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Tesis fundamentales del Tractatus

El concepto de “Lenguaje” y el concepto de “mundo” son dos de los elemenos fundamentales del Tractatus. El  Lenguaje se interpreta como la suma de proposiciones moleculares y atómicas. El mundo es la suma de hechos moleculares.

El lenguaje es la representación formal del mundo. Detrás de esta afirmación está el reconocimiento de una realidad física y de un lenguaje en términos aseverativos (discurso cognitivo que se puede fundamentar científica o lógicamente). Existen dos tipos de realidades. Tambien existen otros tipos de discursos, pero éstos no son relevantes.

Cuando hablamos de lenguaje, nos estamos refiriendo a un lenguaje

  • aseverativo, aquél que podemos aseverar, es decir, V ó F
  • lógico, aquel que capta la estructura lógica del lenguaje ordinario

Para establecer una conexión o una estructura lógica entre lenguaje/realidad, es necesario un lenguaje formal. Este lenguaje recoge la esencia lógica de la relación especular entre la realidad y el lenguaje.

Veamos las siete tesis del Tractatus en el marco del atomismo lógico:

  1. El mundo es todo lo que acontece. El mundo físico está integrado por una serie de hechos que pueden ser atómicos o moleculares.
    1. Los hechos atómicos son aquellos que definen la esencia del mundo y vienen representados por las sensaciones.
    2. Los hechos moleculares derivan de la combinación de hechos atómicos.
  2. Un hecho representa la existencia de un estado de cosas. Para que una proposición represente algo, el hecho debe existir. Cuando una proposición representa un hecho existente estaremos ante una proposición que tiene sentido. A su vez, cuando una proposición representa un hecho no existente estaremos ante una proposición que no tiene sentido. Cuando una proposición tiene sentido entonces puede ser V o F.
  3. La forma lógica de un hecho es el pensamiento. Existe una identificación entre pensamiento y lenguaje. Por tanto, no podría haber pensamiento sin lenguaje. No podemos considerar el pensamiento como algo anterior al lenguaje. El lenguaje formal se identifica con el pensamiento. Por lo tanto, el pensamiento también tiene una estructura formal. Lo único que cabe en este pensamiento, como pensamiento lógico, es la estructura lógica de un hecho físico. Eso no quiere decir que el pensamiento no tenga otra cosa que hechos físicos. Es cierto que existen imágenes de naturaleza heterogénea. Pero si queremos elaborar una Teoría fundamentada tenemos que fijarnos en los hechos físicos, porque el resto de las imágenes representan proposiciones sin sentido. Por tanto, los pensamientos, al igual que las proposiciones, pueden ser sin sentido, pero, para elaborar una teoría, sólo me interesan las que poseen sentido.
  4. El pensamiento es una proposición con sentido.El pensamiento es un entramado heterogéneo. Pero, para elaborar una teoría, sólo me interesa los datos objetivos que vienen representados por los hechos físicos. Cuando hablamos de hechos físicos podemos llegar a un grado de intersubjetividad máxima. En cambio, para el resto de los hechos no existe el mismo grado de convencionalidad. Este grado de convencionalidad (la estructura lógica que subyace a la representación simbólica de la realidad física) de los hechos físicos viene dado por su estructura lógica. Por lo tanto, cuando hablamos de hechos físicos, hablamos de un significado cognitivo. En cambio, cuando hablamos del resto de hechos, hablamos de un significado emotivo.
  5. Una proposición es una función veritativa que está integrada por proposiciones elementales o atómicas. Una función veritativa es aquella que posee un valor de verdad: puede ser V ó F. Nosotros podemos representar la realidad mediante proposiciones complejas. Pero éstas no están en contacto directo con la realidad, por lo que tenemos que descomponerla en proposiciones atómicas. Por tanto, el valor de verdad de la proposición molecular deriva del valor de verdad de las proposiciones atómicas. En pasos quedaría así:
    1. Partimos de una proposición molecular
    2. Descomponemos la proposición molecular en proposiciones atómicas.
    3. Hallamos el valor de verdad de cada una de las proposiciones atómicas.
    4. Hallamos el valor de verdad de la proposición molecular.
  6. La forma lógica de una proposición compleja ( o el valor de verdad de una proposición compleja) viene dada por la combinación de valores de las proposiciones atómicas.
  7. De lo que no se pude hablar mejor callar. Aquí Wittgenstein distingue entre proposiciones:
    1. con sentido: presentan un significado cognitivo; podemos hablar porque se fundamentan lógicamente
    2. sin sentido: presentan un significado emotivo; no podemos hablar porque no se fundamentan lógicamente

