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Lenguas distintas corresponden a mentalidades diferentes.

Humboldt es el primer lingüista en hablar del espíritu de los pueblos, y en plantearse si el uso de una lengua crea cultura o si una cultura pide una determinada lengua.

Humboldt pensaba que cada lengua, configurada por el espíritu de la nación y las circunstancias del mundo externo, constituye toda una imagen peculiar del mundo, en la medida en que implica una completa y particular segmentación de la realidad. Para él, en una lengua está contenida toda la visión del mundo de sus hablantes, pues cada idioma dispone de palabras para todas las representaciones mentales creadas por los miembros de una nación. Se trata de una tesis dualista lengua-cultura, que considera que una lengua es el vehículo de una cultura y defiende una relación intrínseca entre lengua y cosmovisión (weltanschauung).

Junto a sus opiniones relativistas sobre la individualidad de cada lengua y sobre el hecho de que la misma está determinada por la nación y la cultura, Von Humboldt mantenía también algunos postulados universalistas. Sostenía que todas las lenguas comparten propiedades universales y son reflejo de una cierta gramática universal. Pero no fue capaz de descubrir que algunas categorías lingüísticas pueden permanecer ocultas o implícitas en una lengua, ya que creía que aun cuando una forma gramatical no posee designación en una lengua, sigue presentándose como un principio que guía la comprensión de aquello que dice el lenguaje. Con esta afirmación, Von Humboldt adelantaba el determinismo radical según el cual los conceptos no lexicalizados en una lengua no pueden ser pensados ni concebidos por sus hablantes.

Humboldt establece que las lenguas pueden ser analíticas o sintéticas. Sólo las lenguas sintéticas son las que tienen capacidades culturales y filosóficas, son más perfectas que las analíticas.

Afirma además que las lenguas son sistemas, no nacen poco a poco sino como unidades. Humboldt ve que los elementos de las lenguas se pueden intercambiar produciendo oraciones infinitas. Esto es lo que se conoce como Productividad.

Humboldt anticipa lo que se conoce como Relativismo Lingüístico, motivo por el que hay sociedades que tienen más desarrollado un sector de su lengua por ser más necesario.

Sugirió que a través del estudio de la lengua se podían observar los procesos del pensamiento, es decir, los hablantes de diferentes lenguas no son equivalentes como observadores. Se trata de un movimiento que da mucha importancia a los factores históricos, regionales y populares (como el romanticismo).

Humboldt trata de elaborar una teoría mediante la cual podamos conocer la esencia última del lenguaje. Según él la característica más importante de la lengua es que ésta es energía, es algo que está constantemente evolucionando, creando.

Es absurdo tratar de establecer categorías gramaticales ya que lo único que existe es el discurso, que una vez dicho desaparece. También nos dice que la lengua sirve para poner orden en el mundo exterior de tal manera que si no fuera por ella toda esa realidad se nos presentaría desordenada. Además, la lengua hace que veamos el mundo de una forma determinada.

“La lengua reduce a ordenados complejos mentales el mundo caótico de los pensamientos (…) no es el pensamiento condición para el hablar sino el hablar condición para el pensar. Si no fuera por el lenguaje, la realidad sería un caos, si abrimos los ojos a la realidad sin el lenguaje, ésta se presenta como algo informe; gracias al lenguaje la vemos coherentemente.”

La forma interior. Materia y Forma

El aspecto conceptual de la lengua es fundamental. Elabora su teoría de Ihnere Sprachform, que es la forma interior que tiene cada lengua, es lo más específico de cada lengua, todas lo poseen. Todas las lenguas se igualan y diferencian al mismo tiempo por su forma interior. Esto hace que nosotros veamos el mundo de un modo determinado y hace también imposible el bilingüismo. Cuando aprendemos una segunda lengua lo hacemos a través de la lengua materna.

Para Humboldt la lengua es la totalidad del habla. Dentro de la lengua introduce una diferenciación entre materia y forma:

  • Materia es el sonido en general, las impresiones sensoriales y nociones espirituales previas a la formación de los conceptos.
  • Forma es el concepto realmente innovador, lo que la lengua tiene de constante y sistemático, el auténtico principio dinámico. Se presenta dividida en externa e interna. La primera está sometida a variaciones y es la que actualiza la forma interna, el parámetro estructural.

