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Introducción

La concepción fregeana de la doble función semiótica fue un supuesto asumido en filosofía del lenguaje. Toda expresión lingüística tenía dos dimensiones:

  • Referencia, que la ligaba a la realidad expresada
  • Sentido, unida a la forma en que tal realidad era aludida o reconocida

Este supuesto comenzó a ser considerado de forma mas crítica a partir de los finales de los 60 y los 70. La obra de Kripke parte de consideraciones semánticas que tienen que ver con las relaciones entre el lenguaje y la realidad, y posteriormente se aplican los resultados obtenidos al ataque o defensa de ciertas tesis filosóficas tradicionales de carácter epistemológico u ontológico. Su obra se encuentra ligada a la reconsideración crítica de los problemas tradicionales, desde las dicotomías kantianas hasta el esencialismo o dualismo cartesiano. La exposición de sus tesis filosóficas principales se desarrollará en el ámbito propiamente lingüístico. Va a insistir propiamente en la teoría de la referencia propuesta por Kripke para diferentes categorías lingüísticas, centrándose más en las argumentaciones que la sostienen como tal teoría que en los razonamientos que pretenden concluir tesis no propiamente lingüísticas.

Los nombres y el nombrar

La teoría de Frege sobra la referencia de los nombres propios y las descripciones era una relación indirecta entre lenguaje y realidad, relación triádica donde también intervenía el concepto en su sentido objetivo o intersubjetivo. La función del sentido era iluminar parcialmente la referencia, permitir la localización de la referencia a través de la captación de alguna de sus propiedades. El sentido constituía el elemento cognitivo necesario de la determinación referencial. La postulación de esta doble dimensión sentido/referencia estaba orientada a la resolución de problemas semánticos.

  • El problema de la identidad. El enunciado de identidad no es vacuamente verdadero y expresa una verdad fáctica: porque la afirmación de identidad se encuentra mediada por el sentido conceptual de los nombres empleados.
  • El problema de la sustituibilidad. Se puede sustituir en cualquier contexto un término por otro, siempre que éste sea correferencial con el primero. Tal sustitución no ha de afectar al valor de verdad del enunciado pues es función de la referencia.

Ya Frege se había dado cuenta de que no es aplicable en cualquier contexto:

  • En los contextos en que una oración completiva está regida por un predicado que expresa una actitud epistémica por parte de un hablante.
  • En un contexto modal en que una oración se encuentra en el alcance de un operador modal (necesariamente, posiblemente…)

La solución de Frege fué afirmar que las expresiones referenciales en tales tipos de contextos no refieren a su referencia habitual, sino a su sentido. Para preservar el valor de verdad del enunciado es preciso que tal sustitución haya dejado inalterado el sentido.

El problema de las expresiones referenciales vacías

Sólo si se distingue entre sentido y referencia se puede explicar que los enunciados que contienen expresiones referenciales vacías sean informativos. Puesto que el contenido informativo de un enunciado no depende sólo de que sus componentes tengan referencia, sino de que posean un sentido. La capacidad para tratar problemas semánticos convirtió a la teoría fregeana en paradigmática en nuestro siglo.

Frente a ella la teoría de la referencia propuesta por Kripke puede proporcionar soluciones igualmente adecuadas a estos rompecabezas semánticos constituyendo una alternativa seria. La teoría de la referencia propuesta por Kripke parte de la distinción hecha por Donnellan entre el uso referencial y el uso atributivo de una expresión nominal. Las descripciones lingüísticas están sujetas a una cierta ambigüedad de uso, de manera que no se puede saber por simple inspección de su estructura gramatical, cuál es la función semántica que cumplen. En estos casos, según Donnellan, nos encontramos frente a un uso referencial de la descripción y según Kripke ante un acto de referencia del hablante: el hablante pretende referirse a un determinado referente y lo logra a pesar de utilizar expresiones semánticamente no adecuadas, mediante la expresión de sus intenciones y las características del contexto en el cual efectúa tal intento que pueden incluir falsas creencias compartidas con la audiencia. Hay que distinguir los usos propiamente atributivos o las referencias semánticas. Según Donnellan:

  • Un hablante que usa atributivamente una descripción definida en una afirmación enuncia algo que es tal y cual. En el uso atributivo es preciso que la propiedad que lleva aparejada se aplique al referente, pues si no, no se efectúa la referencia ni se predica nada de tal referente.
  • Un hablante que usa una descripción definida de forma referencial, utiliza la descripción para capacitar a su audiencia para identificar aquello de lo que está hablando y enuncia algo de esa persona o cosa. La descripción determina una referencia en virtud del significado de sus componentes, independientemente de las intenciones de quien las usa y del contexto, excepto si contiene expresiones deícticas.

La distinción establecida por Donnellan para las descripciones definidas se aplica igualmente según Kripke a los nombres propios. La teoría de Kripke pretende establecer afirmaciones sobre las referencias semánticas, ya que piensa que los referentes del hablante son asunto de la pragmática. Desde este punto de vista, saltan a la vista los inconvenientes de la teoría fregeana sobre los nombres propios.

En el caso de nombres propios genuinos pueden diferir las opiniones en cuanto a su sentido: si una descripción forma parte del sentido de un nombre propio, la oración que predica es una oración analítica, es decir, verdadera en virtud del significado, para algunos será analítica y para otros no. De acuerdo con las mas evidentes intuiciones semánticas, “Aristóteles era originario de Estagira” enuncia un hecho contingente, no necesario, por lo tanto resulta inadecuada calificarla como oración analítica.

La conexión existente entre la semántica de los nombres y la noción de necesidad consiste en que si la descripción es parte de la especificación del significado del nombre queda determinada una cierta clase de oraciones analíticas necesariamente verdaderas. La teoría de Frege de la referencia indirecta de los nombres propios fue matizada por Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas y puso en duda que el significado de un nombre propio quedara completamente contenido en una sola descripción. Propone que el significado del nombre propio está dado por el conjunto de las descripciones con los que se puede identificar el nombre, descripciones que forman un cluster, están estructuralmente unidas por relaciones.

La teoría del racimo es la forma moderna que ha adoptado la teoría de Frege y la que ha recibido las críticas de Kripke y de los partidarios de la teoría de la referencia directa. Según Kripke es posible proponer la teoría del racimo en dos sentidos:

  • Como especificación del significado del nombre propio; la conjunción lógica de las descripciones equivaldría a ese significado.
  • Como una teoría acerca de cómo se fija la referencia de un nombre propio, como una hipótesis acerca de cómo se explica dicho nombre propio. Kripke tiene objeciones a ambas formas de entender la teoría, considerándola inadecuada tanto como teoría semántica de los nombres propios como tesis sobre el modo en que se establece su referencia.

La tesis que mantiene es que los nombres propios son designadores rígidos, en cualquier mundo posible designan el mismo objeto o individuo. Los mundos posibles son el producto de estipulaciones puramente lógicas que no tienen en cuenta las leyes de causalidad física o de necesidad fáctica.

Un designador designa rígidamente un objeto determinado si designa al objeto dondequiera que el objeto exista. La argumentación de Kripke, apelando a situaciones contrafácticas o mundos posibles, suscita el problema de la identificación de los individuos y objetos. La respuesta de Kripke es que la misma forma de hablar acerca de las situaciones contrafácticas supone ya la identificación transmundana: cuando hablamos de una cierta persona y de las cosas que le podrían haber sucedido estamos hablando de un mundo posible, del que forma parte esa misma persona y no otra. Y la forma en que expresamos tal supuesto de la utilización del nombre propio que es el que asegura que nos estamos refiriendo al mismo individuo.

