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Introducción

La concepción fregeana de la doble función semiótica fue un supuesto asumido en filosofía del lenguaje. Toda expresión lingüística tenía dos dimensiones:

  • Referencia, que la ligaba a la realidad expresada
  • Sentido, unida a la forma en que tal realidad era aludida o reconocida

Este supuesto comenzó a ser considerado de forma mas crítica a partir de los finales de los 60 y los 70. La obra de Kripke parte de consideraciones semánticas que tienen que ver con las relaciones entre el lenguaje y la realidad, y posteriormente se aplican los resultados obtenidos al ataque o defensa de ciertas tesis filosóficas tradicionales de carácter epistemológico u ontológico. Su obra se encuentra ligada a la reconsideración crítica de los problemas tradicionales, desde las dicotomías kantianas hasta el esencialismo o dualismo cartesiano. La exposición de sus tesis filosóficas principales se desarrollará en el ámbito propiamente lingüístico. Va a insistir propiamente en la teoría de la referencia propuesta por Kripke para diferentes categorías lingüísticas, centrándose más en las argumentaciones que la sostienen como tal teoría que en los razonamientos que pretenden concluir tesis no propiamente lingüísticas.

Los nombres y el nombrar

La teoría de Frege sobra la referencia de los nombres propios y las descripciones era una relación indirecta entre lenguaje y realidad, relación triádica donde también intervenía el concepto en su sentido objetivo o intersubjetivo. La función del sentido era iluminar parcialmente la referencia, permitir la localización de la referencia a través de la captación de alguna de sus propiedades. El sentido constituía el elemento cognitivo necesario de la determinación referencial. La postulación de esta doble dimensión sentido/referencia estaba orientada a la resolución de problemas semánticos.

  • El problema de la identidad. El enunciado de identidad no es vacuamente verdadero y expresa una verdad fáctica: porque la afirmación de identidad se encuentra mediada por el sentido conceptual de los nombres empleados.
  • El problema de la sustituibilidad. Se puede sustituir en cualquier contexto un término por otro, siempre que éste sea correferencial con el primero. Tal sustitución no ha de afectar al valor de verdad del enunciado pues es función de la referencia.

Ya Frege se había dado cuenta de que no es aplicable en cualquier contexto:

  • En los contextos en que una oración completiva está regida por un predicado que expresa una actitud epistémica por parte de un hablante.
  • En un contexto modal en que una oración se encuentra en el alcance de un operador modal (necesariamente, posiblemente…)

La solución de Frege fué afirmar que las expresiones referenciales en tales tipos de contextos no refieren a su referencia habitual, sino a su sentido. Para preservar el valor de verdad del enunciado es preciso que tal sustitución haya dejado inalterado el sentido.

El problema de las expresiones referenciales vacías

Sólo si se distingue entre sentido y referencia se puede explicar que los enunciados que contienen expresiones referenciales vacías sean informativos. Puesto que el contenido informativo de un enunciado no depende sólo de que sus componentes tengan referencia, sino de que posean un sentido. La capacidad para tratar problemas semánticos convirtió a la teoría fregeana en paradigmática en nuestro siglo.

Frente a ella la teoría de la referencia propuesta por Kripke puede proporcionar soluciones igualmente adecuadas a estos rompecabezas semánticos constituyendo una alternativa seria. La teoría de la referencia propuesta por Kripke parte de la distinción hecha por Donnellan entre el uso referencial y el uso atributivo de una expresión nominal. Las descripciones lingüísticas están sujetas a una cierta ambigüedad de uso, de manera que no se puede saber por simple inspección de su estructura gramatical, cuál es la función semántica que cumplen. En estos casos, según Donnellan, nos encontramos frente a un uso referencial de la descripción y según Kripke ante un acto de referencia del hablante: el hablante pretende referirse a un determinado referente y lo logra a pesar de utilizar expresiones semánticamente no adecuadas, mediante la expresión de sus intenciones y las características del contexto en el cual efectúa tal intento que pueden incluir falsas creencias compartidas con la audiencia. Hay que distinguir los usos propiamente atributivos o las referencias semánticas. Según Donnellan:

  • Un hablante que usa atributivamente una descripción definida en una afirmación enuncia algo que es tal y cual. En el uso atributivo es preciso que la propiedad que lleva aparejada se aplique al referente, pues si no, no se efectúa la referencia ni se predica nada de tal referente.
  • Un hablante que usa una descripción definida de forma referencial, utiliza la descripción para capacitar a su audiencia para identificar aquello de lo que está hablando y enuncia algo de esa persona o cosa. La descripción determina una referencia en virtud del significado de sus componentes, independientemente de las intenciones de quien las usa y del contexto, excepto si contiene expresiones deícticas.

La distinción establecida por Donnellan para las descripciones definidas se aplica igualmente según Kripke a los nombres propios. La teoría de Kripke pretende establecer afirmaciones sobre las referencias semánticas, ya que piensa que los referentes del hablante son asunto de la pragmática. Desde este punto de vista, saltan a la vista los inconvenientes de la teoría fregeana sobre los nombres propios.

En el caso de nombres propios genuinos pueden diferir las opiniones en cuanto a su sentido: si una descripción forma parte del sentido de un nombre propio, la oración que predica es una oración analítica, es decir, verdadera en virtud del significado, para algunos será analítica y para otros no. De acuerdo con las mas evidentes intuiciones semánticas, “Aristóteles era originario de Estagira” enuncia un hecho contingente, no necesario, por lo tanto resulta inadecuada calificarla como oración analítica.

La conexión existente entre la semántica de los nombres y la noción de necesidad consiste en que si la descripción es parte de la especificación del significado del nombre queda determinada una cierta clase de oraciones analíticas necesariamente verdaderas. La teoría de Frege de la referencia indirecta de los nombres propios fue matizada por Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas y puso en duda que el significado de un nombre propio quedara completamente contenido en una sola descripción. Propone que el significado del nombre propio está dado por el conjunto de las descripciones con los que se puede identificar el nombre, descripciones que forman un cluster, están estructuralmente unidas por relaciones.

La teoría del racimo es la forma moderna que ha adoptado la teoría de Frege y la que ha recibido las críticas de Kripke y de los partidarios de la teoría de la referencia directa. Según Kripke es posible proponer la teoría del racimo en dos sentidos:

  • Como especificación del significado del nombre propio; la conjunción lógica de las descripciones equivaldría a ese significado.
  • Como una teoría acerca de cómo se fija la referencia de un nombre propio, como una hipótesis acerca de cómo se explica dicho nombre propio. Kripke tiene objeciones a ambas formas de entender la teoría, considerándola inadecuada tanto como teoría semántica de los nombres propios como tesis sobre el modo en que se establece su referencia.

La tesis que mantiene es que los nombres propios son designadores rígidos, en cualquier mundo posible designan el mismo objeto o individuo. Los mundos posibles son el producto de estipulaciones puramente lógicas que no tienen en cuenta las leyes de causalidad física o de necesidad fáctica.

Un designador designa rígidamente un objeto determinado si designa al objeto dondequiera que el objeto exista. La argumentación de Kripke, apelando a situaciones contrafácticas o mundos posibles, suscita el problema de la identificación de los individuos y objetos. La respuesta de Kripke es que la misma forma de hablar acerca de las situaciones contrafácticas supone ya la identificación transmundana: cuando hablamos de una cierta persona y de las cosas que le podrían haber sucedido estamos hablando de un mundo posible, del que forma parte esa misma persona y no otra. Y la forma en que expresamos tal supuesto de la utilización del nombre propio que es el que asegura que nos estamos refiriendo al mismo individuo.