Isomorfía entre lenguaje y realidad

Cuando hablamos de isomorfía queremos decir que cada elemento de la realidad está representado por un elemento del lenguaje. Hablar de isomorfía es hablar de una relación de simetría entre elementos. También nos estamos refiriendo a una relación de estructuras de la realidad y del lenguaje. Hay una relación de elemento y una relación de situación.

Cualquier tipo de representación debe tener una forma determinada, debe tener una forma de representación. Cualquier tipo de representación actúa como un patrón o modelo de la realidad. ¿Qué consecuencias teóricas tiene esto? Dentro de un marco puramente cognitivo.

Cualquier representación debe representar algo posible. Esa representación puede ser verdadera o falsa, correcta o incorrecta. Una representación V es aquélla que representa la posibilidad real de estados de cosas.

La forma básica de la representación es la forma lógica. La forma lógica de un hecho es un pensamiento. Por lo tanto, la representación lógica es un pensamiento. Cualquier representación es igual a un pensamiento.

Pensamiento y lenguaje se identifican. A medida que vamos estructurando el lenguaje también vamos estructurando el pensamiento. El pensamiento es una representación formal y nuestro objetivo teórico es definir cómo es esa representación. Cuando hablamos de representación formal estamos afirmando que hay un esquema lógico último que unifica todas las representaciones. El pensamiento nunca puede superar el ámbito de lo lógico, el ámbito de lo posible. Por tanto:

  • Pensamiento y lenguaje se identifican.
  • El pensamiento no puede ir más allá de lo lógico.
  • El lenguaje es un sistema de proposiciones que tienen como función representar cumpliendo con el principio de isomorfía. Mientras que el pensamiento es un sistema interno, el lenguaje es un sistema externo de comunicación. Esta es la única diferencia.
  • El lenguaje sirve para marcar límites entre lo que se puede decir y lo que no se puede decir.

Decir y Mostrar

Wittgenstein distingue entre decir y mostrar. Se dice algo cuando se representa algo, mientras que se muestra algo cuando no se representa isomórficamente la realidad. De ahí que hable de proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido.

Pues bien, el pensamiento sólo juega con la parte que se puede decir o representar. Mientras que el lenguaje, a pesar de estar integrado también por estos elementos, nos permite distinguir entre lo que se puede decir y lo que se puede mostrar.

¿Podemos decir que el lenguaje se implica en el ámbito de lo no formal? El lenguaje ordinario da saltos entre ambos ámbitos.

El lenguaje no puede superar nunca el ámbito de lo formalmente establecido. El lenguaje cotidiano sí lo supera, pero éste no lo podemos teorizar.

Elementos que integran el lenguaje

El lenguaje está formado por proposiciones que, a su vez, se pueden dividir en nombres. Hay una diferencia importante de representación entre ambos conceptos:

  • Nombre: representa un objeto. Wittgenstein no define correctamente lo que entiende por objeto. Podrían considerarse a los objetos como elementos mínimos. Su significado viene dado por el referente.
  • Proposición: representa un hecho(tampoco define un hecho), que serían los elementos complejos. Los hechos son estados de cosas (objetos) que se combinan. Su significado viene dado por el sentido.

La realidad se ve reflejada en nuestro sistema simbólico. Los nombres tienen referente, pero no tienen sentido. Mientras que las proposiciones tienen sentido pero no tienen referente. Los nombres tienen referente porque están en contacto directo con la realidad, por eso, sólo de los nombres, podemos afirmar que tienen referente. Sin embargo, una proposición refleja un sistema complejo que ya no tiene una relación directa con la realidad, por eso, no tienen referente, sólo tienen sentido. Tener sentido, aquí significa, representar una estructura.

La referencia es una relación uno a uno: nombre con objeto. El sentido es una relación entre estructuras. Primero captamos el sentido de una proposición y luego su verdad o falsedad.