Humboldt podría considerarse como un autor pre-estructuralista, pre-generativista y pre-relativista. La Idea de la relatividad lingüística no era una idea original en los tiempos de Humboldt. Podía encontrarse implícita en muchas teorías sobre el lenguaje. Desde Locke, que ya mantenía la tesis de la intraducibilidad de las lenguas y había sido más o menos expresada por diversos autores franceses (Condillac, Desti de Tracy, Maupertuis, de Gernado) a lo largo del siglo XVIII. Pero sólo en Humboldt adquiere la tesis de la relatividad lingüística la función de núcleo central de toda una teoría sobre el lenguaje y sobre el hombre.

Lenguaje y pensamiento

Sólo a partir de su obra, el relativismo se convierte en un tema recurrente. Como en el caso de los ideólogos y de los enciclopedistas, el interés de Humboldt por los estudios lingüísticos era más bien metodológico que sustantivo. Humboldt como anteriores filósofos del lenguaje, consideraba que el estudio de este constituía el medio ideal para inquirir en la naturaleza humana y en su proceso de constitución.

Una característica central de la filosofía lingüística de Humboldt es su consideración del lenguaje en conexión con los procesos psicológicos de percepción y conceptualización. Humboldt pensaba que el lenguaje desempeña un papel constitutivo en los procesos de pensamiento, tanto individual como colectivamente. Esta dimensión psicológica era considerada previa a la dimensión social. El lenguaje es concebido como instrumento del pensamiento más que como sistema de comunicación. Primero como herramienta cognitiva, y luego, como sistema de transmisión de información.

El concepto de “articulación” es esencial para comprender la concepción de Humboldt sobre las relaciones entre lenguaje y pensamiento. Se aplica en dos niveles, en el fónico y en el mental.

Del mismo modo que el sonido en el lenguaje se produce de forma articulada (descompuesto en unidades) así sucede con el pensamiento. El flujo mental, la corriente continua de estados mentales en que consiste nuestra experiencia, se encuentra en el pensamiento, dividida en elementos, que son los conceptos. Pero este paralelismo no es analógico sino causal. No es una simple similitud entre los procesos de constitución del lenguaje y el pensamiento, sino que expresa una conexión más íntima: La articulación lingüística es una condición necesaria para el surgimiento de la conceptualización, que implica el análisis (descomposición) del “flujo” de la experiencia.

Antes de que el lenguaje descomponga el pensamiento solo existe un flujo de sensaciones indiferenciadas, en las que se mezclan percepciones puras, sentimientos, deseos, etc. Se trata del pensamiento pre-articulado, indeterminado, que Humboldt contrapone al pensamiento conceptualmente organizado. El lenguaje es el instrumento que permite al individuo el salto cualitativo desde el pensamiento pre-articulado al pensamiento conceptualmente organizado. Cuando se dice que Humboldt mantenía que el lenguaje era condición del pensamiento se refiere al pensamiento articulado.

Con respecto a ciertas epistemologías racionalistas, la de Humboldt se distingue por el énfasis que pone en el carácter activo de la mente humana. El entendimiento no es el mero receptor de sensaciones sino la facultad de organizar y dividir la experiencia en unidades (similares, oponibles, compatibles…), en conceptos lingüísticamente determinantes y consolidados.

“El principio que domina la totalidad del lenguaje es la articulación; su cualidad más importante es la disposición fácil y consistente, pero que presupone los elementos simples y en sí mismos inseparables. La esencia del lenguaje consiste en moldear el material del mundo fenoménico para darle la forma de pensamiento”

El lenguaje tiene una función cognitiva. Para Humboldt la concepción semiótica separa, como realidades diferentes, el signo lingüístico y aquella realidad conceptual a la que se aplica. No se puede considerar a las palabras como signos de las cosas, no se puede separar al uno de la otra. Confundir esto, y considerarlas simples signos, es el error básico que arruina a cualquier lingüística y cualquier consideración correcta del lenguaje.

Se inscribe así en una tradición racionalista que tiene más que ver con Locke y Condillac (que consideraban que el lenguaje tiene un papel constitutivo y central en el desarrollo del pensamiento) que con Leibniz y Kant (que conciben el lenguaje como sistema auxiliar útil para la representación y transmisión del pensamiento.

Teoría semántica

En cuanto a la teoría propiamente semántica de Humboldt hay que señalar dos rasgos:

  1. Su conciencia del carácter relacional del enunciado frente a la concepción nominativa.
  2. Su defensa del simbolismo fónico como conector de la arbitrariedad del signo lingüístico.

