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Humboldt distingue entre dos sentidos del lenguaje:

  • Desde una perspectiva cognitiva el lenguaje articula una precomprensión del mundo en su conjunto intersubjetivamente compartida por la comunicada lingüística. Crea un marco para posibles interpretaciones del acontecer intramundano.
  • Al mismo tiempo el lenguaje determina el carácter y la forma de vida de una nación.

Los rendimientos del lenguaje como órgano constitutivo del pensamiento son lo que posteriormente Heidegger analizará como la apertura del mundo lingüística, la cual debe distinguirse de la constitución de los contextos que forma el mundo de la vida para las situaciones de acción y los procesos de entendimiento.

La disposición hermenéutica al mutuo entendimiento de otras culturas y formas de vida y un recíproco aprendizaje de los que nos son extraños conduce a la rectificación de los prejuicios. Humboldt liga el descentramiento del propio horizonte de entendimiento con el fomento de orientaciones de valor universalistas. El descuido de la función expositiva del lenguaje es un análisis convincente de las condiciones de la referencia y la verdad de los enunciados, y sigue siendo el talón de Aquiles de toda la tradición hermenéutica.

Precisamente en la función expositiva del lenguaje se concentra Frege , que no tiene contacto de ningún tipo con la tradición de Humboldt. Frege se limita en lo esencial al análisis lógico de la forma de las proposiciones simples. La semántica formal separa la dimensión comunicativa del lenguaje en la que, según Humboldt, residía la racionalidad del entendimiento del análisis lógico, y la deja en manos de una investigación de tipo empírico. Heidegger, de la misma forma, pasa por alto el planteamiento de Humboldt acerca de una pragmática formal. Sólo sigue de él la veta semántica. Pero no parte como Frege de la función expositiva, sino de la función de apertura del mundo del lenguaje, y se centra en el análisis semántico de las estructuras conceptuales y de los plexos de sentido que son inmanentes a la forma del lenguaje en cuanto tal.

Aunque partiendo de puntos contrapuestos, la filosofía analítica y la hermenéutica se han limitado al aspecto semántico:

  • por una parte a la relación entre proposición y hecho
  • por otra a la articulación conceptual del mundo que es inmanente a un lenguaje natural.

Humboldt esbozó un marco categorial que contempla tres planos de análisis:

  1. En el primer plano se encuentra el carácter constituidor del mundo que tiene el lenguaje
  2. En el siguiente, la estructura pragmática del habla y del entendimiento
  3. En tercer lugar, la representación de los hechos

Los planteamientos hermenéuticos o analíticos se mueven respectivamente en los planos primero o tercero. Ambos son partidarios del primado de la semántica sobre la pragmática y ambos se enfrentan por tanto al mismo problema: corregir, sin caer en falsas reducciones, la abstracción inicial.

Con respecto a Heidegger y a Frege, podríamos establecer las siguientes ganancias y pérdidas en relación con Humboldt :

