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Seguimos destripando el texto de Chalmers, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Chalmers sigue con su particular cruzada contra el inductivismo ingenuo, en esta ocasión desde el punto de vista de la percepción.

Según Chalmers, hay dos supuestos importantes que conlleva el inductivismo ingenuo con respecto a la observación:

  • Uno es que la ciencia comienza con la observación
  • El otro es que la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar el conocimiento.

Chalmers rechaza ambos, y da varias razones, no sin antes esbozar una idea de observación que cree ampliamente aceptada en la actualidad, y que presta plausabilidad a la postura inductivista ingenua.

Una concepción popular de la observación

Los seres humanos ven utilizando sus ojos. Los componentes más importantes del ojo humano son una lente y una retina, la cual actúa como pantalla en la que se forman las imágenes de los objetos externos al ojo. Los rayos de luz procedentes de un objeto visto van del objeto a la lente a través del medio que hay entre ellos. Estos rayos son refractados por el material de la lente de tal manera que llegan a un punto de la retina, formando de este modo una imagen del objeto visto. Hasta aquí el funcionamiento del ojo es muy parecido al de una cámara.

Pero entre ambos hay una gran diferencia, que es el modo en que se registra la imagen final. Los nervios ópticos pasan de la retina al córtex central del cerebro. Estos llevan información sobre la luz que llega a las diversas zonas de la retina. El registro de esta información por parte del cerebro humano es lo que corresponde a la visión del objeto por el observador humano.

Esto no es más que una idea general, pero aún así surgen dos cuestiones clave para el inductivista ingenuo:

  • La primera es que un observador humano tiene acceso más o menos directo a algunas propiedades del mundo exterior en la medida en que el cerebro registra esas propiedades en el acto de ver
  • La segunda es que dos obsevadores que vean el mismo objeto o escena desde el mismo lugar verán lo mismo.

Chalmers no comparte ninguna de estas dos cuestiones, y las atacará muy directamente, como veremos a continuación.

Experiencias visuales que no están determinadas por las imagenes formadas en la retina

Dos observadores normales que vean el mismo objeto desde el mismo lugar en las mismas circunstancias físicas no tienen necesariamente idénticas experiencias visuales, aunque las imágenes que se produzcan en sus respectivas retinas sean prácticamente idénticas. Como Hanson decía, “hay mucho más en lo que se ve que lo que descubre el globo ocular”.

Esta imagen muestra claramente lo que Hanson quería decir. Hay quienes ven una glamurosa joven, otros ven una pensativa vieja.

Las experiencias perceptuales que los obervadores tienen en el acto de ver no están especialmente determinadas por las imágenes de las retinas. La experiencia visual que tiene un observador cuando ve un objeto, depende en parte de su experiencia pasada, su conocimiento y sus expectativas.

En la medida en que se refiere a la percepción, con lo único con lo que el observador está en inmediato y directo contacto es con sus experiencias. Estas experiencias no están dadas de modo unívoco ni son invariantes, sino que cambian con las expectativas y el conocimiento del observador. Lo que viene unívocamente dado por la situación física es la imagen formada en la retina del observador, pero el observador no tiene contacto perceptual directo con la imagen.

Cuando el inductivista ingenuo y muchos otros empiristas suponen que hay algo unívocamente dado en la experiencia que puede interpretarse de diversas maneras, están suponiendo, sin argumentarlo a pesar de las muchas pruebas en contra, que hay una correspondencia unívoca entre las imágenes de nuestras retinas y las experiencias subjetivas que tenemos cuando vemos. Están llevando demasiado lejos la analogía de la cámara.

Chalmers no está afirmando que las causas finales de las imágenes de nuestras retinas no tengan ninguna relación con lo que vemos. No podemos ver exactamente lo que queremos. Sin embargo, mientras que las imágenes de nuestras retinas forman parte de la causa de lo que vemos, otra parte muy importante de esa causa está constituida por el estado interno de nuestras mentes o cerebros, el cual dependerá evidentemente de nuestra educación cultural, nuestro conocimiento, nuestras expectativas, etc. y no estará determinado únicamente por las propiedades físicas de nuestros ojos y de la escena observada. Hay que considerar que para Chalmers existe un único mundo físico independiente del observador.

Los enunciados observacionales presuponen la teoría

Aunque se diera una única experiencia perceptiva para todos los observadores, todavía seguiría habiendo objeciones importantes al supuesto inductivista acerca de la observación. Según la concepción inductivista de la ciencia, la sólida base sobre la que se constituyen las leyes y teorías que constituyen la ciencia está formada por enunciados observacionales públicos, y no por las experiencias subjetivas privadas de los observadores individuales.

