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La dependencia de la observación de la teoría y la falibilidad de las falsaciones

El falsacionista ingenuo insiste en que la actividad científica debe dedicarse a intentar falsar las teorías estableciendo la verdad de los enunciados observcacionales que son incompatibles con ellas. Los falsacionistas más sofisticados se dan cuenta de la insuficiencia de esto y reconocen la importancia del papel que desempeña la confirmación de las teorías especulativas, así como la falsación de las bien establecidas.

Una cosa que ambos tipos de falsacionistas poseen en común, sin embargo, es que hay una importante diferencia cualitativa en el estatus de las confirmaciones y de las falsaciones. Las teorías se pueden falsar de manera concluyente a la luz de las pruebas adecuadas, mientras que nunca se pueden establecer como verdaderas sean cuales fueren las pruebas. La aceptación de la teoría siempre es provisional. El rechazo de la teoría puede ser concluyente. Este es el factor que hace a los falsacionistas acreedores de su nombre.

Todos los enunciados observacionales son falibles. Si un enunciado universal o un grupo de enunciados universales que constituyen una teoría o parte de una teoría choca con algún enunciado observacional, puede ser que sea el enunciado observacional el que esté equivocado. No hay nada en la lógica de la situación que exija que siempre haya de ser la teoria la rechazada en caso de un choque con la observación. Se podría rechazar un enunciado observacional falible y conservar la teoría falible con la que choca.

Esto fue precisamente lo que sucedió cuando se conservó la teoría de Copérnico y se rechazó la observación realizada a simple vista de que Venus no varíaba apreciablemente de tamaño a lo largo del año, la cual era incompatible con la teoría copernicana.

No se pueden conseguir falsaciones de teorías que sean concluyentes y simples.

La inadecuada defensa de Popper

Popper destaca la importante distinción entre los enunciados observacionales públicos, por un lado, y las experiencias perceptivas privadas de los observadores, por otro.

No hay un paso simple que lleve de las experiencias privadas a un enunciado observacional que pretenda describir la situación observada. Un enunciado observacional, formulado en un lenguaje público será comprobable y estará sujeto a modificaciones o rechazos.

Aceptar o no un determinado resultado observacional estará motivado en parte por las experiencias perceptivas pertinentes, pero ninguna experiencia perceptiva de un individuo será suficiente para establecer la validez de un enunciado observacional. Cualquier observador puede verse movido a aceptar algún enunciado observacional basándose en una percepción y, sin embargo, ese enunciado observacional puede ser falso.

La postura de Popper sobre los resultados observacionales es que su aceptabilidad se mide por su capacidad para sobrevivir a las pruebas. Popper subraya el papel de las decisiones que hacen los individuos y los grupos de individuos para aceptar o rechazar lo que Chalmers denomina enunciados observacionales y Popper enunciados básicos.

Chalmers reformula la postura de Popper de un modo menos subjetivo: un enunciado observacional es aceptable, provisionalmente, en una determinada etapa del desarrollo de una ciencia, si es capaz de superar todas las pruebas que posibilite el desarrollo de la ciencia en cuestión en esta etapa.

De acuerdo con Popper, los enunciados observacionales que sirven de base para valorar el mérito de una teoría científica son en sí mismo falibles.

Precisamente lo que socava la postura falsacionista es el hecho de que los enunciados observacionales son falibles y de que su aceptación es sólo provicional y está sujeta a revisión.

No se puede falsar de manera concluyente una teoría porque no se puede excluir la posibilidad de que la responsable de una predicción errónea sea alguna parte de la compleja situación de comprobación y no la teoría sometida a la prueba.

Sobre la base de los argumentos históricos, el falsacionismo es insuficiente

Para los falsacionistas, un hecho histórico embarazoso es que si los científicos se hubieran atenido estrictamente a su metodología, aquellas teorías que se consideran por lo general como los mejores ejemplos de teorías científicas nunca habrían sido desarrolladas, porque habrían sido rechazadas en su infancia. Dado cualquier ejemplo de una teoría científica clásica, ya sea en el momento de su primera formulacion o en una fecha posterior, es posible encontrar afirmaciones observacionales que fueron generalmente aceptadas en esa época y que se consideraron incompatibles con la teoría. No obstante estas teorías no fueron rechazadas y esto fue una suerte para la ciencia.

En los primeros años de su vida, la teoría grativatoria de Newton fue falsada por las observaciones de la órbita lunar. Llevó casi cincuenta años desviar esta falsación hacia causas distintas de la teoría newtoniana.