Parte de la tesis de la relatividad lingüística, que es común y compartida por muchos filósofos de la época; el lenguaje determina el pensamiento, juega un papel decisivo en su conformación. El lenguaje es el medio fundamental para la organización del caos de la experiencia que constituye el pensamiento pre-articulado. El paso del pensamiento prearticulado al articulado se alcanza cuando el flujo sensorial es analizado, dividido y categorizado. En ese estadio, el pensamiento adquiere autoconciencia, para lo que es esencial el proceso de fijación y el mecanismo de reconocimiento de las unidades en que articula el flujo de sensaciones. Esto sólo se consigue por intermedio del lenguaje.

La experiencia, la sensación, la memoria, el reconocimiento, se efectúa con mediación, son actividades que se desarrollan dentro de los moldes formales determinados por la estructura (la forma interior) de la lengua. Pero a su vez el carácter lingüístico está en relación con el carácter nacional. Esa forma colectiva e históricamente conformada de concebir y categorizar las relaciones con el entorno queda impresa en la lengua. El fondo de objetividad existe, constituido por la estructura de la realidad misma, pero la objetividad se pierde cuando se sale uno del nivel de lo puramente sensible.

En suma, todo el sistema semántico de la lengua no es sino la expresión del carácter y desarrollo intelectual de una comunidad, constituyendo el acervo conceptual que, en esa etapa histórica, ha alcanzado la sociedad. Cada lengua incorpora su propia visión del mundo, su propio prisma a través del cuál miran la realidad los que la hablan. La variación de las lenguas consiste en algo más que en la variación de los signos.

Mientras que la filosofía del lenguaje racionalista destaca la unidad del entendimiento humano y de sus productos, la filosofía romántica de Humboldt pone el énfasis en su heterogeneidad; siendo particularmente sensible al carácter histórico y dinámico del lenguaje. La cadena causal de determinaciones entre el carácter racional, el pensamiento y la lengua no es recorrido de forma unidireccional y la cuestión del origen es irresoluble. Es posible que asignara un papel primigenio al carácter nacional.

La filosofía del lenguaje de Humboldt concibe esta refutación mutua bajo la metáfora organicista. El lenguaje es un organismo vivo, sujeto a desarrollo para cuya comprensión es necesario el análisis de las influencias regulatorias a que esta sometido por la realidad y el pensamiento.

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Una de las tareas atribuida a la filosofía es decidir qué es conocimiento y qué no lo es. Cometido excesivo y arrogante según la mayoría de filósofos. La Epistemología pretende fundamentar el conocimiento, o al menos, ofrecer criterios de qué es conocimiento, y muchos autores piensan que la epistemología no goza de ningún privilegio vedado a los demás saberes que le permita dictaminar, ni fundamentar, ni dar criterios. Si puede seguir haciendo esto, tiene ella misma que basarse en esos otros saberes, de modo que no ofrece más seguridades que ellos. Cuando la epistemología se practica con esta cautela, se la practica, de acuerdo con estos filósofos, en su versión naturalizada.

Naturalización presenta una gran variedad y vaguedad de significados, los provenientes del inglés, de donde procede, y los añadidos en el español. No es de extrañar por tanto las actitudes contrapuestas que suscita el proyecto de naturalización de la epistemología de Quine. Goldman lo encuentra excesivo, Solís insuficiente. La diferencia se debe, en lo fundamental a lo que cada uno espera de la naturalización, y en particular, cuando ésta se emprende según las propuestas de Quine, que a su vez, se prestan a varias y diferentes interpretaciones.

En inglés naturalizar significa, como acepción más conveniente desde el punto de vista epistemológico, despojar de su carácter milagroso o sobrenatural a los sucesos que supuestamente lo son. Naturalizar la epistemología sería por tanto, despojarla de su especial estatuto.

En epistemología, los naturalizadores han sido objeto de acusaciones de relativismo, aunque algunos lo profesan de buena gana, porque la naturalización es ambigua. Unos la entienden como la eliminación de la disciplina en favor de otras, científicas, tales como la psicología, la historia o la sociología, con lo que renuncian a las normas epistemológicas. Otros creen mostrar que el valor de las normas es relativo a las comunidades que las usan. Y otros sólo aspiran a fundamentar estas normas en el conocimiento científico.

