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Logos y Ratio

Publicado: 27 diciembre, 2011 en Filosofía
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EL LOGOS EN HERÁCLITO Y PARMÉNIDES

El término razón es una traducción de la ratio latina, traducida a su vez del griego logos. Esta traducción supone una transposición de un universo de sentido a otro. Esbozaremos el sentido que tenía la palabra logos, pasando después a los avatares que el término sufre, una vez traducido al latín, a través de toda la Edad Media hasta convertirse en elemento fundamental de un pensamiento representativo que convierte al mundo en imagen y al hombre en sujeto al comienzo de la Edad Moderna.

Según Heidegger, logos viene de legein, cuyo primer sentido es el de poner, presentar, aunque su sentido más usual es escuchar, decir, discurrir. Heidegger nos dice que el logos es un dejar-junto-extendido-delante lo que está extendido delante, lo que está presente y no oculto. El logos nos pone en presencia de las cosas. En los albores del pensamiento filosófico tenemos una ontología cuyo elemento común es el logos que actúa como medio unificante en el que las cosas se muestran. El logos es algo universal, lo común a hombres.

El logos, según Heidegger interpreta de Heráclito, pone todo a cubierto en la no ocultación. El logos pone en la presencia de las cosas, y la unidad de todas las cosas consiste precisamente en su logos, en esta posibilidad de desvelarse en la presencia. Pero este poner del logos se lleva a cabo en el lenguaje; el lenguaje en tanto que logos reúne lo que está presente y lo deja extendido delante de su presencia. El logos es síntesis, es el ámbito en el que se hacen visibles las relaciones y proporciones entre las cosas.

El logos es también pues la razón. El logos de las cosas, su razón, su proporción es lo que constituye su ser, designa el ser de las cosas, el ser de los entes. El hombre que es capaz de conectar con el logos es sabio.

En el pensamiento griego el rasgo fundamental del pensar consiste en el ensamblaje entre el legein (dejar subyacer) y el noein (tomar en consideración). El noein se despliega a partir del legein. El tomar en consideración no es un apresar, un captar como lo será posteriormente a partir de los estoicos, sino un permitir el advenimiento de lo subyacente. El noein se mantiene dentro de los límites del legein. El tomar algo en consideración pertenece al recogimiento en el que queda guardado lo subyacente como tal. Este pensamiento griego originario es ajeno al concepto, a la aprehensión, no es un com-prender, una captura de lo real por parte de una mente ajena a esta realidad.

Este pensamiento griego primigenio al traducirse al latín por Cicerón, pierde su vivacidad, y además queda oscurecido. La filosofía occidental posterior es un retroceso respecto a la especulación griega. Por su olvido del ser y por su olvido del logos. A partir de la traducción latina de los términos griegos, el lenguaje filosófico queda convertido en una terminología seca y abstracta que se glosa a sí misma, perdiendo la vivacidad original de los términos griegos, que pertenecían al lenguaje natural y constituían el patrimonio de toda la comunidad y no sólo de los filósofos.

En el logos el pensamiento apunta esencialmente a su expresión, es un pensamiento social. El logos es el instrumento no sólo de la filosofía sino de los debates políticos que se celebran públicamente en el ágora. El logos surge a partir del mito, en continuidad con él, pero introduciendo un pensar racionalmente objetivado, un pensamiento positivo a través de la meditación de los cosmólogos jonios y un pensamiento abstracto gracias al Poema de Parménides en el que se introduce por primera vez el principio de identidad.

El logos de Parménides afirma que más allá de las palabras tal como las emplea el vulgo hay una razón inmanente al discurso, un logos consistente en la exigencia absoluta de no contradicción: el ser es, el no ser no es. Este logos es común y está abierto a todos los hombres, incluso en Heráclito. El logos es lo común a todos los hombres, lo universal, ya que es la razón única que gobierna todas las cosas. No se descubre en la naturaleza, sino que es inmanente al lenguaje. Surge y se perfecciona a través de los diversos medios de acción sobre los hombres. El logos griego es un producto de la ciudad, esencialmente político, permite actuar sobre los hombres más que transformar la naturaleza. Nada más opuesto al logos griego que la razón instrumental moderna, ligada esencialmente a la técnica como imposición sobre la naturaleza y transformación de la misma.

