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Introducción: el supermodelo de cobertura legal

Este modelo es un intento de capturar los rasgos característicos de las explicación científica, de una manera muy próxima a la idea pre-teórica que muchas personas no expertas pueden tener sobre la explicación científica.

Hace unos meses vimos que fue Aristóteles el que inventó la ciencia, más o menos. Nos tenemos que remontar hasta él para encontrar el origen del enfoque deductivo de la explicación científica.

Popper escribió en 1934 La lógica de la investigación científica, y en esta obra esbozaba las ideas básicas del modelo de cobertura legal. Pero fue unos años después, en un artículo  de 1948 titulado Studies in the logic of explanation escrito por Carl Hempel y Paul Oppenheim, donde podemos encontrar la primera formulación precisa de este modelo.
Hempel y Oppenheim sostuvieron que una explicación científica es un argumento en el cual las premisas (leyes y datos) explican un hecho (o una regularidad) descrito por la conclusión de ese argumento.

El modelo ofrecido por Hempel y Oppenheim pronto se transformó en todo un supermodelo. En sucesivas publicaciones Hempel fue profundizando su análisis hasta acabar en tres modelos de explicación, todos ellos aplicables tanto a explicaciones de hechos como a explicaciones de leyes científicas, que podían ser

  1. Nomológico-deductivas (N-D), que es el que veremos con más detalle. Nomos significa ley, y por lo tanto se trata de un modelo para deducir leyes universales
  2. Estadístico-deductivas (E-D), similar al esquema anterior pero con la diferencia de que lo que deducimos es una ley estadística, no universal
  3. Estadístico-inductivas (E-I), en este caso lo que hace el modelo es inducir leyes estadísticas.

La diferencia entre una ley universal y una ley estadística, es que en el caso de las segundas, las premisas apoyan a la conclusión con una probabilidad P (numero comprendido entre 0 y 1). En el caso de una ley universal, P siempre sería 1.

Lo que estos tres modelos tienen en común es que presentan las explicaciones científicas como argumentos en los que el enunciado que describe aquello que se desea explicar resulta de un razonamiento cuyas premisas están compuestas por leyes y datos.
El ahora célebre artículo de Hempel y Oppenheim, junto con sus numerosas secuelas debidas principalmente a Hempel, suscitó una cascada de críticas y tentativas de enmienda que se transformó rápidamente en la columna vertebral del debate sobre la explicación científica en el siglo XX y en la base de la noción de explicación científica propia del empirismo lógico en filosofía de la ciencia.

Aspectos coincidentes en los tres submodelos

De acuerdo a este supermodelo, toda explicación que pretenda ser sólida, debe presentar dos componentes teóricos fundamentales.

  • El explanandum, que Hempel lo define, como: “la oración que describe el fenómeno a explicar y no el fenómeno mismo”.
  • El explanans, por el cual entiende las clases de oraciones que se aducen para dilucidar el fenómeno. El explanans, a su vez, puede presentarse bajo dos formas:
    • como oraciones que formulan condiciones antecedentes específicas que se dan previas al fenómeno a explicar o,
    • como oraciones que expresan “leyes generales”.

Partiendo de estas definiciones, en los tres submodelos de cobertura legal se deben cumplir los siguientes requisitos:

  •  Adecuación lógica
    • El explanandum debe ser una consecuencia lógica del explanans. Ésta es la manera de satisfacer el requisito de pertinencia explicativa del explanans respecto del explanandum. En el caso de los submodelos estadísticos la conclusión no se deduce de las premisas: el explanans no implica lógicamente al explanandum, sólo le otorga una cierta probabilidad. Es decir, mientras la explicación nomológico-deductiva representa implicación lógica, la explicación estadística-inductiva significa una relación de sustento inductivo tal que el valor numérico particular de la variable P constituye la “fuerza” de ese apoyo.
    • El explanans debe contener leyes generales (universales o probabilísticas según el caso) que resulten necesarias para la derivación del explanandum.
    • El explanans debe poseer contenido empírico, es decir, debe ser posible someterlo a prueba empírica.
  •  Adecuación empírica
    •  Los enunciados del explanans deben ser verdaderos o, al menos, buenas aproximaciones a la verdad.

El modelo tradicional de explicación: Modelo Nomológico-Deductivo de Hempel

El esquema de explicación “deductivo-nomológico” (nomos = ley), ha sido uno de los modelos que más influencia ha tenido en las distintas disciplinas científicas.

Para Hempel, uno de los objetivos fundamentales de toda empresa científica es la de explicar los fenómenos del mundo físico, pero no con el objetivo de descubrir ningún hecho concreto, sino para alcanzar una comprensión explicativa. Además, toda explicación que pretenda ser considerada científica debe proporcionar siempre una sólida comprensión del mundo, que mantenga una relación lógica con nuestra experiencia y que, al mismo tiempo, sea susceptible de contrastación empírica.

En su obra, “Filosofía de la ciencia natural” (1977), menciona dos requisitos epistémicos que, a su modo de ver, son fundamentales en todas aquellas explicaciones científicamente adecuadas.

  • Requisito de relevancia explicativa, en el que toda la información que se proporciona es para tener una buena base para poder creer que el fenómeno que se trata de explicar tuvo o tiene lugar.
  • Requisito de contrastabilidad, donde los enunciados que constituyen una explicación científica deben ser susceptibles de contrastación empírica.

Si bien Hempel reconoce que ambos requisitos están íntimamente relacionados, sólo considera como necesario para toda explicación científica el primero.

Hempel, resume las características de su modelo de explicación en el siguiente esquema:

El fenómeno explicado puede describir un evento que ocurre en un lugar o en un tiempo determinado. O, puede reflejar alguna regularidad general expresada en una ley empírica que suscita la pregunta ¿por qué ocurre tal evento? A la pregunta, por ejemplo, ¿por qué los cuerpos en caída libre se mueven de acuerdo con la ley de Galileo? o ¿por qué el movimiento de los planetas presenta las uniformidades mencionadas por la ley de Kepler?, se responderá en base a principios teóricos que se refieren a estructuras y procesos que subyacen a las uniformidades en cuestión. Así, la respuesta asume la forma de un razonamiento deductivo, que subsume la regularidad a explicar bajo leyes más inclusivas o principios teóricos.

De esta manera, el esquema nomológico-deductivo satisface el requisito de relevancia explicativa, en cuanto que la información explicativa que proporciona, implica deductivamente el enunciado explanans, ofreciendo así una base lógica concluyente para esperar que se produzca el fenómeno explanandum. Pero, al mismo tiempo, cumple con el requisito de contrastabilidad, ya que el explanans implica que, dadas las condiciones específicas, se producirá el fenómeno explanandum.

Descomponiendo la explicación nomológica-deductiva:

La explicación de un enunciado (E) está integrada por dos tipos de enunciados:

  1. las condiciones antecedentes (C) que describen las circunstancias iniciales en las que se produce el enunciado
  2. las leyes generales (L) que explican el enunciado.

Los antecedentes y las leyes funcionan como premisas de una inferencia deductiva cuya conclusión es el enunciado. El esquema de explicación deductiva sería por tanto:

  • L1,L2,…Ln: Explanans (lo que explica), conjunto de enunciados, integrado por una o más leyes científicas y por las condiciones iniciales. Las leyes que lo componen se llaman enunciados legales.
  • C1,C2,…Cn y E: Explanandum (lo explicado), puede describir un acontecimiento que ocurre en un lugar y un tiempo determinados o puede expresar una regularidad general que suscita la pregunta de por qué ocurre.Describe el fenómeno a explicar

En la explicación nomológica-deductiva, la ocurrencia del fenómeno que se pretende explicar puede afirmarse con certeza a partir del conocimiento de las leyes universales y demás condiciones relevantes. Se deduce el explanandum del explanans. Pretende demostrar que el hecho obedece a determinadas leyes. Puede aplicarse tanto a hechos como a leyes:

  • Explicación de hechos o sucesos singulares:
    • Explanandum: enunciado que describe el hecho a explicar.
    • Explanans: Condiciones iniciales (singulares) y leyes.
  • Explicación de leyes o regularidades generales:
    • Explanandum: Ley a ser explicada
    • Explanans: Sólo leyes

Las condiciones de adecuación que deben cumplirse serían:

  1. El explanandum debe ser consecuencia lógica del explanans.
  2. El explanans debe contener las leyes generales.
  3. El explanans debe tener contenido empírico.
  4. Los enunciados que componen el explanans deben ser verdaderos.

Las 3 primeras son de carácter lógico, mientras que la 4 es de carácter empírico

Hempel considera que el tipo de explicación nomológica-deductiva es la fundamental, las otras formas de explicación serán pertinentes en la medida en que se aproximen a ella.

El concepto de explicación deductivo-nomológica

El modelo deductivo nomológico tiene como requisito fundamental la existencia de una ley natural verdadera. Sin esta ley el sistema cae directo al suelo, ya que es imposible derivar conjetura o predicción alguna. La generación de hipótesis universales hay que entenderla como una conjetura, un salto al vacío que podrá desconfirmarse o no, pero que no proviene enteramente de la experiencia, sino más bien del sujeto.

Lo único de lo cual puedes estar seguro es que las leyes universales tienen características bien definidas: universales y con un alto grado de confirmación. El modelo nomológico deductivo asegura solamente que “si tus premisas son verdaderas -la ley, las condiciones iniciales-, la conclusión también lo será-la explicación-“

En la meta-observación de cómo se explica un fenómeno realizada desde el enfoque del Empirismo Lógico, se pasa totalmente por alto el análisis de las condiciones que posibilitan la constitución de la experiencia.

Este problema esencial ya fue planteado por Kant, pero recurriendo a elementos aprióricos, es decir, las “categorías”, independientes de la misma experiencia y que se hallan en la misma capacidad cognoscitiva del observador.

Al dejar de lado la observación de las condiciones (en la estructura misma cognoscitiva del observador) que posibilitan en el observador científico llegar a explicar ciertos fenómenos, el problema se desplaza al examen del mismo proceso sobre enunciados y formulaciones: las de la ley natural que se considera da razón de los fenómenos, y las del mismo proceso de inferencia desde dicha ley a los fenómenos que habrá que comprender como casos de aplicación de la ley.

Es decir, el problema de la explicación científica se plantea al nivel de observación del lenguaje y lógica dominante en los enunciados científicos: el que una presunta ley natural sea considerada como la razón de que se den ciertos fenómenos. Esto requiere que la cuestión de la validez de la explicación científica sea contestada desde el punto de vista o marco de referencia orientada al lenguaje (científico), las condiciones para que aceptar que una ley natural sea o no aceptable como razón de la existencia de ciertos fenómenos. O lo que es lo mismo: el razonamiento metateórico realiza un examen de las condiciones, en los mismos enunciados de leyes, o en las inferencias desde esos enunciados universales a los particulares (el caso en que se aplica la ley) para que una explicación (como conjunto de enunciados en relaciones internas que permiten pasar de unos a otros) sea o no aceptable.

Esta esquematización de lo que es el explicar científicamente es estructurada en forma de una inferencia o conclusión lógica (a partir de unas premisas, siguiendo unas reglas lógicas, se llega a una conclusión).

Las premisas constan de enunciados singulares, los llamados datos antecedentes (que indican las circunstancias que se dan) y de enunciados universales (hipótesis sobre leyes naturales). La conclusión inferida describe el fenómeno o evento que se deseaba explicar como causado por esas leyes. La explicación hallada se denomina explicación causal porque las premisas a partir de las que se realiza la inferencia están constituídas por las llamadas leyes causales.

Los datos antecedentes son también causa del hecho a explicar. Aquí debe notarse que en este modo de explicación el campo de fenómenos observados se reduce al de la experiencia científica, es decir, la experiencia realizada primariamente en el mundo físico. Si se realiza una experiencia sobre fenómenos, por ejemplo, sociales o psicológicos, se presupone deberán poder ser observados con la misma óptica o métodos empleados en el análisis de fenomenos materiales.

En el caso más normal, donde serán posibles varias leyes que explicarán la aparición de un evento, el esquema sería así:

A1, A2, ……. Ak (condiciones antecedentes)

G1, G2, ……… Gn (leyes naturales)

____________ inferencia lógica

E Explanandum

El explanans está constituido por el conjunto de las condiciones iniciales y por las leyes. El explanandum se deduce, según las reglas de la lógica, a partir del explanans.

Para poder distinguir una explicación auténtica de una sólo aparente, Hempel y Oppenheim imponen ciertas exigencias a las condiciones de adecuación: junto a la exigencia de una corrección formal en la operación de inferir la conclusión, se pide:

  • que el argumento que lleva del explanans al explanandum se estructure con correccion lógica;
  • que el explanans debe contener, por lo menos, una ley válida generalmente (o debe contener un enunciado del que se siga lógicamente una ley universal) y que tal ley sea utilizable en la deducción de la conclusión o explanandum;
  • que las leyes del explanans tengan un contenido empírico (o lo que es lo mismo, que sean sometibles a prueba mediante experimento u observación);
  • que todas las afirmaciones del explanans sean verdaderas o estén verificadas.