Armero establece un curioso paralelismo entre Marx, marxianos y marxistas y Kunh, kuhnianos y kuhnistas. Kuhn y alguno de los seguidores de “su secta” han sido acusados de relativismo epistemológico. Aparte de la justicia de esta imputación a Kuhn, hay kuhnianos que asumen los cargos y kuhnistas que defienden al maestro de interpretaciones desagradables, como la que conlleva la acusación de relativismo.

El programa fuerte de sociología de la ciencia, de filiación kuhniana, es adscrito por Solís a una variante del proyecto de naturalización de Quine, uno de cuyos ejecutores es Kuhn. Entienden que la naturalización  implica el relativismo epistemológico o la desaparición de la epistemología normativa, pero no es lo mismo una cosa que la otra. El relativismo sostiene que hay norma, y que depende su aceptabilidad de la comunidad que consideremos. Algunos relativistas trafican entre las normas son válidas en la comunidad que las avala, y la simple descripción de qué normas son aceptadas en qué comunidades, como si no se pudiera decir que son buenas o malas. Esto implica que no hay normas, salvo como objetos empíricos.

Idea de naturalización de Quine

No está claro si Quine ha tenido sucesivamente dos ideas distintas de lo que debería ser la naturalización de la epistemología o si sólo ha tenido una que ha desarrollado posteriormente. En Epistemology Naturalized identifica el impulso motriz de la epistemología con el ideal de fundar lógicamente la ciencia natura sobre la experiencia sensible. Esto es, deducir lógicamente los enunciados de la ciencia a partir de enunciados de observación y definir los términos de la ciencia a partir de términos que se refieran a la experiencia sensible. Pero las oraciones de la ciencia no se pueden probar lógicamente, ni siquiera contando con la teoría de conjuntos, a partir de oraciones observacionales. Tampoco se puede reconstruir el discurso de la ciencia en términos de observación, lógica y teoría de conjuntos. Dado este fracaso en el plano de la teoría (doctrinal) y en el del significado (conceptual), Quine propone estudiar cómo de hecho, a partir de la estimulación sensorial, se construye la teoría, esto es, según Quine entregar la carga epistemológica a la psicología, porque la tarea de establecer una relación de fundamentación entre experiencia sensible y teoría, objeto de la epistemología, se abandona en favor del estudio de la relación que de hecho hay, en nuestro sistema cognitivo, entre experiencia y teoría, y esta cuestión empírica se encomienda a la psicología.

Quine sólo produce una argumentación contra una manera de entender la epistemología: la que él presenta, que se remonta al empirismo clásico y, en su parte conceptual, intentó desarrollar Carnap en Der Logische Aufbau der Welt.

Carnap pretendía constituir los conceptos de la ciencia a partir de la experiencia. Las limitaciones de la epistemología que Quine señala en Epistemology Naturalized, las encuentra en la Aufbau. Sería posible practicar la epistemología sin necesidad de estar incurso en uno de los capítulos de una ciencia empírica, como la psicología. Quedan muchas cosas fuera que se pueden abordar sin tomar en consideración ciencias empíricas.

Quine admitió esta objeción y Pursuit of Truth concede un lugar a la epistemología desligada de las ciencias que de ordinario llamamos empíricas.

En esta asombrosa mezcla de relaciones entre la estimulación sensorial y nuestra teoría científica del mundo, hay una parte donde la teoría se contrasta mediante la predicción. Quine ha caracterizado este segmento como poco más que lógica aplicada y teoría estadística.

La naturalización, tal y como Quine la defiende en su primer artículo, no deja lugar al componente normativo que tiene la epistemología. Conclusión más que objetada, ya que la epistemología no puede limitarse a describir, sino que su papel legítimo es sancionar el conocimiento. Rorty y Putnam han afirmado que, en el proyecto de naturalización, no hay un sitio para el aspecto normativo. Goldamn en cambio, piensa que los proyectos útiles de naturalización son los que sí conceden un lugar a lo normativo, pero Quine no lo hace.

En cambio, Quine responde que la epistemología naturalizada sí concede un lugar a lo normativo. La epistemología es una ciencia teórica y descriptiva, pero también posee aplicaciones prácticas. El conocimiento teórico o empírico se puede convertir en una base de normas prácticas, tanto en epistemología como en física.

