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Wayne Shorter

Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música

Madrid, 26 de Octubre de 2014

Cada vez más cortos son los pasitos que da el señor Shorter. Cuando hizo su entrada en el escenario me impresionó lo parsimonioso y dificultoso de su caminar, casi sin tenerse en pie, encorvado, dando pequeños pasos vacilantes. 81 años de historia le contemplan y sus motivos tiene para seguir en la brecha:

“Si estoy aquí es porque todavía creo que la carretera es la vía más rápida para abrir las puertas al arte. En esto, coincido con mi amigo Sonny Rollins. No se trata de tocar música por tocarla. Cuando uno tiene una misión en mente, hay algo que le mueve a no quedarse en casa sentado delante del televisor, cosa que, en cualquier caso, no hago. Sabes que allí fuera hay gente que toma nota de cuanto haces, a la que puedes ayudar en su desarrollo personal porque la música crea nuevas razones para existir”. 

Wayne Shorter_Auditorio Nacional de Musica Sala Sinfonica 26 10 2014 Prohibido hacer cualquier tipo de grabación durante el concierto y sorprendentemente, al menos que yo divisara desde todo lo alto del gallinero, el respetable público hizo honor a su nombre comportándose con todo el respeto que se merece este gurú del jazz. No podía ser de otra forma. Como documento gráfico vayan un par de distorsiones del momento de ovación y saludo con el que se despidieron de Madrid.

Por dónde empezar. Estamos hablando de uno de los grandes del jazz que sigue vivo y en activo. Está claro que no se encuentra en su mejor momento, la avanzada edad tiene que notarse, y se nota, pero básicamente en la elección del repertorio. Esperando encontrarme al Shorter más loco y desenfrenado destilando su bop más duro, la decepción afloró al finalizar un concierto delicado, intenso por momentos, pero sobre todo tranquilo y relajado donde el saxo soprano fue el protagonista. Yo, que soy más heavy que una lluvia de hachas, esperaba algo más de caña. Pero vaya, que pocas veces en mi vida he podido disfrutar con un saxo tan absolutamente brillante y magistral.

Heredero de Coltrane, comenzó su andadura con el pianista Horace Silver, con el que conoció el hard bop. Lo acabaría dominando hasta convertirse en toda una referencia del género. Unos años después, en 1959 pasó a formar parte de los Jazz Messenger, el grupo del pedazo de baterista Art Blakey, más bop y hard bop.  5 años después, el mismísimo Miles Davis, tras varios intentos fallidos, lo fichó para su quinteto. Menudo curriculum.

Wayne Shorter_Auditorio Nacional de Musica Sala Sinfonica 26 10 2014_Inaugura la década de los 70 con Weather Report, donde se tranquilizó un poquito. Mientras tanto seguía de gira con Freddie Hubbard, Herbie Hancock…¡Están todos!…

Danilo Pérez le acompañaba al piano, os podéis imaginar el nivel del amigo, pero lo que me dejó completamente patidifusa, ojiplática y orgasmada es el dúo que montaron
John Patitucci al contrabajo y Brian Blade a la batería. Impresionante documento ver a estas dos bestias rítmicas en acción. El tándem que se montaron fue de los de una vez al milenio. A veces tomaban tal protagonismo, con tanta fuerza, que anulaban al saxo, sin desmerecer al maestro ni mucho menos, sino dándole un respiro.

Hablar de Patitucci es volver a nombrar una ristra de grandes colaboraciones: B.B. King, Dizzy Gillespie, Stan Getz, Milton Nascimento, Astrud Gilberto, Chick Corea..por supuesto que no están todos…Yo nunca le había visto en acción y francamente impresionante como maneja a su antojo el enorme armatoste que es un contrabajo y como consigue sacarle tanto jugo con tanta maestría.

Blade es un baterista de Luisiana de poco más de 40 años con un registro que abarca desde la sensibilidad extrema hasta la mala leche supina y todo a la vez y ninguno de nada. O sea, que no sé explicarlo. Bestia Parda es lo más parecido…

En definitiva, un auténtico placer y un lujo sin precio poder ver en vivo y en directo a esta referencia del jazz que sigue soplando arte en estado puro. Un gran concierto, sin duda. Esos pequeños pasos que sigue dando Shorter son grandes pasos para la Humanidad.