Kripke distingue entre definiciones cuya finalidad es fijar la referencia y definiciones cuyo fin es proporcionar el significado: “Supóngase que la referencia de un nombre propio viene dada por una descripción o racimo de descripciones. Si el nombre significa lo mismo que esa descripción o racimo, no será un designador rígido. No designará necesariamente al mismo individuo en todos los mundos posibles, ya que otro objeto puede tener las propiedades en cuestión en otros mundos posibles.” En la teoría de Frege, el sentido ejerce ambas funciones:

  • Es el medio por el que el hablante determina la referencia
  • Equivale al significado, en la medida en que constituye el contenido conceptual ligado a la expresión. De las modificaciones propuestas por Strawson o Searle, se sigue que utilizar significativamente un nombre consiste en poder sustituirlo por la suma lógica de sus propiedades. Esto según Kripke entraña consecuencias inaceptables:
  • Todas las propiedades identificatorias de un objeto contribuyen exactamente igual a esa identificación. Se opone a las intuiciones semánticas normales, si se admite que ciertas propiedades tienen más peso que otras, es preciso disponer de un criterio para evaluar ese peso relativo, lo que suscita aunque no necesariamente el problema ontológico de las propiedades esenciales.
  • Si el significado de un nombre está constituido por una suma lógica de descripciones, quien utilice un nombre conocerá a priori la equivalencia entre el nombre propio y cualquiera de las descripciones.
  • El enunciado que afirma la equivalencia entre la disyunción lógica de las propiedades y el nombre propio expresará una verdad necesaria. Ni el segundo ni el tercero son verdaderos. Que el hablante utilice correctamente un nombre propio no quiere decir que conozca ni siquiera la mayoría de las descripciones, suele suceder que conozca algunas.

Aprioricidad y Necesidad

La filosofía tradicional kantiana establece una conexión entre las nociones epistemológicas (a priori y a posteriori) y las modales u ontológicas (necesidad y posibilidad).

  • Las verdades conocidas a priori son necesarias. Un enunciado es a priori si su verdad puede establecerse sin acudir a la experiencia
  • Las verdades conocidas a posteriori son contingentes, hay que acudir a la experiencia.

Del mismo modo que Kant indicó la diferencia entre a priori y analítico y a posteriori y sintético, defendiendo la existencia de verdades sintéticas a priori, Kripke mantiene sobre la base de su teoría de la referencia, que existe una diferencia entre lo a priori y necesario y lo a posteriori y lo contingente. Niega que las verdades a priori no puedan ser objeto de conocimiento a posteriori. Algo puede ser conocido a priori y conocido por gente particular en base de la experiencia.

Lo a priori y lo a posteriori son nociones epistemológicas y no hay nada en los hechos que los haga ser conocidos de uno u otro modo. La necesidad es una noción ontológica que atañe a la naturaleza de los hechos mismos, está ligada a la de mundo posible o situación contrafáctica. Es necesario aquello que es verdadero en cualquier mundo posible. Contingente aquello que puede estar sujeto a cambio estipulativo. Así no es difícil ver la conexión entre el funcionamiento semántico de los nombres propios y la noción de necesidad. Si un nombre propio es un designador rígido, refiere a un individuo en cualquier mundo posible. Si dos nombres propios refieren a un mismo individuo, la identidad entre ellos es necesaria.

La teoría causal de la referencia

Los argumentos de Kripke de su teoría de la referencia directa se pueden dividir en tres grandes clases, las tres dirigidas a mostrar que la teoría fregeana de la referencia indirecta tiene consecuencias inaceptables y que ha de ser sustituida por otra.

  • Argumento semántico. La teoría ortodoxa mantiene que el sentido de un nombre es equivalente a una descripción y por ello refieren a lo mismo. Pero la teoría de la referencia directa contrargumenta proponiendo casos en que un nombre refiere a u individuo sin que sea necesario que lo haga la descripción presuntamente equivalente.
  • Argumento modal, utilizando las nociones de necesidad y mundo posible. Si la teoría ortodoxa fuera cierta y el sentido de un nombre propio equivaliera al de una descripción, el enunciado de identidad expresaría un hecho necesario, sería verdad en cualquier mundo posible. Pero no es verdadero porque es concebible una situación contrafáctica que lo niegue. Las únicas oraciones que expresan hechos necesarios son las que afirman la identidad de referencia de dos nombres propios.
  • Argumento epistemológico. Tiene que ver con la forma en que se aprende a qué refieren los nombres propios. Según la teoría de la referencia indirecta se aprende a usar el nombre propio en conexión con las descripciones pertinentes que constituyen los criterios necesarios para la aplicación de tal nombre.

