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Términos mentales como disposiciones de conducta

Continuando la entrada Conducta y Máquinas de Turing, nos encargamos ahora de desarrollar el concepto de conducta desde otro puntos de vista, sin perder de vista el enfoque funcionalista que es el hilo conductor común a ambasas.

La idea de que la Psicología se ocupa de lo que está por debajo de la descripción de la competencia tiene un importante precedente en la Filosofía, aparte de en el lenguaje común. Gilbert Ryle fue uno de los proponentes del análisis de los términos mentales como disposiciones de conducta. Además de esto, Ryle dijo que esos términos son los que se usan para explicar la conducta corriente, de modo que el Conductismo Lógico no es en realidad una teoría de la Psicología salvo si la queremos adaptar para hacer ese trabajo.

La teoría de Ryle estaba complementada por su afirmación de que solo buscamos las explicaciones del psicólogo cuando algo va mal con las explicaciones ordinarias de la conducta, o algo va mal en la conducta desde el punto de vista de las explicaciones que solemos dar de ella.

Si alguien se ríe en un funeral buscamos explicaciones psicológicas, si alguien se inflige dolor también, si alguien comete un error durante la producción de un discurso acaso también. Ryle aludía al psicoanálisis como teoría psicológica. En el psicoanálisis, como en la vida ordinaria, atribuimos intenciones y significados a agentes no personales. En un acto fallido lingüístico el significado es atribuido en los chistes y en los periódicos al sujeto que lo cometió. En el psicoanálisis se le atribuye la intención significativa a un agente subpersonal, tal como el ello.

En el psicoanálisis los agentes subpersonales que componen al sujeto son también personales bajo algún punto de vista, en las ideas de Ryle y de Chomsky no. Ryle dio un buen indicio de lo que habría pensado sobre el asunto cuando habló de los errores categoriales.

Quizá Ryle habría pensado que una persona es la colección de sus instancias subpersonales. Freud pensaba eso mismo. Chomsky decidió atribuir las diferencias entre la actuación y la competencia a que existe un módulo mental de los principios básicos de la competencia, que se supone situado en alguna región del cerebro, mientras que la actuación está producida por la intervención de ese módulo junto con otros procesos psicológicos. Aunque Chomsky puede estar en lo cierto, la teoría de la competencia de un lenguaje no es sino una descripción funcional que puede ser satisfecha por muy diferentes actuaciones pero con amplia concurrencia de desviaciones que se pueden considerar errores y tienen que ser explicados en términos subcompetenciales.

Homúnculos y Solipsismo Metodológico

En general la Psicología Cognitiva clásica ha seguido el camino de investigar las pautas en la ejecución de tareas para mejorar las descripciones de la operación de lo que llaman procesos, como la percepción, memoria, etc. Estas descripciones solían contener lo que llamaban “homúnculos”, que en este contexto aplica a una parte (o proceso) del cerebro cuyo cometido es ser «tú» .

La información puede estar contenida en muy diferentes soportes y ser procesada de muy diferentes maneras para obtener una misma salida del procesador. En la Psicología Cognitiva se ha dejado de lado la naturaleza del soporte y, en el caso de los homúnculos, en el mecanismo del procesamiento queda que información recibe el homúnculo y que información transmite.

El homúnculo era descrito, pues, de manera funcional en el sentido de que lo que especificaba de la naturaleza del homúnculo era su contribución a un proceso en el que estaba inserto y de que su papel podía ser llenado de diferentes maneras. La descripción de estos homúnculos es funcional y también es intencional. Se suele llamar intencionales no solo a las intenciones sino en general a los estados mentales que describimos como actitudes proposicionales, esto es, actitudes como la creencia, el deseo, la duda, etc., que para ser especificadas necesitan que se señale una proposición hacia la cual se tiene la actitud.

La Psicología de sentido común, mediante la cual nos explicamos las conductas ajenas, es típicamente intencional. El círculo vicioso de las atribuciones de estados mentales es más especialmente el círculo vicioso de la intencionalidad. Pero los psicólogos cognitivos se las han arreglado para introducir sus homúnculos, que saben cosas y transmiten información en sistemas que no son vacuamente instanciables.

