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El libre albedrío es la capacidad de elección. Creer en el libre albedrío supone que el ser humano es capaz de elegir y tomar sus propias decisiones. A priori, asuntos como éste son una cuestión filosófica por excelencia. Pero tiene claras connotaciones de otra índole, desde la religiosa hasta la jurídica, pasando por la psicológica, la ética y por supuesto la científica.

En un universo determinista, el libre albedrío parece imposible. Si todo lo que acontece es resultado inevitable de una serie de causas previas, no queda lugar para la decisión. Pero…¿estamos en un universo determinista? Einstein diría que sí, Planck diría que no. Marx, Schopenhauer, Spinoza, Nietzsche…todos ellos dijeron no al libre albedrío. ¿Tú que dirías?

Hay científicos que aseguran que pueden demostrar que, eso que llamamos libre albedrío es una ilusión, y por lo tanto, los filósofos deben sentirse instigados a repensar el asunto, como si no estuviera ya más que requetepensado…

Puedes ver en la revista Nature, un artículo titulado Neuroscience vs philosophy: Taking aim at free will., que es el que me ha servido de punto de partida para esta entrada. Este artículo…y el fabricante de Caramelos sabor Ciencia, que me propuso el desafío…hace ya unos cuantos meses, todo hay que decirlo. Pero el reto era grande y las obligaciones aún más.

En el artículo puedes leer todos los detalles, aquí nos quedaremos con el hecho de que, basándose en ciertos experimentos, deducen que tu cerebro toma las decisiones bastante antes de que tú seas consciente de que estás tomando una decisión. El experimento del que se habla analizaba el retardo que podía haber entre el nivel inconsciente y el consciente del cerebro y acaba descubriendo que es el nivel inconsciente el que toma la decisión.

Bien, como diría Jack the Ripper, vayamos por partes.

En primer lugar, consciente o inconsciente, mi cerebro soy yo. Mi identidad, mi esencia y mi ser residen en mi cerebro.  Y por lo poco que sabemos de esa caja mágica, es que hay varias partes y cada una se encarga de cosas distintas. Pero todas conforman mi yo.

Mi cerebro reptiliano actúa, no piensa ni siente, se encarga de cosas tan básicas como autorregular el organismo cuando éste lo demanda. Es decir, hablamos de pura supervivencia y en ese contexto no aplica el concepto de libre albedrío. Si fuera así, podríamos suicidarnos decidiendo dejar de respirar 😉 . En este contexto somos animales regidos por el instinto, que es la pura antítesis del libre albedrío. Nadie habla del libre albedrío de una lagartija. Cuando se habla de libre albedrío nos referimos a otra cosa más compleja.

El mesoencéfalo se encarga de cosas algo más sofisticadas, como traer el pasado al presente, con lo que se producen los procesos de aprendizaje, la memoria, y se activa cuando nos emocionamos. Emociones y conocimiento sí que influyen en nuestras decisiones. Aquí residen todas las fuentes de nuestros deseos y sentimientos, controla la vida emotiva. Las emociones son la base de nuestra conducta. Está claro que de existir el libre albedrío, el mesoencéfalo tendría un papel predonimante.  Todos los mamíferos disponen de mesoencéfalo plenamente desarrollado. ¿las vacas tienen libre albedrío?… Pues lo mismo…

Por último podríamos hablar del telencéfalo, asociado a los mamíferos de última generación por decirlo de alguna manera. Primates, cetáceos…los más listos. Porque este cerebro está asociado con unas capacidades de entendimiento más sofisticadas. La corteza cerebral está relacionada directamente con el desarrollo social. Nuestro proceso racional de entendimiento y de análisis es superior al resto de seres vivos precisamente porque nuestro telencéfalo es el más desarrollado de todos,específicamente su región frontal, es la que nos permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías y lo más importante: comprender las leyes que rigen el universo. O al menos creérnoslo. En el sistema neocortical es donde se llevan a cabo los procesos intelectuales de orden superior. Permite la capacidad de poner el futuro en el presente y permite el razonamiento, ambas capacidades propiamente humanas.

