobre las bases estrictamente lógicas. El principio de inducción no se puede justificar simplemente apelando a la lógica.
  • Apelando a la experiencia. La inducción funciona en un gran número de ocasiones, por ejemplo, las leyes de la óptica o el movimiento planetario. Se trata de una justificación completamente inaceptable, y Hume lo demostró en el siglo XVIII. La argumentación que pretende justificar la inducción es circular ya que emplea el mismo tipo de argumentación inductiva cuya validez se supone que necesita justificación. No podemos usar la inducción para justificar la inducción. Esto es lo que tradicionalmente se ha llamado el problema de la inducción. Además, exigir gran número de observaciones en una amplia variedad de circunstancias…cuanto menos es vago.

La retirada a la probabilidad

Hay una manera muy evidente de moderar la postura extrema del inductivismo ingenuo. Aunque no se pueda garantizar que las generalizaciones a las que se ha llegado mediante inducciones lícitas sean perfectamente verdaderas, son probablemente verdaderas.

El conocimiento científico no es conocimiento probado, pero representa un conocimiento que es probablemente verdadero. Cuanto mayor sea el número de observaciones que forman la base de la inducción y cuanto mayor sea la variedad de condiciones en las cuales se hayan realizado estas observaciones, mayor será la probabilidad de que las generalizaciones resultantes sean verdaderas.

Si se adopta esta versión modificada de la inducción, entonces se reemplazará el principio de inducción por una versión probabilística que dirá más o menos lo siguiente:

Si en una amplia variedad de condiciones se ha observado un gran número de A y si todos estos A observados poseen sin excepción la propiedad B, entonces, probablemente todos los A poseen la propiedad B.

Esta versión del principio de inducción en su forma probabilística también tiene problemas adicionales. Especialmente los relacionados con las dificultades que se encuentran cuando se trata de precisar exactamente la probabilidad de una ley o teoría a la luz de unas pruebas especificadas. Puede parecer intuitivamente plausible que, a medida que aumenta el apoyo observacional que recibe una ley universal, aumente también la probabilidad de que sea verdadera.

Pero según la teoría oficial de la probabilidad, cualquier evidencia observacional constará de un número finito de enunciados observacionales, mientras que un enunciado universal hace afirmaciones acerca de un número infinito de posibles situaciones. La probabilidad de que sea cierta la generalización universal es, por tanto, un número finito dividido por un número infinito, lo cual sigue siendo cero por mucho que aumente el número finito de enunciados observacionales que constituyan la evidencia.

Posibles respuestas al problema de la inducción

Posibles vías de escape nos plantea Chalmers al problema de la inducción.

Tenemos por una parte la postura del escéptico. Si aceptamos que la ciencia se basa en la inducción y aceptamos como Hume demostró que la inducción no se puede justificar ni lógica ni experiencialmente, concluimos que la ciencia no se puede justificar de un modo racional. Hume era un escéptico.

Una segunda postura sería atenuar la exigencia inductivista de que todo el conocimiento no lógico se tenga que derivar de la experiencia y argumentar en favor del principio de inducción basándose en alguna otra razón. Sin embargo considerar que el principio de inducción, o algo parecido, es evidente no es aceptable. Porque lo que consideramos aceptable depende en gran medida de nuestra educación, nuestra cultura, nuestros prejuicios, etc…que se lo digan a Galileo.

Por último una tercera postura ante el problema de la inducción supondría la negación de que la ciencia se base en la inducción. Se evitará el problema de la inducción si se puede establecer que la ciencia no conlleva la inducción. Y esto es lo que intentaron hacer los falsacionistas, principalmente Popper, al que ya llegaremos.

¿Qué es eso llamado ciencia? Chalmers

Resumen del capítulo 2.

El problema de la inducción

El Inductivista Ingenuo

Publicado: 15 diciembre, 2011 en Ciencia, Filosofía
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Una opinión de sentido común ampliamente compartida sobre la ciencia

El conocimiento científico es conocimiento probado. Las teorías científicas se derivan de algún modo riguroso, de los hechos de la experiencia adquiridos mediante la observación y la experimentación. La ciencia es objetiva. El conocimiento científico es conocimiento fiable porque es conocimiento objetivamente probado.