Si se cumplen estas condiciones, Hempel y Oppenheim dicen que se evitarán consecuencias como las de que afirmar ciertas explicaciones en un estadio del desarrollo científico que en otro posterior deberán ser negadas. Es decir, se evitará afirmar sucesivamente la corrección o falsedad de una misma hipótesis.

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Necesitamos explicar las cosas

Si hay un rasgo que caracterice a nuestro mundo tal como lo conocemos, es sin duda, la interminable sucesión de fenómenos. Y si hay un rasgo que caracterice al ser humano es su curiosidad innata por encontrar explicaciones a dichos fenómenos. Necesidad existencial podría decirse, ya que dedicamos gran parte de nuestra vida en tratar de comprender lo que nos rodea y encontrar respuestas que satisfagan nuestra marcada tendencia a darle sentido a todo.

Pero no sólo se trata de curiosidad, sino también de supervivencia. Controlando el entorno es como hemos conseguido nuestro status en la cúspide de la piramide de la evolución biológica. Pronosticando los fenómenos y tratando de controlarlos hemos conseguido grados de adaptabilidad inauditos para el resto de especies.

La Ciencia no sólo describe, explica

La formulación de leyes y teorías científicas es lo más adecuado a la hora de prever eventos naturales y controlarlos. De esta manera, la ciencia dispone de métodos sistemáticos, muy sofisticados, que permiten por medio de clasificaciones y generalizaciones, describir los diversos aspectos de los fenómenos naturales, para así, poder explicarlos.

Una manera de comprender estos métodos utilizados por la ciencia, ha sido concebirlos como modos de dar respuestas a cierta clase de preguntas sobre los fenómenos. Pero, las respuestas a estas preguntas, sólo adquieren el rango de leyes si logran alcanzar cierto grado de generalidad y precisión.

Sin embargo, las ciencias no se conforman con sólo describir fenómenos y establecer leyes a partir de ciertas generalidades. En su incesante búsqueda de respuestas, tratan también de responder a la pregunta del porqué esos fenómenos son lo que son y por qué se dan o pueden darse ciertos sucesos.

En nuestro día a día encontramos diferentes intenciones significativas. Desde la narración descriptiva de hechos, a la distinción o elucidación de conceptos, pasando por el adiestramiento. Y aunque en nuestra vida cotidiana describir y explicar pueden ser conceptos intercambiables en la mayoría de las ocasiones, debe quedar claro que para la ciencia, describir y explicar son conceptos claramente diferenciados.

  • Describir es responder a la pregunta acerca de cómo es algo,
  • Explicar es responder a la pregunta acerca de por qué algo es como es.

En esta búsqueda de explicaciones sistemáticas, la ciencia, específicamente la desarrollada en las primeras décadas del siglo XX, trata de eliminar toda forma de indeterminación del lenguaje corriente, sometiéndolo a rigurosas modificaciones para aumentar la especificidad de sus expresiones lingüísticas. El propósito de esta precisión en el lenguaje es que los enunciados científicos sean susceptibles de ser sometidos a pruebas a través de la experiencia.

Destripando la explicación

Distinguimos tres tipos principales de explicación, atendiendo a los hechos que describe:

  • Si se trata de hechos particulares, tendremos dos tipos de explicación
    • Determinista (EDP)
    • Indeterminista (EIP)
  • Si se trata de hechos universales, las explicaciones se llaman generales (EG) o leyes

Analizando en más profundidad el concepto de explicación podemos identificar los siguientes componentes:

  • Explanandum (Exm), aquello que requiere una explicación
  • Explanans(Exs), aquello que proporciona la explicación.
  • Relación Explicativa (EXP), la que se establece entre Exm y Exs en virtud de la cual Exs explica Exm
  • Análisis (Exs EXP Exm),especificar qué son Exm, Exs y EXP en cada uno de los tres casos EDP, EIP, y EG de modo que
    •  (i) se muestre qué hay en común y qué hay de diferente,
    • (ii) coincidan con los casos paradigmático.

Es decir, toda explicación está formada por un   explanandum (enunciado relativo a un hecho). y un explanans (leyes, condiciones factuales).

Para que una explicación sea científica…

No obstante, a pesar del incesante deseo de hallar respuestas satisfactorias al flujo continuo de eventos, no todas las respuestas relacionadas con la pregunta ¿por qué? alcanzan siempre rango de cientificidad. Si bien una explicación es una posible respuesta a una pregunta del tipo ¿por qué? no todos los modos de responderla siguen siempre el mismo patrón, ni todas las preguntas de este tipo poseen el mismo sentido.

Esto llevó a los positivistas lógicos a intentar reducir los diferentes modelos de explicación a un modelo común que pudiera ser utilizado en todas las ciencias. El término “explicación” quedó restringido, desde esta perspectiva, a la simple explicación del “por qué” de los hechos; considerándose sólo como explicación científica aquella que busca su marco y conceptos de referencia únicamente en las relaciones causales. En otras palabras, toda explicación debía dejar claro por qué, dada ciertas condiciones antecedentes, se podría haber esperado que ocurriese el acontecimiento a explicar.

De esta manera, la forma científica de toda explicación quedó estructurada en relación a los por qué (razones o causas), que permiten entender el modo como se concibe un evento, es decir, el establecimiento de inferencias causales o de pronósticos que permitan la predicción de sucesos por estar referidos al cumplimiento de leyes. La tarea de la ciencia, desde este punto de vista, estaría limitada a explicar los fenómenos sobre la base de leyes de la naturaleza que traduzcan un orden necesario de las cosas y por tanto, que sean algo más que contingentemente verdaderas.

Las leyes explican así nuestra experiencia en virtud de que la ordenan refiriéndola a instancias particulares de principios generales que permiten establecer un orden explicativo y predictivo entre los complejísimos datos de nuestra experiencia, es decir, los fenómenos del mundo. Al proporcionar, de esta manera, razones, generalizaciones o postulados universales en que los casos particulares logran explicarse, las leyes se convierten en un elemento esencial en toda explicación científica.

Sin embargo, en esta búsqueda de principios generales (leyes), no todas las ciencias presentan un cuadro altamente integrado de explicación sistemática. Si bien para algunas disciplinas científicas el desideratum de tal sistematización rigurosa continua siendo un ideal, la necesidad de organizar y clasificar el conocimiento sobre la base de principios explicativos se mantiene como una constante en cada una de estas disciplinas. A pesar de los intentos por reducir el acto de explicación a un patrón metodológico único, susceptible de ser aplicado en todas las ciencias; empieza a percibirse en la filosofía de la ciencia contemporánea una tendencia a rechazar el formalismo y los rigurosos esquemas sobre los cuales se erigieron estos modelos.

El problema de la explicación en la Ciencia

Desde 1948, cuando Hempel y Oppenheim publicaron su famoso artículo Studies in the logic of explanation, han aparecidos varios modelos de explicación científica. Sin embargo, cada uno ha tenido sus dificultades en proporcionar instrucciones científicas universales que sean necesarias y suficientes a la hora de evaluar una explicación.

Pero, a pesar de estos fallidos intentos, las distintas teorías que se han elaborado acerca de la explicación científica, siguen enfrentándose ante la misma problemática: la cuestión de si existe un modelo de explicación que pueda ser compartido por todas las ciencias o si, por el contrario, los criterios de evaluación de una explicación deben ser elaborados de acuerdo a la naturaleza de cada disciplina científica.

Para algunos filósofos de la ciencia (Hempel, Nagel, Wright, Popper), la naturaleza misma de ciertas disciplinas científicas impide compartir con otras sus modelos especiales de dar explicaciones.

  • En el caso de la Psicología y la Historia, por ejemplo, en la medida que sus explicaciones van dirigidas hacia actos humanos intencionales, no pueden dejar de hacer referencia a los fines que tales actos persiguen.
  • De igual modo, sucede en la Biología, en la que se tiende a explicar los fenómenos biológicos en términos de funciones o finalidades.
  • Todo esto contrasta con lo que ocurre en ciencias como la Física o la Química, cuyos paradigmas son defendidos por aquellos que abogan a favor de un modelo de explicación único para todas las ciencias.

Tipos de explicación

Sin embargo, el modo como se ha desarrollado el debate hasta hoy, pareciera darle la razón a aquellos que piensan que es imposible desarrollar un modelo único de explicación que pueda ser aplicado a todas las ciencias.

En este sentido, uno de los modelos que más influencia ha tenido en los esquemas de explicación que hoy día siguen siendo utilizados en las diversas disciplinas científicas, es sin duda, el modelo nomológico-deductivo propuesto por Hempel, del que hablaremos con detalle en la siguiente entrada.

La rigurosidad del análisis propuesto por este modelo, animó a muchos filósofos de la ciencia a reducir a los mismos esquemas básicos, diferentes tipos de explicación presentes en las distintas disciplinas científicas.

Pero, algunos pensadores han puesto en duda la viabilidad de esta propuesta. La pretensión de extender el modelo nomológico-deductivo al campo de las ciencias sociales o humanas, ha generado una reacción tal, que se duda, incluso, de que este modelo pueda dar cuenta siquiera del concepto de explicación en el ámbito de las ciencias fácticas.

Una de esas voces contrarias es la de Bas Van Fraassen, quien arguye que en el debate sobre la explicación científica, no se ha logrado encontrar una solución al problema debido al permanente rechazo que se le ha dado a los aspectos pragmáticos (como deseos o intenciones) que giran en torno a toda explicación. La tesis principal de Van Fraseen es que toda explicación sólo surge en función a un determinado contexto y que este contexto es el que determina finalmente los aspectos que han de considerarse a la hora de evaluar una explicación. La explicación pasa, de esta manera, de una simple relación entre el hecho a explicar y el conjunto de conocimientos que pueden explicarlo, a una interpretación entre los hechos, la teoría y el contexto.

Con el fin de entender este complicado panorama, en las sucesivas entradas trataremos de describir en mayor detalle los diferentes modelos de explicación científica, que se pueden agrupar en tres grandes grupos:

  • Modelo epistémico. Parte de las ideas Aristotélicas de que las explicaciones son argumentos. Ejemplos de explicaciones incluidas en este modelo serían:
    • Modelo de cobertura legal de Hempel, en el que se incluyen a su vez tres submodelos
      • Explicación nomológico-deductiva, donde un hecho queda explicado cuando puede derivarse de la aplicación de una ley
      • Explicación estadístico-deductiva
      • Explicación estadístico-inductiva
    • Explicación por unificación, desarrollado por Friedman e impulsado por Kitcher
  • Modelo óntico, donde una explicación consiste en mostrar cómo el hecho que se desea explicar se ajusta a la estructura causal del mundo. Dentro de este modelo se incluirían explicaciones del tipo
    • Explicación Causal, desarrollada por Salmon
    • Las diferentes explicaciones Mecanicistas o Intencionales, como las de Bunge o Bechtel
    • Explicación Funcional, también denominada Teleológica, porque responde a la pregunta ¿para qué?, es decir, se centra en descubrir la finalidad que persigue un hecho
  • Modelo pragmático, que parte de la idea de que las explicaciones responden a preguntas cuyo sentido está condicionado por el contexto pragmático en el que se formula la pregunta. Achinstein y Van Fraassen son sus dos representantes de mayor renombre

Iremos entrando en detalle de las particularidades de cada modelo.

Referencias

Para la confección de esta entrada y las siguientes relacionadas con la explicación científica se ha utilizado las siguientes fuentes:

  • Studies in the Logic of Explanation Carl G. Hempel; Paul Oppenheim Philosophy of Science, Vol. 15, No. 2. (Apr., 1948), pp. 135-175.
  • Hempel  La explicación Científica
  • EP. Achinstein, La Naturaleza de la Explicación, FCE, 1989.
  • CHIRINOS BOSSIO, Ricardo. El problema de la explicación en la ciencia: Las explicaciones causales en Bas Van Fraassen. Opcion, ago. 2007, vol.23, no.53, p.140-155. ISSN 1012-1587.
  • Apuntes para la asignatura de Filosofía de la Ciencia de la UNED preparados por el Catedrático J. C. Armero
  • Esquema deductivo-nomológico o de explicación causal. Prof. Dr. José Rodríguez de Rivera. Dpto. Ciencias Empresariales. Universidad de Alcala
  • http://www.altillo.com

Hasta llegar a la concepción semántica

Podríamos establecer tres etapas principales en el desarrollo de la filosofía de la ciencia. En cada uno de estos períodos prevalece una determinada concepción de la naturaleza y estructura de las teorías científicas.