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Ciclo de Jazz del Auditorio Nacional

Ambrose Akinmusire

Madrid, 17 de Marzo de 2012

Ambrose Akinmusire. Nombre peculiar donde los haya. Probablemente nunca lo hayas escuchado, cuesta un pelín aprenderse el apellido del tal Ambrose, pero una vez que lo escuchas…imposible olvidarlo. Si te gusta el Jazz, jazztás tardando 😉 .

Este pedazo de músico tocó anoche en el auditorio Nacional de Música, un escenario completamente a su altura, dentro del ciclo de Jazz organizado por el CNDM, Centro Nacional Para la Difusión Musical. Sí, la música de calidad tiene que estar subvencionada. Es una pena, pero es así. Aunque la pena de verdad es que las subvenciones son cada vez menores y los melómanos al final son los que salimos perdiendo.

El señor Ambrose Akinmusire, que toca la trompeta, iba acompañado de un elenco de músicos habitual: Walter Smith III, saxo tenor, Harish Raghavan al contrabajo,  Sam Harris, piano y Justin Brown a la batería. Formato de quinteto para una velada de la que esperaba algo más.

Un poco de contexto para los amantes de los orígenes y los porqués. Antes de cumplir 17 años, cuando la mayoría de sus congéneres se entretienen con la consola y el facebook, este caballero ya había compartido escenario con Joe Henderson, Joshua Redman o Steve Coleman. Llamarlo niño a lo mejor sería excesivo, pero prodigio no suena descabellado.

A los 25, es decir en 2007, ganó la Thelonious Monk International Jazz Competition, cuyo jurado incluía a músicos como Quincy Jones o Roy Hargrove, principiantes y neófitos como quien dice… Un año después, publicó su primer disco como solista, Prelude to Cora (Fresh Sound), por el que recibió excelentes críticas. Disco muy recomendable, sorprendente en la primera escucha, porque trae reminiscencias setenteras, un poco de psicodelia quizás, pero tras unas cuantas escuchas, prestando atención a los detalles, ves como detrás hay un compositor muy muy interesante y un intérprete aún más, y como el título anuncia, fresco, muy fresco.

Recientemente ha tocado con artistas como Herbie Hancock o Wayne Shorter. Queda claro que su proyección es más que una realidad, y salió de la rampa de lanzamiento con soltura. El año pasado recibió dos de los premios otorgados por la Jazz Journalist Association: como Artista Revelación y como Trompetista del Año. ¿Te ha quedado claro ya, no? Por reconocimientos y premios no será. Pero por talento y genialidad tampoco.

Ambrose Akinmusire fichó por Blue Note, no podía ser de otra forma, y publicó When the Heart emerges glistening, donde compone 10 de los 12 temas. Este segundo disco, en mi opinión es aún mejor, mucho más intenso y creativo, los derroteros por los que desparrama son más duros que en su primera obra, pero sigue evidenciando la maestría de este trompetista. No es bop, no es free, pero es jazz del mejor calibre. Desde el primer al último tema, la trompeta es espectacular.

¿El concierto?…fffffffffffffuuuuuuuuu!!!!!! Frío. Entraron muy tímidos y muy serios, quizás demasiado serios. A la mitad del concierto, cuando Akinmusire presentó a su banda (el no fue presentado así que me quedé con las ganas de saber como suena su apellido…), se relajaron un poco y hasta se le vió aparecer un par de veces una sonrisa blanca y amplia. Pero no se prodigaron en carantoñas. Disfrutando cada uno en solitario, sin mucha comunicación entre ellos, sin mucho feeling.

El primer tema muy buen sabor de boca, una trompeta vibrante, emocionante y tierna, seguido de un diálogo entre la trompeta y el piano, quieto y sostenido. Luego se unen todos durante un ratillo y mientras Akinmusire se retira al fondo del escenario, cosa que hizo en mi opinión demasiadas veces, el saxo cogía el protagonismo. Batería y contrabajo sonando como un muro rítmico lleno de matices metálicos y contundentes. En definitiva, una presentación excepcional que parecía anticipar lo bien que nos lo íbamos a pasar.