Para ver si una proposición es verdadera o falsa hay que descomponerla en nombres y ver si tienen un referente.

Mundo y Realidad

Wittgenstein distingue entre mundo y realidad.

  • Mundo es aquello que acontece, esto es, la totalidad de hechos. Es decir, la totalidad de estado de cosas existentes. Es el ámbito de las realizaciones.
  • Realidad es la totalidad de estado de cosas existentes y no existentes, Esto es, la totalidad de lo posible. Es el ámbito de las posibilidades, de las proposiciones verdaderas y falsas.

Tanto el mundo como la realidad tienen una estructuración lógica. Hablar de mundo es hablar de objeto, estado de cosas y hechos o situaciones. El principio de isomorfía se cumple, en un sentido estricto, entre nombres y objetos, porque es aquí donde se mantiene una relación directa con el mundo.

La proposiciones poseen un significado cognitivo, las pseudoproposiciones tienen un fundamento emotivo. La teoría que hemos desarrollado hasta ahora no se puede aplicar a las pseudoproposiciones. Dentro este ámbito estarían la ética, la metafísica, la estética….

Las pseudoproposiciones no dicen sino muestran y, por tanto, no las podemos teorizar. La filosofía tendría que utilizar todo el entramado teórico del Tractatus para distinguir entre proposiciones cognitivas o con sentido y proposiciones emotivas o sin sentido. Las proposiciones lógicas tienen una naturaleza distinta de las cognitivas y se marcan como un conjunto distinto porque son las que definen la estructura general de la realidad.

La teoría figurativa del sentido

El Tractatus contiene la teoría figurativa del significado, o del sentido. Según ella, una proposición es una figura (o representación) de una parcela de la realidad. Una proposición es una figura (una especie de mapa o dibujo peculiar) de una situación real (es decir, existente) o hipotética.

La figura representa los estados de cosas en el espacio lógico, la existencia y no existencia de los hechos atómicos. Comprender una proposición es conocer la situación o el estado de cosas que representa. Ser figura de una situación es lo mismo que describirla o ser un modelo de ella

La proposición es la descripción de un estado de cosas. Entender una proposición quiere decir, si es verdadera, saber lo que acaece. Quien entiende lo que dice una proposición sabe qué hecho describe esta proposición. En una proposición construimos una situación a modo de experimento, creamos un mundo con la ayuda de un armazón o andamiaje lógico, formado por palabras con significado.

La proposición construye un mundo con la ayuda de un armazón lógico; por ello es posible ver en la proposición, si es verdadera, el aspecto lógico de la realidad. Es de este modo que las proposiciones son modelos, son reproducciones de hechos o de situaciones imaginadas, forjadas a base de los recursos que nuestro lenguaje pone a nuestra disposición. Wittgenstein explica cómo una proposición es figura de la realidad.

Parte de dos premisas:

  • La primera es que una proposición es algo articulado lógicamente (como una pieza musical en la cual su composición exige un plan). La proposición sería un signo articulado. La proposición es una figura de un estado de cosas sólo en cuanto está lógicamente articulada
  • La segunda premisa es que una proposición, así como el pensamiento que expresa, debe compartir con la situación que describa una misma estructura, a la cual Wittgenstein denomina forma pictórica o forma lógica

La relación figurativa consiste en la coordinación de los elementos de la figura y de las cosas. Proposición y realidad comparten la forma lógica. Hay dos correlaciones:

  • la de los elementos de la proposición con cosas de la realidad,
  • la de las relaciones entre elementos de la proposición con relaciones entre las cosas de la situación representada.

La relación entre los elementos de la proposición y los elementos de la realidad ha de ser isomórfica. Hay un isomorfismo entre el lenguaje y la realidad. Esto significa que a cada elemento de la proposición debe corresponderle un único elemento de la realidad, y únicamente uno. Por otra parte, siempre que los elementos de una proposición guarden entre sí alguna relación, sus imágenes (los correspondientes elementos de la realidad) deben guardar entre sí la relación correspondiente.

El espacio lógico

Wittgenstein concibe el lenguaje como la totalidad de las proposiciones. Esto equivale a afirmar que el lenguaje es la totalidad de figuras de todas las situaciones existentes o inexistentes.