  • Período clásico, hasta finales de los años sesenta. Durante este periodo se establece la llamada Concepción Heredada, representado por autores como Carnap, Reichenbach, Popper, Hempel, Nagel, etc. Su tarea fundamental es reconstruir la estructura lógica de las teorías científicas de acuerdo con el ideal de la unidad de la ciencia. Se trata de una concepción axiomática, las teorías como sistemas axiomáticos empíricamente interpretados, característica del movimiento del empirismo lógico. Sus componentes básicos son:
    • el método de reconstrucción axiomática de las teorías científicas en el marco del lenguaje formal de la lógica (predominantemente de la lógica clásica),
    • la distinción en los lenguajes de la teoría empírica entre términos (y enunciados) teóricos y términos (y enunciados) observacionales,
    • el conjunto de tesis epistemológicas (fenomenalismo, empirismo, etc.) con las que se intenta resolver el problema de las relaciones entre el lenguaje de las teorías y la realidad a la que se refieren.
  • Período historicista o pos-analítico. Iniciado en los sesenta y dominante durante los setenta y principios de los ochenta. Autores representativos son Hanson, Kuhn, Lakatos, Feyerabend, etc. Se trata de una concepción donde se ven las teorías como proyectos de investigación. Pone de relieve una serie de características del enfoque clásico que ahora son vistas como limitaciones del mismo: la reducción de las teorías científicas a entidades lingüísticas y  la problemática metacientífica al llamado contexto de justificación. La ciencia aparece como una empresa compleja, no reducible a su dimensión estrictamente lingüística (que, sin embargo, no se niega), sino inserta en el resto de la cultura y de las actividades sociales, y dotada de un carácter esencialmente dinámico y autotransformador. Adquiere una importancia especial el problema del cambio de significado de los términos y proposiciones científicas a lo largo del desarrollo de la ciencia. El reto que plantean las teorías de Kuhn y Feyerabend a la filosofía de la ciencia, y que comparten con autores como Hanson, Toulmin, y el último Lakatos, es el reto de la propia racionalidad del cambio científico y, paralelamente, el del estatuto filosófico de la propia teoría de la ciencia.
  • Período semanticista. A finales de los setenta y en los ochenta, aunque algunas versiones venían desarrollándose desde bastante antes, se extiende y acaba imponiéndose en general una nueva caracterización de las teorías científicas que se ha denominado Concepción Semántica de las Teorías. En realidad no se trata de una única concepción sino de una familia de ellas que comparten algunos elementos generales relativamente unitarios en comparación con las caracterizaciones de la Concepción Heredada. A esta familia pertenecen, entre otros:
    • Suppes, su pionero en los cincuenta, y su escuela de Stanford, anticipando las ideas y métodos conjuntistas y probabilistas;
    • Van Fraassen (concepción espacio de estados), Giere y Suppe en EEUU; Van Fraassen en concreto ha aportado su conocida concepción semántica de las teorías, que ha aplicado al análisis de la mecánica cuántica. Mosterin y Torreti han hecho también contribuciones en esta dirección. 
    • La concepción estructuralista (o concepción no enunciativa) de las teorías, iniciada en EEUU por Sneed y desarrollada en Europa, principalmente, por Stegmüller, Moulines y Balzer. Las teorías no son colecciones de proposiciones ni de enunciados, sino que más bien son entidades extralingüísticas que pueden ser caracterizadas o descritas por medio de formulaciones lingüísticas diferentes.

Las dos primeras concepciones, clásica e historicista, son familiares a filósofos y científicos desde hace algún tiempo. La concepción semántica, aunque es más moderna, puede contemplarse ya con suficiente perspectiva histórica.

El efecto de la irrupción historicista fue doble. Por un lado, la mayoría de los filósofos de la ciencia, sensibles a esta nueva perspectiva concluyeron que la complejidad y riqueza de los elementos involucrados en ella escapa a cualquier intento de formalización. No sólo las formalizaciones al estilo de la Concepción Heredada son totalmente inadecuadas para expresar estas entidades en toda su complejidad, sino que no parece razonable esperar que cualquier otro procedimiento de análisis formal pueda capturar los elementos mínimos de esta nueva caracterización.

Esta es la moraleja antiformalista que se extendió en muchos ambientes metacientíficos tras la revuelta historicista. Como consecuencia, a la estela de estos filósofos se desarrolla toda una rama de los science studies (con importantes, aunque puntuales, antecedentes antes de los sesenta) que se centra en el estudio de los determinantes sociales de la ciencia apoyándose en una considerable investigación empírica.

Esta línea de investigación culmina con el asentamiento durante los ochenta de la sociología de la ciencia como disciplina. Esta no fue sin embargo la reacción en toda la comunidad metacientífica. Asimiladas las contribuciones incuestionables de los historicistas y expurgados sus principales excesos, se recupera durante los setenta la confianza en la viabilidad de los análisis formales o semiformales de la ciencia, al menos en algunos de sus ámbitos, entre ellos el relativo a la naturaleza de las teorías.

Enfoque sintáctico versus enfoque semántico

El enfoque semántico apuesta porque las teorías científicas quedan mejor comprendidas como conjuntos de modelos en el sentido matemático abstracto, que como conjunto de enunciados. Esta observación no demuestra, desde luego, que no se pueda obtener una comprensión adecuada de las teorías a partir del análisis de las formulaciones lingüísticas de las mismas, pero indica que es probable que un enfoque semejante produzca una imagen distorsionada de la naturaleza de las teorías científicas.

En este sentido, es evidente que los enfoques semánticos, no sólo sintácticos, a la hora de analizar teorías constituyen una alternativa válida a la de la Concepción Heredada y a la de los análisis weltanschauungísticos (como por ejemplo los de Kuhn y Lakatos) que se quedan en la mera formulación lingüística.

A la Concepción Heredada, que veía la teoría empírica como conjunto de enunciados, Van Fraassen la denominó enfoque sintáctico-axiomático, en contraposición al enfoque semántico.

Dentro del enfoque sintáctico las teorías científicas se conciben como cálculos formales o sistemas formales axiomáticos parcialmente interpretados mediante reglas de correspondencia que relacionan los términos teóricos con los términos observacionales.

La principal dificultad a la que se enfrenta el enfoque sintáctico es su dependencia lingüística, en la implicación que establece al afirmar que las teorías son entidades lingüísticas. En ellas todo cálculo formal está asociado con un sistema sintáctico, se encuentra bajo el yugo de la sintaxis de un lenguaje.

En la práctica científica, está claro que se puede tener dos formulaciones de una misma teoría. Si nos atenemos al enfoque sintáctico, hablar de dos formulaciones diferentes implica hablar de sintaxis diferentes y dos formulaciones en este enfoque significa dos teorías distintas. Así, por ejemplo, desde el enfoque sintáctico las formulaciones lagrangiana y hamiltoniana de la mecánica clásica de partículas contarían como dos teorías distintas.

El enfoque semántico supera esta deficiencia asimilando una teoría con una entidad no lingüística, con un conjunto de modelos. Esta sería la concepción semántica estándar de Suppes.

Una figura clave y significativa de este enfoque semántico es, por tanto,  la de Patrick Suppes. A él se debe la idea de sustituir la axiomatización de una teoría mediante un sistema formal, al que luego se le busca una interpretación adecuada, por la definición semiformalizada de un predicado conjuntista.

La discusión en torno al uso de modelos en las ciencias empíricas encuentra también en Suppes una posición característica: aquella que consiste en considerar tanto los sistemas físicos idealizados de los que se ocupan las teorías científicas, cuanto los sistemas de datos que sirven para su comprobación y contrastación, como modelos de estructuras abstractas definidas conjuntistamente.

Enfoque estructuralista

En filosofía de la ciencia se conoce como Estructuralismo al programa de reconstrucción de las teorías físicas propuesto por Sneed y reelaborado y divulgado por Stegmüller y Moulines. El estructuralismo establece una síntesis del aparato formal de Suppes, del racionalismo crítico y del positivismo lógico con la corriente historicista de la ciencia.

Moulines propone una definición recursiva de la filosofía de la ciencia como teorización sobre teorizaciones, cuya epistemología no es descriptiva, ni prescriptiva, sino interpretativa. Las teorías de la ciencia son construcciones culturales, pero ello no implica que la filosofía de la ciencia sea sustituida por una sociología de la ciencia. Para Moulines, el estructuralismo es esencialmente una teoría acerca de las teorías científicas, acerca de su identidad, estructura, relaciones mutuas y evolución.

Dos son las obras claves del estructuralismo: “An Architectonic for Science” de Balzer, y “Logical Structure of Mathematical Physics” de Sneed, libro que va a constituir sin duda un hito fundamental en la evolución de la actual filosofía de la ciencia.

El objetivo de esta obra es proporcionar un método de análisis de las teorías científicas alternativo al punto de vista tradicional de los herederos del Círculo de Viena y dentro de un espíritu común a los partidarios del enfoque semántico. Aunque escrito solamente con la pretensión de que el sistema interpretativo valga para las teorías altamente formalizadas de la física matemática (el material real de cuyo análisis se ocupa es la mecánica clásica de partículas según la axiomatización de McKinsey, Sugar y Suppes), las ideas que desarrolla parecen generalizables a otros tipos de ciencias.

El último capítulo dedicado a la dinámica de las teorías científicas constituye un intento de respuesta a los problemas planteados por la nueva filosofía de la ciencia, especialmente por Kuhn, a propósito del cambio científico. No es extraño, pues, que el mismo Kuhn reconozca que con el aparato analítico de Sneed se puede por fin decir de manera precisa lo que él mismo expuso en términos fundamentalmente intuitivos.

La idea de que el formalismo de Sneed constituye el nuevo marco de referencia obligado para tratar filosóficamente el problema de la estructura y el cambio de las teorías científicas debe su difusión a la insistencia con que Stegmüller la ha desarrollado.

La idea fundamental de este nuevo enfoque de la filosofía de la ciencia se puede enunciar así: una teoría científica consta de dos componentes principales, un núcleo K y conjunto I de aplicaciones propuestas (intended) de la teoría. K es una estructura matemática; I es el conjunto de sistemas que constituyen modelos de K.

Analizar una teoría científica es poner de manifiesto su estructura matemática o núcleo estructural, así como localizar el conjunto de sus aplicaciones. De esta manera se combinan en la teoría de la ciencia el análisis formal y la tarea histórico-pragmática de localizar las aplicaciones paradigmáticas que constituyen un componente esencial de la teoría.

El análisis de Sneed permite distinguir claramente entre las proposiciones que figuran en la exposición o el uso de una teoría y la teoría misma. Una teoría es un compuesto de un núcleo estructural abstracto más un conjunto de pretendidas aplicaciones de ese núcleo a sistemas físicos.

La propuesta de Sneed es relativizar el término teórico, transformándolo en «teórico para una teoría T dada»; es decir no se hablará de términos teóricos frente a términos observacionales, sino simplemente de términos «T-teóricos» o teóricos en relación con la teoría T, y de términos «no T-teóricos» es decir no teóricos en relación con la teoría T.

La definición que se propone para T-teórico es esta: una función f se considera teórica respecto a una teoría T (T-teórica) si la determinación de los valores de f supone la validez de la teoría T.

Esta definición de teoricidad pone de manifiesto el problema básico que plantea la presencia de términos teóricos: si el valor de una afirmación empírica en que aparece un término T-teórico depende de la validez de la teoría y ésta sólo se puede establecer estableciendo la validez de sus afirmaciones empíricas estamos condenados al círculo vicioso, o al regreso al infinito.

Desde el momento en que una teoría no es equivalente al conjunto de sus afirmaciones empíricas, sino que es una estructura abstracta más, un conjunto de aplicaciones históricamente dadas, no se puede hablar propiamente de refutación de una teoría (en realidad de un núcleo teórico o paradigma).

Esto no implica, sin embargo, conceptualizar la labor del científico normal como una tarea acrítica: el científico en un período normal es perfectamente racional dentro de su paradigma cuando trata de encontrar expansiones del núcleo de su teoría y del conjunto I de sus aplicaciones.

Desde este punto de vista es posible el progreso científico dentro de un paradigma como una forma de progreso «normal».

El desarrollo normal de una teoría consiste en la expansión de su núcleo mediante leyes específicas y la expansión del conjunto de las aplicaciones; en tal caso se puede hablar de un progreso científico en el seno de un mismo paradigma en el sentido de Kuhn o de un mismo programa de investigación en el sentido de Lakatos.

Las revoluciones científicas de que habla Kuhn pueden entenderse como progresos científicos si la teoría desplazada se puede reducir a la nueva teoría. Se puede hablar así no de progreso absoluto y acumulativo de la ciencia sino de un progreso relativo a una determinada línea de desarrollo.

En todo caso, en la operación de desplazamiento de teorías puede haber un componente práctico (o pragmático) cuya caracterización tendría que ver más con la lógica de la decisión que con la de la racionalidad teórica. Una de las aportaciones más significativas de este enfoque de la estructura de las teorías científicas consiste en haber puesto de relieve lo que podríamos llamar el aspecto constructivista de la teorización científica.

Inventar una teoría es construir una estructura y proponer un conjunto de aplicaciones. Sneed tiene el mérito evidente, señalado por todos, de haber proporcionado instrumentos analíticos poderosos para dilucidar los aspectos lógicos presentes en la historia del desarrollo científico, hasta el punto de que hoy puede parecer anticuada la pregunta del debate entre Kuhn y Popper.

 Tenemos que decir, sin embargo, que no es ésta la única manera de superar los planteamientos analíticos clásicos ni de integrar las aportaciones de la filosofía postanalítica de la ciencia.