Los filósofos de la mente han discutido sobre la naturaleza de los estados mentales que corresponden a las actitudes proposicionales y sobre el contenido de éstas. En la Psicología Cognitiva clásica, y también en la Inteligencia Artificial los procesos internos del organismo y los procesos del ordenador, claro está, se definían como computacionales, lo cual implica que son sintácticos.

Para esto hay muchas razones, las principales metodológicas: si representamos un proceso mental como una Máquina de Turing, entonces los estados de ese proceso son computacionales. Hay otra razón más que apoya esta concepción. Las atribuciones de actitudes proposicionales a las personas crean lo que se llama “contextos opacos” a la cuantificación y a la sustitución.

Es evidente que si decimos que Juan cree que Zapatero ganó las elecciones podemos interpretar esto de dos maneras: cree que un individuo llamado Zapatero ganó las elecciones o podemos sentirnos tentados de sustituir “Zapatero” por una descripción propia y decir que Juan cree que el presidente en ejercicio ganó las elecciones. Parece preferible que no nos permitamos la sustitución cuando de lo que se trata es de atribuir una creencia a Juan, porque Juan puede no saber que Zapatero era el presidente en ejercicio en el momento en que tuvieron lugar las elecciones.

La interpretación sintáctica de las actitudes proposicionales crea también contextos opacos. Si decimos que Juan cree “Zapatero ganó las elecciones”, dentro del entrecomillado no podemos sustituir nada. La oración, cuando es entrecomillada, es una simple cadena de signos. Tiene 24 caracteres y tres espacios. Un procesamiento computacional solo toma en cuenta estas características de la oración. Naturalmente cuando se hace esto se pierde la cuestión de la referencia de los nombres y predicados que hay en la oración. Esta pérdida de la referencia es el motivo de que a la metodología que en ciencias sociales adopta este punto de vista se la llame “Solipsismo Metodológico”. Solipsismo porque no se considera que haya un mundo al que refieran los objetos de las actitudes, ya que esos objetos son cadenas de signos dentro de las cuales no se permite la sustitución para obtener cadenas equivalentes.

En el Solipsismo Metodológico la Psicología solo se ocupa del procesamiento de información que hace la mente o el cerebro de puertas hacia adentro. El mundo exterior afecta a unos órganos aferentes que son transductores de las afecciones que la energía del mundo exterior producen en diferentes sistemas del organismo. En algún lugar del viaje que tienen las afecciones energéticas en el interior del organismo, las consideramos simplemente como información y las representamos como contenidos sintácticos. Aquí no hay ninguna cuestión ontológica implicada, ya que se supone que todo lo que ocurre en el cerebro son intercambios químicos, igual que en los órganos aferentes.

En el punto en que lograr descripciones de lo que pasa en el cerebro con vistas a explicar la conducta se vuelve demasiado difícil e ignoto, y resulta más fácil describirlo como procesamiento de información trazamos una frontera entre el asiento de la mente y el resto del sistema nervioso o del organismo. Que el asiento del procesador principal de información coincida con la parte más abultada del sistema, ha guiado las hipótesis más básicas sobre el lugar donde tienen lugar las operaciones mentales, pero en realidad qué consideramos procesador central y qué aferente o eferente depende no solo de razones anatómicas, sino de qué operaciones de las que son realizadas se describen mejor en términos intencionales que en términos energéticos o bioquímicos.

Putnam antes que Matrix

Sin embargo, tanto en la Filosofía de la Mente como en la Psicología hubo movimientos que insistieron en el carácter referencial de los estados mentales de actitud proposicional. En la Psicología se señaló que la variedad del mundo, y de lo que de ella saca partido el cerebro, es tal que lo que ocurre en un laboratorio, donde los patrones de los estímulos están muy limitados, no sirve para definir funcionalmente los estados psicológicos que explican la conducta. Este fue el motivo del desarrollo de la Psicología Ecológica. Además esta clase de Psicología podía tomar en cuenta con más naturalidad los aspectos adaptativos de los procesos mentales.