La oración de identidad nombre-descripción es portadora de información a priori. La versión que ofrece Kripke es completamente diferente, y aunque no le concede el rango de teoría se conoce como teoría causal de la referencia. Critica la teoría descripcionista en su explicación de cómo se aprende la referencia, supone ya tal noción. Kripke en cambio piensa que la referencia ha de ser un mecanismo aprendido o transmitido de una forma mucho mas elemental.

La utilización referencial de un nombre propio no requiere que se haya asimilado criterios de aplicación de ese nombre en virtud de propiedades realmente poseídas por el objeto. Alguien se puede referir a un objeto sin saber nada de él. Lo único que se requiere es que tal nombre sea conocido como referente a una realidad de forma independiente a su conocimiento. Las descripciones, en cuanto instrumentos para fijar la referencia, tratan de reducir el riesgo de desviaciones en el acto de la referencia pero, si se toman como equivalentes de un nombre, pueden introducirlas. Las descripciones son expresiones que sirven como instrumentos auxiliares para fijar la referencia de un nombre, pero en modo alguno son criterios necesarios (y suficientes) para su aplicación, ni requisitos indispensables en su aprendizaje.

Lo esencial del uso de los nombres, y lo que explica que podamos usarlos correctamente, es la existencia de la cadena causal que conduce a un acto originario de bautismo o nominación. En resumen, el núcleo de la teoría semántica de Kripke es la tesis de la rigidez de los nombres propios y la concepción causal de su referencia. La necesidad de los enunciados de identidad entre nombres propios y su carácter epistemológico de a posteriori son consecuencias directas de su teoría.

Conceptografía y programa logicista

Frege parte de la idea de que el lenguaje ordinario crea una serie de perturbaciones en el entendimiento humano. Para evitarlo debemos sustituirlo por un lenguaje formal.

Ese lenguaje formal es a lo que Frege llama conceptografía, y no sólo se aplica al ámbito social, sino también al ámbito matemático, fundamentando los conceptos y el método matemáticos. De esta forma, fundamenta tanto el ámbito de las ciencias naturales como el de las ciencias sociales.

Lo siguiente que Frege demuestra es que los fundamentos de ambos ámbitos son lógicos. De esta forma, para analizar esos fundamentos lógicos necesitamos un instrumento lógico. Ese análisis se denomina programa logicista.

El principal interés de Frege es crear una teoría del conocimiento. El patrón que tiene son las disciplinas naturales y, en concreto, las matemáticas. Pero afirma que ni el concepto ni el método matemático están bien fundamentados porque todavía arrastrarían elementos psicologistas. Así, se busca el refinamiento de las matemáticas eliminando esos elementos. Frege pretende analizar el pensamiento puro, equivalente a la estructura. Por eso, su interés se centra en el análisis de dichas estructuras.

Cuando la conceptografía se aplique a este análisis, al incluir una mejor simbología aplicable al ámbito natural y al social, desparecerán los problemas de estas disciplinas, porque se “limpia” el entendimiento. Desarrollar esta simbología es hablar de lenguaje y, a su vez, de significados, de tipo lógico. Al desarrollar este esquema obtenemos el  programa logicista.

Esa simbología nueva es un lenguaje de fórmulas, en definitiva, un lenguaje formal, que sirve para definir conceptos y métodos. El objetivo último de esa simbología es analizar el pensamiento (conocimiento) puro. No interesa el contenido, sino la estructura formal del conocimiento.

La paradoja de la identidad

El punto de partida de Frege es la “paradoja de la identidad”. Comparemos dos expresiones, “a=a” y “a=b”, donde a y b son dos nombres distintos para la misma entidad, por ejemplo a=Aristóteles y b= El mejor discípulo de Platón.

