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Introducción

La concepción fregeana de la doble función semiótica fue un supuesto asumido en filosofía del lenguaje. Toda expresión lingüística tenía dos dimensiones:

  • Referencia, que la ligaba a la realidad expresada
  • Sentido, unida a la forma en que tal realidad era aludida o reconocida

Este supuesto comenzó a ser considerado de forma mas crítica a partir de los finales de los 60 y los 70. La obra de Kripke parte de consideraciones semánticas que tienen que ver con las relaciones entre el lenguaje y la realidad, y posteriormente se aplican los resultados obtenidos al ataque o defensa de ciertas tesis filosóficas tradicionales de carácter epistemológico u ontológico. Su obra se encuentra ligada a la reconsideración crítica de los problemas tradicionales, desde las dicotomías kantianas hasta el esencialismo o dualismo cartesiano. La exposición de sus tesis filosóficas principales se desarrollará en el ámbito propiamente lingüístico. Va a insistir propiamente en la teoría de la referencia propuesta por Kripke para diferentes categorías lingüísticas, centrándose más en las argumentaciones que la sostienen como tal teoría que en los razonamientos que pretenden concluir tesis no propiamente lingüísticas.

Los nombres y el nombrar

La teoría de Frege sobra la referencia de los nombres propios y las descripciones era una relación indirecta entre lenguaje y realidad, relación triádica donde también intervenía el concepto en su sentido objetivo o intersubjetivo. La función del sentido era iluminar parcialmente la referencia, permitir la localización de la referencia a través de la captación de alguna de sus propiedades. El sentido constituía el elemento cognitivo necesario de la determinación referencial. La postulación de esta doble dimensión sentido/referencia estaba orientada a la resolución de problemas semánticos.

  • El problema de la identidad. El enunciado de identidad no es vacuamente verdadero y expresa una verdad fáctica: porque la afirmación de identidad se encuentra mediada por el sentido conceptual de los nombres empleados.
  • El problema de la sustituibilidad. Se puede sustituir en cualquier contexto un término por otro, siempre que éste sea correferencial con el primero. Tal sustitución no ha de afectar al valor de verdad del enunciado pues es función de la referencia.

Ya Frege se había dado cuenta de que no es aplicable en cualquier contexto:

  • En los contextos en que una oración completiva está regida por un predicado que expresa una actitud epistémica por parte de un hablante.
  • En un contexto modal en que una oración se encuentra en el alcance de un operador modal (necesariamente, posiblemente…)

La solución de Frege fué afirmar que las expresiones referenciales en tales tipos de contextos no refieren a su referencia habitual, sino a su sentido. Para preservar el valor de verdad del enunciado es preciso que tal sustitución haya dejado inalterado el sentido.

El problema de las expresiones referenciales vacías

Sólo si se distingue entre sentido y referencia se puede explicar que los enunciados que contienen expresiones referenciales vacías sean informativos. Puesto que el contenido informativo de un enunciado no depende sólo de que sus componentes tengan referencia, sino de que posean un sentido. La capacidad para tratar problemas semánticos convirtió a la teoría fregeana en paradigmática en nuestro siglo.

Frente a ella la teoría de la referencia propuesta por Kripke puede proporcionar soluciones igualmente adecuadas a estos rompecabezas semánticos constituyendo una alternativa seria. La teoría de la referencia propuesta por Kripke parte de la distinción hecha por Donnellan entre el uso referencial y el uso atributivo de una expresión nominal. Las descripciones lingüísticas están sujetas a una cierta ambigüedad de uso, de manera que no se puede saber por simple inspección de su estructura gramatical, cuál es la función semántica que cumplen. En estos casos, según Donnellan, nos encontramos frente a un uso referencial de la descripción y según Kripke ante un acto de referencia del hablante: el hablante pretende referirse a un determinado referente y lo logra a pesar de utilizar expresiones semánticamente no adecuadas, mediante la expresión de sus intenciones y las características del contexto en el cual efectúa tal intento que pueden incluir falsas creencias compartidas con la audiencia. Hay que distinguir los usos propiamente atributivos o las referencias semánticas. Según Donnellan:

  • Un hablante que usa atributivamente una descripción definida en una afirmación enuncia algo que es tal y cual. En el uso atributivo es preciso que la propiedad que lleva aparejada se aplique al referente, pues si no, no se efectúa la referencia ni se predica nada de tal referente.
  • Un hablante que usa una descripción definida de forma referencial, utiliza la descripción para capacitar a su audiencia para identificar aquello de lo que está hablando y enuncia algo de esa persona o cosa. La descripción determina una referencia en virtud del significado de sus componentes, independientemente de las intenciones de quien las usa y del contexto, excepto si contiene expresiones deícticas.

La distinción establecida por Donnellan para las descripciones definidas se aplica igualmente según Kripke a los nombres propios. La teoría de Kripke pretende establecer afirmaciones sobre las referencias semánticas, ya que piensa que los referentes del hablante son asunto de la pragmática. Desde este punto de vista, saltan a la vista los inconvenientes de la teoría fregeana sobre los nombres propios.

En el caso de nombres propios genuinos pueden diferir las opiniones en cuanto a su sentido: si una descripción forma parte del sentido de un nombre propio, la oración que predica es una oración analítica, es decir, verdadera en virtud del significado, para algunos será analítica y para otros no. De acuerdo con las mas evidentes intuiciones semánticas, “Aristóteles era originario de Estagira” enuncia un hecho contingente, no necesario, por lo tanto resulta inadecuada calificarla como oración analítica.

La conexión existente entre la semántica de los nombres y la noción de necesidad consiste en que si la descripción es parte de la especificación del significado del nombre queda determinada una cierta clase de oraciones analíticas necesariamente verdaderas. La teoría de Frege de la referencia indirecta de los nombres propios fue matizada por Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas y puso en duda que el significado de un nombre propio quedara completamente contenido en una sola descripción. Propone que el significado del nombre propio está dado por el conjunto de las descripciones con los que se puede identificar el nombre, descripciones que forman un cluster, están estructuralmente unidas por relaciones.

La teoría del racimo es la forma moderna que ha adoptado la teoría de Frege y la que ha recibido las críticas de Kripke y de los partidarios de la teoría de la referencia directa. Según Kripke es posible proponer la teoría del racimo en dos sentidos:

  • Como especificación del significado del nombre propio; la conjunción lógica de las descripciones equivaldría a ese significado.
  • Como una teoría acerca de cómo se fija la referencia de un nombre propio, como una hipótesis acerca de cómo se explica dicho nombre propio. Kripke tiene objeciones a ambas formas de entender la teoría, considerándola inadecuada tanto como teoría semántica de los nombres propios como tesis sobre el modo en que se establece su referencia.

La tesis que mantiene es que los nombres propios son designadores rígidos, en cualquier mundo posible designan el mismo objeto o individuo. Los mundos posibles son el producto de estipulaciones puramente lógicas que no tienen en cuenta las leyes de causalidad física o de necesidad fáctica.

Un designador designa rígidamente un objeto determinado si designa al objeto dondequiera que el objeto exista. La argumentación de Kripke, apelando a situaciones contrafácticas o mundos posibles, suscita el problema de la identificación de los individuos y objetos. La respuesta de Kripke es que la misma forma de hablar acerca de las situaciones contrafácticas supone ya la identificación transmundana: cuando hablamos de una cierta persona y de las cosas que le podrían haber sucedido estamos hablando de un mundo posible, del que forma parte esa misma persona y no otra. Y la forma en que expresamos tal supuesto de la utilización del nombre propio que es el que asegura que nos estamos refiriendo al mismo individuo.

Kripke distingue entre definiciones cuya finalidad es fijar la referencia y definiciones cuyo fin es proporcionar el significado: “Supóngase que la referencia de un nombre propio viene dada por una descripción o racimo de descripciones. Si el nombre significa lo mismo que esa descripción o racimo, no será un designador rígido. No designará necesariamente al mismo individuo en todos los mundos posibles, ya que otro objeto puede tener las propiedades en cuestión en otros mundos posibles.” En la teoría de Frege, el sentido ejerce ambas funciones:

  • Es el medio por el que el hablante determina la referencia
  • Equivale al significado, en la medida en que constituye el contenido conceptual ligado a la expresión. De las modificaciones propuestas por Strawson o Searle, se sigue que utilizar significativamente un nombre consiste en poder sustituirlo por la suma lógica de sus propiedades. Esto según Kripke entraña consecuencias inaceptables:
  • Todas las propiedades identificatorias de un objeto contribuyen exactamente igual a esa identificación. Se opone a las intuiciones semánticas normales, si se admite que ciertas propiedades tienen más peso que otras, es preciso disponer de un criterio para evaluar ese peso relativo, lo que suscita aunque no necesariamente el problema ontológico de las propiedades esenciales.
  • Si el significado de un nombre está constituido por una suma lógica de descripciones, quien utilice un nombre conocerá a priori la equivalencia entre el nombre propio y cualquiera de las descripciones.
  • El enunciado que afirma la equivalencia entre la disyunción lógica de las propiedades y el nombre propio expresará una verdad necesaria. Ni el segundo ni el tercero son verdaderos. Que el hablante utilice correctamente un nombre propio no quiere decir que conozca ni siquiera la mayoría de las descripciones, suele suceder que conozca algunas.

Aprioricidad y Necesidad

La filosofía tradicional kantiana establece una conexión entre las nociones epistemológicas (a priori y a posteriori) y las modales u ontológicas (necesidad y posibilidad).

  • Las verdades conocidas a priori son necesarias. Un enunciado es a priori si su verdad puede establecerse sin acudir a la experiencia
  • Las verdades conocidas a posteriori son contingentes, hay que acudir a la experiencia.

Del mismo modo que Kant indicó la diferencia entre a priori y analítico y a posteriori y sintético, defendiendo la existencia de verdades sintéticas a priori, Kripke mantiene sobre la base de su teoría de la referencia, que existe una diferencia entre lo a priori y necesario y lo a posteriori y lo contingente. Niega que las verdades a priori no puedan ser objeto de conocimiento a posteriori. Algo puede ser conocido a priori y conocido por gente particular en base de la experiencia.

Lo a priori y lo a posteriori son nociones epistemológicas y no hay nada en los hechos que los haga ser conocidos de uno u otro modo. La necesidad es una noción ontológica que atañe a la naturaleza de los hechos mismos, está ligada a la de mundo posible o situación contrafáctica. Es necesario aquello que es verdadero en cualquier mundo posible. Contingente aquello que puede estar sujeto a cambio estipulativo. Así no es difícil ver la conexión entre el funcionamiento semántico de los nombres propios y la noción de necesidad. Si un nombre propio es un designador rígido, refiere a un individuo en cualquier mundo posible. Si dos nombres propios refieren a un mismo individuo, la identidad entre ellos es necesaria.

La teoría causal de la referencia

Los argumentos de Kripke de su teoría de la referencia directa se pueden dividir en tres grandes clases, las tres dirigidas a mostrar que la teoría fregeana de la referencia indirecta tiene consecuencias inaceptables y que ha de ser sustituida por otra.

  • Argumento semántico. La teoría ortodoxa mantiene que el sentido de un nombre es equivalente a una descripción y por ello refieren a lo mismo. Pero la teoría de la referencia directa contrargumenta proponiendo casos en que un nombre refiere a u individuo sin que sea necesario que lo haga la descripción presuntamente equivalente.
  • Argumento modal, utilizando las nociones de necesidad y mundo posible. Si la teoría ortodoxa fuera cierta y el sentido de un nombre propio equivaliera al de una descripción, el enunciado de identidad expresaría un hecho necesario, sería verdad en cualquier mundo posible. Pero no es verdadero porque es concebible una situación contrafáctica que lo niegue. Las únicas oraciones que expresan hechos necesarios son las que afirman la identidad de referencia de dos nombres propios.
  • Argumento epistemológico. Tiene que ver con la forma en que se aprende a qué refieren los nombres propios. Según la teoría de la referencia indirecta se aprende a usar el nombre propio en conexión con las descripciones pertinentes que constituyen los criterios necesarios para la aplicación de tal nombre.

La oración de identidad nombre-descripción es portadora de información a priori. La versión que ofrece Kripke es completamente diferente, y aunque no le concede el rango de teoría se conoce como teoría causal de la referencia. Critica la teoría descripcionista en su explicación de cómo se aprende la referencia, supone ya tal noción. Kripke en cambio piensa que la referencia ha de ser un mecanismo aprendido o transmitido de una forma mucho mas elemental.

La utilización referencial de un nombre propio no requiere que se haya asimilado criterios de aplicación de ese nombre en virtud de propiedades realmente poseídas por el objeto. Alguien se puede referir a un objeto sin saber nada de él. Lo único que se requiere es que tal nombre sea conocido como referente a una realidad de forma independiente a su conocimiento. Las descripciones, en cuanto instrumentos para fijar la referencia, tratan de reducir el riesgo de desviaciones en el acto de la referencia pero, si se toman como equivalentes de un nombre, pueden introducirlas. Las descripciones son expresiones que sirven como instrumentos auxiliares para fijar la referencia de un nombre, pero en modo alguno son criterios necesarios (y suficientes) para su aplicación, ni requisitos indispensables en su aprendizaje.

Lo esencial del uso de los nombres, y lo que explica que podamos usarlos correctamente, es la existencia de la cadena causal que conduce a un acto originario de bautismo o nominación. En resumen, el núcleo de la teoría semántica de Kripke es la tesis de la rigidez de los nombres propios y la concepción causal de su referencia. La necesidad de los enunciados de identidad entre nombres propios y su carácter epistemológico de a posteriori son consecuencias directas de su teoría.

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Verdad y correspondencia: la teoría semántica de la verdad

La teoría semántica debe reflejar que el lenguaje es un medio privilegiado para la representación de la realidad y ha de incorporar conceptos relacionales que conecten los niveles lingüísticos y ontológicos. Los conceptos son:

  • Referencia
  • Verdad, en ciertas teorías como la fregeana es una variante de la referencia

Y las relaciones son:

  • Designación
  • Correspondencia

El lenguaje se relaciona con la realidad a través de su función referencial y representadora. En esta función hay que colocar el ámbito explicativo de la semántica.

