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Verdad y correspondencia: la teoría semántica de la verdad

La teoría semántica debe reflejar que el lenguaje es un medio privilegiado para la representación de la realidad y ha de incorporar conceptos relacionales que conecten los niveles lingüísticos y ontológicos. Los conceptos son:

  • Referencia
  • Verdad, en ciertas teorías como la fregeana es una variante de la referencia

Y las relaciones son:

  • Designación
  • Correspondencia

El lenguaje se relaciona con la realidad a través de su función referencial y representadora. En esta función hay que colocar el ámbito explicativo de la semántica.

La teoría semántica de la verdad pretende recoger y precisar intuiciones que subyacen a las acepciones más generales del predicado o a sus usos mas comunes. La verdad es una relación entre el lenguaje y la realidad, que consiste, según nuestra intuición, en una relación de correspondencia, lo que se afirma es verdadero o falso según se corresponda o no a lo que realmente existe.

La teoría de la verdad de mayor aceptación es la del lógico polaco Tarski, transmitida en su ensayo La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, que presenta dos características primordiales:

  • Teoría definicional. Pretende precisar rigurosamente el significado de la expresión predicativa “es verdad”, al menos en la medida en que aplica a los lenguajes formalizados. Se diferencia así de las teorías de la verdad criteriales que pretenden especificar reglas para averiguar si algo es verdadero o no, por ejemplo la de los positivistas lógicos que hacían depender la asignación de valor veritativo del método (reglas) a seguir en la confrontación del enunciado con la realidad.
  • Teoría semántica. Pone en relación dos niveles: o Sintáctico, propiamente gramatical, se determinan los objetos a que es aplicable el predicado “es verdad”. o Ontológico, en el que reciben interpretación esos objetos.

Condiciones de una teoría de la verdad

Tienen que cumplir dos condiciones

  • Adecuación material. Marco de relaciones del lenguaje para el cual se está definiendo el predicado “es verdad” y el lenguaje al que pertenece ese propio predicado. Impone una restricción sobre la conexión entre el lenguaje objeto y el metalenguaje: han de seguirse enunciados de la siguiente forma: T.O verdadera si y sólo si p. Es decir, toda equivalencia de la forma T, obtenida reemplazando p por una oración particular, y O por un nombre de esa oración, puede considerarse una definición parcial de la verdad, que explica en qué consiste la verdad de esa oración individual. El requisito asegura la sensatez.
  • Corrección formal, en tres aspectos:
    • Diferenciación neta de niveles lingüísticos. Hace referencia a la distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje. El predicado semántico “es verdad” es metalingüístico y pertenece a un nivel diferente del de las oraciones a que se aplica. Si no se realiza esta diferencia obtenemos un sistema semánticamente cerrado con paradojas semánticas como la del mentiroso.
    • Categorías lingüísticas empleadas en cada uno de los niveles. El metalenguaje debe contener los medios expresivos suficientes para referirse al lenguaje objeto, ha de ser al menos tan rico expresivamente como el lenguaje-objeto y ha de poder formar nombres de las entidades pertenecientes a él. El lenguaje objeto está incluido en el metalenguaje en el caso de una lengua que funciona como metalenguaje de sí misma.
    • Especificabilidad de cada uno de los niveles. El lenguaje objeto para el que se efectúa la definición del predicado veritativo debe ser un lenguaje completamente especificado mediante la aplicación de reglas explícitas. Tarski no creía que existieran gramáticas de lenguas naturales lo suficientemente rigurosas como para cumplir este aspecto.

Contenidos de la teoría de la verdad de Tarski

Su objetivo era no utilizar términos semánticos no definidos. Todas las nociones semánticas deben ser definidas en términos semánticos más elementales y en última instancia empleando nociones puramente sintácticas. Es dudoso si lo consiguió o no aunque este requisito tiene mas que ver con preferencias filosóficas que con necesidades prácticas.

La definición de predicado veritativo consta de 4 pasos:

  • Especificación de la estructura sintáctica del lenguaje objeto. En un lenguaje lógico serían las reglas que determinan si una sucesión de símbolos es una expresión bien formada, en una lengua natural sería la gramática. El conjunto de expresiones bien formadas es infinito lo que obliga a que las reglas de formación sean recursivas.
  • Determinación de la estructura del metalenguaje. Debe contener al lenguaje objeto como parte. En el caso de dos lenguajes lógicos el metalenguaje ha de ser de un orden superior. Cuando se trata de lenguas naturales es necesario disponer de traducciones adecuadas del lenguaje objeto al metalenguaje. Además el metalenguaje ha de disponer de expresiones metalingüísticamente apropiadas para expresar la teoría de la verdad: variables metalingüísticas, expresiones lógicas adecuadas…
  • Definición del predicado “satisface en L”. Corresponde a la necesidad de Tarski de no emplear términos semánticos no definidos. En los lenguajes formales existen expresiones abiertas que no son ni verdaderas ni falsas. En las lenguas naturales, las expresiones que introducen indeterminación referencial que pueden variar de un contexto a otro son los pronombres. Las oraciones abiertas son satisfechas o no por un conjunto ordenado de elementos. La definición de satisfacción ha de ser recursiva.
  • Carácter absoluto dado por el hecho de que la teoría de la verdad del lenguaje forma está referida directamente al mundo real, modelo que se ha de utilizar para la interpretación del lenguaje formal o natural. Una oración es verdadera si es satisfecha por todos los objetos y falsa en caso contrario. La verdad es producto de la realidad en que se encuentran los términos en la oración y los objetos en el mundo.