La totalidad de las proposiciones es el lenguaje. Ahora bien, si antes afirmaba que el lenguaje es figura o modelo de la realidad, habrá que determinar cuales son los correlatos extralingüísticos de la proposición. Los elementos de la proposición que tienen correlatos en el mundo o en las situaciones imaginarias son los signos simples o nombres. Su función en la proposición es la de servir de representantes de objetos. Los nombres tienen significado, su significado es el objeto en lugar del cual están en la proposición. Son elementos simples que no se pueden analizar. Su significado lo obtienen en el contexto de la proposición. Toda proposición acerca de un complejo puede resolverse mediante el análisis en una proposición en la que todo lo esencial se diga mediante combinación de nombres (no obstante, dentro de las proposiciones no todo son nombres, sino que hay también partículas lógicas que no son nombres de nada). Las proposiciones elementales son meras combinaciones de nombres. A una configuración de nombres en la proposición le corresponde una configuración de objetos en una situación.

Pero, ¿qué son esos objetos? Antes que nada, decir que son simples, no compuestos. Son los átomos, no físicos, sino lógicos, del mundo (es decir, lo que el análisis del lenguaje exige). Son los últimos constituyentes de todo lo demás, y en especial de los hechos y situaciones posibles.

Cuando los objetos se combinan forman lo que Wittgenstein llama estados de cosas. A los signos le corresponden los objetos, y a las combinaciones de signos le corresponden los estados de cosas. Sólo falta que unas y otras combinaciones compartan una misma estructura formal para que el ajuste lenguaje-realidad sea perfecto. La teoría de los estados de cosas tiene dos consecuencias:

  • con independencia de que las situaciones sean o no existentes, los objetos que las forman son inalterables, son lo que subsiste. La substancia del mundo. 2.021 Los objetos forman la sustancia del mundo, por eso no pueden ser compuestos
  • una vez que se han dado todos los objetos, se han dado todas las posibles situaciones. Tan pronto como se ha fijado la totalidad de objetos, se ha determinado también qué puede y qué no puede entrar en el conjunto de los posibles estados de cosas.

De entre los estados de cosas, algunos existen y otros no. La realidad está configurada por la existencia y la no existencia de los estados de cosas.

El mundo es todo lo que acaece. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los estados de cosas El mundo que dibuja el Tractatus es la suma total de la realidad, la suma total de unos y otros estados de cosas. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Los hechos, en el espacio lógico, son el mundo. El espacio lógico es el espacio de todos los mundos posibles. En este espacio, nuestro mundo, el mundo está unívocamente determinado por la existencia de algunos estados de cosas y por la inexistencia de los restantes. Si otros hubiesen sido los estados de cosas existentes, otro hubiera sido el mundo. Todas estas alternativas al mundo son denominadas mundos posibles. El espacio lógico es el conjunto de todos los mundos posibles, así como del mundo real.

Para Wittgenstein, el sentido de una proposición es la situación que describe. La figura representa lo que representa, independientemente de su verdad o falsedad, por medio de la forma de figuración. La proposición puede ser verdadera o falsa sólo en cuanto es figura de la realidad.

El espacio lógico es el conjunto de posibilidades que podría tener el mundo cuando puede ser descrito de acuerdo con un número fijo de proposiciones elementales. El espacio lógico correspondiente a un número de proposiciones es lo que representa la tabla de atribución de los valores de verdad formada por todas las asignaciones de verdad simultáneas a las n proposiciones.

Una vez dado un lenguaje (un conjunto de proposiciones) el espacio lógico correspondiente a este lenguaje contiene todo aquello que puede decirse con sentido mediante el lenguaje. La figura representa un estado de cosas posible en el espacio lógico. Más allá de este espacio lógico no queda ya nada que el lenguaje pueda representar. Lo que no puede decirse. Para Wittgenstein sólo los hechos pueden ser figuras de estados de cosas. El lenguaje pertenece al mundo, de ahí que deba haber algún error en esa imagen en la que el lenguaje y el mundo son cosas separadas y contrapuestas. El error radica en vernos a nosotros mismos fuera del mundo y fuera del lenguaje. No existe ese lugar fuera del mundo y del lenguaje.