Hace falta especificar los fines que sirven. Quine menciona como fines principales de la ciencia el entendimiento, el control y modificación de la naturaleza y la predicción.

Solís encuentra que el programa de Quine, tal como éste lo especifica o reformula en Pursuit of Truth, retorna a los problemas epistemológicos no naturalistas de toda la vida. Según Solís, para llevar a cabo el programa naturalista habría que naturalizar la caracterización de la “verdad” o la “adecuación”, pero eso no parece cosa fácil. Según Armero interpreta a Solís, la epistemología naturalizada debería proporcionar una elucidación naturalista del concepto de creencia justificada, o del concepto de verdad o de adecuación.

Ciertamente Epistemology Naturalized no parece dejar un lugar a la epistemología normativa, pero esa impresión del lector queda desautorizada por las aclaraciones ulteriores de Quine. Algunos autores han señalado que en Quine hay dos sentidos distintos de teoría y de ciencia.

Haack tiene razón en que Quine concibe la ciencia de dos maneras diferentes. En la opinión de Armero eso se debe a la herencia racionalista del Círculo de Viena. En el Postivismo Lógico hay también una vacilación entre dos sentidos de ciencia. Por un lado, la ciencia es un hecho institucional. Por otra lado, la ciencia es conocimiento racional justificado por la experiencia. En este sentido la ciencia no es patrimonio de ninguna institución, sino accesible a todos los humanos. La ciencia es conocimiento intersubjetivamente compartible. De acuerdo con esto, es posible dar reglas de aplicación universal sobre lo que es ciencia, se puede dar un criterio de demarcación, con independencia de las prácticas de las instituciones o comunidades científicas.

Los positivistas lógicos propusieron una epistemología normativa, y en ella incluían numerosas reglas y un criterio de cientificidad. Sólo son científicos los enunciados confirmables empíricamente. La justificación que ofrecían del criterio combina las dos perspectivas aludidas del positivismo lógico sobre la ciencia.

Esta actitud que Quien comparte, explica algo bien enigmático en su proyecto de naturalización de la epistemología. No es verosímil su idea de un sujeto humano que recibe ciertas entradas sensoriales y que luego produce una descripción del mundo. La ciencia no es la creación de ningún sujeto individual. Es una actividad y un producto sociales. La sociología de la ciencia debería tener un lugar prominente en la epistemología naturalizada. Quine mismo ha reconocido factores sociales en la adquisición del conocimiento: lo que él llama la presión hacia la objetividad, y el principio de caridad, del que Quine defiende la versión democrática, ya que considera que todos los humanos son estimulados de la misma manera por cambios físicos de su entorno y no hay motivos para suponer de antemano que lo más elemental de la lógica es flagrantemente ignorado.

Propuestas que se acogen al programa de naturalización

La percepción, el reconocimiento de formas, el aprendizaje y la formación de conceptos, el razonamiento deductivo, el razonamiento inductivo, la formación de hipótesis, la psicología del testimonio, la toma de decisiones, la memoria, la resolución de problemas son temas de la psicología cognitiva que diversos epistemólogos han empleado, con éxito variable, en la obra de naturalizar la epistemología.

De acuerdo con Kuhn, existen dificultades de comunicación entre científicos de tradiciones diferentes, y una de las causas está en el modo como el aparato cognitivo humano aprende y forma conceptos. Lo que ha aprendido el sujeto no es una regla que pueda explicitar verbalmente. Dos sujetos pueden emplear un vocabulario semejante y emplear las mismas palabras para conceptos distintos.

Podría haber tradiciones científicas separadas por una barrera de incomunicación de este estilo. El mismo Kuhn asegura que no hay tales imposibilidades psicológicas, y que los científicos en ocasiones y los historiadores de la ciencia casi siempre, se ocupan de la traducción de lenguajes de tradiciones científicas ajenas.

Hanson también ha sacado partido de algunos hechos sobre la psicología de la percepción para cuestionar la viabilidad de hacer experimentos cruciales. Hanson indicó que puede haber divergencias en la percepción de las mismas muestras. La observación depende de la teoría. Diferentes tradiciones comportan diferentes visiones del mundo.

En la psicología cognitiva se distinguen dos direcciones en el procesamiento de información que media entre los estímulos sensoriales y la formación de conceptos y de juicios. Existe una dirección ascendente que procede desde la estimulación sensorial hasta los juicios y conceptos, y otra dirección descendente desde los conceptos previamente formados, que, ante estimulaciones sensoriales dadas, afectan a la formación de los perceptos.