Significado y condiciones de verdad: El programa de Davidson

A finales de los años sesenta, Davidson se dedicó a averiguar que condiciones debe satisfacer una teoría para que pueda considerarse una teoría del significado lingüístico. Y llegó a una serie de conclusiones.

  • Una de ellas es que debía poder derivar enunciados de la forma (S) O significa p donde O es una descripción de cualquier oración perteneciente a la lengua natural y p el significado de tal oración. La primera dificultad es establecer la potencia o capacidad de una teoría así, el número de oraciones (S) que es capaz de producir. Evidentemente es infinito, por lo que quedan excluidas las teorías semánticas que constituyen enumeraciones de oraciones emparejadas con sus significados. El requisito de completud exige teorías recursivas con un conjunto finito de reglas para la derivación del conjunto infinito de teoremas o enunciados (S). La recursividad es una contraparte de la creatividad o productividad de los hablantes, la capacidad para producir y entender cualquier oración significativa de su lengua. La posesión o asimilación de esos mecanismos recursivos es la que garantiza el aprendizaje de las lenguas.
  • Otra es que los significados de las oraciones dependen de los significados de las palabras, es decir, se refiere al principio de composicionalidad formulado por Frege, donde la descripción del significado de una oración ha de mostrar cómo contribuyen los significados de sus elementos al significado global de la misma, es decir, la teoría semántica ha de dar cuenta de la estructura combinatoria, tal descripción estructural exhibe la forma en que se combinan los significados en el seno de la oración.
  • El núcleo central del problema de la especificación del predicado “significa que p” en los enunciados (S) es la vaguedad de “significa que p” y la indeterminación de lo que p designa. El núcleo de la solución consiste en sustituir estas expresiones por otras equivalentes, que ejerzan la misma función y satisfagan idénticas condiciones. Dar el significado del predicado “significa que” es especificar otro predicado extensionalmente equivalente, sometido a las mismas restricciones.

El candidato mas evidente es el de verdad, las restricciones formales que Davidson exigió a la teoría del significado se corresponden prácticamente con las que Tarski enunció para la teoría de la verdad. El significado de una oración está determinado cuando se expresan sus condiciones de verdad. La peculiar metodología de Davidson al proponer una teoría del significado pretende ajustarse a intuiciones semánticas comunes, al menos en las oraciones declarativas donde conocer lo que significa una oración conlleva decir cuándo es verdadera.

Conocer las condiciones de verdad de una oración no es lo mismo que conocer su método de verificación, y esa es la distancia que separa la concepción semántica del significado de la teoría verificacionista del positivismo. Conocer las condiciones de verdad de un enunciado significa poder describir el hecho que hace verdadero a dicho enunciado, impensable sin la comprensión del enunciado.

Lo que propuso en definitiva fue tratar un problema intencional, el de la asignación de significado, en términos extensionales, en términos de la noción de verdad. Definir conceptos semánticos típicos de tal modo que su aplicación estuviera determinada por un conjunto de reglas claras y explícitas, conjunto recursivo de reglas que constituyen la teoría de la verdad para una lengua.

La propuesta de Davidson de considerar semánticamente explicativa la teoría de la verdad chocaba con dos objeciones de principio, aunque ninguna de ellas le pareció importante:

  • El carácter semánticamente cerrado de las lenguas naturales. En las lenguas naturales se pueden formar paradojas semánticas basadas en la indistinción de modelos semánticos, aunque según Davidson es un hecho marginal de escasa repercusión práctica ya que los problemas semánticos interesantes son bastante menos sofisticados.
  • La existencia generalizada de la ambigüedad. Aproximando cada vez más el lenguaje formal a las estructuras de la lengua natural, se irá consiguiendo simultáneamente la expresión de descripciones estructurales de las oraciones de la lengua natural y la formulación de sus condiciones de verdad.

La estrategia es enriquecer el lenguaje formalizado hasta hacerlo lo suficientemente expresivo como para representar la riqueza estructural propia de las lenguas naturales. Pero existen problemas de índole interna en la aplicación de su teoría semántica. Por ejemplo las dificultades de precisar una “descripción estructural” de una oración; una descripción sintáctica o gramatical no aportaría luz sobre la forma en que el significado de los componentes de la oración contribuyen a las condiciones de verdad. Sólo la estructura lógica muestra cómo contribuyen las partes de una oración a la fijación de sus condiciones de verdad:

  • En una oración simple mediante la conexión de sujeto y predicado
  • En una oración compleja mediante la semántica veritativa de las conectivas lógicas

De manera que por descripción estructural debe entenderse descripción de la forma lógica. El programa de investigación de Davidson consta de una parte analítica que consiste en la asignación de formas lógicas a las construcciones de la lengua natural. Parte de las lenguas naturales son susceptibles de una formalización más o menos directa. Pero la inmensa mayoría no pertenecen a esta clase, no existe una teoría lógica en la cual sean formalizables de una manera directa.

Demostrativos

El análisis de los demostrativos, elementos deícticos en general, desempeña un papel central en la teoría de la verdad.

Los demostrativos ponen de relieve que una teoría de la verdad para una lengua natural debe dar cuenta del hecho de que muchas oraciones varían de valor de verdad dependiendo del momento en que se pronuncian, del hablante y quizás incluso de la audiencia.

Los elementos deícticos son los elementos de la oración que hacen referencia directa al contexto o situación. No es posible determinar su referencia si no se tiene conocimiento de quién es el hablante, el oyente y la situación.