Lakatos fue discípulo de Kuhn y de Popper. Ahí es nada. Intentó adaptar el sistema de Popper a la nueva situación creada por Kuhn. Su intención era crear una reconstrucción racional de la historia de la ciencia, mostrando que ésta progresaba de modo racional.

La historia de la ciencia muestra que ésta no avanza sólo falsando las teorías con los hechos, hay que tener en cuenta la competencia entre teorías y la confirmación de teorías. Por ello sustituye el falsacionismo ingenuo de Popper por un falsacionismo sofisticado.

Por si no te suena o por si te interesa, en estos enlaces puedes encontrar información adicional relacionadas con el falsacionismo:

En la realidad la ciencia no evalúa una teoría aislada, sino un conjunto de ellas que conforman lo que Lakatos llama “programa de investigación científica”. Un programa de investigación se rechaza al completo cuando se disponga de un sustituto superior, que explique todo lo que explicaba el anterior, más otros hechos adicionales. Lakatos reconoce que la dificultad de este esquema radica en que, en la práctica, puede costar años llevarlo a cabo, o incluso ser inaplicable en programas de investigación muy complejos.

El concepto central de Lakatos es por tanto el de Programa de Investigación: “es una estructura que sirve de guía a la futura investigación tanto de modo positivo como negativo”.

La heurística negativa de un programa conlleva la estipulación de que no se pueden rechazar ni modificar los supuestos básicos subyacentes al programa, su núcleo central. Está protegido de la falsación mediante un cinturón protector de hipótesis auxiliares, condiciones iniciales, etc.

La heurística positiva está compuesta por líneas maestras que indican cómo se puede desarrollar el programa de investigación. Dicho desarrollo conllevará completar el núcleo central con supuestos adicionales en un intento de explicar fenómenos previamente conocidos y de predecir fenómenos nuevos. Los programas de investigación serán progresistas o degeneradores según consigan o no conducir al descubrimiento de fenómenos nuevos.

Veamos con algo más de detalle los conceptos básicos del Programa de Investigación:

  • Núcleo central: es la característica definitoria de un programa. Toma la forma de hipótesis teóricas muy generales que constituyen la base a partir de la cual se desarrolla el programa. Es infalsable, y no se le pueden atribuir las deficiencias explicativas de un programa.
  • Cinturón protector: laberinto de supuestos que envuelve al núcleo central. Consta de hipótesis auxiliares explícitas que completan el núcleo central, de supuestos subyacentes a la descripción de las condiciones iniciales y de enunciados observacionales.
  • Heurística negativa: exigencia metodológica de que el núcleo central quede intacto y no sea vea afectado por el desarrollo del programa. El científico debe decidirse por un programa y “tener fe” en su núcleo.
  • Heurística positiva: indica las líneas de investigación, lo que se puede (y se debe) hacer. Es un “conjunto parcialmente articulado de sugerencias, o indicaciones sobre cómo cambiar y desarrollar las “variantes refutables” del programa de investigación, cómo modificar y refinar el cinturón protector “refutable”. Junto a estas hipótesis auxiliares, incluye el desarrollo de técnicas matemáticas y experimentales adecuadas.

Se debe permitir que un programa desarrolle su potencial. Por eso, al principio, las confirmaciones son más importantes que las falsaciones. Sólo cuando el programa es sólido y está consolidado tiene importancia la falsación.

Por otro lado, un programa de investigación debe descubrir “nuevos fenómenos”. El programa se puede modificar, siempre que esta modificación no sea “ad hoc”, es decir, siempre que la modificación parezca razonable y verosímil. Las modificaciones han de ser comprobables. Los cambios en el cinturón protector son convenientes y expresan la naturaleza “viva” de la teoría.

La comparación entre programas debe tomar como criterio su progreso o fecundidad y su degeneración. Con todo, estos criterios no son absolutos y es difícil predecir qué programa será más efectivo, cuál sobrevivirá y cuál desparecerá. No se puede decir cuál es “mejor”. Esto se puede hacer “sólo retrospectivamente”.

Si quieres completar el tema, puedes visitar Las estructuras como teorías 1. Los programas de investigación, capítulo del libro ¿Qué es esa cosa llamada Ciencia? de Chalmers

Kuhn y sus circunstancias

Thomas Kuhn era físico, pero en sus ratos libres, estaba interesado por la historia de la ciencia. Dedicó gran parte de su tiempo y talento a esclarecer algo que no concordaba entre la ciencia que había estudiado y la historia de la ciencia que estaba estudiando.

De esta confrontación surgió una reflexión filosófica a partir de la cual construye su tesis central: las nuevas teorías científicas no nacen por verificación ni por falsación, sino por sustitución. Pero… ¿sustitución de qué?.

El concepto que siempre defendió de lo que es la filosofía de la ciencia fue polémico en una época en que las ideas de Popper eran incuestionables. Para Kuhn, la filosofía de la ciencia es, básicamente, la reflexión filosófica sobre la construcción, la reelaboración, la sustitución y la reconstrucción de las teorías científicas. Proceso que -en su opinión -no siempre sigue el camino ortodoxo de la lógica.

 El enfoque de toda la obra escrita de Thomas S. Kuhn es histórico-sociológico. Kuhn analiza desde las ciencias de la naturaleza el desarrollo histórico real de las grandes concepciones del mundo. Para ello, confiere gran importancia al comportamiento de los científicos. Le interesa desentrañar el carácter humano  de cualquier elaboración de la ciencia. En concreto, a Kuhn le interesa mostrar cómo los científicos (o mejor, las comunidades científicas) elaboran, difunden, utilizan, aplican, aceptan o rechazan las diversas teorías de las ciencias.

Descripción de la evolución de la ciencia

Kuhn descubrió que la ciencia es fundamentalmente un producto histórico, de ahí que la palabra revolución, concepto típicamente historiográfico, se clave en su obra. Además, la otra gran componente de la ciencia es la social, y a partir de ella derivará el concepto de paradigma. Kuhn intenta ofrecer una imagen de la ciencia ajustada a su historia, con lo que hay que replantearse una visión idílica de la ciencia que la identifica con un saber eterno y atemporal, con esa imagen clásica de la ciencia que la concibe como la disciplina que atesora la verdad.

Kuhn resume el cambio científico con el siguiente esquema:

  •  Un paradigma está constituido por los supuestos teóricos generales, las leyes y las técnicas para su aplicación que adoptan los miembros de una comunidad científica. Trabajar dentro de un paradigma implica poner en práctica lo que se llama “ciencia normal”, que articula y desarrolla el paradigma.
  • En este desarrollo, surgirán problemas, fenómenos que no quedan explicados por el paradigma. Si estas dificultades se consolidan, puede llegarse a la crisis que se puede resolver sólo desde un nuevo paradigma.
  • Cuando este nuevo paradigma rompe radicalmente con el anterior, se produce una revolución científica.

Veamos con más detalle cada uno de los conceptos implicados en esta descripción:

El paradigma coordina y dirige la resolución de problemas y su planteamiento. Es el modelo de hacer ciencia que orienta la investigación científica y bloquea cualquier presupuesto, método o hipótesis alternativa. El paradigma es el soporte para la ciencia normal. Consta de leyes y supuestos teóricos, así como de aplicaciones de esas leyes y el instrumental necesario para las mismas. De fondo, aparece también un principio metafísico, una concepción de la realidad y las cosas. Un paradigma conlleva una weltanschauung.

La ciencia normal es la actividad para resolver problemas (teóricos o experimentales) gobernada por las reglas de un paradigma. Sólo desde el paradigma se logran los medios adecuados para resolver problemas. Los fenómenos inexplicados son anomalías, responsabilidad del científico, no de la teoría. El científico “vive” en el paradigma.

La preciencia se caracteriza por la falta de acuerdo en lo fundamental, por el “debate” sobre las leyes principales y los principios rectores. La ciencia normal, por el contrario, se sustenta en un modelo compartido, en un acuerdo que sirve como punto de partida para la investigación científica.

Surge la crisis con la existencia de anomalías, aunque sólo eso no implica una crisis necesariamente. Cuando se afecta al fundamento del paradigma y no es superado, es cuando el fenómeno constituiría una crisis. Las anomalías también conducen a una crisis cuando haya necesidades o exigencias sociales, tiempo escaso, o acumulación de anomalías. La crisis produce “inseguridad profesional marcada”: surge la duda, la discusión, e incluso terminará formándose un paradigma rival.

Hablamos entonces de revolución; la crisis puede dar lugar a un cambio, a un “nuevo mundo”. Los científicos rivales “viven en mundos distintos” y hay factores sociales, históricos, económicos, culturales y religiosos que pueden propiciar que un individuo se mantenga en su paradigma. “La elección entre paradigmas rivales resulta ser una elección entre modos incompatibles de vida comunitaria y ningún argumento puede ser lógica ni siquiera probabilísticamente convincente”. Intervienen factores personales, psicológicos. Por tanto, la revolución es ejecutada por parte de una comunidad científica y no un científico particular.

En “La estructura de las revoluciones científicas”, Kuhn se plantea la naturaleza del cambio científico. Su tesis principal es que la tesis del desarrollo por reducción es incompatible con lo que, en realidad, ha sucedido en la historia de la ciencia.

El cambio científico es fundamentalmente revolucionario. Las revoluciones científicas son aquellos episodios de desarrollo no acumulativo en los que un viejo paradigma es sustituido total o parcialmente por otro distinto incompatible con él.

Crítica al concepto de paradigma. Ejemplares y Matrices disciplinares

Los paradigmas son definidos por Kuhn como ejemplos aceptados de la práctica científica real, que incluyen a un mismo tiempo, ley, teoría, aplicación e instrumentación, los cuales proporcionan una serie de modelos de los que surgen tradiciones especialmente coherentes de investigación científica. Esta tesis, el concepto principal de paradigma, ha sido atacada por su vaguedad y poca exactitud de modo que ha llegado a considerarse como un mero comodín o “flogisto” filosófico.

La primera gran crítica a Thomas Kuhn versó sobre las múltiples y confusas definiciones que dio del término ‘paradigma’ en La estructura de las revoluciones científicas. En la posdata de la edición de 1969 (La estructura de las revoluciones científicas se publicó en 1962), resumió en dos las posibles acepciones del concepto con el que quería describir la forma de trabajo de las ciencias, el desarrollo del conocimiento y, no menos importante en su empresa, el tipo social y psicológico del científico que se inserta en la práctica de un paradigma.

Más allá del esfuerzo realizado por Kuhn por delimitar el sentido del concepto que reutiliza, ya que el primer uso sistemático de este concepto proviene de la filosofía del siglo XVIII, lo que marca esta explicación en la posdata es un retroceso flagrante de Kuhn en sus intentos más rotundos por sentar un análisis del desarrollo del conocimiento, siendo el caso que, en muchas ocasiones, en este añadido se desdice de algunos alcances de su primera incursión, entra en contradicciones y agrega nuevos conceptos para abordar lo que quedó evidentemente desajustado en el comienzo.

Las criticas a la noción de paradigma son, por tanto, diversas y fuertes, como la de Margaret Masterman, que identifica hasta 21 formas diferentes en las que Kuhn utiliza la palabra paradigma. En “Segundas reflexiones acerca de los paradigmas”, Kuhn admite que el uso que él ha hecho de los mismos confunde e identifica dos nociones muy distintas:

  • la de ejemplares, que son soluciones a problemas concretos aceptadas por la comunidad científica como paradigmáticas, en el sentido usual del término;
  • y la de matrices disciplinares que son los elementos compartidos que permiten dar cuenta del carácter relativamente poco problemático de la comunicación profesional y de la relativa unanimidad de criterio profesional en el seno de una comunidad científica, y que incluyen entre sus componentes generalizaciones simbólicas, compromisos compartidos de creencias en modelos concretos, valores compartidos y ejemplares compartidos.

Para Kuhn, si el cambio científico es fundamentalmente revolucionario, debe de haber también períodos no revolucionarios. Ahora bien, las matrices disciplinares, al ser un tipo de weltanschauungen científicas, no son susceptibles de una caracterización completamente explícita. Por el contrario, las matrices disciplinares se adquieren de forma implícita a través del proceso educacional.

Nadie niega que el estudio de los ejemplares tales como informes, artículos, experimentos etc… es parte de la formación y de la preparación del científico. Sin embargo, para Kuhn, el científico logra hacerse con una matriz disciplinar a partir del estudio de ejemplares, y éstos determinan en buena medida dicha matriz.

En definitiva, la tesis de Kuhn es que las generalizaciones simbólicas de una teoría no se interpretan de forma explícita. Además, los métodos posibles de aplicación de las generalizaciones de la teoría a los fenómenos no se especifican por medio de algo tan explícito como las reglas de correspondencia; sino que uno adquiere implícitamente cierta destreza en interpretar y aplicar generalizaciones simbólicas modelando dichas aplicaciones sobre los ejemplares arquetípicos estudiados.