En la Filosofía de la Mente, Putnam argumentó que los estados mentales son referenciales, pero sus argumentos más famosos eran completamente a priori aunque sugerían la importancia de considerar la naturaleza del entorno en el cual el organismo vive y aprende el lenguaje. Todo el mundo sabe que los estados mentales de actitud proposicional son referenciales. La cuestión es cómo hay que especificar el contenido de esos estados para explicar la conducta.

Adelantándose a Matrix, pero no a Descartes, Putnam intentó mostrar que no es lo mismo ser una persona dotada de cerebro que vive en el mundo real que ser un cerebro que vive en una bañera y cuyos estados mentales le son producidos por un tinglado químico y electrónico. Desde luego que no lo es, pero el argumento de Putnam consistía en decir que la víctima en Matrix no puede tener estados mentales que refieran. Puesto que nuestros estados mentales refieren no somos cerebros en bañeras. El “hecho” clave del argumento de Putnam es que el sujeto que está en una bañera de esas no puede decir que está en una bañera y a la vez referir a ello. Puesto que referimos, no estamos engañados por la bañera o el demonio cartesiano o Matrix.

Un argumento más empírico y contingente en contra de la practicabilidad de los cerebros en bañeras se basa en la inverosimilitud de que una máquina pueda alimentar en un organismo la enorme cantidad de información que éste recibe del mundo exterior. Pero el alcance de este argumento es menor que el de Putnam, puesto que desde el punto de vista de cuál es la naturaleza de la información que el organismo recibe del mundo exterior no hay diferencia en cuáles son los géneros naturales a que refieren las actitudes proposicionales.

Estados: mentales, físicos, computacionales…

El mundo del organismo no es todo el mundo, sino el que el organismo puede apreciar. El contenido de los estados mentales puede ser expresado de muchas maneras. Parece que no hay un conjunto fijo de estados físicos en un cerebro que corresponda a cada actitud proposicional con su contenido, de manera que no sea quizá posible especificar semejante conjunto. Por lo tanto la teoría metafísica de la identidad de tipos, que dice que cada tipo de estado mental es idéntico a un tipo de estado físico, no es correcta.

Los estados físicos en ciertos entornos toman el papel de caracteres sintácticos, y los caracteres sintácticos en ciertos entornos tienen papel semántico. Esta es la estructura de las descripciones funcionales. Un trozo de plástico que recibe un baño metálico en ciertos entornos son CDs cuya lectura genera cadenas de símbolos, y esas cadenas de símbolos pueden disparar en un ordenador ciertos procesos, como la instalación. Un disco de plástico puede ser solo eso, o contener secuencias de caracteres o ser un disco de arranque.

Todas las descripciones son correctas, pero las dos segundas presuponen entornos específicos en los que el disco desempeña un papel. Los estados cerebrales se pueden describir también de esas tres maneras por lo menos. La Psicología se basa en la suposición de que no es necesario describir el cerebro en sus términos físicos para poder encontrar leyes que expliquen el comportamiento. En un nivel funcional de descripción hay autonomía nomológica.

La Psicología Cognitiva clásica suponía que ese nivel de descripción concibe los estados mentales como estados computacionales. Materialistas como Bunge y su grupo, han objetado a priori al funcionalismo y a las teorías computacionales de la mente que las operaciones del cerebro tienen que depender de las propiedades materiales del cerebro, y que no se puede hacer abstracción de ellas. Sin embargo no está nada claro cuáles son las propiedades materiales del cerebro, o simplemente qué son las propiedades materiales.

Una de las cosas que han enseñado los pensadores posmodernos, con más claridad quizás Quine, es que no hay una ontología privilegiada que sea la más básica a la que se tengan que reducir todas las demás ontologías.