Resulta que es improbable que se pueda asignar condiciones de verdad fijas a oraciones de una lengua, incluso las que tienen como función describir hechos. La práctica totalidad de las oraciones de una lengua están sujetas a variabilidad de sus condiciones de verdad, originada por la presencia de elementos deícticos. Sin la precisión de la noción de contexto la verdad resulta indeterminada.

Subordinación completiva proposicional

La subordinación completiva en las lenguas naturales es muy frecuente. En este tipo de construcciones ya había advertido Frege las dificultades en la aplicación del principio de composicionalidad: el valor de verdad no constituía una función de la referencia de sus elementos componentes.

El enfoque de Davidson es ligeramente diferente, pero el problema de fondo es el mismo: la asignación de una forma lógica que prediga correctamente las condiciones de verdad de este tipo de oraciones.

Davidson propone considerar al pronombre relativo que como si fuera un demostrativo. El que apunta a modo de deíctico a una referencia, pero no tiene por qué ser una idea. Este análisis, que evita muchos de los inconvenientes de los propuestos por otros filósofos del lenguaje no carece a su vez de problemas, el principal de los cuales es precisamente el de la dificultad de determinar la equivalencia veritativa de dos proferencias sin acudir a la identidad de su significado.

Oraciones de acción

Las oraciones de acción incluyen un predicado que describe una acción realizada por un sujeto. El análisis lógico tradicional de estas oraciones les asignaba una forma relacional en la que el predicado de acción liga los diversos elementos entre los que se da la acción.

No resulta satisfactorio este análisis tradicional porque no da cuenta de ciertas inferencias intuitivamente correctas en la lengua natural. Para remediar esta deficiencia de las propuestas tradicionales, Davidson mantuvo que hay que entender estas oraciones como afirmaciones cuantificadas sobre eventos o acontecimientos. Esta estructura lógica admite variables sobre eventos, y puede reflejar la modificación adverbial de los complementos como predicados de tal evento.

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Introducción

La obra de Putnam y Kripke comparten un conjunto de concepciones semánticas de partida. Su núcleo lo constituye un conjunto de tesis sobre la referencia de tipos de expresiones lingüísticas y se extraen aplicaciones a problemas de otras disciplinas filosóficas. La teoría de la referencia de los nombres propios de Kripke está ligada a la defensa del esencialismo y el rechazo del materialismo. En Putnam, tanto la filosofía de la psicología como la epistemología configuran lo que se conoce como realismo interno. La obra de Kripke está basada en una teoría de la referencia que tiene su origen en el análisis de los nombres propios. Las tesis semánticas de Putnam surgen de su análisis de los nombres comunes, de los términos generales y en particular aquellos que designan lo que se conoce como clases naturales. La dimensión puramente semántica de su obra analiza cómo se produce la referencia de los nombres comunes, cuáles son sus condiciones de posibilidad y las consecuencias que se pueden extraer de ello.

La crítica del análisis tradicional

En 1970, Putnam demuestra en “Is semantic possible?” que:

  • Las teorías tradicionales del significado son incapaces de dar cuenta de las propiedades semánticas de este tipo de términos.
  • Los lógicos formalizan las teorías tradicionales del significado incorporando errores conceptuales en los que se encuentran inmersas
  • Los lingüistas semánticos originan nueva terminología pero sin corregir errores.

Según Putnam el significado viene dado mediante una conjunción de propiedades tales que han de constituir un análisis del concepto ligado al término; no pueden consistir en propiedades que describen el concepto en su conjunto. La posesión de tales predicados es lo que determina que una entidad individual caiga bajo un determinado concepto. En términos más modernos, la estructura del concepto entendida como conjunción de predicados, determina su extensión, en el sentido de Carnap, es decir, conjunto de individuos a los cuales se aplica.

  • Desde el punto de vista epistemológico las propiedades que constituyen un concepto son los criterios para su aplicación correcta.
  • Para el positivista verificacionista, las propiedades que se apliquen a un objeto pertenece o no a una determinada extensión conceptual.
  • Para los semánticos seguidores de Wittgenstein basta con que se le aplique una parte importante de ellas, que están estructuradas jerárquicamente en forma de racimos.

Estas eran versiones mas o menos refinadas de la teoría tradicional cuyos rasgos principales según Schwartz (1977) son:

  • Cada término significativo tiene un significado, concepto, intensión o racimo de características asociadas a él. Ése es el significado conocido o presente en la mente cuando se comprende el término.
  • El significado determina la extensión, en el sentido de que algo se encuentra en la extensión del término si y sólo si tiene las características incluidas en el significado, concepto, intensión o, en el caso de la teoría del racimo, suficientes rasgos. En muchas versiones contemporáneas, el significado o concepto del término puede incluir sólo criterios observables para la aplicación del término.
  • Las verdades analíticas se basan en el significado de los términos. Si P es una propiedad en el concepto de T, entonces el enunciado “Todos los T son P” es verdadero por definición. Locke expuso esta teoría tradicional en términos menos formales en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Los conceptos generales constituían ideas abstractas que eran a su vez una combinación de ideas simples provocadas por la experiencia. Conformaban la esencia del concepto, una esencia nominal que no había que confundir con la esencia real que es la naturaleza de la cosa, incognoscible.

La teoría de Frege corrigió el sesgo psicologista de la de Locke, postulando un carácter objetivo o intersubjetivo a los conceptos. No modificó la concepción semántica básica: los conceptos son entidades abstractas estructuradas por conjuntos de propiedades organizadas.