Pero fue como si mostraran todas sus cartas en estos primeros 12 minutos. El piano fue bastante neutro todo el tiempo, no le ví ni un sólo momento de brillantez, fue el único instrumento sin hacer solo y mostraba tendencias más clásicas que jazzísticas…un tanto soso :(.

El batería muy bueno, muy muy bueno. Pero siempre estaba ahí, no hubo ni un sólo segundo sin su presencia, cierto es que tocaba todos los vértices y todas las superficies que tenía a su disposición, y con cierta delicadeza y originalidad, y cierto que hizo un solo que fue como una marabunta, como la mayor apisonadora del planeta. Pero debería saber cuando no hay que estar.

El contrabajo también parecía interesante, y luego no aportó mucho más que lo que mostró en el primer tema. Hizo un solo un tanto extravagante y en mi opinión decepcionante.

El saxo elegante y correcto pero sin ser excepcional, aunque tuvo un par de momentos muy muy buenos.

El concierto tuvo un par de momentos realmente álgidos, en el tercer tema la trompeta fue realmente transgresora,  sonando como con múltiples voces  que se reclamaban espacio entre ellas, creo que fue lo que más me gustó, sin duda. También algunos ramalazos de desarmonía total entre saxo y trompeta, en el segundo tema, que me gustaron mucho. El bis a base de solos con el que terminaron…no me parece un adecuado fin de fiesta…

La calidad de la trompeta de Akinmusire es indudable, realmente es un virtuoso de la velocidad y la fluidez, tiene una increíble habilidad para generar nuevos patrones e intervalos y hay momentos en los que parece que te habla en un lenguaje nuevo. Pero no tuvo mucho protagonismo. Se quedó en segundo plano más veces de lo que sería conveniente para un artista de su talla y más teniendo en cuenta que el grupo lleva su nombre, dejando todo el peso a una banda, que siendo, por supuesto como no podía ser de otra forma, buenos músicos, no están a su altura, o cuanto menos no fueron capaces de enseñárnoslo. No había calidez ni emoción, no estaban vibrando al unísono, no había pasión.

Si Akimusire hubiera sido realmente el alma mater del concierto, como se refleja sobre todo en su segundo disco, habría sido un conciertazo, y no dejó de ser, una agradable noche de jazz, que probablemente recordaré cuando Akinmusire se convierta en leyenda…

Christian McBride Trío

XXVIII Festival de Jazz de Madrid

Auditorio Conde Duque, 18 de Noviembre de 2011

Bueno, bueno, bueno. Uno de los que pasan a la historia de conciertazo mítico. Pero mítico.

Christian McBride es un icono del jazz, pero no sólo toca jazz, aunque el concierto de anoche, salvo un homenaje a James Brown, con el que tocó hace unos años cumpliendo uno de sus sueños, y en el que hizo una pequeña incursión en el funky, fue jazz. Puro y duro. Del mejor. Sin contemplaciones. Sin miramientos. Pura diversión, puro disfrute.

McBride ha tocado con otros grandes, como por ejemplo Pat Metheny, Maceo Parker o Hank Jones, al que por cierto pude ver, de manera totalmente inesperada y sorpresiva, en el Birland, un club de Nueva York. Fuimos a ver a Joe Lovano y nos dimos cuenta de que había un señor muy mayor al que todo el mundo le hacía honores, estaba cenando. Dedujimos que era alguien importante de la escena, pero no teníamos ni idea de quien era. En esto que sale Lovano al escenario y le invita a que toque con él, pero no un tema, no. Todo el concierto. La cara del pianista oficial era un poema. Se pidió una cerveza junto a nosotros en la barra y disfrutó como un niño. Impresionante…oooooooohhhhhhhh que momento, otro de los míticos, míticos.

Volviendo al concierto de ayer, McBride apareció en el escenario, con una camiseta rapera, es decir, 5 tallas más grande que la suya, y este señor es bien grande en todas las dimensiones. Debajo una camisa blanca y una corbata. Muy peculiar. Una sonrisa que no le desapareció en todo el concierto, y una simpatía que irradiaba a raudales. ¡Vaya tio majo! Educado y elegante en la palabra y en el arte.

