Posts etiquetados ‘Sistemas Sociotécnicos’

El pensamiento clásico estaba presidido por la idea de necesidad: el destino y la justicia controlaban con férrea mano todo lo que sucedía en la naturaleza y entre los hombres, incluso los mismos dioses estaban sometidos a dicha necesidad. Con el pensamiento cristiano se introdujo la noción de un Dios voluntarista que rige el devenir del universo. Y en la Edad Media se enfrentan dos concepciones sobre la relación de la voluntad de Dios con las leyes naturales y morales: por un lado el intelectualismo, que tendía a conceder una validez absoluta a las leyes que dependían necesariamente del propio Dios y el voluntarismo que ponía el acento en la voluntad soberana de Dios que podía cambiar en cualquier momento dichas leyes. Una se basaba en la necesidad y la otra en su contingencia. Curioso que tanto Ockham como Descartes, creyesen en un Dios voluntarista.
La ciencia moderna de la naturaleza surge con una concepción determinista rigurosa de las leyes naturales. Laplace comentaba que todos los acontecimientos son una secuencia tan necesaria como las revoluciones del sol. Al ignorar los lazos que los unen al sistema total del universo, se los ha hecho depender de causas finales o del azar, según que ocurriese o se sucedieran con regularidad o sin orden aparente, pero estas causas imaginarias han ido siendo descartadas a medida que se han ido ampliando las fronteras de nuestro conocimiento y desaparecen por completo ante la seria filosofía que no ve en ellos más que la expresión de nuestra ignorancia de las verdaderas causas.
Esta concepción rigurosamente determinista ha sido cuestionada, debido especialmente a los descubrimientos de la mecánica cuántica y al papel que el azar desempeña en la termodinámica de los sistemas complejos. Todo esto nos lleva a la concepción de un mundo abierto en el que no todo está previsto y en el que azar y necesidad se combinan de forma creadora. La actitud determinista de la ciencia se encuentra una y otra vez ante la necesidad de admitir el indeterminismo efectivo de la realidad.
Y ahí apareció Prigogine, oponiendo un universo cuyas leyes básicas serían la inestabilidad, el azar y la irreversibilidad, un universo evolutivo cuya realidad no puede ser devuelta a la identidad. Prigogine, padre de la teoría del caos, decía, imitando a Sócrates desde la más absoluta convicción, que sabía muy poco. Comentaba que nos encontrábamos al final de la era de la ciencia inaugurada por Copérnico y Galileo, período tan glorioso como simplista, ya que la ciencia clásica se centraba en el equilibrio, el orden y la estabilidad. Hoy vemos fluctuaciones e inestabilidad por todas partes. Estamos empezando a ser conscientes de la complejidad inherente del universo. Estaba seguro de que la toma de esta conciencia era el primer paso hacia una nueva racionalidad.
Pero Prigogine no predicó sólo en el desierto. Von Neumann, sí, el de la máquina de Von Neumann que seguro te suena si eres un freak de los ordenadores, desarrolló una metodología de tratamiento abstracto que le permitió confrontar el problema extremadamente profundo y fundamental del determinismo vs. el no-determinismo y demostró un teorema de acuerdo con el cual es imposible que la mecánica cuántica sea derivada por aproximación estadística de una teoría determinista del mismo tipo de la utilizada en mecánica clásica. Aunque se equivocó, ayudó a demostrar posteriormente que la física cuántica requiere una noción de la realidad substancialmente diferente de la manejada en física clásica y que la mecánica cuántica también requiere una lógica substancialmente diferente de la lógica clásica.
Tampoco podemos desdeñar el aporte de Von Foerster, con su descubrimiento del principio del orden por el ruido, creación de un orden a partir del desorden. O de Atlan, que concibe la teoría del azar organizador. Se encuentra una dialógica orden/desorden/organización en el nacimiento del universo a partir de una agitación calórica (desorden) donde, bajo ciertas condiciones (encuentros de azar), ciertos principios de orden van a permitir la constitución de núcleos, de átomos, de galaxias y de estrellas. Más todavía, encontramos esta dialógica en el momento de la emergencia de la vida por encuentros entre macromoléculas en el seno de una especie de bucle autoproductor que terminará por convenirse en autoorganización viva. Bajo las formas más diversas, la dialógica entre el orden, el desorden y la organización, a través de innumerables interretroacciones, está constantemente en acción en los mundos físico, biológico y humano.