El tipo de aprendizaje y adiestramiento es de tal naturaleza que no sólo hace que todos los miembros de una comunidad científica mantengan el mismo stock de ejemplares, sino que hace también que todos modelen la aplicación de generalizaciones simbólicas a otros fenómenos de forma esencialmente igual.

De donde se deduce que dos comunidades científicas cuyas generalizaciones simbólicas sean las mismas, pero que posean ejemplares significativamente diferentes, conferirán a los términos teóricos un significado diferente e interpretarán por ello sus generalizaciones de forma diferente.

No hay lenguaje observacional neutro alguno. Por último, dado que los ejemplares indican el tipo de cuestiones que se deben plantear y el tipo de respuestas que se deben dar, comunidades diferentes con stock de ejemplares compartidos diferentes disentirán respecto a qué cuestiones se deben plantear y respecto a qué se considerará soluciones a estas cuestiones.

Lo característico de una comunidad científica es, pues, la posesión común de una matriz disciplinar, la cual se adquiere mediante el dominio del stock de ejemplares compartido por la comunidad científica y del arte de modelar aceptablemente sobre los ejemplares nuevas aplicaciones de sus generalizaciones simbólicas.

Ciencia normal es, pues, aquella ciencia practicada por una comunidad científica que posee en común una matriz disciplinar basada en el stock de ejemplares compartidos. Cuando una comunidad científica surge por vez primera en torno a una matriz disciplinar, el stock de ejemplares puede ser relativamente pequeño. La ciencia normal se ocupa de resolver los problemas abiertos o enigmas planteados por los ejemplares o por la matriz disciplinar basada en ellos.

No hay revolución sin crisis

La crisis es condición necesaria para la revolución científica. La ciencia normal tropieza invariablemente con fenomenos anómalos. Si los esfuerzos no logran hacer cuadrar las anomalías con la matriz disciplinar se produce una crisis científica, escenario para la revolución.

La decisión de rechazar una teoría por otra es siempre, simultáneamente, la decisión de aceptar otra. Antes de que se rechace una matriz disciplinar, debe producirse una sustitución, y la revolución científica consiste en un cambio de lealtades. De la vieja matriz disciplinar a la nueva. Esta sustitución no puede ser otra cosa que el fruto de la investigación extraordinaria, la cual, al no estar fijada de antemano por una matriz disciplinar común se convierte en una investigación más libre.

La investigación extraordinaria resolverá la crisis de una de estas tres formas:

  1. Las teorías, ejemplares y técnicas previas a la crisis demuestran, en último término, ser capaces de resolver los problemas.
  2. El problema sigue ofreciendo resistencia incluso a enfoques radicalmente nuevos y es reservado para una próxima generación que posea mejores instrumentos.
  3. Surge un nuevo candidato a matriz disciplinar. Esta tercera forma corresponde a una revolución científica. La vieja teoría y el candidato a sustituirla deben ser lógicamente incompatibles.

La nueva matriz disciplinar puede poseer algun de las viejas generalizaciones simbólicas, pero confiriendo un significado diferente a los términos teóricos. Así, por ejemplo, la Teoría de la Relatividad sigue empleando ecuaciones clásicas de movimiento, pero con significado distinto. El cambio científico es acumulativo sólo dentro de la ciencia normal.

Dos observadores que contemplan las mismas cosas desde matrices disciplinares diferentes ven cosas diferentes. “Aunque el mundo no cambia con un cambio de matriz disciplinar, después de él, el científico trabaja en un mundo distinto.” Ven cosas diferentes por varias razones.

En primer lugar, los datos que el científico recoge son distintos. Los datos no son puros estímulos sensoriales, sino resultados de clasificar los fenómenos. En este sentido cabe recordar, de entradas anteriores:

En segundo lugar, los datos se expresan en el lenguaje de la ciencia y el significado de estas expresiones es diferente en las diferentes matrices disciplinares. Lo que ocurre no es que uno vea el mundo y luego lo interprete desde su matriz disciplinar, sino que más bien uno ve el mundo a través de su propia matriz disciplinar y, aunque un cambio de matriz no supone un cambio del mundo, sí supone un cambio de lo que de él se ve y de cómo se lo ve.

Objeciones al análisis de Kuhn

Desde muchos frentes:

  • En primer lugar, su noción de “paradigma” ha sido duramente criticada, hasta el extremo de que Kuhn la ha completado con las nociones de matriz disciplinar y ejemplar, como vimos anteriormente.
  • En segundo lugar, la consideración que Kuhn hace de la ciencia depende fundamentalmente de la distinción entre ciencia normal y ciencia revolucionaria, y de la idea de que la mayor parte del tiempo la ciencia atraviesa un período de ciencia normal.
  • En tercer lugar, la idea de que las revoluciones suponen un conflicto entre matrices disciplinares inconmensurables que sólo puede resolverse mediante persuasión y no mediante argumentación lógica, ha llevado a algunos autores a señalar que la ciencia y el cambio científico, en la interpretación de Kuhn, es algo irracional.
  • En cuarto lugar, uno ve “mundos diferentes” desde matrices disciplinares diferentes. Esto supone dejar a la ciencia sin una base fáctica objetiva. Las matrices disciplinares serían no sólo “componentes de la ciencia”, sino que hay un sentido en el que son también “componentes de la naturaleza”.

Popper ataca directamente a Kuhn diciendo que recurrir a la historiografía de la ciencia, a la psicología o a la sociología de la ciencia, “con el propósito de esclarecer los objetivos de la ciencia y su posible progreso, es sorprendente y decepcionante”. Eso, afirma Popper de manera concisa, se debe a que esas ciencias son “frecuentemente espurias, y en ellas no se puede encontrar como se cree ingenuamente, “descripción pura y objetiva.

Lakatos es quien va a desarrollar más tarde esos argumentos popperianos, no sin cobrar caro por eso: él, además de volverse contra Kuhn, se vuelve contra el propio Popper. De hecho, Lakatos puede ser descrito como un popperiano para quien la historiografía cumple un papel en la evaluación de teorías de la ciencia, o como un kuhniano para quien una teoría de la ciencia sólo puede ser apriorística. Su trabajo principal sobre la historiografía de la ciencia se abre con una famosa paráfrasis a Kant, tomada prestada de Hanson: “La filosofía de la ciencia sin la historia de la ciencia es vacía; la historia de la ciencia sin la filosofía de la ciencia es ciega” (LAKATOS 1971, p. 91). La primer sentencia se dirige, evidentemente, contra aquellos que muestran indiferencia por la historia de la ciencia, como Popper y los empiristas lógicos. La segunda es, en especial, una crítica a Kuhn.

En definitiva, si, según la concepción de Kuhn, la ciencia considera el mundo siempre a través de una matriz disciplinar, ¿no cae Kuhn en una cierta forma de idealismo antiempírico?

Si quieres completar esta información puedes continuar en el resumen del capítulo Las teorías científicas como estructuras 2. Los Paradigmas de Kuhn del libro ¿Qué es esa cosa llamada Ciencia? de Chalmers.

Introducción

Las teorías científicas son el vehículo del conocimiento científico. Analizar su naturaleza o estructura es uno de los problemas claves de la Filosofía de la Ciencia

A partir de los años veinte, se convirtió en un lugar común para los filósofos de la ciencia el construir teorías científicas como cálculos axiomáticos a los que se da una interpretación observacional por medio de reglas de correspondencia. A este análisis se ha designado comúnmente “La Concepción Heredada de las Teorías”.

En los años cincuenta, la mencionada Concepción Heredada empezó a ser objeto de ataques críticos, fundamentalmente se centraron en la distinción teórico-observacional, base empírica de dicha corriente, aunque no fué el único aspecto que sufrió una acérrima crítica. Se propusieron Filosofías de la Ciencia alternativas y se refutó la Concepción Heredada, pero ningún de los análisis de teorías propuesto ha tenido amplia aceptación.

Características básicas de una teoría científica en la Concepción Heredada

En lo esencial, la Concepción Heredada concibe las teorías científicas como teorías axiomáticas formuladas en una lógica matemática L, que reune las siguientes condiciones:

  • La teoría se formula en una lógica matemática de primer orden con identidad, L.
  • Los términos no lógicos o constantes de L se dividen en tres clases disjuntas llamadas vocabularios:
    • El vocabulario lógico Vl que consta de constantes lógicas (incluidos términos matemáticos).
    • El vocabulario observacional Vo que contiene términos observacionales..
    • El vocabulario teórico Vt que contiene términos teóricos.
  • Los términos de Vo se interpretan como referidos a objetos físicos o a características de los objetos físicos, directamente observables.
  • Hay un conjunto de postulados teóricos T, cuyos únicos términos no lógicos pertenecen a Vt.
  • Se da una definición explícita de los términos de Vt en términos de Vo mediante reglas de correspondencia C.

El conjunto de axiomas T es el conjunto de leyes teóricas de la teoría. El conjunto de reglas de correspondencia C estipula las aplicaciones que pueden hacerse de la teoría a los fenómenos. La teoría se identifica con la conjunción TC de T y C.

Las reglas de correspondencia

Las reglas de correspondencia tienen tres funciones en la Concepción Heredada:

  • Definen términos teóricos,
  • Garantizan el significado cognitivo de los términos teóricos
  • Especifican los procedimientos experimentales admisibles para aplicar una teoría a los fenómenos.

Un sencillo ejemplo de reglas de correspondencia sería el siguiente:

“si se coloca el objeto x en una balanza y el indicador de la balanza coincide con el número y, entonces la masa de x es el número designado por y.”

La teoría TC es capaz de hacer predicciones, donde predicción y explicación son formalmente lo mismo, siendo la única diferencia que la predicción se realiza antes del hecho y la explicación se realiza después.

Sin embargo, el significado de los términos teóricos no es totalmente observacional; por tanto, TC no podrá especificar el significado total de los términos teóricos. Para ello, se debe recurrir a un metalenguaje más rico.

Por ejemplo, en el término teórico “electrón”, sólo parte del significado de “electrón” concierne a las manifestaciones observacionales. Cuando un científico emplea el término teórico “electrón” en una teoría TC, está afirmando que existe algo que tiene las manifestaciones observables especificadas por TC. Esto es, las reglas de correspodencia C junto con los principios teóricos T dan sólo una interpretación parcial de los términos de Vt.

Por consiguiente, inicialmente, la Concepción Heredada era un cuerpo de teorías que concedía poca importancia al aparato teórico, TC, siendo su función poco más que un medio de introducir las matemáticas en la ciencia. Sin embargo, en la versión más evolucionada de la Concepción Heredada, las teorías se consideran realísticamente como descripciones de sistemas no-observables que se relacionan de modos no especificables del todo con sus manifestaciones observables; en este análisis el aparato teórico es central, y el énfasis se pone en cómo el aparato teórico se relaciona con los fenómenos.

¿Cuál es entonces el estatus del análisis realizado por la Concepción Heredada?

Carnap y Hempel pretendieron con sus análisis ofrecer una elucidación del concepto de Teoría Científica. Para Carnap, la tarea de la elucidación consiste en transformar un concepto dado, más o menos inexacto, en otro exacto, o mejor aún, en sustituir el primero por el segundo. En este sentido, la comprensión de la Concepción Heredada pretende ser una elucidación del concepto de teoría científica.

La Concepción Heredada empieza especificando una formulación canónica de las teorías en términos de un cálculo axiomático y unas reglas de correspondencia. Esta formulación canónica se supone que está en la siguiente relación con una teoría científica: una teoría científica dada se podría reformular en esta forma canónica y esta formulación canónica captaría y preservaría el contenido conceptual y estructural de la teoría, pero en ella se vería con mayor claridad y transparencia la naturaleza conceptual o estructural de dicha teoría.

También podemos afirmar que no todas las teorías científicas admiten la formulación axiomática canónica requerida por la Concepción Heredada. Es decir, la Concepción Heredada es plausible para algunas, pero no para todas las teorías científicas. Además, la interpretación que la Concepción Heredada hace de las reglas de correspondencia es indudablemente insatisfactoria.

  • Ve erróneamente a éstas como componentes de teorías, más que como hipótesis auxiliares;
  • en segundo lugar, la interpretación que de ellas da ignora el hecho de que las reglas de correspondencia constituyen con frecuencia cadenas causales explicativas que emplean otras teorías como hipótesis auxiliares;
  • en tercer lugar, su interpretación es excesivamente simple y errónea desde el punto de vista epistemológico.

A este respecto, debemos distinguir dos conceptos claramente diferentes: formalización y axiomatización. Uno y otro no son la misma cosa.

  • La axiomatización consiste en el establecimiento de un cálculo axiomático y, por tanto, consiste en una formalización fundamentalmente sintáctica.
  • La formalización abarca tanto las reglas sintácticas de la axiomatización como las técnicas semánticas de la teoría de modelos.

De los errores de la Concepción Heredada se deduce que, si la formalización es deseable en un análisis filosófico de las teorías, ésta debe ser de tipo semántico. Los métodos semánticos de formalización son superiores a los de axiomatización.