Los músicos que le acompañan son Ulysses Owens como baterista y Christian Sands al piano, según comentó McBride llevan juntos sólo 5 meses. Increible. Ulysses es la simpatía y la precisión personalizada. Se lo pasaron increiblemente bien tocando, pero Ulysses estaba continuamente jugando  con los demás instrumentos, en una improvisación gamberra y permanente en la que se perseguían unos a otros. Su sonrisa grande, limpia y brillantemente blanca fue continua, incluso en algunos momentos su carcajada sonora acompañaba como un instrumento más. Este señor puede tocarlo todo, tenía un estilo y una delicadeza sublime, y a la vez un punto de locura imprescindible para ser un buen baterista de jazz, y sin duda, uno de los mejores baterías de swing del momento. No lo digo yo, lo dice Christian Mcbride que lo presentó como swinger (y no se refería al intercambio de parejas). Lo es, muy bueno. Gran precisión, pero no metronómica, totalmente pasional, el ritmo es suyo, el lo inventó. Lo de Christian Sands no tiene nombre. 22 años, ni uno más ni uno menos. 22 años y nunca he escuchado a nadie que se parezca más a Oscar Peterson. Pero no el de los discos, sino el de los conciertos de Montreaux, el de verdad.No tengo muy claro cuando el gran Peterson se fué, pero desde ayer creo en la doctrina de la transmigración de las almas, porque Sands es la reencarnación de Peterson. Nunca he visto a alguien tan joven parecer tan maestro. Cualquier repertorio, cualquier estilo, cualquier ritmo, todo con una naturalidad pasmosa, un ritmo, una elegancia, una alegría y una fuerza que envuelven por completo. Sands va a ser muy grande. Ya lo es.

Los temas escogidos, fantásticos. Empezando por Thelonius Monk, unos acordes al más puro clásico y ortodoxo para dar paso a una obra maestra con un contrabajo que parecía un pura sangre en la carrera de su vida. Los dedos de McBride se fusionaban con las cuerdas, está claro que ha nacido para esto. El baterista delicado y salvaje a la vez. Despues de Monk, Killer Joe de Golson y a continuación nos soprenden con un impresionante My favorite things de Coltrane…es entonces cuando la sensación de dioooooos que suerte tengo de estar aquí presenciando esto sube como un chupinazo desde el centro de la pituitaria y se difunde por todo el cuerpo. Vellos erizados, endorfina a chorros…¡como me gusta esta sensación!

Despues, el baterista se nos marca un solo de los de quedarse sin aliento y continuan con un tema tranquilo, relajado, un blues de estos que te apetece escuchar una tarde lluviosa con un buen libro y una mantita…rrrrrrrrrr. Maravilloso, sublime, el tipo de temas con los que no se atreven todos para no dormir al personal, desconfianza más de su pericia que de la espectación que causan en los enfervorecidos seguidores del jazz.

Tiramos la manta, saltamos del sofá lanzando el libro al aire, porque llega Ellington y su Sophisticated Lady, y luego Horace Silver con Juicy Lucy. Con este repertorio y estos músicos no se puede fallar.

Para el último tema eligen Get into it, homenajeando a James Brown, con un desparrame final con el baterista palmeando, el pianista de pie rasgando las cuerdas dentro del marco, y el contrabajo golpeando las cuerdas con los dedos juntos y perpendiculares al traste. Se despiden con una ovación estupenda, que por supuesto les hace salir a los minutos para marcarse un bis. Empiezan a tontear con acordes de los Jackson Five, de Michael Jackson…y se lanzan con gran elegancia y humor a su última cabalgada explisova de la noche…

El concierto fue diversión, desenfreno, simpatía, carcajada, emoción, distensión. Los músicos se lo pasan de miedo, con piques entre ellos y un humor de lo más sano y estupendo. No solo son grandes músicos, son grandes showmen, y hasta me atrevería a decir que son grandes personas. Maravilloso. Estupendo. ¡Conciertazo!

Ciclo de Jazz “Hands”: Dave Holland y Pepe Habichuela

Auditorio Nacional de Música. Sala Sinfónica.