Pero no todos los científicos se adhieren a esta concepción indeterminista y azarosa del mundo: Einstein y Thom, en polémica con Prigogine, afirman el determinismo frente al indeterminismo cuántico y el ligado a los sistemas complejos. Thom recupera la noción de causalidad, no se puede prescindir de ella porque impregna nuestro lenguaje y nuestra visión del mundo, defiende por tanto una visión local del determinismo. Su causalidad busca más el rigor cualitativo en su modelización de la realidad que la precisión cuantitativa de las medidas. Piensa que hasta el indeterminismo de la mecánica cuántica se podría eliminar mediante la introducción de parámetros ocultos en número finito. El problema es que, hoy por hoy, no disponemos de una teoría local que elimine el determinismo y por ello es más realista aceptarlo.
En mi opinión, si hasta hace pocos años las ciencias tenían por modo de conocimiento la especialización y la abstracción, es decir, la reducción del conocimiento de un todo al conocimiento de las partes que lo componen, ahora las propiedades emergentes toman el relevo. Si el concepto clave era el determinismo, es decir, la ocultación del azar, de la novedad, y la aplicación de la lógica mecánica de la máquina artificial a los problemas de lo vivo y de lo social, ahora es la complejidad. Si antes todo estaba definido por la cadena infinita de causalidad, ahora es el caos y la incertidumbre los que deben pasar al estrado. ¿Cómo?
Con la teoría de la información disponemos de una herramienta que permite tratar la incertidumbre, la sorpresa, lo inesperado. Este concepto de información permite entrar en un universo donde hay, al mismo tiempo, orden (la redundancia) y desorden (el ruido) y extraer de ahí algo nuevo.
Con la cibernética estudiamos la estructura de los sistemas reguladores, de las máquinas autónomas. Fue con Wiener y Ashby, sus fundadores, cuando la complejidad entró de lleno en la ciencia. Y cuando la Cibernética reconoció la complejidad fue para rodearla, para ponerla entre paréntesis, pero sin negarla, para hacer epojé con ella al más puro estilo husserliano. La idea de retroacción, que introduce Norbert Wiener, rompe con el principio de causalidad lineal al introducir el principio de “bucle” causal. Literalmente manda a hacer gárgaras el determinismo. La causa actúa sobre el efecto,se retroalimenta. Y es justo este mecanismo de regulación el que permite la autonomía de un sistema. La homeostasis.
Y por supuesto, con la teoría de los sistemas, que sienta las bases de un pensamiento de la organización. El alma mater del enfoque sistémico es que “el todo es más que la suma de las partes”. Esto significa que existen cualidades emergentes, es decir; que nacen de la organización de un todo y que pueden retroactuar sobre las partes. Por otra parte, el todo es igualmente menos que la suma de las partes, puesto que las partes pueden tener cualidades que son inhibidas por la organización del conjunto.
El pensamiento complejo es, en esencia, el pensamiento que integra la incertidumbre y que es capaz de concebir la organización. Que es capaz de religar, de contextualizar, de globalizar, pero, al mismo tiempo, de reconocer lo singular y lo concreto.
La idea de complejidad estaba mucho más diseminada en el vocabulario común que en el científico. Llevaba siempre una connotación de advertencia al entendimiento, una puesta en guardia contra la clarificación, la simplificación, la reducción demasiado rápida. De hecho, la complejidad tenía también delimitado su terreno, pero sin la palabra misma, en la Filosofía: en un sentido, la dialéctica, y en el terreno lógico, la dialéctica hegeliana, eran su dominio, porque esa dialéctica introducía la contradicción y la transformación en el corazón de la identidad.
Aunque sea difícil incluso tendiendo asintóticamente a imposible, el conocimiento absoluto debe intentarse. El conocimiento del mundo en tanto que mundo deviene una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Es un problema que se nos plantea a todos, todos los dias: cómo adquirir el acceso a las informaciones sobre el mundo y cómo adquirir la posibilidad de articularlas y de organizarlas. Los científicos tienen que cambiar la metodología de sus paradigmas. Los neófitos curiosos tenemos Internet. En ambos casos, sin una reforma del pensamiento corremos el riesgo de caer en la imbecilidad cognitiva. Independientemente de que el azar sea constituyente ontológico de la realidad o una consecuencia de la pobreza de nuestros medios de predicción, parece que en los sistemas complejos no es fácil librarse de él, así que mejor que lo integremos en nuestra visión del mundo como parte integrante e intrínsica. El caos y el azar son elementos esenciales del universo, exploremos pues sus potencialidades.