Este tipo de enunciados resume la opinión popular sobre lo que es el conocimiento científico. El origen de esta opinión se encuentra en la revolución científica del siglo XVII, donde especímenes como Galileo y Newton lo pusieron todo patas arriba. Las fuerzas progresistas del siglo XVII llegaron a considerar errónea la preocupación de los filósofos de la naturaleza medievales por las obras de los antiguos, en especial Aristóteles, e incluso la Biblia, como fuentes de conocimiento científico. Estimulados por los éxitos de grandes experimentadores como los citados, consideraron cada vez más la experiencia como la fuente del conocimiento.

La concepción inductivista ingenua podría ser considerada como un intento de formalizar esta imagen popular de la ciencia.

Chalmers argumentará a lo largo de ¿Qué es eso llamado ciencia? que esta concepción de la ciencia, como la concepción popular a la que se asemeja, está completamente equivocada e incluso es peligrosamente engañosa.

El inductivismo ingenuo

Según el inductivista ingenuo, la ciencia comienza con la observación. Cualquier observador puede establecer o comprobar su verdad utilizando directamente sus sentidos.

Los enunciados singulares se refieren a un determinado acontecimiento o estado de cosas en un determinado lugar y en un momento determinado. Es evidente que todos los enunciados observacionales serán enunciados singulares.

Por otra parte, los enunciados generales se refieren a todos los acontecimientos de un determinado tipo en todos los lugares y en todos los tiempos. Todas las leyes y teorías que constituyen el conocimiento científico son afirmaciones generales de esa clase y a tales enunciados se les denomina enunciados universales.

Si la ciencia se basa en la experiencia, ¿por qué medios se pueden obtener de los enunciados singulares, que resultan de la observación, los enunciados generales que constituyen el conocimiento científico?

La respuesta inductivista es que, suponiendo que se den ciertas condiciones, es lícito generalizar, a partir de una lista finita de enunciados observacionales singulares, una ley universal. Las condiciones que deben satisfacer estas generalizaciones para que el inductivista las considere lícita:

  1. El número de enunciados observacionales que constituyan la base de una generalización debe ser grande
  2. Las observaciones se deben repetir en una amplia variedad de condiciones
  3. Ningún enunciado observacional aceptado debe entrar en contradicción con la ley universal derivada.

Evidentemente, las condiciones 1 y 2 son necesarias, la 3 es esencial.

El tipo de razonamiento analizado, que nos lleva de una lista finita de enunciados singulares a la justificación de un enunciado universal se denomina razonamiento inductivo, y el proceso se denomina inducción.

Según el inductivista ingenuo el conjunto del conocimiento científico se construye mediante la inducción a partir de la base segura que proporciona la observación.

Lógica y razonamiento deductivo

Una vez que un científico tiene a su disposición leyes y teorías universales puede extraer de ellas diversas consecuencias que le sirven como explicaciones y predicciones. Al tipo de razonamiento empleado se le denomina razonamiento deductivo.

El estudio del razonamiento deductivo constituye la disciplina de la lógica. Veamos un ejemplo:

PREMISA 1: Todos los libros de filosofía son aburridos

PREMISA 2: Este libro es un libro de filosofía

CONCLUSIÓN: Este libro es aburrido

Si P1 y P2 fueran verdaderas  y C falsa, ello supondría una contradicción. Esta es la característica clave de una deducción lógicamente válida. Si las premisas de una deducción lógicamente válida son verdaderas, entonces la conclusión debe ser verdadera.

Hagamos un pequeño cambio en el ejemplo anterior

PREMISA 1: Muchos  libros de filosofía son aburridos

PREMISA 2: Este libro es un libro de filosofía

CONCLUSIÓN: Este libro es aburrido

En este ejemplo, C no se sigue necesariamente de P1 y P2. Afirmar que P1 y P2 son verdaderas y C es falsa no supone una contradicción. El argumento no es válido.

La lógica y la deducción, por sí solas no pueden establecer la verdad de unos enunciados fácticos del tipo de los ejemplos. Lo único que la lógica puede ofrecer es que, si las premisas son verdaderas, entonces, la conclusión debe ser verdadera. Pero el hecho de que las premisas sean verdaderas o no no es una cuestión que se pueda resolver apelando a la lógica.

Para un inductivista, la fuente de la verdad  no es la lógica, sino la experiencia.