Finalmente, también hay visiones de la ciencia que transcienden la formalización ofreciendo una perspectiva diferente y nueva. En ellas, las teorías son consideradas como algo esencialmente dinámico, como entidades en crecimiento. Dichas teorías provienen de una weltanschauung, o forma de ver el mundo. Autores como Kuhn o Lakatos parecen interpretar esto como una muestra de que la formalización de las teorías es inadecuada en un análisis filosófico de las mismas. Lo veremos en entradas posteriores.

La mera presentación de una formalización dejará fuera mucho de lo epistemológicamente significativo de las teorías. Por ello, si la formalización tiene derecho a un sitio, es probable que lo tenga en tanto que formalización semántica y no como axiomatización.

Una de las tareas atribuida a la filosofía es decidir qué es conocimiento y qué no lo es. Cometido excesivo y arrogante según la mayoría de filósofos. La Epistemología pretende fundamentar el conocimiento, o al menos, ofrecer criterios de qué es conocimiento, y muchos autores piensan que la epistemología no goza de ningún privilegio vedado a los demás saberes que le permita dictaminar, ni fundamentar, ni dar criterios. Si puede seguir haciendo esto, tiene ella misma que basarse en esos otros saberes, de modo que no ofrece más seguridades que ellos. Cuando la epistemología se practica con esta cautela, se la practica, de acuerdo con estos filósofos, en su versión naturalizada.

Naturalización presenta una gran variedad y vaguedad de significados, los provenientes del inglés, de donde procede, y los añadidos en el español. No es de extrañar por tanto las actitudes contrapuestas que suscita el proyecto de naturalización de la epistemología de Quine. Goldman lo encuentra excesivo, Solís insuficiente. La diferencia se debe, en lo fundamental a lo que cada uno espera de la naturalización, y en particular, cuando ésta se emprende según las propuestas de Quine, que a su vez, se prestan a varias y diferentes interpretaciones.

En inglés naturalizar significa, como acepción más conveniente desde el punto de vista epistemológico, despojar de su carácter milagroso o sobrenatural a los sucesos que supuestamente lo son. Naturalizar la epistemología sería por tanto, despojarla de su especial estatuto.

En epistemología, los naturalizadores han sido objeto de acusaciones de relativismo, aunque algunos lo profesan de buena gana, porque la naturalización es ambigua. Unos la entienden como la eliminación de la disciplina en favor de otras, científicas, tales como la psicología, la historia o la sociología, con lo que renuncian a las normas epistemológicas. Otros creen mostrar que el valor de las normas es relativo a las comunidades que las usan. Y otros sólo aspiran a fundamentar estas normas en el conocimiento científico.

Armero establece un curioso paralelismo entre Marx, marxianos y marxistas y Kunh, kuhnianos y kuhnistas. Kuhn y alguno de los seguidores de “su secta” han sido acusados de relativismo epistemológico. Aparte de la justicia de esta imputación a Kuhn, hay kuhnianos que asumen los cargos y kuhnistas que defienden al maestro de interpretaciones desagradables, como la que conlleva la acusación de relativismo.

El programa fuerte de sociología de la ciencia, de filiación kuhniana, es adscrito por Solís a una variante del proyecto de naturalización de Quine, uno de cuyos ejecutores es Kuhn. Entienden que la naturalización  implica el relativismo epistemológico o la desaparición de la epistemología normativa, pero no es lo mismo una cosa que la otra. El relativismo sostiene que hay norma, y que depende su aceptabilidad de la comunidad que consideremos. Algunos relativistas trafican entre las normas son válidas en la comunidad que las avala, y la simple descripción de qué normas son aceptadas en qué comunidades, como si no se pudiera decir que son buenas o malas. Esto implica que no hay normas, salvo como objetos empíricos.

Idea de naturalización de Quine

No está claro si Quine ha tenido sucesivamente dos ideas distintas de lo que debería ser la naturalización de la epistemología o si sólo ha tenido una que ha desarrollado posteriormente. En Epistemology Naturalized identifica el impulso motriz de la epistemología con el ideal de fundar lógicamente la ciencia natura sobre la experiencia sensible. Esto es, deducir lógicamente los enunciados de la ciencia a partir de enunciados de observación y definir los términos de la ciencia a partir de términos que se refieran a la experiencia sensible. Pero las oraciones de la ciencia no se pueden probar lógicamente, ni siquiera contando con la teoría de conjuntos, a partir de oraciones observacionales. Tampoco se puede reconstruir el discurso de la ciencia en términos de observación, lógica y teoría de conjuntos. Dado este fracaso en el plano de la teoría (doctrinal) y en el del significado (conceptual), Quine propone estudiar cómo de hecho, a partir de la estimulación sensorial, se construye la teoría, esto es, según Quine entregar la carga epistemológica a la psicología, porque la tarea de establecer una relación de fundamentación entre experiencia sensible y teoría, objeto de la epistemología, se abandona en favor del estudio de la relación que de hecho hay, en nuestro sistema cognitivo, entre experiencia y teoría, y esta cuestión empírica se encomienda a la psicología.

Quine sólo produce una argumentación contra una manera de entender la epistemología: la que él presenta, que se remonta al empirismo clásico y, en su parte conceptual, intentó desarrollar Carnap en Der Logische Aufbau der Welt.

Carnap pretendía constituir los conceptos de la ciencia a partir de la experiencia. Las limitaciones de la epistemología que Quine señala en Epistemology Naturalized, las encuentra en la Aufbau. Sería posible practicar la epistemología sin necesidad de estar incurso en uno de los capítulos de una ciencia empírica, como la psicología. Quedan muchas cosas fuera que se pueden abordar sin tomar en consideración ciencias empíricas.

Quine admitió esta objeción y Pursuit of Truth concede un lugar a la epistemología desligada de las ciencias que de ordinario llamamos empíricas.

En esta asombrosa mezcla de relaciones entre la estimulación sensorial y nuestra teoría científica del mundo, hay una parte donde la teoría se contrasta mediante la predicción. Quine ha caracterizado este segmento como poco más que lógica aplicada y teoría estadística.

La naturalización, tal y como Quine la defiende en su primer artículo, no deja lugar al componente normativo que tiene la epistemología. Conclusión más que objetada, ya que la epistemología no puede limitarse a describir, sino que su papel legítimo es sancionar el conocimiento. Rorty y Putnam han afirmado que, en el proyecto de naturalización, no hay un sitio para el aspecto normativo. Goldamn en cambio, piensa que los proyectos útiles de naturalización son los que sí conceden un lugar a lo normativo, pero Quine no lo hace.

En cambio, Quine responde que la epistemología naturalizada sí concede un lugar a lo normativo. La epistemología es una ciencia teórica y descriptiva, pero también posee aplicaciones prácticas. El conocimiento teórico o empírico se puede convertir en una base de normas prácticas, tanto en epistemología como en física.

Hace falta especificar los fines que sirven. Quine menciona como fines principales de la ciencia el entendimiento, el control y modificación de la naturaleza y la predicción.

Solís encuentra que el programa de Quine, tal como éste lo especifica o reformula en Pursuit of Truth, retorna a los problemas epistemológicos no naturalistas de toda la vida. Según Solís, para llevar a cabo el programa naturalista habría que naturalizar la caracterización de la “verdad” o la “adecuación”, pero eso no parece cosa fácil. Según Armero interpreta a Solís, la epistemología naturalizada debería proporcionar una elucidación naturalista del concepto de creencia justificada, o del concepto de verdad o de adecuación.

Ciertamente Epistemology Naturalized no parece dejar un lugar a la epistemología normativa, pero esa impresión del lector queda desautorizada por las aclaraciones ulteriores de Quine. Algunos autores han señalado que en Quine hay dos sentidos distintos de teoría y de ciencia.

Haack tiene razón en que Quine concibe la ciencia de dos maneras diferentes. En la opinión de Armero eso se debe a la herencia racionalista del Círculo de Viena. En el Postivismo Lógico hay también una vacilación entre dos sentidos de ciencia. Por un lado, la ciencia es un hecho institucional. Por otra lado, la ciencia es conocimiento racional justificado por la experiencia. En este sentido la ciencia no es patrimonio de ninguna institución, sino accesible a todos los humanos. La ciencia es conocimiento intersubjetivamente compartible. De acuerdo con esto, es posible dar reglas de aplicación universal sobre lo que es ciencia, se puede dar un criterio de demarcación, con independencia de las prácticas de las instituciones o comunidades científicas.

Los positivistas lógicos propusieron una epistemología normativa, y en ella incluían numerosas reglas y un criterio de cientificidad. Sólo son científicos los enunciados confirmables empíricamente. La justificación que ofrecían del criterio combina las dos perspectivas aludidas del positivismo lógico sobre la ciencia.

Esta actitud que Quien comparte, explica algo bien enigmático en su proyecto de naturalización de la epistemología. No es verosímil su idea de un sujeto humano que recibe ciertas entradas sensoriales y que luego produce una descripción del mundo. La ciencia no es la creación de ningún sujeto individual. Es una actividad y un producto sociales. La sociología de la ciencia debería tener un lugar prominente en la epistemología naturalizada. Quine mismo ha reconocido factores sociales en la adquisición del conocimiento: lo que él llama la presión hacia la objetividad, y el principio de caridad, del que Quine defiende la versión democrática, ya que considera que todos los humanos son estimulados de la misma manera por cambios físicos de su entorno y no hay motivos para suponer de antemano que lo más elemental de la lógica es flagrantemente ignorado.

Propuestas que se acogen al programa de naturalización

La percepción, el reconocimiento de formas, el aprendizaje y la formación de conceptos, el razonamiento deductivo, el razonamiento inductivo, la formación de hipótesis, la psicología del testimonio, la toma de decisiones, la memoria, la resolución de problemas son temas de la psicología cognitiva que diversos epistemólogos han empleado, con éxito variable, en la obra de naturalizar la epistemología.

De acuerdo con Kuhn, existen dificultades de comunicación entre científicos de tradiciones diferentes, y una de las causas está en el modo como el aparato cognitivo humano aprende y forma conceptos. Lo que ha aprendido el sujeto no es una regla que pueda explicitar verbalmente. Dos sujetos pueden emplear un vocabulario semejante y emplear las mismas palabras para conceptos distintos.

Podría haber tradiciones científicas separadas por una barrera de incomunicación de este estilo. El mismo Kuhn asegura que no hay tales imposibilidades psicológicas, y que los científicos en ocasiones y los historiadores de la ciencia casi siempre, se ocupan de la traducción de lenguajes de tradiciones científicas ajenas.

Hanson también ha sacado partido de algunos hechos sobre la psicología de la percepción para cuestionar la viabilidad de hacer experimentos cruciales. Hanson indicó que puede haber divergencias en la percepción de las mismas muestras. La observación depende de la teoría. Diferentes tradiciones comportan diferentes visiones del mundo.

En la psicología cognitiva se distinguen dos direcciones en el procesamiento de información que media entre los estímulos sensoriales y la formación de conceptos y de juicios. Existe una dirección ascendente que procede desde la estimulación sensorial hasta los juicios y conceptos, y otra dirección descendente desde los conceptos previamente formados, que, ante estimulaciones sensoriales dadas, afectan a la formación de los perceptos.

La escuela Gestalt ha trabajado con efectos universales para la especie humana. Los factores innatos del procesamiento descendente ponen limitaciones al modo como pueden afectar a ese procesamiento las creencias adquiridas. El procesamiento descendente no tiene un carácter holista, no todo lo que conocemos puede afectar a nuestra percepción.

En la sociología de la ciencia se intenta explicar el fraude que ocasionalmente se produce en los resultados empíricos, y esa explicación  invoca factores sociales, como la competitividad y la presión que sufren los científicos.

Los hechos que descubre la psicología sólo parecen tener un alcance para la toma individual de decisiones, o para la racionalidad de las creencias de individuos particulares. Pero la ciencia es una empresa comunitaria que cuenta con medios de representación de la información no limitados a las memorias individuales.

Relación entre discursos normativos y descriptivos

Aunque practicada por seres humanos individuales, es evidente que la ciencia es una empresa social, y en la sociología y la antropología se han originado proyectos de naturalización. La sociología se ocupa de la ciencia desde dos perspectivas que han sido denominadas «programa débil» y «programa fuerte».

El programa fuerte es el más antiguo, y tiene en Merton a su más destacado practicante. Se interesaba por cuestiones tales como el reclutamiento social de las vocaciones científicas, los factores sociales que intervienen en la elección de campos de investigación y en su promoción, el impulso y la oposición que pueden ofrecer a la ciencia los grupos sociales, el papel que desempeñan otras formaciones ideológicas, la estructura de las comunidades científicas, etc. Dejaba fuera de la jurisdicción de la sociología de la ciencia el valor epistemológico de las producciones y de los métodos científicos, y tampoco se ocupaba de por qué unas teorías son preferidas a otras en el seno de las comunidades científicas. Es por esta limitación de objetivos por lo que su programa es denominado «débil».

Por el contrario, el programa fiíerte pretende explicar, además, por qué son aceptadas unas u otras teorías en las comunidades científicas, por qué son empleados unos u otros métodos e incluso qué papel ideológico tiene hablar sobre métodos en la literatura científica.