La teoría semántica de la verdad pretende recoger y precisar intuiciones que subyacen a las acepciones más generales del predicado o a sus usos mas comunes. La verdad es una relación entre el lenguaje y la realidad, que consiste, según nuestra intuición, en una relación de correspondencia, lo que se afirma es verdadero o falso según se corresponda o no a lo que realmente existe.

La teoría de la verdad de mayor aceptación es la del lógico polaco Tarski, transmitida en su ensayo La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, que presenta dos características primordiales:

  • Teoría definicional. Pretende precisar rigurosamente el significado de la expresión predicativa “es verdad”, al menos en la medida en que aplica a los lenguajes formalizados. Se diferencia así de las teorías de la verdad criteriales que pretenden especificar reglas para averiguar si algo es verdadero o no, por ejemplo la de los positivistas lógicos que hacían depender la asignación de valor veritativo del método (reglas) a seguir en la confrontación del enunciado con la realidad.
  • Teoría semántica. Pone en relación dos niveles: o Sintáctico, propiamente gramatical, se determinan los objetos a que es aplicable el predicado “es verdad”. o Ontológico, en el que reciben interpretación esos objetos.

Condiciones de una teoría de la verdad

Tienen que cumplir dos condiciones

  • Adecuación material. Marco de relaciones del lenguaje para el cual se está definiendo el predicado “es verdad” y el lenguaje al que pertenece ese propio predicado. Impone una restricción sobre la conexión entre el lenguaje objeto y el metalenguaje: han de seguirse enunciados de la siguiente forma: T.O verdadera si y sólo si p. Es decir, toda equivalencia de la forma T, obtenida reemplazando p por una oración particular, y O por un nombre de esa oración, puede considerarse una definición parcial de la verdad, que explica en qué consiste la verdad de esa oración individual. El requisito asegura la sensatez.
  • Corrección formal, en tres aspectos:
    • Diferenciación neta de niveles lingüísticos. Hace referencia a la distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje. El predicado semántico “es verdad” es metalingüístico y pertenece a un nivel diferente del de las oraciones a que se aplica. Si no se realiza esta diferencia obtenemos un sistema semánticamente cerrado con paradojas semánticas como la del mentiroso.
    • Categorías lingüísticas empleadas en cada uno de los niveles. El metalenguaje debe contener los medios expresivos suficientes para referirse al lenguaje objeto, ha de ser al menos tan rico expresivamente como el lenguaje-objeto y ha de poder formar nombres de las entidades pertenecientes a él. El lenguaje objeto está incluido en el metalenguaje en el caso de una lengua que funciona como metalenguaje de sí misma.
    • Especificabilidad de cada uno de los niveles. El lenguaje objeto para el que se efectúa la definición del predicado veritativo debe ser un lenguaje completamente especificado mediante la aplicación de reglas explícitas. Tarski no creía que existieran gramáticas de lenguas naturales lo suficientemente rigurosas como para cumplir este aspecto.

Contenidos de la teoría de la verdad de Tarski

Su objetivo era no utilizar términos semánticos no definidos. Todas las nociones semánticas deben ser definidas en términos semánticos más elementales y en última instancia empleando nociones puramente sintácticas. Es dudoso si lo consiguió o no aunque este requisito tiene mas que ver con preferencias filosóficas que con necesidades prácticas.

La definición de predicado veritativo consta de 4 pasos:

  • Especificación de la estructura sintáctica del lenguaje objeto. En un lenguaje lógico serían las reglas que determinan si una sucesión de símbolos es una expresión bien formada, en una lengua natural sería la gramática. El conjunto de expresiones bien formadas es infinito lo que obliga a que las reglas de formación sean recursivas.
  • Determinación de la estructura del metalenguaje. Debe contener al lenguaje objeto como parte. En el caso de dos lenguajes lógicos el metalenguaje ha de ser de un orden superior. Cuando se trata de lenguas naturales es necesario disponer de traducciones adecuadas del lenguaje objeto al metalenguaje. Además el metalenguaje ha de disponer de expresiones metalingüísticamente apropiadas para expresar la teoría de la verdad: variables metalingüísticas, expresiones lógicas adecuadas…
  • Definición del predicado “satisface en L”. Corresponde a la necesidad de Tarski de no emplear términos semánticos no definidos. En los lenguajes formales existen expresiones abiertas que no son ni verdaderas ni falsas. En las lenguas naturales, las expresiones que introducen indeterminación referencial que pueden variar de un contexto a otro son los pronombres. Las oraciones abiertas son satisfechas o no por un conjunto ordenado de elementos. La definición de satisfacción ha de ser recursiva.
  • Carácter absoluto dado por el hecho de que la teoría de la verdad del lenguaje forma está referida directamente al mundo real, modelo que se ha de utilizar para la interpretación del lenguaje formal o natural. Una oración es verdadera si es satisfecha por todos los objetos y falsa en caso contrario. La verdad es producto de la realidad en que se encuentran los términos en la oración y los objetos en el mundo.

Significado y condiciones de verdad: El programa de Davidson

A finales de los años sesenta, Davidson se dedicó a averiguar que condiciones debe satisfacer una teoría para que pueda considerarse una teoría del significado lingüístico. Y llegó a una serie de conclusiones.

  • Una de ellas es que debía poder derivar enunciados de la forma (S) O significa p donde O es una descripción de cualquier oración perteneciente a la lengua natural y p el significado de tal oración. La primera dificultad es establecer la potencia o capacidad de una teoría así, el número de oraciones (S) que es capaz de producir. Evidentemente es infinito, por lo que quedan excluidas las teorías semánticas que constituyen enumeraciones de oraciones emparejadas con sus significados. El requisito de completud exige teorías recursivas con un conjunto finito de reglas para la derivación del conjunto infinito de teoremas o enunciados (S). La recursividad es una contraparte de la creatividad o productividad de los hablantes, la capacidad para producir y entender cualquier oración significativa de su lengua. La posesión o asimilación de esos mecanismos recursivos es la que garantiza el aprendizaje de las lenguas.
  • Otra es que los significados de las oraciones dependen de los significados de las palabras, es decir, se refiere al principio de composicionalidad formulado por Frege, donde la descripción del significado de una oración ha de mostrar cómo contribuyen los significados de sus elementos al significado global de la misma, es decir, la teoría semántica ha de dar cuenta de la estructura combinatoria, tal descripción estructural exhibe la forma en que se combinan los significados en el seno de la oración.
  • El núcleo central del problema de la especificación del predicado “significa que p” en los enunciados (S) es la vaguedad de “significa que p” y la indeterminación de lo que p designa. El núcleo de la solución consiste en sustituir estas expresiones por otras equivalentes, que ejerzan la misma función y satisfagan idénticas condiciones. Dar el significado del predicado “significa que” es especificar otro predicado extensionalmente equivalente, sometido a las mismas restricciones.

El candidato mas evidente es el de verdad, las restricciones formales que Davidson exigió a la teoría del significado se corresponden prácticamente con las que Tarski enunció para la teoría de la verdad. El significado de una oración está determinado cuando se expresan sus condiciones de verdad. La peculiar metodología de Davidson al proponer una teoría del significado pretende ajustarse a intuiciones semánticas comunes, al menos en las oraciones declarativas donde conocer lo que significa una oración conlleva decir cuándo es verdadera.

Conocer las condiciones de verdad de una oración no es lo mismo que conocer su método de verificación, y esa es la distancia que separa la concepción semántica del significado de la teoría verificacionista del positivismo. Conocer las condiciones de verdad de un enunciado significa poder describir el hecho que hace verdadero a dicho enunciado, impensable sin la comprensión del enunciado.

Lo que propuso en definitiva fue tratar un problema intencional, el de la asignación de significado, en términos extensionales, en términos de la noción de verdad. Definir conceptos semánticos típicos de tal modo que su aplicación estuviera determinada por un conjunto de reglas claras y explícitas, conjunto recursivo de reglas que constituyen la teoría de la verdad para una lengua.

La propuesta de Davidson de considerar semánticamente explicativa la teoría de la verdad chocaba con dos objeciones de principio, aunque ninguna de ellas le pareció importante:

  • El carácter semánticamente cerrado de las lenguas naturales. En las lenguas naturales se pueden formar paradojas semánticas basadas en la indistinción de modelos semánticos, aunque según Davidson es un hecho marginal de escasa repercusión práctica ya que los problemas semánticos interesantes son bastante menos sofisticados.
  • La existencia generalizada de la ambigüedad. Aproximando cada vez más el lenguaje formal a las estructuras de la lengua natural, se irá consiguiendo simultáneamente la expresión de descripciones estructurales de las oraciones de la lengua natural y la formulación de sus condiciones de verdad.

La estrategia es enriquecer el lenguaje formalizado hasta hacerlo lo suficientemente expresivo como para representar la riqueza estructural propia de las lenguas naturales. Pero existen problemas de índole interna en la aplicación de su teoría semántica. Por ejemplo las dificultades de precisar una “descripción estructural” de una oración; una descripción sintáctica o gramatical no aportaría luz sobre la forma en que el significado de los componentes de la oración contribuyen a las condiciones de verdad. Sólo la estructura lógica muestra cómo contribuyen las partes de una oración a la fijación de sus condiciones de verdad:

  • En una oración simple mediante la conexión de sujeto y predicado
  • En una oración compleja mediante la semántica veritativa de las conectivas lógicas

De manera que por descripción estructural debe entenderse descripción de la forma lógica. El programa de investigación de Davidson consta de una parte analítica que consiste en la asignación de formas lógicas a las construcciones de la lengua natural. Parte de las lenguas naturales son susceptibles de una formalización más o menos directa. Pero la inmensa mayoría no pertenecen a esta clase, no existe una teoría lógica en la cual sean formalizables de una manera directa.

Demostrativos

El análisis de los demostrativos, elementos deícticos en general, desempeña un papel central en la teoría de la verdad.

Los demostrativos ponen de relieve que una teoría de la verdad para una lengua natural debe dar cuenta del hecho de que muchas oraciones varían de valor de verdad dependiendo del momento en que se pronuncian, del hablante y quizás incluso de la audiencia.

Los elementos deícticos son los elementos de la oración que hacen referencia directa al contexto o situación. No es posible determinar su referencia si no se tiene conocimiento de quién es el hablante, el oyente y la situación.

Resulta que es improbable que se pueda asignar condiciones de verdad fijas a oraciones de una lengua, incluso las que tienen como función describir hechos. La práctica totalidad de las oraciones de una lengua están sujetas a variabilidad de sus condiciones de verdad, originada por la presencia de elementos deícticos. Sin la precisión de la noción de contexto la verdad resulta indeterminada.

Subordinación completiva proposicional

La subordinación completiva en las lenguas naturales es muy frecuente. En este tipo de construcciones ya había advertido Frege las dificultades en la aplicación del principio de composicionalidad: el valor de verdad no constituía una función de la referencia de sus elementos componentes.

El enfoque de Davidson es ligeramente diferente, pero el problema de fondo es el mismo: la asignación de una forma lógica que prediga correctamente las condiciones de verdad de este tipo de oraciones.

Davidson propone considerar al pronombre relativo que como si fuera un demostrativo. El que apunta a modo de deíctico a una referencia, pero no tiene por qué ser una idea. Este análisis, que evita muchos de los inconvenientes de los propuestos por otros filósofos del lenguaje no carece a su vez de problemas, el principal de los cuales es precisamente el de la dificultad de determinar la equivalencia veritativa de dos proferencias sin acudir a la identidad de su significado.

Oraciones de acción

Las oraciones de acción incluyen un predicado que describe una acción realizada por un sujeto. El análisis lógico tradicional de estas oraciones les asignaba una forma relacional en la que el predicado de acción liga los diversos elementos entre los que se da la acción.

No resulta satisfactorio este análisis tradicional porque no da cuenta de ciertas inferencias intuitivamente correctas en la lengua natural. Para remediar esta deficiencia de las propuestas tradicionales, Davidson mantuvo que hay que entender estas oraciones como afirmaciones cuantificadas sobre eventos o acontecimientos. Esta estructura lógica admite variables sobre eventos, y puede reflejar la modificación adverbial de los complementos como predicados de tal evento.

Introducción

La obra filosófica de Quine es heredera directa de la tradición analítica de Frege y Russell, se desenvuelve a partir de profundas investigaciones en la lógica. La lógica en la obra de Quine es:

  • Paradigma de teoría científica, núcleo regulador de nuestros sistemas de creencias
  • Instrumento metodológico fundamental en el tratamiento de los problemas filosóficos.

La concepción general de la obra de Quine se define mediante las siguientes características:

  • Monismo. Es la articulación mas elaborada de una ontología no cartesiana que concibe la realidad como un ámbito homogéneo, atacando las teorías que implicaban posturas dualistas o pluralistas. Adversario acérrimo del innatismo chomskyano.
  • Materialismo. La homogeneidad de la realidad es una homogeneidad de lo material, lo único que existe en la ontología que propone son los objetos físicos.Como consecuencia se adopta una postura naturalista en teoría del conocimiento. Sólo existe una clase de conocimiento de la realidad, el científico; el común o el filosófico son corolarios del primero.
  • Empirismo. Lo denomina empirismo relativo. Combina una concepción globalista u holista del conocimiento científico con una psicología conductista refinada, empirismo al que se han adscritos sus tesis sobre la adquisición del conocimiento, tanto las de pertenecientes a la teoría de la ciencia como a la teoría del aprendizaje. Cualquier creencia se encuentra sujeta a revisión, nada es inmune al cambio. Dentro de los problemas filosóficos tratados, tienen un lugar preeminente los lógicolingüísticos.

Expuso su tesis en dos ámbitos:

  • De la teoría del significado. Trató de demostrar que la noción de significado es confusa e innecesaria para la semántica. Con ello pretende invalidar las ontologías derivadas de esta forma de concebir la dimensión semiótica del lenguaje.
  • De la teoría de la referencia. Combina una teoría muy elaborada del aprendizaje lingüístico con una ontología materialista. La forma en la que concibe la relación del lenguaje con la realidad constituye el núcleo de las reflexiones lingüísticas de Quine, cree que dio una explicación de la naturaleza y el funcionamiento del lenguaje. En filosofía del lenguaje se opone tanto a posturas esencialistas o intensionalistas (Kripke, Putnam), o al mentalismo (Chomsky).