Kripke distingue entre definiciones cuya finalidad es fijar la referencia y definiciones cuyo fin es proporcionar el significado: “Supóngase que la referencia de un nombre propio viene dada por una descripción o racimo de descripciones. Si el nombre significa lo mismo que esa descripción o racimo, no será un designador rígido. No designará necesariamente al mismo individuo en todos los mundos posibles, ya que otro objeto puede tener las propiedades en cuestión en otros mundos posibles.” En la teoría de Frege, el sentido ejerce ambas funciones:

  • Es el medio por el que el hablante determina la referencia
  • Equivale al significado, en la medida en que constituye el contenido conceptual ligado a la expresión. De las modificaciones propuestas por Strawson o Searle, se sigue que utilizar significativamente un nombre consiste en poder sustituirlo por la suma lógica de sus propiedades. Esto según Kripke entraña consecuencias inaceptables:
  • Todas las propiedades identificatorias de un objeto contribuyen exactamente igual a esa identificación. Se opone a las intuiciones semánticas normales, si se admite que ciertas propiedades tienen más peso que otras, es preciso disponer de un criterio para evaluar ese peso relativo, lo que suscita aunque no necesariamente el problema ontológico de las propiedades esenciales.
  • Si el significado de un nombre está constituido por una suma lógica de descripciones, quien utilice un nombre conocerá a priori la equivalencia entre el nombre propio y cualquiera de las descripciones.
  • El enunciado que afirma la equivalencia entre la disyunción lógica de las propiedades y el nombre propio expresará una verdad necesaria. Ni el segundo ni el tercero son verdaderos. Que el hablante utilice correctamente un nombre propio no quiere decir que conozca ni siquiera la mayoría de las descripciones, suele suceder que conozca algunas.

Aprioricidad y Necesidad

La filosofía tradicional kantiana establece una conexión entre las nociones epistemológicas (a priori y a posteriori) y las modales u ontológicas (necesidad y posibilidad).

  • Las verdades conocidas a priori son necesarias. Un enunciado es a priori si su verdad puede establecerse sin acudir a la experiencia
  • Las verdades conocidas a posteriori son contingentes, hay que acudir a la experiencia.

Del mismo modo que Kant indicó la diferencia entre a priori y analítico y a posteriori y sintético, defendiendo la existencia de verdades sintéticas a priori, Kripke mantiene sobre la base de su teoría de la referencia, que existe una diferencia entre lo a priori y necesario y lo a posteriori y lo contingente. Niega que las verdades a priori no puedan ser objeto de conocimiento a posteriori. Algo puede ser conocido a priori y conocido por gente particular en base de la experiencia.

Lo a priori y lo a posteriori son nociones epistemológicas y no hay nada en los hechos que los haga ser conocidos de uno u otro modo. La necesidad es una noción ontológica que atañe a la naturaleza de los hechos mismos, está ligada a la de mundo posible o situación contrafáctica. Es necesario aquello que es verdadero en cualquier mundo posible. Contingente aquello que puede estar sujeto a cambio estipulativo. Así no es difícil ver la conexión entre el funcionamiento semántico de los nombres propios y la noción de necesidad. Si un nombre propio es un designador rígido, refiere a un individuo en cualquier mundo posible. Si dos nombres propios refieren a un mismo individuo, la identidad entre ellos es necesaria.

La teoría causal de la referencia

Los argumentos de Kripke de su teoría de la referencia directa se pueden dividir en tres grandes clases, las tres dirigidas a mostrar que la teoría fregeana de la referencia indirecta tiene consecuencias inaceptables y que ha de ser sustituida por otra.

  • Argumento semántico. La teoría ortodoxa mantiene que el sentido de un nombre es equivalente a una descripción y por ello refieren a lo mismo. Pero la teoría de la referencia directa contrargumenta proponiendo casos en que un nombre refiere a u individuo sin que sea necesario que lo haga la descripción presuntamente equivalente.
  • Argumento modal, utilizando las nociones de necesidad y mundo posible. Si la teoría ortodoxa fuera cierta y el sentido de un nombre propio equivaliera al de una descripción, el enunciado de identidad expresaría un hecho necesario, sería verdad en cualquier mundo posible. Pero no es verdadero porque es concebible una situación contrafáctica que lo niegue. Las únicas oraciones que expresan hechos necesarios son las que afirman la identidad de referencia de dos nombres propios.
  • Argumento epistemológico. Tiene que ver con la forma en que se aprende a qué refieren los nombres propios. Según la teoría de la referencia indirecta se aprende a usar el nombre propio en conexión con las descripciones pertinentes que constituyen los criterios necesarios para la aplicación de tal nombre.