En el hemisferio izquierdo del neocórtex en concreto es donde se encuentra la capacidad de análisis, junto con la lógica, la relación causa-efecto, el razonamiento hipotético, la precisión y exactitud. Herramientas todas ellas bastante relacionadas con la toma de decisiones.  Aquí se encuentra la voluntad consciente. ¿la voluntad consciente es el libre albedrío? Yo diría que no, que estamos ante conceptos distintos. En cualquier caso, de existir el libre albedrío, en el telencéfalo estaría el meollo del asunto.

Si consideramos al ser humano como un sistema complejo, que ciertamente lo es, y consideramos que su cerebro es donde residen las funciones que lo definen y determinan de una manera esencial y dinámica, el concepto de libre albedrío en mi opinión, sería un compendio fruto de la interacción de mesoencéfalo y telencéfalo.

Lo que realmente pone de relevancia este experimento y otros similares es que nuestras decisiones no se toman a nivel consciente, tal y como nos gustaría, porque eso nos daría una sensación de control bastante absoluta acerca de nuestro libre albedrío…hago esto porque yo quiero hacer esto. Y lo que sucede en realidad es que yo quiero hacer esto porque mi subconsciente ha tomado la decisión por mí. Las decisiones son inconscientes. Pero es que yo también soy mi subconsciente y mi inconsciente,  y esa decisión se ha tomado en función de una serie de parámetros que estaban almacenados en mi mesoencéfalo y sobre todo dirigidos por mi telencéfalo. En ambos casos, es mi mundo vivido el que los ha llenado de datos.

Para llegar a una decisión concreta he seguido unos patrones determinados, sólo míos, condicionados por mi arquitectura conceptual, cognitiva y emocional. Si eso no fuera así,  nadie en el mundo sería previsible, ni sabría como actuaría a priori en ciertas situaciones. Y la mayoría de los seres humanos son así en la mayoría de las situaciones.

Ahhhhh, es cierto, hay gente imprevisible, y gente que se sorprende a sí misma y a los demás continuamente…incluso la gente previsible a veces sorprende con alguna salida de su comportamiento habitual. Pero no es lo común. Probablemente, si fueramos capaces de analizar las reacciones bioquímicas que acontecen en tu cerebro cuando te estás sorprendiendo a tí mismo, y añadir todos los parámetros emotivos y cognitivos necesarios,  seguro que al introducirlos en tu patrón de decisión daría como resultado eso que tú llamas sorpresa… Todo es cuestión de tener todas las variables y aplicar un pensamiento complejo. Así de fácil y de difícil a la vez.

No estoy diciendo que seamos máquinas….¿o puede que si? Si tienes un sistema lo suficientemente complejo como para no poder acotar todos los parámetros y variables que intervienen…tienes al ser humano. Lo que antes se llamaba alma, o lo que se llama corazón, al final todos son reacciones bioquímicas dinámicas que se realimentan por las emociones, el mundo vivido y el conocimiento, y todo ello en tiempo real. Sistema complejo y homeostático, repleto de propiedades emergentes, abierto y absolutamente dinámico. Un sistema en el que lo inconsciente se alimenta y se determina por lo consciente, que a su vez es influido por lo inconsciente en una interacción infinita y construtiva. Ese es mi libre albedrío. Esa soy yo.

La cuestión era que el experimento concluye que no existe el libre albedrío porque apretar botones con una mano u otra se decide a nivel inconsciente. Desde mi punto de vista esto es un salto ontológico, sin red y bajo un abismo insondable, al extrapolar un ejercicio puntual de control de pensamiento a uno de los conceptos más controvertidos de todos los tiempos. Apuesto por un concepto de libre albedrío que estaría continuamente definiendo nuestra realidad en cada momento. Consciente o inconsciente, yo soy mi mundo vivido, conformado por mis decisiones.

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