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Intro. De Arenal a Playa Grande.

Después de comenzar la visita a Costa Rica por la provincia de Alajuela, nos dirijimos hacia Guanacaste, concretamente a Playa Grande, donde reservamos un apartamento en primera línea de playa -no es lo que te imaginas-, dentro del Parque Nacional Marino Las Baulas. Desde allí como campamento base hicimos varias incursiones. Visitamos el Parque Natural Palo Verde, dimos un paseo en bote por el río Tempisque, intentamos ver tortugas en Ostional, para lo que tuvimos una interesante aventura de ida que se convirtió en extrema a la vuelta y finalmente conseguimos ver a una desovando en la Playa Nombre de Jesús.

En los apartamentos no había luces exteriores por la noche, ni un porche donde poder relajarte al aire libre. Es una zona reservada para las tortugas Baulas, y cuando cae la noche la playa debe estar a oscuras y en silencio. Las instalaciones en las que estuvimos eran propiedad de un gringo biólogo que se preocupaba muy mucho de mantener las instalaciones amigables para las tortugas. Todo el hotel estaba recubierto de vegetación, de manera que no se ve desde la playa. No era época de Baulas. El atardecer en la playa es fantástico. Sublime. Y @DisorderStrange surfeó unas olas…las primeras del Pacífico ;-).

Aventura  en Ostional

Un par de semanas antes hubo una arribada masiva inesperada en la playa de Ostional. Miles de tortugas lora se adelantaron a las previsiones de su llegada e invadieron la playa a plena luz del día. Como estaban de sequía, el acceso a la playa, que no suele ser nada fácil, era una auténtica autopista. Miles de coches cargados con turistas y no turistas invadieron las playas y aquello se convirtió en una romeria. Seguro que alguna foto habrás visto, por ejemplo con bebés sentados sobre el caparazón de una tortuga, ¡aich.

Los responsables del centro de conservación de Ostional poco pudieron hacer, pero se pusieron mucho más estricto con las normas desde aquella pesadilla. Además, las probabilidades de ver tortugas había bajado considerablemente porque ya quedaban pocas por llegar y rezagadas, solitarias, las  más viejas. Para más inri había una tormenta eléctrica y no paraban de caer rayos. Y playa y rayos no es una buena combinación. Salimos un par de veces a pasear por la playa, vimos las señales de salida y vuelta al mar de algunas tortugas, incluso vimos a una entrando en el agua ya de vuelta del gran esfuerzo por la procreación. Pero no pudimos ver lo que andábamos buscando.

La experiencia en cambio y a pesar de todo, tuvo y mantiene un balance más que satisfactorio. La ida fue interesante, algo de lluvia, algún trozo digamos en mal estado, y el primer riachuelo por cruzar del viaje. Si hubiéramos sabido lo que acabamos haciendo al final del viaje, nos habríamos descojonao del riachuelo. Pero no, era el primero y nosotras como buenas ingenieras curiosas y prudentes: profundidad, corriente, tipo de fondo… Venga va esto nos lo pasamos con la gorra. En el bar cervezas frescas y baratas y un vídeo y explicaciones muy interesantes sobre cómo se reparten entre los del pueblo una cuota de huevos, ellos sacan partido y también ayudan a la población de loras, porque la cantidad de tortugas es tal que no hay hueco para todos los nidos y unas destrozan los nidos de otras que llegaron antes. Otro dato curioso y que desconocía. Es muy importante que la tortuga cuando rompe el huevo llegue por sus propios medios al agua. El ejercicio físico que deben realizar para llegar desde su nido a la orilla es clave para su desarrollo motriz, y además por el camino se aperciben de lo que necesitan para volver siempre a la misma playa a desovar. Increible.

La vuelta agridulce se tornó salvaje. LLuvia, oscuridad, animales vivos atravesando la carretera…animales muertos en la carretera…¿carretera? ¿qué carretera? y lluvia y oscuro y por fin la carretera, espera que por aquí no, bueno pues tira…Llegamos cansadas. La vaca loca muy sucia.

Estero. Parque Nacional Marino Las Baulas.

Nos dimos un paseo en canoa por el Estero de Playa Grande. Comía de bichos one more time. ¿Qué me puedo esperar si estoy navegando a ras por un pantano?..¡aich! Cocodrilos, aves, cangrejos…

Desove contradictorio en Playa Nombre de Jesús

Pudimos ver una tortuga desovar. Y lo que debería ser una experiencia completamente hepatante fue un tanto exasperante. Después de la decepción tortuguera de Ostional, que no aventurera, fuimos una noche a la Playa Nombre de Jesús donde conseguimos nuestro objetivo. Había una linterna dentro del nido, con lo que se podían ver los huevos caer. Nadie por delante de la tortuga, y linternas solo permitidas con luz roja y siempre por detrás. Pero había mucha gente deseando ver lo mismo que nosotras, y en vez de disfrutar de manera respetuosa con el gran esfuerzo y delicadeza con que la tortuga desova, y sobre todo el mimo y la precisión con la que tapa y camufla el nido cuando finaliza la puesta, aquello se convirtió en un hacer cola por turnos poco agradables porque todos queríamos estar el máximo tiempo posible y la educación y el respeto escasean.