Por otra parte, no podemos decir por medio de nuestro lenguaje cual es la estructura o forma lógica de las proposiciones y, por consiguiente, tampoco podemos decir cual es la forma lógica o estructura de la realidad. Para hacer esto tendríamos que salirnos de la lógica y del mundo, y esto no puede hacerse. La lógica traza los límites del pensamiento humano, haciendo que éste sea posible.

La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites. Nosotros no podemos, pues, decir en lógica: en el mundo hay esto y lo de más allá; aquello y lo otro, no. Esto parece, aparentemente, presuponer que excluimos ciertas posibilidades, lo que no puede ser, pues, de lo contrario, la lógica saldría de los límites del mundo; esto es, siempre que pudiese considerar igualmente estos límites también desde el otro lado.

Lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues, podemos decir lo que no podemos pensar. Salirse de la lógica sería poder pensar lo ilógico, lo cual no es posible. Los frutos del pensar son las proposiciones. Si el lenguaje es la totalidad de las proposiciones con sentido, salirse de la lógica es salirse del lenguaje, y los límites del lenguaje son los límites del mundo. El lenguaje define el espacio de todas las situaciones descritas por él. Por eso es un límite.

Para Wittgenstein si se nos preguntase cómo sería un mundo ilógico, no podríamos decirlo. Aunque no pueda decirse cual es la forma lógica de una proposición, nuestro lenguaje muestra esas cosas. El lenguaje no hace factible decirlas, pero unas y otras encuentran reflejo, se manifiestan en él. El lenguaje dicta las condiciones bajo las cuales es posible el mundo y bajo las cuales hablamos del espacio lógico.

La principal consecuencia del Tractatus es la de investigar sistemáticamente las conexiones entre lenguaje y realidad, es decir, la imposibilidad de la teoría semántica. Esas conexiones entre nombres y objetos, entre proposiciones y situaciones, pueden aprenderse, pues se reflejan en el lenguaje y en el uso que hacemos de él.

Wittgenstein propone un criterio para distinguir las proposiciones con sentido de las que no lo tienen. El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural – algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía –; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás – pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía –, pero sería el único estrictamente correcto La filosofía, pues, no es el conjunto de proposiciones verdaderas.

La totalidad de las proposiciones verdaderas constituyen la ciencia natural. La misión de la filosofía es explorar esa posibilidad del espacio lógico que es el mundo. La filosofía es un esclarecimiento lógico del pensamiento, a saber, el análisis lógico del lenguaje. El lenguaje oculta o disfraza el pensamiento. La filosofía está plagada de errores debido a la equivocidad de los signos. Hay que construir un sistema de signos regido por una adecuada sintaxis lógica en la que a cada símbolo le corresponda únicamente un signo.

Desde un punto de vista filosófico, perseguir un sistema así es uno de los objetivos del análisis lógico. La filosofía tiene que fijar las fronteras del pensamiento (y de la ciencia natural), es decir, especificar las condiciones de lo que puede decirse. Una consecuencia de esta concepción es que las proposiciones éticas son imposibles.

Es claro que la ética no se puede expresar. La ética es trascendental (Etica y estética son lo mismo) Por ejemplo, si yo digo que es bueno moralmente honrar a los padres, esta proposición es ilocalizable en el espacio lógico, ya que esta afirmación no describe ningún hecho del mundo. Los valores morales o éticos no son cualidades del mundo. Una máxima moral pretende ver el mundo desde fuera y compararlo con otros mundos posibles. Pero esto no puede hacerse ya que esto no lo podemos encontrar en el espacio lógico.

El primer pensamiento que surge cuando se propone una ley ética de la forma «tú debes» es: ¿y qué si no lo hago? La odisea del filósofo es que sus doctrinas han traspasado los límites del sentido. Para la filosofía el único camino posible es el análisis lógico. La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema. ¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida, después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?…De lo que no se puede hablar, mejor es callarse 😉 .

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Seguimos destripando el texto de Chalmers, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Chalmers sigue con su particular cruzada contra el inductivismo ingenuo, en esta ocasión desde el punto de vista de la percepción.

Según Chalmers, hay dos supuestos importantes que conlleva el inductivismo ingenuo con respecto a la observación:

  • Uno es que la ciencia comienza con la observación
  • El otro es que la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar el conocimiento.