Madrid 13 de Noviembre de 2012

Dave Holland es inglés y bajista de jazz. Pepe Habichuela es español y guitarrista de flamenco. ¿Cualquier parecido es pura coincidencia?

Dentro del mítico festival de Jazz  San Juan Evangelista, en su XXX edición, hemos tenido la suerte y el honor de ver a estos dos especímenes juntos. No  iban solos, Pepe Habichuela estaba bien acompañado de sus compañeros habituales de faranduleo, Josemi Carmona a la  guitarra y Bandolero y Juan Carmona a la percusión. Y con todos ellos, Dave Holland al  contrabajo.

Dave Holland se ha codeado con gente tan absolutamente magistral como pueden ser Corea o Davis y es uno de los contrabajistas de jazz más importantes del momento, con una discografía impresionante a sus espaldas. Pepe Habichuela procede de una estirpe divina, en esto del flamenco, hermanos, padres y primos conforman uno de los núcleos duros de la evolución del flamenco en nuestro país, que es como decir en el mundo. Se ha codeado con figuras de la talla del Camarón y de Morente, que no es poco.

Pues de estos dos grandes monstruos en sus respectivos campos, no va a salir nada malo si se juntan…Hands salió en el 2010, despues de estar tocando juntos e intercambiando conocimiento en directos por todo el mundo durante unos años. Mucho respecto y mucho interés por ambas partes

El concierto de ayer, de casi dos horas de duración, recorrió básicamente el disco. La entrada fue grandiosa. El primero Holland, alto, delgado y estilizado, detrás los Carmona y el Bandolero, y sin más contemplaciones que ponerse las gafas por aquello de me estoy haciendo mayor y no veo tres en un contrabajo. Se lanzan con unas bulerías, Puente Quebrao: primeros los cajones, y después los primeros rasgueos de Pepe Habichuela, que estremecen sin contemplaciones. Al poco entra Holland y nos quedamos alucinados, viendo como hasta patalea y todo al ritmo del flamenco. Realmente ha cogido la historia. Esto puede ser muy grande…el solo que se marca al contrabajo nos deja a todos alucinados. Flamenco puro con alma de jazz, muy interesante, muy interesante, muy sorprendente…el contrabajo sonaba puro, profundo, sonoro, rotundo…muy bien.

Después de una pequeña presentación siguen con un fandango, Hands,  donde el contrabajo de nuevo aporta al flamenco la elegancia del jazz. Pero esto es flamenco. Ni siquiera es fusión, es flamenco.

A continuación se marcan Joyride, lo más alejado del flamenco que sonó esa noche, pero la percusión parecía como tímida, demasiado comedida, como  buscando el hueco, aunque al final se marcaron un solo de cajones donde bandolero se desató por completo.

Y ahora empiezan los movimientos de ficha, porque estuvieron hasta el final del concierto cambiando la escena, ahora salgo yo, ahora entras tú. No me gustó demasiado ni la idea ni los resultados. Para el cuarto tema se quedan solo los percusionitas y Holland de nuevo se marca un solo estupendo a media entre los dos mundos, muy equilibrado, y los cajones empiezan a seguirle, pero como sin alma…no me acaban de convencer, les falta algo.

Sale Pepe y se van los demás, se queda a solas con Holland y se marcan la Taranta del disco dedicada a Camarón, y que lleva precisamente ese nombre. Lo de Pepe es muy grande, sin duda el mejor de la noche. Su guitarra transporta, tiene alma, y sentimiento, y pasión, y todo lo bueno que debe tener un músico. Al rato se incorpora Holland y empiezan un diálogo de intercambio de acordes. Quizás abusaron de este recurso en lugar de desparramar conjuntamente. Aún así fue muy emocionante y sentido, como no podía ser menos. Estuvieron juntos, pero no revueltos.

El siguiente tema lo interpretó en solitario Pepe Habichuela. Sin palabras, esencia pura, pura magia. Siguió Pequeñas Cosas, esta vez con Josemi Carmona y Juan Carmona a la guitarra y Bandolero en percusión. Josemi no paraba de repiquetear con su brillante zapato izquierdo de charol negro. Este señor toca que se sale.