La escuela Gestalt ha trabajado con efectos universales para la especie humana. Los factores innatos del procesamiento descendente ponen limitaciones al modo como pueden afectar a ese procesamiento las creencias adquiridas. El procesamiento descendente no tiene un carácter holista, no todo lo que conocemos puede afectar a nuestra percepción.

En la sociología de la ciencia se intenta explicar el fraude que ocasionalmente se produce en los resultados empíricos, y esa explicación  invoca factores sociales, como la competitividad y la presión que sufren los científicos.

Los hechos que descubre la psicología sólo parecen tener un alcance para la toma individual de decisiones, o para la racionalidad de las creencias de individuos particulares. Pero la ciencia es una empresa comunitaria que cuenta con medios de representación de la información no limitados a las memorias individuales.

Relación entre discursos normativos y descriptivos

Aunque practicada por seres humanos individuales, es evidente que la ciencia es una empresa social, y en la sociología y la antropología se han originado proyectos de naturalización. La sociología se ocupa de la ciencia desde dos perspectivas que han sido denominadas «programa débil» y «programa fuerte».

El programa fuerte es el más antiguo, y tiene en Merton a su más destacado practicante. Se interesaba por cuestiones tales como el reclutamiento social de las vocaciones científicas, los factores sociales que intervienen en la elección de campos de investigación y en su promoción, el impulso y la oposición que pueden ofrecer a la ciencia los grupos sociales, el papel que desempeñan otras formaciones ideológicas, la estructura de las comunidades científicas, etc. Dejaba fuera de la jurisdicción de la sociología de la ciencia el valor epistemológico de las producciones y de los métodos científicos, y tampoco se ocupaba de por qué unas teorías son preferidas a otras en el seno de las comunidades científicas. Es por esta limitación de objetivos por lo que su programa es denominado «débil».

Por el contrario, el programa fiíerte pretende explicar, además, por qué son aceptadas unas u otras teorías en las comunidades científicas, por qué son empleados unos u otros métodos e incluso qué papel ideológico tiene hablar sobre métodos en la literatura científica.

En la época de Merton, los filósofos se ocupaban del contexto de justificación y la sociología se mantenía en el contexto de descubrimiento. La distinción fiíe recusada por filósofos historiadores como Hanson y Kuhn, porque según ellos, en el contexto de justificación intervienen elementos que se habían considerado propios del contexto de descubrimiento. Los sociólogos del programa fiíerte comparten plenamente esta opinión.

Los filósofos de la ciencia tradicionales han sugerido que el destino de las teorías depende de buenas o de malas razones, de acuerdo con un patrón epistemológico. Si las razones son buenas, entonces la epistemología debe dar cuenta de estos sucesos históricos, y si son malas, entonces compete a la psicología, la sociología o la historia explicar por qué se produjo ese desvío de lo que se debería haber hecho.

La ciencia es una empresa racional y, por lo tanto, su desarrollo se atendrá a las normas epistemológicas. Popper ha coloreado este punto de vista con su famosa doctrina de los tres mundos. La ciencia es una empresa del tercer mundo, el de las relaciones lógicas y racionales entre ideas y entre teorías. Pero también la ciencia es un hecho institucional, perteneciente al segundo mundo, o de los hechos sociales y psicológicos.

Cuando Popper y los positivistas lógicos se dedican a la filosofía de la ciencia, creen que su empresa tiene sentido porque, en conjunto, la ciencia del segundo mundo se atiene a la ciencia del tercer mundo, o que su filosofía de la ciencia es vindicada por la historia.

Hanson, Kuhn, y otros después, creen haber mostrado que eso no ocurre, que el desarrollo de la ciencia no puede ser explicado como si respetara o desenvolviera alguna epistemología o algún conjunto de reglas metodológicas. Feyerabend emitió su famoso juicio de «Todo vale» refiriéndose a qué reglas metodológicas instancia la historia de la ciencia.

Algunos autores que comparten puntos de vista con el programa fuerte, como Latour, no se pronuncian sobre el valor de las reglas metodológicas ni sobre el de los productos de la ciencia. Pero sin duda piensan que no es muy explicativo de la actividad de los científicos tratar de descubrir cuáles son las reglas metodológicas, ya sean las que proclaman o las que efeaivamente siguen, si es que hay diferencias. Más bien, el discurso sobre reglas debería ser explicado.