La crítica de la epistemología empirista clásica

Los dos artículos mas conocidos de Quine en su primera etapa filosófica son “On what there is” (Sobre lo que hay) y “Two dogmas of empiricism”, en ellos aborda problemas ontológicos y epistemológicos, pero con su característica metodología lógico-lingüística, que se basa en lo que Carnap denominaba ascenso semántico.

Consiste en tratar los problemas de la estructura o el conocimiento de la realidad examinando la estructura lógica y semántica de los enunciados en que hacemos afirmaciones sobre la realidad o en los que expresamos nuestro conocimiento de ella. “On what there is” pretende demostrar la falacia de los que defienden que existe todo aquello que nombramos, ellos mantienen que si no existiera aquello que nombramos no estaríamos hablando de nada, resultaría absurda cualquier afirmación.

Pero esta línea de argumentación se basa en la confusión entre nombrar y significar. Considerar que los significados son entidades o acontecimientos mentales es una solución psicologista que también rechaza. El problema se halla en que el lenguaje nos impulsa a deificar los significados, como si fueran objetos. Tendemos a considerar que una expresión es significativa si tiene un determinado objeto abstracto al que denominaremos significado, pero esto es una forma contundente de hablar, es una metáfora desafortunada porque puebla nuestra ontología de entidades abstractas de carácter innecesario.

Quine rechazará las nociones intensionales y las de significado; muestra que todas las afirmaciones que en semántica se hacen al respecto se pueden reinterpretar de modo que no nos veamos obligados a admitir tales entidades teóricas. Tratará de reconstruir el predicado semántico básico, tener significado, de modo que no postule los significados como entidades independientes. Su estrategia será similar a la del nominalista frente al problema de los universales: o no admiten que existen entidades que comparten los miembros de una clase o admiten que los miembros de esa clase se parecen en uno u otro sentido “Two dogmas of empiricism”. La analiticidad es una propiedad semántica derivada de la noción de significado y ésta última se verá afectada por el cuestionamiento crítico de la primera.

Quine examinó las creencias básicas de la epistemología positivista:

  • Las basadas en cierta distinción fundamental entre verdades que son analíticas basadas en significaciones y sintéticas basadas en hechos.
  • Todo enunciado que tenga sentido es equivalente a alguna construcción lógica basada en términos que refieren a la experiencia inmediata.

Entre las oraciones analíticas hay que distinguir dos clases: las oraciones lógicamente verdaderas y las oraciones propiamente analíticas. Se conectan con las anteriores a través de la sinonimia: se puede obtener una oración lógicamente verdadera sustituyendo un término de la oración propiamente analítica por otro sinónimo.

Pero esta caracterización de la analiticidad está sujeta a los problemas de la noción de sinonimia. La lógica nos proporciona una definición precisa de oración lógicamente verdadera y la noción de sinonimia está sujeta a los mismos problemas que la del significado. Una alternativa plausible sería que los enunciados lógicamente verdaderos se pueden transformar en analíticos acudiendo a las definiciones del diccionario o a postulados de significado.

Si tal proceder está justificado en lógica, no sucede lo mismo en semántica, ya que las definiciones no son estipulaciones, sino que constituyen afirmaciones sobre hechos y como tales se encuentran fundamentadas y sometidas a contrastación empírica. El problema es encontrar esas instancias justificadoras de la definición.

Se han barajado la identidad de contenido conceptual y la de identidad de uso. Quine, como rechaza la necesidad de las entidades teóricas denominadas “conceptos”, se inclina por la identidad de uso, siempre que se dote de significado preciso a la noción de uso lingüístico. Uno de los posibles modos de entender identidad de uso es la intercambiabilidad salva veritate, ya utilizada por Frege en sus argumentaciones semánticas. Así dos expresiones serían sinónimas si fueran intercambiables en todo contexto oracional salva veritate sin que se alterara el valor de verdad del enunciado, tratándose entonces de una sinonimia cognitiva.

Se produce entonces un razonamiento circular: por una parte se emplea la sinonimia para determinar la clase de los enunciados propiamente analíticos y por otra, se introduce subrepticiamente la noción de analiticidad en la definición de sinonimia. En consecuencia, las nociones de sinonimia y analiticidad están tan estrechamente unidas que es difícil dotarlas de un sentido preciso independiente. No se dispone más que de nociones intuitivas que no son suficientes para trazar una línea divisoria clara entre los enunciados analíticos y sintéticos. Pero la necesidad de establecer esa línea es un supuesto dogmático del empirismo lógico: la idea de que en el ámbito dogmático del conocimiento científico se puede establecer una clasificación de las ciencias en ciencias formales y empíricas, diferenciándose por estar sometidas a diversos procedimientos de contrastación.

  • En las ciencias formales no tendría un componente fáctico, sino puramente lingüístico, dependiendo de la verdad de los enunciados de las relaciones formales internas con otros elementos de la teoría.
  • En las ciencias empíricas, el sentido de los enunciados estaría determinado por la forma en que se confrontan con la realidad

En este ensayo Quine demuestra que la teoría del significado como procedimiento de verificación es radicalmente inadecuada incluso para los enunciados de las teorías científicas, y no puede constituir la base de una definición adecuada de sinonimia y analiticidad, por lo que no es posible trazar ninguna línea divisoria, la ciencia constituye un todo indivisible en el cual las afirmaciones no se ponen en relación con la experiencia de forma aislada y directa.

La fundamentación conductual de la semántica

La semántica tradicional en sentido amplio admite que existen ciertas entidades denominadas significados y diferentes autores adscriben diferente estatuto a estas entidades. En la filosofía contemporánea del lenguaje son dos las concepciones predominantes:

  • Entidades de carácter objetivo y abstracto, expresadas o aprehendidas por los hablantes cuando se comunican. Los conceptos y las proposiciones son entidades de este tipo que se han identificado con los significados de las expresiones lingüísticas
  • Entidades psicológicas, estados de la mente. Cada expresión lingüística está asociada a una entidad psicológica de esta clase y la comprensión consiste en que se puede atribuir al individuo la posesión de esa entidad: su situación en ese estado.

La crítica de Quine a los conceptos clásicos de sinonimia y analiticidad pone en cuestión estas fundamentaciones intensionalistas o psicológicas de la semántica. Según Quine, la apelación a entidades con difíciles criterios de identificación o irreductiblemente inaccesibles coloca a la semántica fuera del ámbito de la ciencia. La semántica ha de progresar sobre la base de entidades observables y públicas, es decir, sobre las conductas de los hablantes.

La comunicación lingüística productiva y receptiva, es ante todo una forma reglada de conducta. La construcción de la semántica requiere no la determinación de los significados, sino la especificación de las relaciones, en particular la de sinonimia, bajo criterios de comportamiento observable. La elaboración de la semántica tiene que estar dotada de una perspectiva genética: proponer una teoría semántica equivale a plantear una explicación de cómo se aprende a usar el lenguaje y relacionarlo con el mundo.

En este sentido, Quine va paralelo a Chomsky: la adecuación descriptiva de las teorías semánticas ha de ser completada en su dimensión explicativa con un modelo de aprendizaje lingüístico. Pero en Quine tal modelo no se propone hipotetizando mecanismos innatos, sino tratando de establecer un puente entre los estímulos y la conducta observable de un niño que aprende a utilizar su lengua. En su teoría juega un papel central el concepto de estimulación y de significado estimulativo.

El mecanismo básico de cualquier tipo de aprendizaje es el refuerzo, positivo o negativo. Reforzado positivamente todo uso que tiende a la intersubjetividad y castigado todo lo que propende a la privacidad. El uso principal del lenguaje es la comunicación, y ésta no sería posible sin la regularidad y la homogeneidad en la aplicación de los términos, las utilizaciones privadas de las expresiones se extinguen rápidamente. Ese proceso de reforzamiento continuo se encuentra en la base del proceso de socialización lingüística.

Con respecto a los inicios del aprendizaje, no se aprenden palabras aisladas, sino que o bien se aprenden en el contexto de una oración o equivalen por sí solas a una oración. La mayor parte de las expresiones se aprenden por abstracción porque no pueden ponerse en correspondencia directa con estímulos del entorno. Esto sucede en el aprendizaje de términos sincategoremáticos (que ejercen en la frase oficios determinativos, modificadores o de relación), pero también sustantivos o predicados que designan realidades o relaciones abstractas.

Para explicar adecuadamente el aprendizaje en términos observables es preciso diferenciar entre los diversos tipos de expresiones que se aprenden y los diferentes modos en que se efectúa la asimilación de su uso. El proceso de aprendizaje puede incluir la generalización analógica o la inducción, pero el núcleo básico está ligado a algo que es exterior al lenguaje mismo, los estímulos procedentes del entorno. El inicio del aprendizaje se produce cuando el niño, mediante condicionamiento directo, aprende a asociar ciertas expresiones con ciertos estímulos.

El modo en que aprende a utilizar estas palabras no es sencillo: En primer lugar ha de aprender su significado estimulativo (conjunto de estimulaciones que inducirán al asentimiento o la discrepancia a un término por parte de un hablante en un momento de tiempo) a través del condicionamiento. El niño aprende mediante refuerzo positivo y negativo ese significado, las estimulaciones apropiadas activan las disposiciones a comportarse de una u otra forma. Si el niño no tuviera la capacidad de comparar, difícilmente podría averiguar el significado estimulativo de un término.

Para que pueda realizar tal comparación, es necesario la existencia de un marco donde ésta se realice, el espacio cualitativo lingüístico, único componente de carácter innato que Quine admite, su función es determinar la base de semejanza entre diferentes estimulaciones. La base de semejanza es lo que comparten los miembros del conjunto significado estimulativo de una expresión, pero no determina una propiedad necesaria y suficiente para la pertenencia a ese conjunto.

En última instancia siempre existe un residuo de indeterminación, pero el niño aprende a reducirlo a límites socialmente aceptables para que nunca imposibilite la comunicación. Las primeras palabras que se aprenden son equivalente a enunciados observacionales y a sentencias ocasionales, que son opuestas a las fijas y son las que provocan una reacción de asentimiento o discrepancia en presencia de la estimulación y de forma variable. La distinción es de grado.

En el primer período de su aprendizaje lingüístico, el niño asocia las palabras con sensaciones o estímulos, pero sin diferencias categorías ontológicas en su entorno. El niño no distingue entre un objeto, propiedad o relación, o entre término singular y general. La noción de objeto tiene que construir con ayuda del lenguaje, tiene que aprender qué términos son de referencia dividida y de referencia continua o de masa. En la percepción de ciertos estímulos como correspondientes a objetos parece haber una base innata o genética que ha de plasmarse en el aparato referencial de la lengua, que consiste esencialmente en el conjunto de recursos gramaticales que tiene la lengua para trocear la realidad de modo consistente con nuestras predisposiciones innatas a percibir objetos y demás.

Su aprendizaje consiste en el aprendizaje del manejo de la individuación, hay que distinguir los términos generales de los singulares. Pero la distinción no es algo que imponga la naturaleza de nuestra percepción de la realidad, sino la forma lingüística con la que asociamos tal experiencia. Por lo tanto general y singular no son propiedades ontológicas de lo referido por las respectivas expresiones, sino que constituyen características funcionales de estas expresiones.

Inescrutabilidad de la referencia e indeterminación de la traducción

La semántica tradicional tiene desde el punto de vista científico un inconveniente fundamental: explica hechos observables, mediante mecanismos inobservables postulados para esa explicación y cuya existencia no está comprobada independientemente. Por eso Quine cree que la semántica ha de alcanzar el estatuto de la cientificidad mediante un uso exclusivo de explicaciones pública e intersubjetivamente contrastadas.

Las explicaciones lingüísticas consistirán en las regularidades conductuales observadas y debidas a una predisposición innata para procesar los datos del entorno y a mecanismos básicos del aprendizaje como el condicionamiento operante y los procesos de generalización inductiva. Quine propone un problema que entraña la teoría del aprendizaje lingüístico: la correspondencia entre la conducta lingüística y sus fuentes causales, los estímulos del entorno son recibidos y procesados por un individuo que pertenece a una sociedad y una cultura que desempeña un papel fundamental.

La teoría implica una cierta indeterminación en la correspondencia entre usos lingüísticos y estímulos y supone cierta dificultad en explicar la homogeneidad de dichos usos acudiendo únicamente a regularidades en la naturaleza y procesamiento de los estímulos que se encuentran en su origen causal. El cambio de perspectiva en el tratamiento de la dimensión semántica del lenguaje es total. Las nociones típicamente semánticas como la analiticidad o la sinonimia ya no se pueden tratar en términos de propiedades o relaciones de objetos.

Tener significado no consiste en poseer asociado un concepto o una idea, sino en estar en correspondencia con cierta clase de estímulos. Ser sinónimos ya no consiste en compartir el mismo objeto, sino en constituir respuestas verbales adecuadas a una misma clase de estímulos.

Para poner de relieve esta relatividad Quine considera el caso de la traducción, que se basa en la relación de sinonimia. Desde el punto de vista conductista, la traducción ha de preservar la correspondencia entre estímulos y respuestas verbales. El problema que plantea Quine pasa inadvertido entre culturas lo suficientemente parecidas.

Las regularidades en el uso intralingüístico se pueden explicar en última instancia por la uniformidad en los procesos de condicionamiento verbal. Pero en dos culturas muy alejadas, para reducir la indeterminación, el lingüista acudirá a criterios conductuales. La fundamentación científica de la semántica se basa en la presunción de que, durante el aprendizaje lingüístico podemos establecer las conexiones adecuadas entre palabras y elementos del entorno, pero ¿cómo los aislamos?, mediante el dominio progresivo de nuestro aparato referencial, de los medios expresivos que nuestra lengua posee para hablar de los objetos y distinguirlos entre sí.

La inescrutabilidad de la referencia consiste en la imposibilidad de llegar a conclusiones absolutamente seguras cuando se traducen términos de lenguas cuyo aparato de individuación puede ser muy diferente del propio. Estrechamente ligada a la indeterminación en la traducción, lo que pone de relieve que la identidad es relativa a un sistema de coordenadas: el aparato lingüístico de individuación. Este es uno de los sentidos de la relatividad ontológica que Quine mantiene: qué sean los objetos depende radicalmente de los recursos expresivos que nuestra lengua posea para discriminar objetos.