Putnam puso como primera objección los miembros anormales. Existen propiedades modificables o accesorias en la definición de un concepto, es más, el mismo hecho de la existencia de propiedades comunes apunta a una naturaleza esencial de la cual se derivarían pero no es un asunto lingüístico. Incluso si se admite una diferenciación entre propiedades definitorias esenciales y accidentales, la definición no constituiría un enunciado analítico, las propiedades esenciales se descubren en la investigación científica. Según Putnam, la teoría tradicional semántica de los términos de clase natural es idéntica a los definidos por una propiedad o criterio.

Las propiedades definitorias del significado de un término no suelen coincidir con las propiedades esenciales de la clase que designa, tampoco se puede admitir la tesis tradicional de que el significado (la intensión) determina la extensión. La extensión de un término es la que es, independientemente del esquema conceptual bajo el cual se categorice. No puede ser determinada por un conjunto de propiedades resultado de la aplicación de un marco conceptual a la realidad.

Katz (1972-1975) fue portavoz de la teoría semántica ortodoxa de la lingüística generativo-transformatoria. En la caracterización de Putnam, la teoría de Katz implica las siguientes tesis:

  1. Cada término tiene un significado definido por marcadores semánticos
  2. Los marcadores indican conceptos, procesos psicobiológicos
  3. Cada marcador está extraído de una colección de universales lingüísticos, existen conceptos de carácter universal, de donde se extraen los propios de una lengua natural y se definen conceptos complejos propios de una cultura. Cada concepto es una noción innata resultado de la aplicación a la experiencia de una preprogramación del cerebro humano
  4. El significado de entidades lingüísticas complejas se construye mediante la aplicación de reglas recursivas a partir del significado de expresiones simples en los marcadores semánticos.
  5. La representación semántica ha de permitir una definición de la clase de las oraciones analíticas, sinónimas y semánticamente anómalas.
  6. La analiticidad se puede definir en términos de inclusión de marcadores semánticos, “todos los solteros son no casados” es analítica porque el concepto CASADO forma parte de la definición soltero.

Putnam critica la teoría de Katz, su objección mas general es que la teoría es una tosca traducción en un lenguaje matemático de la teoría tradicional. El núcleo de la crítica es que la teoría de Katz reproduce los defectos y las consecuencias indeseables de la teoría tradicional sobre los términos generales. Supone que se pueden dar definiciones analíticas de los términos generales cuando en realidad no sucede así, en particular en los que designan clases naturales. El problema en la teoría semántica es abandonar la imagen del significado de una palabra como si fuera un lista de conceptos, no formalizar esa imagen errónea.

El significado de significado

El concepto pre-científico de significado es, según Putnam el problema de la teoría semántica tradicional y de la semántica en general y trata de elaborar una noción de significado que sea una base firme para la semántica. La filosofía tradicional intentó mejorar la noción ambigua de significado descomponiéndola en nociones más precisas y rigurosas. Frege y Carnap distinguieron entre:

  • INTENSIÓN: Componente Referencial, la realidad que designa el término.
  • EXTENSIÓN: Componente Conceptual, las propiedades que connotan el término

Entre los problemas que Putnam achaca a la extensión se encuentran:

  • La polisemia, representación fonológica idéntica con diferentes acepciones, nos impide afirmar sin más que un término tiene extensión. Es el sentido el que media la relación entre una representación fonológica y una entidad extensional.
  • Las entidades extensionales están en correspondencia con funciones características definidas. Las palabras de una lengua no son tan rigurosas.

En consecuencia la noción de extensión es demasiado precisa para reflejar el funcionamiento referencial de los términos generales. Se puede remediar modificando la definición de conjunto, como en el caso de la teoría de conjuntos borrosos y su correspondiente lógica asociada que refleja, mucho mejor que la teoría ortodoxa, la naturaleza formal de los conceptos naturales.

Por lo que respecta a la intensión, es una noción tan vaga e imprecisa como la de significado. Recurrir a la intensión o concepto para explicar el significado es una explicación que no aclara nada porque los términos en que plantean tal aclaración son aún más indeterminados.

Los conceptos o son entidades psicológicas o son objetivas, pero captadas mediante actos psicológicos. La comprensión del significado de un término requiere que el hablante se encuentre en un determinado estado psicológico. Esta consecuencia es incompatible con el hecho de que la intensión determina unívocamente la extensión.

En el solipsismo metodológico los estados psicológicos son entidades unívocas (adscribibles a una única mente) y autónomas (no implica la existencia de más de un individuo), por lo tanto son predicados monarios y no relaciones entre varias entidades individuales. El estado psicológico determina la intensión del término y a fortiori, su extensión. El solipsismo metodológico no impide que algunas personas puedan estar en el mismo tipo de estado psicológico. Lo que descarta es que dos personas capten una intensión de modo diferente y estén en el mismo estado psicológico o que dos hablantes se encuentren en el mismo estado psicológico y se refieran a extensiones diferentes. Y precisamente según Putnam, esto es posible ya que la extensión no se encuentra determinada por el estado psicológico.

La extensión de un término no está determinada por las creencias sino que es la que es de forma independiente. Fijar la extensión de un término no es algo de la competencia del hablante común, sino una tarea asignada a individuos concretos, los especialistas. El uso adecuado del término no requiere la determinación de lo que es o no es por parte de quien lo usa. Tales capacidades y conocimientos pueden ser poseídos por una comunidad lingüística considerada como un organismo colectivo. Putnam avanza la tesis de su universalidad: Toda comunidad lingüística posee algunos términos cuyos “criterios” asociados sólo son conocidos por un subconjunto, y cuyo uso por el resto depende de una cooperación estructurada entre ellos.