El encanto del inductivismo ingenuo

La concepción inductivista ingenua de la ciencia tiene ciertos méritos aparentes. Proporciona una explicación formalizada de algunas de las impresiones populares sobre el carácter de la ciencia, su poder explicatorio y predictivo, su objetividad y su superior fiabilidad en comparación con otras formas de conocimiento.

La objetividad de la ciencia inductivista se deriva del hecho de que tanto la observación como el razonamiento inductivo son objetivos en sí mismos. La validez de los enunciados observacionales, cuando se obtienen de manera correcta, no dependen del gusto, la opinión, las esperanzas o las expectativas del observador. Lo mismo se puede decir del razonamiento inductivo, mediante el cual se deriva el conocimiento científico a partir de los enunciados observacionales.

Los enunciados observacionales que forman la base de la ciencia son seguros y fiables porque su verdad se puede determinar haciendo uso directo de los sentidos. La fiabilidad se transmitirá a las leyes y teorías derivadas de ellos, siempre que se satisfagan las condiciones para una lícita inducción, lo cual queda garantizado por el principio de induccion que forma la base de la ciencia según el inductivista ingenuo.

Chalmers considera que la concepción inductivista ingenua de la ciencia está muy equivocada y es peligrosamente engañosa…ya iremos viendo cómo y porqué…

¿Qué es eso llamado ciencia? Chalmers

Resumen del capítulo 1.

El  inductivismo: la ciencia como conocimiento derivado de los hechos de la experiencia

Alan F. Chalmers realizó una valoración de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y sus métodos, y lo tituló ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Su objetivo fundamental era servir como introducción simple, clara y elemental, de los modernos puntos de vista sobre la naturaleza de la ciencia.

Con esta nueva serie que comienzo, trataré de resumir las ideas principales que Chalmers va aportando a lo largo de los diferentes capítulos que conforman su obra, bastante amena y divulgativa. Comenzando, por supuesto, por la introducción.

Chalmers comienza polémico. No hay ningún método que permita probar que las teorías científicas son verdaderas, ni siquiera probablemente verdaderas.

Algunos de los argumentos que apoyan la afirmación de que no es posible probar o refutar de manera concluyente las teorías científicas se basan en gran medida en consideraciones lógicas y filosóficas. Otros se basan en un análisis detallado de la historia de la ciencia y de las modernas teorías científicas. Las modernas tendencias en las teorías del método científico es la creciente atención prestada a la historia de la ciencia.

Una reacción ante la constatación de que las teorías científicas no pueden ser probadas o refutadas de manera concluyente y de que las reconstrucciones de los filósofos tienen poco que ver con lo que en realidad hace progresar a la ciencia consiste en renunicar completamente a la idea de que la ciencia es una actividad racional que actúa de acuerdo con unos métodos especiales.

Feyerabend se atrevió a decir que la ciencia no posee rasgos especiales que la hagan intrínsecamente superior a otras ramas del conocimiento, tales como mitos o vudú. La elección entre distintas teorías se reduce a una elección determinada por los valores y deseos subjetivos de los individuos.

Bacon fue uno de los primeros que intentaron articular el método de la ciencia moderna. Propuso que la finalidad de la ciencia es la mejora de la suerte del hombre en la tierra, y ésta se lograría recogiendo hechos a través de las observación organizada y derivando de ellos teorías. Desde entonces unos han modificado y mejorado la teoría de Bacon y otros se han opuesto a ella de una manera bastante radical.

El positivismo lógico fue una forma extrema de empirismo según la cual no sólo las teorías se justifican en la medida en que se pueden verificar apelando a los hechos concisos mediante la observación, sino que además se considera que sólo tienen significado en tanto se puedan derivar de este modo. Chalmers plantea dos aspectos problemáticos en el surgimiento del positivismo:

  • Se produjo en una época en que la física cuántica y la teoría de la relatividad imprimieron a la física un avance espectacular
  • Popper y Bachelard publicaron refutaciones muy concluyentes del positivismo, aunque esto no detuvo la marea que provocó, ya que sus obras pasaron prácticamente desapercibidas y sólo recientemente se les ha prestado la atención que merecen.

La idea que Chalmers plantea en ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? se podría resumir con el viejo dicho:

Comenzamos en la confusión y acabamos en una confusión de un nivel superior.

Iremos viendo cómo en los sucesivos capítulos. El siguiente estará dedicado al inductivista ingenuo.