La concepción inductivista exige la derivación de enunciados universales a partir de enunciados singulares mediante la inducción. Tanto el razonamiento inductivo como el deductivo, conllevan relaciones entre diversos conjuntos de enunciados, y no relaciones entre enunciados por un lado y experiencias perceptivas por otro.

Los enunciados observacionales son entidades públicas, formuladas en un lenguaje público, que conllevan teorías con diversos grados de generalidad y complejidad. En contra de la pretensión del inductivista, una teoría de algún tipo debe preceder a todos los enunciados observacionales, que son tan falibles como las teorías que presuponen.

Los enunciados observacionales se deben realizar en el lenguaje de alguna teoría, por vaga que sea. Los enunciados observacionales se hacen siempre en el lenguaje de alguna teoría y serán tan precisos como lo sea el marco conceptual o teórico que utilicen.

La anterioridad de la teoría a la observación va en contra de la tesis inductivista de que el significado de muchos conceptos básicos se extrae de la observación.

Hasta ahora Chalmers ha atacado la concepción inductivista de la ciencia argumentando que las teorías tienen que preceder a los enunciados observacionales, de modo que resulta falso afirmar que la ciencia comienza con la observación.

Chalmers plantea además una segunda manera de atacar al inductivismo. Los enunciados observacionales son tan falibles como las teorías que presuponen y por lo tanto no constituyen una base completamente segura sobre la que construir las leyes y teorías científicas.

Para establecer la validez de un enunciado  observacional, es necesario apelar a la teoría y cuanto más firmemente se haya de establecer la validez, mayor será el conocimiento teórico que se emplee. Este hecho está en directa contradicción con lo que podríamos esperar según la opinión inductivista a saber, que para establecer la verdad de un enunciado observacional problemático apelamos a enunciados observacionales más seguros y quizás a leyes derivadas inductivamente de ellos, pero no a la teoría.

Por lo tanto, para Chalmers, el inductivista está equivocado en dos cosas:

  • La ciencia no comienza con los enunciados observacionales, porque una teoría de algún tipo precede siempre a todos los enunciados observacionales
  • Los enunciados observacionales no constituyen una base firme sobre la que pueda descansar el conocimiento científico, porque son falibles.

Sin embargo, Chalmers no pretende afirmar que los enunciados observacionales no deberían ocupar ningún papel en la ciencia, simplemente remarcar que el papel que los inductivistas le atribuyen es incorrecto.

La teoría guía la observación y la experimentación

Según el más ingenuo de los inductivistas las observaciones efectuadas por un observador imparcial y sin prejuicios proporcionan la base del conocimiento científico. Si esta postura se interpreta literalmente es absurda e insostenible.

Para ilustrarlo, Chalmers nos cuenta el caso de Hertz, que en 1888 realizó un experimento tratando de demostrar la teoría electromagnética de Maxwell. Produjo y detectó ondas de radio por primera vez. Si Hertz hubiera sido completamente imparcial al hacer sus observaciones habría registrado no sólo las lecturas en varios contadores, la presencia o no de chispas en lugares críticos del circuito, las dimensiones del circuito, etc., sino que también el color de los contadores, las dimensiones del laboratorio, el estado del tiempo, el color de sus zapatos….un montón de detalles claramente irrelevantes desde el punto de vista del propósito del experimento.

Las observaciones y los experimentos se efectúan para comprobar o aclarar alguna teoría, y sólo debe registrar las observaciones que se consideran relevantes para esa tarea. Sin embargo, en la medida en que las teorías que constituyen nuestro conocimiento científico son falibles e incompletas, la guía que las teorías nos ofrecen con respecto a qué observaciones son relevantes para algún fenómeno que se está investigando puede ser engañosa, y puede hacer que se pasen por alto algunos factores importantes.

El ejemplo de Hertz viene muy al caso. Hertz midió la velocidad de sus ondas de radio, y era significativamente distinta a la de la luz. Nunca consiguió resolver ese problema. Después de su muerte se comprendió cual era realmente la fuente del problema: las ondas de radio emitidas desde el aparato se reflejaban en las paredes del laboratorio y volvían al aparato, interfiriendo en las mediciones. Resultó que las dimensiones del laboratorio eran muy relevantes.

Así pues, las falibles e incompletas teorías que constituyen el conocimiento científico pueden servir de falsa guía para un observador.

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