Significado y estereotipo

La extensión de un término se fija socialmente y es asunto de especialistas, de manera que caben dos opciones

  • Abandonar la tesis de que el significado determina la extensión.
    • Para los términos deícticos, como los pronombres personales, la referencia está completamente determinada por el contexto, la extensión no tiene nada que ver con el significado.
    • En el caso de los términos generales, en los que se desearía decir y se dice, puede que dos personas no entiendan lo mismo o que empleen las mismas palabras con distinto significado.
  • Negar que el significado tenga que ver con los conceptos que los hablantes poseen. Putnam identifica significado con un par ordenado, posiblemente una n-tupla de entidades, una de las cuales es la extensión. Abandona la correspondencia biunívoca entre significado y estados psicológicos, ya que a un mismo estado psicológico pueden corresponder significados distintos.

Los problemas de la definición del significado son de dos clases:

  • Determinación de la extensión mediante la división del trabajo lingüístico.
  • Descripción de la competencia individual, lo que el hablante sabe acerca del término general para utilizarlo correctamente.

Putnam señala la diferencia respecto a los nombres propios, ya que para utilizar un nombre propio no es preciso saber nada acerca de su referente. Es la comunidad lingüística la que exige un mínimo de conocimiento para admitir como correcto el uso de un término general. Todas las comunidades tienen pautas para valorar y varían con respecto a un mismo término, de una cultura a otra.

Según Putnam, la aceptación de que alguien usa correctamente un término general requiere:

  • Que su uso sea socialmente aceptado como correcto
  • Que su forma total de ubicación en el mundo y en su comunidad lingüística sea tal que la extensión socialmente determinada del término tigre sea el conjunto de los tigres.

Esto nos ilustra la posición ontológica de Putnam, aunque una sociedad empleara homogéneamente la palabra tigre para referirse a tigres, leones y leopardos, no conocería el significado y no la usaría correctamente. Porque la extensión de tigre es la que es, el conjunto de los tigres, independientemente de las creencias colectivas. Que se crea que los leones son tigres aunque sea una creencia universalmente compartida, no hace tigre a leones. Adquirir el uso de una palabra no es una cuestión de sí o no.

Se puede conocer parcialmente su significado, ciertas ideas verdaderas y otras erróneas, esto pasa en las conversaciones cotidianas y no por ello deja de producirse la comunicación. En la comunicación efectiva lo que funciona no son los conceptos, sino los estereotipos, ideas convencionales que tiene una comunidad lingüística sobre una determinada realidad. Esas ideas pueden ser equivocadas pero se encuentran ligadas a propiedades de ejemplares prototípicos. Estas propiedades estereotipadas atribuidas a una realidad no la definen. Si los tigres perdieran sus rayas no dejarían de ser tigres.

Desde el punto de vista de la comunicación los estereotipos funcionan, organizan procesos de intercambio de información, conllevan información que se transmite entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Cuando un niño pregunta lo que es un tigre se le responde con el estereotipo. Esto no quiere decir que el niño aprenda a utilizar la palabra tigre, pero accede a una representación colectiva de carácter imperativo de la comunidad para sancionar la competencia lingüística de cualquiera de sus miembros. Ese contenido obligatorio es variable de una cultura a otra, pero funciona como núcleo de información necesario para el uso correcto del término.

Nombres comunes, clases naturales y rigidez

Cuando se enseña el significado de un término general se suelen hacer dos cosas:

  • Acto ostensivo, indicar una realidad a la cual se aplica. Es un acto definitorio que requiere una considerable competencia comunicativa. Por señalamiento se emplea un designador rígido, el hablante designa una realidad que, sea cual sea la situación contrafáctica imaginable, permanece constante. Lo que designan los términos con la misma extensión está en la relación transmundana de identidad.
  • Descripción, mencionar las propiedades de la palabra en cuanto perteneciente a un sistema semántico o rasgos de los objetos a los cuales se aplica el término. Se suele proporcionar una descripción del estereotipo.

Estas propiedades funcionan como criterios para el reconocimiento de los objetos a que se aplica el término general. Las consecuencias filosóficas son paralelas a las de Kripke: las definiciones de la extensión de los términos naturales son enunciados necesarios a posteriori. Las consecuencias lingüísticas se resumen en la siguiente teoría:

  • Las palabras tienen intensiones
  • La intensión determina la extensión, no puede ser verdadera de términos de clase natural por la misma razón que no pueden serlo de deícticos.

Los dos tipos de consecuencias están íntimamente ligados entre sí y relacionados con una concepción realista del significado y de la verdad.

 Introducción

En el segundo período filosófico de Wittgenstein, su teoría filosófica del lenguaje contribuyó decisivamente al replanteamiento del concepto de lenguaje, ajeno en principio a las tradiciones propiamente lingüísticas, pero posteriormente influido en ellas.

Wittgenstein nunca estuvo interesado en una teoría propiamente lingüística cuya función fuera describir un presunto sistema de símbolos utilizados en la comunicación humana. Su orientación era estrictamente filosófica, daba una explicación de problemas referentes a nuestra relación con el mundo. Hay que subrayar la esencial continuidad del enfoque metodológico: cualquier instrumento de análisis o teoría sustantiva fue considerado en la medida en que podía aportar claridad al problema central de la fundamentación de nuestro conocimiento del mundo y de nuestras acciones.