Es posible que en la consumación de la Ciencia, la Física contenga las teorías más básicas a las que se reduzcan las demás ciencias. Jaegwon Kim ha dedicado muchos esfuerzos a analizar la afirmación de que las propiedades mentales sobrevienen sobre las propiedades físicas y decía que es mejor no hablar de propiedades, sino de predicados, y que la tesis de la superveniencia se expresa bien diciendo que las propiedades mentales son definidas funcionalmente en términos de las entradas y salidas de las cosas que poseen las propiedades y que son instanciadas por propiedades físicas, de manera que cada propiedad mental no consiste más que en alguna propiedad física, y que decir que x tiene la propiedad mental m equivale a la disyunción de las oraciones que atribuyen a x la propiedad p, o la propiedad q, o la propiedad r, etc., todas ellas propiedades físicas, alguna de los cuales tendría la cosa que tiene la propiedad mental.

Esto deja fuera de cuestión que las propiedades mentales sean nada distinto de las propiedades físicas. Y Kim cree que la idea de reducción entre niveles se ajusta a este género de noción de reducción o de superveniencia. De su análisis infiere que si las propiedades mentales se entienden como él sugiere, la reducción es posible en principio en el problema mente cuerpo.

Cuando se especifican propiedades funcionales mediante su papel causal, uno de los elementos básicos es el entorno en que tiene lugar la acción causal. Los estados de actitud proposicional se especifican diciendo lo que hace ese estado en un entorno dado. En la física en realidad también hay propiedades que se definen así. No existe una colección de propiedades físicas en que consista ser un reloj, aunque los relojes son artefactos físicos. Si queremos cuantificar sobre “x es un reloj” no podemos encontrar una oración equivalente que solo contenga predicados físicos, al menos por ahora. Como se halla que el discurso acerca de relojes es bastante legaliforme, lo que sí podemos decir es que cada cosa que es un reloj es una cosa que opera de cierta manera en ciertos entornos físicos, y podemos incluso describir el mecanismo y explicar por qué las lecturas que arroja coinciden con las que dan otros mecanismos diferentes que también son relojes.

En la física en realidad un reloj es cualquier cosa que mida el tiempo y sus medidas tengan ciertas propiedades matemáticas. Y también se considera que las teorías físicas son abstractos que pueden ser instanciados por diversos conjuntos de entidades.

El funcionalismo acerca de las propiedades mentales solo asegura que se puede hacer un discurso legaliforme cuando se intenta explicar la conducta recurriendo a propiedades definidas funcionalmente, pero aunque los mecanismos que instancian esas propiedades y los entornos a que hay que aludir para especificarlas sean físicos, eso no conlleva que coincidan esas propiedades con propiedades físicas.

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Introducción

La obra de Putnam y Kripke comparten un conjunto de concepciones semánticas de partida. Su núcleo lo constituye un conjunto de tesis sobre la referencia de tipos de expresiones lingüísticas y se extraen aplicaciones a problemas de otras disciplinas filosóficas. La teoría de la referencia de los nombres propios de Kripke está ligada a la defensa del esencialismo y el rechazo del materialismo. En Putnam, tanto la filosofía de la psicología como la epistemología configuran lo que se conoce como realismo interno. La obra de Kripke está basada en una teoría de la referencia que tiene su origen en el análisis de los nombres propios. Las tesis semánticas de Putnam surgen de su análisis de los nombres comunes, de los términos generales y en particular aquellos que designan lo que se conoce como clases naturales. La dimensión puramente semántica de su obra analiza cómo se produce la referencia de los nombres comunes, cuáles son sus condiciones de posibilidad y las consecuencias que se pueden extraer de ello.

La crítica del análisis tradicional

En 1970, Putnam demuestra en “Is semantic possible?” que:

  • Las teorías tradicionales del significado son incapaces de dar cuenta de las propiedades semánticas de este tipo de términos.
  • Los lógicos formalizan las teorías tradicionales del significado incorporando errores conceptuales en los que se encuentran inmersas
  • Los lingüistas semánticos originan nueva terminología pero sin corregir errores.

Según Putnam el significado viene dado mediante una conjunción de propiedades tales que han de constituir un análisis del concepto ligado al término; no pueden consistir en propiedades que describen el concepto en su conjunto. La posesión de tales predicados es lo que determina que una entidad individual caiga bajo un determinado concepto. En términos más modernos, la estructura del concepto entendida como conjunción de predicados, determina su extensión, en el sentido de Carnap, es decir, conjunto de individuos a los cuales se aplica.