Así, pues, por un lado tenemos la clásica opinión de que, cuando en la ciencia las cosas van bien, es necesario (y quizá bastante) el análisis lógico, y cuando no es así hay que echar mano de la historia o de la psicología para explicar lo sucedido.

El programa fuerte se propone explicar las creencias con imparcialidad respecto a su valor de verdad y respecto a la justificación que poseen. Esto deja un amplio campo al género de explicaciones que apelan a las buenas razones y a la estructura de las buenas argumentaciones.

El programa fiíerte se propone también ofrecer el mismo tipo de causas para las creencias (tenidas por) verdaderas o fiJsas. Sin embargo, es muy posible que las creencias justificadas no tengan las mismas explicaciones (o incluso causas) que las injustificadas.

Es posible que podamos evaluar la fíabilidad y otras cualidades epistémicas de los procesos cognitivos, como intenta Goldman. Pero aunque no se pudiera, la trama de la justificación posee un orden lógico que vale la pena conocer, y cuyo rendimiento a la hora de explicar la conducta de la comunidad científica es bien notable.

Basado en Naturalización y relativismo epistemológicos de Julio C. Armero. Publicado en ÉNDOXA: Series Filosóficas, nº 11, 1.999

El enfrentamiento entre las opiniones de Kuhn y Lakatos  , quizás también Popper, ha dado lugar a un debate sobre dos posturas opuestas asociadas a los términos racionalismo y relativismo, respectivamente.

Racionalismo

El racionalista radical asegura que hay un solo criterio universal e intemporal, por el cual deben ser juzgados los méritos relativos de las teorías rivales.

El racionalista radical considera que las decisiones y elecciones de los científicos están guiadas por el criterio universal. Rechazará las teorías que no le satisfagan y, cuando tenga que elegir entre dos teorías rivales, elegirá la que le satisfaga mejor. El racionalista típico creerá que las teorías que cumplen las exigencias del criterio universal son verdaderas, o aproximadamente verdaderas o probablemente verdaderas.

La distinción entre ciencia y no ciencia está clara para el racionalista. Sólo son científicas las teorías que pueden ser claramente valoradas en términos del criterio universal y que sobreviven a la prueba.

Relativismo

El relativista niega que haya un criterio de racionalidad universal y ahistórico por el cual una teoría pueda ser juzgada mejor que otra. Lo que se considera mejor o peor con respecto a las teorías científicas varía de un individuo a otro o de una comunidad a otra.

Las descripciones del progreso y las especificaciones de los criterios para juzgar los méritos de las teorías serán siempre relativas al individuo o a la comunidad que las suscriba.

En una situación de elección concreta no hay un criterio universal que dicte la decisión lógicamente obligatoria para el científico racional. La comprensión de la elección hecha por un determinado científico requerirá la comprensión de lo que valora ese científico y conllevará una investigación psicológica, mientras que las elecciones hechas por una comunidad dependerán de lo que ésta valore, y la comprensión de estas elecciones conllevará una investigación sociológica.

La distinción entre ciencia y no ciencia variará, para el relativista radical resulta mucho más arbitraria y menos importante que para el racionalista. Un relativista negará que haya una categoría única, la ciencia intrínsecamente superior a otras formas de conocimiento.

Si la ciencia está muy considerada en nuestra sociedad, es algo que debe comprenderse analizando nuestra sociedad, y no simplemente analizando la naturaleza de la ciencia.

Consideremos ahora dónde encajan Lakatos y Kuhn en este cuadro.

Lakatos el racionalista

Lakatos pretendía defender una postura en cierto modo similar a la que Chalmers  etiqueta como racionalista, y contemplaba con horror la postura del relativismo.

Lakatos afirmaba que el problema central de la filosofía de la ciencia es el problema de enunciar las condiciones universales en las que una teoría es científica, estrechamente unido al problema de la racionalidad en la ciencia.

Si no hay forma de juzgar una teoría a no ser evaluando el número, la fe y la energía vocal de sus defensores, entonces la verdad reside en la fuerza, el cambio científico se convierte en asunto de psicología de masas y el progreso científico consiste esencialmente en subirse al carro.