La teoría figurativa del Tractatus constituyó una respuesta al problema de las condiciones necesarias de la representación lingüística de la realidad y una elucidación de la lógica interna del lenguaje natural. Uno de los mayores logros de Wittgenstein es haber enseñado a considerar el lenguaje humano bajo un nuevo prisma, como una realidad social y comunicativa, en vez de un puro sistema de representación del mundo y de nuestro conocimiento de él. La evolución de su pensamiento consiste en el abandono de dos ideas características del Tractatus:

  • La progresiva insatisfacción acerca del diagnóstico y tratamiento de los problemas filosóficos. La idea es la de que tienen su origen en la imperfección del lenguaje natural, siendo el remedio adecuado un análisis lógico en un lenguaje preciso, inequívoco y construido, la auténtica forma lógica del pensamiento.
  • La idea de que cualquier simbolismo, y en particular el lenguaje natural, debe su virtualidad semiótica a su capacidad representadora, reproductora de una realidad simbolizada. Abandonará la idea de que la lógica es una condición posibilitadora de la representación y la médula espinal de las relaciones entre la realidad, el pensamiento y el lenguaje.

El primer paso en esa evolución fue la revisión del concepto de representación propuesto en el Tractatus, que le conducirá a una concepción diferente sobre la función del lenguaje humano.

En el Tractatus el concepto de representación es concreto y unívoco. Si conocemos la forma lógica de una proposición, podemos determinar el hecho representado sin lugar a error. Wittgenstein expresó dudas acerca de la univocidad. No sólo que no asegure un único resultado sino que resulta dudoso que conserven una estructura común, una forma lógica. Si el lenguaje natural es una representación de la realidad, ese lenguaje no dispone de un único método de proyección, sino que las diferentes convenciones tácitas determinan una heterogeneidad, la forma lógica del lenguaje ya no muestra de forma unívoca la de la realidad.

Nombrar y Jugar

En el Tractatus Wittgenstein distinguía dos relaciones semánticas:

  • Nominación, propia de las expresiones nominales
  • Descripción figurativa, propia de las proposiciones

Fue abandonando la idea de que eran las dos únicas funciones semióticas de los signos lingüísticos:

  • Que una expresión nominal denomine realmente un objeto depende de factores externos a sus propiedades estrictamente lingüísticas.
  • Que un nombre denomine efectivamente un objeto depende de su aplicación como nombre, y ésta no está en una relación interna con el nombre.

Los nombres refieren a objetos independientemente de los propósitos de su utilización, este es el primer hecho básico en el proceso de aprendizaje del lenguaje cuestionado en las Investigaciones. Con ello criticó sus propias tesis del Tractatus y toda la tradición filosófica representada por Agustín de Hipona y que se remonta hasta Platón y de acuerdo con ella, los signos significan porque están en lugar de aquello que designan.

La nueva teoría en las Investigaciones es la propuesta de un nuevo modo de entender lo que es la significación de un signo y su comprensión. La estrategia seguida por Wittgenstein fue:

  • Imaginar circunstancias comunicativas para las que fuera verdadera la concepción nominativa del lenguaje
  • Demostrar que el uso nominativo del lenguaje está intrínsecamente unido a ellas
  • La conexión entre lenguaje y situaciones da sentido a la función lingüística nominativa y a cualquier función lingüística.

El propósito era demostrar que lo que el Tractatus y la tradición lingüística consideraban esencial en el lenguaje, no lo era en realidad. El juego nominativo no es esencial a la comunicación lingüística, está al mismo nivel que otras formas de utilizar el lenguaje para la comunicación. Tampoco es esencial para el aprendizaje lingüístico, ni siquiera primario. La alternativa no excluye los juegos elementales como la denominación, pero subraya el aspecto social de los juegos.

Lo esencial es que el niño aprende a nombrar como una forma de comportamiento en un entorno social que le proporciona aprobación o reprobación. Nombrar no es distinto de otros tipos de acciones no verbales que requieran el adiestramiento social. Cuando el niño aprende a nombrar un objeto no está aprendiendo lo que es la denominación. Aprender el significado del nombre no consiste en evocar las imágenes o cualquier otro fenómeno mental concomitante. Consiste en aprender una forma de conducta que puede estar asociada a procesos psicológicos.

Tanto en el racionalismo como en el empirismo clásicos, los fenómenos mentales tienen un papel esencial en la explicación de los fenómenos semióticos. Los juicios eran la expresión de pensamientos, representaciones mentales de la realidad. La comunicación era un proceso mental mediante el cual se hacían llegar las representaciones mentales de un hablante a un auditorio. Ese proceso elemental como columna vertebral de la comunicación es lo que las Investigaciones pusieron en cuestión, proporcionando tesis diferentes que provocaron un vuelco en las concepciones tradicionales del lenguaje.

La clave de la nueva concepción es la noción general de juego, y en particular de juego lingüístico. En las Investigaciones se realiza un minucioso análisis de las propiedades que comparten los juegos y las actividades lingüísticas; proyectó ésas en el comportamiento lingüístico, tratando de penetrar en su lógica interna. Juego de lenguaje presenta acepciones diferentes:

  • Modelos simplificados de comportamiento lingüístico, como ciertos sistemas de comunicación inventados por él.
  • Actividades lingüísticas reales.