En la época de Merton, los filósofos se ocupaban del contexto de justificación y la sociología se mantenía en el contexto de descubrimiento. La distinción fiíe recusada por filósofos historiadores como Hanson y Kuhn, porque según ellos, en el contexto de justificación intervienen elementos que se habían considerado propios del contexto de descubrimiento. Los sociólogos del programa fiíerte comparten plenamente esta opinión.

Los filósofos de la ciencia tradicionales han sugerido que el destino de las teorías depende de buenas o de malas razones, de acuerdo con un patrón epistemológico. Si las razones son buenas, entonces la epistemología debe dar cuenta de estos sucesos históricos, y si son malas, entonces compete a la psicología, la sociología o la historia explicar por qué se produjo ese desvío de lo que se debería haber hecho.

La ciencia es una empresa racional y, por lo tanto, su desarrollo se atendrá a las normas epistemológicas. Popper ha coloreado este punto de vista con su famosa doctrina de los tres mundos. La ciencia es una empresa del tercer mundo, el de las relaciones lógicas y racionales entre ideas y entre teorías. Pero también la ciencia es un hecho institucional, perteneciente al segundo mundo, o de los hechos sociales y psicológicos.

Cuando Popper y los positivistas lógicos se dedican a la filosofía de la ciencia, creen que su empresa tiene sentido porque, en conjunto, la ciencia del segundo mundo se atiene a la ciencia del tercer mundo, o que su filosofía de la ciencia es vindicada por la historia.

Hanson, Kuhn, y otros después, creen haber mostrado que eso no ocurre, que el desarrollo de la ciencia no puede ser explicado como si respetara o desenvolviera alguna epistemología o algún conjunto de reglas metodológicas. Feyerabend emitió su famoso juicio de «Todo vale» refiriéndose a qué reglas metodológicas instancia la historia de la ciencia.

Algunos autores que comparten puntos de vista con el programa fuerte, como Latour, no se pronuncian sobre el valor de las reglas metodológicas ni sobre el de los productos de la ciencia. Pero sin duda piensan que no es muy explicativo de la actividad de los científicos tratar de descubrir cuáles son las reglas metodológicas, ya sean las que proclaman o las que efeaivamente siguen, si es que hay diferencias. Más bien, el discurso sobre reglas debería ser explicado.

Así, pues, por un lado tenemos la clásica opinión de que, cuando en la ciencia las cosas van bien, es necesario (y quizá bastante) el análisis lógico, y cuando no es así hay que echar mano de la historia o de la psicología para explicar lo sucedido.

El programa fuerte se propone explicar las creencias con imparcialidad respecto a su valor de verdad y respecto a la justificación que poseen. Esto deja un amplio campo al género de explicaciones que apelan a las buenas razones y a la estructura de las buenas argumentaciones.

El programa fiíerte se propone también ofrecer el mismo tipo de causas para las creencias (tenidas por) verdaderas o fiJsas. Sin embargo, es muy posible que las creencias justificadas no tengan las mismas explicaciones (o incluso causas) que las injustificadas.

Es posible que podamos evaluar la fíabilidad y otras cualidades epistémicas de los procesos cognitivos, como intenta Goldman. Pero aunque no se pudiera, la trama de la justificación posee un orden lógico que vale la pena conocer, y cuyo rendimiento a la hora de explicar la conducta de la comunidad científica es bien notable.

Basado en Naturalización y relativismo epistemológicos de Julio C. Armero. Publicado en ÉNDOXA: Series Filosóficas, nº 11, 1.999

Moulines nos presenta una interesante tesis en la que propone la filosofía de la ciencia como una parte esencial de las ciencias de la cultura.

Aunque a primera vista esto pueda parecer una perogrullada, ya que la ciencia forma parte de la cultura y eso es algo en lo que todos estaremos de acuerdo, sucede con frecuencia que las aparentes trivialidades conceptuales tienen importantes consecuencias teóricas y prácticas.

Empieza Moulines la defensa de su tesis con una atrevida definición. Caracteriza la filosofía de la ciencia como una teorización sobre teorizaciones. La filosofía de la ciencia es una interpretación de interpretaciones de la realidad. Consiste en construir marcos interpretativos filosóficos que nos permitan entender las teorías científicas, a las que considera marcos interpretativos de la realidad.

La caracterización que propone ya da una idea de la naturaleza de la filosofía de la ciencia, se trata de una actividad intelectual de segundo nivel, es decir, cuyos objetos de estudio son en sí mismos resultado de actividades intelectuales. La filosofía de la ciencia es un caso típico de actividad recursiva, y la clase de actividad que se aplica recursivamente en este caso es a lo que Moulines llama teorización o mejor aún, interpretación.

La teorización consiste en la producción de ciertas entidades llamadas teorías, marcos conceptuales interpretativos construidos para entender las cosas. Por lo tanto, es el concepto de interpretación el que resulta central.

La idea de interpretación de Moulines ha ido cuajando a partir de su confrontación con el dogma de la dicotomía descriptivo-normativo. Cualquier concepto, enunciado o sistema de enunciados que tenga sentido es o bien descriptivo o bien prescriptivo, y ambas categorías se excluyen mutuamente. Al asumir esta dicotomía como punto de partida indiscutible, todo lo que uno, como filósofo, puede hacer con respecto a la ciencia, es describirla o darle normas de procedimiento. Pero según Moulines, la interpretación es una categoría semántica autónoma que no puede reducirse ni a la descripción ni a la prescripción. Moulines deja abierta para futuras generaciones de filósofos el argumentar esta creencia, ya que considera que la filosofía analítica no se ha encargado de ella y él tampoco dispone de una línea argumentativa al respecto. Lo cual no deja de ser sorprendente ya que se trata de una parte importante del engranaje que conforma la tesis que pretende demostrar.

La disciplina filosófica que tradicionalmente se ha ocupado de la interpretación es la hermenéutica. En su forma más clásica, que arranca de Aristóteles, la hermenéutica coincide con la semántica formal de la lógica moderna y dentro de ella, la interpretación no es más que una relación formal entre cierto lenguaje y un dominio de objetos.

Otro sentido de hermenéutica arranca de Dilthey y tiene una relación directa con las ciencias de la cultura. La interpretación es una actividad intelectual referida exclusivamente a textos u otros objetos culturales con el intento de llegar a una comprensión interna y contextualmente relativa de dichos objetos. Esta idea de interpretación es un poco más cercana a la que plantea Moulines que la anterior, porque subraya el papel activo del investigador, pero también difiere porque los hermeneutas se negaron deliberadamente a usar categorías teóricas generales para formular sus interpretaciones. Su hermenéutica es un enfoque particularista, adverso a la abstracción y generalización.

Existen muchas clases de teorías interpretativas sobre la realidad. Se trata de objetos culturales producidos por ciertas personas en ciertos contextos sociales y culturales en determinadas épocas, a los que llamaremos teorías del primer nivel. Son el objeto de estudio teórico de teorías interpretativas del segundo nivel, las cuales constituyen la filosofía de la ciencia.

La filosofía de la ciencia consiste, por tanto, en la construcción de interpretaciones de segundo nivel que tienen como objetos de estudio las interpretaciones científicas del primer nivel.

La interpretación de las teorías científicas que llamamos filosofía de la ciencia no es la única manera posible de teorizar sobre la ciencia. Podríamos tratar de las instituciones sociales, o de la gente que la produce. En estos casos estaríamos ante otro tipo de estudio teórico, como sociología, antropología o psicología de la ciencia.

Pero debe quedar claro que la filosofía de la ciencia y los estudios sociales de la ciencia no pueden identificarse. Existen fuertes conexiones entre ambas, pero los objetos de estudio son esencialmente distintos. Los estudios sociales tratan sobre entidades localizadas espacio-temporalmente. La filosofía de la ciencia trata sobre entidades abstractas, que no están localizadas espacio-temporalmente, al menos en el mismo sentido.

En esta línea se adscribe el libro  La vida en el laboratorio de Latour y Woolgar, donde se realiza  un ejercicio de antropología de la ciencia, y no de filosofía de la ciencia. Analiza una realidad social localizada espacio-temporalmente, nada que ver con abstracciones y generalizaciones.

Las teorías científicas son un ejemplo de entidades culturales abstractas, no localizadas espacio-temporalmente. No hay ninguna razón para pensar que las humanidades están restringidas a priori al estudio de entidades concretas como hombres o sociedades. Si estamos dispuestos  a salirnos de un marco estrechamente empirista y nominalista de fundamentación de las ciencias de la cultura, podemos admitir fácilmente la posibilidad de que éstas estudien no sólo las realizaciones culturales concretas, los contextos sociales concretos en que se manifiestan y los individuos concretos que las producen, sino también las estructuras conceptuales generales subyacentes a ellas, las formas culturales abstractas de las que esas realizaciones concretas son una instancia suya.

Formula entonces Moulines su tesis en un sentido aún más fuerte: las ciencias de la cultura sólo podrán romper el estrecho marco que limita su progreso cuando se decidan a pasar de manera sistemática al nivel de abstracción, característico de la física matemática.

La física moderna dió el “gran salto adelante”, el cual le permitió ocupar el trono de la reina de las ciencias, con Newton, cuando éste se atrevió a construir un marco conceptual abstracto que aparecía como independiente y hasta ajeno a las características concretas de los diversos sistemas físicos. Desde este nivel de suprema abstracción se descendió luego al estudio de las instancias físicas concretas, iluminadas ahora por una nueva luz, mucho más potente que todos los esquemas anteriores a Newton, la luz de las formas abstractas.

Quiere Moulines hacer notar dos puntos, que el mejor camino para el dominio de la realidad más concreta pasa por la suprema abstracción formal y que fenómenos al parecer demasiado complejos para ser susceptibles de estudio sistemático pueden llegar a ser dominados conceptualmente si somos capaces de dar con las herramientas formales adecuadas al caso.

La filosofía de la ciencia, en cuanto que es teorización de teorizaciones, debe romper la superficie de las teorías científicas en sus modos de manifestación concreta para adentrarse en las estructuras implícitas subyacentes que hacen inteligibles esas manifestaciones concretas. De lo contrario, nunca entenderemos lo que es esencial en la ciencia, y que probablemente escape a los propios científicos, y los filósofos se quedarían limitados al papel de divulgadores científicos, que no es el caso.

¿Cuál es, por tanto, el método formal adecuado a la tarea de la filosofía de la ciencia? Muchos autores, encabezados por Carnap, pensaron que la mejor herramienta para el análisis de las teorías científicas era la lógica de predicados de primer orden. Pero la experiencia ha demostrado que no es así.

La lógica sigue siendo un instrumento indispensable para iniciarse en el proceder analítico de la filosofía de la ciencia. Pero no podemos quedarnos ahí. Los aspectos más complejos de las ciencias empíricas rompen el marco estrecho que presupone la lógica. Es necesario complementarla con herramientas matemáticas más potentes. Y me atrevería a añadir más flexibles y versátiles, para incorporar en la medida de lo posible la componente humana de la ciencia, en el sentido de la pasión, la intuición y demás herramientas que trascienden la razón pero no dejan de ser fundamentales en la evolución científica.

Moulines se adscribe a una tendencia cada vez más fuerte en los últimos treinta años, la teoría de conjuntos y la teoría de modelos en este campo, aunque no hay ningún argumento definitivo a priori que demuestre que este enfoque sea el óptimo.

Según Moulines, habrá que ir probando diversos métodos hasta que encontremos el que parece más adecuado a nuestro objetivo. Se requiere un esfuerzo infatigable para desenterrar las estructuras esenciales de este fenómeno cultural tan pasmoso y difícil de apresar que llamamos ciencia.

Puede que el pensamiento complejo y el enfoque sistémico puedan ser una vía interesante a explorar.

Resumen crítico del artículo La filofosía de la ciencia como disciplina hermenéutica de Ulises Moulines, publicado en la revista ISEGORÍA/12 (1995)

Según Latour y Woolgar, cuando un observador antropológico entra en el campo, una de sus preconcepciones más fundamentales es que tarde o temprano será capaz de dar sentido a las observaciones y notas que registre. Después de todo, éste es uno de los principios básicos de la investigación científica.

La organización que hace el observador de las cuestiones, indicaciones y notas está constreñida inevitablemente por las afinidades culturales. La noción de recién llegado, al completo es irrealizable en la práctica. En el otro extremo, sería insatisfactorio que el observador confiara completamente en las versiones que dan los científicos de la vida en el laboratorio.

En la práctica, los observadores están a medio camino entre los dos papeles extremos del completo recién llegado, que sería el ideal alcanzable, y el del participante completo, que al convertirse en nativo es incapaz de comunicarse con éxito con su comunidad de colegas observadores.