El octavo tema empieza con un cajoneo estupendo y cuando Bandolero salta a las congas todos al unísono liándola parda…esta sí que desborda pasión. Al final, los cajones entran en una cabalgada sin fin, donde parecen metralletas. Estupenda. Tan estupenda como la rumba con la que terminaron, El ritmo me lleva.

Por supuesto el público quería más, así que el bis fue inevitable, unos tangos para cerrar el concierto, Subí la cuesta.

Pues me dejó a medias. Aunque la segunda mitad del concierto subió de tono y pasión, el sonido en general lo sentía lejano y apagado, la única que sonaba como debía era la guitarra de Pepe Habichuela. Lo mismo era la sonorización, dos pequeñas torres de altavoces a ambos lados del escenario para cubrir toda la sala sinfónica quizás se queda corto, y quizás esa fue la causa de que no me  llegara la pasión ni el arte que debía estar cociéndose abajo. Las percusiones me parecieron muy comedidas. Josemi Carmona muy bien, excepcional, y los maestros pues estupendos. Por algo son maestros. Pero el resultado no me hizo levitar, ni erizarme los vellos de la nuca, ni salir con una sonrisa de oreja a oreja que te dura unos días…habrá que intentarlo de nuevo…

Ray Gelato + Si Cranstoun Band

Madrid, 22 de Septiembre de 2011.  Sala RocKitchen

Ya tenía ganas de conocer la sala RocKitchen, ubicada en el mismo espacio que la mítica sala KTedral, y ante más mítica Universal Club, y que por ahora iba teniendo más pena que gloria, por problemas de acondicionamiento, ventilación…bueno estos problemas parecen que están solventados. El sonido, muy bueno, aunque al técnico un par de veces se le fue la olla y no se como conseguía unos ecos de ultratumba de flipar, pero en líneas generales, bastante bien, me gustó. Sólo una pega: señores de la Rockitchen, las luces del escenario son para iluminar a los artistas, no para cegar al público…DURANTE TODO EL CONCIERTO.

El concierto lo abrió un Grupo Invitado, cuyo nombre desconozco y del que no voy a  comentar prácticamente nada, tan sólo el hecho de que, probablemente fue el peor concierto de mi vida. No voy a cometer un sincericidio, por respeto a los individuos que se subieron al escenario, que no dejan de ser seres humanos respetables. Pero un músico, o una persona que aspire a ello, lo mínimo que tiene que ser es consciente de sus limitaciones, y ante dos artistas como los que venían a continuación, aunque no puedas estar a la altura, tampoco puedes sonar como si hubieras montado la banda media hora antes de subir al escenario.

Al acabar, y mientras esperábamos el siguiente grupo, estupefactos y conmocionados por la experiencia vivida, empezó a sonar el Powerage de AC/DC y todo empezó a cobrar sentido de nuevo. ¡Viva el Rock’n Roll!

Después de esta experiencia, la cual confío en que mi capacidad de supervivencia elimine lo más rápidamente posible, salió al escenario Si Cranstoun Band e inmediatamente se olvidó todo lo demás.  No tenía ni idea de quienes eran ni a qué sonaban, aunque aplicando la lógica, al ser los teloneros de Ray seguro que no iban de grind core. Bueno la lógica, y una pequeña visita a su página Web, un ratico antes del concierto, por lo menos para verle el careto al artista. Pues el tal Si, sí, así se llama, Si, es guitarrista y vocalista, del sur de londres, y según Jamie Cullum podría competir en igualdad de condiciones con cualquier cantante soul de los 60, de los grandes claro. Y yo estoy de acuerdo. Es un Jackie Wilson renacido, aunque baila un poco peor.