La noción de juego no sólo tiene un aspecto metodológicamente descriptivo, sino también una dimensión heurística: como los modelos simplificados de otros ámbitos de la ciencia, nos permite captar con claridad los mecanismos esenciales de los fenómenos que estamos tratando de explicar. Los juegos y el lenguaje humano son internamente heterogéneos.

Otro de los puntos que rechazó del Tractatus y de la tradición fue, que desde Platón a Frege, la denominación es la función semántica paradigmática, la que establece la conexión esencial entre el lenguaje y la realidad. En las Investigaciones, la nominación es un juego del lenguaje más.

Decir que cualquier expresión nombre algo, tiene cierta capacidad explicativa pero no tiene mucho contenido. Captar el papel significativo de una expresión supone el conocimiento concreto de su función en un juego de lenguaje. Sus críticas están dirigidas contra la idea de que existen expresiones lógicamente simples y básicas en todo lenguaje, que establecen una relación directa e inefable con la realidad. En las Investigaciones, la falsa concepción del lenguaje básico es fruto de la forma peculiar de equivocarse los filósofos. La confusión filosófica consiste generalmente en extraer una expresión del juego de lenguaje en el que tienen su propio sentido, y extrapolarlas a otro ámbito distinto, con pretensiones de generalidad o esencialidad. Esta legítima búsqueda es el velo que impide ver la esencial complejidad y heterogeneidad del lenguaje, que es una consecuencia de la heterogeneidad y complejidad de las formas en que vivimos.

Vivir en el lenguaje

La noción de juego de lenguaje en las Investigaciones es correlativa con la de forma de vida, es imposible explicar una sin recurrir a la otra. Tienen una función metodológica, ilustran mecanismos y conexiones que se dan en las situaciones reales de comunicación; hacen ver en una forma muy esquematizada la complejidad de nuestros usos lingüísticos y la estrecha conexión que tienen éstos con nuestras acciones sociales.

Los juegos de lenguaje son una muestra de la inabarcabilidad de las formas en que utilizamos realmente el lenguaje. Luchar contra esa imagen de que existe un reino de objetos no lingüísticos y otro de expresiones lingüísticas, y que la significación consiste en la relación entre ambos ámbitos es uno de los principales propósitos de las Investigaciones; el significado no es una cosa sino un uso.

La noción de uso lingüístico ha recibido múltiples y matizadas interpretaciones, pero queda claro que no es ningún objeto. Una explicación de significado implica una descripción de actividades humanas, una especificación de su función en una determinada forma de vida. Desde el punto de vista gramatical existen varios tipos de oraciones que se distinguen por características estructurales; pero lo importante para Wittgenstein es dilucidar si los tipos de oraciones determinan tipos de significado, clases homogéneas de uso.

La respuesta es rotundamente negativa: las aparentes homogeneidades estructurales esconden una infinita variedad de usos, indeterminadas posibilidades de que tales oraciones entren a formar parte de juegos lingüísticos. Lo interesante es que los aspectos gramaticales o estructurales de la oración no determinan su significado. Existe la libertad de inventar y vivir nuevas formas de comunicación que den lugar a nuevos juegos de lenguaje, a nuevos significados. El lenguaje no determina la realidad, tampoco determina la vida.

El imperio de las reglas

El concepto clave para entender la concepción lingüística general es el de regla. El mismo concepto es objeto de una indeterminación propia de todos los términos generales e incluso de los nombres propios. La fuente de donde mana el sentido de nuestros términos es funcional, relativa al contexto de la forma de vida de la que participan, el significado de un término no puede constituir una realidad fija, sino que es esencialmente abierto. Así sucede con el término regla, del cual existen muchas clases o acepciones.

Es posible que las reglas lingüísticas no tengan mucho que ver con otros tipos de reglas. La concepción lingüística en el Tractatus estaba basada en una regla lógica parte constituyente de un sistema y que se aplica de forma determinista. Ésta noción de regla es la que rechaza en las Investigaciones. Para el segundo Wittgenstein las reglas lingüísticas son ante todo reglas de uso lingüístico, rigen la correcta aplicación de los términos en relación con situaciones comunicativas concretas. Pueden admitir diferentes modalidades de enunciación y no son universales, sino relativas a comunidades de comunicación concretas. Tampoco son homogéneas. Guardan entre sí un aire de familia, relaciones de parecido no transitivas que constituyen un conjunto pero no un sistema.

La gramática no es una totalidad estructurada internamente por propiedades formales ni genera una realidad homogénea, no es trascendental. El papel de las reglas es el de inducir regularidades en la conducta que posibiliten la comunicación. El concepto de regularidad está lógicamente unido al de identidad relativa: cuando afirmamos que existe una regularidad, se produce una misma conducta. Por eso el análisis del concepto de regla implica el análisis de la identidad de conductas y una respuesta a una eventual postura escéptica acerca de la observancia de reglas. Para el análisis:

  • Primero elucidamos lo que es observar una regla de la conexión que se establece entre creencia y conducta.
  • Segundo se demuestra que la observancia de reglas es necesariamente un proceso público controlable y valorable intersubjetivamente, este es el archiconocido argumento de Wittgenstein en contra del lenguaje privado.

Seguir una regla ha de conceptualizarse como una práctica, es preciso distinguir cuidadosamente entre las reglas y las formulaciones de reglas. El hecho de que una expresión sea considerada como la formulación de una regla depende de la forma en que se use la expresión, no de ninguna propiedad de la expresión misma. Tampoco hay que confundir la regla con lo expresado por la formulación de la regla. Ello conduciría a un platonismo desaforado, reino de entidades abstractas como las reglas conducirían a un callejón sin salida.