  • Desde el punto de vista epistemológico las propiedades que constituyen un concepto son los criterios para su aplicación correcta.
  • Para el positivista verificacionista, las propiedades que se apliquen a un objeto pertenece o no a una determinada extensión conceptual.
  • Para los semánticos seguidores de Wittgenstein basta con que se le aplique una parte importante de ellas, que están estructuradas jerárquicamente en forma de racimos.

Estas eran versiones mas o menos refinadas de la teoría tradicional cuyos rasgos principales según Schwartz (1977) son:

  • Cada término significativo tiene un significado, concepto, intensión o racimo de características asociadas a él. Ése es el significado conocido o presente en la mente cuando se comprende el término.
  • El significado determina la extensión, en el sentido de que algo se encuentra en la extensión del término si y sólo si tiene las características incluidas en el significado, concepto, intensión o, en el caso de la teoría del racimo, suficientes rasgos. En muchas versiones contemporáneas, el significado o concepto del término puede incluir sólo criterios observables para la aplicación del término.
  • Las verdades analíticas se basan en el significado de los términos. Si P es una propiedad en el concepto de T, entonces el enunciado “Todos los T son P” es verdadero por definición. Locke expuso esta teoría tradicional en términos menos formales en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Los conceptos generales constituían ideas abstractas que eran a su vez una combinación de ideas simples provocadas por la experiencia. Conformaban la esencia del concepto, una esencia nominal que no había que confundir con la esencia real que es la naturaleza de la cosa, incognoscible.

La teoría de Frege corrigió el sesgo psicologista de la de Locke, postulando un carácter objetivo o intersubjetivo a los conceptos. No modificó la concepción semántica básica: los conceptos son entidades abstractas estructuradas por conjuntos de propiedades organizadas.

Putnam puso como primera objección los miembros anormales. Existen propiedades modificables o accesorias en la definición de un concepto, es más, el mismo hecho de la existencia de propiedades comunes apunta a una naturaleza esencial de la cual se derivarían pero no es un asunto lingüístico. Incluso si se admite una diferenciación entre propiedades definitorias esenciales y accidentales, la definición no constituiría un enunciado analítico, las propiedades esenciales se descubren en la investigación científica. Según Putnam, la teoría tradicional semántica de los términos de clase natural es idéntica a los definidos por una propiedad o criterio.

Las propiedades definitorias del significado de un término no suelen coincidir con las propiedades esenciales de la clase que designa, tampoco se puede admitir la tesis tradicional de que el significado (la intensión) determina la extensión. La extensión de un término es la que es, independientemente del esquema conceptual bajo el cual se categorice. No puede ser determinada por un conjunto de propiedades resultado de la aplicación de un marco conceptual a la realidad.

Katz (1972-1975) fue portavoz de la teoría semántica ortodoxa de la lingüística generativo-transformatoria. En la caracterización de Putnam, la teoría de Katz implica las siguientes tesis:

  1. Cada término tiene un significado definido por marcadores semánticos
  2. Los marcadores indican conceptos, procesos psicobiológicos
  3. Cada marcador está extraído de una colección de universales lingüísticos, existen conceptos de carácter universal, de donde se extraen los propios de una lengua natural y se definen conceptos complejos propios de una cultura. Cada concepto es una noción innata resultado de la aplicación a la experiencia de una preprogramación del cerebro humano
  4. El significado de entidades lingüísticas complejas se construye mediante la aplicación de reglas recursivas a partir del significado de expresiones simples en los marcadores semánticos.
  5. La representación semántica ha de permitir una definición de la clase de las oraciones analíticas, sinónimas y semánticamente anómalas.
  6. La analiticidad se puede definir en términos de inclusión de marcadores semánticos, “todos los solteros son no casados” es analítica porque el concepto CASADO forma parte de la definición soltero.