Introducción

La obra de Putnam y Kripke comparten un conjunto de concepciones semánticas de partida. Su núcleo lo constituye un conjunto de tesis sobre la referencia de tipos de expresiones lingüísticas y se extraen aplicaciones a problemas de otras disciplinas filosóficas. La teoría de la referencia de los nombres propios de Kripke está ligada a la defensa del esencialismo y el rechazo del materialismo. En Putnam, tanto la filosofía de la psicología como la epistemología configuran lo que se conoce como realismo interno. La obra de Kripke está basada en una teoría de la referencia que tiene su origen en el análisis de los nombres propios. Las tesis semánticas de Putnam surgen de su análisis de los nombres comunes, de los términos generales y en particular aquellos que designan lo que se conoce como clases naturales. La dimensión puramente semántica de su obra analiza cómo se produce la referencia de los nombres comunes, cuáles son sus condiciones de posibilidad y las consecuencias que se pueden extraer de ello.

La crítica del análisis tradicional

En 1970, Putnam demuestra en “Is semantic possible?” que:

  • Las teorías tradicionales del significado son incapaces de dar cuenta de las propiedades semánticas de este tipo de términos.
  • Los lógicos formalizan las teorías tradicionales del significado incorporando errores conceptuales en los que se encuentran inmersas
  • Los lingüistas semánticos originan nueva terminología pero sin corregir errores.

Según Putnam el significado viene dado mediante una conjunción de propiedades tales que han de constituir un análisis del concepto ligado al término; no pueden consistir en propiedades que describen el concepto en su conjunto. La posesión de tales predicados es lo que determina que una entidad individual caiga bajo un determinado concepto. En términos más modernos, la estructura del concepto entendida como conjunción de predicados, determina su extensión, en el sentido de Carnap, es decir, conjunto de individuos a los cuales se aplica.

  • Desde el punto de vista epistemológico las propiedades que constituyen un concepto son los criterios para su aplicación correcta.
  • Para el positivista verificacionista, las propiedades que se apliquen a un objeto pertenece o no a una determinada extensión conceptual.
  • Para los semánticos seguidores de Wittgenstein basta con que se le aplique una parte importante de ellas, que están estructuradas jerárquicamente en forma de racimos.

Estas eran versiones mas o menos refinadas de la teoría tradicional cuyos rasgos principales según Schwartz (1977) son:

  • Cada término significativo tiene un significado, concepto, intensión o racimo de características asociadas a él. Ése es el significado conocido o presente en la mente cuando se comprende el término.
  • El significado determina la extensión, en el sentido de que algo se encuentra en la extensión del término si y sólo si tiene las características incluidas en el significado, concepto, intensión o, en el caso de la teoría del racimo, suficientes rasgos. En muchas versiones contemporáneas, el significado o concepto del término puede incluir sólo criterios observables para la aplicación del término.
  • Las verdades analíticas se basan en el significado de los términos. Si P es una propiedad en el concepto de T, entonces el enunciado “Todos los T son P” es verdadero por definición. Locke expuso esta teoría tradicional en términos menos formales en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Los conceptos generales constituían ideas abstractas que eran a su vez una combinación de ideas simples provocadas por la experiencia. Conformaban la esencia del concepto, una esencia nominal que no había que confundir con la esencia real que es la naturaleza de la cosa, incognoscible.

La teoría de Frege corrigió el sesgo psicologista de la de Locke, postulando un carácter objetivo o intersubjetivo a los conceptos. No modificó la concepción semántica básica: los conceptos son entidades abstractas estructuradas por conjuntos de propiedades organizadas.

Putnam puso como primera objección los miembros anormales. Existen propiedades modificables o accesorias en la definición de un concepto, es más, el mismo hecho de la existencia de propiedades comunes apunta a una naturaleza esencial de la cual se derivarían pero no es un asunto lingüístico. Incluso si se admite una diferenciación entre propiedades definitorias esenciales y accidentales, la definición no constituiría un enunciado analítico, las propiedades esenciales se descubren en la investigación científica. Según Putnam, la teoría tradicional semántica de los términos de clase natural es idéntica a los definidos por una propiedad o criterio.

Las propiedades definitorias del significado de un término no suelen coincidir con las propiedades esenciales de la clase que designa, tampoco se puede admitir la tesis tradicional de que el significado (la intensión) determina la extensión. La extensión de un término es la que es, independientemente del esquema conceptual bajo el cual se categorice. No puede ser determinada por un conjunto de propiedades resultado de la aplicación de un marco conceptual a la realidad.

Katz (1972-1975) fue portavoz de la teoría semántica ortodoxa de la lingüística generativo-transformatoria. En la caracterización de Putnam, la teoría de Katz implica las siguientes tesis:

  1. Cada término tiene un significado definido por marcadores semánticos
  2. Los marcadores indican conceptos, procesos psicobiológicos
  3. Cada marcador está extraído de una colección de universales lingüísticos, existen conceptos de carácter universal, de donde se extraen los propios de una lengua natural y se definen conceptos complejos propios de una cultura. Cada concepto es una noción innata resultado de la aplicación a la experiencia de una preprogramación del cerebro humano
  4. El significado de entidades lingüísticas complejas se construye mediante la aplicación de reglas recursivas a partir del significado de expresiones simples en los marcadores semánticos.
  5. La representación semántica ha de permitir una definición de la clase de las oraciones analíticas, sinónimas y semánticamente anómalas.
  6. La analiticidad se puede definir en términos de inclusión de marcadores semánticos, “todos los solteros son no casados” es analítica porque el concepto CASADO forma parte de la definición soltero.

Putnam critica la teoría de Katz, su objección mas general es que la teoría es una tosca traducción en un lenguaje matemático de la teoría tradicional. El núcleo de la crítica es que la teoría de Katz reproduce los defectos y las consecuencias indeseables de la teoría tradicional sobre los términos generales. Supone que se pueden dar definiciones analíticas de los términos generales cuando en realidad no sucede así, en particular en los que designan clases naturales. El problema en la teoría semántica es abandonar la imagen del significado de una palabra como si fuera un lista de conceptos, no formalizar esa imagen errónea.

El significado de significado

El concepto pre-científico de significado es, según Putnam el problema de la teoría semántica tradicional y de la semántica en general y trata de elaborar una noción de significado que sea una base firme para la semántica. La filosofía tradicional intentó mejorar la noción ambigua de significado descomponiéndola en nociones más precisas y rigurosas. Frege y Carnap distinguieron entre:

  • INTENSIÓN: Componente Referencial, la realidad que designa el término.
  • EXTENSIÓN: Componente Conceptual, las propiedades que connotan el término

Entre los problemas que Putnam achaca a la extensión se encuentran:

  • La polisemia, representación fonológica idéntica con diferentes acepciones, nos impide afirmar sin más que un término tiene extensión. Es el sentido el que media la relación entre una representación fonológica y una entidad extensional.
  • Las entidades extensionales están en correspondencia con funciones características definidas. Las palabras de una lengua no son tan rigurosas.

En consecuencia la noción de extensión es demasiado precisa para reflejar el funcionamiento referencial de los términos generales. Se puede remediar modificando la definición de conjunto, como en el caso de la teoría de conjuntos borrosos y su correspondiente lógica asociada que refleja, mucho mejor que la teoría ortodoxa, la naturaleza formal de los conceptos naturales.

Por lo que respecta a la intensión, es una noción tan vaga e imprecisa como la de significado. Recurrir a la intensión o concepto para explicar el significado es una explicación que no aclara nada porque los términos en que plantean tal aclaración son aún más indeterminados.

Los conceptos o son entidades psicológicas o son objetivas, pero captadas mediante actos psicológicos. La comprensión del significado de un término requiere que el hablante se encuentre en un determinado estado psicológico. Esta consecuencia es incompatible con el hecho de que la intensión determina unívocamente la extensión.

En el solipsismo metodológico los estados psicológicos son entidades unívocas (adscribibles a una única mente) y autónomas (no implica la existencia de más de un individuo), por lo tanto son predicados monarios y no relaciones entre varias entidades individuales. El estado psicológico determina la intensión del término y a fortiori, su extensión. El solipsismo metodológico no impide que algunas personas puedan estar en el mismo tipo de estado psicológico. Lo que descarta es que dos personas capten una intensión de modo diferente y estén en el mismo estado psicológico o que dos hablantes se encuentren en el mismo estado psicológico y se refieran a extensiones diferentes. Y precisamente según Putnam, esto es posible ya que la extensión no se encuentra determinada por el estado psicológico.

La extensión de un término no está determinada por las creencias sino que es la que es de forma independiente. Fijar la extensión de un término no es algo de la competencia del hablante común, sino una tarea asignada a individuos concretos, los especialistas. El uso adecuado del término no requiere la determinación de lo que es o no es por parte de quien lo usa. Tales capacidades y conocimientos pueden ser poseídos por una comunidad lingüística considerada como un organismo colectivo. Putnam avanza la tesis de su universalidad: Toda comunidad lingüística posee algunos términos cuyos “criterios” asociados sólo son conocidos por un subconjunto, y cuyo uso por el resto depende de una cooperación estructurada entre ellos.

Significado y estereotipo

La extensión de un término se fija socialmente y es asunto de especialistas, de manera que caben dos opciones

  • Abandonar la tesis de que el significado determina la extensión.
    • Para los términos deícticos, como los pronombres personales, la referencia está completamente determinada por el contexto, la extensión no tiene nada que ver con el significado.
    • En el caso de los términos generales, en los que se desearía decir y se dice, puede que dos personas no entiendan lo mismo o que empleen las mismas palabras con distinto significado.
  • Negar que el significado tenga que ver con los conceptos que los hablantes poseen. Putnam identifica significado con un par ordenado, posiblemente una n-tupla de entidades, una de las cuales es la extensión. Abandona la correspondencia biunívoca entre significado y estados psicológicos, ya que a un mismo estado psicológico pueden corresponder significados distintos.

Los problemas de la definición del significado son de dos clases:

  • Determinación de la extensión mediante la división del trabajo lingüístico.
  • Descripción de la competencia individual, lo que el hablante sabe acerca del término general para utilizarlo correctamente.

Putnam señala la diferencia respecto a los nombres propios, ya que para utilizar un nombre propio no es preciso saber nada acerca de su referente. Es la comunidad lingüística la que exige un mínimo de conocimiento para admitir como correcto el uso de un término general. Todas las comunidades tienen pautas para valorar y varían con respecto a un mismo término, de una cultura a otra.

Según Putnam, la aceptación de que alguien usa correctamente un término general requiere:

  • Que su uso sea socialmente aceptado como correcto
  • Que su forma total de ubicación en el mundo y en su comunidad lingüística sea tal que la extensión socialmente determinada del término tigre sea el conjunto de los tigres.

Esto nos ilustra la posición ontológica de Putnam, aunque una sociedad empleara homogéneamente la palabra tigre para referirse a tigres, leones y leopardos, no conocería el significado y no la usaría correctamente. Porque la extensión de tigre es la que es, el conjunto de los tigres, independientemente de las creencias colectivas. Que se crea que los leones son tigres aunque sea una creencia universalmente compartida, no hace tigre a leones. Adquirir el uso de una palabra no es una cuestión de sí o no.

Se puede conocer parcialmente su significado, ciertas ideas verdaderas y otras erróneas, esto pasa en las conversaciones cotidianas y no por ello deja de producirse la comunicación. En la comunicación efectiva lo que funciona no son los conceptos, sino los estereotipos, ideas convencionales que tiene una comunidad lingüística sobre una determinada realidad. Esas ideas pueden ser equivocadas pero se encuentran ligadas a propiedades de ejemplares prototípicos. Estas propiedades estereotipadas atribuidas a una realidad no la definen. Si los tigres perdieran sus rayas no dejarían de ser tigres.

Desde el punto de vista de la comunicación los estereotipos funcionan, organizan procesos de intercambio de información, conllevan información que se transmite entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Cuando un niño pregunta lo que es un tigre se le responde con el estereotipo. Esto no quiere decir que el niño aprenda a utilizar la palabra tigre, pero accede a una representación colectiva de carácter imperativo de la comunidad para sancionar la competencia lingüística de cualquiera de sus miembros. Ese contenido obligatorio es variable de una cultura a otra, pero funciona como núcleo de información necesario para el uso correcto del término.

Nombres comunes, clases naturales y rigidez

Cuando se enseña el significado de un término general se suelen hacer dos cosas:

  • Acto ostensivo, indicar una realidad a la cual se aplica. Es un acto definitorio que requiere una considerable competencia comunicativa. Por señalamiento se emplea un designador rígido, el hablante designa una realidad que, sea cual sea la situación contrafáctica imaginable, permanece constante. Lo que designan los términos con la misma extensión está en la relación transmundana de identidad.
  • Descripción, mencionar las propiedades de la palabra en cuanto perteneciente a un sistema semántico o rasgos de los objetos a los cuales se aplica el término. Se suele proporcionar una descripción del estereotipo.

Estas propiedades funcionan como criterios para el reconocimiento de los objetos a que se aplica el término general. Las consecuencias filosóficas son paralelas a las de Kripke: las definiciones de la extensión de los términos naturales son enunciados necesarios a posteriori. Las consecuencias lingüísticas se resumen en la siguiente teoría:

  • Las palabras tienen intensiones
  • La intensión determina la extensión, no puede ser verdadera de términos de clase natural por la misma razón que no pueden serlo de deícticos.

Los dos tipos de consecuencias están íntimamente ligados entre sí y relacionados con una concepción realista del significado y de la verdad.

 Introducción

En el segundo período filosófico de Wittgenstein, su teoría filosófica del lenguaje contribuyó decisivamente al replanteamiento del concepto de lenguaje, ajeno en principio a las tradiciones propiamente lingüísticas, pero posteriormente influido en ellas.

Wittgenstein nunca estuvo interesado en una teoría propiamente lingüística cuya función fuera describir un presunto sistema de símbolos utilizados en la comunicación humana. Su orientación era estrictamente filosófica, daba una explicación de problemas referentes a nuestra relación con el mundo. Hay que subrayar la esencial continuidad del enfoque metodológico: cualquier instrumento de análisis o teoría sustantiva fue considerado en la medida en que podía aportar claridad al problema central de la fundamentación de nuestro conocimiento del mundo y de nuestras acciones.