Chalmers rechaza ambos, y da varias razones, no sin antes esbozar una idea de observación que cree ampliamente aceptada en la actualidad, y que presta plausabilidad a la postura inductivista ingenua.

Una concepción popular de la observación

Los seres humanos ven utilizando sus ojos. Los componentes más importantes del ojo humano son una lente y una retina, la cual actúa como pantalla en la que se forman las imágenes de los objetos externos al ojo. Los rayos de luz procedentes de un objeto visto van del objeto a la lente a través del medio que hay entre ellos. Estos rayos son refractados por el material de la lente de tal manera que llegan a un punto de la retina, formando de este modo una imagen del objeto visto. Hasta aquí el funcionamiento del ojo es muy parecido al de una cámara.

Pero entre ambos hay una gran diferencia, que es el modo en que se registra la imagen final. Los nervios ópticos pasan de la retina al córtex central del cerebro. Estos llevan información sobre la luz que llega a las diversas zonas de la retina. El registro de esta información por parte del cerebro humano es lo que corresponde a la visión del objeto por el observador humano.

Esto no es más que una idea general, pero aún así surgen dos cuestiones clave para el inductivista ingenuo:

  • La primera es que un observador humano tiene acceso más o menos directo a algunas propiedades del mundo exterior en la medida en que el cerebro registra esas propiedades en el acto de ver
  • La segunda es que dos obsevadores que vean el mismo objeto o escena desde el mismo lugar verán lo mismo.

Chalmers no comparte ninguna de estas dos cuestiones, y las atacará muy directamente, como veremos a continuación.

Experiencias visuales que no están determinadas por las imagenes formadas en la retina

Dos observadores normales que vean el mismo objeto desde el mismo lugar en las mismas circunstancias físicas no tienen necesariamente idénticas experiencias visuales, aunque las imágenes que se produzcan en sus respectivas retinas sean prácticamente idénticas. Como Hanson decía, “hay mucho más en lo que se ve que lo que descubre el globo ocular”.

Esta imagen muestra claramente lo que Hanson quería decir. Hay quienes ven una glamurosa joven, otros ven una pensativa vieja.

Las experiencias perceptuales que los obervadores tienen en el acto de ver no están especialmente determinadas por las imágenes de las retinas. La experiencia visual que tiene un observador cuando ve un objeto, depende en parte de su experiencia pasada, su conocimiento y sus expectativas.

En la medida en que se refiere a la percepción, con lo único con lo que el observador está en inmediato y directo contacto es con sus experiencias. Estas experiencias no están dadas de modo unívoco ni son invariantes, sino que cambian con las expectativas y el conocimiento del observador. Lo que viene unívocamente dado por la situación física es la imagen formada en la retina del observador, pero el observador no tiene contacto perceptual directo con la imagen.

Cuando el inductivista ingenuo y muchos otros empiristas suponen que hay algo unívocamente dado en la experiencia que puede interpretarse de diversas maneras, están suponiendo, sin argumentarlo a pesar de las muchas pruebas en contra, que hay una correspondencia unívoca entre las imágenes de nuestras retinas y las experiencias subjetivas que tenemos cuando vemos. Están llevando demasiado lejos la analogía de la cámara.

Chalmers no está afirmando que las causas finales de las imágenes de nuestras retinas no tengan ninguna relación con lo que vemos. No podemos ver exactamente lo que queremos. Sin embargo, mientras que las imágenes de nuestras retinas forman parte de la causa de lo que vemos, otra parte muy importante de esa causa está constituida por el estado interno de nuestras mentes o cerebros, el cual dependerá evidentemente de nuestra educación cultural, nuestro conocimiento, nuestras expectativas, etc. y no estará determinado únicamente por las propiedades físicas de nuestros ojos y de la escena observada. Hay que considerar que para Chalmers existe un único mundo físico independiente del observador.

Los enunciados observacionales presuponen la teoría

Aunque se diera una única experiencia perceptiva para todos los observadores, todavía seguiría habiendo objeciones importantes al supuesto inductivista acerca de la observación. Según la concepción inductivista de la ciencia, la sólida base sobre la que se constituyen las leyes y teorías que constituyen la ciencia está formada por enunciados observacionales públicos, y no por las experiencias subjetivas privadas de los observadores individuales.

