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Paisaje Chapín

Publicado: 26 octubre, 2011 en Viajes
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Guatemala es la belleza. Sus paisajes conmueven, excitan y emocionan. La selva omnipresente deja lugar a un cinturón volcánico que recorre gran parte del país. Numerosos lagos, ríos, y lagunas salpican el verde de la naturaleza.

La Antigua se encuentra en un valle rodeado de volcanes, el Volcán Acatenango, probablemente uno de los mas bellos del país, el Volcán de Fuego, que prácticamente todos los días emite su poquito de humo, y el Volcán de Agua. Estos dos últimos superan los 3700 metros. La cadena volcánica que escolta a la ciudad, será a la vez responsable de su desaparición. Es cuestión de tiempo que en alguna de las violentas erupciones, La Antigua amanezca cubierta de cenizas. No sería la primera vez, si podría ser la última. Las Iglesias semidestruidas son testigos de la actividad volcánica, que junto con los temblores habituales de la zona, garantizan que su final llegará.

En Guatemala hay casi 300 volcanes, ahí es nada, sólo unos pocos tienen registro histórico de que alguna vez escupieron fuego, y hoy en día, aún cerca de la decena siguen activos. Esto hace de Guatemala el país más volcánico del mundo. Subimos al volcán Pacaya, uno de los que siguen en activo. Junto con el Cerro de Agua y el Cerro Chiquito forman un macizo volcánico que supera los 2000 metros. El año pasado pegó un buen petardazo que fue la ruina de los pueblos que viven en sus laderas, lo hace de vez en cuando. Ahora parece que está tranquilito, y nos permitió que subiéramos hasta su meseta, que a día de hoy es el punto más alto al que se permite subir…de forma legal claro. La meseta es una preciosidad, y la subida impresionante, la tierra de lava negra desmenuzada contrasta considerablemente con el verde esmeralda brillante de la selva. Conforme vas subiendo, aumenta el negro y disminuye el verde. En la ascensión te vas encontrando con una caldera volcánica que comprende el lago Amatitlán y la laguna de Calderas, repleta de agua, y vistas impresionantes. Al menos eso es lo que ponía en los carteles que de vez en cuando te indicaban en qué parte de la ascensión te encontrabas. Llovía tanto y estaba tan cerrado que no pudimos ver ni el cráter del volcán. Una auténtica pena. Habrá que volver.

Otra zona volcánica, y probablemente uno de los lugares más bonitos del planeta es el Lago Atitlán. El lago es de una belleza sobrecogedora. Está rodeado de volcanes que superan los 3000 metros, destacando sobre todos el Tolimán, al sur el Atitlán, y al oeste el San Pedro, mi favorito, con sus laderas cubiertas de cafetales y repliegues casi orgánicos y su cráter casi simétrico.

El lago Atitlán tiene algo mágico que lo envuelve. Lo rodean doce pueblos, que como no podía ser de otra forma, se llaman como los doce apóstoles. Circunnavegar el lago, parando en algunos de sus pueblos es una experiencia irrenunciable. Se trata de un lago peligroso y traicionero, quizás ahí resida parte de su embrujo. El Xocomil puede que también tenga algo de culpa. Se trata de un fuerte viento que se produce normalmente al medio día, cuando los vientos calientes del sur chocan con las masas frías que provienen del altiplano. El lago se encuentra por encima de los 1500 metros sobre el nivel del mar. Se forman remolinos que agitan las aguas del lago con fuertes olas. Las barcas de los paisanos tienen una curiosa proa, diseñada para sobrevivir a este fuerte y raro oleaje.

Las montañanas también ocupan un lugar importante en Guatemala, no sólo de volcanes vive el chapín. La Sierra de los Cuchumatanes, al norte del país se extiende hasta el norte del río Negro o Chixoy, que divide la cadena montañosa en dos zonas, los Cuchumatanes al Oeste y las Montañas de las Verapaces al este. Visitamos ambas zonas.

La zona del Altiplano la conforman unas montañas excelsas, multitud de pueblos coloridos y una belleza natural desbordante. Los Cuchumatanes son una cadena montañosa espectacular. Son las montañas más altas de Centroamérica, superando los 3600 metros. Cuando llegas al mirador de los Cuchumatanes te vas a encontrar con varias cosas. En primer lugar un monumento a los Cuchumatanes donde se encuentra la serie de poemas que Juan Diéguez Olaverri dedicó a la cadena montañosa. A continuación te apareceran de todas las laderas colindantes un montón de niños, que a cambio de unos dulces te recitan los poemas. Como se nos olvidaron los caramelos, nos tuvimos que conformar con leerlos. En tercer lugar, unas vistas impresionantes de gran parte del cinturón volcánico del país. El día estaba tremendamente nublado y tan solo pudimos vislumbrar los cráteres de dos volcanes, uno de ellos el que está considerado por algunos como el más hermoso del país, debido a su silueta casi perfectamente piramidal, y cuyo nombre no recuerdo.