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Grados de Falsabilidad Relativos en Vez de Absolutos

Una hipótesis debe ser falsable, cuanto más falsable mejor, y, no obstante, no debe ser falsada. Pero estas condiciones por sí solas son insuficientes. Una condición adicional va unida a la necesidad que tiene la ciencia de progresar. Cualquier hipótesis debe ser más falsable que aquélla en cuyo lugar se ofrece.

En general, una teoría recién propuesta será considerada como digna de atención por parte de los científicos si es más falsable que su rival, y en especial si predice un nuevo tipo de fenómeno que su rival no mencionaba.

Es muy difícil especificar hasta qué punto es falsable una teoría. No se puede definir la medición absoluta de la falsabilidad simplemente porque el número de falsadores potenciales de una teoría siempre será infinito. Por otro lado, a menudo es posible comparar los grados de falsabilidad de las leyes o teorías.

Idealmente, al falsacionista le gustaría poder decir que la serie de teorías que constituyen la evolución histórica de la ciencia está hecha de teorías falsables, siendo cada una en la serie más falsable que su predecesora.

El aumento de la falsabilidad y las modificaciones ad hoc

La exigencia de que, según progresa la ciencia, sus teorías sean cada vez más falsables y en consecuencia tengan cada vez más contenido y sean cada vez más informativas excluye que se efectúen modificaciones en unas teorías destinadas simplemente a proteger una teoría de una falsación amenazadora. Una modificación en una teoría que no tenga consecuencias comprobables que no fueran ya consecuencias comprobables de la teoría sin modificar será denominada modificación ad hoc.

El falsacionista rechaza las modificaciones ad hoc, y acepta por tanto las modificaciones que no son ad hoc. Las modificaciones efectuadas en una teoría en un intento de salvar una dificultad no necesitan ser ad hoc.

Si la hipótesis modificada, más falsable, supera la falsación frente a las nuevas pruebas, entonces se habrá aprendido algo nuevo y se habrá progresado.

La confirmación en la concepción falsacionista de la ciencia

En la entrada  Introducción sobre el Falsacionismo vimos como los fracasos de las teorías ante las pruebas experimentales y observacionales, tenían una importancia fundamental. La lógica permite el establecimiento de la falsedad pero no de la verdad de las teorías a la luz de los enunciados observacionales. La ciencia progresaría proponiendo conjeturas osadas, sumamente falsables, como intentos de resolver los problemas, seguidas de implacables intentos por falsar las nuevas propuestas. Los avances importantes en la ciencia llegaban cuando se falsaban estas audaces conjeturas.

Sin embargo, prestar una atención exclusiva a los casos de falsación equivale a representar de manera equivocada la postura del falsacionista sofisticado.

Los adelantos importantes vendrán marcados por una de estas dos opciones:

  • la confirmación de las conjeturas audaces. Estos casos serán informativos y constituirán una importante aportación al conocimiento científico.
  • la falsación de las conjeturas prudentes, son informativas porque establecen que lo que se considera sin más problemas verdaderos es en realidad falso.

El falsacionismo desea rechazar las hipótesis ad hoc y estimular la propuesta de hipótesis audaces como mejoras potenciales de las teorías falsadas. Estas hipótesis audaces conducirán a predicciones nuevas y comprobables, que no se siguen de la teoría original falsada.

Antes de que se pueda considerar que es un sustituo adecuado de una teoría falsada, una teoría recién y audazmente propuesta debe efectuar algunas nuevas predicciones que queden confirmadas. Muchas especulaciones descabelladas e imprudentes no superarán las pruebas posteriores y no serán contribuciones al desarrollo del conocimiento científico. La ocasional especulación descabellada e imprudente que conduce a una nueva e improbable predicción, que no obstante queda confirmada por la observación o la experimentación, quedará por ello establecida como un momento culminante en la historia del desarrollo científico.

Audacia, novedad y conocimiento básico

Audaz y nuevo son nociones históricamente relativas.

Una conjetura audaz está en conflicto con las teorías generalmente aceptadas en la época. Si llamamos al complejo de teorías científicas, generalmente aceptadas y bien establecidas en alguna etapa de la historia de la ciencia, conocimiento básico de esa época, entonces podemos decir que una conjetura será audaz si sus afirmaciones son improbables a la luz del conocimiento básico de la época. La teoría general de la relatividad era audaz en 1915 porque en esa época el conocimiento básico incluía el supuesto de que la luz se propaga en línea recta. Dicho supuesto chocaba con una consecuencia de la teoría general de la relatividad, que los rayos de luz se debían curvar en campos gravitatorios fuertes.

Las predicciones son nuevas si conllevan algún fenómeno que no figure en el conocimiento básico de la época o que quizás esté explícitamente excluido por él.