  1. Según Humboldt entendemos una expresión lingüística cuando sabemos bajo qué circunstancias podemos servirnos de ella para entendernos acerca de algo en el mundo. Pero sólo con Frege se encuentra una explicación de la conexión interna entre significado y validez en el plano de las proposiciones asertóricas simples. Frege considera las proposiciones como las unidades lingüísticas más pequeñas que pueden ser verdaderas o falsas. Es decir, establece la primacía de la oración sobre las palabras o del juicio sobre el concepto. Wittgenstein también entiende la proposición como expresión de sus condiciones de verdad, y esto acarrea interesantes consecuencias. Todas las expresiones de un lenguaje están ligadas entre sí por una compleja red de hilos semánticos. Una concepción holística del lenguaje pondría en cuestión la determinabilidad semántica de las oraciones simples. Por eso Frege defiende simultáneamente un principio de composición según el cual el significado de una expresión compleja es resultado de las significaciones de sus componentes. Principio correspondido en el Tractatus con la idea de que un lenguaje lógicamente transparente, que cumpla exclusivamente la función de representar los hechos, debe estar formado a partir de proposiciones atómicas compuestas de modo veritativo funcional. Otra consecuencia de la primacía de la oración sobre la palabra, o del juicio sobre el concepto es el rechazo de la concepción tradicional según la cual los símbolos lingüísticos son esencialmente nombres de objetos. El sentido no debe ser confundido con la referencia, ni el contenido de un enunciado con la referencia al objeto del que se dice algo. Wittgenstein atribuye a un lenguaje universal lógico, que representa los hechos transparentemente, la cualidad de ser constituidor del mundo. Los límites del lenguaje significan los límites de mi mundo, las proposiciones de la semántica lógica nos dejan ver la estructura del mundo. En el lugar de las categorías del entendimiento, que según Kant constituyen los objetos de la experiencia posible, aparece en Wittgenstein la forma lógica de las proposiciones elementales: Dar la esencia de la proposición significa dar la esencia de toda la descripción, o sea, la esencia del mundo. Sólo con este paso ratifica Wittgenstein el giro lingüístico introducido por Frege. Wittgenstein sólo llevó a cabo una detallada crítica al mentalismo, depués de haber sustituido el análisis de las formas lingüísticas propias de un pensar del entendimiento no reflexivo que lleva a cabo en el Tractatus, por las gramáticas de los juegos de lenguaje que son constitutivas de otras tantas formas de vida. De esta forma, da a la intuitiva distinción de Frege entre pensamientos y representaciones una interpretación inequívoca.
  2. Heidegger llega por otro camino a la misma crítica de la filosofía de la conciencia. Elabora una analítica existenciaria del Dasein humano. Conecta de forma original motivos originados en Dilthey y Husserl y que explican por qué una investigación planteada de una forma completamente distinta finalmente coincide con la idea de Humboldt de que sólo hay mundo donde hay lenguaje. Según Dilthey, las históricas ciencias empíricas habían desarrollado de manera diferencial el tradicional arte de la interpretación de textos hasta convertirlo en un método de la interpretación del sentido. Su fin es la comprensión de unos sentidos que están encarnados en las expresiones simbólicas, las tradiciones culturales y las instituciones sociales. Heidegger desliga la operación del comprender de su contexto metodológico y de su pretensión de ser una operación científica, y la radicaliza hasta convertirla en un rasgo fundamental del Dasein humano. A los seres humanos les es dado originalmente comprender el mundo y comprenderse a sí mismos en ese mundo. Heidegger hace suyos los elementos esenciales de la fenomenología trascendental de Husserl, después de haber sustituido el modelo fenomenológico de descripción de percepciones por el modelo hermenéutico de interpretación de textos. La fenomenología hermenéuticamente transformada dirige su atención al contexto que acompaña la realización de esta emisión. Husserl caracteriza el mundo que experimentamos en nuestra vida como el fundamento universal de las creencias de la experiencia. Heidegger analiza esas totalidades referenciales que se le abren al hombre en su relación práctica con objetos y eventos de su entorno. Heidegger investiga la articulación lingüística de la comprensión previa del mundo al hilo de lo que esperamos y de lo que anticipamos conceptualmente, en cuyo horizonte algo se nos hace inteligible en cuanto tal cosa. El fenómeno de esta estructura previa del comprender sitúa a Heidegger por detrás de la concepción trascendental del lenguaje de Humboldt. Nuestro mundo se articula según puntos de vista prácticos determinados gramaticalmente en distintos tipos de procesos y objetos, de objetos animados e inanimados, objetos encontrados o fabricados. La estrategia desde la que Heidegger prejuzga todo es la subordinación de la estructura del algo como algo predicativo a la estructura del algo como algo hermenéutico, procedente de la articulación categorial de los entes en su totalidad. Sólo podemos atribuir a determinados objetos determinadas cualidades cuando éstos se nos hacen accesibles dentro de las coordenadas conceptuales de un mundo abierto lingüísticamente, como objetos ya categorizados. La pertinencia de un predicado a un objeto depende de la posibilitación de la verdad, de una previa apertura del mundo como acontecer de la verdad, renunciando así al sentido universalista de la verdad. Se trata de una apertura del mundo lingüística que en sí misma no es ni verdadera ni falsa, simplemente acontece. Mientras separemos la predicación de cualidades de la referencia a objetos y podamos reconocer los mismos objetos bajo distintas decripciones, existe la posibilidad de ampliar nuestro saber sobre el mundo. Heidegger concede a la semántica de las imágenes del mundo una primacía absoluta sobre la pragmática de los procesos de entendimiento. Los hablantes son prisioneros de su propio lenguaje. El habla verdadera es únicamente notificación del ser. Wittgenstein llega a un resultado parecido. El giro pragmático desde la semántica veritativa hasta una teoría del comprender basada en una teoría de los usos del lenguaje no significa solamente una bienvenida de transcendentalización del lenguaje. Con su acceso descriptivo al uso del lenguaje tal como funciona de hecho, Wittgenstein difumina y neutraliza simultáneamente la dimensión cognitiva del lenguaje. Al igual que Heidegger, cuenta con el trasfondo de una comprensión del mundo que, sin ser por sí misma verdadera o falsa, establece de antemano los criterios para los enunciados verdaderos o falsos.