La teoría figurativa del Tractatus constituyó una respuesta al problema de las condiciones necesarias de la representación lingüística de la realidad y una elucidación de la lógica interna del lenguaje natural. Uno de los mayores logros de Wittgenstein es haber enseñado a considerar el lenguaje humano bajo un nuevo prisma, como una realidad social y comunicativa, en vez de un puro sistema de representación del mundo y de nuestro conocimiento de él. La evolución de su pensamiento consiste en el abandono de dos ideas características del Tractatus:

  • La progresiva insatisfacción acerca del diagnóstico y tratamiento de los problemas filosóficos. La idea es la de que tienen su origen en la imperfección del lenguaje natural, siendo el remedio adecuado un análisis lógico en un lenguaje preciso, inequívoco y construido, la auténtica forma lógica del pensamiento.
  • La idea de que cualquier simbolismo, y en particular el lenguaje natural, debe su virtualidad semiótica a su capacidad representadora, reproductora de una realidad simbolizada. Abandonará la idea de que la lógica es una condición posibilitadora de la representación y la médula espinal de las relaciones entre la realidad, el pensamiento y el lenguaje.

El primer paso en esa evolución fue la revisión del concepto de representación propuesto en el Tractatus, que le conducirá a una concepción diferente sobre la función del lenguaje humano.

En el Tractatus el concepto de representación es concreto y unívoco. Si conocemos la forma lógica de una proposición, podemos determinar el hecho representado sin lugar a error. Wittgenstein expresó dudas acerca de la univocidad. No sólo que no asegure un único resultado sino que resulta dudoso que conserven una estructura común, una forma lógica. Si el lenguaje natural es una representación de la realidad, ese lenguaje no dispone de un único método de proyección, sino que las diferentes convenciones tácitas determinan una heterogeneidad, la forma lógica del lenguaje ya no muestra de forma unívoca la de la realidad.

Nombrar y Jugar

En el Tractatus Wittgenstein distinguía dos relaciones semánticas:

  • Nominación, propia de las expresiones nominales
  • Descripción figurativa, propia de las proposiciones

Fue abandonando la idea de que eran las dos únicas funciones semióticas de los signos lingüísticos:

  • Que una expresión nominal denomine realmente un objeto depende de factores externos a sus propiedades estrictamente lingüísticas.
  • Que un nombre denomine efectivamente un objeto depende de su aplicación como nombre, y ésta no está en una relación interna con el nombre.

Los nombres refieren a objetos independientemente de los propósitos de su utilización, este es el primer hecho básico en el proceso de aprendizaje del lenguaje cuestionado en las Investigaciones. Con ello criticó sus propias tesis del Tractatus y toda la tradición filosófica representada por Agustín de Hipona y que se remonta hasta Platón y de acuerdo con ella, los signos significan porque están en lugar de aquello que designan.

La nueva teoría en las Investigaciones es la propuesta de un nuevo modo de entender lo que es la significación de un signo y su comprensión. La estrategia seguida por Wittgenstein fue:

  • Imaginar circunstancias comunicativas para las que fuera verdadera la concepción nominativa del lenguaje
  • Demostrar que el uso nominativo del lenguaje está intrínsecamente unido a ellas
  • La conexión entre lenguaje y situaciones da sentido a la función lingüística nominativa y a cualquier función lingüística.

El propósito era demostrar que lo que el Tractatus y la tradición lingüística consideraban esencial en el lenguaje, no lo era en realidad. El juego nominativo no es esencial a la comunicación lingüística, está al mismo nivel que otras formas de utilizar el lenguaje para la comunicación. Tampoco es esencial para el aprendizaje lingüístico, ni siquiera primario. La alternativa no excluye los juegos elementales como la denominación, pero subraya el aspecto social de los juegos.

Lo esencial es que el niño aprende a nombrar como una forma de comportamiento en un entorno social que le proporciona aprobación o reprobación. Nombrar no es distinto de otros tipos de acciones no verbales que requieran el adiestramiento social. Cuando el niño aprende a nombrar un objeto no está aprendiendo lo que es la denominación. Aprender el significado del nombre no consiste en evocar las imágenes o cualquier otro fenómeno mental concomitante. Consiste en aprender una forma de conducta que puede estar asociada a procesos psicológicos.

Tanto en el racionalismo como en el empirismo clásicos, los fenómenos mentales tienen un papel esencial en la explicación de los fenómenos semióticos. Los juicios eran la expresión de pensamientos, representaciones mentales de la realidad. La comunicación era un proceso mental mediante el cual se hacían llegar las representaciones mentales de un hablante a un auditorio. Ese proceso elemental como columna vertebral de la comunicación es lo que las Investigaciones pusieron en cuestión, proporcionando tesis diferentes que provocaron un vuelco en las concepciones tradicionales del lenguaje.

La clave de la nueva concepción es la noción general de juego, y en particular de juego lingüístico. En las Investigaciones se realiza un minucioso análisis de las propiedades que comparten los juegos y las actividades lingüísticas; proyectó ésas en el comportamiento lingüístico, tratando de penetrar en su lógica interna. Juego de lenguaje presenta acepciones diferentes:

  • Modelos simplificados de comportamiento lingüístico, como ciertos sistemas de comunicación inventados por él.
  • Actividades lingüísticas reales.

La noción de juego no sólo tiene un aspecto metodológicamente descriptivo, sino también una dimensión heurística: como los modelos simplificados de otros ámbitos de la ciencia, nos permite captar con claridad los mecanismos esenciales de los fenómenos que estamos tratando de explicar. Los juegos y el lenguaje humano son internamente heterogéneos.

Otro de los puntos que rechazó del Tractatus y de la tradición fue, que desde Platón a Frege, la denominación es la función semántica paradigmática, la que establece la conexión esencial entre el lenguaje y la realidad. En las Investigaciones, la nominación es un juego del lenguaje más.

Decir que cualquier expresión nombre algo, tiene cierta capacidad explicativa pero no tiene mucho contenido. Captar el papel significativo de una expresión supone el conocimiento concreto de su función en un juego de lenguaje. Sus críticas están dirigidas contra la idea de que existen expresiones lógicamente simples y básicas en todo lenguaje, que establecen una relación directa e inefable con la realidad. En las Investigaciones, la falsa concepción del lenguaje básico es fruto de la forma peculiar de equivocarse los filósofos. La confusión filosófica consiste generalmente en extraer una expresión del juego de lenguaje en el que tienen su propio sentido, y extrapolarlas a otro ámbito distinto, con pretensiones de generalidad o esencialidad. Esta legítima búsqueda es el velo que impide ver la esencial complejidad y heterogeneidad del lenguaje, que es una consecuencia de la heterogeneidad y complejidad de las formas en que vivimos.

Vivir en el lenguaje

La noción de juego de lenguaje en las Investigaciones es correlativa con la de forma de vida, es imposible explicar una sin recurrir a la otra. Tienen una función metodológica, ilustran mecanismos y conexiones que se dan en las situaciones reales de comunicación; hacen ver en una forma muy esquematizada la complejidad de nuestros usos lingüísticos y la estrecha conexión que tienen éstos con nuestras acciones sociales.

Los juegos de lenguaje son una muestra de la inabarcabilidad de las formas en que utilizamos realmente el lenguaje. Luchar contra esa imagen de que existe un reino de objetos no lingüísticos y otro de expresiones lingüísticas, y que la significación consiste en la relación entre ambos ámbitos es uno de los principales propósitos de las Investigaciones; el significado no es una cosa sino un uso.

La noción de uso lingüístico ha recibido múltiples y matizadas interpretaciones, pero queda claro que no es ningún objeto. Una explicación de significado implica una descripción de actividades humanas, una especificación de su función en una determinada forma de vida. Desde el punto de vista gramatical existen varios tipos de oraciones que se distinguen por características estructurales; pero lo importante para Wittgenstein es dilucidar si los tipos de oraciones determinan tipos de significado, clases homogéneas de uso.

La respuesta es rotundamente negativa: las aparentes homogeneidades estructurales esconden una infinita variedad de usos, indeterminadas posibilidades de que tales oraciones entren a formar parte de juegos lingüísticos. Lo interesante es que los aspectos gramaticales o estructurales de la oración no determinan su significado. Existe la libertad de inventar y vivir nuevas formas de comunicación que den lugar a nuevos juegos de lenguaje, a nuevos significados. El lenguaje no determina la realidad, tampoco determina la vida.

El imperio de las reglas

El concepto clave para entender la concepción lingüística general es el de regla. El mismo concepto es objeto de una indeterminación propia de todos los términos generales e incluso de los nombres propios. La fuente de donde mana el sentido de nuestros términos es funcional, relativa al contexto de la forma de vida de la que participan, el significado de un término no puede constituir una realidad fija, sino que es esencialmente abierto. Así sucede con el término regla, del cual existen muchas clases o acepciones.

Es posible que las reglas lingüísticas no tengan mucho que ver con otros tipos de reglas. La concepción lingüística en el Tractatus estaba basada en una regla lógica parte constituyente de un sistema y que se aplica de forma determinista. Ésta noción de regla es la que rechaza en las Investigaciones. Para el segundo Wittgenstein las reglas lingüísticas son ante todo reglas de uso lingüístico, rigen la correcta aplicación de los términos en relación con situaciones comunicativas concretas. Pueden admitir diferentes modalidades de enunciación y no son universales, sino relativas a comunidades de comunicación concretas. Tampoco son homogéneas. Guardan entre sí un aire de familia, relaciones de parecido no transitivas que constituyen un conjunto pero no un sistema.

La gramática no es una totalidad estructurada internamente por propiedades formales ni genera una realidad homogénea, no es trascendental. El papel de las reglas es el de inducir regularidades en la conducta que posibiliten la comunicación. El concepto de regularidad está lógicamente unido al de identidad relativa: cuando afirmamos que existe una regularidad, se produce una misma conducta. Por eso el análisis del concepto de regla implica el análisis de la identidad de conductas y una respuesta a una eventual postura escéptica acerca de la observancia de reglas. Para el análisis:

  • Primero elucidamos lo que es observar una regla de la conexión que se establece entre creencia y conducta.
  • Segundo se demuestra que la observancia de reglas es necesariamente un proceso público controlable y valorable intersubjetivamente, este es el archiconocido argumento de Wittgenstein en contra del lenguaje privado.

Seguir una regla ha de conceptualizarse como una práctica, es preciso distinguir cuidadosamente entre las reglas y las formulaciones de reglas. El hecho de que una expresión sea considerada como la formulación de una regla depende de la forma en que se use la expresión, no de ninguna propiedad de la expresión misma. Tampoco hay que confundir la regla con lo expresado por la formulación de la regla. Ello conduciría a un platonismo desaforado, reino de entidades abstractas como las reglas conducirían a un callejón sin salida.

Si se distingue entre la regla y su aplicación, se abre una especie de regreso al infinito: para saber cuando es correcta la aplicación, deberíamos dominar otra regla, para la cual nos sería precisa una de orden superior y así sucesivamente. Es preciso concebir las reglas de forma que sean inseparables de sus aplicaciones, hay que pensarlas como prácticas sociales, objeto de adiestramiento y de transmisión cultural. Wittgenstein extrajo dos consecuencias:

  1. Seguir una regla es diferente e independiente de pensar que se sigue una regla
  2. No se puede seguir una regla privadamente.

El concepto de observancia de una regla es lógicamente inseparable del concepto de corrección, cosustancial a la gramática de regla, a las condiciones que definen el uso de esa expresión, que podamos enjuiciar y estar de acuerdo en que estamos observando una regla. Si la observancia de una regla fuera lo mismo que la creencia de que se sigue la regla, la posibilidad de desacuerdo, evaluación o corrección desaparecería. Siempre podría existir una regla en concordancia con la conducta.

Si existen reglas privadas, las que regulan el uso de términos como dolor son perfectas candidatas. Todas las sensaciones son privadas en un sentido general. Si lo que diera significado a los términos fueran sensaciones particulares, el significado sería privado y tal lenguaje sería incorregible en dos sentidos:

  • No podría dudar de la corrección de mi aplicación de una regla privada
  • Ninguna otra persona sería capaz de decir si utilizo correctamente el lenguaje

Como la observancia de una regla implica poder decir si se sigue o no, criterios de corrección, el hipotético lenguaje privado no puede consistir en la aplicación de reglas, carece de reglas, es un absurdo lógico. La alternativa que ofreció Wittgenstein fue la de considerar el uso de los términos de sensaciones como una forma más de manifestación de esas sensaciones, como una práctica aprendida para expresar tales sensaciones.

Tal práctica no sólo está sujeta a criterios de corrección, sino que también posibilita la mentira y el fingimiento, es pública y observable, íntimamente entretejida con otros actos y desde el punto de vista filosófico, es independiente tanto del ámbito platónico de los objetos ideales como del cartesiano de las representaciones mentales.

Gramática y Filosofía

El análisis de las nociones de regla y de observancia de una regla muestra las continuidades y discontinuidades del Tractatus respecto a las Investigaciones. Entre las continuidades:

  • La filosofía sigue concibiéndose como un conjunto de técnicas de análisis del lenguaje
  • La aplicación de esas técnicas ha de tener como consecuencia una aclaración de la propia naturaleza del lenguaje
  • Tal iluminación permite trazar un límite a lo que se puede decir con sentido
  • La filosofía es una práctica que no es equiparable a la ciencia: su objetivo no es la profundización en nuestra comprensión del lenguaje y de la comunicación
  • Esa mejora en nuestra comprensión nos ha de permitir desembarazarnos de los problemas filosóficos, ha de suprimir el desasosiego que provocan: o Un problema filosófico tiene la forma ”no se como salir del atolladero” o La filosofía no puede en modo alguno interferir con el uso efectivo del lenguaje, a la postre solo puede describirlo
  • Pues no puede tampoco fundamentarlo

Deja todo como está o La filosofía expone meramente todo y no explica ni deduce nada. Puesto que todo yace abiertamente, no hay nada que explicar. Las diferencias se sitúan en dos planos, el de diagnóstico y el de la metodología filosófica. Wittgenstein compartió con Frege y Russell la idea de que la causa de los problemas filosóficos es la incomprensión de la naturaleza lógica del lenguaje.