La confirmación de una conjetura audaz supondrá la falsación de alguna parte del conocimiento básico con respecto al cual era audaz la conjetura.

Comparación de las concepciones inductivista y falsacionista de la confirmación

El propósito de la ciencia es falsar las teorías y reemplazarlas por teorías mejores, teorías que demuestren una mayor capacidad para resistir las pruebas. Las confirmaciones de las nuevas teorías son importantes en la medida en que constituyen la demostración de que una nueva teoría es una mejora de la teoría a la que reemplaza, la teoría que es falsada por la evidencia descubierta con ayuda de la nueva teoría y que la confirma. Una vez que la audaz teoría recién propuesta logra desbancar a su rival, se convierte a su vez en un nuevo blanco al que se dirigirán las pruebas rigurosas ideadas con la ayuda de otras teorías audazmente conjeturadas.

Debido al hincapié que hacen los falsacionistas en el desarrollo de la ciencia, su concepción de la confirmación es significativamente distinta a  la de los inductivistas. La importancia de algunos casos confirmadores de una teoría según la postura inductivista está determinada exclusivamente por la relación lógica existente entre los enunciados observacionales que son confirmados y la teoría que éstos apoyan.

Los casos confirmadores lo son si proporcionan apoyo inductivo a una teoría, y cuanto mayor sea el número de casos confirmadores establecidos, mayor será el apoyo a la teoría y más probable será que sea verdadera.

En contraposición, en la concepción falsacionista la importancia de las confirmaciones depende muchísimo de su contexto histórico. Una confirmación será importante si se estima que es improbable que suceda a la luz del conocimiento básico de la época. Las confirmaciones que son conclusiones conocidas de antemano son insignificantes. Si hoy en día confirmo la teoría de Newton tirando una piedra al suelo, no contribuyo con nada de valor a la ciencia.

Hertz confirmó la teoría de Maxwell cuando detectó las primeras ondas de radio. Yo también confirmo la teoría de Maxwell siempre que escucho la radio.

Hertz dio un importante paso adelante, yo solo paso el tiempo. El contexto histórico es el que establece la diferencia.

El falsacionista dice…

El falsacionista admite francamente que la observación es guiada por la teoría y la presupone. También se congratula de abandonar cualquier afirmación que implique que las teorías se pueden establecer como verdaderas o probablemente verdaderas a la luz de la evidencia observacional.

Las teorías se construyen como conjeturas o suposiciones especulativas y provisionales que el intelecto humano crea libremente en un intento de solucionar los problemas con que tropezaron las teorías anteriores y de proporcionar una explicación adecuada del comportamiento de algunos aspectos del mundo o del universo.

Una vez propuestas, las teorías especulativas han de ser comprabadas rigurosa e implacablemente por la observación y la experimentación. Las teorías que no superan las pruebas observacionales y experimentales deben ser eliminadas y reemplazadas por otras conjeturas especulativas. La ciencia progresa gracias al ensayo y al error, a las conjeturas y refutaciones. Sólo sobreviven las teorías más aptas.

Aunque nunca se puede decir lícitamente de una teoría que es verdadera, se puede decir con optimismo que es la mejor disponible, que es mejor que cualquiera de las que han existido antes.

Una cuestión lógica que apoya al falsacionista

Según el falsacionismo, se puede demostrar que algunas teorías son falsas apelando a los resultados de la observación y la experimentación. En este punto hay una cuestión lógica que apoya al falsacionista.

Aunque supongamos que disponemos de alguna manera de enunciados observacionales verdaderos, nunca es posible llegar a leyes y teorías universales basándose sólo en deducciones lógicas.

Por otro lado, es posible efectuar deducciones lógicas, partiendo de enunciados observacionales singulares como premisas, y llegar a la falsedad de teorías y leyes universales mediante una deducción lógica. Por ejemplo, el ver un cuervo marrón refutaría el enunciado todos los cuervos son negros.

La falsedad de enunciados universales se puede deducir de enunciados singulares adecuados. El falsacionismo explota al máximo esta cuestión lógica.

La falsabilidad como criterio de teorías

El falsacionista considera que la ciencia es un conjunto de hipótesis que se proponen a modo de ensayo con el propósito de describir o explicar, de un modo preciso, el comportamiento de algún aspecto del mundo o del universo. Sin embargo, no todas las hipótesis lo consiguen.

Hay una condición fundamental que cualquier hipótesis o sistema de hipótesis debe cumplir si se le ha de dar el estatus de teoría o ley científica. Si ha de formar parte de la ciencia, una hipótesis ha de ser falsable.