Si el significado de una oración fuera sólo su referente, entonces “a=a” y “a=b” significarían lo mismo. Pero cada oración nos dice cosas diferentes. La primera, “a=a” es trivial, cognoscible a priori, no informativa. En cambio, para llegar a la segunda oración, “a=b” hemos tenido que establecer cierta investigación empírica para llegar a enunciarla.

Si leemos las frases como «’a’ refiere a lo mismo que ‘a’», y «’a’ refiere a lo mismo que ‘b’», conservaríamos la trivialidad y la informatividad respectivamente. Pero mientras que las oraciones “a = a” y “a = b” nos dan información acerca del mundo, las oraciones «’a’ refiere a lo mismo que ‘a’», y «’a’ refiere a lo mismo que ‘b’», en cambio, parecen dar información acerca de nuestro uso del lenguaje.

En el lenguaje ordinario tenemos que un mismo objeto puede ser denotado de formas diferentes, esto es, “a” alude a “x” y “b” alude a “x”. Podemos hablar de un mismo objeto de formas distintas.

Referencia y Sentido

A partir de aquí, hay que distinguir dos elementos: Referencia y Sentido. La referencia es el objeto que denotamos (en este caso “x”) y el sentido es la manera en que hablamos del objeto (en este caso “a”, “b”). Hablamos de sentido, no de significado. En el significado hay elementos denotativos o literarios y elementos connotativos o psicológicos. Por eso ni la  referencia ni el sentido son el significado.

  • La referenciaUn objeto se entiende como una realidad material, pero Frege amplía el significado de material hasta alcanzar a los números, los modos de calificación (verdad, falsedad). Necesitamos un método de verificación para identificar el objeto. Frege define como verificación ostensiva la que puede mostrarse de manera clara, manifiesta, patente. También podemos establecer la verificación mediante una descripción teóricaEl problema es que cuando hablamos de nombres se identifica bien la referencia, pero no sucede lo mismo cuando empleo un enunciado completo.
  • El sentido: Es la manera en que hablamos de las cosas. Esa manera viene definida por convención. Por convencional se entiende el conjunto de signos y reglas de una comunidad, por eso, el sentido no es un elemento subjetivo, sino objetivo.

En realidad, tanto la referencia como el sentido son objetivos, pero la objetividad de la referencia viene por la existencia, mientras que la objetividad del sentido es convencional.

Por ejemplo, una expresión de ficción no tiene referencia, pero sí sentido. La cuestión es ¿es posible que algo tenga sentido sin referencia?. Sí, el ejemplo más claro es el de expresiones de ficción. Pero, ¿es posible que algo tenga referencia sin sentido?. No, porque el modo en que nos referimos a las cosas es siempre convencional y no puede hablar de nada que exista de forma no convencional.

En el proceso comunicativo es más importante el sentido que la referencia. El sentido nunca puede faltar. La representación es donde se mezcla las valoraciones personales del sujeto. Equivale al contenido. Esa representación está conectada con la convención. Pero no todo en la representación está reglado, sino que caben interpretaciones privadas. Esto último nos conduce al relativismo, por eso Frege se centra en el sentido y en la referencia, puesto que son elementos objetivos que definen la estructura.

Nombres propios y enunciados completos

Frege aplica el esquema anterior a dos cosas distintas: nombres propios y enunciados completos

Para Frege, un nombre propio es aquél que designa de forma concreta un objeto, es aquello que tiene un objeto definido. La referencia de ese nombre es el objeto. La definición de esa referencia se puede hacer ostensivamente o por descripción teórica, como comentamos anteriormente. El sentido de un nombre propio es la palabra, el propio nombre y la representación sería la connotación. A Frege no le interesa la representación.

Respecto a los enunciados concretos, el sentido de un enunciado es el pensamiento. Por pensamiento entendemos la estructura. El pensamiento (estructura) es lo que se está afirmando. Hablar de pensamiento es hablar de un principio lógico y, por lo tanto, puede ser Verdadero o Falso. Un enunciado está formado por pensamiento puro, que es una estructura perteneciente al ámbito de la lógica.Pero cuando se pronuncia un enunciado, éste se presenta con un tono, tiene un contenido con unas implicaciones psicológicas, unas representaciones.