Las expresiones que parecen enunciar profundos problemas filosóficos, ocultan su auténtica naturaleza lógica. Cuando el análisis se ha efectuado desvelando la forma lógica real de la expresión, el problema queda resuelto. El lenguaje toma contacto con la realidad a través de esa estructura lógica. Al abandonar la teoría del lenguaje como representación también abandonó la idea de que los problemas filosóficos surgieran de la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Llegó a la conclusión de que el lenguaje natural no tiene una forma lógica. El análisis ha de tener entonces como objetivo el lenguaje tal como se nos presenta.

Los problemas filosóficos no surgen de la naturaleza del propio lenguaje, sino del uso que hacemos de él. El método que propone el Tractatus es el del análisis lógico intervencionista, consiste en analizar las proposiciones hasta que sus últimos componentes y las conexiones lógicas entre ellos queden completamente claras. El método propio de las Investigaciones no es lógico, sino elucidativo.

Como el lenguaje natural está en orden se trata de comprenderlo mejor, el camino fundamental es la captación de la gramática de las expresiones. La filosofía es una investigación gramatical. Por investigación gramatical hay que entender la que consiste en averiguar cuáles son las reglas que regulan la aplicación correcta de una expresión. Para descubrir tales reglas, es preciso analizar los diferentes juegos del lenguaje en que puede entrar la expresión, determinar la función que desempeña en esos juegos y elucidar las relaciones entre unos y otros usos.

Los problemas filosóficos son resultado de pulsiones lingüísticas, consiste en reformular preguntas como si fueran referentes a la gramática de las expresiones correspondientes. Cuando realizamos tal reconsideración, observamos que los problemas filosóficos no se resuelven, sino que se disuelven: su irrealidad queda puesta de manifiesto en el análisis de funcionamiento comunicativo de las expresiones.

Tesis fundamentales del Tractatus

El concepto de “Lenguaje” y el concepto de “mundo” son dos de los elemenos fundamentales del Tractatus. El  Lenguaje se interpreta como la suma de proposiciones moleculares y atómicas. El mundo es la suma de hechos moleculares.

El lenguaje es la representación formal del mundo. Detrás de esta afirmación está el reconocimiento de una realidad física y de un lenguaje en términos aseverativos (discurso cognitivo que se puede fundamentar científica o lógicamente). Existen dos tipos de realidades. Tambien existen otros tipos de discursos, pero éstos no son relevantes.

Cuando hablamos de lenguaje, nos estamos refiriendo a un lenguaje

  • aseverativo, aquél que podemos aseverar, es decir, V ó F
  • lógico, aquel que capta la estructura lógica del lenguaje ordinario

Para establecer una conexión o una estructura lógica entre lenguaje/realidad, es necesario un lenguaje formal. Este lenguaje recoge la esencia lógica de la relación especular entre la realidad y el lenguaje.

Veamos las siete tesis del Tractatus en el marco del atomismo lógico:

  1. El mundo es todo lo que acontece. El mundo físico está integrado por una serie de hechos que pueden ser atómicos o moleculares.
    1. Los hechos atómicos son aquellos que definen la esencia del mundo y vienen representados por las sensaciones.
    2. Los hechos moleculares derivan de la combinación de hechos atómicos.
  2. Un hecho representa la existencia de un estado de cosas. Para que una proposición represente algo, el hecho debe existir. Cuando una proposición representa un hecho existente estaremos ante una proposición que tiene sentido. A su vez, cuando una proposición representa un hecho no existente estaremos ante una proposición que no tiene sentido. Cuando una proposición tiene sentido entonces puede ser V o F.
  3. La forma lógica de un hecho es el pensamiento. Existe una identificación entre pensamiento y lenguaje. Por tanto, no podría haber pensamiento sin lenguaje. No podemos considerar el pensamiento como algo anterior al lenguaje. El lenguaje formal se identifica con el pensamiento. Por lo tanto, el pensamiento también tiene una estructura formal. Lo único que cabe en este pensamiento, como pensamiento lógico, es la estructura lógica de un hecho físico. Eso no quiere decir que el pensamiento no tenga otra cosa que hechos físicos. Es cierto que existen imágenes de naturaleza heterogénea. Pero si queremos elaborar una Teoría fundamentada tenemos que fijarnos en los hechos físicos, porque el resto de las imágenes representan proposiciones sin sentido. Por tanto, los pensamientos, al igual que las proposiciones, pueden ser sin sentido, pero, para elaborar una teoría, sólo me interesan las que poseen sentido.
  4. El pensamiento es una proposición con sentido.El pensamiento es un entramado heterogéneo. Pero, para elaborar una teoría, sólo me interesa los datos objetivos que vienen representados por los hechos físicos. Cuando hablamos de hechos físicos podemos llegar a un grado de intersubjetividad máxima. En cambio, para el resto de los hechos no existe el mismo grado de convencionalidad. Este grado de convencionalidad (la estructura lógica que subyace a la representación simbólica de la realidad física) de los hechos físicos viene dado por su estructura lógica. Por lo tanto, cuando hablamos de hechos físicos, hablamos de un significado cognitivo. En cambio, cuando hablamos del resto de hechos, hablamos de un significado emotivo.
  5. Una proposición es una función veritativa que está integrada por proposiciones elementales o atómicas. Una función veritativa es aquella que posee un valor de verdad: puede ser V ó F. Nosotros podemos representar la realidad mediante proposiciones complejas. Pero éstas no están en contacto directo con la realidad, por lo que tenemos que descomponerla en proposiciones atómicas. Por tanto, el valor de verdad de la proposición molecular deriva del valor de verdad de las proposiciones atómicas. En pasos quedaría así:
    1. Partimos de una proposición molecular
    2. Descomponemos la proposición molecular en proposiciones atómicas.
    3. Hallamos el valor de verdad de cada una de las proposiciones atómicas.
    4. Hallamos el valor de verdad de la proposición molecular.
  6. La forma lógica de una proposición compleja ( o el valor de verdad de una proposición compleja) viene dada por la combinación de valores de las proposiciones atómicas.
  7. De lo que no se pude hablar mejor callar. Aquí Wittgenstein distingue entre proposiciones:
    1. con sentido: presentan un significado cognitivo; podemos hablar porque se fundamentan lógicamente
    2. sin sentido: presentan un significado emotivo; no podemos hablar porque no se fundamentan lógicamente

Isomorfía entre lenguaje y realidad

Cuando hablamos de isomorfía queremos decir que cada elemento de la realidad está representado por un elemento del lenguaje. Hablar de isomorfía es hablar de una relación de simetría entre elementos. También nos estamos refiriendo a una relación de estructuras de la realidad y del lenguaje. Hay una relación de elemento y una relación de situación.

Cualquier tipo de representación debe tener una forma determinada, debe tener una forma de representación. Cualquier tipo de representación actúa como un patrón o modelo de la realidad. ¿Qué consecuencias teóricas tiene esto? Dentro de un marco puramente cognitivo.

Cualquier representación debe representar algo posible. Esa representación puede ser verdadera o falsa, correcta o incorrecta. Una representación V es aquélla que representa la posibilidad real de estados de cosas.

La forma básica de la representación es la forma lógica. La forma lógica de un hecho es un pensamiento. Por lo tanto, la representación lógica es un pensamiento. Cualquier representación es igual a un pensamiento.

Pensamiento y lenguaje se identifican. A medida que vamos estructurando el lenguaje también vamos estructurando el pensamiento. El pensamiento es una representación formal y nuestro objetivo teórico es definir cómo es esa representación. Cuando hablamos de representación formal estamos afirmando que hay un esquema lógico último que unifica todas las representaciones. El pensamiento nunca puede superar el ámbito de lo lógico, el ámbito de lo posible. Por tanto:

  • Pensamiento y lenguaje se identifican.
  • El pensamiento no puede ir más allá de lo lógico.
  • El lenguaje es un sistema de proposiciones que tienen como función representar cumpliendo con el principio de isomorfía. Mientras que el pensamiento es un sistema interno, el lenguaje es un sistema externo de comunicación. Esta es la única diferencia.
  • El lenguaje sirve para marcar límites entre lo que se puede decir y lo que no se puede decir.

Decir y Mostrar

Wittgenstein distingue entre decir y mostrar. Se dice algo cuando se representa algo, mientras que se muestra algo cuando no se representa isomórficamente la realidad. De ahí que hable de proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido.

Pues bien, el pensamiento sólo juega con la parte que se puede decir o representar. Mientras que el lenguaje, a pesar de estar integrado también por estos elementos, nos permite distinguir entre lo que se puede decir y lo que se puede mostrar.

¿Podemos decir que el lenguaje se implica en el ámbito de lo no formal? El lenguaje ordinario da saltos entre ambos ámbitos.

El lenguaje no puede superar nunca el ámbito de lo formalmente establecido. El lenguaje cotidiano sí lo supera, pero éste no lo podemos teorizar.

Elementos que integran el lenguaje

El lenguaje está formado por proposiciones que, a su vez, se pueden dividir en nombres. Hay una diferencia importante de representación entre ambos conceptos:

  • Nombre: representa un objeto. Wittgenstein no define correctamente lo que entiende por objeto. Podrían considerarse a los objetos como elementos mínimos. Su significado viene dado por el referente.
  • Proposición: representa un hecho(tampoco define un hecho), que serían los elementos complejos. Los hechos son estados de cosas (objetos) que se combinan. Su significado viene dado por el sentido.

La realidad se ve reflejada en nuestro sistema simbólico. Los nombres tienen referente, pero no tienen sentido. Mientras que las proposiciones tienen sentido pero no tienen referente. Los nombres tienen referente porque están en contacto directo con la realidad, por eso, sólo de los nombres, podemos afirmar que tienen referente. Sin embargo, una proposición refleja un sistema complejo que ya no tiene una relación directa con la realidad, por eso, no tienen referente, sólo tienen sentido. Tener sentido, aquí significa, representar una estructura.

La referencia es una relación uno a uno: nombre con objeto. El sentido es una relación entre estructuras. Primero captamos el sentido de una proposición y luego su verdad o falsedad.

Para ver si una proposición es verdadera o falsa hay que descomponerla en nombres y ver si tienen un referente.

Mundo y Realidad

Wittgenstein distingue entre mundo y realidad.

  • Mundo es aquello que acontece, esto es, la totalidad de hechos. Es decir, la totalidad de estado de cosas existentes. Es el ámbito de las realizaciones.
  • Realidad es la totalidad de estado de cosas existentes y no existentes, Esto es, la totalidad de lo posible. Es el ámbito de las posibilidades, de las proposiciones verdaderas y falsas.

Tanto el mundo como la realidad tienen una estructuración lógica. Hablar de mundo es hablar de objeto, estado de cosas y hechos o situaciones. El principio de isomorfía se cumple, en un sentido estricto, entre nombres y objetos, porque es aquí donde se mantiene una relación directa con el mundo.

La proposiciones poseen un significado cognitivo, las pseudoproposiciones tienen un fundamento emotivo. La teoría que hemos desarrollado hasta ahora no se puede aplicar a las pseudoproposiciones. Dentro este ámbito estarían la ética, la metafísica, la estética….

Las pseudoproposiciones no dicen sino muestran y, por tanto, no las podemos teorizar. La filosofía tendría que utilizar todo el entramado teórico del Tractatus para distinguir entre proposiciones cognitivas o con sentido y proposiciones emotivas o sin sentido. Las proposiciones lógicas tienen una naturaleza distinta de las cognitivas y se marcan como un conjunto distinto porque son las que definen la estructura general de la realidad.

La teoría figurativa del sentido

El Tractatus contiene la teoría figurativa del significado, o del sentido. Según ella, una proposición es una figura (o representación) de una parcela de la realidad. Una proposición es una figura (una especie de mapa o dibujo peculiar) de una situación real (es decir, existente) o hipotética.

La figura representa los estados de cosas en el espacio lógico, la existencia y no existencia de los hechos atómicos. Comprender una proposición es conocer la situación o el estado de cosas que representa. Ser figura de una situación es lo mismo que describirla o ser un modelo de ella

La proposición es la descripción de un estado de cosas. Entender una proposición quiere decir, si es verdadera, saber lo que acaece. Quien entiende lo que dice una proposición sabe qué hecho describe esta proposición. En una proposición construimos una situación a modo de experimento, creamos un mundo con la ayuda de un armazón o andamiaje lógico, formado por palabras con significado.

La proposición construye un mundo con la ayuda de un armazón lógico; por ello es posible ver en la proposición, si es verdadera, el aspecto lógico de la realidad. Es de este modo que las proposiciones son modelos, son reproducciones de hechos o de situaciones imaginadas, forjadas a base de los recursos que nuestro lenguaje pone a nuestra disposición. Wittgenstein explica cómo una proposición es figura de la realidad.

Parte de dos premisas:

  • La primera es que una proposición es algo articulado lógicamente (como una pieza musical en la cual su composición exige un plan). La proposición sería un signo articulado. La proposición es una figura de un estado de cosas sólo en cuanto está lógicamente articulada
  • La segunda premisa es que una proposición, así como el pensamiento que expresa, debe compartir con la situación que describa una misma estructura, a la cual Wittgenstein denomina forma pictórica o forma lógica

La relación figurativa consiste en la coordinación de los elementos de la figura y de las cosas. Proposición y realidad comparten la forma lógica. Hay dos correlaciones:

  • la de los elementos de la proposición con cosas de la realidad,
  • la de las relaciones entre elementos de la proposición con relaciones entre las cosas de la situación representada.

La relación entre los elementos de la proposición y los elementos de la realidad ha de ser isomórfica. Hay un isomorfismo entre el lenguaje y la realidad. Esto significa que a cada elemento de la proposición debe corresponderle un único elemento de la realidad, y únicamente uno. Por otra parte, siempre que los elementos de una proposición guarden entre sí alguna relación, sus imágenes (los correspondientes elementos de la realidad) deben guardar entre sí la relación correspondiente.

El espacio lógico

Wittgenstein concibe el lenguaje como la totalidad de las proposiciones. Esto equivale a afirmar que el lenguaje es la totalidad de figuras de todas las situaciones existentes o inexistentes.