En mi opinión, el pretender que un recién llegado sin ningún tipo de conocimiento sea el ideal de observador, es demasiado ambicioso, y sólo válido para analizar la experiencia social determinada bajo la influencia del laboratorio en cuestión, pero no la intelectual. Sin ningún tipo de conocimiento científico es imposible priorizar y analizar, con el fundamento necesario, las diferentes actuaciones que se realicen en los distintos grupos de trabajo. Analizar una actividad intelectual no puede equipararse a analizar un marco de referencia cultural. Los científicos que se encuentran bajo el mismo marco intelectual pueden tener referencias culturales diferentes, y eso afectar en aspectos secundarios al desarrollo de la actividad puramente científica.

La cultura del laboratorio

La mitología mediante la que una cultura se representa a sí misma no es fiable, por falta de objetividad,  pero tampoco es necesariamente falsa del todo. Sin embargo, la mitología de su desarrollo raras veces se menciona durante las actividades cotidianas de los miembros del laboratorio, al igual que no se suele hablar del lenguaje cuando se habla.

Entendiendo como mitología el conjunto de relatos que forman parte de una cultura, y entendiendo por cultura la comunidad científica del laboratorio, las creencias centrales de la mitología no son conflctivas y se dan por supuestas. Sólo se producen discusiones durante las breves visitas guiadas al laboratorio que hacen algunos legos, ya que esa mitología tiene que ser transmitida a personas ajenas al grupo cultural. En el laboratorio resulta difícil determinar si nunca se alude a la mitología simplemente porque es un vestigio sin importancia y remoto del pasado, o porque ahora es un aspecto bien conocido y generalmente aceptado del folclore. En mi opinión, de nuevo se trata de la falta de necesidad. Para hablar no se necesita hablar del lenguaje.

Según Latour y Woolgar, la literatura proporcionaba un principio organizador mediante el cual el observador podía dar sentido a sus observaciones sin confiar solamente en las explicaciones de los participantes. Literatura se refiere tanto a la importancia central adscrita a una serie de documentos como a la utilización del equipo para producir inscripciones que se considera versan sobre una sustancia y que se utilizan en la producción posterior de artículos y trabajos. Es decir, se trata de fuentes de conocimiento externas a la comunidad y compartida por comunidades similares que marcan, en cierto sentido las directrices de la actividad a desarrollar. Queda por lo tanto de manifiesto que la comunidad por sí sola no establece pautas totalmente únicas y diferenciadas del resto de comunidades equivalentes.

Aún teniendo en cuenta que las conclusiones específicas de este laboratorio podrían valer como referencia para analizar el marco intelectual de otros laboratorios similares, de nuevo nos encontramos ante la inconsistencia de extrapolar conclusiones hacia otros entornos científicos donde la literatura es completamente ajena e incluso indescifrable por miembros de esta comunidad.

Gaston Bachelard se centra en dos ideas capitales de la epistemología, mutuamente relacionadas: la ciencia es fenomenotécnica y la ciencia inventa sus conceptos La producción de fenómenos con arreglo a esos conceptos certifica su idoneidad. Bachelard concibe la ciencia fenomenotécnica como un proceso interactivo, albergado y alentado por la comunidad de los investigadores, algunos de los cuales inventan conceptos matemáticos que se usan para “modelar” fenómenos – esto es, representarlos simplificada e idealizadamente – mientras que otros trabajan en producir en sus laboratorios fenómenos que realicen los modelos construidos usando esos conceptos.

La realidad artificial, que los participantes describen en términos de una entidad objetiva, ha sido de hecho construida utilizando instrumentos de inscripción. Semejante realidad, que Bachelard denomina la fenomenotécnica, adquiere la apariencia de un fenómeno en virtud de su construcción mediante técnicas materiales.

El laboratorio está compuesto de muchas herramientas y materiales necesarios para llevar a cabo los experimentos. Pero está claro que hay elementos del equipo que son más cruciales para los procesos de investigación que otros. En este sentido, se refería Bachelard al aparato como teoría reificada. El instrumento de inscripción proporciona inscripciones que se pueden utilizar para escribir artículos o hacer afirmaciones en la literatura sobre la base de la transformación de argumentos establecidos en elementos del aparato. A la vez, esta transformación permite la generación de nuevas inscripciones, nuevos argumentos y potencialmente nuevos elementos del aparato.

Cada acto en el laboratorio se basa, pues, de algún modo en otros campos científicos. Yo más bien matizaría que se basa, además, y en ocasiones de manera determinante, en tecnologías que no siempre implican desarrollos científicos.

Puesto que el escenario material representa la reificación del conocimiento establecido en la literatura de otro campo, existe necesariamente un lapso entre la discusión de la teoría en un campo y la aparición de la técnica correspondiente en otro.

Sin embargo, la acumulación de prácticas y teorías materiales de otros campos depende de cierta capacidad de fabricación. Evidentemente la utilización de un equipo presupone su fabricación. Los instrumentos de inscripción se evalúan de acuerdo con la medida en que facilitan una transmisión rápida del trabajo artesanal a las ideas.

Mientras otras tribus creen en dioses o en mitolgías complicadas, los miembros de esta tribu insisten en que no hay que asociar su actividad con creencias, cultura o mitología. Afirman que sólo les interesan los hechos concretos. No todos estarían de acuerdo con esta apreciación.

Resumen crítico del Capítulo 2 de La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos. Bruno Latour y Steve Woolgar

Lo social y lo técnico

La distinción entre lo social y lo intelectual es frecuente entre los científicos. Lo que es más importante, esta distinción proporciona un recurso al que los científicos pueden recurrir para caracterizar sus propios esfuerzos o los de los otros.

Por eso resulta importante investigar la naturaleza de esta distinción y cómo la usan los científicos. La medida en que los observadores de la ciencia aceptan de manera acrítica la distinción entre lo social y lo intelectual puede tener consecuencias importantes en los informes que producen sobre la ciencia.

Un rasgo importante de la construcción de un hecho es el proceso mediante el que desaparecen los factores sociales, una vez se establece el hecho. Ya que los propios científicos retienen (o resucitan) de manera preferente la existencia de factores sociales allí donde se considera que las cosas científicas han ido mal, que un observador adopte el mismo punto de vista le conducirá necesariamente a analizar cómo los factores sociales afectan o pueden dar origen a creencias erróneas.

Hay una necesidad  muy real de enfocar simétricamente el análisis de las creencias. Los logros científicos que se consideran correctos deben ser tan susceptibles de análisis sociológico como los que se consideran equivocados.

El cuerpo de conocimiento establecido y las normas técnicas y cognitivas asociadas constituyen una restricción más real sobre el comportamiento de los científicos que las normas sociales. Además, hay que considerar que raras veces los observadores externos se interesan por la cultura técnica, y por lo general, son incompetentes en cuestiones técnicas, las explicaciones que les dan desde dentro deben ser tratadas con considerable cautela.

Los científicos trabajan con una distinción muy definida entre lo social y lo técnico. Esa misma distinción puede proporcionar un problema para los observadores en el sentido de que plantea la cuestión de si se ha logrado o no un equilibrio equitativo entre los dos lados de la dicotomía.

La distinción entre factores sociales e intelectuales es un recurso utilizado rutinariamente por los científicos activos. Latour y Woolgar intentan comprender cómo se presenta esta distinción en las actividades de los científicos, en lugar de demostrar que resulta más apropiado para entender la ciencia uno u otro lado de la dualidad.

Prestan atención a las cuestiones técnicas en el sentido en que la utilización que los científicos hacen de los términos técnicos e intelectual constituye una caracerística importante de su actividad. Pero consideran que el uso de tales conceptos es un fenómeno que hay que explicar.

La antropología de la ciencia

Muchos aspectos de la ciencia descritos por los sociólogos tienen que ver con las minucias de la actividad científica que ocurren rutinariamente. El término antropología pretende indicar la presentación preliminar de material empírico acumulado.

Aunque en la inmersión de Latour y Woolgar no se pretende dar una descripción exhaustiva de las actividades de todos los practicantes de igual parecer, sí que pretenden proporcionar una monografía de investigación etnográfica de un grupo específico de científicos. Dando una importancia especial a la colección y descripción de las observaciones de la actividad científica obtenidas en un escenario concreto.

El hecho de que los científicos a veces cambien la manera y el contenido de sus afirmaciones cuando hablan con observadores externos origina problemas tanto en la reconstrucción que dichos observadores externos hacen de los acontecimientos científicos, como en la apreciación de cómo se hace ciencia.

Despues de esta afirmación, ponen de claro manifiesto la distorsión que produce la actividad de observación. Distorsión bidireccional ya que implica tanto que los científicos no se comportan de manera habitual y los observadores no entienden de manera correcta.

Aún así, Latour y Woolgar insisten en que es necesario recuperar parte del carácter artesanal de la actividad científica mediante observaciones in situ de la práctica científica. Considerando especialmente instructivo captar como algo extraño esos aspectos de la actividad científica que fácilmente se dan por sentados.

Consideraron a los científicos del laboratorio donde estuvieron observando, como una tribu en la que se corre el peligro de malentender la manipulación y producción de objetos cotidianos. Por lo que intentaron que las actividades del laboratorio les parecieran  tan extrañas como sea posible para no dar demasiadas cosas por supuestas.

Es decir, se pone de manifiesto por un lado que el desconocimiento de la actividad y procesos científicos provoca ruido en las interpretaciones, y por otro lado, proponen, que al ser absolutos neófitos, no darán nada por supuesto. Me parece una metodología cuanto menos paradójica.

Aunque se ha hablado mucho acerca de si la ciencia social puede seguir los modelos de Popper o de Kuhn, no está claro que las descripciones de la ciencia que hacen esos autores se correspondan con las realidades de la práctica científica. Pero Latour y Woolgar evitan estas cuestiones generales y se centran en los problemas específicos que pueden tener en común el científico practicante y el observador de la actividad científica.

El interés por lo social no se limita a esas observaciones no técnicas a las que se les pueden aplicar conceptos sociológicos tales como normas o competencia. En cambio, consideran que el proceso de construcción del sentido que la aplicación de conceptos sociológicos implica es sumamente significativo para su propio enfoque. Les interesa la construcción social del conocimiento científico en la medida en que ésta presta atención a los procesos mediante los que los científicos dan sentido a sus observaciones.

Esta observación sí me parece de gran interés y de la que se podrían concluir algunos aspectos interesantes, ya que al fin y al cabo, se trata de descubrir la especificidad del conocimiento científico en cuanto a su construcción social. Siempre podemos encontrarnos con que esa especifidad no es tal.

Los hechos técnicos son mucho más que meras operaciones psicológicas; el mismo acto de percibir está constituido por fuerzas sociales predominantes. Sin embargo, Latour y Woolgar consideran que su interés se ha de centrar en los detalles del proceso de observación. Les interesa el uso de procedimientos socialmente disponibles para construir una descripción ordenada del aparente caos de las percepciones disponibles.

Pero la metodología utilizada puede conducir  a conclusiones erróneas. Dicho caos lo mismo sólo es caos desde el punto de vista del observador, no desde el punto de vista del científico.

La construcción del orden

A Latour y a Woolgar les interesa de qué manera se construye el orden científico a partir del caos.  Interés razonable y  más que justificado, si realmente se considera que el conocimiento científico parte del caos.

En primer lugar por el hecho de que siempre hay disponible una serie de rasgos sociológicos alternativos que se podrían invocar para explicar la ocurrencia de una determinada acción científica. En principio, se puede socavar o encontrar defectos en cualquier alternativa, puede ser preferible cambiar el centro de atención y examinar de qué modo se invocan los rasgos para que produzcan orden.

En segundo lugar, los observadores externos parecen estar en una posición esencialmente similar a la de los científicos, pues se enfrentan a la tarea de construir una explicación ordenada a partir de una disposición desordenada de observaciones.

El observador tiene que basar su análisis en razones cambiantes. Se enfrenta a la tarea de producir una versión ordenada de observaciones y afirmaciones cuando se puede presentar una alternativa a cada una de sus lecturas de las observaciones y afirmaciones.

Los observadores producen regularmente versiones ordenadas para que otros las consuman. Por ello deben producir orden con fines prácticos, proceden eludiendo o ignorando las dificultades de principio. Si esto es así, entonces es importante entender cómo los observadores ignoran rutinariamente el problema filosófico de la disponibilidad constante de lecturas y descripciones alternativas. Desde este punto de vista, el núcleo de la investigación es la producción de orden.

La creencia de que la ciencia está bien ordenada tiene un corolario, que el estudio de su práctica es simple y que el contenido de la ciencia está más allá del estudio sociológico. Sin embargo, Latour y Woolgar mantienen que tano los observadores como los científicos se enfrentan de un modo rutinario  a un montón hirviente de interpretaciones alternativas.

De nuevo la visión totalmente parcial y sesgada motivada por la extrapolación de conclusiones al mundo científico partiendo de un único ejemplo concreto, puede desmerecer las generalidades a las que llegan. Hay que distinguir la ciencia del método científico, y hay que hacerlo en dos vertientes, teoría y praxis. Las intersecciones no serán disjuntas, pero desde luego no se solapan de la manera tan evidente como Latour y Woolgar tratan de  concluir.

Resumen crítico del Capítulo 1 de La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos. Bruno Latour y Steve Woolgar