La referencia sería el objeto entendido como entidad material. Para Frege es el valor de verdad de un enunciado (V ó F).

La distinción entre sujeto y predicado

Para Frege, la distinción tradicional entre sujeto y predicado es confusa porque no se está distinguiendo entre pensamiento y tono. Esa distinción se basa principalmente en el contenido que es problemático. Así Frege distingue entre:

  • Objeto=>sujeto. Expresión saturada. Completa=> se puede identificar el objeto.
  • Función=>predicado. Expresión no saturada. Incompleta, falta el objeto.

El objeto de Frege es desarrollar un lenguaje de fórmulas para fundamentar el método y proceso de investigación, tanto de las disciplinas sociales como de las naturales. Para desarrollar este lenguaje primero tiene que estudiar su relación con la realidad: hay elementos de la realidad que están reflejados objetivamente por el lenguaje formal. La unidad mínima de significado es un enunciado, pero previamente hay que analizar el significado de los nombres propios.

La distinción entre sujeto y predicado es problemática porque tiene una gran componente psicologista. Frege sustituye los conceptos de sujeto y predicado. Así, el sujeto se convierte en un objeto, esto es, una expresión cuya referencia está definida (expresión saturada) y el predicado se convierte en la función, esto es, una expresión incompleta que posee espacio vacío (expresión no saturada). De forma gramatical, un artículo determinado denota una expresión de objeto, mientras que un artículo indeterminado denota una expresión de función.

El concepto es una función de una sola variable, mientras que la relación es una función de más de una variable. No hay ninguna expresión significativa,  es una expresión de objeto o una expresión de función. Para que una expresión tenga significado tiene que denotar algo o referirse a algo de la realidad y las únicas expresiones que cumplen este requisito son las de objeto y las de función.

Estas expresiones son nociones ontológicas últimas y, por tanto, no se pueden definir hasta el final (sino por medio de contraejemplos). Una noción ontológica última es aquélla que refleja la relación entre lenguaje y realidad.

Una expresión de función siempre se puede transformar en una expresión de objeto.

Frege define el principio de funcionalidad como una tesis de combinación significativa, esto quiere decir, que el significado de una oración viene dado por el significado de los elementos de una oración pero también por la combinación concreta de esos elementos. Ejemplo:

  • Los perros persiguen a los gatos
  • Los gatos persiguen a los perros

Los elementos no cambian pero el orden varía, por eso, el significado no es el mismo. Para Frege un concepto es una forma de función que da lugar a una oración declarativa. De otra forma, un concepto es una expresión de función que al completarse tiene como valor de referencia V ó F. Concepto y objeto no es lo mismo para Frege pero se relacionan porque el concepto predica del objeto(relación de predicación).

Para Frege tanto las expresiones de objeto como las de concepto tienen una referencia (un objeto al que se refiere) y un sentido(una forma de hablar de ese objeto). Una expresión de objeto expresa un particular y una expresión de concepto expresa un universal y la subordinación entre uno y otro se refiere a la universalidad.

Cuando tenemos una expresión de objeto y una expresión de concepto hablamos de subordinación. Pero cuando tenemos dos expresiones de conceptos hablamos de relación. Nunca se puede sustituir una expresión de objeto por una expresión de concepto ni viceversa. De hecho, se dan confusiones entre ambas expresiones en el lenguaje ordinario, por eso insuficiente e inadecuado(y debemos sustituirlo por un lenguaje formal que distingue ambos conceptos). No podemos mezclar dos niveles de generalidad distintos.

En los objetos podemos identificar (en el sentido matemático), mientras que en las expresiones de función sólo podemos hablar de aproximaciones. En un particular podemos cerrar las propiedades mientras que en universal no podemos hacerlo, únicamente podemos aproximarnos.

El lenguaje ordinario no nos permite distinguir cuando estamos ante una identificación y cuando ante una aproximación. Por eso hace falta un lenguaje formal que, en ultima instancia, identifique referencias que identifique de manera correcta los criterios de verdad y falsedad.