EL LOGOS EN LA FILOSOFÍA CLÁSICA GRIEGA

Platón tiene una relación ambivalente con el logos, por un lado lo considera esencial, nos lleva hacia el dominio de nosotros mismos. La paideia sería la dirección de la vida humana bajo el hilo del logos. Pero a veces considera que el conocimiento perfecto es inaccesible al logos y exige una especie de iluminación. En Las Leyes, el logos divino para convertirse en ley exige un legislador sabio que conozca lo divino. En La República, sin embargo el logos puro es un tipo de conocimiento que parte de hipótesis, aunque luego las abandona al remontarse hacia los principios universales. La dialéctica sería el arte de deslindar por medio del logos la idea fundamental, la de Bien, de todas las demás cosas. En el Teeto el logos nos sirve para hacer conocer la propia opinión a través de la voz, utilizando verbos y nombres, aspecto éste que se retoma en el Sofista, pero dicho logos no llega hasta los elementos últimos que son alógicos. El logos nos permite a través de las palabras hacer sensible el pensamiento.

Por otra parte, el logos determina el todo por sus elementos, es el poder de diferenciar las cosas unas de otras y atender sólo a aquello que se nos presenta en cada momento. En el Fedón, dada la imposibilidad de alcanzar la verdad del ser de manera inmediata, nos refugiamos en los razonamientos sobre las cosas que son tomándolas como hipótesis y afirmando como verdaderas las cosas que concuerdan con dichos logoi.

Hay tres cosas que permiten alcanzar el conocimiento de las cosas: el nombre, el logos y la imagen. A estos tres elementos se une el conocimiento mismo que parece ir más allá de ellos y la cosa en sí cognoscible y real. La traducción de logos por ratio no hace justicia al concepto griego. A partir de Cicerón el pensar aparece como lo racional. Se aproxima al noein, pero se aleja del legein.

Lledó nos recuerda que al traducir zoon logon exon por animale rationale salimos de la órbita semántica del vocablo griego, en la que logos implicaba una relación imprescindible con la expresión, con el pensamiento expresado, con la palabra. Al traducir logos por ratio perdemos la dimensión expresiva, comunicativa esencial al concepto griego y el pensar queda reducido al ámbito de lo que luego se llamará lógica.

LOGOS Y CRISTIANISMO

El surgimiento del cristianismo supone una inflexión fundamental en la noción de la razón e introduce cambios en la noción de logos. Filón de Alejandría entendía el logos como el ámbito de las ideas y de la ley moral, como el intermediario entre el creador y la criatura. Pero es en el cuarto evangelio atribuido a Juan donde la noción cristiana de logos se fija definitivamente como el Hijo de Dios, como el camino, la Verdad y la vida, que será traducido al latín como Verbum.

Según Tomás de Aquino, en Dios está, como Dios entendido, el Verbo de Dios, tal como en el entendimiento está la idea de piedra que es la piedra entendida. Como el entendimiento divino está siempre en acto, es absolutamente necesario que Dios haya entendido siempre y por tanto que el Verbo haya estado siempre en El, coeterno desde el principio. Se identifica pues la esencia de Dios con el Verbo divino, cosa que no sucede con el verbo del entendimiento humano.

El logos entendido como Verbo se separa radicalmente de la noción griega al entenderse más como palabra de Dios que como palabra humana. La introducción del cristianismo supone el surgimiento de una visión pesimista sobre las posibilidades de la razón humana para conocer y captar la realidad de las cosas. La noción de pecado recluye al hombre en un estado de indigencia que sólo el auxilio de la gracia divina permite superar. El cambio en la jerarquía de valores hace que la razón reduzca su importancia.

El hombre busca la salvación, el estudio del mundo no sólo no le ayuda, sino que puede constituir un obstáculo a veces insalvable. Junto a esta corriente pesimista, se despliega otra cuyo exponente máximo es Tomás de Aquino, que reconoce a la razón un papel muy importante dentro de la vida natural del hombre. La tensión entre fe y razón, propia del cristianismo admite soluciones variadas. Sin embargo hay que reconocer cierto oscurecimiento en el papel de la razón a lo largo de toda la Edad Media y parte de la Edad Moderna.

LA RAZÓN MODERNA

Comienza en filosofía con Descartes, y supone el surgimiento de una nueva noción de razón ligada a lo que denomina Heidegger la concepción del mundo como imagen y del hombres como sujeto, una noción de conocimiento como representación. Un tipo de razón calculadora que objetiviza lo existente en un representar que permite al hombre estar seguro de ello para poderlo manipular técnicamente. Considera la verdad como la certeza del representar y a lo existente como lo objetivado de dicha representación.

La razón moderna es una investigación científica y técnica que tiene en cuenta lo existente en la medida en que necesite saber de él para prever hasta dónde y cómo puede ponerse dicho existente a disposición del representar. El mundo moderno es una imagen, una representación abierta al conocimiento científico y a la manipulación técnica. La razón moderna no es el logos griego común a todas las cosas, sino una representación en la que lo representado aparece como lo opuesto al sujeto que lo conoce. Las cosas el mundo se constituyen como objetos del conocimiento representativo, a través del mismo proceso que constituye al hombre como sujeto de dicho conocimiento representativo.

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