La concepción inductivista exige la derivación de enunciados universales a partir de enunciados singulares mediante la inducción. Tanto el razonamiento inductivo como el deductivo, conllevan relaciones entre diversos conjuntos de enunciados, y no relaciones entre enunciados por un lado y experiencias perceptivas por otro.

Los enunciados observacionales son entidades públicas, formuladas en un lenguaje público, que conllevan teorías con diversos grados de generalidad y complejidad. En contra de la pretensión del inductivista, una teoría de algún tipo debe preceder a todos los enunciados observacionales, que son tan falibles como las teorías que presuponen.

Los enunciados observacionales se deben realizar en el lenguaje de alguna teoría, por vaga que sea. Los enunciados observacionales se hacen siempre en el lenguaje de alguna teoría y serán tan precisos como lo sea el marco conceptual o teórico que utilicen.

La anterioridad de la teoría a la observación va en contra de la tesis inductivista de que el significado de muchos conceptos básicos se extrae de la observación.

Hasta ahora Chalmers ha atacado la concepción inductivista de la ciencia argumentando que las teorías tienen que preceder a los enunciados observacionales, de modo que resulta falso afirmar que la ciencia comienza con la observación.

Chalmers plantea además una segunda manera de atacar al inductivismo. Los enunciados observacionales son tan falibles como las teorías que presuponen y por lo tanto no constituyen una base completamente segura sobre la que construir las leyes y teorías científicas.

Para establecer la validez de un enunciado  observacional, es necesario apelar a la teoría y cuanto más firmemente se haya de establecer la validez, mayor será el conocimiento teórico que se emplee. Este hecho está en directa contradicción con lo que podríamos esperar según la opinión inductivista a saber, que para establecer la verdad de un enunciado observacional problemático apelamos a enunciados observacionales más seguros y quizás a leyes derivadas inductivamente de ellos, pero no a la teoría.

Por lo tanto, para Chalmers, el inductivista está equivocado en dos cosas:

  • La ciencia no comienza con los enunciados observacionales, porque una teoría de algún tipo precede siempre a todos los enunciados observacionales
  • Los enunciados observacionales no constituyen una base firme sobre la que pueda descansar el conocimiento científico, porque son falibles.

Sin embargo, Chalmers no pretende afirmar que los enunciados observacionales no deberían ocupar ningún papel en la ciencia, simplemente remarcar que el papel que los inductivistas le atribuyen es incorrecto.

La teoría guía la observación y la experimentación

Según el más ingenuo de los inductivistas las observaciones efectuadas por un observador imparcial y sin prejuicios proporcionan la base del conocimiento científico. Si esta postura se interpreta literalmente es absurda e insostenible.

Para ilustrarlo, Chalmers nos cuenta el caso de Hertz, que en 1888 realizó un experimento tratando de demostrar la teoría electromagnética de Maxwell. Produjo y detectó ondas de radio por primera vez. Si Hertz hubiera sido completamente imparcial al hacer sus observaciones habría registrado no sólo las lecturas en varios contadores, la presencia o no de chispas en lugares críticos del circuito, las dimensiones del circuito, etc., sino que también el color de los contadores, las dimensiones del laboratorio, el estado del tiempo, el color de sus zapatos….un montón de detalles claramente irrelevantes desde el punto de vista del propósito del experimento.

Las observaciones y los experimentos se efectúan para comprobar o aclarar alguna teoría, y sólo debe registrar las observaciones que se consideran relevantes para esa tarea. Sin embargo, en la medida en que las teorías que constituyen nuestro conocimiento científico son falibles e incompletas, la guía que las teorías nos ofrecen con respecto a qué observaciones son relevantes para algún fenómeno que se está investigando puede ser engañosa, y puede hacer que se pasen por alto algunos factores importantes.

El ejemplo de Hertz viene muy al caso. Hertz midió la velocidad de sus ondas de radio, y era significativamente distinta a la de la luz. Nunca consiguió resolver ese problema. Después de su muerte se comprendió cual era realmente la fuente del problema: las ondas de radio emitidas desde el aparato se reflejaban en las paredes del laboratorio y volvían al aparato, interfiriendo en las mediciones. Resultó que las dimensiones del laboratorio eran muy relevantes.

Así pues, las falibles e incompletas teorías que constituyen el conocimiento científico pueden servir de falsa guía para un observador.