Si se distingue entre la regla y su aplicación, se abre una especie de regreso al infinito: para saber cuando es correcta la aplicación, deberíamos dominar otra regla, para la cual nos sería precisa una de orden superior y así sucesivamente. Es preciso concebir las reglas de forma que sean inseparables de sus aplicaciones, hay que pensarlas como prácticas sociales, objeto de adiestramiento y de transmisión cultural. Wittgenstein extrajo dos consecuencias:

  1. Seguir una regla es diferente e independiente de pensar que se sigue una regla
  2. No se puede seguir una regla privadamente.

El concepto de observancia de una regla es lógicamente inseparable del concepto de corrección, cosustancial a la gramática de regla, a las condiciones que definen el uso de esa expresión, que podamos enjuiciar y estar de acuerdo en que estamos observando una regla. Si la observancia de una regla fuera lo mismo que la creencia de que se sigue la regla, la posibilidad de desacuerdo, evaluación o corrección desaparecería. Siempre podría existir una regla en concordancia con la conducta.

Si existen reglas privadas, las que regulan el uso de términos como dolor son perfectas candidatas. Todas las sensaciones son privadas en un sentido general. Si lo que diera significado a los términos fueran sensaciones particulares, el significado sería privado y tal lenguaje sería incorregible en dos sentidos:

  • No podría dudar de la corrección de mi aplicación de una regla privada
  • Ninguna otra persona sería capaz de decir si utilizo correctamente el lenguaje

Como la observancia de una regla implica poder decir si se sigue o no, criterios de corrección, el hipotético lenguaje privado no puede consistir en la aplicación de reglas, carece de reglas, es un absurdo lógico. La alternativa que ofreció Wittgenstein fue la de considerar el uso de los términos de sensaciones como una forma más de manifestación de esas sensaciones, como una práctica aprendida para expresar tales sensaciones.

Tal práctica no sólo está sujeta a criterios de corrección, sino que también posibilita la mentira y el fingimiento, es pública y observable, íntimamente entretejida con otros actos y desde el punto de vista filosófico, es independiente tanto del ámbito platónico de los objetos ideales como del cartesiano de las representaciones mentales.

Gramática y Filosofía

El análisis de las nociones de regla y de observancia de una regla muestra las continuidades y discontinuidades del Tractatus respecto a las Investigaciones. Entre las continuidades:

  • La filosofía sigue concibiéndose como un conjunto de técnicas de análisis del lenguaje
  • La aplicación de esas técnicas ha de tener como consecuencia una aclaración de la propia naturaleza del lenguaje
  • Tal iluminación permite trazar un límite a lo que se puede decir con sentido
  • La filosofía es una práctica que no es equiparable a la ciencia: su objetivo no es la profundización en nuestra comprensión del lenguaje y de la comunicación
  • Esa mejora en nuestra comprensión nos ha de permitir desembarazarnos de los problemas filosóficos, ha de suprimir el desasosiego que provocan: o Un problema filosófico tiene la forma ”no se como salir del atolladero” o La filosofía no puede en modo alguno interferir con el uso efectivo del lenguaje, a la postre solo puede describirlo
  • Pues no puede tampoco fundamentarlo

Deja todo como está o La filosofía expone meramente todo y no explica ni deduce nada. Puesto que todo yace abiertamente, no hay nada que explicar. Las diferencias se sitúan en dos planos, el de diagnóstico y el de la metodología filosófica. Wittgenstein compartió con Frege y Russell la idea de que la causa de los problemas filosóficos es la incomprensión de la naturaleza lógica del lenguaje.

Las expresiones que parecen enunciar profundos problemas filosóficos, ocultan su auténtica naturaleza lógica. Cuando el análisis se ha efectuado desvelando la forma lógica real de la expresión, el problema queda resuelto. El lenguaje toma contacto con la realidad a través de esa estructura lógica. Al abandonar la teoría del lenguaje como representación también abandonó la idea de que los problemas filosóficos surgieran de la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Llegó a la conclusión de que el lenguaje natural no tiene una forma lógica. El análisis ha de tener entonces como objetivo el lenguaje tal como se nos presenta.

Los problemas filosóficos no surgen de la naturaleza del propio lenguaje, sino del uso que hacemos de él. El método que propone el Tractatus es el del análisis lógico intervencionista, consiste en analizar las proposiciones hasta que sus últimos componentes y las conexiones lógicas entre ellos queden completamente claras. El método propio de las Investigaciones no es lógico, sino elucidativo.

Como el lenguaje natural está en orden se trata de comprenderlo mejor, el camino fundamental es la captación de la gramática de las expresiones. La filosofía es una investigación gramatical. Por investigación gramatical hay que entender la que consiste en averiguar cuáles son las reglas que regulan la aplicación correcta de una expresión. Para descubrir tales reglas, es preciso analizar los diferentes juegos del lenguaje en que puede entrar la expresión, determinar la función que desempeña en esos juegos y elucidar las relaciones entre unos y otros usos.

Los problemas filosóficos son resultado de pulsiones lingüísticas, consiste en reformular preguntas como si fueran referentes a la gramática de las expresiones correspondientes. Cuando realizamos tal reconsideración, observamos que los problemas filosóficos no se resuelven, sino que se disuelven: su irrealidad queda puesta de manifiesto en el análisis de funcionamiento comunicativo de las expresiones.