La oración de identidad nombre-descripción es portadora de información a priori. La versión que ofrece Kripke es completamente diferente, y aunque no le concede el rango de teoría se conoce como teoría causal de la referencia. Critica la teoría descripcionista en su explicación de cómo se aprende la referencia, supone ya tal noción. Kripke en cambio piensa que la referencia ha de ser un mecanismo aprendido o transmitido de una forma mucho mas elemental.

La utilización referencial de un nombre propio no requiere que se haya asimilado criterios de aplicación de ese nombre en virtud de propiedades realmente poseídas por el objeto. Alguien se puede referir a un objeto sin saber nada de él. Lo único que se requiere es que tal nombre sea conocido como referente a una realidad de forma independiente a su conocimiento. Las descripciones, en cuanto instrumentos para fijar la referencia, tratan de reducir el riesgo de desviaciones en el acto de la referencia pero, si se toman como equivalentes de un nombre, pueden introducirlas. Las descripciones son expresiones que sirven como instrumentos auxiliares para fijar la referencia de un nombre, pero en modo alguno son criterios necesarios (y suficientes) para su aplicación, ni requisitos indispensables en su aprendizaje.

Lo esencial del uso de los nombres, y lo que explica que podamos usarlos correctamente, es la existencia de la cadena causal que conduce a un acto originario de bautismo o nominación. En resumen, el núcleo de la teoría semántica de Kripke es la tesis de la rigidez de los nombres propios y la concepción causal de su referencia. La necesidad de los enunciados de identidad entre nombres propios y su carácter epistemológico de a posteriori son consecuencias directas de su teoría.

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Introducción

La obra de Putnam y Kripke comparten un conjunto de concepciones semánticas de partida. Su núcleo lo constituye un conjunto de tesis sobre la referencia de tipos de expresiones lingüísticas y se extraen aplicaciones a problemas de otras disciplinas filosóficas. La teoría de la referencia de los nombres propios de Kripke está ligada a la defensa del esencialismo y el rechazo del materialismo. En Putnam, tanto la filosofía de la psicología como la epistemología configuran lo que se conoce como realismo interno. La obra de Kripke está basada en una teoría de la referencia que tiene su origen en el análisis de los nombres propios. Las tesis semánticas de Putnam surgen de su análisis de los nombres comunes, de los términos generales y en particular aquellos que designan lo que se conoce como clases naturales. La dimensión puramente semántica de su obra analiza cómo se produce la referencia de los nombres comunes, cuáles son sus condiciones de posibilidad y las consecuencias que se pueden extraer de ello.

La crítica del análisis tradicional

En 1970, Putnam demuestra en “Is semantic possible?” que:

  • Las teorías tradicionales del significado son incapaces de dar cuenta de las propiedades semánticas de este tipo de términos.
  • Los lógicos formalizan las teorías tradicionales del significado incorporando errores conceptuales en los que se encuentran inmersas
  • Los lingüistas semánticos originan nueva terminología pero sin corregir errores.

Según Putnam el significado viene dado mediante una conjunción de propiedades tales que han de constituir un análisis del concepto ligado al término; no pueden consistir en propiedades que describen el concepto en su conjunto. La posesión de tales predicados es lo que determina que una entidad individual caiga bajo un determinado concepto. En términos más modernos, la estructura del concepto entendida como conjunción de predicados, determina su extensión, en el sentido de Carnap, es decir, conjunto de individuos a los cuales se aplica.