Putnam critica la teoría de Katz, su objección mas general es que la teoría es una tosca traducción en un lenguaje matemático de la teoría tradicional. El núcleo de la crítica es que la teoría de Katz reproduce los defectos y las consecuencias indeseables de la teoría tradicional sobre los términos generales. Supone que se pueden dar definiciones analíticas de los términos generales cuando en realidad no sucede así, en particular en los que designan clases naturales. El problema en la teoría semántica es abandonar la imagen del significado de una palabra como si fuera un lista de conceptos, no formalizar esa imagen errónea.

El significado de significado

El concepto pre-científico de significado es, según Putnam el problema de la teoría semántica tradicional y de la semántica en general y trata de elaborar una noción de significado que sea una base firme para la semántica. La filosofía tradicional intentó mejorar la noción ambigua de significado descomponiéndola en nociones más precisas y rigurosas. Frege y Carnap distinguieron entre:

  • INTENSIÓN: Componente Referencial, la realidad que designa el término.
  • EXTENSIÓN: Componente Conceptual, las propiedades que connotan el término

Entre los problemas que Putnam achaca a la extensión se encuentran:

  • La polisemia, representación fonológica idéntica con diferentes acepciones, nos impide afirmar sin más que un término tiene extensión. Es el sentido el que media la relación entre una representación fonológica y una entidad extensional.
  • Las entidades extensionales están en correspondencia con funciones características definidas. Las palabras de una lengua no son tan rigurosas.

En consecuencia la noción de extensión es demasiado precisa para reflejar el funcionamiento referencial de los términos generales. Se puede remediar modificando la definición de conjunto, como en el caso de la teoría de conjuntos borrosos y su correspondiente lógica asociada que refleja, mucho mejor que la teoría ortodoxa, la naturaleza formal de los conceptos naturales.

Por lo que respecta a la intensión, es una noción tan vaga e imprecisa como la de significado. Recurrir a la intensión o concepto para explicar el significado es una explicación que no aclara nada porque los términos en que plantean tal aclaración son aún más indeterminados.

Los conceptos o son entidades psicológicas o son objetivas, pero captadas mediante actos psicológicos. La comprensión del significado de un término requiere que el hablante se encuentre en un determinado estado psicológico. Esta consecuencia es incompatible con el hecho de que la intensión determina unívocamente la extensión.

En el solipsismo metodológico los estados psicológicos son entidades unívocas (adscribibles a una única mente) y autónomas (no implica la existencia de más de un individuo), por lo tanto son predicados monarios y no relaciones entre varias entidades individuales. El estado psicológico determina la intensión del término y a fortiori, su extensión. El solipsismo metodológico no impide que algunas personas puedan estar en el mismo tipo de estado psicológico. Lo que descarta es que dos personas capten una intensión de modo diferente y estén en el mismo estado psicológico o que dos hablantes se encuentren en el mismo estado psicológico y se refieran a extensiones diferentes. Y precisamente según Putnam, esto es posible ya que la extensión no se encuentra determinada por el estado psicológico.

La extensión de un término no está determinada por las creencias sino que es la que es de forma independiente. Fijar la extensión de un término no es algo de la competencia del hablante común, sino una tarea asignada a individuos concretos, los especialistas. El uso adecuado del término no requiere la determinación de lo que es o no es por parte de quien lo usa. Tales capacidades y conocimientos pueden ser poseídos por una comunidad lingüística considerada como un organismo colectivo. Putnam avanza la tesis de su universalidad: Toda comunidad lingüística posee algunos términos cuyos “criterios” asociados sólo son conocidos por un subconjunto, y cuyo uso por el resto depende de una cooperación estructurada entre ellos.

Significado y estereotipo

La extensión de un término se fija socialmente y es asunto de especialistas, de manera que caben dos opciones

  • Abandonar la tesis de que el significado determina la extensión.
    • Para los términos deícticos, como los pronombres personales, la referencia está completamente determinada por el contexto, la extensión no tiene nada que ver con el significado.
    • En el caso de los términos generales, en los que se desearía decir y se dice, puede que dos personas no entiendan lo mismo o que empleen las mismas palabras con distinto significado.
  • Negar que el significado tenga que ver con los conceptos que los hablantes poseen. Putnam identifica significado con un par ordenado, posiblemente una n-tupla de entidades, una de las cuales es la extensión. Abandona la correspondencia biunívoca entre significado y estados psicológicos, ya que a un mismo estado psicológico pueden corresponder significados distintos.