Intoxicación en Palo Verde

El Parque Nacional Palo Verde  alberga las mayores concentraciones de aves acuáticas y costeras de Centro América. Más de 300 tipos de aves se juntan en la laguna Palo Verde, que se encuentra entre el río Bebedero y la Cuenca Baja del río Tempisque. Laguna ergo aves y mangle, ergo insectos. Las lluvias se estaban haciendo esperar y estaban los insectos dándolo todo. Muchos, por todas partes ávidos de alimento y yo soy plato gourmet para los bichos. ¡Aich, que todavía me pica!, me pusieron la cara, que era lo único que pudieron atacar, como un alfiletero que luego se hinchó.

Lo primero que hicimos después de entrar al Parque Nacional Palo Verde, donde no había nadie, fue aparcar en el arcén de la pista principal para subir al mirador. En la subida…y en la bajada nos aguardaban una plétora de inverecundos hexápodos que se cebaron con nosotras. Para acceder al mirador, el último tramo son escaleras metálicas verticales. En llegando a la cima me veo dos zopilotes a ras. Sustico mare que son mu feos y mu grandes. Ornitófila aka @DisorderStrange sescojona de  mí un rato. Al subir el último peldaño y poder ver más allá de la curvatura de la roca, plácidamente disfrutando había más: como 7 u 8 buitres del nuevo mundo plácidamente descansando. En aplaudiendo, los zopilotes levantan el vuelo y podemos trepar a las rocas más altas desde donde se divisa la laguna. Disfrutamos de unas vistas increíbles.

El cosistema andaba raro, lo mismo tiene algo que ver con el cambio climático, noniná. Las lluvias no acababan de llegar, y la sequía también se notaba en la laguna, así que no pudimos disfrutar de gran cantidad de aves. En cualquier caso, el sitio seguía siendo bien hermoso.

Hicimos un par de senderos del Parque y disfrutamos de palos verde, guanacastes y demás árboles típicos de la zona y vimos un pequeño grupo de cérvidos. Pero yo iba desquiciá con el veneno inoculado al por mayor y la verdad es que tampoco me pareció excepcional. Volvimos a la laguna, y cuando la estábamos contemplando desde casi su centro gracias a una larga pasarela que se adentrabra en ella, empezó a llover. Decidimos que la vaca loca nos llevara a la otra punta del parque, donde había otro mirador,  a ver si mientras tanto dejaba de llover. Pero no llegamos.

La salida del parque fue espectacular. En primer lugar porque nos tuvimos que dar la vuelta al ver cómo la carretera en la que íbamos se estaba inundando y crecía hacia nuestra dirección, la laguna se hacía una con la carretera mientras diluviaba como si no hubiera un mañana. Minimomento minipánico. En segundo lugar porque cuando salimos de las limitaciones del Parque Nacional, estaban todas las aves allí esperándonos. Cientos de aves a un lado de la carretera, y al otro lado, posados sobre los cables, cientos de aves cubriéndolos todos.

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Río Tempisque

Al día siguiente nos dimos una vuelta en bote por el exuberante río Tempisque. Nos decidimos por  una agencia familiar que recomendamos impepinablemente, http://www.paloverdeboattours.com/, porque se basan en la sostenibilidad de la comarca y respetan el ecosistema, trato excelente y el mejor guía del viaje. No reservamos comida, solo el viaje y a la vuelta llegamos hambrientas y les pedimos algo de comer. Increíble cocina, y la dueña gobernanta del lugar, menuda señora brava. ¡Brava!.  La oficina y restaurante del que se parte se encuentra situado entre Bolsón y Ortega, claramente una señal, de qué o de quién qué mas da.

La cuestión es que salimos en el segundo turno y no había nadie más, no es temporada de turistas. Así que fuimos solitas solitas con nuestro guía y capitán, un señor mayor entrañable del que nos da rabia haber olvidado su nombre, sabio, y curioso. Disfrutó con nosotras casi tanto como nosotras con él y con la experiencia que nos ofreció. En el río Tempisque se ven monos congos y capuchinos y cocodrilos y suma y sigue, porque observar durante un rato el comportamiento de los monos o casi oler a los cocodrilos es increíble. También vimos unos cuantos tipos de iguanas, a cada cual más espectacular, salamandras, garzas reales, garzas azules, garzas blancas, ibises, yo que se, Ornitófila los tiene a todos en HD capturados…¡que rulen!

 

Cocodrilos  del Tárcoles

Estas bestias pardas se merecen una reseña especial y diferenciada. Saliendo de Guanacaste hacia la provincia de Punta Arenas, pasamos por el río Tárcoles. Te paras justo antes de cruzar el puente, que hay un restaurante con un parqueo enorme y muchachos ofreciendo servicios varios. Y rechazándolo todo amablemente nos dirigimos, cámaras en cuello, hacia el puente. ¡Cáspita! ¡Vaya cucudrulus!.

Entre los servicios varios que se ofrecen está la compra de pollos para que sean arrojados a los cocodrilos y ver cómo los devoran, o mejor aún lo grabas y lo subes a la nube. Y debe pasar mucho descerebrao por el puente, porque los cocodrilos están requetegordos, y el grupo es enorme. No sé que da más miedo si la impresionante intrusión en el ecosistema, o los impresionantes bicharracos.

 

Pero Costa Rica es consciente de la riqueza natural que atesora y estas aberraciones no dejan de ser más que anécdotas.

Proseguimos nuestro viaje de selvas y playas…

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