  • Desde el punto de vista epistemológico las propiedades que constituyen un concepto son los criterios para su aplicación correcta.
  • Para el positivista verificacionista, las propiedades que se apliquen a un objeto pertenece o no a una determinada extensión conceptual.
  • Para los semánticos seguidores de Wittgenstein basta con que se le aplique una parte importante de ellas, que están estructuradas jerárquicamente en forma de racimos.

Estas eran versiones mas o menos refinadas de la teoría tradicional cuyos rasgos principales según Schwartz (1977) son:

  • Cada término significativo tiene un significado, concepto, intensión o racimo de características asociadas a él. Ése es el significado conocido o presente en la mente cuando se comprende el término.
  • El significado determina la extensión, en el sentido de que algo se encuentra en la extensión del término si y sólo si tiene las características incluidas en el significado, concepto, intensión o, en el caso de la teoría del racimo, suficientes rasgos. En muchas versiones contemporáneas, el significado o concepto del término puede incluir sólo criterios observables para la aplicación del término.
  • Las verdades analíticas se basan en el significado de los términos. Si P es una propiedad en el concepto de T, entonces el enunciado “Todos los T son P” es verdadero por definición. Locke expuso esta teoría tradicional en términos menos formales en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Los conceptos generales constituían ideas abstractas que eran a su vez una combinación de ideas simples provocadas por la experiencia. Conformaban la esencia del concepto, una esencia nominal que no había que confundir con la esencia real que es la naturaleza de la cosa, incognoscible.

La teoría de Frege corrigió el sesgo psicologista de la de Locke, postulando un carácter objetivo o intersubjetivo a los conceptos. No modificó la concepción semántica básica: los conceptos son entidades abstractas estructuradas por conjuntos de propiedades organizadas.

Putnam puso como primera objección los miembros anormales. Existen propiedades modificables o accesorias en la definición de un concepto, es más, el mismo hecho de la existencia de propiedades comunes apunta a una naturaleza esencial de la cual se derivarían pero no es un asunto lingüístico. Incluso si se admite una diferenciación entre propiedades definitorias esenciales y accidentales, la definición no constituiría un enunciado analítico, las propiedades esenciales se descubren en la investigación científica. Según Putnam, la teoría tradicional semántica de los términos de clase natural es idéntica a los definidos por una propiedad o criterio.

Las propiedades definitorias del significado de un término no suelen coincidir con las propiedades esenciales de la clase que designa, tampoco se puede admitir la tesis tradicional de que el significado (la intensión) determina la extensión. La extensión de un término es la que es, independientemente del esquema conceptual bajo el cual se categorice. No puede ser determinada por un conjunto de propiedades resultado de la aplicación de un marco conceptual a la realidad.

Katz (1972-1975) fue portavoz de la teoría semántica ortodoxa de la lingüística generativo-transformatoria. En la caracterización de Putnam, la teoría de Katz implica las siguientes tesis:

  1. Cada término tiene un significado definido por marcadores semánticos
  2. Los marcadores indican conceptos, procesos psicobiológicos
  3. Cada marcador está extraído de una colección de universales lingüísticos, existen conceptos de carácter universal, de donde se extraen los propios de una lengua natural y se definen conceptos complejos propios de una cultura. Cada concepto es una noción innata resultado de la aplicación a la experiencia de una preprogramación del cerebro humano
  4. El significado de entidades lingüísticas complejas se construye mediante la aplicación de reglas recursivas a partir del significado de expresiones simples en los marcadores semánticos.
  5. La representación semántica ha de permitir una definición de la clase de las oraciones analíticas, sinónimas y semánticamente anómalas.
  6. La analiticidad se puede definir en términos de inclusión de marcadores semánticos, “todos los solteros son no casados” es analítica porque el concepto CASADO forma parte de la definición soltero.

Putnam critica la teoría de Katz, su objección mas general es que la teoría es una tosca traducción en un lenguaje matemático de la teoría tradicional. El núcleo de la crítica es que la teoría de Katz reproduce los defectos y las consecuencias indeseables de la teoría tradicional sobre los términos generales. Supone que se pueden dar definiciones analíticas de los términos generales cuando en realidad no sucede así, en particular en los que designan clases naturales. El problema en la teoría semántica es abandonar la imagen del significado de una palabra como si fuera un lista de conceptos, no formalizar esa imagen errónea.