Los problemas de la definición del significado son de dos clases:

  • Determinación de la extensión mediante la división del trabajo lingüístico.
  • Descripción de la competencia individual, lo que el hablante sabe acerca del término general para utilizarlo correctamente.

Putnam señala la diferencia respecto a los nombres propios, ya que para utilizar un nombre propio no es preciso saber nada acerca de su referente. Es la comunidad lingüística la que exige un mínimo de conocimiento para admitir como correcto el uso de un término general. Todas las comunidades tienen pautas para valorar y varían con respecto a un mismo término, de una cultura a otra.

Según Putnam, la aceptación de que alguien usa correctamente un término general requiere:

  • Que su uso sea socialmente aceptado como correcto
  • Que su forma total de ubicación en el mundo y en su comunidad lingüística sea tal que la extensión socialmente determinada del término tigre sea el conjunto de los tigres.

Esto nos ilustra la posición ontológica de Putnam, aunque una sociedad empleara homogéneamente la palabra tigre para referirse a tigres, leones y leopardos, no conocería el significado y no la usaría correctamente. Porque la extensión de tigre es la que es, el conjunto de los tigres, independientemente de las creencias colectivas. Que se crea que los leones son tigres aunque sea una creencia universalmente compartida, no hace tigre a leones. Adquirir el uso de una palabra no es una cuestión de sí o no.

Se puede conocer parcialmente su significado, ciertas ideas verdaderas y otras erróneas, esto pasa en las conversaciones cotidianas y no por ello deja de producirse la comunicación. En la comunicación efectiva lo que funciona no son los conceptos, sino los estereotipos, ideas convencionales que tiene una comunidad lingüística sobre una determinada realidad. Esas ideas pueden ser equivocadas pero se encuentran ligadas a propiedades de ejemplares prototípicos. Estas propiedades estereotipadas atribuidas a una realidad no la definen. Si los tigres perdieran sus rayas no dejarían de ser tigres.

Desde el punto de vista de la comunicación los estereotipos funcionan, organizan procesos de intercambio de información, conllevan información que se transmite entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Cuando un niño pregunta lo que es un tigre se le responde con el estereotipo. Esto no quiere decir que el niño aprenda a utilizar la palabra tigre, pero accede a una representación colectiva de carácter imperativo de la comunidad para sancionar la competencia lingüística de cualquiera de sus miembros. Ese contenido obligatorio es variable de una cultura a otra, pero funciona como núcleo de información necesario para el uso correcto del término.

Nombres comunes, clases naturales y rigidez

Cuando se enseña el significado de un término general se suelen hacer dos cosas:

  • Acto ostensivo, indicar una realidad a la cual se aplica. Es un acto definitorio que requiere una considerable competencia comunicativa. Por señalamiento se emplea un designador rígido, el hablante designa una realidad que, sea cual sea la situación contrafáctica imaginable, permanece constante. Lo que designan los términos con la misma extensión está en la relación transmundana de identidad.
  • Descripción, mencionar las propiedades de la palabra en cuanto perteneciente a un sistema semántico o rasgos de los objetos a los cuales se aplica el término. Se suele proporcionar una descripción del estereotipo.

Estas propiedades funcionan como criterios para el reconocimiento de los objetos a que se aplica el término general. Las consecuencias filosóficas son paralelas a las de Kripke: las definiciones de la extensión de los términos naturales son enunciados necesarios a posteriori. Las consecuencias lingüísticas se resumen en la siguiente teoría:

  • Las palabras tienen intensiones
  • La intensión determina la extensión, no puede ser verdadera de términos de clase natural por la misma razón que no pueden serlo de deícticos.

Los dos tipos de consecuencias están íntimamente ligados entre sí y relacionados con una concepción realista del significado y de la verdad.