Qué desparpajo, qué simpatia,  qué divertido, y qué pedazo de voz. Desde el primer momento transmitió una energía que invadió a todos los asistentes inmediatamente. Elegante y dicharachero, con unos movimientos bailongos sensacionales. Este señor iba acompañado de su banda, que no se quedaba nada atrás. Un contrabajo que usaba un toque bastante peculiar para percutir las cuerdas, unos metales impecables, trompeta y  saxo especialmente brillante. Un baterista metronómico y un guitarrista de guardia. A todo eso le añades que el señor Si, además de cantar y hacerlo requetebien, también toca la guitarra y ya tienes construida la Si Cranstoun Band. Vaya pedazo de concierto y vaya sorpresa más agradable. Su música, una mezcla de swing  y rythm’ n blues, con toques leves y puntuales de ska y Jamaica en algunos temas. Fresca, directa y divertida. Tocó canciones del último disco y acabó con dos grandes clásicos que bordaron: con el Reet Petite y el Twistin’ The Night Away. Sublime.

Cuando terminaron, nos siguieron amenizando con el Powerage de AC/DC. Y después de un buen rato, cuando dábamos por hecho que ya salían los cabeza de cartel, se nos presenta The freak show, dos macizas en performance…Tengo que reconocer que las chicas hacían bien su trabajo, pero no me pareció que fuera el momento. Eran casi las 12, llevábamos en la sala desde las 9 y lo que queríamos era Swing.

Finalizaron con un gran aullido masculino generalizado, el despelote es lo que tiene, ya no sonó más AC/DC, ahora fueron Armstrong y Fitzgerald los que amenizaron la espera, que no fue corta, para que salieran los Ray Gelato Giants. Los roadies empezaron a sacar al escenario atriles de carton con el nombre de la banda a todo lo largo…los pelos se iban erizando por momentos…esto tiene pinta de que va a molar y mucho.

Ray Gelato canta y toca el saxo,mamando la buena música desde chiquitito, no podía ser de otra manera. Su padre era un melómano empedernido, y le sonorizó su vida con grandes clásicos del jazz en general y del swing en particular. Seguro que a su papá le gustaba un montón Louis Prima, aunque me apostaría algo a que le gustaba más Keely Smith.

Estudió, como no podía ser menos, saxo, y se codeó con lo mejorcito del lugar…Lester Young, Coleman Hawkings o  Ben Webster le influyeron de manera decisiva en su forma de tocar el saxo…y así lo toca el muchacho.

La primera banda con la que estuvo, comenzando allá por el 1982, se llamó The Chevalier Brothers, que se dedicaron a reavivar el swing de los 40 y 50…vamos que lo tenía clarito meridiano desde el principio: “me gusta el swing”. Luego montó Ray Gelato and the Giants of Jive, en el 88, 7 cabezas conformando una fórmula ganadora, que es la que sigue usando a día de hoy. En el 94 formó The Ray Gelato Giants, que es el formato actual: Ray cantando y tocando el saxo, 3 metales (saxo, trompeta, trombón), baterista, teclista, contrabajista.

Empiezan a salir los músicos, con elegante atuendo, como no puedo ser menos para una banda de estas características, el ambiente se calienta y enseguida sale el jefe, con un pelo blanco inmaculado que riete tú de Leslie Nielsen, actor mundialmente conocido como “el del pelo blanco”. Y empieza el show, empieza la diversión.

A la segunda se lanza con Sinatra, y continua con una As time goes by frenética. El sonido es arrollador, compacto, sólido. El ritmo trepidante. Esto suena increíble y los pies se van solos. Maravilloso.  When you’re smiling a continuación, ya no sólo son los pies, todo el cuerpo se vuelve autónomo poseido por el swing, y por fin aparece Louis Prima con una apoteosis de metal que es lo más parecido a un duelo de titanes que nunca he visto.

Sale Si al escenario y después de divertirse un rato cantan Oh babe! juntos. Un poquito de calma, pero solo un poquito con La vie en rose y por supuesto otro Prima seguido del  Carosone más internacional Wanna be americano…que desparrame, sólo Kerry King es capaz de coger esa velocidad vertiginosa que llevaba el trombón…con el pequeño matiz de que el amigo Kerry es guitarrista y toca en Slayer, que si no te suenan tocan thrash metal, que si no te suena lo buscas en la wikipedia.

De nuevo un desparrame cachondo al mas puro estilo Prima que no podia acabar sino con Angelina, que por supuesto lo que hizo fue continuar el desparrame cuando rozábamos las 2 de la mañana.  El teclista lo lleva flipando todo el rato y mucho. La banda en general se lo pasa en grande, pero el teclista lleva todo el concierto super emocionao. Y yo flipando viendole el careto…¡que ganas de pasarlo bien!