El significado de significado

El concepto pre-científico de significado es, según Putnam el problema de la teoría semántica tradicional y de la semántica en general y trata de elaborar una noción de significado que sea una base firme para la semántica. La filosofía tradicional intentó mejorar la noción ambigua de significado descomponiéndola en nociones más precisas y rigurosas. Frege y Carnap distinguieron entre:

  • INTENSIÓN: Componente Referencial, la realidad que designa el término.
  • EXTENSIÓN: Componente Conceptual, las propiedades que connotan el término

Entre los problemas que Putnam achaca a la extensión se encuentran:

  • La polisemia, representación fonológica idéntica con diferentes acepciones, nos impide afirmar sin más que un término tiene extensión. Es el sentido el que media la relación entre una representación fonológica y una entidad extensional.
  • Las entidades extensionales están en correspondencia con funciones características definidas. Las palabras de una lengua no son tan rigurosas.

En consecuencia la noción de extensión es demasiado precisa para reflejar el funcionamiento referencial de los términos generales. Se puede remediar modificando la definición de conjunto, como en el caso de la teoría de conjuntos borrosos y su correspondiente lógica asociada que refleja, mucho mejor que la teoría ortodoxa, la naturaleza formal de los conceptos naturales.

Por lo que respecta a la intensión, es una noción tan vaga e imprecisa como la de significado. Recurrir a la intensión o concepto para explicar el significado es una explicación que no aclara nada porque los términos en que plantean tal aclaración son aún más indeterminados.

Los conceptos o son entidades psicológicas o son objetivas, pero captadas mediante actos psicológicos. La comprensión del significado de un término requiere que el hablante se encuentre en un determinado estado psicológico. Esta consecuencia es incompatible con el hecho de que la intensión determina unívocamente la extensión.

En el solipsismo metodológico los estados psicológicos son entidades unívocas (adscribibles a una única mente) y autónomas (no implica la existencia de más de un individuo), por lo tanto son predicados monarios y no relaciones entre varias entidades individuales. El estado psicológico determina la intensión del término y a fortiori, su extensión. El solipsismo metodológico no impide que algunas personas puedan estar en el mismo tipo de estado psicológico. Lo que descarta es que dos personas capten una intensión de modo diferente y estén en el mismo estado psicológico o que dos hablantes se encuentren en el mismo estado psicológico y se refieran a extensiones diferentes. Y precisamente según Putnam, esto es posible ya que la extensión no se encuentra determinada por el estado psicológico.

La extensión de un término no está determinada por las creencias sino que es la que es de forma independiente. Fijar la extensión de un término no es algo de la competencia del hablante común, sino una tarea asignada a individuos concretos, los especialistas. El uso adecuado del término no requiere la determinación de lo que es o no es por parte de quien lo usa. Tales capacidades y conocimientos pueden ser poseídos por una comunidad lingüística considerada como un organismo colectivo. Putnam avanza la tesis de su universalidad: Toda comunidad lingüística posee algunos términos cuyos “criterios” asociados sólo son conocidos por un subconjunto, y cuyo uso por el resto depende de una cooperación estructurada entre ellos.

Significado y estereotipo

La extensión de un término se fija socialmente y es asunto de especialistas, de manera que caben dos opciones

  • Abandonar la tesis de que el significado determina la extensión.
    • Para los términos deícticos, como los pronombres personales, la referencia está completamente determinada por el contexto, la extensión no tiene nada que ver con el significado.
    • En el caso de los términos generales, en los que se desearía decir y se dice, puede que dos personas no entiendan lo mismo o que empleen las mismas palabras con distinto significado.
  • Negar que el significado tenga que ver con los conceptos que los hablantes poseen. Putnam identifica significado con un par ordenado, posiblemente una n-tupla de entidades, una de las cuales es la extensión. Abandona la correspondencia biunívoca entre significado y estados psicológicos, ya que a un mismo estado psicológico pueden corresponder significados distintos.