Resumen de Wittgenstein y Heidegger: coincidencias en el giro lingüístico

Capítulo 1 Filosofía hermenéutica y filosofía analítica. Dos formas complementarias del giro lingüístico

Verdad y Justificación. Jürgen Habermas

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La diferencia ontológica y el Dasein

Heidegger parte en su análisis de la Metafísica de lo que denomina la diferencia ontológica entre el Ser y el Ente. La Metafísica occidental en tanto que ontología ha ligado siempre el ser al ente, haciendo depender el primero del segundo. Heidegger pretende oponerse a este olvido del Ser proponiendo más que una superación de la Metafísica, que sería su destrucción,una asunción que permita el establecimiento del lugar de la Metafísica, su localización.

 Heidegger considera que el fundamento de la Metafísica lo constituye la verdad del Ser en sí mismo más allá de la referencia del Ser al ente. Un pensamiento que se proponga experimentar el fundamento de la Metafísica ha abandonado la Metafísica. Supone ir más allá del pensamiento representativo, inaugurar otro tipo de pensamiento que quizás tenga algo que ver con la poesía y el arte.

Antes de intentar salir de la Metafísica busquemos con Heidegger su fundamento. Esta búsqueda tiene que ser forzosamente histórica, genealógica, ya que desde el principio Heidegger ha vinculado de manera esencial el Ser al Tiempo. Su obra Ser y Tiempo fue concebida como la explicitación y estructuración de la pregunta que interroga por el sentido del ser, se presentan los dos problemas fundamentales que plantea el desarrollo de dicha pregunta: la fijación del ente que funciona como primario en estas preguntas (el Dasein) y la apropiación del modo de acceso a dicho ente. El primer problema nos lleva a la formulación de una analítica ontológica del ser-ahí como un poner en libertad el horizonte para una exégesis del sentido del ser en general, horizonte que se nos revela como temporalidad, como tiempo. El segundo problema nos lleva a la cuestión de la destrucción-superación de la historia de la ontología.

El preguntar por el Ser es radicalmente un pensar histórico, el análisis de la historiografía filosófica es la premisa fundamental para poder plantear dicha pregunta por el Ser de los entes. La ontología fundamental se plantea como analítica existencial del Dasein, a partir de la cual será posible plantear la elaboración de las otras ontologías regionales. El Dasein no se identifica con el hombre concreto, sino que es más bien el ámbito en que se produce la apertura del hombre hacia el Ser. El existencialismo francés, especialmente Sartre y Merleau-Ponty, explotará posteriormente la noción de Dasein entendida como el sujeto humano, en su sentido ético y existencial.

La metafísica occidental como onto-teología

Además del análisis existencial del Dasein, la explicitación de la pregunta por el Ser exige una deconstrucción de la historia de la Metafísica. Para Heidegger la pregunta por qué es la Metafísica nos lleva al análisis de la historia, ya que el ser es un ser epocal, cuyo destino es esencialmente epocal, es la historia universal.

Las épocas fundamentales en la historia del Ser, aquellas detenciones básicas para considerar el Ser de los entes, han sido la presentación del Ser

  • por Platón como idea,
  • por Aristóteles como energía,
  • por Kant como positio,
  • por Hegel como concepto absoluto,
  • por Nietzsche como voluntad de poder.