Se van pero salen inmediatamente. En los bises dos superclásicos supertemazos: Everybody loves somebody sometime…y I’m just a gigolo…definitivamente Ray es el primer avatar de Louis Prima en la tierra, y de aquí extraemos un inevitable corolario, ambos comparten la esencia de la divinidad, cualquiera que estuviera allí lo corroboraría. Hemos sido los elegidos, porque lo que presenciamos anoche fue una hierofanía.

He dormido 3 horas, pero estoy con una sonrisa de oreja a oreja y un bienester interior que sólo drogas como la buena música te pueden producir. ¡Que gustazo!

Wynton y los Lincoln Musicians

Publicado: 12 julio, 2011 en Música
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Wynton Marsalis es un jazzista neoclásico de New Orleans…desde luego si te quieres dedicar al jazz, no puedes nacer en otro sitio mas apropiado. Si para más INRI tu familia está compuesta por artistas en general y músicos de jazz en particular, pues ya se sabe lo que pasa cuando  juntas algo de  genético y algo de medioambiental, que  te acaba saliendo un músico de Jazz como la pared de un dique…es lo que tiene.

Claro que podría ser un poquito menos intransigente con todo lo que sea vanguardia en el  jazz. Podría ser un poquito menos acústico y un poquito menos tradicional. Pero entonces dejaría de ser Wynton y sería Branford.

Hubbard y Davis son sus trompetas de cabecera, Bach, Beethoven y Mozart sus antepasados sónicos…lo del clasicismo le viene de lejos.

No vino solo, venía muy pero que muy bien acompañado por la Jazz at Lincoln Center Orchestra, 15 pedazos de músicos,  entre ellos Marsalis como uno más. Dicen las malas lenguas que es la mejor big band del momento. Para mi que las malas lenguas tienen razón, claro que habría que perderse por los clubes de ciudades como New York para tener buenas referencias y afirmar con rotundidad la comparación.

Wynton estaba sentado en la fila superior, junto a 3 trompetas más. Debajo, en la fila intermedia, 3 trombones, y abajo del todo, 5 saxos como la copa de un pino finlandés. A la izquierda un piano, un contrabajo latino y un percusionista. Big Band, desde luego.
El repertorio estupendo, cubriendo varias épocas y varios estilos. Quizás excesivamente clásicos y ortodoxos, pero ya sabíamos con quien nos íbamos a encontrar. Comienzo magistral con Duke Ellington, I let a song go out of my heart, y siguió con The Tree of freedom, que pertenece a su obra Vitoria Suite de la que no tocó nada más, saxo y percusión reventaron la barrera del sonido. Empieza con aires flamencos y hasta morunos y te mete de lleno en el más puro desconcierto, caña y delicadeza al mismo tiempo. Muy muy interesante.
No faltaron grandes temas de grandes clásicos como Thelonious Monk, Duke Ellington, por partida doble, Chick Corea. El blues I left my baby, grabado por primera vez por Count Basie impresionante, menuda manera de desgarrase y divertirse a la vez, magistral combinación de sordidez y voluptuosidad. Pedazo de blues, que pena que Jimmy Rushing no lo estuviera cantando, porque entonces habríamos salido todos levitando del gustazo.
Una magistral versión del Inner Urge de Joe Henderson y como colofón un final apoteósico al mas puro estilo dixieland que me hicieron arrepentirme de haberme dejado el traje de flecos y el collar de cuentas en casa. Saliendo del recinto, no podía parar de tararear la divertida marcha ragtime con la que salieron del escenario…all the girls go crazy about the way I walk!!!!!
Lo malo,  bueno pues que son tan máquinas que a veces la perfección en la ejecución le quita la componente visceral y no siempre te pone los pelos de punta y la carne de gallina. Pero la orgía de virtuosismo era tal que quizás tampoco fue imprescindible. Bueno, sí, un poquito mas de cogerse a las tripas me habría sentado mejor. Aún así volvimos a casa con una gran sonrisa.