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La Ingeniería de Sistemas es un concepto un tanto complejo, al que nos podemos aproximar con diferentes definiciones que más o menos cubran todo el marco conceptual que engloba.

Podría decirse que la Ingeniería de Sistemas es una aplicación de las ciencias matemáticas y físicas para desarrollar sistemas que utilicen económicamente los materiales y fuerzas de la naturaleza para el beneficio de la humanidad. Se trata de un conjunto de metodologías para la resolución de problemas mediante el análisis, diseño y gestión de sistemas. Es el conjunto de recursos humanos y materiales a través de los cuales se recolectan, almacenan, recuperan, procesan y comunican datos e información con el objetivo de lograr una gestión eficiente de las operaciones de una organización.

Un sistema aplica a muchos conceptos, dependiendo del enfoque que quiera realizarse:

  • Si se pone énfasis en la interrelación de las partes un sistema es simplemente un conjunto de unidades en interrelación
  • Aplicando la definición de Saussure, padre de la lingüística sistémica, se trata de una totalidad, hecha de elementos solidarios que no pueden ser definidos más que los unos con relación a los otros en función de su lugar en esa totalidad, es decir, no se puede definir una parte desligándola del resto
  • Basándonos en Gaines y la escuela constructivista un sistema es lo que se distingue como tal. Los sistemas no existen en el mundo real independientes de la mente humana. Se crean por los actos de hacer distinciones en el mundo real o en el de las ideas. La inteligencia se fija en un objeto y aparecen características relevantes, pero la percepción de objetos es subjetiva y susceptible de discusión

El concepto de sistema arranca del problema de las partes y el todo, ya discutido en la antigüedad por Hesíodo (siglo VIII a.C.) y Platón (siglo IV a.C.) Sin embargo, el estudio de los sistemas como tales no preocupa hasta la segunda guerra mundial, cuando se pone de relieve el interés del trabajo interdisciplinar y la existencia de analogías (isomorfismos) en el funcionamiento de sistemas biológicos y automáticos. Este estudio tomaría carta de naturaleza cuando, en los años cincuenta, L. von Bertalanffy propone su Teoría General de Sistemas.

La aparición del enfoque de sistemas tiene su origen en la incapacidad manifiesta de la ciencia para tratar problemas complejos. El método científico, basado en reduccionismo, repetitividad y refutación, fracasa ante fenómenos muy complejos por varios motivos:

  • El número de variables interactuantes es mayor del que el científico puede controlar, por lo que no es posible realizar verdaderos experimentos.
  • La posibilidad de que factores desconocidos influyan en las observaciones es mucho mayor.

Como consecuencia, los modelos cuantitativos son muy vulnerables. El problema de la complejidad es especialmente patente en las ciencias sociales, que deben tratar con un gran número de factores humanos, económicos, tecnológicos y naturales fuertemente interconectados. En este caso la dificultad se multiplica por la imposibilidad de llevar a cabo experimentos y por la propia intervención del hombre como sujeto y como objeto (racional y libre) de la investigación.

La mayor parte de los problemas con los que tratan las ciencias sociales son de gestión: organización, planificación, control, resolución de problemas, toma de decisiones,… En nuestros días estos problemas aparecen por todas partes: en la administración, la industria, la economía, la defensa, la sanidad, etc.

Así, el enfoque de sistemas aparece para abordar el problema de la complejidad a través de una forma de pensamiento basada en la totalidad y sus propiedades que complementa el reduccionismo científico.

Fueron los biólogos quienes se vieron en primer lugar en la necesidad de pensar en términos de totalidades, a ellos debemos la consideración de  jerarquías organizadas en niveles, cada uno más complejo que el anterior. En cada uno de estos niveles aparecen propiedades emergentes que no se pueden explicar a partir de los componentes del nivel inferior, sencillamente porque se derivan de la interacción, y no de los componentes individuales. También les debemos conceptos como el Holismo, en elque las disposiciones naturales de materia en el universo son totalidades con una organización interna y una autodirección, y la  Homeostasis, mecanismos autorregulados y autorreguladores.

