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Guatemala mantiene una gran presencia de arquitectura colonial en la mayoría de sus pueblos y ciudades. Incluso en la aldea más recóndita puedes encontrar una iglesia de la época colonial, o lo que queda de ella.

La ciudad colonial por excelencia es La Antigua, declarada patrimonio de la Humanidad, y con razón. Más de 30 iglesias en diferentes estados de conservación pueblan esta ciudad, más bien pequeña, de unos de 45.000 habitantes. La Antigua es una ciudad tranquila, encantadora. Los 7 colores permitidos salpican las fachadas de las diferentes casas. Las ventanas enrejadas casi a ras del suelo, rebosantes de columnas y de flores están por todas partes. Las casas son de una sola planta, y las calles paralelas y perpendiculares, empedradas. Una cadena volcánica rodea la ciudad, la vigila y la mantiene en alerta. Es toda una delicia pasear por sus calles.

Fue en su momento la capital de Guatemala, pero los continuos terremotos y erupciones que la asolan y la abocan a una destrucción inevitable, hicieron que perdiera el protagonismo de otras épocas. La mayoría de las iglesias, en ruinas, son un fiel ejemplo de tanta violencia natural. En ruina arquitectónica y en ruina espiritual, porque la mayoría de los antigüeños se han pasado al evangelismo.

La Antigua se detuvo en el tiempo, paseando por sus calles no es muy difícil imaginarse que estás viviendo unos siglos atrás. Ahora ha pasado de capital del reino de Guatemala, a la ciudad por excelencia para aprender español, con lo que es uno de los sitios del país donde encontrarás más extranjeros, de habla inglesa fundamentalmente. Por ello, la ciudad dispone de modernas cafeterías y restaurantes que contrastan con la bruma colonial que la envuelve. Al pasear vas alternando casas preciosas, con casas abandonadas, iglesias y conventos, como las de San Francisco, La Merced, el hospital de San Pedro, la catedral de San José, la plaza de Armas, el ayuntamiento, el arco de Santa Catalina…

Otras iglesias de las que vimos, dignas de mención son las de Cobán y Lanquín. Blancas encaladas, pero cubiertas de líquenes negros que le dan un aspecto vetusto y cómplice. Todo pueblo que se precie tiene una plaza principal con su palacio de armas, normalmente rectangular y pespunteado de arcos semicirculares a lo largo de toda la fachada.

Pero la Iglesia más bonita del mundo se encuentra en San Andrés de Xecul. Cuando estás delante observándola no puedes creerlo. El amarillo de la fachada es de una brillante fuerza que magnetiza y enamora. La cúpula que cubre el altar mayor asemeja una carpa de circo. La iglesia está plagada de alusiones a la cultura maya. Es la mezcla perfecta de sincretismo entre en el catolicismo colonial y la mitología maya. La presiden dos jaguares que simbolizan a los gemelos que originaron el pueblo maya, por debajo a ambos lados, los Reyes Católicos, junto a borrachos, músicos, una virgen embarazada. Todo ello con colores vivos y formas naif redondeadas. Impresionante. Creo que es lo más hermoso que hemos visto, sin dudas.

También es digno de meción el pequeño pero coqueto fuerte de San Felipe, que separa el Río Dulce y el Lago Izabal, uno de los más grandes del país. Los españoles lo usaban como frontera para controlar el tráfico de mercancias. Fue quemado 3 veces por los piratas, pero ahí sigue, dando un encanto especial a la zona.

Guatemala no reniega de su pasado colonial, los españoles no somos rechazados y vilipendiados, sino que tienen un sereno recuerdo de lo que hicieron los conquistadores hace ya unos cuantos siglos, Fray Bartolomé de las Casas probablemente tenga bastante culpa de esa no del todo mala imagen que dejaron. Los guatemaltecos no odian, sino que compilan todas las etapas de su historia y las aglutinan para dar origen a una realidad única en la que viven.

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