Una hipótesis es falsable si existe un enunciado observacional o un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles que sean incompatibles con ella, esto es, que en caso de ser establecidos como verdaderos, falsarían la hipótesis. Por ejemplo, el enunciado llueve o no llueve no sería falsable, porque  siempre será verdadero, independientemente del tiempo que haga.

Una ley o teoría es informativa solamente en el caso de que excluya un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles. Si un enunciado no es falsable, entonces el mundo puede tener cualquier propiedad y comportarse de cualquier manera sin entrar en conflicto con el enunciado. Desde un punto de vista ideal, una teoría o ley científica debería proporcionarnos alguna información acerca de cómo se comporta en realidad el mundo, excluyendo por esta razón las maneras en las que podría posiblemente (lógicamente) comportarse, pero de hecho no se comporta.

El falsacionista mantiene que algunas teorías pasan de hecho como teorías científicas sólo porque no son falsables y deberían ser rechazadas. Popper, falsacionista por excelencia, ha afirmado que al menos algunas versiones de la teoría de la historia de Marx, el psicoanálisis de Freud y la psicología de Addler adolecen de este fallo.

Para que una teoría posea contenido informativo, ha de correr el riesgo de ser falsada.

Grado de falsabilidad, claridad y precisión

Una buena teoría o ley científica es falsable justamente porque hace afirmaciones definidas acerca del mundo. Para el falsacionista, de ello se sigue bastante claramente que cuanto más falsable es una teoría mejor es. Cuanto más afirme una teoría, más oportunidades potenciales habrá de demostrar que el mundo no se comporta de hecho como lo establece la teoría. Una teoría muy buena será sumamente falsable y resistirá la falsación todas las veces que se someta a prueba.

Por supuesto, las teorías que han sido falsadas tienen que ser rechazadas de forma tajante.

Aprendemos de nuestros errores, la ciencia progresa mediante el ensayo y el error. Debido a que la situación lógica hace imposible la derivación de leyes y teorías universales a partir de enunciados observacionales, pero posible la deducción de su falsedad, las falsaciones se convierten en importantes hitos, en logros sobresalientes, en los principales puntos del desarrollo de la ciencia. Este hincapié algo antiintuitivo que hacen los falsacionistas más extremos en la importancia de las falsaciones será criticado por Chalmers posteriormente.

El falsacionismo reconoce las limitaciones de la inducción y la subordinación de la observación a la teoría. Sólo se pueden descubrir los secretos de la naturaleza con la ayuda de teorías ingeniosas y perspicaces. No hay peligro de que proliferen las teorías especulativas porque las que sean descripciones inadecuadas del mundo pueden ser eliminadas drásticamente como resultado de la observación o de otras pruebas.

La exigencia de que las teorías sean sumamente falsables tiene la atractiva consecuencia de que las teorías sean establecidas y precisadas con claridad. Si se establece una teoría de forma tan vaga que no queda claro qué afirma exactamente, encontes cuando se comprueba mediante la observación o la experimentación, siempre se podrá interpretar que es compatible con los resultados de esas pruebas. De esta manera, podrá ser defendida contra las falsaciones. Cuanto más precisamente se formula una teoría, se hace más falsable.

Las exigencias de precisión y claridad de expresión, que van íntimamente ligadas, se siguen naturalmente de la concepción de la ciencia que tiene el falsacionista.

Falsacionismo y progreso

El progreso de la ciencia, tal y como lo ve el falsacionista, se podría resumir de la siguiente manera.

La ciencia comienza con problemas, problemas que van asociados con la explicación del comportamiento de algunos aspectos del mundo o del universo. Los científicos proponen hipótesis falsables como soluciones al problema. Las hipótesis conjeturadas son entonces criticadas y comprobadas. Algunas serán eliminadas rápidamente. Otras pueden tener más éxito. Estas deben someterse a críticas y pruebas más rigurosas.

Cuando finalmente se falsa una hipótesis que ha superado con éxito una gran variedad de pruebas rigurosas, surge un nuevo problema, afortunadamente muy alejado del problema original resuelto. Este nuevo problema exige la invención de nuevas hipótesis, seguidas de nuevas críticas y pruebas. Y así el proceso continúa indefinidamente.

Nunca se puede decir de una teoría que es verdadera, por muy bien que haya superado pruebas rigurosas, pero afortunadamente se puede decir que una teoría actual es superior a sus predecesoras en el sentido de que es capaz de superar pruebas que falsaron a sus predecesoras.

El concepto de progreso, de desarrollo científico, es fundamental en la concepción falsacionista de la ciencia. Lo veremos en la siguiente entrada.