La totalidad de las proposiciones es el lenguaje. Ahora bien, si antes afirmaba que el lenguaje es figura o modelo de la realidad, habrá que determinar cuales son los correlatos extralingüísticos de la proposición. Los elementos de la proposición que tienen correlatos en el mundo o en las situaciones imaginarias son los signos simples o nombres. Su función en la proposición es la de servir de representantes de objetos. Los nombres tienen significado, su significado es el objeto en lugar del cual están en la proposición. Son elementos simples que no se pueden analizar. Su significado lo obtienen en el contexto de la proposición. Toda proposición acerca de un complejo puede resolverse mediante el análisis en una proposición en la que todo lo esencial se diga mediante combinación de nombres (no obstante, dentro de las proposiciones no todo son nombres, sino que hay también partículas lógicas que no son nombres de nada). Las proposiciones elementales son meras combinaciones de nombres. A una configuración de nombres en la proposición le corresponde una configuración de objetos en una situación.

Pero, ¿qué son esos objetos? Antes que nada, decir que son simples, no compuestos. Son los átomos, no físicos, sino lógicos, del mundo (es decir, lo que el análisis del lenguaje exige). Son los últimos constituyentes de todo lo demás, y en especial de los hechos y situaciones posibles.

Cuando los objetos se combinan forman lo que Wittgenstein llama estados de cosas. A los signos le corresponden los objetos, y a las combinaciones de signos le corresponden los estados de cosas. Sólo falta que unas y otras combinaciones compartan una misma estructura formal para que el ajuste lenguaje-realidad sea perfecto. La teoría de los estados de cosas tiene dos consecuencias:

  • con independencia de que las situaciones sean o no existentes, los objetos que las forman son inalterables, son lo que subsiste. La substancia del mundo. 2.021 Los objetos forman la sustancia del mundo, por eso no pueden ser compuestos
  • una vez que se han dado todos los objetos, se han dado todas las posibles situaciones. Tan pronto como se ha fijado la totalidad de objetos, se ha determinado también qué puede y qué no puede entrar en el conjunto de los posibles estados de cosas.

De entre los estados de cosas, algunos existen y otros no. La realidad está configurada por la existencia y la no existencia de los estados de cosas.

El mundo es todo lo que acaece. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los estados de cosas El mundo que dibuja el Tractatus es la suma total de la realidad, la suma total de unos y otros estados de cosas. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Los hechos, en el espacio lógico, son el mundo. El espacio lógico es el espacio de todos los mundos posibles. En este espacio, nuestro mundo, el mundo está unívocamente determinado por la existencia de algunos estados de cosas y por la inexistencia de los restantes. Si otros hubiesen sido los estados de cosas existentes, otro hubiera sido el mundo. Todas estas alternativas al mundo son denominadas mundos posibles. El espacio lógico es el conjunto de todos los mundos posibles, así como del mundo real.

Para Wittgenstein, el sentido de una proposición es la situación que describe. La figura representa lo que representa, independientemente de su verdad o falsedad, por medio de la forma de figuración. La proposición puede ser verdadera o falsa sólo en cuanto es figura de la realidad.

El espacio lógico es el conjunto de posibilidades que podría tener el mundo cuando puede ser descrito de acuerdo con un número fijo de proposiciones elementales. El espacio lógico correspondiente a un número de proposiciones es lo que representa la tabla de atribución de los valores de verdad formada por todas las asignaciones de verdad simultáneas a las n proposiciones.

Una vez dado un lenguaje (un conjunto de proposiciones) el espacio lógico correspondiente a este lenguaje contiene todo aquello que puede decirse con sentido mediante el lenguaje. La figura representa un estado de cosas posible en el espacio lógico. Más allá de este espacio lógico no queda ya nada que el lenguaje pueda representar. Lo que no puede decirse. Para Wittgenstein sólo los hechos pueden ser figuras de estados de cosas. El lenguaje pertenece al mundo, de ahí que deba haber algún error en esa imagen en la que el lenguaje y el mundo son cosas separadas y contrapuestas. El error radica en vernos a nosotros mismos fuera del mundo y fuera del lenguaje. No existe ese lugar fuera del mundo y del lenguaje.

Por otra parte, no podemos decir por medio de nuestro lenguaje cual es la estructura o forma lógica de las proposiciones y, por consiguiente, tampoco podemos decir cual es la forma lógica o estructura de la realidad. Para hacer esto tendríamos que salirnos de la lógica y del mundo, y esto no puede hacerse. La lógica traza los límites del pensamiento humano, haciendo que éste sea posible.

La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites. Nosotros no podemos, pues, decir en lógica: en el mundo hay esto y lo de más allá; aquello y lo otro, no. Esto parece, aparentemente, presuponer que excluimos ciertas posibilidades, lo que no puede ser, pues, de lo contrario, la lógica saldría de los límites del mundo; esto es, siempre que pudiese considerar igualmente estos límites también desde el otro lado.

Lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues, podemos decir lo que no podemos pensar. Salirse de la lógica sería poder pensar lo ilógico, lo cual no es posible. Los frutos del pensar son las proposiciones. Si el lenguaje es la totalidad de las proposiciones con sentido, salirse de la lógica es salirse del lenguaje, y los límites del lenguaje son los límites del mundo. El lenguaje define el espacio de todas las situaciones descritas por él. Por eso es un límite.

Para Wittgenstein si se nos preguntase cómo sería un mundo ilógico, no podríamos decirlo. Aunque no pueda decirse cual es la forma lógica de una proposición, nuestro lenguaje muestra esas cosas. El lenguaje no hace factible decirlas, pero unas y otras encuentran reflejo, se manifiestan en él. El lenguaje dicta las condiciones bajo las cuales es posible el mundo y bajo las cuales hablamos del espacio lógico.

La principal consecuencia del Tractatus es la de investigar sistemáticamente las conexiones entre lenguaje y realidad, es decir, la imposibilidad de la teoría semántica. Esas conexiones entre nombres y objetos, entre proposiciones y situaciones, pueden aprenderse, pues se reflejan en el lenguaje y en el uso que hacemos de él.

Wittgenstein propone un criterio para distinguir las proposiciones con sentido de las que no lo tienen. El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural – algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía –; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás – pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía –, pero sería el único estrictamente correcto La filosofía, pues, no es el conjunto de proposiciones verdaderas.

La totalidad de las proposiciones verdaderas constituyen la ciencia natural. La misión de la filosofía es explorar esa posibilidad del espacio lógico que es el mundo. La filosofía es un esclarecimiento lógico del pensamiento, a saber, el análisis lógico del lenguaje. El lenguaje oculta o disfraza el pensamiento. La filosofía está plagada de errores debido a la equivocidad de los signos. Hay que construir un sistema de signos regido por una adecuada sintaxis lógica en la que a cada símbolo le corresponda únicamente un signo.

Desde un punto de vista filosófico, perseguir un sistema así es uno de los objetivos del análisis lógico. La filosofía tiene que fijar las fronteras del pensamiento (y de la ciencia natural), es decir, especificar las condiciones de lo que puede decirse. Una consecuencia de esta concepción es que las proposiciones éticas son imposibles.

Es claro que la ética no se puede expresar. La ética es trascendental (Etica y estética son lo mismo) Por ejemplo, si yo digo que es bueno moralmente honrar a los padres, esta proposición es ilocalizable en el espacio lógico, ya que esta afirmación no describe ningún hecho del mundo. Los valores morales o éticos no son cualidades del mundo. Una máxima moral pretende ver el mundo desde fuera y compararlo con otros mundos posibles. Pero esto no puede hacerse ya que esto no lo podemos encontrar en el espacio lógico.

El primer pensamiento que surge cuando se propone una ley ética de la forma «tú debes» es: ¿y qué si no lo hago? La odisea del filósofo es que sus doctrinas han traspasado los límites del sentido. Para la filosofía el único camino posible es el análisis lógico. La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema. ¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida, después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?…De lo que no se puede hablar, mejor es callarse 😉 .

Lenguas distintas corresponden a mentalidades diferentes.

Humboldt es el primer lingüista en hablar del espíritu de los pueblos, y en plantearse si el uso de una lengua crea cultura o si una cultura pide una determinada lengua.

Humboldt pensaba que cada lengua, configurada por el espíritu de la nación y las circunstancias del mundo externo, constituye toda una imagen peculiar del mundo, en la medida en que implica una completa y particular segmentación de la realidad. Para él, en una lengua está contenida toda la visión del mundo de sus hablantes, pues cada idioma dispone de palabras para todas las representaciones mentales creadas por los miembros de una nación. Se trata de una tesis dualista lengua-cultura, que considera que una lengua es el vehículo de una cultura y defiende una relación intrínseca entre lengua y cosmovisión (weltanschauung).

Junto a sus opiniones relativistas sobre la individualidad de cada lengua y sobre el hecho de que la misma está determinada por la nación y la cultura, Von Humboldt mantenía también algunos postulados universalistas. Sostenía que todas las lenguas comparten propiedades universales y son reflejo de una cierta gramática universal. Pero no fue capaz de descubrir que algunas categorías lingüísticas pueden permanecer ocultas o implícitas en una lengua, ya que creía que aun cuando una forma gramatical no posee designación en una lengua, sigue presentándose como un principio que guía la comprensión de aquello que dice el lenguaje. Con esta afirmación, Von Humboldt adelantaba el determinismo radical según el cual los conceptos no lexicalizados en una lengua no pueden ser pensados ni concebidos por sus hablantes.

Humboldt establece que las lenguas pueden ser analíticas o sintéticas. Sólo las lenguas sintéticas son las que tienen capacidades culturales y filosóficas, son más perfectas que las analíticas.

Afirma además que las lenguas son sistemas, no nacen poco a poco sino como unidades. Humboldt ve que los elementos de las lenguas se pueden intercambiar produciendo oraciones infinitas. Esto es lo que se conoce como Productividad.

Humboldt anticipa lo que se conoce como Relativismo Lingüístico, motivo por el que hay sociedades que tienen más desarrollado un sector de su lengua por ser más necesario.

Sugirió que a través del estudio de la lengua se podían observar los procesos del pensamiento, es decir, los hablantes de diferentes lenguas no son equivalentes como observadores. Se trata de un movimiento que da mucha importancia a los factores históricos, regionales y populares (como el romanticismo).

Humboldt trata de elaborar una teoría mediante la cual podamos conocer la esencia última del lenguaje. Según él la característica más importante de la lengua es que ésta es energía, es algo que está constantemente evolucionando, creando.

Es absurdo tratar de establecer categorías gramaticales ya que lo único que existe es el discurso, que una vez dicho desaparece. También nos dice que la lengua sirve para poner orden en el mundo exterior de tal manera que si no fuera por ella toda esa realidad se nos presentaría desordenada. Además, la lengua hace que veamos el mundo de una forma determinada.

“La lengua reduce a ordenados complejos mentales el mundo caótico de los pensamientos (…) no es el pensamiento condición para el hablar sino el hablar condición para el pensar. Si no fuera por el lenguaje, la realidad sería un caos, si abrimos los ojos a la realidad sin el lenguaje, ésta se presenta como algo informe; gracias al lenguaje la vemos coherentemente.”

La forma interior. Materia y Forma

El aspecto conceptual de la lengua es fundamental. Elabora su teoría de Ihnere Sprachform, que es la forma interior que tiene cada lengua, es lo más específico de cada lengua, todas lo poseen. Todas las lenguas se igualan y diferencian al mismo tiempo por su forma interior. Esto hace que nosotros veamos el mundo de un modo determinado y hace también imposible el bilingüismo. Cuando aprendemos una segunda lengua lo hacemos a través de la lengua materna.

Para Humboldt la lengua es la totalidad del habla. Dentro de la lengua introduce una diferenciación entre materia y forma:

  • Materia es el sonido en general, las impresiones sensoriales y nociones espirituales previas a la formación de los conceptos.
  • Forma es el concepto realmente innovador, lo que la lengua tiene de constante y sistemático, el auténtico principio dinámico. Se presenta dividida en externa e interna. La primera está sometida a variaciones y es la que actualiza la forma interna, el parámetro estructural.

Humboldt podría considerarse como un autor pre-estructuralista, pre-generativista y pre-relativista. La Idea de la relatividad lingüística no era una idea original en los tiempos de Humboldt. Podía encontrarse implícita en muchas teorías sobre el lenguaje. Desde Locke, que ya mantenía la tesis de la intraducibilidad de las lenguas y había sido más o menos expresada por diversos autores franceses (Condillac, Desti de Tracy, Maupertuis, de Gernado) a lo largo del siglo XVIII. Pero sólo en Humboldt adquiere la tesis de la relatividad lingüística la función de núcleo central de toda una teoría sobre el lenguaje y sobre el hombre.

Lenguaje y pensamiento

Sólo a partir de su obra, el relativismo se convierte en un tema recurrente. Como en el caso de los ideólogos y de los enciclopedistas, el interés de Humboldt por los estudios lingüísticos era más bien metodológico que sustantivo. Humboldt como anteriores filósofos del lenguaje, consideraba que el estudio de este constituía el medio ideal para inquirir en la naturaleza humana y en su proceso de constitución.

Una característica central de la filosofía lingüística de Humboldt es su consideración del lenguaje en conexión con los procesos psicológicos de percepción y conceptualización. Humboldt pensaba que el lenguaje desempeña un papel constitutivo en los procesos de pensamiento, tanto individual como colectivamente. Esta dimensión psicológica era considerada previa a la dimensión social. El lenguaje es concebido como instrumento del pensamiento más que como sistema de comunicación. Primero como herramienta cognitiva, y luego, como sistema de transmisión de información.

El concepto de “articulación” es esencial para comprender la concepción de Humboldt sobre las relaciones entre lenguaje y pensamiento. Se aplica en dos niveles, en el fónico y en el mental.

Del mismo modo que el sonido en el lenguaje se produce de forma articulada (descompuesto en unidades) así sucede con el pensamiento. El flujo mental, la corriente continua de estados mentales en que consiste nuestra experiencia, se encuentra en el pensamiento, dividida en elementos, que son los conceptos. Pero este paralelismo no es analógico sino causal. No es una simple similitud entre los procesos de constitución del lenguaje y el pensamiento, sino que expresa una conexión más íntima: La articulación lingüística es una condición necesaria para el surgimiento de la conceptualización, que implica el análisis (descomposición) del “flujo” de la experiencia.