Los ingenieros eléctricos también tuvieron algo que decir al respecto, introduciendo los conceptos de Sistemas abiertos, que son los que intercambian materiales, energía e información con el entorno, y de Cibernética: teoría de la comunicación y control en el animal y en la máquina, válido tanto para sistemas naturales como artificiales ya que aparecen fenómenos de comunicación y control que pueden ser tratados con una misma metodología. También pusieron de manifiesto la importancia y ubicuidad de los procesos de realimentación.

Los conceptos teóricos no están ligados indefectiblemente a una designación fija, y a veces existen mucho antes de que la denominación ahora dominante haya aparecido. No fue necesario que el término ‘sistema’ estuviera disponible, ni que se construyera alguna teoría de los sistemas, para que el concepto correspondiente circulara en el lenguaje cotidiano y en el de las disciplinas filosóficas y científicas.

Aún así, se desarrolló una Teoría General de Sistemas que sirvió básicamente para plasmar y concretar conceptualmente lo que se manejaba de manera intuitiva. Se desarrollaron terminologías y metodologías ad hoc.

Pese al uso relativamente habitual, superficial, y a veces incorrecto de la novísima terminología, las concepciones subyacentes no parecen haber superado de modo apreciable el modelo de equilibrio mecánico construido siglos atrás. Lo que de manera equivalente ocurre con los modelos orgánicos: apenas se ha avanzado a partir del callejón sin salida en que nos dejara el darwinismo social, tan aficionada a las analogías orgánicas.

Aún se afirma que las“sociedades” tienen “necesidades” y afrontan problemas en cuanto a mantener su estructura (institucionalizada), problemas que son resueltos gracias a la acción de ciertos mecanismos “homeostáticos” intrínsecos, capaces de operar de manera automática; o bien se dice que las clases sociales equivalen a una selección natural, fruto de la lucha competitiva, que impele más o menos automáticamente a los “más aptos” o “mejor calificados” hacia la cúspide, y así ocupan éstos las posiciones esenciales, desde el punto de vista funcional, para la “supervivencia” de las sociedades.

Las sociedades y las organizaciones son sistemas sociotécnicos,  máquinas automáticas (o simplemente “autómatas”). El modelo básico es simple: un autómata no sólo utiliza recursos del medio  y actúa sobre él, sino que obtiene y procesa información sobre las modificaciones que induce en el entorno (retroalimentación). De ese modo, es capaz de corregir continuamente su acción, logrando gobernar su curso en los procesos de interacción en los que participa. Lo esencial en el punto de vista de la cibernética no reside en los intercambios de materia o energía, que tanto importaban en la mecánica clásica. Lo que está en juego es sobre todo la información, en tanto es a través de ella que operan “factores determinantes o de control”

La sociedad de la información en la que estamos inmersos requiere de nuevas herramientas que sean capaces de extraer sinergia donde la ciencia se queda escasa o simplemente produce un vacío. La Teoría de Sistemas y la Ingeniería de Sistemas pueden ayudar a solventar esta nueva situación, de manera que sea lo más cómoda y productiva posible para el ser humano.

La inercia de los sistemas sociales es mucho mas lenta que la de los sistemas tecnológicos. El ser humano difícilmente se ve capaz de asumir y afrontar con éxito los nuevos y continuos cambios tecnológicos que nos rodean. Probablemente estamos siendo testigos directos de lo que se ha llamado La Revolución de la Información, y que probablemente tenga repercusiones mas significativas que las que tuvo en su tiempo la Revolución Industrial.

En la actualidad, el aporte de la Teoría de Sistemas en general y de la Cibernética  en particular ha redundado a su vez en el desarrollo de nuevas disciplinas. El modelo de sistema viable, ha sido aplicado y continúa aplicándose en todo tipo de organización y no sólo en empresas. Desde una sociedad del aprendizaje hasta una facultad universitaria, desde escuelas hasta hospitales, de una rama de servicio social a otra, de una institución gubernamental a un departamento de estado, de provincia a federación y eventualmente en una aplicación múltiple de la economía socio-industrial de una nación entera, el poder de diagnóstico de la herramienta ha probado ser útil.

Si quieres saber mas: http://wp.me/P1Bnwz-cr