El criterio universal de Lakatos para valorar las teorías se desprende de su principio de que la metodología de los programas de investigación científica es más adecuada para aproximarse a la verdad en nuestro universo que cualquier otra metodología. La ciencia progresa a través de la competencia entre programas de investigación.

Lakatos pretendía proponer un criterio universal para juzgar los programas de investigación en particular y el progreso científico en general.

Consideraba este criterio como una conjetura comprobable, confrontándola con la historia de la ciencia. A grandes rasgos, una metodología propuesta ha de ser juzgada por la medida en que es capaz de explicar la ciencia buena y su historia.

La teoría de Lakatos se vería respaldada si se pudiera demostrar que ciertos episodios de la historia de la ciencia que son inexplicables en términos de metodologías rivales, son explicables en términos de la metodología de los programas de investigación.

Una segunda forma en que posiblemente podría ser respaldada la metodología de Lakatos es que la metodología podría servir para indentificar un programa que recibiese un fuerte apoyo de la comunidad científica pero no se ajustase a la metodología de los programas de investigación, y esta identificación podría llevar posteriormente al nuevo descubrimiento de  alguna causa externa.

Los estudios de casos históricos realizados por Lakatos y sus seguidores respaldan ciertamente en alguna medida esta última afirmación.

Sin embargo, la metodología de Lakatos no es capaz de dar consejo a los científicos. El hecho de que los científicos adopten los programas progresistas y abandonen los degeneradores, no es una consecuencia de la metodología de Lakatos.

Kuhn el relativista

Kuhn menciona una serie de criterios que pueden ser utilizados para juzgar si una teoría es mejor que otra rival. La exactitud de la predicción y especialmente de la predicción cuantitativa, el equilibrio entre temas esotéricos y temas cotidianos y el número de problemas resueltos.

Criterios como éstos constituyen los valores de la comunidad científica. El medio por el que estos valores son especificados debe en ultima instancia, ser psicológico o sociológico. No hay ninguna norma superior a la aprobación de la comunidad correspondiente. Los criterios de la comunidad correspondiente variarán normalmente con el  marco cultural e histórico de la comunidad.

Kuhn niega ser un relativista y escribe que las teorías científicas posteriores son mejores que las anteriores y por ello cree firmemente en el progreso humano. Kuhn es un racionalista que especifica un criterio universal por el cual se pueden juzgar los méritos relativos de las teorías. Kuhn observa que las consideraciones basadas en la capacidad de resolver problemas no son vinculantes ni individual ni colectivamente por lo que respecta a  los méritos relativos de los paradigmas contrapuestos y que las consideraciones estéticas pueden a veces ser decisivas. Esto nos lleva a una postura relativista.

La propia explicación que ofrece Kuhn de la ciencia implica que lo que se considere como problema dependerá del paradigma o de la comunidad.

Para Kuhn el hecho de que un campo pueda ser o no calificado como ciencia depende de que se ajuste o no a la concepción de ciencia ofrecida en The structure of the scientific revolutions. El rasgo más importante es la medida en que este campo es capaz de respaldar una tradición científica normal.

El criterio de demarcación de Kuhn ha sido criticado

  • por Popper, sobre la base de que hace excesivo hincapié en el papel de la crítica en la ciencia
  • por Lakatos, porque entre otras cosas, pierde de vista la importancia de la competencia entre programas de investigación o paradigmas
  • por Feyerabend, sobre la base de que la distinción de Kuhn lleva a la conclusión de que el crimen organizado y la filosofía de Oxford pueden ser calificados como ciencias

Kuhn no mantiene que la ciencia sea superior a otros campos de estudio, pero lo supone. De hecho, sugiere que si una teoría de la racionalidad chocara con la ciencia, entonces tendríamos que cambiar nuestra teoría de la racionalidad.

Hacia un cambio en los términos del debate

Lakatos pretendía dar una explicación racionalista de la ciencia pero fracasó. Kuhn negaba que pretendiera dar una explicación relativista de la ciencia, pero sin embargo la dió.

Hemos considerado varios análisis del tipo de criterios que permiten a los individuos o grupos juzgar si una teoría es mejor que otra o si un determinado conjunto de conocimientos es o no científico.

Podría haber una forma de analizar la ciencia, sus objetivos y su modo de progreso que se centrara en los rasgos de la propia ciencia, al margen de lo que los individuos o grupos pudieran pensar. Lo veremos en la próxima entrada.