Todos estos conceptos son palabras del Ser que responden a la pregunta por el Ser. Lo común a todas estas respuestas es que el Ser se entiende como presencia. La relación esencial entre el Ser y la presencia es la forma en que se ha captado en la historia de la Metafísica occidental la temporalidad del Ser. Heidegger resume así la relación entre Ser y tiempo: La Presencia (Ser) pertenece al claro abierto al retirarse (tiempo). El claro abierto al retirarse lleva consigo la presencia. Esta sumisión del sentido del Ser a la presencia del ente presente es lo que ha producido ya desde el origen de la Metafísica el olvido del Ser como diferencia entre el Ser y el ente. La diferencia entre el Ser y el ente, en cuanto diferencia de lo que sobreviene y la llegada es el diferir que vela y desvela de ambos. Aparece claramente el Ser como diferencia.

Heidegger coloca la diferencia entre Ser y ente en el diferir que precede la esencia de la diferencia e ilumina de esta manera el destino del Ser desde su origen hasta su cumplimiento. La Metafísica al pensar el ente como tal en su totalidad ha olvidado la diferencia como diferencia, al centrarse en los entes como diferentes y la búsqueda del fundamento de los entes. Este fundamento aparece como el Ser en el que se funda el ente, pero el ente supremo aparece como el fundante, como la causa primera que justifica todos los entes.

De aquí la dualidad de la Metafísica: por un lado analiza el Ser del ente como lo más general y en este sentido es ontología, y por otro analiza el Ser como el ente supremo y en este sentido es Teología. La constitución onto-teológica de la Metafísica deriva del prevalecer de la diferencia, que conduce al ser como fundamento y al ente como fundado-fundante justificante a diferir el uno del otro y a volverse el uno hacia el otro.

Nihilismo y Modernidad

La época moderna aparece caracterizada por Heidegger por la técnica basada en máquinas, la ciencia, la consideración del arte como expresión estética de la vida humana, la concepción del obrar humano como cultura y la desdivinización o secularización del mundo que cristianiza la imagen del mundo y a la vez transforma el cristianismo en una visión del mundo.

La época moderna surge cuando el mundo se convierte en imagen, el conocimiento en representación y el hypokeymenon se convierte en sujeto por obra de Descartes, lo que supone la conversión de la Metafísica en teoría del conocimiento.

Heidegger interpreta la técnica no como un simple instrumento de transformación del mundo, sino como un modo de des-ocultar, como un poner que se impone. La imposición como constelación del Ser y del hombre es el preludio de una noción que introduce Heidegger para aludir a algo que se encuentra más allá del Ser, el ámbito a través del cual el hombre y el ser se encuentran en su esencia.

El ámbito en el que el propio Ser encuentra su sitio, la posibilidad de pensar el Ser sin el ente, está ligado a la posibilidad misma del ámbito en el que el propio Ser encuentra su sitio. Pensar el Ser más allá de la Metafísica exige que se abandone el Ser como fondo del ente a favor del hay, entendido como donación. La apropiación y culminación de la Metafísica como olvido del Ser cosubstancial al propio Ser, se asocia a Heidegger como en Nietzsche y Jünger, con la superación y culminación del nihilismo, lo cual supone abandonar el lenguaje de la Metafísica para poder pensar la cuestión de la morada del Ser, de su localización.

Una filosofía que queda como estética no puede ser una solución aceptable al problema de la superación de la Metafísica. La solución de este problema está en la posibilidad de construir una nueva hermenéutica a partir de la existencia, un nuevo arte de la interpretación capaz de captar los problemas de la época del nihilismo consumado.

El pensamiento que va más allá de la Metafísica se acepta como finito, caduco y mortal; la superación de la Metafísica no podrá nunca ser más que una distorsión del pensamiento metafísico que sitúa la diferencia como lo inicial, como lo previo, anterior incluso a la diferencia ontológica que separa al Ser del ente.

Heidegger alumbra la posibilidad de un pensamiento transmetafísico, pero no lo logra, convirtiéndose en el último gran metafísico, que abre posibilidades aprovechadas por Vattimo, Derrida, Deleuze, entre otros, pensadores de una diferencia radical previa al Ser mismo y capaz de descentrarlo continuamente en un juego sin fin de diferencias entendidas como trazas materiales en un continuo diferir.