En la parte de las Verapaces, en concreto en la Baja Verapaz, se encuentra parte del corredor biológico del bosque nuboso. Una parte optimísticamente conocida como biotopo del Quetzal. La zona es espectacular, la neblina lo inunda todo, dándole un ambiente realmente misterioso y hermoso. Está lleno de agua por todas partes, la humedad es constante y muy elevada y la vida natural se acumula por cada centímetro que recorres. Los árboles tienen todo tipo de invitados, y sus invitados tienen a su vez más invitados. Como comenté en la entrada específica para la fauna, es el paraíso de epifitas y hepáticas. El agua que cubre permanentemente la zona proviene, en gran parte, de la Laguna de Izabal. Un auténtico espectáculo.

En las Altas Verapaces se encuentra Lanquín y Semuc Champey, que literalmente significa donde el río se hunde. Semuc Champey es un entorno paradisíaco formado a partir del río Cahabón, de no mucho cauce pero de un caudal impresionante, sobre todo cuando lo visitamos, que estaba pletórico por las lluvias continuas. Se encuentra en medio de un espeso y profundo bosque tropical, donde se forma una especie de puente natural, por el que discurre el río, que forma terrazas calizas de aguas turquesas, cristalinas y límpidas…eso cuando hace bueno, porque nosotros lo vimos con un color café con leche que le quitaba gran parte del encanto. Aún así el entorno es fascinante, las terrazas, la fuerza del río, el ver como desaparece en una especie de caverna y luego renace con toda su fuerza. Brutal. Desde el mirador se puede contemplar en su plenitud y belleza…pero no pudimos subir porque el camino estaba impracticable. Las lluvias de nuevo. En Lanquín hay unas grutas bastante interesantes. Les habían cortado la luz, porque no pagan el recibo, tal como lo cuento. Además, les habían robado las linternas, y aún así, para adentro que fuimos, con un par de velas, un frontal de los de ir al baño por la noche, y una antorcha. La cueva no es que esté preparada para dar un agradable paseo. El agua que brota por todas partes, la irregularidad del terreno, y la falta de luz, hicieron del evento toda una aventura fantástica. Al salir, estuvimos contemplando el poderoso río Lanquín, mientras esperábamos a que se pusiera el sol. Porque cuando empezaba a oscurecer, millones de murciélagos salían volando a buscar la cena. Espectáculo impresionante que dura casi una hora. ¿Cuántos murciélagos pueden caber? Ni idea, pero aquel momento fue único.

El Rio Dulce también merece una mención especial, recorrerlo entero, desde la desembocadura en el Caribe, hasta la laguna de Izabal, te impacta en la retina y en el alma. El entorno es encantador. Las aves, sobre todo cerca de la zona marítima, le aportan un toque espectacular. La selva, los manglares, toda una delicia. Hasta un jardín de nenúfares a mitad del recorrido que te encuentras. Tiene zonas de agua sulfurosa caliente, donde un baño puede dejarte completamente relajado y sin picaduras de mosquitos, pero hay que conocerlas, no te puedes bañar en cualquier parte.

El Río de la Pasión es otro que merece ser nombrado. Estaba desbordado, y apenas podía ver su cauce definido. Íbamos navegando por el techo de la selva, y sólo podíamos ver las copas de los árboles más grandes. Menuda experiencia, navegar por carreteras, y tomando atajos que normalmente se harían con un coche, o andando. Nosotros lo hicimos en barca. Por el Río de la Pasión se llega a Isla Chiminos, y varios yacimientos mayas. Estuvimos en Ceibal y en Aguateca. Selva pura y salvaje en toda su expresión. Aguateca tiene además una interesante falla digna de ver. Impresiona.

Una última mención a la selva, porque es lo que más me ha impresionado, emocionado y excitado. Es una auténtica maravilla de la naturaleza. A pesar de los mosquitos y demás insectos que se cebaron conmigo, me pareció un lugar maravilloso, mágico y al que quiero regresar. Toda una aventura

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