Los problemas de la definición del significado son de dos clases:

  • Determinación de la extensión mediante la división del trabajo lingüístico.
  • Descripción de la competencia individual, lo que el hablante sabe acerca del término general para utilizarlo correctamente.

Putnam señala la diferencia respecto a los nombres propios, ya que para utilizar un nombre propio no es preciso saber nada acerca de su referente. Es la comunidad lingüística la que exige un mínimo de conocimiento para admitir como correcto el uso de un término general. Todas las comunidades tienen pautas para valorar y varían con respecto a un mismo término, de una cultura a otra.

Según Putnam, la aceptación de que alguien usa correctamente un término general requiere:

  • Que su uso sea socialmente aceptado como correcto
  • Que su forma total de ubicación en el mundo y en su comunidad lingüística sea tal que la extensión socialmente determinada del término tigre sea el conjunto de los tigres.

Esto nos ilustra la posición ontológica de Putnam, aunque una sociedad empleara homogéneamente la palabra tigre para referirse a tigres, leones y leopardos, no conocería el significado y no la usaría correctamente. Porque la extensión de tigre es la que es, el conjunto de los tigres, independientemente de las creencias colectivas. Que se crea que los leones son tigres aunque sea una creencia universalmente compartida, no hace tigre a leones. Adquirir el uso de una palabra no es una cuestión de sí o no.

Se puede conocer parcialmente su significado, ciertas ideas verdaderas y otras erróneas, esto pasa en las conversaciones cotidianas y no por ello deja de producirse la comunicación. En la comunicación efectiva lo que funciona no son los conceptos, sino los estereotipos, ideas convencionales que tiene una comunidad lingüística sobre una determinada realidad. Esas ideas pueden ser equivocadas pero se encuentran ligadas a propiedades de ejemplares prototípicos. Estas propiedades estereotipadas atribuidas a una realidad no la definen. Si los tigres perdieran sus rayas no dejarían de ser tigres.

Desde el punto de vista de la comunicación los estereotipos funcionan, organizan procesos de intercambio de información, conllevan información que se transmite entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Cuando un niño pregunta lo que es un tigre se le responde con el estereotipo. Esto no quiere decir que el niño aprenda a utilizar la palabra tigre, pero accede a una representación colectiva de carácter imperativo de la comunidad para sancionar la competencia lingüística de cualquiera de sus miembros. Ese contenido obligatorio es variable de una cultura a otra, pero funciona como núcleo de información necesario para el uso correcto del término.

Nombres comunes, clases naturales y rigidez

Cuando se enseña el significado de un término general se suelen hacer dos cosas:

  • Acto ostensivo, indicar una realidad a la cual se aplica. Es un acto definitorio que requiere una considerable competencia comunicativa. Por señalamiento se emplea un designador rígido, el hablante designa una realidad que, sea cual sea la situación contrafáctica imaginable, permanece constante. Lo que designan los términos con la misma extensión está en la relación transmundana de identidad.
  • Descripción, mencionar las propiedades de la palabra en cuanto perteneciente a un sistema semántico o rasgos de los objetos a los cuales se aplica el término. Se suele proporcionar una descripción del estereotipo.

Estas propiedades funcionan como criterios para el reconocimiento de los objetos a que se aplica el término general. Las consecuencias filosóficas son paralelas a las de Kripke: las definiciones de la extensión de los términos naturales son enunciados necesarios a posteriori. Las consecuencias lingüísticas se resumen en la siguiente teoría:

  • Las palabras tienen intensiones
  • La intensión determina la extensión, no puede ser verdadera de términos de clase natural por la misma razón que no pueden serlo de deícticos.

Los dos tipos de consecuencias están íntimamente ligados entre sí y relacionados con una concepción realista del significado y de la verdad.