Antes de que el lenguaje descomponga el pensamiento solo existe un flujo de sensaciones indiferenciadas, en las que se mezclan percepciones puras, sentimientos, deseos, etc. Se trata del pensamiento pre-articulado, indeterminado, que Humboldt contrapone al pensamiento conceptualmente organizado. El lenguaje es el instrumento que permite al individuo el salto cualitativo desde el pensamiento pre-articulado al pensamiento conceptualmente organizado. Cuando se dice que Humboldt mantenía que el lenguaje era condición del pensamiento se refiere al pensamiento articulado.

Con respecto a ciertas epistemologías racionalistas, la de Humboldt se distingue por el énfasis que pone en el carácter activo de la mente humana. El entendimiento no es el mero receptor de sensaciones sino la facultad de organizar y dividir la experiencia en unidades (similares, oponibles, compatibles…), en conceptos lingüísticamente determinantes y consolidados.

“El principio que domina la totalidad del lenguaje es la articulación; su cualidad más importante es la disposición fácil y consistente, pero que presupone los elementos simples y en sí mismos inseparables. La esencia del lenguaje consiste en moldear el material del mundo fenoménico para darle la forma de pensamiento”

El lenguaje tiene una función cognitiva. Para Humboldt la concepción semiótica separa, como realidades diferentes, el signo lingüístico y aquella realidad conceptual a la que se aplica. No se puede considerar a las palabras como signos de las cosas, no se puede separar al uno de la otra. Confundir esto, y considerarlas simples signos, es el error básico que arruina a cualquier lingüística y cualquier consideración correcta del lenguaje.

Se inscribe así en una tradición racionalista que tiene más que ver con Locke y Condillac (que consideraban que el lenguaje tiene un papel constitutivo y central en el desarrollo del pensamiento) que con Leibniz y Kant (que conciben el lenguaje como sistema auxiliar útil para la representación y transmisión del pensamiento.

Teoría semántica

En cuanto a la teoría propiamente semántica de Humboldt hay que señalar dos rasgos:

  1. Su conciencia del carácter relacional del enunciado frente a la concepción nominativa.
  2. Su defensa del simbolismo fónico como conector de la arbitrariedad del signo lingüístico.

Parte de la tesis de la relatividad lingüística, que es común y compartida por muchos filósofos de la época; el lenguaje determina el pensamiento, juega un papel decisivo en su conformación. El lenguaje es el medio fundamental para la organización del caos de la experiencia que constituye el pensamiento pre-articulado. El paso del pensamiento prearticulado al articulado se alcanza cuando el flujo sensorial es analizado, dividido y categorizado. En ese estadio, el pensamiento adquiere autoconciencia, para lo que es esencial el proceso de fijación y el mecanismo de reconocimiento de las unidades en que articula el flujo de sensaciones. Esto sólo se consigue por intermedio del lenguaje.

La experiencia, la sensación, la memoria, el reconocimiento, se efectúa con mediación, son actividades que se desarrollan dentro de los moldes formales determinados por la estructura (la forma interior) de la lengua. Pero a su vez el carácter lingüístico está en relación con el carácter nacional. Esa forma colectiva e históricamente conformada de concebir y categorizar las relaciones con el entorno queda impresa en la lengua. El fondo de objetividad existe, constituido por la estructura de la realidad misma, pero la objetividad se pierde cuando se sale uno del nivel de lo puramente sensible.

En suma, todo el sistema semántico de la lengua no es sino la expresión del carácter y desarrollo intelectual de una comunidad, constituyendo el acervo conceptual que, en esa etapa histórica, ha alcanzado la sociedad. Cada lengua incorpora su propia visión del mundo, su propio prisma a través del cuál miran la realidad los que la hablan. La variación de las lenguas consiste en algo más que en la variación de los signos.

Mientras que la filosofía del lenguaje racionalista destaca la unidad del entendimiento humano y de sus productos, la filosofía romántica de Humboldt pone el énfasis en su heterogeneidad; siendo particularmente sensible al carácter histórico y dinámico del lenguaje. La cadena causal de determinaciones entre el carácter racional, el pensamiento y la lengua no es recorrido de forma unidireccional y la cuestión del origen es irresoluble. Es posible que asignara un papel primigenio al carácter nacional.

La filosofía del lenguaje de Humboldt concibe esta refutación mutua bajo la metáfora organicista. El lenguaje es un organismo vivo, sujeto a desarrollo para cuya comprensión es necesario el análisis de las influencias regulatorias a que esta sometido por la realidad y el pensamiento.

Conceptografía y programa logicista

Frege parte de la idea de que el lenguaje ordinario crea una serie de perturbaciones en el entendimiento humano. Para evitarlo debemos sustituirlo por un lenguaje formal.

Ese lenguaje formal es a lo que Frege llama conceptografía, y no sólo se aplica al ámbito social, sino también al ámbito matemático, fundamentando los conceptos y el método matemáticos. De esta forma, fundamenta tanto el ámbito de las ciencias naturales como el de las ciencias sociales.

Lo siguiente que Frege demuestra es que los fundamentos de ambos ámbitos son lógicos. De esta forma, para analizar esos fundamentos lógicos necesitamos un instrumento lógico. Ese análisis se denomina programa logicista.

El principal interés de Frege es crear una teoría del conocimiento. El patrón que tiene son las disciplinas naturales y, en concreto, las matemáticas. Pero afirma que ni el concepto ni el método matemático están bien fundamentados porque todavía arrastrarían elementos psicologistas. Así, se busca el refinamiento de las matemáticas eliminando esos elementos. Frege pretende analizar el pensamiento puro, equivalente a la estructura. Por eso, su interés se centra en el análisis de dichas estructuras.

Cuando la conceptografía se aplique a este análisis, al incluir una mejor simbología aplicable al ámbito natural y al social, desparecerán los problemas de estas disciplinas, porque se “limpia” el entendimiento. Desarrollar esta simbología es hablar de lenguaje y, a su vez, de significados, de tipo lógico. Al desarrollar este esquema obtenemos el  programa logicista.

Esa simbología nueva es un lenguaje de fórmulas, en definitiva, un lenguaje formal, que sirve para definir conceptos y métodos. El objetivo último de esa simbología es analizar el pensamiento (conocimiento) puro. No interesa el contenido, sino la estructura formal del conocimiento.

La paradoja de la identidad

El punto de partida de Frege es la “paradoja de la identidad”. Comparemos dos expresiones, “a=a” y “a=b”, donde a y b son dos nombres distintos para la misma entidad, por ejemplo a=Aristóteles y b= El mejor discípulo de Platón.

Si el significado de una oración fuera sólo su referente, entonces “a=a” y “a=b” significarían lo mismo. Pero cada oración nos dice cosas diferentes. La primera, “a=a” es trivial, cognoscible a priori, no informativa. En cambio, para llegar a la segunda oración, “a=b” hemos tenido que establecer cierta investigación empírica para llegar a enunciarla.

Si leemos las frases como «’a’ refiere a lo mismo que ‘a’», y «’a’ refiere a lo mismo que ‘b’», conservaríamos la trivialidad y la informatividad respectivamente. Pero mientras que las oraciones “a = a” y “a = b” nos dan información acerca del mundo, las oraciones «’a’ refiere a lo mismo que ‘a’», y «’a’ refiere a lo mismo que ‘b’», en cambio, parecen dar información acerca de nuestro uso del lenguaje.

En el lenguaje ordinario tenemos que un mismo objeto puede ser denotado de formas diferentes, esto es, “a” alude a “x” y “b” alude a “x”. Podemos hablar de un mismo objeto de formas distintas.

Referencia y Sentido

A partir de aquí, hay que distinguir dos elementos: Referencia y Sentido. La referencia es el objeto que denotamos (en este caso “x”) y el sentido es la manera en que hablamos del objeto (en este caso “a”, “b”). Hablamos de sentido, no de significado. En el significado hay elementos denotativos o literarios y elementos connotativos o psicológicos. Por eso ni la  referencia ni el sentido son el significado.

  • La referenciaUn objeto se entiende como una realidad material, pero Frege amplía el significado de material hasta alcanzar a los números, los modos de calificación (verdad, falsedad). Necesitamos un método de verificación para identificar el objeto. Frege define como verificación ostensiva la que puede mostrarse de manera clara, manifiesta, patente. También podemos establecer la verificación mediante una descripción teóricaEl problema es que cuando hablamos de nombres se identifica bien la referencia, pero no sucede lo mismo cuando empleo un enunciado completo.
  • El sentido: Es la manera en que hablamos de las cosas. Esa manera viene definida por convención. Por convencional se entiende el conjunto de signos y reglas de una comunidad, por eso, el sentido no es un elemento subjetivo, sino objetivo.

En realidad, tanto la referencia como el sentido son objetivos, pero la objetividad de la referencia viene por la existencia, mientras que la objetividad del sentido es convencional.

Por ejemplo, una expresión de ficción no tiene referencia, pero sí sentido. La cuestión es ¿es posible que algo tenga sentido sin referencia?. Sí, el ejemplo más claro es el de expresiones de ficción. Pero, ¿es posible que algo tenga referencia sin sentido?. No, porque el modo en que nos referimos a las cosas es siempre convencional y no puede hablar de nada que exista de forma no convencional.

En el proceso comunicativo es más importante el sentido que la referencia. El sentido nunca puede faltar. La representación es donde se mezcla las valoraciones personales del sujeto. Equivale al contenido. Esa representación está conectada con la convención. Pero no todo en la representación está reglado, sino que caben interpretaciones privadas. Esto último nos conduce al relativismo, por eso Frege se centra en el sentido y en la referencia, puesto que son elementos objetivos que definen la estructura.

Nombres propios y enunciados completos

Frege aplica el esquema anterior a dos cosas distintas: nombres propios y enunciados completos

Para Frege, un nombre propio es aquél que designa de forma concreta un objeto, es aquello que tiene un objeto definido. La referencia de ese nombre es el objeto. La definición de esa referencia se puede hacer ostensivamente o por descripción teórica, como comentamos anteriormente. El sentido de un nombre propio es la palabra, el propio nombre y la representación sería la connotación. A Frege no le interesa la representación.

Respecto a los enunciados concretos, el sentido de un enunciado es el pensamiento. Por pensamiento entendemos la estructura. El pensamiento (estructura) es lo que se está afirmando. Hablar de pensamiento es hablar de un principio lógico y, por lo tanto, puede ser Verdadero o Falso. Un enunciado está formado por pensamiento puro, que es una estructura perteneciente al ámbito de la lógica.Pero cuando se pronuncia un enunciado, éste se presenta con un tono, tiene un contenido con unas implicaciones psicológicas, unas representaciones.

La referencia sería el objeto entendido como entidad material. Para Frege es el valor de verdad de un enunciado (V ó F).

La distinción entre sujeto y predicado

Para Frege, la distinción tradicional entre sujeto y predicado es confusa porque no se está distinguiendo entre pensamiento y tono. Esa distinción se basa principalmente en el contenido que es problemático. Así Frege distingue entre:

  • Objeto=>sujeto. Expresión saturada. Completa=> se puede identificar el objeto.
  • Función=>predicado. Expresión no saturada. Incompleta, falta el objeto.

El objeto de Frege es desarrollar un lenguaje de fórmulas para fundamentar el método y proceso de investigación, tanto de las disciplinas sociales como de las naturales. Para desarrollar este lenguaje primero tiene que estudiar su relación con la realidad: hay elementos de la realidad que están reflejados objetivamente por el lenguaje formal. La unidad mínima de significado es un enunciado, pero previamente hay que analizar el significado de los nombres propios.

La distinción entre sujeto y predicado es problemática porque tiene una gran componente psicologista. Frege sustituye los conceptos de sujeto y predicado. Así, el sujeto se convierte en un objeto, esto es, una expresión cuya referencia está definida (expresión saturada) y el predicado se convierte en la función, esto es, una expresión incompleta que posee espacio vacío (expresión no saturada). De forma gramatical, un artículo determinado denota una expresión de objeto, mientras que un artículo indeterminado denota una expresión de función.

El concepto es una función de una sola variable, mientras que la relación es una función de más de una variable. No hay ninguna expresión significativa,  es una expresión de objeto o una expresión de función. Para que una expresión tenga significado tiene que denotar algo o referirse a algo de la realidad y las únicas expresiones que cumplen este requisito son las de objeto y las de función.

Estas expresiones son nociones ontológicas últimas y, por tanto, no se pueden definir hasta el final (sino por medio de contraejemplos). Una noción ontológica última es aquélla que refleja la relación entre lenguaje y realidad.

Una expresión de función siempre se puede transformar en una expresión de objeto.

Frege define el principio de funcionalidad como una tesis de combinación significativa, esto quiere decir, que el significado de una oración viene dado por el significado de los elementos de una oración pero también por la combinación concreta de esos elementos. Ejemplo:

  • Los perros persiguen a los gatos
  • Los gatos persiguen a los perros

Los elementos no cambian pero el orden varía, por eso, el significado no es el mismo. Para Frege un concepto es una forma de función que da lugar a una oración declarativa. De otra forma, un concepto es una expresión de función que al completarse tiene como valor de referencia V ó F. Concepto y objeto no es lo mismo para Frege pero se relacionan porque el concepto predica del objeto(relación de predicación).

Para Frege tanto las expresiones de objeto como las de concepto tienen una referencia (un objeto al que se refiere) y un sentido(una forma de hablar de ese objeto). Una expresión de objeto expresa un particular y una expresión de concepto expresa un universal y la subordinación entre uno y otro se refiere a la universalidad.

Cuando tenemos una expresión de objeto y una expresión de concepto hablamos de subordinación. Pero cuando tenemos dos expresiones de conceptos hablamos de relación. Nunca se puede sustituir una expresión de objeto por una expresión de concepto ni viceversa. De hecho, se dan confusiones entre ambas expresiones en el lenguaje ordinario, por eso insuficiente e inadecuado(y debemos sustituirlo por un lenguaje formal que distingue ambos conceptos). No podemos mezclar dos niveles de generalidad distintos.

En los objetos podemos identificar (en el sentido matemático), mientras que en las expresiones de función sólo podemos hablar de aproximaciones. En un particular podemos cerrar las propiedades mientras que en universal no podemos hacerlo, únicamente podemos aproximarnos.

El lenguaje ordinario no nos permite distinguir cuando estamos ante una identificación y cuando ante una aproximación. Por eso hace falta un lenguaje formal que, en ultima instancia, identifique referencias que identifique de manera correcta los criterios de verdad y falsedad.